Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Dimensiones Irreconciliables


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Manoel de Oliveira – Belle Toujours, 2005

Es imposible empezar a hablar de un cineasta como Manoel de Oliviera y dejar de mencionar que a sus 99 años, es un símbolo vivo de lucidez. Y es que este venerable caballero está presto a realizar sus próximas dos producciones: Un largometraje titulado  Singularidades de uma Rapariga Loira, y un segmento de Os Invisiveis, obra compuesta por diversos cortometrajes dirigidos por hombres importantes de cine (como ya se ha dado anteriormente en Chacon son Cinema (2007), o Paris Je t´Aime (2006), entre otras).

Oliveira, repito, es un símbolo de lucidez. Como si no, podría realizar este monumento al cine, esta obra incólume y clásica que es Belle Toujours, tributo del portugués a aquel hito de la historia cinematográfica: Belle de Jour de Buñuel y (escrita también por) Jean-Claude Carriere. A estos dos últimos dedica, en medio de la octava sinfonía de Dvorak, la película.

Belle Toujours empieza como un guiño, una travesura. Henri Husson (interpretado de nuevo magistralmente por el gran Michel Piccoli), el cruel y manipulador amigo de Pierre Seziry, (ahora convertido en viejo hombre de costumbres burguesas) encuentra 38 años después a la aún esquiva Séverine en un concierto y decide perseguirla apresuradamente, sin alcanzarla. El resto de la película, transcurrirá entre bares, hoteles y restaurantes de una Francia sumamente intoxicante y sofisticada (filmada con una simplicidad y maestría envidiables), donde Husson emprenderá su búsqueda hasta encontrar finalmente a Séverine (interpretada por la célebre Bulle Ogier), que con la condición de que Husson revele si guardó finalmente su terrible secreto a su marido, acepta reunirse con el en un suntuoso restaurante francés. El final, o lo que sucede al final, prefiero que sea hallazgo de cada uno, pero es de una comicidad e ingenio tal que da un giro perfecto a la película, y cierra triunfalmente una miniatura cinematográfica (68 minutos) digna de cualquier manual de historia del cine.

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I.

Pero este encuentro, esta “irrenconciliabilidad” entre Husson (travieso, sumamente perverso, un gentleman francés con todas las de la ley) y Séverine (tímida, escurridiza, pero finalmente encaradora y decidida) que se manifiesta en la última conversación, es tan solo un gesto, una excusa para plantear un tema que sirve de paraguas para toda la película: Lo irreconciliable entre la persistencia del pasado y la realidad del presente, entre dos épocas que colisionan irremediablemente y se ven incompatibles a ellas mismas. Manuel Antín va más allá y le llama la enemistad entre el interés del cine y el interés del mundo, (además de dar una diatriba sobre la pasión del engaño del primero y la curiosidad policial del segundo). Sea como sea, hay una mirada reflexiva y nostálgica sobre dos universos en colisión, sobre una época perdida y casi ficcional tratando de resucitar y un presente realista duro y en búsqueda de la verdad. Una dualidad que Oliveira retrata con una clase absoluta y un humor preciso.

Dicho esto, me cuesta coincidir con algunas críticas que hablan que Belle Toujours es una película que habla sobre el proceso de envejecer, como si se quisiera ver a los personajes con el “peso de los años”. Si bien esto parece suceder con Séverine (que a pesar de que afirma constantemente que ha cambiado, aún conserva algunas características de su personalidad primigenia), Husson parece estar más despiadado y energético que nunca, una presencia cómica y pervertida que se explaya a sus anchas en sus encuentros de whisky con un curioso y simpático camarero italiano (Ricardo Trepa), dueño de una sabiduría impropia para su edad (además, el alcoholismo de Husson es una anécdota más, un elemento que funciona como el combustible de su malintencionada, libidinosa, pero exquisitamente humorística crueldad). Aquella añoranza del pasado no se reafirma como una serena resignación a la muerte, al contrario, al igual que Oliveira (y que Husson), se encuentra más vital que nunca.

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II.

Una de las cosas más deliciosas del film son aquellos guiños que Oliveira le hace a la película de Buñuel, pero puntualmente, al ciertos símbolos del surrealismo. Ahí están las dos prostitutas en el bar francés (y el correspondiente cuadro de una mujer desnuda, objeto que se repite, emulando quizá el erotismo de la casa de citas de Madame Anais), la estatua de Juana de Arco (un símbolo perfecto para denotar aquello que Henri tanto buscó y que hoy se le presenta inalcanzable, impermeable: Séverine y su liberadora sexualidad, siempre esquiva, oculta, evitándolo constantemente). Estos elementos sirven como catalizador para la venganza final de Henri Husson. Venganza que se canaliza también en el regreso de uno de los elementos comunes más importantes de las dos películas: La cajita china, que a su vez, funciona perfectamente como aquel elemento disociador entre el pasado y el presente. Solo ahí, cuando Husson regala la caja (en un acto completamente cachaciento y descarado), podemos ver en toda su magnitud a que nivel el pasado y el presente ya no se corresponden.

Pero hay un episodio maravilloso en la escena del restaurante (una de las escenas más intoxicantes visualmente, más aún que los grandes planos generales del Champs du Mars que funcionan como cortes episódicos). Una vez producida la revelación (o broma, o juego) final, y tras ir Husson detrás de Séverine, aparece en el corredor un gallo. Ahora, cualquiera sea la representación simbólica del gallo en el corredor escapa a mis interpretaciones, pero esto es finalmente intrascendente: esta broma final es el guiño más claro de Oliveira al surrealismo, y el punto más alto de su tributo a Luis Buñuel. Irreverente, descolocada, la aparición del animal es completamente absurda, pero a su ves, consistente con el tono del maestro.

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III.

Oliveira demuestra que no hay que complejizarse demasiado para hacer un film de buena factura. Belle Toujours está filmada de un modo clásico (mucho énfasis en los tiempos muertos), excelentemente fotografiada (los espacios que escoge el director para recrear su historia son acogedores y de una magnífica sofisticación) y con una preocupación por la palabra envidiable. Los diálogos que recrean Husson y el camarero, donde el primero despotrica por su destino con Séverine de una manera insidiosa pero finalmente cómica y el segundo se da a una contemplación serena, y a pronunciar palabras de una curiosa sabiduría, son el catalizador perfecto entre la búsqueda de nuestro protagonista y su perseguida, como si Husson, por algún motivo, tuviera que justificarse ante alguien antes de realizar su jugada final.

Sin duda, con una de las mejores películas de los últimos años (aquellas que casi no hay, las que hablan de la historia del cine en su metalenguaje), Oliveira (a sus 99 años) demuestra a aquellos falsos radicales el significado de la palabra “clase” y la verdadera forma de hacer un tributo a los grandes del cine. 100 años más para el maestro.

José Sarmiento Hinojosa

P.D. No vale perderse Rencontre Unique, el graciosísimo y monumental cortometraje mudo de escasos 3 minutos, incluido en la película colectiva Chacun Son Cinema (2007). Con una pequeña fábula acerca de las inesperadas similitudes entre el Papa Juan XXIII y Nikita Kruschev, Oliveira demuestra una vez más que pertenece a otra dimensión de cineasta.

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2 comentarios

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