Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Aprender a Respirar por los Ojos


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Victor Erice – El Espíritu de la Colmena (1973)

El espíritu de la colmena (1973) es una obra maestra. Su director, Víctor Erice (Carranza, Vizcaya, 1940) extrajo el título de un tratado sobre la vida de las abejas escrito por el poeta y dramaturgo Maurice Maeterlinck. En apicultura, “el espíritu de la colmena” es ese poder metafísico, enigmático y paradójico que integra a las abejas alrededor del panal, impidiendo que se escapen volviéndolas dóciles al contacto con el hombre durante la actividad agropecuaria. La ciencia no ha desarrollado una explicación satisfactoria sobre ese comportamiento.

La película se sitúa en 1940, en un pueblo de la meseta de Castilla llamado Hoyuelos. Su paisaje parduzco y su cielo limpio son las materializaciones del subdesarrollo y la asfixia que sobrevinieron a la posguerra. Hasta Hoyuelos llega el cine ambulante para proyectar Frankenstein (1931) de James Whale un domingo por la tarde. Los parroquianos llenan la improvisada sala con sus sillas. La función comienza y las primeras imágenes muestran a un actor norteamericano vestido de etiqueta, salido de un telón, dirigiéndose al auditorio con la voz doblada al castellano en una suerte de advertencia sobre el mito del Doctor Frankenstein y su transgresión a las leyes de la naturaleza.

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Entre el público infantil sobresalen las caritas de las hermanas Ana (extraordinaria Ana Torrent) e Isabel (Isabel Tellería), unas niñas entre los cinco y seis años de edad que miran con asombro, descreimiento y terror Frankenstein. Y sobre todo la secuencia donde el monstruo juega con una niña en el campo. La misma niña que unos minutos después aparecerá muerta en los brazos de su padre, quien clama justicia. Ana, no parece entender por qué la criatura mata a la gente y todos la quieren matar.

Se van alternando planos donde se muestra al resto de los personajes de El espíritu de la colmena: Fernando (Fernando Fernán-Gómez) el padre de las niñas quien es un apicultor ensimismado y melancólico que escribe un tratado sobre las abejas; y Teresa (Teresa Gimpera) su esposa, que añora un amor de juventud alejado por la Guerra Civil española y al que le escribe regularmente una carta. Todos habitan una vieja y espaciosa casa de campo, que apenas y retiene la calidez de unas figuras que están ausentes en vida y expresan sus afectos con dificultad.

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Así comienza una de las películas referenciales del cine español. Víctor Erice, es uno de los nombres esenciales en la realización en el mundo, con una obra muy breve (los largometrajes El espíritu de la colmena, El sur y El sol de membrillo y un puñado de cortometrajes y episodios, separados en el tiempo por una década o más) su estilo se funda en una sensibilidad y un entendimiento de las posibilidades expresivas del cine como registro sentimental, metafísico y ficcional. Sobreviviente al “franquismo” como Carlos Saura, Jaime Chavarri, José Luís Borau, Jaime de Armiñán, José Luís Garci, aunque con intereses y tendencias distintas, Erice estudió Derecho y Ciencias Políticas, luego ingresó al Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid en 1961 y desarrolló una interesante carrera como crítico de cine en publicaciones españolas como Cuadernos de Arte y Pensamiento y Nuestro Cine. Su filmografía pequeña se explica por su manifiesta intención de no claudicar ante un sistema que limita la libertad de creación.

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La cinta materia de análisis es una gran metáfora sobre la España franquista: las dos niñas especialmente Ana, con sus expresivos y enormes ojos negros, descubren la fantasía y la realidad en partes iguales. Y la confunden. Creen que la criatura vive en el campo y que puede ser convocada a través de un ritual: “el monstruo no muere porque en realidad es un espíritu, pero cerrando los ojos se puede hablar con él…”. Además Isabel inventa la historia de una criatura “como la del Doctor Frankenstein” que vive en un galpón abandonado de los alrededores.

Leopoldo de Trazegnies Granda señala que en El espíritu de la colmena “los sombríos supervivientes de la guerra civil han decidido clausurar el mundo como un panal de abejas, prohibir la vida en libertad, el pensamiento libre y dejar en suspenso sus sentimientos por tiempo indefinido. La atmósfera está ya limpia de pólvora pero saturada de temor, de silencio, de desconfianza, de aislamiento, de desamor, en esos duros campos de la meseta castellana. Nadie se atreve a levantar las costras para ver las heridas: el misterio se ha hecho más denso que el aire para cubrir la tristeza, la desilusión, el hastío.”.

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En Hoyuelos el ambiente es lúgubre. Y las dos niñas aprenden a respirar por los ojos para no morir asfixiadas. A crearse su propio mundo imaginario con lo que encuentran a su alrededor: un Frankenstein fantasmal que llega en un cine ambulante, un caserío en ruinas, la aparición de un maqui perseguido. Ambas intuyen que el mundo real es despiadado e injusto; por eso les atrae la sordidez, la ambigüedad, lo monstruoso, lo fantástico; porque se puede establecer comunicación fácilmente con estos referentes. Con las últimas trazas de humanidad que quedaron refundidas debajo de la alfombra del franquismo, la generación parida por la Guerra Civil concibió este filme sobre la sugestión, los temores infantiles y el lugar que le correspondía ocupar al terror: el de la afectividad.

Como drama de fondo –señala De Trazegnies- están los padres, pertenecientes a la generación de la guerra. Ella todavía es una mujer joven, que escribe cartas a alguien que quiere; pero está casada con un introvertido criador de panales. Fernando es un hombre mucho mayor, un cariñoso padre con sus hijas a quienes les enseña los secretos de los hongos y las setas silvestres (clarísimo simbolismo antifranquista). Y por alguna razón importante está refugiado en sí mismo: en sus investigaciones científicas, cuyos textos sesudos y hallazgos sentimentales conocemos a través de la lectura en off.

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Erice no utiliza palabras para narrarnos esta conmovedora historia sino que aplica toda su cultura fílmica, su conocimiento científico y erudito sobre la iluminación, el color, la textura de la imagen y el poder del sonido para colocar las emociones directamente en la pantalla, de manera que no sabemos si estamos viendo imágenes o los sentimientos de los personajes en carne viva. Y consigue lo más difícil: amor en lo cruel, ternura en lo macabro y belleza en lo sórdido. El plano de Isabel saltando por encima de la fogata es de una belleza pictórica que hasta se anima a congelarlo. Por encima de las limitaciones de la edición DVD a cargo de MANGA FILMS –ubicable en el mercado pirata- sería importante recuperar y traer a Lima en formato 35 mm esta notable cinta española y rendirle un homenaje a su autor. Quizá el espacio del Festival de Lima sea propicio.

Óscar Contreras

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3 comentarios

  1. Hermoso y acertado análisis de esta obra maestra del cine español. Tal vez su mejor película. Saludos!

    octubre 3, 2007 en 7:03 pm

  2. Tarkovsky86

    Escribo este mensaje para deciros que me encanta la imagen que habeis puesto en título del blog. La obra maestra Stalker del genio Tarkovsky, mi película y director favorito. Saludos

    octubre 28, 2008 en 5:24 pm

  3. Estoy leyendo el libro de Maeterlinck “La Vida de las Abejas” y cada vez más fascinado con su comportamiento. Bauticé a mi blog “El Espíritu de la Colmena” y ya hicieron la película? Por tu descripción me dieron muchas ganas de verla. Saludos!

    noviembre 28, 2008 en 11:00 am

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