Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

El Séptimo Círculo del Infierno


Cristi Puiu – Moartea domnului Lazarescu (2006)

Una mezcla extraordinaria entre el cine realista de los Hermanos Dardienne y el humor letárgico de Bela Tarr , La Muerte del Señor Lazarescu  es la obra maestra indiscutible del rumano Cristi Puiu, (ganador del Un Certain Regard 2006) donde decide explorar el burocrático sistema de salud rumano y las consecuencias del mismo en un viejo alcohólico y terco. El resultado: Una comedia incendiaria pero finalmente triste, como la realidad misma.

La historia acompaña a Domnul Lazarescu (impecable Ion Fiscuteanu), un sexagenario anciano cuyo alcoholismo le ocasiona fuertes dolores de estómago y cabeza. Personaje exiliado de la sociedad, nos causa pena, repulsión, cariño, rechazo. Lo encontramos una noche, pidiendo una ambulancia que parece nunca llegar y discutiendo de asuntos de dinero con sus familiares. Finalmente el dolor lo conduce a pedir ayuda de sus vecinos, Mihaela y Sandu (Doru Ana y Dana Dogaru), quienes después de un sin número de consejos médicos, deciden pedir ayuda profesional y abandonar a Lazarescu a su suerte. La llegada de Mioara (Luminita Gheorghiu, la inmigrante de Code Inconnu) marca un quiebre en la narración del film, pues es ella la que hasta el final, lucha por la vida del viejo.

El resto de la película es, como he leído en algunos comentarios, una especie de “E.R.” rumano, no en el sentido de la urgencia con que se atienden los casos de salud, sino justamente por lo contrario. Lazarescu pasa por tres hospitales distintos antes de encontrarse con su destino final. De pronto, no hay lugar para un viejo alcohólico, pues un accidente de tráfico masivo resulta más importante para la comunidad médica. Todos los viajes, las consultas interminables, la intolerancia e indiferencia de los internos, la triste comedia humana, termina por matar socialmente a Lazarescu. El motivo: Coágulo cerebral, tumor maligno, cáncer de colon enfermedades que requieren operaciones urgentes y cuyos múltiples diagnósticos son tan certeros comó inútiles.

Lazarescu, miembro de una sociedad que no comprende lo que sucede a su alrededor mientras es aplastada por el aparato burocrático estatal, no sabe que firmar, se encuentra confundido, lucha de forma discreta con las fuerzas  que lo reducen a una simple anécdota humana. Como Dante, el personaje que lleva su mismo nombre, Lazarescu recorre los círculos del infierno urbano y como Lázaro, personaje que le da cuerpo a su apellido, se levanta entre los muertos una y otra vez. No conocemos su destino final, pero la fuerza del título nos llama la atención: Es la muerte social, aquella que desmoraliza completamente al individuo. Esa es la muerte del señor Lazarescu.

Puiu es un magnífico director por muchos motivos. En primer lugar, realiza un guión ultra realista, que unido con una puesta en escena y fotografía casi documental, sabe llevarnos de manera casi testimonial por la travesía del Lazarescu, delineando personajes indiferentes y episódicos (a excepción de Mioara, compañía moral del viejo) y reforzando el carácter comédico del film, que recae en lo casi inverosímil (no por la imposibilidad de los hechos, sino por lo ridículo de los mismos). Lázaro, Virgilio, Dante, Remo, Ángel, son los nombres utilizados por el director, en clara alusión a la Divina Comedia y en paralelo con la travesía del mismo Lazarescu.

Una comedia durísima, pero también, un testimonio de como el ser humano afronta la muerte en circunstancias donde la muerte parece ya haberlo alcanzado, La Muerte del Señor Lazarescu es probablemente la película rumana más importante de los últimos años (o décadas) y probablemente responsable de la nueva “mafia rumana”, curioso término que se ha utilizado para mencionar a realizadores menos talentosos que Puiu pero con más suerte en Cannes (como el casi imitador pero finalmente manipulador Mungiu).

Filmada con rigor documental y ejecutada como una muerte ritual, Lazarescu resulta uno de los films más interesantes en esta década. Personalmente, me quedo con esta cita de Aquarello, que me parece resume de manera notable el film:

En La Muerte del Señor Lazarescu, el proceso de la muerte no afecta el proceso de vida, simplemente se convierte en una distracción personal en la eterna -y al parecer interminable- comedia humana.

 José Sarmiento Hinojosa

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3 comentarios

  1. Omar

    Yo, la disfrute cuando la vi hace poco menos de un año, y aunque no rei un solo momento tenia la clara conciencia de que estaba frente a una gran comedia, dime algo, la historia culmina con el señor Lazarescu tendido cobre la camilla presto a entrar a sala de cirugia, cierto, te hago esta pregunta tonta, por que yo vi esta pelicula en formato ” pirata”, y se me ha quedado esta duda, creo ademas que la historia no es pretenciosa, ni moralista, mantiene su caracter esceptico casi siempre, incluso me atreveria a pensar que el señor Lazarescu no tiene nada en especial, mas alla de una simple gastritis, y si se va poniendo cada vez peor es por este descalabro burocratico, que le lleve al colapso nervisoso, una gran pelicula que daria para mas comentarios, y mas informacion.

    saludos

    junio 10, 2007 en 5:06 pm

  2. Es cierto Omar, personalmente pienso que me he quedado bastante corto con la reseña, pero es lo que el tiempo que tengo en estos dìas me permite. En todo caso, es una excelente pelìcula, digna de comentar y discutir.

    Y si, el episodio de la camilla culimina ahì.

    Saludos.

    junio 10, 2007 en 10:36 pm

  3. Reynol Pérez

    He visitado Rumania al menos en cinco ocasiones y he tratado de cerca a los rumanos. Su carácter es una mezcla extraña de lo latino y lo balcánico pero son en general gente cordial. Están muy bien retratados en esta película, lo mismo que el protagonista. Como lenguaje cinematográfico destacan las tomas de documental, cerradas y poco dinámicas pero lo que se impone es la soledad individual contra la indiferencia como una especie de anestesia social: el dolor del otro no nos toca, aunque pretendamos hacerlo legítimamente nuestro. Resulta notable que cada protagonista -aunque se mantenga apenas unos minutos delante de la cámara- resulte entrañable y hasta cierto punto memorable. Un ejemplo para los actores de cine mexicano, que “trabajan” de una película a otra, interpretándose a ellos mismos.

    julio 3, 2007 en 9:23 pm

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