Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Entradas etiquetadas como “Tim Robbins

Sufrimiento Impostado

 

Isabel Coixet – LaVida Secreta de las Palbras (The Secret Life of Words, 2005)

La vida secreta de las palabras, de Isabel Coixet, nos narra la historia de Hanna (Sarah Polley), una mujer yugoslava que durante sus vacaciones es contratada para cuidar a Josef (Tim Robbins), un obrero de una petrolera que sufrió un accidente de trabajo, que lo tiene postrado en una cama con varias quemaduras y con una pérdida de la vida temporal. Poco a poco, a partir de la palabra, se irán conociendo y sacando a la luz un pasado que fue difícil para ambos.

Coixet ya había demostrado en su película anterior, Mi vida sin mi, un interés especial por mostrar a personas comunes y corrientes en situaciones límites, que los obligan a salir de lo ordinario. Aquí, Hanna se ve obligada a salir de su rutina como obrera en una fábrica de Irlanda del Norte para ponerse a cuidar a un enfermo en una petrolera que queda en medio del mar. A Coixet le interesa registrar lo cotidiano o rutinario pero siempre desde una perspectiva externa, lo que permite que lo aparentemente común : los personajes de La vida secreta de las Palabras que mayor interés adquieren son el cocinero, el especialista en mar y los obreros.

Coixet parece interesada en darle interés y vida a personajes que por lo contario pasarían desapercibidos. Los ambientes grises y fríos de la petrolera contrastan con los pequeños placeres que se pueden dar ahí, como el comer bien o el disfrutar de una reunión entre amigos. Quizá lo más logrado de la película se de en las pequeñas acciones de todos los días, como el disfrutar de un bocado de comida, y como estas van creando un ambiente que se diferencia de los espacios, grises y uniformizados, en los cuáles los personajes se desenvuelven. Coixet filma los detalles como maneras que le dan sentido y color a toda una forma de vida más bien gris.

Sin embargo, los problemas que ya existían en Mi vida sin mí retornan, y quizá se agudicen, en La vida secreta de las palabras. Mi vida sin mí se caracterizaba por poetizar cada una de las situaciones a las cuales la protagonista (también Sarah Polley) se enfrentaba. Esto era ntorio sobre todo en su relación con el personaje de Mark Ruffallo, cuyos diálogos y reflexiones resultaban bastante forzados, como si Coixet quisiera agregarle un aire de trascendencia, como queriendo reforzar el aspecto dramático a toda costa.

Lo mismo ocurre en La vida secreta de las palabras: se siente un afán de trascendencia basado en el diálogo y en la palabra (no por nada la película tiene ese título). Resulta evidente que Coixet elige el diálogo como mecanismo con el cual sus personajes logran hacer contacto. Los diálogos tienen la función de humanizar a toda costa a los personajes haciéndolos quedar como seres sensibles e inteligentes pero que tienen serias deudas con el pasado.

 El problema está en que se siente en Coixet una necesidad de cargar los diálogos, de darles un aura de trascendencia que define a sus personajes. Cada diálogo o revelación de Tim Robbins o de Sarah Polley resulta ser una reflexión sobre la vida o sobre lo difícil que es sobrellevar el pasado. No existe la posibilidad del humor, de la ironía o incluso e la espontaneidad: aquí los diálogos tienen una función casi declamativa, buscando poner énfasis en lo doloroso que es para cada uno de los personajes sobrellevar las marcas que la vida les ha dejado.

Todo este aire de sufrimiento se nota demasiado impostado por parte de Coixet, que parece no encontrar otros mecanismo de resolver sus situaciones que a partir del hacer que sus personajes digan sus sentimientos y expresen su sufrimiento, lo que le quita vida a la película. Se siente que cada réplica está puesta ahí para definir al personaje y su posición sobre la vida: el flujo de lo espontáneo que nace del mismo ritmo del diálogo no existe en la película; por el contrario, se siente una muy clara premeditación de la puesta en escena por imponer diálogos que buscan marcar el carácter sufrido de sus personajes, forzando las relaciones hasta puntos que ya se sientes falsos.

Pero esto no sólo se da en la relación entre Polley y Robbins: la situación con el oceanógrafo, por ejemplo, se basa en pequeños diálogos que reiteran una y otra vez el carácter extraño del personaje. Y lo mismo se puede decir, aunque en menor medida (debido a la actuación de Javier Cámara) del personaje del cocinero. La película cae en la necesidad de redundar el carácter distante de sus personajes o el sufrimiento que llevan dentro y de esta forma esquematiza a los mismos.

Coixet busca crear una película que resalte el carácter sutil y sensible de sus personajes, pero se equivoca puesto que justamente la creación de sus seres se basa en la repetición y en la declamación, lo que hace que resulten arquetípicos y, por lo tanto, impostados. Y esto a pesar de que tanto Sarah Polley como Tim Robbins (aunque en especial la primera) consiguen darle el aire taciturno y dolido a sus personajes. Un aire que se traiciona justamente por la necesidad de subrayarlo a partir de la palabra. La vida secreta de las palabras funciona mejor cuando se dedica a registrar pequeños detalles, que es justamente cuando los personajes están callados. Lo demás resulta bastante discreto.

Rodrigo Bedoya


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 46 seguidores