Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

El Cómic y la Realidad: El Protegido


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M. Night Shyamalan – El Protegido (Unbreakable, 2000)

Después de filmar Praying with anger (1992) y Wide awake (1995), el realizador norteamericano de ascendencia hindú M. Night Shyamalan (Filadelfia, 1970) alcanzó fama y notoriedad con El Sexto Sentido (The Sixth Sense, 1999), potente thriller sobrenatural en el que demostró tener un gran talento para el manejo del psicodrama y el misterio. Este filme es hoy en día la décima película más taquillera en la historia del cine y llegó a ganar varios premios internacionales, además de cuatro nominaciones al Oscar. Bajo este auspicioso contexto, Shyamalan realizó El Protegido (Unbreakable, 2000), película en la que cuenta la historia de David Dunn (Bruce Willis), un hombre de mediana edad que va descubriendo con la ayuda de Elijah Price (Samuel L. Jackson), sujeto dedicado al estudio de los cómics, que su vida funciona de manera análoga a la de los superhéroes de historieta. El cineasta relata en esta cinta, al igual que en sus dos anteriores filmes, un drama existencial a través de algunos tópicos del fantastique; pero, a diferencia, estructura un ejercicio de deconstrucción de las historietas de superhéroes.

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Shyamalan muestra desde el inicio a un David Dunn meditabundo, encerrado en sí mismo; por lo cual, expresa también cierta congoja. El realizador ha acertado en la forma de transmitir esas sensaciones al desarrollar en Bruce Willis una actuación que bordea la desdramatización y colocarlo generalmente en espacios cerrados (el tren, el hospital, la iglesia), ya que esa aflicción interiorizada que revela el personaje se refuerza con la elaboración de una atmósfera claustrofóbica. Paralelamente, las opacas tonalidades celestes y los claroscuros de la fotografía de Eduardo Serra representan de manera simultánea esa tristeza oculta del protagonista. Ya hacia la segunda hora, el personaje va descubriendo que su existencia tiene las mismas características de la del héroe de historieta: la fuerza sobrehumana, el agua como “talón de Aquiles” semejante a la kriptonita de Superman, la telepatía, etc. En ese sentido, El Protegido empieza a devenir, en contraste con las anteriores películas del cineasta, en un discurso considerablemente complejo, debido a que no sólo desarrolla un paralelo metalingüístico con el imaginario de los cómics de superhéroes, sino también una progresiva extrapolación de su lógica ficticia.

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Esa inmersión de David Dunn en un proceso de descubrimiento de su condición supranatural se afianza en la escena del metro, con la cual Shyamalan muestra cómo el protagonista puede leer la mente de las personas con las que se topa. Como en su filme anterior, el realizador hace patente en esta secuencia su apego por la creación de climas místicos, de ahí que se vea al personaje como si fuera partícipe de una ceremonia de iniciación religiosa: amplias tomas contrapicadas que enfocan a Bruce Willis bajando por una inmensa escalera, dando así la impresión de que descendiera de un enorme templo, y una música que recoge el estilo New Age. Cuando el protagonista extiende sus brazos como entregándose a una especie de fuerza divina, descubre por medio de escabrosas visiones que tras el rutinario tumulto que lo rodea, late un universo de maldad y perversión, siendo este fragmento otro punto en común con El Sexto Sentido, cinta en la que el personaje de Haley Joel Osment también podía develar las dimensiones malignas del ser humano común y corriente a través de sus percepciones sobrenaturales.

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El final de El Protegido, al igual que el de El Sexto Sentido, plantea una relectura de lo visto a lo largo de todo el filme, ya que clausura la deconstrucción de las historietas de superhéroes al terminar de apropiar sus reglas básicas. En ese sentido, se descubre que el villano de la película, al igual que el héroe, se ha plasmado tal como en los cómics: es como aquellos que usan su inteligencia y no sus manos para luchar contra el bien, y conforma con David Dunn la representación perfecta del binarismo de Jano: son las dos caras de una misma moneda. Desde esta perspectiva, discrepo con aquel sector de la crítica que ha visto el final de El Protegido como apresurado o fallido. Primero, porque en una película en la que se asimilan de cierta forma las convenciones de ese tipo de cómics, es totalmente coherente que el villano sea alguien que haya cometido grandes crímenes motivado por su resentimiento social, debido a que en el universo simbólico de las historietas de superhéroes esa es la naturaleza de los líderes del mal: véase a Magneto, personaje de X-Men que comanda fuerzas malignas en contra de la humanidad por haber sido segregado desde joven por su condición genética, o al Pingüino de la historieta Batman, que busca generar el caos en Ciudad Gótica a raíz del rencor que siente hacia sus padres, quienes trataron de desaparecerlo recién nacido por no aceptar su deformidad.

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Y segundo, porque comprender la cosmovisión del cineasta en el epílogo de su filme implica correlacionarla con aquella noción de la filosofía posmoderna que describe al ser humano como axiológicamente contradictorio e inestable por su constante cambio; dado que, de esta forma, se justifica que las creaturas de Shyamalan, a diferencia de los personajes planos de los cómics, no se acoplen a la dicotomía bien/mal por concebirse estos mismos valores contrapuestos sólo como trances o estados. En efecto, si bien el realizador ha proyectado las reglas básicas de las historietas de superhéroes, no muestra un happy-end en el que un imperturbable héroe derrota a un frío y desalmado enemigo. Tanto David Dunn como su antagonista sufren al descubrir quién es el villano; de ahí que se constate, parafraseando a Elijah Price, que los cómics son sólo hipérboles de la realidad, y que la existencia humana es como una historieta en la cual el bien y el mal no son personalidades, sino roles, máscaras.

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Más allá del contraste de opiniones con respecto al resultado final de la película, lo importante de El Protegido es que mostró a Shyamalan como un talentoso realizador en búsqueda de una particular identidad como autor al interior de la maquinaria hollywoodense (la que continuó irregularmente con Señales, La aldea y La Dama en el Agua); sumergiéndonos así, en las melancólicas revelaciones de un críptico mundo animista, que fue matizando y enriqueciendo el cine fantástico contemporáneo.

José Carlos Cabrejo

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2 comentarios

  1. Pingback: » El Último Maestro del Aire (2010) » Cinencuentro - No podemos parar de hablar de cine

  2. Muy bueno el post!

    febrero 1, 2012 en 2:58 pm

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