Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

省略愛 (amor en elipsis)


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Hou Hsiao Hsien – THREE TIMES Zui hao de shi guang  (2005)

Sobrecogedora, universal, minimalista, perpetua.  Three Times es una pelìcula para experimentar, para vivir, para apreciar.  Cada minuto es vital, universal, parte de una historia cíclica que es testimonio vivo de la cotideanidad como algo sublime e insondable.

Hace unos días leí un artículo de Dag Sødtholt sobre Three Times en Senses of Cinema, titulado “La Complejidad del Minimalismo”. Es justamente esta complejidad, esta universalización de los hechos mas mínimos, la que amplifica y eleva los elementos principales de la cinta (el amor, la libertad y la juventud) a un nivel espiritual pocas veces alcanzado en la historia del cine.

Un Tiempo Para el Amor

Un salón de billar en 1966 es el escenario para un encuentro fortuito entre una mujer, May, encargada del lugar y Chen, hombre sin un rumbo particular y a punto de realizar el servicio militar. Día a día, May coloca pacientemente las bolas de billar en una disposición caprichosa, mientras el día parece tomar su camino fuera del lugar, y el tiempo parece detenerse en el salón de juegos.

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La historia es impasible, jamás se ve interrumpida por algún sobresalto. Somos testigos de la repetición de eventos cotidianos, pero que bajo la luz de la cámara de Hou, se tornan espirituales, universales, únicos. La relación entre May y Chen (Qi Shu y Cheng Chan realizan todos los roles protagónicos en la película) se desenvuelve en una búsqueda paciente en varios lugares de pool, en largos viajes por autopistas interestatales, en paseos en ferry, en diálogos mínimos.

Al final, los momentos que comparten como pareja, son entrañables: Juegan juntos billar, toman un caldo en algún puesto en la calle, se toman de la mano… Un movimiento que en cualquier otra película habría sido un cliché mal utilizado, pero que aquí toma una dimension espiritual única, la de la unión de dos almas.

Un Tiempo Para la Libertad

En una recreación exquisita de la China de 1911 (que nos trae a mente su cinta anterior Flores de Shangai), Hou decide privar a sus personajes de voz alguna, utilzando un conocido recurso del cine mudo. Además de esto, juega con la dimensión diegética de la música, que parece ser externa al episodio, pero que la descubrimos posteriormente salida de la voz de Ah Mei, la segunda protagonista, como un testimonio vivo de su mundo interior.

Dimensiones interpretativas de estos dos elementos hay muchas; la utilización de la privación de la voz bien podría leerse como un símbolo de los momentos previos a la independencia China, en donde los protagonistas carecían de voz  como individuos libres. Cuando el Sr. Chang logra el primer paso para la independencia,  quedamos solos ante  las lágrimas de Ah Mei (ella queda en Taiwán, provincia que no logra independizarse al mismo tiempo) y la serena resignación de alguien que no volverá a encontrar el amor.

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En la historia intervienen un conjunto de rituales trascendentes:  se repite la ecena del té, se inagura el día con el encendido de una lámpara en el corredor central, se celebra la reunión entre intelectuales (en la cual Ah Mei, por su rol como mujer, toma simplemente un papel de entretenimiento para los hombres ahí reunidos).  De la misma forma, dos mujeres llegan a las manos de Ah Mei, concubinas que buscarán su consejo, siendo ella es testigo impasible de sus casamientos, impedida de sellar su relación con el Sr. Chang.

Las ceremonias en cada evento ocurrido en la casa del cortesano, están narradas de una manera exquisita y sumamente pausada, reforzando el carácter atemporal de la historia y el caracter nostálgico de emociones subyugadas de la época.

Un Tiempo Para la Juventud

En el tercero y más elaborado de los episodios, Zhen, un joven fotógrafo y Jing, cantante y poeta, viven un romance intenso, marcado por la infidielidad de Jing hacia una amante lésbica emocionalmente aferrada a ella. Jing sufre de epilepsia, lo sabemos por una pequeña cadena que lleva al cuello y por un ataque de nervios que sufre en el primer viaje de motocicleta con Zhen.

La juventud, como narra el episodio, es mostrada en la actitud emocionalmente intensa de sus protagonistas, en la comunicación tecnológica de la época (2005)  y el clima citadino e industrial que invade toda la cinta. Es notable el episodio en que Jing canta uno de los temas de su banda; un tema sobre libertad, cantado en una voz casi imperceptible y acompañado por una banda invisible, mientras fotógrafos la rodean y discretas miradas son compartidas entre los amantes.

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Es remarcable la utilización de la luz y el color en todo Three Times, más sorprendente aún si tenemos en cuenta que esta película fue grabada en HD, no en celuloide. En este episodio, las luces de neon crean un clima particular, reflejo vívido de la época . De la misma forma, las lámparas de fuego de 1911 y la uliminación de la mesa de pool, crean ambientes igualmente hipnóticos y nostálgicos. Hou usa el rojo, el verde, el azul, el blanco, en una magnífica disposición para simbolizar el estado del ambiente en el que se desenvuelven sus protagonistas, cosa que funciona a la perfeccion en la cinta.

El final del tercer episodio nos deja varias preguntas. ¿Llego a suicidarse la amante de Jing?, así parece, pues mientras Jing lee el mensaje de suicidio en su laptop, un ruido seco y sordo se siente contra el asfalto, mientras la cara lívida y de confusión de Jing puebla el encuadre. ¿Llego Jing a amarla en algún momento? ¿Se aman realmente Jing y Zhen?. La escena final en la motocicleta con Jing y Zhen no parece ser tan redentiva como he leído en algunas críticas especializadas, en cambio, es mas interpretable como una analogía del rumbo de las nuevas generaciones, un rumbo incierto y acelerado en el cual aferrarse el uno del otro es una de las pocas salidas plausibles.

 José Sarmiento-Hinojosa

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2 comentarios

  1. Pingback: welkombienvenuewelcomebienvenidos欢迎 « También Los Cinerastas Empezaron Pequeños

  2. Anónimo

    i love shu qi

    octubre 25, 2007 en 9:17 pm

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