Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Diccionario de la Prostitución


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María Lidón – Yo, Puta (2004)

María Lidón o Luna, es directora de Yo, Puta, una película que juega con el documental y al mismo tiempo, nos muestra una pequeña historia de ficción entre dos mujeres, que por razones diversas, ejercen la prostitución, pero de distintas formas y por circunstancias diferentes. La película se puede dividir en dos. En la parte documental, centrándose en relatos, testimonios y entrevistas sobre la prostitución, y la parte de ficción en que Adriana (Daryl Hannah) es actriz pero al no conseguir trabajo, decide prostituirse y la historia de Rebecca (Denise Richards), joven y bella estudiante de antropología que necesita dinero y termina también vendiendo su cuerpo.

Filosofar sobre la prostitución en cosa seria. Se debe de tomar los miles puntos de vista. Lo que Yo, Puta, realiza en la casi hora y media de duración, es convertir la pantalla en testimonios uno tras otro, de manera constante, rápida y abrumadora. Según la historia y claro, según la vida misma, existen prostitutas que les gusta su trabajo y otras que no. Existen mujeres que lo hacen por necesidad y otras por placer. Hay mujeres que cumplen su labor al pie de la letra y otras que son más exquisitas en sus gustos. Unas cobran mucho y otras poco.

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El espectador es bombardeado con declaraciones cada cuatro segundos con una persona distinta. También opinan los hombres, los clientes y los que se prostituyen con mujeres. Los hombres que encuentran placer en mujeres de la calle, los que se enamoran y los que sólo realizan la acción, pagan y se van. Un universo de información en pocos minutos. Exageración en la forma y el fondo.Se toca el tema de la prostitución desde tantos enfoques y a tanta velocidad, que se convierte en aburrido una simple declaración de alguien que lo haya experimentado. Cada minuto entra un nuevo personaje con un nuevo punto de vista y al mismo tiempo, cuando vuelva a aparecer frente a nosotros, tenemos que acordarnos qué fue lo que dijo en escenas anteriores y este esfuerzo no es necesariamente positivo, sino por el contrario, se torna algo repetitivo y demasiado exigente.

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Tenemos que deducir la personalidad de cada individuo con testimonios cortos y es que esta necesidad de redondear a una persona con determinada personalidad, es uno de los mayores vicios del ser humano, en este caso, del respetable espectador. Construir un modelo con cada mujer y cada hombre es fatigante. El cansancio vence y es desalentador cómo poco a poco las declaraciones se vuelven menos interesantes y menos intrigantes, pero no por las respuestas, sino por la monotonía. Todo esto viene acompañado de imágenes coloridas y saturadas en brillo. De pronto tal personaje aparece en una calle y explosiona el color azul. La vemos desde lejos y nos habla. Narra sus secretos y nuestra mente permanece atenta para no perderse ningún detalle. Así comienza la película al atraernos y a sospechar cómo seguirá, pero todo se queda en su mismo lugar. Nada cambia mientras la historia sigue su curso.

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De pronto, un color rojo intenso y la mujer que nos habla, ahora baila y nos seduce con su cuerpo desnudo. Pero si hace poco nos estuvo hablando sobre sus secretos, ¿por qué ahora nos quiere seducir? Me pregunto y no hallo respuesta, y es que hay algunas escenas que están fuera de contexto o simplemente, dentro de la parte de documental quiere matizarla con ficción y viceversa. Sea cual fuese el caso, las superposiciones de imágenes de fondo con un color intenso, me es indiferente y hasta hiriente. Muy sintético y se separa de una posible verosimilitud en las declaraciones.

La segunda parte de Yo, Puta, contiene una de las tantas historias que se cuentan en los testimonios y se representa con sutileza pero muy superficialmente. Son pocas escenas que recorren este camino de la ficción pues gran parte de la película se centra en las declaraciones. Una actriz sin trabajo y una estudiante que no trabaja aún. Se conocen. Cuando Rebecca necesita dinero, Adriana le ayuda a conseguirlo presentándoles a clientes y el resto es obvio. Pero aún así, la escena en que Pierre (Joaquim de Almeida) entra en la historia y utiliza los servicios de la actriz rubia está muy bien descrita. La fotografía es cálida, al primar el amarillo, y todo empieza a sentirse más dulce y suave. El departamento de Adriana es ordenado, simbolista, de lujo. Con una secuencia larga, movimientos relajados y frases cortas, esta escena alivia a los interminables testimonios que interrumpen uno tras de otro sin tregua ni misericordia.

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Es necesario tener en cuenta que esta película no es como las otras. Al combinar los diferentes géneros, el cambio realizado se ve interesante, pero dentro de este interés por lo nuevo, se puede caer en el aburrimiento si al cambiar lo básico, esto no deviene preciso, puntual y atractivo. Y me refiero a los interminables testimonios, que pareciera que nos estuviesen dando una clase magistral sobre la prostitución, con redundancias e historias obvias. Como si fuera el ABC de la prostitución o un diccionario lleno de datos sueltos e información contemplativa.

Paco Pulido Spelucín 

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Una respuesta

  1. bruno

    me parecio muy buena le dedique varias a la morocha

    diciembre 30, 2007 en 4:16 pm

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