Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Voyeurismo para Principiantes


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Dj Caruso – Paranoia (Disturbia, 2007)

Paranoia cuenta una historia de vouyerismo, acaso la profesión misma del cine, para adolescentes. Un muchacho -efectivo Shia LaBeouf– cumple arresto domiciliario tras un desafortunado incidente de conducta agresiva en la escuela, en casa y sin nada mejor que hacer, espiar a los vecinos se vuelve en un pasatiempo adictivo que lo lleva a sospechar que uno de sus vecinos es un asesino en serie.

Disturbia, titulo original de la cinta, parte de la idea de Rear Window, el clásico de Alfred Hitchcock. Pero, los parecidos quedan en la premisa, pues a partir de ella desarrolla sus propias alternativas narrativas, halla sus propias resoluciones a la historia, que dan por resultado: una cinta entretenida y cumplidora, en la que quizá su mayor defecto sea subrayar demasiado los géneros, entre los que va saltando, en cada parte del filme. Las hechuras están al aire.

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El inicio, que exuda un aire de comercial de Coca Cola –momento perfecto-, es lo más flojo y gratuito del film, sólo sirve para ubicar las acciones que vendrán más adelante y con las que no tienen mayor conexión. El episodio traumático de la pérdida del padre es la excusa que explica la agresividad del adolescente en el colegio, pero que en el resto del filme no es un elemento sicológico gravitante en el comportamiento del protagonista. Terminada esta innecesaria introducción y establecida la situación y el encierro, el tono de la película se vuelve fresco –casi como una comedia adolescente-, la actuación carismática y empática de Shia LaBeouf, mucho mejor que en Transformers, y sus coprotagonistas, el amigo fiel –el escudero- y la chica linda, prospecto de novia –la princesa-, tienen la química suficiente para hacer las acciones llevaderas y divertidas. De manera natural, el encierro da paso al aburrimiento –previa desconexión del Internet y el cable-; y el ocio descubre el pasatiempo de la vigilancia suburbana: primero de la vecina, objetivo amoroso del protagonista, y después, del probable asesino en serie.

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El juego detectivesco de los adolescentes se mueve en el plano de las conjeturas, que el director nunca confirma, son todas elucubraciones sobre el alunado asesino, que el espectador acepta y con las que se juega durante el metraje. Hipótesis que se van cayendo conforme se van construyendo, pero que dejan un halo de duda. El desprolijo y travieso trabajo de observación es lo mejor de la película, entretiene e involucra al espectador. Los sustos y gracias de la investigación conducen al último tercio del film que muta nuevamente, esta vez a un tono sombrío y efectista enmarcado en el thriller convencional dentro de los canones actuales de Hollywood. Ahí, se confirma las sospechas de manera abrupta y se somete a los personajes al estrés de una confrontación dentro del género, ahora de suspenso y terror, que sin salir de la convención no desentona y cumple para los efectos de una visita divertida a las salas de cine –no se puede exigir más. Sin grandes pretensiones, y a pesar de esa hechura a lo Frankenstein, Paranoia logra entretener, y eso es más que lo que muchos filmes en cartelera han logrado últimamente.

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Comentario a parte merece acaso, el uso de la tecnología doméstica en la pesquisa de estos adolescentes, en la que la handy cam, el celular y el walkie talkie son las armas del día, junto a la PC (o la Mac), y que en el cierre de la cinta se apuntan como puntales de la última ventana vouyerista, en la cual participan, o participamos, de manera inconsciente o asumida. La tecnología nos quita la privacidad, a mejor dicho, renunciamos a ella voluntariamente en los blogs personales, los videos diseminados por la red y la conversación via Chat. Ya lo dice uno de los personajes en la frase final del filme mientras graba a los protagonistas prodigándose un ardiente beso: “Este será el video más hot del You Tube”. A Paranoia le alcanza el último minuto para la reflexión y la crítica, aún en clave de broma, y deja de paso, una idea que bien desarrollada podría ser otra película. La Internet, comunismo postmoderno, tiene mil ojos y es el último espacio para la espía inquieta.

Antolín Prieto

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