Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

El triste juego de la guerra


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Paul Verhoeven – La Lista Negra, (Zwartboek,2006)

Las películas del holandés Paul Verhoeven son siempre excesivas, duras, francas. Son películas que reflejan conductas extremas de personajes que buscan, de una u otra forma, sobrevivir dentro de un mundo que siempre parece adverso, y que pone diversas trabas para un desarrollo personal. Tanto Delicias Turcas como Spetters, dos de sus películas holandesas (anteriores a su escapada hacia Hollywood) mostraban personajes inconformes y con conductas fuera de lo común, que trataban de una forma u otra de salir adelante, fracasando en su intento. La puesta en escena de Verhoeven, sin embargo, es más bien ágil y excesiva, tratando de darle una vitalidad física a las situaciones. El interés por el sexo del holandés no es gratuito: nace por marcar el impulso juvenil y desenfrenado de sus personajes, lo que hace que la caída final sea más dolorosa. En Delicias Turcas, por ejemplo, Verhoeven transforma una simple historia de amor en una cinta exagerada, vital y carnal, que se basa en la rapidez de su montaje, en el pasar de una situación a otra y en el hacer hincapié en los gestos y en las actitudes cada vez más exaltadas de los personajes, que parecen estar en un juego constante. Y es justamente ese aspecto lúdico el que genera el contraste con la caída final de los protagonistas, lo que hace que la sensación de vacío en el espectador sea bastante fuerte.

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Quizá la película que mejor representa esta idea es Showgirls, una película injustamente maltratada: Verhoeven se enfrenta justamente al mundo donde lo lúdico y lo excesivo es la cumbre: el de las chicas que hacen strip, que siempre deben jugar a ser sexys, a ser provocativas. Y es en ese constante juego que poco a poco la protagonistas va cayendo en un pozo del cual es muy difícil salir.

La lista negra maca la vuelta de Verhoeven a Holanda, y lo hace en gran forma. La película nos cuenta la historia de Rachel, una joven holandesa judía que tiene que sobrevivir durante la ocupación de Holanda por la Alemania Nazi. Después del asesinato de su familia, Rachel es reclutada por la resistencia holandesa, la cual le indica que su rol será el de infiltrarse en la sede central de la Gestapo en Holanda, seduciendo a uno de los principales dirigentes Nazis. Poco a poco la historia irá develando toda una serie de intrigas y traiciones, en donde nadie pude confiar en nadie.

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Verhoeven plantea su película como una típica cinta de intriga y de espías: tenemos a la muchacha que, para entrar dentro del mundo Nazi, debe seducir a un hombre. Los exponentes del género son varios, siendo quizá el más importante Notorious, de Alfred Hitchcock. Sin embargo, la ambigüedad que le otorga Verhoeven a su puesta en escena es la que hace que la película respire por sí sola.

De nuevo, tal cual lo habíamos señalado, nos encontramos en un mundo en el cual los personajes se mueven dentro de ambientes que le son adversos. En este caso, tenemos a una judía que tiene que sobrevivir como puede dentro de la Holanda Nazi. Y es Rachel (también conocida como Ellis) la que marca  esa adversidad. La magnífica actuación de Carice Van Houten le da un aire ambiguo que tiene mucho que ver con los personajes femeninos de las otra películas de Verhoeven citadas.

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En efecto, Rachel es como la Olga Stapels de Delicias Turcas, o la Fientje de Spetters, o la Nomi Malone de Showgirls. Todas ellas son sobrevivientes: mujeres que tienen todo en su contra, y que tratan de acomodarse de un lado a otro de tal forma que puedan vivir. Son personalidades complejas en tanto resulta muy difícil saber sus verdaderos pensamientos. Ella seducen, sonríen, fingen, juegan: para ellas todo se transforma en un enorme juego de seducción cuyo único interés parece ser el sobrevivir. Y Rachel cae perfectamente en el rol: nunca nos quedará claro que es lo que de verdad siente. Verhoeven le presta una atención importantísima a los gestos de la protagonista: sus sonrisas, sus gestos, sus actuaciones, su forma de cantar. El holandés no parece muy interesado en mostrar lo que de verdad siente o piensa Rachel, sino en mostrar los detalles que van marcando sus constantes juegos de seducción.

La lista negra hace de la ambigüedad casi una forma de puesta en escena: todos y cada uno de los personajes parecen ser una cosa y terminan siendo otra. Verhoeven de nuevo se mete con personaje que buscan sobrevivir de una forma u otra: el dirigente nazi que negocia con los resistentes, los resistentes que defienden a su país pero que son tan antisemitas como las nazis, los defensores de la democracia que al final terminan torturando a los Nazis, los policías holandeses que al final terminan colaborando con el enemigo: la guerra genera un clima de ambigüedad moral, donde parece todo valer para sobrevivir, incluyendo la complicidad o la traición.

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La puesta en escena sobria y sin mayores sobresaltos de Verhoeven ayuda a crear este clima. La cámara evita los primeros planos (salvo cuando se enfoca en Rachel), prefiriendo casi siempre los planos conjuntos. Esto impide que exista una verdadera identificación con los personajes que se mueven alrededor de Rachel, tanto los resistentes como los nazis entran en un juego de cabezas trocadas, donde si cambiáramos los rostros las cosas serían mas o menos las mismas. Verhoeven, a partir de su trabajo de puesta en escena, parece decirnos que en la guerra no existen los buenos y los malos, sino que todo queda igualado en una especie de todo vale, donde las reglas morales no tienen cabida. No hay lugar para heroísmos en la lista negra: al final tanto resistentes como nazis terminan siendo lo mismo. El pesimismo final de Verhoeven está presente. La escena final es muy significativa: Rachel sale de una guerra para entrar en otra, donde la necesidad por sobrevivir termina siendo la misma.

Rodrigo Bedoya 

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3 comentarios

  1. Kiko Silva

    A pesar de que la película me gustó bastante, no estoy de acuerdo con algunas de las aseveraciones del colega Rodrigo Bedoya. Por ejemplo, aunque la comparación del personaje de Rachel con otros similares en cintas anteriores de Verhoeven tenga cierta validez, especialmente en lo que se refiere al asunto de la supervivencia, me parece equivocado igualar a Rachel con la Nomi de “Showgirls”, sobre todo porque Nomi es una arribista, capaz de cualquier cosa para alcanzar la fama, para que su rival quede de lado y ella pueda asumir el rol estelar en la obra musical (en todo caso, este personaje tiene mayor relación con el interpretado por Ann Baxter en “La malvada”, de Mankiewicz). Los móviles de Rachel son distintos. Si bien la mayor parte de los personajes de la cinta de Verhoeven son ambiguos, el de Rachel es diferente. Es una heroína más clásica y tiene, además, una gran suerte. Por eso sobrevive, gracias a una puesta en escena llena de giros y sobresaltos en la que ella es una suerte de porfiado que rebota todo el tiempo y siempre cae bien parada. Me parece que la puesta en escena se podría calificar de muchas maneras, pero no creo que sea necesariamente “sobria”, al menos no si entendemos que tiene poco de moderada y mucho de agilidad expresiva y hasta melodramática, así como contundentes escenas de acción.

    enero 14, 2008 en 8:36 pm

  2. Rodrigo Bedoya

    La comparación hecha entre Rachel y Nomi no tiene que ver con el arribismo de Nomi (una característica que aparece más aguda en el caso de Fientje, la protagonista de Spetters) sino en el constante juego que todos los personaje femeninos de Verhoeven proponen: la seducción como forma de supervivencia. Es cierto que Rachel es más una heroína clásica, pero eso no impide que Verhoeven le preste mayor importancia justamente a los rasgos externos que van creando toda una maraña de seducción en la cual caen atrapados varios personajes. No importa tanto la sicología como los gestos, las sonrisas, las miradas, y en eso si se parecen todas las mujeres de Verhoeven.

    En cuanto al calificativo de “sobrio”, creo que efectivamente no fue el adjetivo correcto. Es muy cierto que existen constantes cambios de ritmo en la puesta en escena, lo que le da a la película una gran agilidad. Sin embargo, lo que me interesaba recalcar (cosa que no hice de la mejor manera)era que la puesta en escena no marca una diferencia entre el antes y el después de la ocupación: la película nunca se contagia del triunfalismo de la liberación y, por el contrario, sigue manteniendo esa distancia hacia sus personajes. Al final nada ha cambiado: los nazis y los liberadores termina siendo la misma cosa. Y en esa encrucijada se encuentra atrapada Rachel, cuya tragedia, como bien lo dice Kiko, se encuentra potenciada por una puesta en escena que varía y gira en todo momento.

    enero 20, 2008 en 11:14 pm

  3. tkmtkmtkmtkmtkmtkmtkmtkmtkm o l belen chzrret

    noviembre 14, 2008 en 4:06 pm

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