Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Un mundo sin el hombre… y un filme sin creatividad


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Nadia Conners y Leila Conners Petersen – The 11th Hour (La Última Hora) (2007)

Un mundo sin el hombre. Cómo sería y cómo podríamos cambiar un destino que al parecer sólo podemos postergar (no evitar). Leonardo Di Caprio toma por asalto la pantalla y ensaya una respuesta. Dice, de la manera más seria que puede, que es un error pregonar que la Tierra va a desaparecer por efectos de la contaminación humana, pues si bien tiene armas suficientes para recomponer su organismo, antes tendrá que sacudirse de sus malos elementos, por tanto es el hombre quien sí desaparecerá y no en un largo periodo.

Su tono de denuncia se mezcla con el recuerdo de innumerables documentales y aunque esta vez la producción combina el rostro preocupado de Di Caprio con reconocidas voces ambientalistas y –de esto puede ufanarse– la presencia de Stephen Hawking y reconocidos científicos de todo el mundo, el documental The Eleventh Hour (La última hora), deja de impactar a medio filme y, pese a la riqueza del tema, se torna aburrido e insostenible en la pantalla grande.

A diferencia de su predecesora An inconvenient truth (Una verdad incómoda), que presentaba a Al Gore “en su cancha”, atacando el problema con soltura y sin poses innecesarias, en The 11th hour se ve a un Di Caprio muy ensayado y hasta sobreactuado. Aunque el interés de este joven actor en el tema –y su admiración por Gore– se conoce desde hace varios años, Di Caprio pierde la naturalidad y deja ante las cámaras sólo uno de sus más comprometidos papeles.

Pero hay algo peor que Di Caprio en The 11th hour. Los efectos del calentamiento global parecen haber llegado a un punto tan álgido que en su amenaza no sólo pretende acabar con el hombre –especie que está destruyendo su propio ecosistema en la lucha por una supervivencia basada en el consumismo descarrilado–, sino también con borrar todo vestigio humano en el tiempo, incluyendo al arte, que en el cine documental empieza a dejar su influencia para dar paso al instrumento político.

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Imágenes de archivo que hablan por sí solas de todo lo que el calentamiento global ha causado en mar y tierra: deforestación de bosques tropicales, incendios forestales, deshielos masivos en el ártico y la Antártida, destrucción de cientos de ecosistemas, desequilibrios fluviales que se manifiestan en la sequía de unos y las inundaciones de otros, ciclones, huracanes, Katrina y más Katrina, nuevas enfermedades y epidemias producidas por gérmenes que pocos años antes –cuando la Tierra no era tan caliente– no existían ni en los libros de biología.

A esta retahíla de cuadros sacados de noticiarios y documentales televisivos hay que sumarle el exceso de contrapuntos a la hora de completar largos argumentos. Exceso que pudo evitarse de ser más originales –pues es un recurso que hasta la pantalla chica ha dejado de usar– y menos pretenciosos. Parecía más importante mostrar un desfile de rostros étnicos para enfatizar un problema que compete a todos los continentes antes que buscar una manera más convincente –quizás con un enfoque más fresco dado que el cine es una cultura de masas– de despertar el interés por el tema ambiental.

Es esto, de alguna manera, más preocupante que el propio calentamiento global y la autodestrucción humana. Matar (o no esforzarse por buscar) la creatividad en el cine y tomar a este como un mero instrumento político o de difusión, habla de una muerte mucho más trágica que la del hombre de carne y hueso, pues es siempre el arte el que sobrevive a la muerte del artista y uno espera que ese orden natural se mantenga.

El documental, que de por sí habla de un tema interesante, pierde fuerza cuando no apostó por buscar nuevas formas estilísticas y por copiar una menos aburrida. Es cierto que no hay mucho de nuevo que advertir sobre las marchas y contramarchas por mantener al planeta en un calentamiento (aunque inevitable) controlado, pero siempre hay nuevas formas de decir lo mismo.

En este caso, el aporte artístico parece haber sido aturdido –antes de tiempo– por el dióxido de carbono y los gases contaminantes de la industria del mundo (incluyendo la cinematográfica), o enterrado por los catastróficos desastres naturales que azotan desde hace varios años al ser humano. Pero esa ausencia también refleja un proceso en que la urgencia de la realidad impide crear formas artísticas motivadoras, dejando un vacío que se completa con lo cotidiano. Digo esto porque el documental pudo haber hecho un esfuerzo por jugar con la forma, en lugar de seguir un molde clásico y poco creativo. Si la televisión soporta este tipo de manufactura, el cine merece respetarse un poco. Vale la pena el esfuerzo de la difusión de este tema, pero, por favor, no matemos al arte antes de tiempo.

Claudia Ugarte

 

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2 comentarios

  1. Christian Pabon

    realmente siempre pensamos en alguien que llegue y salve al mundo o realmente nos salve a nosotros, pero l que quiero plantear es que creamos e inventamos elementos sin tener mucho en cuenta el daño que nos hacn realmente. Lo que debemos hacer es utilizar esa información paranuestro beneficio. Christian Pabón BUCARAMANGA-COLOMBIA

    marzo 11, 2008 en 11:09 am

  2. jose

    hello I just say I want to play soccer

    agosto 28, 2008 en 2:25 pm

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