Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Festival de Cine de Lima: Las Críticas (II)


Continuamos en esta edición con la colaboración de algunos colegas amigos, quienes nos dan sus apreciaciones acerca de las cintas más destacadas del Festival. Disfrútenlas:

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Joao Moreira SallesSantiago, 2007

El documental Santiago es notable por la mirada que el director muestra hacia el personaje que le da título: Santiago Badariotti Merlo, antiguo mayordomo de la familia de Joao Moreira Salles. En el documental es percibida una compenetración entre los dos, a pesar de la distancia con la que el filmante observa a su filmado (pues se recurre al uso de planos fijos, recurso que como el propio director refiere hacia el final del documental fue inspirado en las cintas del gran maestro japonés Yasujiro Ozu, sobre todo: Cuentos de Tokio) , incluso hay en algunos pasajes una suerte de complicidad expresada por el propio Santiago hacia Moreira Salles, lo cual no es extraño ya que ambos se conocen desde mucho tiempo atrás.

Santiago asimismo descubre a un personaje poseedor de una riqueza no solo en vivencias sino de espíritu, léase cultural (por las referencias literarias, musicales y pictóricas que hace Santiago durante su interlocución) en la que la primera no es indesligable de la segunda, aun por momentos pareciera que viviera en un mundo paralelo, en el suyo se entremezclan sin ningún problema la realidad y la ficción. El documental de Moreira Salles explora tanto en la memoria como en el tiempo; y el nexo entre ellos es el propio Santiago. El director en algunos pasajes se vale de ciertos travellings que recuerdan a los que utilizaba en sus cintas Alain Resnais, en ellas el director francés trabajaba y exploraba también ambos aspectos que eran fundamentales dentro de su mundo creativo.

Puedo escribir más sobre Santiago pero en esta ocasión solo he querido expresar unas cuantas impresiones que provocó este documental en mí . Finalmente, debo decir que en términos generales lo mejor del cine brasileño de los últimos 15 años no se encuentra en el plano de la ficción sino en el del documental; películas de directores como Eduardo Coutihno, José Padilha y ahora Joao Moreira Salles confirman mi apreciación. (César Guerra Linares)

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Raul Ruíz – Tres Tristes Tigres, 1968

La primera película de Raúl Ruiz revela a un director interesado en explorar otras posibilidades dentro de lo que se venía haciendo en el cine latinoamericano hasta esos momentos. El manejo de la cámara, sus barridos y movimientos de un lado a otro, así como el uso del zoom y de los desenfocados crean la sensación de inestabilidad y de urgencia en las acciones. Por otra parte, las conversaciones que se entablan entre los personajes combinan el modo de hablar chileno (en el que están presentes sus coloquialismos, jergas y modismos) con el humor presente en muchas de ellas. Estas dos características hacen recordar a las primeras experiencias de la Nouvelle Vague pero sobre todo a las dos primeras películas de John Cassavetes: Shadows (1959) y Faces (1967), en especial, a la primera.

La atmósfera que Ruiz construye alrededor de sus personajes capta el momento político y social que se vivía en aquel año, en el que por un lado, la Guerra de Vietnam estaba en plena ebullición y por otro, las disputas ideológico-políticas entre la izquierda y la derecha tradicional (previas a la ascensión al gobierno de Salvador Allende) empezaban a encenderse. No obstante, esto se refleja directa e indirectamente en los diálogos de los personajes, las cuales generan un clima por de más particular. En resumen, Tres Tristes Tigres presenta a un director muy talentoso y comprometido con lo que cuenta. Aun cuando en años posteriores, asentado ya en Francia, cambiaría de intereses en cuanto a su forma de acercarse a la realidad, al vincularse a una vertiente de cuño fantástico. Raúl Ruiz demostró sobradamente en su primer largometraje que pudo haber continuado sin ningún problema por una senda más cercana a un Cine Realista. (César Guerra Linares)

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Xavier BeauvoisEl Pequeño Teniente, 2005

Se ha leído ya que varias, quizá la mayoría de las cintas de interés estuvieron en las muestras paralelas, El pequeño teniente (de Xavier Beauvois, 2005) es una de ellas. El talante militar de la Academia de Policía, de donde sale Antoine rumbo a París (Jalil Lespert, el protagonista de Recursos humanos), se relajará con la camaradería cotidiana de la división policial. Allí, la Comandante Vaudieu (brillante Natalie Baye), está al frente de la sección de Criminalística y seleccionará a Antoine, un poco al azar, llamándole por el apelativo que da nombre al filme. ¿Es la cinta de Beauvois un policial? Diríamos: es un policial francés; distante del thriller americano, lejano de la persecución frenética y carente de música incidental. Veremos los hechos desde el punto de vista del aprendiz de policía, pero no sólo desde él. Vaudieu, que participa en sesiones de alcohólicos anónimos, perdió pronto a un hijo y asume, con convicción, una deuda moral, no es menos antihéroe que el Harry Calahan de Clint Eastwood, su protagonismo será decisivo para el desenlace del filme. (Martín Sánchez Padilla)

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Francisco Vargas – El Violìn, 2006

Durante la presentación del filme de Francisco Vargas, el protagonista, Gerardo Taracena (Apocalypto), hizo mención al filme de Buñuel, Los olvidados (1950), como una referencia seguida. La preocupación es la misma, pero los resultados son disímiles. Los marginales de hoy, también en blanco y negro, no viven sólo en la periferia urbana sino que vienen y van desde el campo, a diario, bailan cumbia, beben cerveza Corona y han desarrollado una conciencia política intemporal que el director y guionista desarrolla en su forma guerrillera. El violín de Don Plutarco (Angel Tavira) es el medio para burlar la frontera militar y una de las vías para hacer realidad la revolución desde el monte. La opción política de Vargas es evidente y legítima, pero afecta el desarrollo del filme; le hace perder fuerza, lo desbordan su corrección política y su buena fé, a diferencia de Buñuel a Vargas le faltan ideas (la simbología buñueliana: sencilla y demoledora). La pericia técnica del director es insuficiente, aunque la simpatía de Don Plutarco casi no quede en discusión. (Martín Sánchez Padilla)

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Carlos Reygadas – Stellet Licht (Luz Silenciosa, 2005)

Luz silenciosa es la mejor película de Carlos Reygadas. Es un filme sobre el erotismo, el bien y el mal, el sufrimiento, la compasión y la espiritualidad que vincula al hombre con Dios y el universo; pero, fundamentalmente, es un filme sobre un tipo de cine, el de Dreyer y Bresson. Desde el tratamiento de la luz y la elección de la comunidad menonita, que dan a las imágenes una atmósfera nórdica, hasta la composición de las últimas escenas y la resurrección de la mujer, el alma de Dreyer es invocada por el director. De Bresson, Reygadas toma la dirección de actores-modelo, el ritmo, y el empleo de elipsis y sinécdoque. Luz silenciosa es, así, una reflexión sobre el estilo, el significado y el significante, mucho que más que sobre Dios y los hombres, o el espíritu y la carne. Dreyer y Bresson creían, a su manera, en Dios; Reygadas cree en ellos. (Emilio Bustamante)

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Jaime Rosales – La Soledad, 2007

La soledad es una película donde los elementos melodramáticos de la historia no están potenciados a partir de los recursos convencionales . Por el contrario, la cámara se mantiene quieta y lejana a la acción, observando de forma impasible las risas y los llantos de los protagonistas. Incluso los momentos más terribles nos son mostrados sin el menor aspaviento, como si respondieran a un orden natural e irreversible de las cosas. Es esta inexorabilidad la que crea una desazón que transcurre a lo largo del film. La distancia que crea la cámara con la situación misma se agudiza si tomamos en cuenta que las acciones son filmadas desde el otro lado de un pasadizo o a través de una puerta, apareciendo siempre obstruida ante nuestros ojos. El uso del split screen tiene como intención de fragmentar el fluir normal de las situaciones: las reuniones familiares aparecen incompletas, las conversaciones no tienen la fluidez que permite el plano-contraplano. Las tensiones entre los personajes se acentúan por la fragmentación del espacio visual: la puesta en escena crea las distancias que sienten los protagonistas entre ellos. (Rodrigo Bedoya)

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Florian Henckel von Donnersmarck – Das Leben Der Anderen, (La Vida de los Otros, 2006)

Fue una sorpresa saber que la cinta del alemán treintañero Henckel von Donnersmarcks se alzó con el Óscar al Mejor filme Extranjero del 2007, superando a El laberinto del fauno, la gran favorita. El marco del filme es la represión, el acoso a los disidentes y el clima social en la RDA, a poco de caer el Muro de Berlín. El guión, también de autoría del director, desarrolla la rutina de un implacable celador y fisgón, y la vida cotidiana de sus ocasionales víctimas: un respetado intelectual y su esposa, los otros.
Se exponen los férreos mecanismos del sistema y también el arribismo y la corrupción, inherentes a cualquier totalitarismo. Pero el engranaje no termina por anular el fuero íntimo del fisgón y una suerte de conversión es posible: la vida que se filtra a través de los receptores le revela su soledad. Von Donnersmarcks tiene el talento para acercarnos y también para hacernos mirar desde lejos, sin apelar al manierismo. (Martín Sánchez Padilla)

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Heddy Honigmann – Forever, 2007

Un cementerio vivo. La procesión de personas que recorre las galerías y alamedas del Père Lachaise acaso coincidan en esa sentencia. Acaso sea el cementerio más famoso del mundo. Los cuerpos, esa cosa concreta que despierta devociones, que descansan en mausoleos y tumbas suntuosas, frente a lápidas de versos eternos, son los verdaderos protagonistas. Más aún cuando fueron grandes personajes de las artes y las humanidades como el sublime pianista Chopin (1810-1849), el escritor Marcel Proust (1871-1922) o el pintor Amadeo Modigliani (1884-1920). Entonces es el legado, la admiración, la afición, la curiosidad o la filiación que los peregrinos (vivos) que transitan por el cementerio pueden sentir por los muertos. Heddy Honigmann registra la cotidianidad del cementerio, vuelta una habitúe más en el reino de los vivos, y encuentra pasajes de historias muy sentidas, muy poéticas otras (como la del coreano que deja magdalenas en la tumba del escritor de En busca del tiempo perdido) entre la gente que se rozan los codos dentro de sus pasajes y senderos. El documental rescata ese lazo que ahonda en el tema del arte desde todas sus aristas, poniendo en relieve más que nunca la enorme deuda y la vinculación infranqueable con los que ya no están. (Manuel Bonilla)

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Kim Ki Duk – Bin-Jip, (3 Iron, El Espíritu de la Pasión, 2004)

Qué difícil seducir con la trillada fórmula de la muchacha cautiva y el caballero que aparece en pos de su rescate emocional. Pero Kim Ki-Duk no se desanima ante ello y, reinventándola para el presente y en coreano, se enfrenta a un riesgo del cual sale bien librado.

El director hace uso de un motivo propio de su cine más reciente: señalar un camino hacia la purificación espiritual. En esta ocasión, se trata de superar las adversidades del destino mediante un romance donde el silencio adquiere una fuerza expresiva más poderosa que la palabra, y en el que (como dicta la filosofía sanjuanista del “toda ciencia trascendiendo”) se abandonan las limitaciones del cuerpo para dar paso a la ubicuidad del alma como única posibilidad para la consumación de un amor en apariencia inasequible. Todo esto impregnado de una melancólica elegancia, la cual concede primacía a los sentimientos, hallados aquí por encima de cualquier perspectiva conceptual. Por eso, románticos incurables, bienvenidos sean. (Gabriel Meseth)

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Noel Mitrani – Sur la trace d´Igor Rizzi, 2006

Esta es la historia de reconciliación de un hombre con su vida. Pero lejos de apostar por una visión tortuosa del tema, la cinta está manejada con soltura. Es decir, desde una sensibilidad que privilegia el humor, el tono relajado y absurdo, la teatralidad y el contraste de lo ridículo con lo íntimo.

Por eso, los mejores momentos del filme son aquellos donde reina el despropósito y donde las situaciones descabelladas se redoblan como señales permanentes de un entorno insólito. Bajo esta lógica los personajes aparecen y desaparecen sin tantas referencias; las acciones se confunden a favor de la fuerza evocativa del relato y la trama es un mero vehículo para dosificar el peso de la reflexión. Tras esa nube de distorsiones, hay finalmente un aire nostálgico que envuelve a las imágenes, logrado a partir de una voz en off que narra un pasado sentimental doloroso y de unos escenarios invernales que parecen coincidir con el ánimo del protagonista. (Jaime Akamine).

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Lucía Puenzo – XXY, 2007

El aceptar al otro tal como es, de eso trata la película de la argentina Lucía Puenzo, que se presenta en el 11 Festival de Lima. El misterio que gira alrededor de Alex, crean el ambiente necesario para que la película se desarrolle de acuerdo a un guión bastante sólido y a una puesta en escena muy cuidada sobre todo por lo difícil de tema tratado y por la personificación de la adolescente hermafrodita de 15 años que logra transmitir ese desencanto de la juventud al afrontar el enorme problema – aunque todos los problemas de la adolescencia son enormes – de la elección.

La directora evita personajes secundarios estelares, ni Darín llena la pantalla; y se preocupa en concentrar todo el peso del film en Alex, a quien llena de complejidad, fuerza y emociones que oculta, para hacerlas estallar sólo en compañía del agua, de la lluvia, referentes indiscutibles purificación.

Si bien la película gira sobre adolescentes y un problema oculto, el tema se aborda desde una mirada bastante adulta y evita dar una lección de aprendizaje, para que cada uno se genere la duda y comparta con Alex la difícil situación de elegir. (Miguel Piscoya)

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Carlos Sorín – El Camino de San Diego, 2007

Carlos Sorín, regresa después de dos años con una historia narrada de manera documental, con mucha inocencia, por parte del protagonista y con un ídolo controversial como Diego Armando Maradona, como objetivo final. El camino de San Diego muestra la travesía de Tati Benítez, un poblador proveniente de la selva del noreste argentino que, obsesionado por haber encontrado una figura tallada naturalmente en un tronco de madera, decide ir a Buenos Aires para darle personalmente la estatua al “Dieguito”.

Vistiendo la camiseta de la selección argentina, hincha del Boca Juniors y enseñándole los cánticos de la hinchada a sus loros con: “Dale bo, dale bo”, Tati es un ejemplo de perseverancia a pesar de su condición humilde. Nunca pierde su buen ánimo que por cierto, contagia. La película no es una obra maestra, ni indispensable en la vida de los seres humanos, pero contiene un elemento importante como por ejemplo observar en el personaje: la gratificante recompensa espiritual por lograr lo que uno se propone. (Paco Pulido Spelucín)

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Juan Alejandro Ramírez – Alguna Tristeza, 2007

Juan Alejandro Ramírez es uno de los documentalistas peruanos menos famoso y más creativos. Con trabajos menos costosos, pero más idealistas y apasionados. Sin estudios intelectuales del género documental, Ramírez entra en un mundo real, pero difuso a su vez. Alguna Tristeza linda las fronteras del surrealismo con lo antropológicamente estudiado y vivido.

Uno de los elementos claves en esta obra es, tratar de resolver la pregunta del por qué somos como somos, del por qué los peruanos vivimos como vivimos. El director sostiene que debemos de filmar la idiosincrasia y revelarla a los ojos de los propios peruanos. Hay otras ciencias que estudian al hombre, pero el cine es la fuente más poética y accesible para tocar estos sensibles temas y Alguna Tristeza se representa tal y como es, con naturalidad, con experiencia y con una excelente influencia por experimentar dentro de la metafísica audiovisual que lo caracteriza durante cada fotograma de su película. (Paco Pulido Spelucín)

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Pablo Fendrik – El Asaltante, 2007

Película de robo y fuga, que se reconcentra en la vivencia del asaltante, tal como su nombre lo indica. La cinta resulta atractiva de saque porque nos instala en el quid mismo del asunto, el atraco, con una cámara nerviosa y efectiva, que respira y se instala sobre un cumplidor Artuto Goetz, pero conforme pasan los minutos el virtuosismo de la cámara en mano de largos planos secuencias deja de impresionar, y las ideas del film se comienzan a agotar. No hay materia sobre la cual crear una historia que se funda en la adrenalina, y por eso, termina diluyéndose cuando quiere mostrar el lado humano, y el social, del personaje. El asaltante ataca de nuevo, solo para presentarnos luego situaciones poco verosímiles y un final con sabor a crítica social. La historia ha sido la excusa para la demostración técnica y la historia mínima –marca registrada argentina-. Pero ahí, no hay fondo. La experiencia pasa rápida, como el metraje de la película. (Antolín Prieto)

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César Charlone/Enrique Fernández – El Baño del Papa, 2005 

Melo es un pueblo, como otros, olvidado por Dios que roza el límite entre Uruguay y Brasil. En el año 1988, en retribución por ese olvido divino, el Papa Juan Pablo II anunciaba su visita y pronta llegada. Esa promesa de redención no despierta en los habitantes ningún sentimiento espiritual ni mucho menos místico, sino que abriga la posibilidad de poner un puestito y ganar algo de dinero (la salvación terrena antes que la celeste, dirían). La opera prima de César Charleone y Enrique Fernández adivina y registra muy bien el pulso de Melo, a fin de cuentas un pueblo fronterizo en donde la batalla contra el desempleo encuentra alivio en una bicicleta y el tráfico de mercaderías desde Brasil. El protagonista y su collera de barrio hacen esos viajes en bicicletas, repletos de cajas y evadiendo la mirada carroñera de los aduaneros. Es por ello, que la visita del Papa y la legión de fieles que lo acompañarían hacen soñar a los habitantes con un futuro inmediato rentable.

Los puestos de venta de panchos, asado, chorizos, tortas fritas, banderitas, y demás alborotan las calles. El protagonista tiene en mente otro negocio: un baño. Cobrar servicio completo o parcial, con papel higiénico o no, a todas las personas, que entre tanta bebida y comida, necesiten un momento de recogimiento junto al water. Ese objetivo se vuelve en el transcurso de la película, una gesta épica. Como anuncia la película al inicio: los hechos representados son en esencia reales. Solo el azar no permitió que sucedieran. Lo cierto es que la visita del Papa fue fugaz, no se detuvo en ningún puesto, la gran procesión de seguidores no pasó de 800 personas, y los habitantes de Melo, renegando y maldiciendo la Providencia, se quedaron con 100 kilos de chorizo en sus despensas. (Manuel Bonilla)

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