Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

El Sacrificio de los Errantes


Wim Wenders – Paris, Texas (1984)

Una sensación abrumadora invade a los pocos asistentes de una proyección casera la semana del 14 de mayo de 2007. Habíamos revisitado la que probablemente, es aún una de mis películas favoritas de todos los tiempos ya por tercera vez, y la ansiedad y concentración se repetían con la misma intensidad que siempre, como si fuéramos transportados de pronto a los primeros meses de 1984, testigos incipientes de los primeros 10 segundos más importantes de la historia del cine. El desierto aún no se ponía en escena. Pantalla negra, letras rojas, campanadas marcando las primeras notas de Paris, Texas.

De pronto, el desierto.

I – Hermanos

La magnífica fotografía de Robby Muller nos interna en la inmensidad del desierto de Arizona. Planos generales, cámara aérea y la imagen extraviada de un sujeto entran en pantalla. Es un hombre errante en la frontera mexicana, camina perdido con rumbo indeterminado, mirada perdida. De pronto ingresa a un pequeño bar perdido en la inmensidad árida del desierto, come un poco de hielo y cae rendido.

Son nuestras primeras horas con Travis. Aún no sabemos nada de el, desconocemos sus motivos, seguimos asombrados viéndolo caminar por el desierto sin mayor razón, viéndolo caer y resistirse a hablar en la oficina del doctor del pueblo. Pero ordenemos nuestras ideas, y hablemos un poco más de la trascendencia de Paris Texas en la historia del cine independiente norteamericano.

Una colaboración entre Wenders y Sam Shepard (quien también colaboró en el último filme del mismo director, Land of Plenty), Paris, Texas se realizó completamente fuera del sistema de mega estudios de cine norteamericano. Filmada con un equipo de tan solo 20 personas (entre las cuales destaca la entonces asistenta de dirección Claire Denis, que también colaboraría con el en la aclamada Wings of Desire y que posteriormente seguiría una sólida carrera como directora), es una de las películas más importantes del cine independiente, dadas sus condiciones extremas de filmación, entre las que se incluye el riesgo de deportación de todo el equipo (trabajaban con visa de turistas), escaso tiempo de filmación (apenas semanas) y conflictos con el sindicato de conductores “American Teamster”, al cual Wenders debió inscribirse para poder seguir filmando.

Resulta entonces aún más sorprendente ver el resultado final, una película ganadora de Cannes 84’ y sin duda el mayor éxito comercial y de crítica de Wim Wenders. Personalmente, siento que nunca antes un director había capturado mejor la escencia del Road Movie, insertando elementos de drama familiar que invaden la película en momentos claves y un final que a mi humilde parecer es el mejor de casi toda la historia del cine.

Travis es un hombre extraviado, y la magnífica caracterización de Harry Dean Stanton nos entrega a este hombre desolado, con una carga emocional impasible, que intenta reconectarse con su pasado de manera accidental, y que permuta el más grande sacrificio de todos por amor: El entregarse al exilio para reconstruir su familia.

Cuando Walt (Dean Stockwell) encuentra a Travis caminando por una autopista vacía, descubrimos la vigencia de un lazo, que aunque débil logra asentarse mediante el recorrido casi inerte de la primera parte del film. Travis ha decidido no pronunciar palabra, e intenta escapar (aunque temo utilizar mal el término, “seguir su camino” podría ser algo más exacto, a pesar de que no sea un camino definido) varias veces, ante la frustración de su hermano, que con una compasión inmensa logra capturar algunas palabras secas de aquel antes, frágil sujeto.

La pregunta que esta vigente desde el comienzo es ¿A dónde va Travis? Una vez que Walt decide regresar a casa en auto (después de un colorido ataque de pánico del hermano en un avión) y Travis toma el volante, lo descubrimos: A Paris, Texas. Es un terreno baldío, un espacio árido y sin belleza, un sitio silencioso e insondable. Pero lo que significa el mismo para Travis va más allá del entendimiento humano.

Compre esta tierra, dice.

II – Nothing Out There

Imágenes del desierto en el alba, un pueblo casi abandonado, autos descompuestos en la arena, el desierto de Mojave. Paris Texas. Encontramos el verdadero significado de la tierra que visita Travis en sus propias palabras Ahora recuerdo, porque compre el terreno. ¿Recuerdas donde papá y mamá hicieron el amor por primera vez? Así que pensé, “aquí es donde yo empecé”. Papá siempre tenía un chiste sobre eso. Decía que mamá era de Paris.

¿Por qué Travis regresa al lugar que lo vio nacer? ¿Acaso busca en aquel lugar primario, el sustento necesario para reencontrarse con el individuo que posteriormente perdería? ¿Acaso decide volver a depositar sus cargas emocionales al lugar de su génesis? Todas estas preguntas parecen ser ciertas. Posteriormente en la película encontramos que aquella broma sobre la madre de Travis empezó a ser una realidad, y el recuerdo de cómo su padre intentó transformar a su madre en algo a lo que ella no pertenecía colisiona permanentemente con sus propios recuerdos de desamor, encierro y locura. La génesis al parecer, es el único lugar a regresar para borrar el pasado.

Wenders vio este film como el cierre de su “etapa norteamericana”, así como la ruptura de una tradición de cine del mismo director. Paris, Texas sigue el guión de Shepard hasta la llegada de Travis y Hunter (Hunter Carson) a Houston, en su búsqueda por Jane (Natassja Kinski). De ahí en adelante, el film iría en su propia búsqueda por un final, entre llamadas telefónicas entre Shepard y Wenders por teléfono, este último anotando frenéticamente lo que sería el último diálogo de la película.

Este estilo de “composición” de alguno de los filmes de Wenders en su tercera etapa (destaca entre ellos Wings of Desire, que fue concebida sin un guión previo, y entre llamadas de Wenders con Peter Handke, quien le envió cientos de diálogos y poesías) les da a los mismos una especie de flujo de conciencia ininterrumpida, una fluidez que permite descansar las escenas y naturalizar el ambiente. Los diálogos finales, las conversaciones, los gestos, las palabras, toman una dimensión poética que sabe respetar su línea, y que dibuja un imaginario inigualable en los personajes más memorables de Wenders. En Paris Texas el film, al igual que Travis, parece errante hasta encontrarse con su propio destino, y la fuerza de las imágenes y diálogos finales radica en este descanso de la estructura dramática formal, entregándose a un estilo casi nebuloso de hacer cine. Funciona perfectamente.

Posteriormente nos enfrentamos en el film a la recomposición de la relación Hunter – Travis, ese restablecimiento del vínculo padre e hijo que se torna en casi un juego entre los dos. Al comienzo Hunter es huraño y no quiere ver a su padre, pero un video casero de 8 mm dispara la relación entre los dos. Después de todo el vínculo principal que los une, y que se ve reflejado también en la película casera es Jane, la madre, la esposa. Es con ella, y a partir de esto que los dos forjan su relación, es la excusa perfecta para unir fuerzas en una búsqueda que los regresa a las autopistas de Texas, ante el desconsuelo de Anne, quien propicia esta búsqueda, sin saber que le costaría la pérdida temporal del que ha llegado a convertirse en su hijo. Todo en Hunter y Travis llega como algo predeterminado, como un destino inequívoco que se sucede naturalmente: Se conocen, se hacen amigos, se marchan juntos. Inclusive Hunter puede ver a papá ebrio en un hotel y escuchar las palabras más importantes de su historia. Hunter es un catalizador de las emociones de Travis. A través de el su historia se abre paso, tranquilamente hacia su sacrificio final.

Hay una escena a la mitad del film donde Travis atraviesa un puente sobre una autopista, y un loco grita a pulmón vivo el Apocalipsis. Es el inicio de la marcha final de Travis hacia su sacrificio final, en el lugar donde se convierte en un sujeto redimido, que abandona lo más preciado para volver al reencuentro consigo mismo, que sacrifica todo por la felicidad de los que más ama. El loco grita el Apocalipsis no habrá zona de seguridad y extrañamente sus palabras toman un significado especial, paralelo, con la situación de Travis, que se detiene unos segundos para verse reflejado en aquel individuo que ha perdido la esperanza y superar sus propios conflictos.

Travis retoma la marcha.

III – No Safety Zone

No habrá zona de seguridad. La tercera (e indudablemente la mejor) parte de Paris Texas, se sitúa ante el descubrimiento de Jane (inolvidable Natassja Kinski) en una casa de citas escondida de Houston. Son (para mí) los 15 minutos más intensos de toda la filmografía de Wenders y de la historia del cine.

Travis, después de una larga marcha por el estado tejano, llega a su destino, un pequeño cubículo donde una hermosa Jane lo recibe en un vestido rojo. El no habla mucho, descuelga el fono y se marcha. Regresa a un bar, se emborracha y narra tristemente la historia que parece definir todo su carácter primigenio: La historia de sus padres. De regreso a casa, Hunter impulsa a su padre a regresar. Travis vuelve, y el cubículo de pronto se vuelve en su zona de seguridad.

La planificación y la ubicación de la cámara en esta escena se decidían en el mismo set de rodaje, para facilitar el trabajo de los actores y concederles así la máxima libertad interpretativa. Este hecho jugó sin duda en favor de la historia, pues los actores realizan unas interpretaciones memorables que en algunos casos, como en las improvisaciones de Hunter, otorgan un mayor realismo a la acción y que en otros, como en los largos diálogos finales entre Travis y Jane consiguen la máxima implicación emocional del espectador en la historia. En el segundo de estos diálogos, la larguísima secuencia de casi un cuarto de hora de duración en la que estos dos personajes hablan de su pasado y de los motivos que llevaron en su relación la ruptura y al abandono familiar de ambos, Wenders se decidió por una opción de rodaje arriesgada por cuanto tiene de despilfarro de material sensible empleado, pero que consiguió generar uno de los momentos dramáticos más intensos de todo el cine contemporáneo.

Wenders desglosó la escena en unos pocos planos, y rodó estos uno por uno, de manera individual y sin interrupciones en la totalidad del diálogo.. Lo sorprendente en este caso fue la larga extensión del diálogo, hecho que provocó que la cantidad de material impresionado para cada toma fuera muy elevado. No obstante, y pese a ello, Wenders consiguió con esta escena una fuerza dramática inigualable, basada en la identificación máxima del espectador con los sentimientos de los protagonistas y en la genial consecución de la transmisión del subtexto narrativo, es decir, de todo aquello que los actores con su interpretación dejan traslucir de la psicología del personaje a través de sus actos y que explícitamente no está expresado mediante el diálogo.

El montaje en off —introducción de planos de reacción de los personajes hacia las palabras de su interlocutor— fue la base de la captación de esta emoción interior vivida por los personajes, y el momento más representativo a este respecto fue el largo plano que recogía las reacciones de Jane ante las palabras de Travis, momento culminante por cuanto tiene de revelación para el personaje de la mujer y por el dramatismo evidente que se produce en su interior. Jane no habla, sólo escucha emocionada las palabras del que fue su marido y que un día la abandonó, provocando a su vez que ella abandonara al hijo de ambos, pero sus reacciones dicen mucho más que cualquier palabra posible. Wenders pues acertó de lleno al rodar esta escena de manera continuada en cada toma, puesto que una fragmentación de la interpretación hubiera roto de seguro con la simbiosis total y maravillosa que ambos actores consiguieron con sus personajes.

El resultado sin duda, es abrumador, escalofriante, memorable. Toda la película toma forma, y de pronto descubrimos el transfondo (el grave transfondo) de la historia de Travis y Jane, comprendemos su sacrificio, lo perdonamos, lo justificamos todo, entendemos el desierto, la caminata, lo errante. Descubrimos que Travis había llegado al descontrol total, a la locura, con un amor malsano que lo llevó a extremos. Descubrimos que Jane permaneció encadenada a su hogar, que su trailer se incendió, que escapó de Travis y abandonó a Hunter.

Travis y Jane están unidos en un mismo aspecto, el sacrificio. Cuando Jane escapa de su esposo, decide en un corto tiempo abandonar a Hunter en casa del hermano de Travis. Ella también lleva consigo una carga emocional demasiado intensa para poder llevar una vida plena con su hijo. Ella, al igual que Travis, debe hacer un sacrificio inmenso para poder garantizar la felicidad de los que más ama y poder liberarse a si misma. Sin embargo, esta liberación, esta iluminación final y autoconocimiento de si misma no llegarían por si solos, es Travis el catalizador de la vida interna de Jane. Cuando el mismo llega al cubículo, Jane logra encontrarse consigo misma, hablar del sufrimiento, de acontecimientos condenados al olvido, logra recordar quien es, quien fue y quien quiere ser. Es Travis el que logra, mediante su sacrificio, redimir a Jane en la parte final del film, y devolverle la maternidad, la libertad, la vida.

Los minutos finales, el abrazo de Jane con Hunter y la marcha de Travis (convertido ahora en un héroe de western norteamericano) cierran de manera magistral el film. Los pocos asistentes a la proyección casera del 14 de mayo del 2007 están en silencio. Yo, sobrecogido. Probablemente haré otra proyección pronto, y los invite a todos ustedes a descubrir la intensidad inconmensurable de Paris, texas.

José Sarmiento Hinojosa

[1] Wim Wenders, por Dave Tacon en Senses of Cinema : Great Directors

[1] Dixit
[1] Paris, Texas por Susana Farré en Miradas de Cine N’37 (2005)

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4 comentarios

  1. Me encantó tu artículo, bastante completo y emotivo, a riesgo de sonar a que no he visto mucho cine (que en realidad es así), Paris, Texas es mi película favorita, aunque esta declaración en realidad está fundada en una cuestión de simpatía que poco tiene que ver con el mucho o poco cine que haya visto, sino más bien con el gusto personal y mi experiencia al verla visto. Es el primer articulo tuyo que leo, y creo que a partir de ahora seré tu lector.

    octubre 3, 2007 en 11:44 pm

  2. Muchas gracias por tu comentario Rodolfo. Definitivamente Paris, Texas, desde el día que la vi (hace ya muchos años) no ha salido de mi lista de mejores películas, simplemente por el elemento emocional que posee… que es bárbaro y se mantiene en cada visionado.

    Siguenos visitando, que nosotros seguiremos posteando.

    octubre 4, 2007 en 10:01 am

  3. Elio García

    hola,
    es una película que siempre me quedó prendida. La de mayor satisfacción en lo personal, recuerdo que uno sale del cine abrumado pero completo.
    Sabías que aquí en Uruguay hay una productora de cine llamada “paris,texas” ?
    debe ser por la peli, seguro
    abrazos

    desde uruguay

    de un fanático de paris,texas

    marzo 30, 2008 en 7:51 pm

  4. zuoguerra

    Gracias Elio por tu comentario desde Uruguay, respecto de Paris-Texas una de las grandes películas de Wim Wenders, esperamos seguir contando con tus visitas y comentarios.

    César
    Codirector del blog

    marzo 31, 2008 en 5:57 pm

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