Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

La Mujer que se Negó a Amar


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Woody Allen – Another Woman (Otra Mujer) (1988) 

Hay películas que reclaman ser redescubiertas. Y un cinerasta siempre carga bajo el brazo una lista con varios títulos. En el caso de la filmografía Woody Allen, uno de los directores más prolíficos del cine actual, “Otra Mujer” ocupa un lugar expectante, destacando sobre el resto de su trabajo, en especial si uno revisa su producción última. El ritmo de una película por año, que el neoyorquino ha mantenido sin pausa desde el principio de su carrera, ha ocasionado que junto a cintas formidables y complejas se apilen otras cintas más bien deslavazadas y truncas. Conforme ha pasado el tiempo, el desgaste físico y creativo se ha ido acentuando, al punto que se ha vuelto ya un lugar común reclamar al Woody Allen de primer nivel que deslumbró a todos con sus películas de la década de los 80’. A esa década llena de prodigios también pertenece “Otra mujer”. 

“Otra mujer” tiene la forma de un drama intimista, bajo la efigie de Ingmar Bergman. Esta dependencia de un modelo mayor puede explicar la postergación de la cinta. El guión es una adaptación libre de “Fresas Salvajes” (1959) y el encargado de la fotografía es un viejo colaborador del director sueco, Sven Nykvist. La protagonista es Marion Post (la gran Gena Rowlands) una prestigiosa filósofa que al cumplir los 50 años se enfrenta, por una serie de eventos casuales y cuando pensaba tomarse un año sabático, a un minucioso examen de su vida.

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Marion es una persona con un excesivo control racional sobre sus emociones, lo cual, conforme lo irá revelando la trama, le ha generado un sinnúmero de frustraciones a ella y a la gente de su entorno. Todo se desencadena cuando descubre que desde el departamento rentado por ella para escribir un libro pueden escucharse las conversaciones que tienen lugar en un consultorio psicoanalítico aledaño. No obstante su disciplina, la voz de una mujer (Mia Farrow) logra perturbarla, haciéndola recapacitar sobre el curso de su propia vida. Esa otra mujer, pese a las diferencias de edad, carácter y condición física (la otra mujer está embarazada, circunstancia a la que Marion se ha negado rotundamente), se revela como la otra cara de su personalidad: no está casada con el hombre que amaba.

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Gena Rowlands está notable como una mujer en la crisis de la mediana edad. La película es también un homenaje a ella, a una presencia central del cine norteamericano debido a su trabajo con el director independiente John Cassavetes (como Fresas Salvajes fue un homenaje a Victor Sjöström, actor y director sueco del cine mudo). En el cine de Cassavates los roles para Gena Rowlands comprometían básicamente a mujeres pasionales y vehementes. Otra mujer ofrece el perfil contrario: la represión y el cálculo racional. La narración en off que el personaje de Rowlands hace de su propia vida jamás pierde ese tono de informe clínico o de reporte académico, pese a las truculentas revelaciones de la trama. Entonces son los ligeros cambios en el rostro de Gena Rowlands, que pasan por el desconcierto y la melancolía, los que revelan la compleja subjetividad de una mujer que, en los hechos, está muerta en vida.

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El resto de actores también cumple un desempeño destacable, logrando que en conjunto del nivel de la actuación sea parejo. Iam Holm, como el marido indiferente de Marion, y Gene Hackman, que interpreta al amante ignorado, logran un contrapunto perfecto con la actriz principal. En este sentido la dramaturgia de Woody Allen es muy funcional para intercalar episodios que van ilustrando las diversas aristas de los personajes, conservando la fluidez y el interés de la trama. El trabajo de Sven Nykvist en la fotografía cubre la historia de tonos grises y ocres, en un entorno cerrado, como la personalidad de la protagonista, nada proclive a los espacios abiertos y a plena luz del día. Y la música, entre las que destaca Bach, cierra el cuadro de una cinta que apela a lo ritual, al tono reposado y reflexivo. No se equivocan quienes dicen que hay que volver a verla.

Javier Muñoz Díaz

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Una respuesta

  1. Oliver

    Bastante melodrámatico e impertinente el título. En fin.

    febrero 17, 2008 en 12:04 pm

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