Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Cuando hacer una película no es igual a escribir un libro


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Jorge Hernández Aldana – El Búfalo de la Noche (2007)

Búfalo de la noche es el mejor ejemplo de lo que pasa cuando el ego se antepone a la profesión. El resultado pasa necesariamente por la herida narcisista y deja un sinsabor generalizado. Desde que Guillermo Arriaga (el guionista de la trilogía de González Iñàrritu) tomó distancia para demostrar que el éxito de 21 gramos y Amores perros se debía a su talento, la fórmula dejó de funcionar.

Este largometraje, que fue dirigido por Jorge Hernández Aldana pero que fue escrito, producido y adaptado por Arriaga –también escritor– de uno de sus mejores libros, no va más allá de un ensayo de principiante que deja mal parado no sólo al director, que parece haber participado más como un empleado de Arriaga antes que haber hecho suyo el film, sino al dueño de la historia, que no supo –como suele suceder con gran parte de los reconocidos escritores– manejar el lenguaje cinematográfico y adaptar la lentitud del negro sobre blanco al ágil marrón del celuloide.

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La historia, que al parecer es mucho más compleja y redonda en el libro, termina siendo incompleta y confusa en el film, y eso no se debe sólo a la esquizofrenia de uno de los protagonistas, Gregorio (Gabriel González), ni al desequilibrio al que arriba otro de ellos, Manuel (Diego Luna). Se debe más bien a un mal manejo espaciotemporal (cargado de innecesarios flashbacks), lo que cansa (y hasta irrita) mucho antes de que transcurran sus cortos 97 minutos.

Gregorio se suicida y le deja a su amigo Manuel, en una pequeña caja, señas que guardan no sólo secretos del pasado que se relacionan con Tania (Liz Gallardo), la mujer que comparten en algún momento, sino notas y recuerdos que le desencadenan de a pocos un estado esquizoparanoide.

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Pero entrar en el estado mental de un personaje y mostrarlo en pantalla (en imágenes, no en palabras) requiere de mucha sensibilidad, de manejo de lenguaje y de marcación de actores, no basta con mostrar un llanto desesperado o una absurda situación sicótica, como cuando Diego descarga su rabia disparando a los lobos de un zoológico para no lastimar a Tania, escena que en la película carece de todo simbolismo y parece fuera de lugar.

No hay empatía tampoco entre los actores. Los protagonistas de este trío psicótico-amoroso no llegan a cuajar, dejando un perfil individual frío, sin carisma, incluyendo en esto a Diego Luna. Lo peor de esto es que son ellos lo que aparecen en casi toda la película, error que intenta ser matizado con algunas situaciones absurdas que resultan aisladas o nada tienen que ver con la historia. Más fuerte y convincente se mostró la actriz secundaria, Margarita (Irene Azuela), que interpreta a la hermana del suicida Gregorio.

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De nada valieron los excesos de exhibicionismo, tanto de Tania (que se muestra desnuda durante gran parte del filme) como del mismo Diego. La fotografía de Héctor Ortega no está entrenada para transmitir erotismo, lo que resta fuerza a las ya bastante sosas escenas de sexo. En suma hay una falta de cuidado en los detalles que hacen una película. Hay un mal comienzo desde que Guillermo Arriaga trata de imprimir el sello de González Iñàrritu como suyo y desde que confunde la labor de producir y filmar una película –un trabajo eminentemente de equipo– con la de escribir un libro.

No se ve el trabajo de Hernández Aldana en la dirección y tampoco hay un esfuerzo por compatibilizar las interpretaciones. El cuidado en la fotografía es bastante bajo y el ritmo de la película no es el adecuado. Esos errores se corrigen bien con la experiencia (aunque antes sea necesario asumirlos con humildad) o bien dejando que el director dirija y que cada uno haga lo que mejor sabe hacer, empezando por uno mismo. Después de todo, como decía el propio González Iñàrritu “el cine es arte de directores, no de escritores”, y a nuestro amigo Arriaga, quien conoce mucho de literatura, aún le falta mucho por aprender de cine.

Claudia Ugarte 

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Una respuesta

  1. Creo que las escenas de sexo son aburridas y poco eróticas por que así están planteadas. Creo que lo que quiso dar a conocer (no se si Hernandez o Arriaga) es la falta de comunicación de los personajes tanto con los demás como consigo mismos, lo cual los lleva a buscar una forma de transmitir mensajes a traves de lenguajes más primitivos, casos del sexo (sin sentido y antiexpresivo, pues no hay amor, o no se nota) y de la violencia injustificada.

    octubre 24, 2007 en 10:53 pm

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