Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Peces de Colores en un Mundo Gris


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Francis Ford Coppola – Rumble Fish (La Ley de la Calle) (1983)

Rusty James (Matt Dillon) es un pandillero nato e idealista –cree en la lealtad y despotrica de los consumidores de droga, elemento nocivo que, según él, mató a las pandillas– que busca igualar la aureola de su hermano mayor, Motorcycle Boy (Mickey Rourke), un ex líder callejero, lector de los clásicos griegos, daltónico y presa de eventuales estados de ausencia en los que no escucha a nadie, convertido en leyenda urbana por los jóvenes que habitan las calles peligrosas de una ciudad innombrada filmada en fotografía de blanco y negro. “Si vas a guiar a las personas debes tener un lugar adonde ir”, le dice Motorcycle Boy a Rusty James en uno de los filmes más recordables y personales de la obra de Francis Ford Coppola, La ley de la calle (Rumble Fish es el título en inglés de esta cinta fechada en 1983).

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¿Acaso estos dos hijos de un abogado desempleado y alcohólico poseen un lugar de destino? Motorcycle Boy viaja a California pero vuelve. No conoce el mar y prefiere quedarse en la ciudad, a la que el chico-leyenda describe como “una hermosa adicta a la heroína, volando tan alto como una cometa, creyendo que está en la cima del mundo, sin saber que está muriendo aunque le enseñes las marcas”, y en la que conoce a su madre.
¿Por qué no se quedó allí y prefirió el retorno al infierno? Tal vez porque el contemplativo Motorcycle Boy intuyó que no había espacio para él en este mundo, y prefirió darle una oportunidad a Rusty James. “Toma una moto y vete a conocer el océano”, le pide, antes de caer muerto por las balas de la policía tras intentar llevar a un grupo de peces peleadores –los ‘rumble fish’ que se muestran a colores en medio del blanco y negro– a las aguas del río.

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Como los peces en cuestión, el chico de la moto entiende que ellos mismos se encuentran en un punto similar de aniquilamiento mutuo en un contexto opresivo de nuevos tiempos, en donde las pandillas ya son cosa del pasado, la traición es la religión del presente y las drogas el escapismo de la medianía existencial. Además, Coppola subraya constantemente el asunto del tiempo. Como filme de jóvenes, La ley de la calle nos trae a la mente un verso del Eclesiastés: Regocíjate joven en tu mocedad. Pero todos sabemos que la juventud es breve, y en la cinta de Coppola el tiempo atosiga a los muchachos como una dinamo incontrolable.

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Hay detalles de relojes marcando las horas; las nubes ‘corren’ en el cielo, el sol se pone en cuestión de segundos y las sombras se mueven como líquidos oscuros chorreando con absoluta fluidez sobre paredes y suelos. Siempre hay un objeto o persona en movimiento al interior del encuadre. Hasta la música del inspiradísimo ex The Police, Stewart Copeland, trabajada casi en su totalidad con instrumentos de percusión, es una acentuación de la condición urgente en la que Rusty James y sus compinches afrontan al mundo.

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Una noche de verano a comienzos de los años noventa pude ver por primera vez La ley de la calle en un pequeño televisor Panasonic a blanco y negro –ni enterado estuve, en esos años, que la fotografía de la producción era en b/n–. Desde entonces se me quedó grabada en la memoria la escena de desdoblamiento de Rusty James en la que, flotando por los aires luego de haber recibido una severa golpiza, observa a sus conocidos homenajeándolo como si hubiera muerto.

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Recuerdo eso y a Motorcycle Boy, un mito andante con los modales de un alienado pacífico a quien Mickey Rourke dio vida con excepcional talento. Poner el dvd para ver La ley de la calle se ha convertido en un acto de franca nostalgia: casi es imposible que la industria del cine gringo acepte actualmente un proyecto de semejante audacia, un trabajo que fluctúa entre el realismo convencional y un expresionismo con toques de surrealismo. Una envidiable rareza de Coppola.

Alonso Izaguirre

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2 comentarios

  1. Juan

    Disculpá, me gustó tu crítica, y con la mejor onda te digo, aunque la película tenga casi 14 años, seguramente hay personas que no la vieron, y está “de más” develar detalles tan importantes de la trama como el desenlace de “Motorcycle boy” y su hermanito, ya que, mas allá de lo onírico del film, hacen al desenlace del relato. En pocas palabras: se puede ser crítico sin contar el final de la película. :D
    Saludos y gracias. Juan

    agosto 26, 2007 en 9:59 pm

  2. Murdock

    Es una exclente crítica la que hiciste. En cuanto a otra escena digna de miención recordaría también cuando están los dos hermanos debajo de un puente y Mickey Rourke le dice al amigo de Rusty James sosteniéndose con una mano la quijada:
    ” Hasta las sociedades más primitivas han tenido un respeto tácito hacia los locos…” No se por que se me quedó en la memoria esa escena.
    O la forma de caminar de The Motorcycle boy, de brazos cruzados.
    En suma, pareciera que los locos son los que terminaan imponiendo su poder. Aunque que loco genial que era este pibe.. En fin, saludos.

    septiembre 4, 2007 en 1:51 pm

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