Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

la incómoda soledad


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Ana Katz – Una Novia Errante , 2006

Ana Katz ya había sorprendido el año 2004 con El juego de la silla, película basada en una obra de teatro. El juego de la silla era una comedia incómoda, que miraba de frente aspectos de las relaciones familiares que resultan muchas veces difíciles. Esto generaba un humor irónico, que se originaba por el hecho de que cada situación que era potencialmente incómoda era retratada por la puesta en escena de forma franca, con la cámara simplemente registrando el acto. Katz miraba de frente la disfuncionalidad, lo que no marchaba dentro de la familia, y de ahí donde provenía el humor.

Una novia errante viene a confirmar los méritos de Ana Katz como directora. La película nos narra la historia de Inés (interpretada por Katz), una mujer que debe pasar unas vacaciones solas después que su enamorado, que iba a estar con ella, la deja plantada. Es así que la mujer deberá enfrentar el fin de su relación en un balneario, donde conocerá personalidades y vivirá experiencias distintas.

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Una novia errante, como su título nos lo indica, trata sobre eso: sobre una chica que, despechada, vaga por el balneario en el cual se encuentra: conversa con la gente, se emborracha en una fiesta, llama por teléfono, come. La película busca mostrarnos una rutina que se va repitiendo en todo momento, y que parece no variar en el transcurso de los días. Esto empareja a la película con otras películas argentinas recientes: la idea que todo lo que ocurre dentro de la historia tiene exactamente el mismo valor. No hay ninguna escena que resalte para disparar la acción, o por su intenso dramatismo: no existen picos que sirvan como disparadores dramáticos. La austeridad de la puesta en escena permite que veamos a Inés comer y llorar, caminar y desmayarse, y que todas estas cosas tengan exactamente el mismo valor. La cámara simplemente registra la situación, manteniéndose siempre cercana a su personaje.

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La depresión de Inés, de esta forma, nunca es remarcada por algún efecto musical u otro elemento: vemos a la Inés vulnerable de la misma forma que vemos a la Inés borracha y riéndose. Katz escapa de cualquier reforzamiento del estado de ánimo de su personaje: es como si la puesta en escena, al mantenerse tan austera, buscara ocultar justamente el lado más triste y depresivo de la protagonista. Al igualar los elementos más tristes con los más cotidianos, lo que ocurre todos los días toma una importancia particular: Inés come, camina, conversa y mira el mar tratando de ocultar y de olvidar lo que de verdad siente. El hecho de que la película pase de una situación a otra sin que exista necesariamente un nexo de consecuencia le da ese aire acumulativo, como si cada situación fuera solamente algo que sirve para olvidar el dolor.

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Pero Katz, como lo hemos dicho, es una cineasta de la incomodidad. Y a ella le gusta enfrentar lo que resulta incómodo o vergonzante de forma frontal, igual que cualquier otra situación de su película. El momento en el cual, por ejemplo, le invita un trago al chico que trabaja en el hotel, o cuando habla con su ex, o cuando le pide perdón a Germán (un tipo que conoció en el balneario) después de haber rechazado su beso, son momentos en los cuales la protagonista enfrenta sus propios miedos. Y es así como la cámara se queda quieta mirando la situación entera, observando como Inés es rechazada, incapaz de sintonizar con el ambiente que la rodea. Esa constante incapacidad de conectar con el mundo nunca nos es remarcada: simplemente se encuentra registrada por una cámara que decide mantenerse quieta y expectante ante la situación. Y es justamente esa forma tan directa y frontal de mostrar la incomodidad la que permite que la ironía se cuele. Una novia errante es, de esta manera, la forma que tiene Katz para registrarse y observarse en las situaciones más difíciles. Esto emparienta la película a El juego de la silla: la capacidad para encarar situaciones embarazosas filmándolas frontalmente, y permitiendo de esta forma que resulte divertido. Cosas que le ocurren a todo el mundo, como ser choteado o rechazar un beso, son mostradas por Katz de tal forma que el espectador se ve obligado a encarar la situación de frente, sin nada que la haga más suave (o menos rochosa, si se quiere). Esa manera de mostrar la incomodidad es muy interesante.

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Una novia errante es una película sobre una chica que no puede encontrarse, que no tiene la capacidad de sentirse cómoda dentro del ambiente que la rodea. El mayor mérito de Katz es justamente el de encarar ese desfase, el de mostrarlo sin necesidad de recargar su puesta en escena con elementos melodramáticos. Las cosas que ella hace para olvidar (caminar, dormir, comer, llorar) están ahí, mostradas de forma directa, con una cámara que mira a la protagonista realizar sus actos, y que encara las situaciones más difíciles cuando éstas se dan. No queda otra que reírse con complicidad. Porque todos somos (o hemos sido) Inés.

Rodrigo Bedoya 

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