Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Los héroes de lo humano


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Antonio Mercero – Planta Cuarta (La ilusión de vivir) (2003)

Cuatro chavales que rondan los 15 años pasan los últimos días de sus vidas en un hospital, encadenados a una silla de ruedas pues tienen ambas piernas amputadas y un cáncer irreversible. Pero estas condiciones no son deprimentes para ellos, que más bien tratan de hacer de sus días, en lugar de una penitencia, una temporada festiva, donde pareciera que el desahucio es el aliciente para seguir viviendo.

La ilusión de vivir es el nombre que en el Perú se ha dado a Planta cuarta, la película hasta ahora más exitosa del español Antonio Mercero. El título del film es una clara alusión al recinto donde están confinados Miguel Ángel, Izan, Dani y Jorge. La planta cuarta es su mundo, donde transcurre su vida, donde se divierten, pasan su adolescencia en pijamas, sufren, aman y, de seguro, mueren. Es ahí, en el área de traumatología, rodeados de esa inconfundible atmósfera sórdida de los hospitales, donde conviven estos héroes de lo humano, luchando contra su destino y haciendo llevadera la cárcel de su discapacidad.

Planta cuarta está inspirada en las experiencias personales de su guionista, Albert Espinosa, y basada en la obra teatral Los pelones, de él mismo. Es una película de tinte optimista, que con ternura pero también con firmeza muestra que la sonrisa y las ganas de vivir le hacen frente al destino. En Planta cuarta la tristeza se disipa entre las palomilladas de Miguel Ángel, el más intrépido de todos; la minusvalía se vuelve válida entre la alegría que propagan juntos en sus recorridos por los pasillos a la medianoche, y sus vidas miserables cobran sentido cuando se entusiasman por las alegrías de su amigo.

El pabellón donde yacen los pelones —así se les llama pues tienen la cabeza rapada— se convierte en lo que ellos quisieran sea su vida normalmente. Así, pues, bajo el lema «No somos cojos, somos cojonudos», la sala de radiografías es un terreno por conquistar, y el gimnasio se torna en discoteca, suena la música de Estopa, las botellas se destapan y se desata la fiesta: la vida continúa.

Pero en Planta cuarta la vida es también como en la realidad. Hay de todo: Miguel Ángel debe sufrir la soledad y la relación hostil con su padre; Izan tiene recuerdos personales; Dani vive su primera y acaso última historia de amor. Hay médicos progresistas y humanitarios, como el doctor Marcos, y médicos retrógrados e intolerantes, como el doctor Gallego.

Pero hay además un muchacho que en Planta cuarta encarna a todos los que no tenemos que padecer el calvario de la amputación. Él llega al hospital temeroso por un posible cáncer, se hace amigo de los pelones, pero a los pocos días recibe la gran noticia de que no tiene la enfermedad. Aquí, en una de las escenas mejor logradas de la película, se ve la imagen oscurecida de los pelones cuando se enteran de que su amigo no tendrá la misma suerte que ellos. Se enfoca a los amigos sonrientes y oscurecidos por la sombra que proyecta la persiana, mientras el otro muchacho permanece al frente, con salud, con vida, con luz.

Planta cuarta, sin embargo, ostenta a veces una sensiblería empachosa, y, en ese sentido, no cumple del todo su objetivo; tiene de momentos el talante de un spot publicitario de lucha contra el cáncer. Pero no por eso Planta cuarta se reduce a una película propagandística. Es mucho más que eso. Es un desgarrador, enérgico mensaje a todos los que no estamos condenados a vivir con sólo dos extremidades durante la etapa acaso más bella de nuestras vidas (la adolescencia), y, al contrario, tenemos salud y libertad y un futuro por conquistar.

Como casi todas las películas interesantes que se estrenan en nuestro medio, Planta cuarta se ha estrenado tarde —su estreno oficial fue hace cuatro años— y ha pasado casi inadvertida, confinada a funciones de medianoche o a las salas más pequeñas y arrinconadas de los cines que han proyectado esta gran cinta, ganadora, además, del premio «Toda una vida», otorgado en España por la Academia de Televisión, el año 2003.

Planta cuarta es, pues, una profunda lección de humanidad, manifiesta en el final que implica celebrar que la vida continúa.

Tito Jiménez Casafranca

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Una respuesta

  1. macarra

    planta cuarta… de les millors pelikules k e vist mai!!i mes amb xavals tans juvenets..l juanjo ballesta, tot sa de dir…es el amo!!
    xo token akets temes que tampok son tan lluny de nosaltres…
    ens pot psar a tots!!
    la incoproracio de estopa…. fenomenos!!!!

    ^^

    petonets!

    la recmanooo!!

    marzo 11, 2008 en 7:50 am

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