Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

El Otro Diario de la Princesa


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Barbara Kopple: Perturbadas (Havoc, 2005)

La adolescencia siempre ha sido un asunto aprovechado por el cine norteamericano. Ya sea para echar mano de su espantosa frivolidad y exponerla en comedias que contemplan su lado hedonista, más allá de lo calenturientas o grotescas que estas sean; o sea para adoptar un enfoque realista y escrutador que repare en ese tránsito confuso que a la postre significa. Ahora bien, en los últimos años, y a raíz de las continuas tragedias ocurridas en las escuelas de ese país, se ha incrementado el número de películas entregadas al tema con mayor espíritu de confrontación: cerebral y analítico en algunos casos, gráfico y anárquico en otros. Cineastas dispares como Gus Van Sant, Larry Clark o Richard Linklater han dado obras cuyo interés ha sido escarbar en la conciencia colectiva de una generación que parece sucumbir ante su propia crisis de identidad y taras sociales.

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Perturbadas (Havoc, 2005) sigue esa misma orientación pero desde una perspectiva aligerada: la de unas yuppies cabezas huecas que, aburridas de su entorno, empiezan a coquetear con el peligro de modo vertiginoso. Allison y Emily (Anne Hathaway y Bijou Phillips) son un par de muchachitas arregladas que, en una noche de juerga con sus enamorados, deciden explorar los barrios bajos del este de Los Angeles para comprar drogas. Estando allí se suscitará un incidente con el dealer local (Freddy Rodriguez), lo cual terminará por establecer un extraño vínculo de las jóvenes con ese mundo marginal.

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La película se centra en la atracción que se va gestando en el interior de ambas amigas por ese círculo prohibido, registrando sus incursiones nocturnas con un afán expositivo pero racionando la tensión y animosidad de los encuentros en favor de la soltura de un relato hilvanado de situaciones medio convincentes. No se trata de una transformación interna, una conversión progresiva fruto de las malas compañías, sino un signo más de ese muestrario del desencanto que a toda costa quiere ser la cinta. En efecto, Perturbadas prepondera el retrato conjunto y externo antes que la resolución de la trama, la cual se siente de lejos precipitada. Por eso se observa a los personajes de cerca, se les examina con extrañeza, pero a la vez con cierto sentido acusatorio, como si fueran objeto de un reporte periodístico, enfatizando su ánimo tribal (la pelea inicial, el sentimiento de posesión hacia las chicas), el desapego absoluto de sus otros entornos (las familias están desarticuladas o son de una miopía exagerada), la actitud cínica y egotista (la declaración de Allison en el sofá, la borrachera en el motel), su búsqueda alienada de una realidad certera, de un “mundo real” (el barrio como un territorio de iniciación). Es decir, prevalecen la visión ilustrada y el registro llano y unilateral de los hechos. Así, en el balance, no vale más el uso desaforado de drogas que la promiscuidad sexual o que el impacto de dos culturas opuestas, puesto que ninguna acción es consecuencia de la otra; al contrario, todas llevan la finalidad de apurar la sentencia, de abarrotar el cuadro truculento de una juventud entregada y amoral.

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Esta inclinación por la crónica verídica y el tratamiento concienzudo acaso se deba a la vocación documentalista de su realizadora, Barbara Kopple, y a la presencia del guionista Stephen Gaghan (Traffic, Syriana), creador de libretos complejos y “políticamente incorrectos”. Sin embargo este pretendido verismo se resiente cuando se infiltra la moraleja y los que fueron impulsivos adquieren de pronto un generoso afán de justicia y comprensión. Se deja ver entonces el entorpecimiento de la narración, con el acostumbrado trueque de castigo por falta y el importe final de lección aprendida. Aparte está la fallida intención de redondear toda la acción en un juego meta-expresivo: un supuesto documental que uno de los personajes secundarios realiza. Estos detalles hacen perder el paso a Perturbadas, frustrando sus verdaderos alcances dramáticos y provocando que pase a la recordación más por el semi desnudo de la otrora princesa apta para todos Anne Hathaway que por la inspiración de su contenido.

Jaime Akamine

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2 comentarios

  1. ok y q tiene q ver esta pelicula con el diaro de una princesa 3 ok esta protagonizada x la misma persona pero son temas muy distintos….. en la 3 ella ya es reina de genovia y esto no tiene nada q ver……. o sea utilisenla cuando vallan a escribir algo sobre una pelicula no confun una con la otra solo por estar protagonizada por la misma persona……

    enero 23, 2009 en 11:38 pm

  2. Jose Sarmiento

    Lamentamos decepcionarte. Pronto la reseña de “El Diario de una princesa 3”

    enero 24, 2009 en 9:39 am

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