Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

honrarás padre y madre


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Orson Welles – Esplendor de los Ambersons (The Magnificent Ambersons,1942)

Para 1942, Orson Welles era el director de cine más grande del mundo. Pero también el más odiado por sus caprichos, dispendios y audacias creativas. Desde su estreno, Ciudadano Kane (1941) se hizo rápidamente del reconocimiento del público y de la crítica a pesar del boicot impulsado por el magnate de la prensa William Randolph Hearst. La “azotaina merecida” a la que alude la escritora norteamericana Barbara Leaming en su biografía sobre Orson Welles (Tusquets Editores, Barcelona, 1991) llegaría más temprano que tarde. La RKO Radio había puesto un precio sobre la cabeza de Orson. Hollywood nunca le perdonó el haber concentrado tanto poder y dinero por tres años consecutivos, en dos adaptaciones inconclusas (verbigracia, El corazón de las tinieblas y Jesús de Nazareth) y en una cinta tan cara y avanzada como Ciudadano Kane. De otro lado, sus poses de divo, enfant terrible y seductor impenitente eran resistidas agriamente.

En un contexto como aquel, y con los Estados Unidos comprometiéndose decididamente en la gran conflagración mundial, no era de extrañar que el jovenzuelo Welles fuera utilizado como pieza clave en las políticas norteamericanas de buena vecindad e integración junto a personajes de las letras y las artes estadounidenses. Así fue designado -con el auspicio de la Fundación Rockefeller- como embajador de buena voluntad en Sudamérica, dejando inconclusa la postproducción de su nueva película, rodeada de un halo de misterio.

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Welles viajó a la Argentina, al Perú y a Brasil por un período de ocho meses. En los Estados Unidos y aprovechando su ausencia, los mandamases de la RKO dieron órdenes expresas al entonces novel editor Robert Wise de tasajear su cinta. Encontraron como coartada las miles de protestas (falseadas o no) que siguieron a los preestrenos con invitación. Ignorante de cuanto ocurría en las oficinas y moviolas de la RKO, Orson o se embriagaba en la barra del Hotel Bolívar en Lima (junto al periodista Alfonso Telado); o perseguía mulatas en Barra de Tixuca en Río de Janeiro; o se aburría en las recepciones del General Perón y su esposa en Buenos Aires. Al enterarse de la vendetta en Salvador Bahía, ya era demasiado tarde: los negativos originales habían sido quemados.

The Magnificent Ambersons (cuya traducción literal debiera ser El esplendor de los Amberson y no Los magníficos Amberson o El cuarto mandamiento o Soberbia) originalmente duraba 131 minutos. Ex post al trabajo aplicado por Robert Wise, la cinta se redujo a 88 minutos efectivos. 88 minutos magistrales, legibles a pesar de todo, llenos de sentimiento y experimentación. Los 45 minutos eliminados -en los que se encontraba el núcleo del filme, de acuerdo a algunos storyboards conservados- eran despliegues alucinantes de cámaras en movimiento y escenarios levadizos al interior de una gran mansión sureña, en un continuo plano secuencia de 15 minutos donde discurrían conversaciones reveladoras, cuchicheos, chismes y detalles. El viejo Orson le contaba a su amigo Peter Bogdanovich -no sin nostalgia- para el libro Citizen Welles algunos aspectos de ese rodaje esmerado, del que no existe la menor evidencia hoy.

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El esplendor de los Amberson es un auténtico semiclásico y una de las mejores cintas de Orson Welles. Basada en una novela de Booth Tarkington, ganadora del premio Pulitzer el año 1919, fue dirigida y escrita por Orson, aunque esta vez no interpretaba ningún papel. El rodaje de la película se inició en el año 1941 y duró unos tres meses. La secuencia final no fue escrita ni dirigida por el director del Teatro Mercury y, no obstante, está subordinada a la trama principal.

Después de remover los cimientos de la industria cinematográfica con su ópera prima, el realizador ofreció esta maravilla. Aplicando su voz magnética y teatral, Welles se convierte en el narrador omnisciente a lo largo del filme y habla desde el inicio de tiempos pasados con nostalgia, en tanto las maravillosas imágenes de Stanley Cortez (con las colaboraciones no acreditadas de Russel Metty y Harry J. Wild) se centraban en una familia aristocrática del Sur americano: los Amberson. Tras describir a esos hombres y mujeres demodé, la voz en off nos ilustraba sobre un hecho anecdótico en apariencia: el noviazgo entre la hija de los Amberson, Isabel (Dolores Costello) y un joven Eugene Morgan (interpretado por el nunca suficientemente valorado Joseph Cotten), noviazgo que se acababa rompiendo en un contexto de movilidad social, donde los Morgan envían a su hijo a la Universidad e Isabel se casaba con otro hombre. Fruto de esa unión nacerá un hijo, George demasiado mimado por el entorno familiar.

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El film da entonces un salto de 18 años y nos introduce de lleno en la película: los Amberson dan una gran fiesta a la que, entre otros invitados, asiste Eugene Morgan acompañado de su hija Lucy (Anne Baxter). Eugene es un hombre emprendedor, moderno, positivista, científico, que confía en el futuro del nuevo modelo de coche sin caballos y quiere instalar una fábrica en su ciudad natal. A pesar de la afabilidad de su carácter, se encuentra de frente con la antipatía y casi desprecio de George “Georgy” Amberson (Tim Holt) que parece interesarse más por Lucy Morgan. Viuda Isabel, parece que el viejo amor con Eugene puede renacer, aunque se encontrará con la fuerte oposición de George, quien, a su vez no le importa cortejar abiertamente a la hija de Eugene. Es la bellísima historia de un amor que se pretende recuperar al mismo tiempo que se está perdiendo una época. Welles traza un brillante paralelismo entre la historia de amor y el fin de una época. Al mismo tiempo, de forma ambigua intercambia los papeles siendo el más viejo el innovador mientras que el más joven se aferra a una época condenada a desaparecer.

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Todos los actores están muy en caja y componen un relato fluido, terso, febril, donde la agonía de un tiempo se trastoca con el amor y la pasión. Sentimientos espontáneos (y encontrados también), movilidad social, clasicismo y modernidad son expresiones que el director hace suyos porque le atañen, en razón a sus orígenes, a sus recuerdos de infancia y juventud en la aristocrática Wisconsin, a su cultura literaria y teatral. Además de ser una celebración de la novela decimonónica, al capturar esencias de salón aristocrático así como el ritmo de las calles polvorientas del siglo XX que se expanden sobre la propiedad privada, y sobre los corazones tristes de los protagonistas, El esplendor de los Amberson es un estudio psicológico sobre el mentado complejo de Edipo y sus consecuencias más terribles

El esplendor de los Amberson, antecedente palmario al cine de Visconti, a La edad de la inocencia de Scorsese y al mejor Max Ophuls es también una crítica severa a las instituciones norteamericanas de principios del siglo XX. Aunque parezca una cinta académica de corte naturalista, Welles la impregnó de un aroma inconfundiblemente expresionista. Es aquí donde este genio vuelve a interesarse por el claroscuro para resaltar los objetos con una iluminación de plástica herencia germana. Otros descubrimientos geniales, que por segunda vez consecutiva introdujo en la pantalla son el realce de los techos dentro de una perspectiva general, los recurrentes contrapicados o ángulos tomados desde abajo, la profundidad de campo con una visión nítida de sus diferentes distancias y los efectos propios de grandes lentes angulares.

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Seguramente el brillo de su anterior película dejó a oscuras esta auténtica maravilla del séptimo arte, prácticamente perfecta desde que empieza hasta que termina, aunque lamentablemente sea poco conocida entre la joven cinefilia. Finalmente, solo un hombre con capacidad de gestión dentro del plató puede arrogarse la facultad de leer los créditos finales de su filme, presentar a su elenco y decir que fue él quien la escribió y dirigió, y que su nombre es Orson Welles.

Óscar Contreras 

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3 comentarios

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  2. Qué bueno encontrarse con esta película de la que siempre se tildó de maldita o peor aún de mutilada. A pesar de ello Welles se las arregló bastante bien porque filmó como los dioses. Muy buen post. Saludos!

    noviembre 22, 2007 en 7:41 pm

  3. Una fenomenal película de Orson Welles. Todo un melodrama, en el que por única vez el genio no se dirigió asi mismo. Pudo haber sido una de las mejores películas de la historia del cine pero la masacraron. Es una historia que rezuma melancolía por los cuatro costados, una historia de amores que van y de amores que vienen. Pocas veces, pienso yo que el cine se ha reflexionado tan certeramente sobre el paso de los años, como con esta historia. Una pelicula, que como digo podría haber sido colosal, pero también con lo que hay ya es suficiente parara admirar el talento de un hombre llamado: Orson Welles. Una película en definitiva Impresionante e Imprescindible. Saludos.

    enero 8, 2008 en 9:35 pm

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