Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Jazz para solitarios


conversation.jpg

Francis Ford Coppola – The Conversation (La conversación, 1974)

La conversación (The conversation, 1974) de Francis Ford Coppola es una obra maestra. Cada visionado en el tiempo justifica un entusiasmo aún mayor al anterior. Y es que se tiene a la vista un thriller psicológico de entraña clásica y de estructura formal bastante avanzada para 1973. Un año muy fértil para el cine norteamericano por cintas jugadas a la intimidad como Espantapájaros de Jerry Schatzberg, Calles peligrosas de Martin Scorsese, Night Moves de Arthur Penn o Maridos de John Cassavettes. En razón a la influencia palmaria de Michelangelo Antonioni y Jean-Luc Godard –y de las “Olas” en general- la película materia de análisis conserva en cada plano la ilusión eterna del cine de autor en Hollywood. Ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes, La conversación es superlativa por su ingeniería argumental y narrativa. Pero además es una cinta de perfil bajo o segunda línea, comparativamente pequeña en sus pretensiones respecto a la serie El padrino, por ejemplo. En otras palabras nos referimos a una película encubierta o “caleta” que todos pueden descubrir alguna vez.

conversation3.jpg

Menos expuesta a la explotación mediática actual, Coppola sigue amando a La conversación por ser un proyecto personal que fue macerando con paciencia, en una suerte de culminación de su proceso formativo, primero como artesano disciplinado de los grandes estudios y luego como un visionario en el negocio de las películas. Autor en el sentido más cahierista del término, dueño de un talento desbordante que eclipsaba su megalomanía autoconsciente, el cineasta se asoció empresarialmente con los directores William Friedkin (Contacto en Francia) y Peter Bogdanovich (La última película) y los tres fundaron la productora The Directors Company con la que querían imprimir una caligrafía revolucionaria, esencialmente cinéfila. Los primeros años de la década del setenta fueron primaverales en ese sentido, llenos de euforia y pasión; con los gremios profesionales de la industria del cine apostando vivamente por estos tres notables directores, por ser la encarnación viva del talento y la solvencia creativa.

La conversación, como Luna de papel y El salario del miedo, fue uno de los proyectos de The Directors Company. Pero el dinero gastado era mayor al recuperado, de manera que la empresa en pocos años naufragó. Coppola –siempre dos pasos adelante respecto de sus contemporáneos- escribió, produjo y dirigió La conversación con absoluta libertad y beneficiado por su popularidad. De manera que la aludida productora fue una suerte de catapulta para su éxito personal. Trabajó en el proyecto con profesionales de primer nivel (Bill Butler en fotografía, Walter Murch en sonido, Richard Chew en montaje, David Shire en música y Dean Tavoularis en diseño de producción) y con su elenco de actores favoritos.

conversation-2.jpg

Para el papel principal invitó a un gigante de la actuación, Gene Hackman. La historia va más o menos así: Harry Caul (Gene Hackman) es un detective privado que aplica tecnología de punta a sus investigaciones. Caul es un hombre de mediana edad, reservado y tímido; con calvicie prematura y gafas que ocultan su mirada taimada. Harry Caul parece más preocupado por su trabajo, por organizar sus “interceptaciones” que por regularizar una relación sentimental o intimar con sus vecinos. Católico practicante por sentido culposo (manejó una investigación política en Nueva York que desencadenó tres asesinatos), Harry Caul ha sido contratado por el Director de una gran compañía (Robert Duval) quien precisa un seguimiento sonoro a una pareja –de amantes al parecer- que conversa a la hora del almuerzo en una plaza en San Francisco. El intermediario entre Caul y el Director es un asesor (Harrison Ford). Harry dirige a su equipo de técnicos desde distintos puntos de la plaza para finalmente sincronizar todas las cintas en el gabinete. Tiene como asistente principal y amigo a Stan (el gran John Cazale) y la pareja de amantes que caminan en círculos, simulando una conversación banal –por saberse espiados- son la actriz Cindy Williams (American Graffiti) y Frederic Forrest, uno de los habituales de American Zoetrope. Debe señalarse finalmente que, contraentrega a las cintas, Caul recibirá 25 mil dólares. Pero éste sospecha que detrás de “la conversación” se esconde una conspiración que desencadenará un terrible baño de sangre.

Centrándose en el mundo del espionaje auditivo, en la obsesión investigativa de un hombre, Coppola utiliza procedimientos audiovisuales idénticos a los expuestos en el filme. Y que desencadenan la destrucción del mundo de Harry Caul, quien no distingue, finalmente, la delgada línea que separa lo real de lo imaginario. En ese orden de ideas puede considerarse a La conversación como la primera película que aplicó de manera sistemática la edición sonora con fines expresivos. El sonido constituye una atmósfera envolvente, capital para esta historia emparentada con los trabajos de Dashiell Hammet y Raymond Chandler, pero en un contexto contracultural. En el que se perciben de manera muy clara la influencia de la grandiosa Blow Up y el montaje picado, saltos de eje y voces en off de Pierrot el loco. El director consigue un balance narrativo y plástico en los márgenes genéricos, muy pocas veces visto hasta ese momento

conversation-4.jpg

En esta historia detectivesca, la mente perturbada de Caul –siempre en la necesidad de lavar culpas como si fueran manchas de sangre- marca la conexión catalítica de cada escena en tiempo real, imaginario o flashforward. Para eso Coppola aplica un extraordinario tempo de jazz. Quebrado, sincopado, de armonías sentidas. A la medida del personaje principal, que desfoga sus angustias y reservas tocando el saxofón. Desde que lo vemos sentado en su departamento, escuchando Sophisticated Lady de Duke Ellington sabemos que la tragedia sobrevendrá inevitablemente porque ese ejercicio introspectivo es una negación al oficio que ejerce, esencialmente exterminador, mortal, peligroso.La conversación es una mentada a los tiempos políticos estadounidenses. A la podredumbre de la administración de Richard Nixon y al escándalo Watergate. Sin ser militancia abierta como Todos los hombres del Presidente sino cine de género como Asesinos S.A. o Las cintas de Anderson, el lector se topará con una demostración palmaria de cómo los contextos influyen en las artes. Y como las artes devuelven trabajos excepcionales construidos a partir de proyecciones personalísimas. La conversación fue un buen augurio para la filmografía riquísima de Francis Ford Coppola, por eso la recomiendo ampliamente.

Óscar Contreras

Anuncios

Una respuesta

  1. Julio

    En los primeros cuatro parrafos el Sr. Contreras no nos dijo nada!!!!!!

    diciembre 16, 2007 en 12:06 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s