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10
Jul

Historia de amor

 

Thomas Vinterberg - Todo es por Amor (It´s All About Love, 2003)

 

It’s all about love (Thomas Vinterberg, 2003), cuyo título en Latinoamérica, Todo es por Amor, es imperceptiblemente equívoco, no puede ser vista como una película de romance convencional, aunque lo sea en muchas formas. La idea de Vinterberg, miembro del grupo Dogma y uno de los cineastas daneses con mayor proyección fuera de su país, es hacer un comentario de dimensiones universales a través de una historia pequeña y a la vez compleja, que mezcla una intriga internacional de sabor añejo con las sorpresas futuristas de la ciencia ficción.

 

Un trabajo de autor que es todo acerca del sentimiento más manido por cualquier género que se precie de ser artístico, y que en las manos del ambicioso cineasta se convierte una vez más en objeto de un tratamiento controvertido. Aunque el resultado no sea precisamente bueno, en opinión de quien escribe este artículo.

 

 

Lejos de las propuestas estilísticas que marcaron cintas pretendidamente iconoclastas como La celebración (Festen, 1998), dirigida por Vinterberg mismo, Todo es por amor relata las desventuras de una pareja de esposos cuya crisis ya pasó, y cuyo divorcio es supuestamente inminente. Él es John, interpretado por Joaquin Phoenix, y ella es Elena, la estrella mundial del patinaje sobre hielo que encarna, con su mirada absorta de siempre, Claire Danes.

 

La época en la que transcurre la historia de estos amantes es la tercera década del presente siglo; aparentemente la última, si creemos en las imágenes extrañamente ominosas del filme. Amantes digo, porque está claro desde el principio que vamos a ser testigos de una serie de anécdotas atípicas marcadas por la predestinación y, luego, la tragedia. No estoy arruinando la diversión a nadie, porque es el personaje de Phoenix el que se encarga de hacérnoslo saber en una voz en off que es una de las primeras señas, irónicamente, de lo difícil que será seguir los eventos de la trama.

 

 

Dificultad que el espectador no encontrará tan inoportuna, en absoluto, como la impenetrabilidad de las causas y motivaciones que echarán a andar la intriga, a todas luces diseñada a la sombra de John Le Carré y Alfred Hitchcock (o más bien, Brian De Palma). No se trata, por supuesto, de que la audiencia se haga de todas las claves, de que el misterio de las imágenes desaparezca y se imponga lo literal, mucho menos la lógica que aniquila cualquier creación artística.

 

Ya que las intenciones de Vinterberg y compañía pertenecen evidentemente a la esfera del arte, sin embargo, las consecuencias de su proceso creativo se advierten poco menos que abstrusas, desequilibrando de una manera rotundamente perjudicial la unidad expresiva del conjunto por medio de obstáculos innecesarios y redundancias que no pueden evitar ser destacadas gracias a una edición que apela a la paciencia con demasiado rigor.

 

 

Por lo demás, la atmósfera onírica es en parte conseguida por lo absurdo de la trama. Cuando la película empieza, John está por reencontrarse con Elena para que ésta firme los papeles de su divorcio. Al no aparecer Elena en el aeropuerto, agentes encargados de su seguridad escoltan a John hasta el lugar donde se hallan también los demás miembros de su grupo, personas que su esposo no ha terminado de conocer.

 

Después de una exhibición de patinaje durante la cual John advierte que algo ocurre con la salud de Elena, ambos huyen, ayudados por algunos amigos, de las garras de una mafia que prácticamente se ha hecho de la vida de ella por completo, y que ahora amenaza con destruirlo a él. En su huida, John descubre que la fidelidad de ciertos amigos a veces oculta razones insospechadas o que da temor revelar. Casi tanto como el destino que les espera a él mismo y al amor de su vida.

 

 

Para no descubrir detalles importantes de la trama que podrían ser significativos para el disfrute del espectador, sólo diré que la ciencia ficción se hace presente en esta película de un modo bastante creíble, y que, no obstante, es una de las formas de la confusión o más bien del hastío en medio de un enigma que luce superficial al tratar de contener al amor que se profesan los desesperados protagonistas.

 

Con toda la apariencia de un telefilme europeo, Todo es por amor se prodiga en los primeros planos de su pareja de héroes, como esperando que los ojos de Danes hagan algo más que hipnotizar o reflejar las especulaciones de la accidentada audiencia. Hay, sobre todo, un énfasis en la expresión delicada, sufrida y sin embargo elegante en su compartida somnolencia de Phoenix, quien ofrece un desempeño que bajo circunstancias distintas podría ser calificado como notable, pero que en las actuales no estoy seguro de poder aplaudir.

 

 

Algo similar me ocurre con la aparición de Sean Penn, en un papel que más que de reparto es una participación especial. En casi la misma vena de su brevísima pero contundente actuación en Loved (1997), Penn casi parece el corazón de una película con el alma dañada por los tiempos modernos.

 

Christian Doig  

10
Jul

Juventud del Viejo Oeste

 

 David Von Ancken -  Duelo de Asesinos (Seraphim Falls, 2006)

 

La película Duelo de asesinos (Seraphim Falls) es un verdaderamente notable oeste, western, coboyada o cinta de vaqueros, como suele llamárseles indistintamente. Género cinematográfico por excelencia, el que describe la épica de la colonización y conformación de lo que hoy se conoce como los Estados Unidos de Norteamérica es también el género más universal de todos. Resistiéndose a la extinción total, vuelve a demostrarlo con este largometraje coproducido por la compañía de Mel Gibson y estelarizado por Liam Neeson y Pierce Brosnan.

 

Dirigida impecablemente por el televisivo David Von Ancken en el 2006, Duelo de asesinos relata una historia de venganza con un estilo que rinde un muy bienvenido homenaje a las colaboraciones que tuvieron lugar entre aquellos grandes del cine que fueron el realizador Anthony Mann y el actor James Stewart, que nos regalaron títulos como Bend of the River y Winchester 73.

 

 

Lo primero que se ofrece al espectador es el retrato de un superviviente, un fugitivo que lucha por su vida sorteando las acechanzas de un grupo armado compuesto por quienes parecen ser unos asesinos a sueldo y su contratante, interpretado por el siempre imponente Neeson.

 

 Una de las primeras sorpresas de Duelo de asesinos radica en la interpretación que del hombre cazado compone Pierce Brosnan, a priori tan creíble en una película del Oeste como podría haberlo estado, por sólo poner un ejemplo,  –y si la memoria no me falla, lo estuvo, aunque no vi la película—otro apuesto detective de la televisión, Tom Selleck; ya sea porque la calidad inmediata de su trabajo logra vencer cualquier prejuicio, o porque el efecto acumulativo de su obvia eficiencia termina haciéndolo impresionante.

 

 

 

Lo cierto es, finalmente, que el de Brosnan es no sólo uno de los mejores trabajos de su carrera, fuera de toda duda, sino que además el personaje que tiene a su cargo se beneficia aun de esa apariencia de inexpresividad o excesiva contención que lastraba sus papeles anteriores, para aquí servir como nunca a una puesta en escena que lo exhibe justamente como la encarnación de la locura vital de la frontera, una suerte de auténtico Robinson Crusoe que ni el mismísimo Daniel Defoe habría trasladado con mejor fortuna a la imagen de celuloide.

 

La peripecia de nuestro héroe o antihéroe empieza con él llevando una desventaja tal con respecto de sus perseguidores, que verlo superar todas aquellas dificultades recuerda el deleite de los lectores de Julio Verne y su formidable “Matías Sandorf”, para concluir con las referencias literarias. Este increíble hombre sin nombre, por el momento, se las tendrá que ver con sus enemigos amparado por la misma naturaleza que le es diversamente hostil, y por una inteligencia muy humana que le permite hacer un uso ideal de sus recursos físicos.

 

 

Observada al detalle, ésta es una de las partes más interesantes de Duelo de asesinos, y la etapa que cubre se prolonga hasta bastante más allá de su primer tercio. Es ya en esta fase de la jornada llena de penurias del capitán norteño Gideon (que tal puede ser la somera identificación del personaje de Brosnan), que el actor muestra unas dotes dramáticas que muchos en la audiencia considerarán impensables hasta el momento en que tengan la evidencia frente a sus ojos.

 

Siendo la película una crónica dura y llevada a cabo con incontestable oficio, no se termina, por supuesto, en las bondades que su figura central le obsequia a Brosnan en términos de una oportunidad interpretativa sabiamente aprovechada, ni en el retrato humano que gracias a aquélla traza con singular mérito.

 

 

Especialmente porque en una historia de venganza, y redención, como ésta, cuenta tanto un extremo como el otro. El grupo que persigue a Gideon es liderado por el coronel sureño Carver, un individuo enfocado en una misión que tiene unos asideros mucho más sólidos de lo que uno podría pensar en un inicio.

 

No estoy refiriéndome aquí a ninguna hazaña de originalidad, pues, y creo que se da por descontado, no hay nada nuevo bajo el sol, porque no es necesario y porque el género del Oeste se distingue por solazarse en una cualidad mítica que, de tan inherente que parece serle, prácticamente le otorga su carta de presentación y su razón de ser esencial.

 

 

 

El mérito de una buena historia de la frontera se encuentra en la elaboración que de elementos tan reconocibles por todo el mundo los cineastas de turno son capaces de ejecutar, con el resultado deseado de una originalidad que por sí misma no existe en la mayoría de las situaciones. Duelo de asesinos es una producción lo suficientemente lograda, vaya que sí, para regalar al género y a sus seguidores, que espero sean los cinéfilos de cualquier lugar, con nuevos bríos, con unos aires de renovación que no por ser espurios dejan de tener una legítima entidad.

 

Christian Doig    

02
Jul

Doble knockout: La mafia del cine – La mafia del box

El boxeo ocupa un lugar destacable en la historia del cine norteamericano. Y la mafia ha sido una protagonista ineludible de sus películas. ¿Dónde se origina esta fascinación de Hollywood por los aspectos más polémicos y delincuenciales de este deporte?

La típica imagen cinematográfica de un encuentro de box: dos cuerpos atléticos, vistiendo solo un par de guantes rojos y diminutos shorts, se baten a golpes dentro de las cuerdas de un ring. El local donde se realiza la pelea es ruinoso y maloliente. Como en un sótano, domina la claustrofobia. Un agudo campanazo marca las pausas y el reinicio de las acciones. En la penumbra, los aficionados están eufóricos, lanzan vítores, fuman y maldicen. Un colorido cartel, enarbolado por una señorita de figura curvilínea y pocas prendas, indica el número del asalto. Algunos periodistas junto al ring toman fotografías del encuentro; los resplandores del flash se confunden con los golpes brutales que caen sobre el rostro y el cuerpo de los contrincantes.

 

Sin lugar a dudas, el boxeo es el más teatral de todos los deportes: su práctica implica en sí misma una complicada puesta en escena. Sin embargo, en esta descripción arquetípica de una velada de boxeo falta un personaje crucial, el hombre que maneja los hilos tras el negocio, organiza las peleas y se lleva casi todo el rédito económico: el manager. Su presencia gravitante es lo que distingue al tratamiento que le ha dado el cine estadounidense a este deporte. Otras filmografías (como la italiana), si no lo han ignorado por completo, han preferido enfocarse en lo humorístico o lo melodramático. Para Hollywood, en cambio, el manager de porte gallardo, traje de gamuza, sobrero de copa y cigarrillo humeante, se ha mimetizado perfectamente con el rol del villano, de gangster. Y ambos personajes, con la estética del film noir.

 Primeros jabs, primeras imágenes

Estadísticamente, el box ha sido explorado por el cine más que por cualquier otro género artístico. Uno de los primeros cortometrajes de los hermanos Lumiere, los inventores del proyector cinematográfico, registraba un encuentro de boxeo amateur. Se trataba de una pelea ya coreografiada, con los luchadores en un ring de cartón piedra. La década siguiente, cuando la tecnología lo permitió, se trasladaría la cámara a los escenarios reales para capturar las peleas a modo de documental. Lo importante aquí es destacar el equívoco que surgía al comparar un encuentro verídico con uno ensayado para las cámaras: la teatralidad del deporte es tal que la distinción entre realidad y simulación se cancelaba.

 Dentro de la industria de Hollywood, el boxeo sería enfocado desde varias perspectivas, siendo la más importante, de tradición más consolidada y logros artísticos descollantes, el espectáculo decadente y pesimista del film noir. No obstante, en un principio dominaría un tono más risueño y despreocupado, deliberadamente farsesco y lúdico. Los dos genios de la comedia del periodo, Buster Keaton (Battling butler, 1926) y Charles Chaplin (City of Lights, 1930), filmarían las peleas de boxeo como un espectáculo de torpes marionetas, con golpes enrevesados, volantines y caídas desternillantes. La cruda violencia dentro y fuera del ring quedaba omitida, o sólo era exhibida en su aspecto más melodramático.

 

El upper cut del cine negro

Precisamente esos elementos oscuros y atroces ocuparían el primer plano en las películas posteriores, que cancelarían todo el humor para ofrecer, a partir del boxeo, un diagnóstico moral de la corrupta sociedad de la época. El cine negro de mediados del siglo XX habría de delinear todos los matices de la imagen arquetípica del boxeo.The Set-Up (1949) y Body and Soul, (1947) son las obras emblemáticas de este periodo. Robert Ryan y John Garfield interpretan a dos hombres de destino trágico, que bregan por salir adelante en un ambiente corrupto del cual es casi imposible salir redimido sin perder el pellejo. La mafia que se encargó de abrirles el camino hacía el éxito deportivo, les exige cuentas que ninguno de los dos podrá pagar sin ceder a la autodestrucción. Los sobrevivientes quedan relegados a las estercoleras de la sociedad, tal y como lo describió John Huston en su magistral Fat City (1972)

Medio siglo después, en los 80, Martin Scorsese se remitiría a esa vieja estética para filmar en un blanco y negro implacable las mejores escenas boxeo de la historia. En Toro Salvaje (Raging Bull, 1980), más allá del ring solo hay un fondo negro desolador, con un humo ligero que se eleva desde las graderías, configurándose así una atmósfera lúgubre y surrealista. Robert de Niro ganaría el Oscar al mejor actor por su caracterización de un personaje real, Jake la Motta, el campeón de pesos mediano de los años 50. El personaje no solo le otorgaría la consagración definitiva al actor, sino también a toda una serie de películas con temática similar: el biopic, la biografía fílmica de un personaje célebre.

 A partir de entonces el interés de muchos actores apuntaría a interpretar un boxeador, pues la exigente preparación física y emocional que les demandaba el papel se vería recompensada con el beneplácito y el Oscar de la Academia. Denzel Washington y Will Smith seguirían sus pasos en la caracterización de boxeadores reales, Rubin Carter y Muhammad Ali, respectivamente, pero sin obtener los mismos resultados. Carecían en la dirección de una autor de polendas como Scorsese, un ítaloamericano especialista en filmar la violencia urbana. Toro Salvaje es, en un sentido amplio, un melodrama, pero entre los personajes cabía encontrar al mafioso de poca monta y al manager de boxeadores novatos, que con el talento de Scorsese adquirían perfiles complejos y deudores del film noir.

 El boxeo mass-media

Para entonces, sin embargo, el mayor baluarte mediático del boxeo en el cine lo constituiría Rocky (1976). Esta película es interesante por varios motivos. Todo el proceso de escritura y filmación de esta cinta reprodujo la historia clásica del héroe de boxeo: pequeño presupuesto (1 millón de dólares), pocas aspiraciones y un éxito sin precedentes de público y crítica. Rocky obtuvo ganancias, solo en EEUU, de 115 millones de dólares y ganó tres premios de la academia, entre ellos el de mejor película y mejor guión.

La silueta del boxeador subiendo al trote las interminables escaleras del Museo de Arte Contemporáneo de Filadelfia al ritmo de una efusiva banda sonora (Gonna Fly Now), constituye una figura de proyección global. Casi todo el mundo tiene en mente esta película cuando se le habla de boxeo en el cine. Gracias a su papel del torpe pero bonachón Rocky Balboa, Silvester Stallone (de una manera análoga a Robert de Niro) se convertiría en celebridad.

 La idea básica del guión se encuentra en un hecho real, la pelea entre Muhammad Ali y Check Wepner: el campeón de los pesos pesados es retado a duelo por un novato sin experiencia. El personaje de Apollo Creed, un boxeador ostentoso y fanfarrón, es una clara alusión a la dislocada personalidad de Mohammad Ali. En pleno auge de la industria del entretenimiento, los códigos de la época han cambiado y el boxeador participa del proceso dejando en el desván su habitual mutismo y hosquedad. Ahora forman parte de un espectáculo televisado, y como tales deben ofrecer una imagen más farandulesca, con bravatas y escándalos varios para mantener entretenidos al público.

 Debido al éxito de la primera película, Rocky se convertiría en una franquicia y se llevarían a cinco secuelas. El recinto de peleas, antes marginal, lúgubre y decadente, se colma de luces de neón, de parafernalia chirriante, de publicidad y masiva convocatoria. Sin embargo, los personajes siguen siendo los mismos, aunque hayan debido mudar su aspecto para adecuarse al espíritu de la época. La imagen tradicional del mafioso también habría de cambiar: los viejos empresarios elegantes, de saco y corbata, serían reemplazados por escandalosos showmans como Don King, que llevan peinados estrafalarios, costosos abrigos de pieles y joyas pavorosas.

Pero los modales de delincuente avezado son los mismos. Este mismo personaje tendría su aparición especial las últimas películas de la saga de Rocky, en las que además vemos un regreso al escenario primigenio de las peleas de box: en la quinta secuela de la franquicia, Rocky se enfrenta a su rival en las calles de Filadelfia. No obstante, el éxito de taquilla se esta cinta fue nulo en comparación con sus predecesoras.

Doble knockout

Pese a todos estos antecedentes, ningún director de prestigio ha explicado su relación con el cine a partir de alguna metáfora sacada de la práctica del boxeo. Sin embargo, si uno observa detenidamente la industria fílmica, sobre todo en su faceta hollywoodense, encontrará más de una analogía inquietante con la industria que maneja el boxeo profesional. Puestas al frente una y la otra, se destaca un indudable juego de espejos. Hollywood fue llamado “la fábrica de los sueños”, el escenario de la realización personal de los hombres y mujeres de a pie, quienes guardaban un innato talento artístico a la espera de ser exhibido al mundo. Empezar desde muy abajo, desde la marginalidad y la pobreza, para alcanzar la cumbre y los oropeles del estrellato. Ya en la cima del éxito, descubrirían los costos y las llagas profundas que han recibido a cambio.

 

 El mismo proceso, paso a paso, se repite en las trastiendas del boxeo. El semillero de este deporte se encuentra en los estratos más bajos de la sociedad, jóvenes de familias disfuncionales, sin educación ni empleo, rodeados de un ambiente ruinoso y delincuencial. Alguien descubre en ellos un talento innato para batirse a golpes con el rival, y empieza la fulgurante carrera al éxito. Como en el cine, la gloria solo les deparará una soledad y una frustración gigantescas. ¿Pero quien es el responsable del desbarajuste?

Los hilos del negocio fílmico, y los hilos de las federaciones de boxeo, son manejados a la sombra por organización que no dudan en sacrificar la vida y la integridad de cientos de personas para conseguir mayores réditos económicos. La mafia que actúa detrás de Hollywood tiene su correlato, su reflejo inverso pero exacto, en la mafia del boxeo.

 Javier Muñoz Dìaz

02
Jul

La gran batalla durante Luna llena

 

Nick Park - Wallace y Gromit y La Batalla de los Vegetales (Wallace and Gromit in The Curse   

                of Were-Rabbit, 2005) 

 

Luego del éxito de “Pollitos en Fuga”; Wallace y Gromit, la pareja más famosa de Aardman, regresan en una nueva aventura: “La Batalla de los Vegetales” donde se enfrentarán contra una misteriosa criatura: el conejo-lobo (o Were-rabbit).

 

Todo empieza con el nuevo oficio que realiza Wallace: exterminador de plagas. Junto con su perro compañero van defendiendo las calles de los conejos que roban y destrozan los cultivos de los pobladores que se preparan para la competencia de quién tiene el vegetal más grande. Wallace y Gromit son respetados y queridos por su trabajo, sin embargo algo terrible va a suceder.

 

Una mañana, como todas las mañanas, Wallace cae de su cama al comedor de su casa para tener su desayuno automáticamente. Gromit oculta el queso que tiene adicto a su amo, pues lo ha hecho subir de peso y se atora en el agujero que desemboca en el comedor.

 

 

La llamada de una mujer de alcurnia, la señorita Tottington, interrumpe su desayuno y salen inmediatamente a capturar a los conejos que hay en su jardín junto con su equipo “Anti-pesto”. La captura de los conejos fue muy rápida gracias a uno de los inventos de  Wallace que succiona a los conejos de los agujeros que realizan, además de una lucha con el prometido de Tottington, Victor Quartermaine.

 

Al haber tantos conejos, que se alojan en la casa de Wallace, decidió probar uno de sus inventos nuevos que trastorna la mente y hace que un sujeto piense o haga lo que la otra mente (también conectada) le dice. En este caso, Wallace tomó a un conejo y lo conectó al aparato mientras que él le daba indicaciones para que no coma vegetales. Se cumplió la teoría de Wallace, sin embargo algo salió mal porque en la noche apareció un terrible monstruo en la iglesia de la ciudad.

 

 

A la mañana siguiente, todos los aldeanos sufrieron un caso similar con este terrible monstruo que lo nombró el sacerdote como “el conejo-lobo”. Victor, que era un cazador a sangre fría, se ofrece para eliminar a la bestia con su rifle. Sin embargo, Tottington pide que le den una nueva oportunidad a Anti-pesto para atrapar al conejo gigante. Wallace acepta el reto junto con Gromit y preparan un plan para atraparlo.

 

El plan consistía en hacer un muñeco de una coneja gigante para atraer a la bestia. Sin embargo, la bestia aparece cuando Wallace no estaba y Gromit no pudo atraparlo. Al día siguiente, Gromit, luego de la gran persecución que tuvo en la noche, siguió las huellas del conejo gigante que entraban a la casa. Wallace no se había percatado de eso y siguió el rastro hasta encontrar a los conejos alojados en su casa temblando de miedo viendo al conejo que había crecido más que los demás.

 

 

Ante esto, capturaron al conejo y le hicieron una jaula muy grande. Wallace y Gromit fueron considerados como héroes. Victor decide pelear contra Wallace en un bosque, por la sospecha que tenía sobre el engaño de Wallace con su prometida. Sin embargo, apareció la luna llena y Wallace se transformó en el conejo gigante dejando perplejos a Victor y a Gromit.

 

El sacerdote del pueblo recibió a Victor en la capilla y éste le pidió información acerca del conejo-lobo. El sacerdote le informó que este ser solamente puede eliminarse con balas de oro, de las cuales sólo tenía tres. Víctor las tomó y salió en busca de su presa.

 

 

Al día siguiente, Wallace se levantó con dos orejas de conejo, y Gromit confirmó que era él el conejo-lobo, mientras que el conejo trastornado se transformaba más en Wallace, pues ya podía hablar y tenía la misma adicción al queso. Lamentablemente, la noche apareció rápidamente y Wallace huyó transformado en conejo hacia el festival de vegetales, mientras Victor gastó dos balas tratando de cazarlo.

 

La noche de la competencia de los vegetales gigantes había empezado como lo acordado. Victor no había podido matar al conejo gigante y los pobladores se desesperaron ante el terror. Gromit decidió llamar la atención del conejo con su cabalaza gigante. Victor falló la última bala y tuvo que romper el trofeo de oro (que tenía forma de zanahoria) para utilizarla como una munición más.

 

 

La persecución terminó cuando el conejo gigante se encontraba en un edificio alto (como King Kong) y a punto que le tope la bala, Gromit lo salva con el avión que estaba piloteando. Sin embargo, el avión descendió con gran velocidad y Wallace, como conejo, se lanza para salvar a su amigo cayendo en una tienda. Luego de eso, Wallace recobra su forma humana y la señorita Tottington convierte su hogar en un refugio para los conejos.

 

La batalla de los Vegetales, realizada por Dreamworks Animations y Aardman, se ha convertido en la mejor de las aventuras de Wallace y Gromit luego de tantos años sin saber de ellos y recibiendo así un premio de la academia como mejor película animada.

 

Nick Park, que ha realizado estos personajes, no ha dejado atrás las actitudes de estos dos grandes amigos y ha resaltado, especialmente, la lealtad de una amistad inigualable.

 

 

Esta película duró cinco años de rodaje y ha presentado, además de entretenimiento infantil, una de las mejores películas que se han hecho en stopmotion utilizando la tecnología digital para perfeccionarla.

 

Luis Augusto Venegas Gandolfo

02
Jul

Un pasado traumático

 

 

Craig Gillespie - Enemigo en Casa (Mr. Woodcock, 2007)

 

Con una escena de introducción, en la cual un grupo de niños y su instructor de educación física comparten un gimnasio con el fin de desarrollar una clase de baloncesto, Enemigo en casa (Mr. Woodcock, 2007) inicialmente recuerda mucho el drama o incluso los ribetes trágicos que matizan el contenido de algunas de las mejores comedias de la historia del cine.

 

El señor Woodcock del título aparece desde el principio como una suerte de vuelta de tuerca a la caricatura surrealista que magistralmente lograron R. Lee Ermey (actor) y Stanley Kubrick (director) en Nacido para matar (Full Metal Jacket, 1987), aquella cinta sobre el conflicto del Vietnam en cuya secuencia introductoria se hacía patente de un modo impresionante el infierno en el que consiste no ya cualquier guerra, sino el propio microcosmos bélico en el seno del ejército, como una bomba de tiempo o una corriente violenta en ebullición. Tal es el caso de lo descrito por Enemigo en casa en términos de una hilaridad sobria, con una puesta en escena concientemente esquivando los momentos irresistiblemente serios del asunto, mientras se apoya, irónicamente, en la seriedad de las interpretaciones del trío protagonista.

 

 

Si la película es considerada como un comentario a tener en cuenta acerca de los abusos cometidos por parte de los adultos responsables en contra de los niños que les han sido confiados, en particular acerca de los abusos cometidos en contra de los estudiantes con peor fortuna por parte de sus profesores y otras autoridades escolares en centros educativos alrededor de todo el mundo, es entonces que el tratamiento de su tema puede ser puesto en tela de juicio, desde una perspectiva que de manera inmediata incluso podría descartar el enfoque del género como carente de la validez necesaria para considerar lo delicado del conflicto real con alguna garantía ética.

 

John Farley (Seann William Scott) es un celebrado escritor de libros de autoayuda que recibe la noticia de que su pueblo natal desea hacerle el honor de su máxima condecoración. Luego, John viaja no solamente en un regreso a sus orígenes, sino también en una jornada que lo hará reencontrarse con su pasado. Y no estamos hablando de la dulzura de su madre (Susan Sarandon), precisamente. Nos referimos al novio de su madre: nada menos que el Sr. Woodcock, la pesadilla de su infancia.

 

 

El veterano entrenador, interpretado en gran forma por Billy Bob Thornton, no ha cambiado un ápice, por lo que su antigua víctima emprenderá una cruzada para separarlo de su madre. Conforme se sucedan los eventos, lo único que será evidente es que hacer que eso ocurra es prácticamente imposible.

 

La multitud de malentendidos y las torpezas de los personajes secundarios como el de Ethan Suplee (American History X) y Amy Poehler en el papel de la venal agente de John parecen obstaculizar los propósitos de nuestro protagonista mucho menos que la idiosincrasia de los ciudadanos y la propia inteligencia del viejo zorro.

 

 

En el marco del festival local, conocido como Mazorcarnaval, las diferencias entre Woodcock y un ya desesperado John consiguen que éste llegue a perder los papeles, y a tocar fondo, literalmente, ante el beneplácito de aquél y el desconcierto y la decepción de su aún inocente madre. Lo que sigue es una serie de escenas que atentarán con transformar el sentido de lo expuesto, y de alguna forma lo harán, aunque si se lo mira bien no será tan malo como puede parecer en un principio, ya que la eficacia de esta película se basa en su fluidez cómica, no en su mensaje psicológico o de lo que sea.

 

Enemigo en casa muestra que pese a lo tópico o convencional, un género tan difícil como es en verdad el de la comedia puede ser acometido con oficio y destreza, de tal forma que aun a veces las superficies equívocamente negativas de su ideal ligereza desaparezcan.

 

 

Dirigida por el prometedor Craig Gillespie (Lars and the Real Girl) con comedimiento, Enemigo en casa exhibe sus mejores virtudes, cómo no, en su reparto. El joven Scott no lo hace mal en el rol de John, pero son los ganadores del Oscar quienes predeciblemente se lucen en papeles que, al menos, no los conducen a hacer un ridículo imperdonable, como ha sido el caso en anteriores oportunidades de similares características. Ambos conservan su respetabilidad, y con holgura –hay que decirlo.

 

Christian Doig  

24
Jun

Los fantasmas internos

 

F. W. Murnau - La Última Carcajada (Der Letzte Mann, 1924)

 

Como es sabido, Alemania atravesó durante los años veinte una muy fuerte crisis económica y social. Los catastróficos resultados dejados por la Primera Guerra Mundial se vieron reflejados en todos los estratos de la sociedad alemana. Y el cine no se vio ajeno: es justamente en los años veinte cuando aparece el movimiento conocido como Expresionismo Alemán, un movimiento cinematográfico que representó los diversos miedos y el terrible pesimismo que se vivía en la Alemania de la post-guerra.

 

Quizá uno de los principales exponentes de esta vertiente cinematográfica sea F.W. Murnau. Director de películas tan notables como Nosferatu o Amanecer, Murnau también dirigió una de las películas más representativas y atípicas del movimiento: La última carcajada (1924). Basada en una obra de Broadway, la película nos cuenta la historia del portero de un riquísimo hotel en Berlín que, de la noche a la mañana, debido a su edad, es degradado a limpiar los baños.

 

 

El individuo, totalmente desesperado, trata de esconder esta verdad a su familia, que lo considera un orgullo dentro de la residencial (bastante pobre) donde viven. Sin embargo, una vez descubierto, el personaje se verá envuelto en una espiral de degradación de la cual parece no haber fin. Al final, la película crea un epilogo (que la película señala que no pertenece a la vida real) donde el personaje tiene una forma de escape, creando un final feliz.

 

Las principales películas del expresionismo alemán se basaron en generar un mundo que se basa en su propia irrealidad: las ambientaciones aparecen como meros decorados, las tonalidades grises son las que abundan, el juego de sombras y luces, utilizando en todo momentos el contraste son los elementos que van creando el mundo expresionista. Esto genera una fuerte tensión en el espectador, que no puede encontrar puntos de referencia que lo liguen al mundo real. De esta forma, nos vemos atrapado en un mundo gris, lo que es una clara alusión a las terribles épocas que pasó Alemania en los años mencionados.

 

 

Otro elemento a notar en el expresionismo es que muchas de sus historias tenían como punto de partida anécdotas que bordeaban el cine fantástico, si no entraban de lleno en él. Claros ejemplos son la antes mencionadas Nosferatu (adaptación de Drácula de Bram Stocker) o El gabinete del Doctor Caligari, que parte de la premisa de un hipnotizado que comete una serie de crímenes. En ambos casos, seres externos a este mundo, o en todo caso con conductas que escapan a lo normal son aquellos que reflejan los miedos y las inquietudes de la sociedad alemana.

 

Es por estos dos elementos que La última carcajada es una película representativa pero al mismo tiempo distinta dentro del panorama expresionista. La utilización de los claroscuros es muy importante dentro de la película. Hay que ver, sino, la escena en la cual el protagonista se pasea de noche por el hotel: la intensidad de la noche se contrapone con la fuerza de la luz que viene de la linterna del guardián nocturno.

 

 

Murnau, utilizando este recurso, genera tensión en una situación en la que nada está pasando: son simplemente los climas que genera el contraste entre luz y oscuridad el que de por sí crea una tensión en el espectador. El director utiliza recursos propios el cine fantástico, lo que enmarca la película dentro de un universo irreal e inquietante, a pesar de que en la situación no está pasando nada anormal.

 

Lo mismo se puede decir de la escena e la cual, después de enfrentar su degradación, el personaje regresa a su casa. El momento en el cual el hotel se le cae encima, apresándolo, responde a un quiebre muy claro con la realidad. Un quiebre con la realidad que, sin embargo, no viene desde ningún vampiro o desde ningún hipnotizado, sino desde los propios miedos e inseguridades del hombre común.

 

 

Es en ese sentido que La última carcajada es atípica dentro del panorama del expresionismo: es una película que trabajo la angustia a partir del hombre común. Los miedos y las angustias no nacen de seres externos a lo normal, sino que nacen desde adentro del hombre común: lo que vemos en pantalla son los miedos de un hombre al cual el mundo acaba de caérsele encima. Es por eso que Murnau genera tensión a partir de los elementos del expresionismo (escenarios falsos, contrastes, tonos ocres) dentro de situaciones que no tiene nada de fantásticas u siniestras, pero que tienen mucha dureza y tragedia.

 

El protagonista, ante tanta adversidad, se transforma en un zombi que no hace más que deambular durante toda la película, gracias a un estado de las cosas que lo transforma en eso. Es apasionante el momento en el cual, después de haber sido degradado, trata de demostrarle a su jefe que todavía puede levantar un equipaje. Esta escena demuestra que la impotencia se transforma en algo que es más fuerte que él y que lo va controlando. En la última carcajada no es necesario un elemento fantástico que vaya controlando a los personajes: aquí el control viene del propio miedo y de la propia impotencia.

 

 

Murnau también plantea su película utilizando algunos recursos realistas: los planos son largos, fijos y distantes, observando acciones mínimas del personaje. Es casi como si el personaje estuviera atrapado dentro de una maquinaria que lo fija y lo encuadra, sin la menor posibilidad de escape. La degradación como algo trágico, frente a lo cual no existe ninguna posibilidad de rebeldía. La última carcajada trabaja el expresionismo a partir de los fantasmas internos de los personajes, lo que hace que todo sea más inquietante.

 

Rodrigo Bedoya

24
Jun

El mejor amigo del hombre

Las increíbles aventuras de Wallace y Gromit, entrega al público la diversión y la lealtad que existe entre amigos

Una Gran Excursión (1989):

 

Narra la primera aventura y aparición de Wallace y Gromit, mostrándole al público las actitudes personales de cada personaje y la afición de Wallace por el queso.

 

Exactamente como se menciona, Wallace sufre una crisis por falta de queso y como un buen aperitivo no puede estar acompañado con este exquisito manjar, decide junto a su perro crear un cohete espacial para llegar a la Luna, donde “todos saben que este satélite natural esta hecho de queso”.

 

 

Con todos sus esfuerzos arman su propio cohete espacial y van hacia la Luna en un abrir y cerrar de ojos, junto a una canasta de picnic para disfrutar la estadía en el territorio lunar.

 

Sin embargo, cuando Wallace prueba “el queso” de la Luna no averigua de qué clase es. Obviamente, Gromit sabe que el suelo lunar no es de queso y no prueba ni un bocado que Wallace había cortado. Como no le pareció grato el sabor de ese queso, decide ir más allá con su perro y probar en otra zona.

 

 

Durante el camino, Wallace y Gromit encuentran una máquina (como si fuese una dispensadora de productos), a lo cual Wallace le inserta una moneda pero sin resultados. Aunque, luego de un rato, la máquina toma vida y empieza a moverse mientras descubre quién la había activado.

 

El robot descubrió inmediatamente el mantel y algunos objetos del picnic de Wallace y se acercó para “decomisarlos”. Mientras guardaba estos objetos encontró una revista de esquí sobre hielo y empezó a imaginar la posibilidad de ir a la Tierra y disfrutar de ese entretenido deporte. Luego descubrirá el cohete espacial y le colocará una infracción, dando a conocer su profesión de policía.

 

 

Al encontrar a Wallace comiendo parte del territorio lunar, saca una cachiporra para golpearlo en la cabeza. Sin embargo, el tiempo programado para el robot se detuvo a punto de atacar a Wallace.

 

Obviamente, Wallace no se había percatado de la presencia del robot y al verlo paralizado le colocó una moneda más antes de subir al cohete.

 

El robot, nuevamente despierto, corrió hacia los terrícolas para subir y que lo llevasen a la Tierra para poder cumplir con su sueño de esquiar. Lamentablemente, en su intento el robot arrancó parte de la nave y se quedó en la Luna.

 

Triste y algo decepcionado, el robot descubrió que las partes de la nave que arrancó le servirían para armar su propio set de esquí y empezó a esquiar sobre territorio lunar agradeciendo a Wallace y Gromit por esto. Al verlos partir se despidió de ellos.

 

Los Tecno-pantalones (1993):

 

De repente, uno de los cortometrajes más famosos y que ha llevado a Wallace y Gromit a ser reconocidos por su encanto y sus locuras en la lucha contra un criminal poco común. También se le dará mucho crédito a Gromit, mostrándose un perro mucho más listo que su propio amo.

 

Wallace le prepara una sorpresa a Gromit por su cumpleaños comprándole un collar y una correa junto a unos tecno-pantalones que se fabrican en la NASA. Estos pantalones funcionan mediante botones y de manera automática o manual. En el principio, el objetivo de los pantalones era sacar de paseo a Gromit, sin embargo, encontrará muchas más ventajas de las que pudiera imaginar.

 

Como se sabe, Wallace sufre una crisis económica, por lo que decide alquilar una habitación para poder pagar los impuestos y deudas pendientes. En esta aventura se involucra un pingüino, que será el nuevo inquilino de la casa, pero también el rival de Gromit.

 

El pingüino, desde el inicio toma la habitación de Gromit como si fuese la suya propia. Ante eso, Wallace prepara la habitación vacía para su perro. Obviamente, Gromit colaborará utilizando los tecno-pantalones para poder subir por las paredes y techo y remodelar su nueva habitación. Sin embargo, el tiempo que transcurre es muy poco pues el pingüino se gana la confianza de Wallace, haciendo que Gromit huya de su casa y abandone a su mejor amigo.

 

 

Como ya Gromit estaba fuera de juego, el pingüino muestra su verdadera identidad. Éste personaje era un ladrón de joyas y utilizaba a Wallace junto con los tecno-pantalones para poder robar el diamante más valioso del museo de la ciudad. Gromit al darse cuenta de los fines del inquilino, ayuda a Wallace a capturarlo y recuperar el diamante, considerándose la persecución de los trenes como una de las mejores persecuciones que ha habido en Stop-motion.

 

 

Finalmente, logran atrapar al ladrón y recuperar el diamante llevándolo a la policía. Los dos mejores amigos terminan en casa disfrutando un buen desayuno junto con queso, mientras el pingüino criminal acaba en las rejas… del zoológico.

 

Un Esquilado Apurado (1995):

 

Un cortometraje bastante entretenido, junto con las ocurrencias de Wallace y Gromit y la primera aparición de Shaun la oveja, que luego aparecerá en Aardman en otros proyectos.

 

Una oveja bastante peculiar (la oveja más joven y delgada que habrá en el cortometraje) escapa de unos secuestradores de ovejas saltando del camión donde estaba encerrada y se oculta en la casa de Wallace y Gromit.

 

 

Wallace tenía un nuevo trabajo como limpiador de ventanas que, junto con sus inventos, facilitaban el negocio. Desde temprano, Wallace inicia el negocio de limpieza en una tienda de lanas donde se enamora de la dueña de la tienda, Wendolyn.

 

Al regresar a casa, Wallace y Gromit se encuentran con la oveja prófuga quien fue casualmente esquilada por una máquina de Wallace para hacer chompas de lana, que luego Preston, el perro de Wendolyn, la copiará para sus fines.

 

 

Al día siguiente, los dos amigos siguen en su trabajo y Gromit descubre un camión lleno de ovejas, las libera y descubre que Preston era el secuestrador de ovejas. Preston, para evitar que sepan de sus crímenes, hace lo posible para culpar Gromit, llevándolo a la cárcel y es condenado a cadena perpetua. Tal tristeza llevó a Wallace junto a las ovejas raptadas, que estaban viviendo en su casa, a rescatar a su amigo can y darle una lección a Preston.

 

Ante todo eso, Preston era un ciber-perro que no seguía las instrucciones de Wendolyn llegando a destruirlo y terminar con la pesadilla de las ovejas en ser convertidas en comida para perros.

 

 

La idea de Nick Park se basó en los maravillosos rasgos típicos del carácter británico. Esta historia, en la cual presenta una maravillosa técnica, como el Stop-motion, hace de Aardman una empresa grande y famosa en todo el mundo.

 

Estos dos personajes, uno es un científico algo torpe y su perro que a veces es mucho más inteligente que su propio amo, forman una buena combinación para realizar grandes aventuras y el disfrute de los espectadores que sienten que la animación no sólo son efectos, sino también una buena construcción de personajes.

 

 

Aardman ha recibido por los cortometrajes realizados siete nominaciones al Oscar y dos estatuillas por “Los Tecno-Pantalones” y “Un esquilado Apurado”. Esto dio pase a realizar más ideas junto a Dreamworks, como lo fue “Pollitos en Fuga” y la película de estos dos famosos personajes en “Wallace y Gromit en la Batalla de los Vegetales” que recibió un Óscar como mejor largometraje de animación en el 2005.

 

Sus trabajos han llevado a la empresa Aardman a ser famosa en Internet, en la televisión y en el cine por sus atractivos y encantadoras creaciones y esperemos que sigan creando más obras próximamente.

 

Luis Augusto Venegas

24
Jun

De Vuelta a lo Básico

 

Louis Leterrier - El Increíble Hulk (The Incredible Hulk, 2008)

De todos los superhéroes que pueblan el universo Marvel, el Increíble Hulk es uno que tal vez no merezca esa designación. El concepto detrás del gigante verde es bastante simple: un científico tranquilo que cuando se enoja se transforma en un monstruo que destruye todo a su paso. No es un héroe convencional; las autoridades lo cazan a cada minuto y muchos de sus colegas héroes tienen que enfrentarse a él repetidas veces.

 

Con los años, el personaje de Hulk se ha ido complicando: convertido en una suerte de Jekyll y Hyde, Bruce Banner ve como ciertos aspectos oscuros y agresivos de su personalidad se manifiestan a través de su alter ego gigante y a esto se suma la aparición de diferentes Hulks, producto de su subconsciente y cada uno reteniendo aspectos de su propia persona. Aún así, la idea central se mantiene simple.

Sin embargo, al dar el salto al cine en el 2003, Ang Lee cambió todo. Resulta imposible hablar de esta nueva entrega sin mencionar a su antecesora, un drama psicológico con Banner siendo una victima de abuso infantil. El estilo de Lee fue dinámico y novedoso para una película de cómic, pero los fans se dieron con un film largo y reflexivo que le quitó lo esencial a toda la vida: Hulk causando destrucción masiva sin parar.

        

Banner en Fuga

 

El Increíble Hulk, a la vez una secuela y una reinvención, ha decidido simplificar las cosas: Banner es un fugitivo de la ley, transformándose en el gigante verde sin control y con la única ayuda de su fiel novia Betsy Ross. Es, a la larga, una persecución extendida, y que decide antes que nada ser un leal tributo a la popular serie de los años 70, donde Banner y Hulk fueron interpretados por Bill Bixby y el físico-culturista Lou Ferrigno, respectivamente.

La influencia de la serie se siente no solo en la obligatoria aparición de Ferrigno, sino en una trama que sigue el mismo ritmo (no es casualidad ver a Edward Norton haciendo dedo en la carretera), con Banner perseguido por todos, siempre en movimiento e incapaz de estar en un solo lugar por mucho tiempo.

 

No existe mayor profundidad que esa – la tortura de Banner al tener un poder incontrolable está ahí, pero no tan pronunciada, pero lo cierto es que tener a bordo a un sólido actor como Edward Norton es suficiente para convencer. Considerando que cualquier actor pudo haber interpretado al científico, tener a uno de los mejores de su generación es un verdadero plus.

“¡Hulk Aplasta!”

 

Lo importante aquí es Hulk y de nuevo, los efectos digitales que lo traen a la vida son perfectos. No hay otra manera de hacer justicia a un gigante verde que con computadoras y resulta mucho más natural que pintar a un tipo musculoso de verde. El francés Louis Leterrier tiene experiencia en el género de acción (El Transportador es prueba suficiente) y trae bastante energía y estilo a un film que nunca se detiene.

        

Al ver a Hulk destruyendo tanques y helicópteros, eliminando a un grupo de comandos en una fábrica o destrozando toda una calle neoyorquina en la batalla final con el gigante Abomination, se tiene en frente una fiel adaptación del cómic, apelando a las características más saltantes del personaje.

Esta nueva entrega ciertamente toca el tema personal de Bruce Banner, pero casi con la misma profundidad que la serie o la historieta. A diferencia de Ang Lee, que trató de hacer algo distinto con el género de superhéroes, Leterrier y compañía han decidido simplificar las cosas y simplemente entretener al público, cosa que se logra si uno se deja llevar.

 

Lo más interesante de este nuevo Hulk es lo que promete: la aparición final de cierto magnate con una avanzada armadura da cuenta de lo que Marvel quiere hacer con sus filmes ahora que tiene directo control sobre ellos: unificar a estos personajes en un solo universo.

El día en que los Vengadores salten a la pantalla, es de esperar que Hulk tenga un gran papel. El Increíble Hulk es entonces una buena reintroducción a uno de los personajes símbolo de esta editorial, tan  dinámica como cualquier película de acción moderna pero al mismo tiempo un tributo nostálgico a una serie que encantó a muchos fans en su época.

 

Ernesto Zelaya Miñano

24
Jun

Un día de catástrofe

 

M. Night Shyamalan - El Fin de los Tiempos (The Happening, 2008)

 

Un misterioso virus que se propaga a través del aire provoca en los ciudadanos norteamericanos una instantánea tendencia autodestructiva que conduce al suicidio. Una amenaza colectiva devastadora que desata el pánico generalizado y que obliga a Elliot Moore (Mark Wahlberg), un profesor de ciencias, a buscar refugio junto a su esposa Alma (Zooey Deschanel), su amigo y compañero Julian (John Leguizamo) y la pequeña Jess (Ashlyn Sánchez), hija de este último. Junto a ellos, varios grupos de familias alarmadas deciden huir pues los rumores indican que el virus llegará pronto a sus ciudades.

 

Sin embargo, El fin de los tiempos, que en otros países de habla hispana se denomina El incidenteThe Happening es el título original—, es una película más de desastres, otra de las que al cine norteamericano contemporáneo le complace tanto repetir.

 

 

La dirige M. Night Shyamalan, el mismo de El sexto sentido, El protegido, Señales o La dama del agua, y aunque éste es un director con un estilo atrayente que ha logrado cintas que se podría calificar de ponderables, El fin de los tiempos no alcanza el nivel de penetración sicológica de El sexto sentido, ni la fuerza persuasiva de El protegido, ambas con Bruce Willis como fuerza tutelar.

 

El fin de los tiempos se torna más bien corriente, trivial, como si al director le hubiera llegado el momento en que no tiene nada nuevo que decir. Y es que la primera parte de la película es sugerente y promete m