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10
Jun

Entrevista: Olivier Assayas

Olivier Assayas

El director francés de “Irma Vep” habla de su penúltimo filme, el thriller tecnológico “Demonlover”, que fuera galardonado con el Premio de la Crítica José Luis Guarner en el Festival de Sitges de 2002.

Sinopsis

Diane (Connie Nielsen) tiene casi treinta años. Trabaja en una multinacional dirigida por Henri-Pierre Volf (Jean-Baptiste Malartre). La empresa está diversificando sus actividades -ya abarca desde el negocio inmobiliario hasta el diseño de ropa- y actualmente negocia la adquisición de TokyoAnime, una empresa japonesa que produce un nuevo tipo de manga con una versión pornográfica en 3D que va a destrozar a la competencia en un mercado extraordinariamente lucrativo.

Dos compañías luchan por obtener los derechos exclusivos de distribuir en la red las nuevas imágenes de Volf: Mangatronics y Demonlover. Mangatronics ha contratado a Diane para que trabaje como espía industrial y haga todo lo posible desde dentro para torpedear las opciones de Demonlover.

La conexión de Demonlover con varias web violentas y pornográficas son un punto débil en su relación con el Grupo Volf, que no sabe nada de su existencia. Pero Diane descubre que Demonlover también tiene su propia estrategia y espías, aparentemente inocentes. Al final acabará sabiendo demasiado y se convertirá en un peligro para Demonlover. No hay salida. La única solución será ceder a la ciberrealidad de la que forma parte.

Después de la película de época “Los destinos sentimentales”, ¿”Demonlover” indica un deseo de renovación, de ampliar su relación con el cine?
Tras rodar un drama histórico, tenía ganas de hacer algo completamente moderno. Acababa de completar “Los destinos sentimentales” en la que llevaba mucho tiempo trabajando. Pensaba que había sido un éxito y que era quizás la última que haría de este tipo. Por fin estaba libre y tenía ganas de escribir. Tenía la impresión de haber llegado al final de una exploración autobiográfica que había comenzado con “Finales de agosto, principios de septiembre”. Entonces tenía que empezar desde cero. Era un reto pero también algo muy emocionante. Necesitaba un proyecto que no quedara eclipsado por aquel otro filme y empecé a pensar en lo que más me interesaba del cine contemporáneo. Me pregunté cuáles eran los elementos más esenciales del cine moderno y cómo podía aprovecharlos para explicar el mundo actual.

En “Demonlover” se nota que se inspiró más en el mundo exterior que en las consideraciones personales de sus películas anteriores.
Buscaba abrirme todo lo posible a los aspectos de la modernidad que me habían afectado. Leer las novelas de Don De Lillo fue tremendamente importante porque me enseñaron la posibilidad de establecer nuevas conexiones entre los distintos elementos del mundo contemporáneo y explicar la nueva realidad que nos rodea.

El guión también es muy diferente. Tiende más hacia la acción, los diálogos se reducen al mínimo y no son nada literarios. ¿Cómo fue el desarrolló del mismo?
Desde el principio había imaginado una película que explorara la relación del poder y el sexo entre mujeres que trabajan para una gran empresa. Del primer borrador salió una película experimental, muy abstracta, y -en caso de rodarse- no estaba seguro de que la gente la entendiera. Con el clima actual del cine francés me parecía imposible. Le pasé el guión a Jacques Fieschi, que a su vez se lo enseñó a Xavier Giannoli. Después de hablar con ellos me di cuenta de que valía la pena intentarlo. Hice otro borrador, cambié la estructura y profundicé en los personajes y sus relaciones. Pensaba que podría ser una especie de “Irma Vep”, que conseguí rodar con muy poco dinero. El guión se iba enriqueciendo y me dieron la libertad de incluir todo lo que quisiera tratar: nuestra relación con las imágenes, las emociones que transmiten, la forma en que influyen no sólo en nuestra imaginación sino en nuestro comportamiento profesional, social, personal, erótico….

La película se centra, sobre todo, en la creación y difusión de las imágenes. Como en “Los destinos sentimentales”, que exploraba la industria del coñac y de la porcelana…
Es cierto. La gente que trabaja para el Grupo Volf no es muy diferente de los empleados de Bamery de principios del siglo pasado. Incluso hay una escena en el estudio del manga que es literalmente idéntica a otra de la fábrica de porcelana en “Los destinos…”. Me divertía rodarla de la misma forma. También es verdad que desde aquella película me he obsesionado con la forma en que se venden y se distribuyen las cosas. Fue difícil recrear el funcionamiento de una empresa como Volf o de una estudio de animación japonés porque sabía muy poco acerca de ellos. Fue un gran trabajo de investigación porque mis conocimientos de las artes gráficas y la animación eran muy limitados. Todos los figurantes eran profesionales de la animación y además tomaban muy en serio los ensayos.

Diane (Connie Nielsen) entra en este universo virtual, violento y sexual, creyendo que puede controlarlo. Pero queriendo controlar la producción y la circulación de estas imágenes se convierte inconscientemente en su víctima.
Me gustaba la idea de que Diane, y otros personajes también, fuesen influenciados por las reglas que ellos mismos establecen pero que al final les superan. De alguna manera, el mundo de las imágenes es nuestro inconsciente colectivo. Quería hacer una película que se moviera entre el mundo real y el mundo de las imágenes, que nos permitiera pasar libremente de uno al otro, aunque no sin peligro.

Cuando Diane ve la figura del guerrero que aniquila a todos sus enemigos, parece identificarse con él. Ésto nos conduce al misterio de un personaje que parece “programado” pero que, sin embargo, fracasa.
Se podría decir lo mismo de Elise (Chloë Sevigny) cuando la vemos con el videojuego. Para mí los personajes están contaminados por las imágenes que reflejan las fantasías que tienen de sí mismos. El personaje de Diane cobró forma poco a poco. Empecé con una idea imprecisa, una sensación sin clarificar. La descubrí mientras escribía pero conservé el misterio que presenta para sí misma y para los demás. Es un personaje onírico al que no conocía al principio. Sin embargo, y especialmente en esta película, la verdad de un personaje es determinada en gran medida por el actor. Cuando conocí a Connie Nielsen inmediatamente tuve la inquietante sensación de haber conocido a mi personaje.

¿Por qué optó por un reparto internacional?
Según iban cobrando vida los personajes tuve la impresión de que no iba a poder hacer el filme con actores franceses. Estaba preocupado porque sabía que me harían preguntas sobre sus personajes, los motivos de su comportamiento, su psicología, etc., y no estaba seguro de saber las respuestas. Muchas actrices tendrían miedo de interpretar a Diane y Elise. Muy rápidamente me di cuenta de que Diane asumiría otra dimensión si la interpretaba una actriz del centro neurálgico del cine, es decir Hollywood. Le di el guión a Scott MacCaulay y a Robin O’Hara, los productores del director Harmony Korine. Comprendieron enseguida la historia y lo que yo quería hacer y me ayudaron a organizar un casting en Estados Unidos. Todos los actores a los que conocí entendieron perfectamente la historia, algunos mejor que yo. Fue muy estimulante. Para muchos el problema era el idioma. Ahí es donde entró Connie Nielsen. Tiene una estupenda filmografía hollywoodense, habla perfectamente el francés, pero es de Dinamarca. Tiene la autoridad natural de una estrella de cine pero al mismo tiempo da la impresión de haber salido de la nada, exactamente las cualidades necesarias para el personaje de Diane. En cuanto a Charles Berling, no pensaba en él al principio porque su personaje es muy físico, muy primitivo, y tiene una presencia muy inquietante. Sin embargo, he descubierto que Charles tiene una enorme capacidad de transformación y puede dar vida a cualquier tipo de personaje.

Chloë Sevigny -un verdadero ícono del cine independiente americano- procede de un mundo distinto. Su presencia añade otra dimensión más a la película…
Pidió el guión y tenía muchas ganas de intervenir en la película. Cuando nos conocimos me pregunté qué papel podría interpretar. Elise era sin duda alguna francesa y Chloë no habla ni una palabra de francés. A pesar de todo decidí que era el momento apropiado de hacer una película con ella. Tiene una increíble presencia cinematográfica que pronto la hará inaccesible para mí. Tuve que cambiar todo acerca del personaje de Elise. Tenía miedo, pero me alegro de haberlo hecho. Chloë literalmente reinventó el personaje y acabó invadiendo toda la película, lo que la ha hecho más interesante.

La música tiene una presencia dominante en “Demonlover” y va más allá de la idea que se suele tener de las bandas sonoras. ¿Cómo llegó a trabajar con Sonic Youth?
Los conocí en Nueva York cuando se estrenó “Irma Vep”. Les gustó mucho la película y simpatizamos inmediatamente. Después me dieron una composición para “Finales de agosto, principios de septiembre”. Normalmente no me entusiasma mucho la creación de las bandas sonoras y prefiero usar música que ya existe. El último músico con quien colaboré fue John Cole en “Paris S’Eveille”. En “Demonlover” sabía que la música, especialmente el rock, tendría que ocupar un lugar privilegiado porque fue, en gran parte, lo que me había inspirado. Quería que la música se fundiera con el diseño de sonido de la película. Fue posible lograrlo con Sonic Youth, cuyos trabajos son a menudo experimentales. Su música ha dado una textura sonora única a la película. Durante el rodaje les mandaba los rushes y ellos me enviaban sonidos o melodías. Les gustaba esta forma de trabajar. Normalmente los músicos intervienen una vez terminada la película pero en este caso el uso de la música era mucho más orgánico, el sonido tenía la misma importancia que la imagen. Surgió una verdadera osmosis entre las imágenes y la música y comprendieron perfectamente lo que quería conseguir.

“Demonlover” explora un universo sofisticado, impregnado de tecnología, de lo virtual. Sin embargo, al dirigir la película, ha preferido adoptar por un planteamiento físico de los personajes y un tratamiento agresivo de la acción con un movimiento constante de la cámara.
Como empecé con una idea abstracta y conceptual necesitaba que la película fuera más física, que cobrara más cuerpo. Quería conseguir un estilo directo que equilibrara los aspectos especulativos del guión. En primer lugar, para hacerlo más accesible pero también porque me gusta el cine que no tiene miedo, que no duda en ser franco, brutal o incluso grosero. El cine francés es a menudo cohibido y tiene miedo de ser juzgado y castigado por arriesgarse. Para mí rodar una película es como saltar por la borda.

No obstante, “Demonlover” manifiesta una fuerte conexión con el cine de género, el thriller, el cine de espías…
Para mí el espía es el personaje más cinematográfico de todos. La idea de que alguien no es lo que parece, que está interpretando un papel, es muy emocionante. Además, creo que demuestra una verdad humana: de alguna manera u otra todo el mundo es un espía en su propia vida. Todo el mundo quiere ser otra persona. Todos somos capaces de identificarnos con los espías. Volviendo a la cuestión de género, tengo que decir que nunca me ha gusta la cinefilia y me gusta aún menos hoy. El cine que sólo hace referencia a sí mismo, que obedece códigos establecidos hace cincuenta años, me deja frío. El género es interesante únicamente cuando se reformula de acuerdo con temas de interés actuales. Vemos esa reinvención en los trabajos de cineastas americanos cuyas películas tienen una relación fuerte aunque oblicua con lo genérico, sea el thriller o la fantasía. Lo me interesa de los géneros es el contrato básico que ofrece al espectador. Creo que el público de hoy está preparado para seguir toda clase de historias siempre que honren el contrato original. Los elementos de los géneros son indicadores necesarios pero el público está dispuesto y es capaz de ir mucho más allá de lo que se pudiera pensar.

Tomado de comohacercine.com

25
Nov

Conversación con Jean-Luc Godard

 

CONVERSACIÓN CON JEAN-LUC GODARD

(Cahiers du Cinêma, n.° 138, diciembre de 1962, número especial dedicado a la Nouvelle Vague, realizado por Jean Collet, Michel Delahay, Jean-André Fieschi, André S. Labarthe y Bertrand Tavernier). (Editado en el libro Jean-Luc Godard por Jean-Luc Godard, Barral editores.)

Subrayada y comentada por Javier Diment.

Lejos de mí la intención de presentar a Godard. Es completamente innecesario. El único comentario que me interesaría hacer es el siguiente: con Godard, como con los escritores y pensadores que nos importan, no puedo abstenerme del subrayado. Subrayo los libros y anoto comentarios en los márgenes casi compulsivamente, como conversando. Esta entrevista es uno de tantísimos ejemplos. Subrayados y comentarios cambian con cada lectura, pierden vigencia en los propios recorridos de la reflexión, plantean dudas que el propio movimiento va contestando, etcétera etcétera, pero dejan una buena huella de hacia qué extrañas travesías puede abrir una lectura. En un principio iba a escribir un artículo sobre Godard. Pero entre el poco tiempo, el caos general y dificultades varias para encarar, de momento, un acercamiento con la seriedad que el Maestro merece, surgió la idea de plantar estos desordenados y arbitrarios subrayados y comentarios.

Sigue leyendo la entrevista aquí.

Lee la crítica sobre Vivre Sa Vie (Vivir su Vida) aquí.
Lee la crítica de Simpathy for the Devil aquí.
Lee la crítica de La Chinoise aquí.

18
Nov

Entrevista: Eric Rohmer

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LAS NINFAS, LAS MUJERES Y LOS GENIOS DE LA TIERRA

La última película de Éric Rohmer, patriarca del cine francés y del cine europeo, El romance de Astrea y Celadón, es la adaptación de una legendaria novela pastoril francesa, escrita por Honoré d’Urfé (1607-162): un homenaje lírico al amor fiel, el verso clásico, el cine mudo, la lucha de la vida del espíritu contra los demonios de la historia.

-Su película tiene algo de “anacrónica”: habla de ninfas, heroínas, mujeres tan bellas como ninfas y ninfas que tienen pasiones muy carnales, en un mundo como el nuestro colonizado por nuevas familias de juguetes, gadgets, ejércitos de robots colonizando las antiguas tierras de los hombres libres.

-Es cierto. Quizá mi película sea un intento, no sé si heroico, pero bien real, en cualquier caso, de “re encantamiento” del mundo, “re población” del desierto actual con viejos misterios universales. Fotografiar ninfas como si fueran mujeres, y fotografiar mujeres tan bellas como ninfas, también es una manera de volver a visitar viejos textos clásicos donde ya se planteaban esos problemas, que afloran en nuestra civilización cuando comienza el ocaso de las cosas sagradas, convirtiendo el mundo en algo puramente mecánico, desalmado.

-Va usted a contra corriente. Hoy se imponen los héroes de juguete, los juguetes mecánicos, los dibujos animados.

-Ya, ya. No sé si hablo de un mundo perdido. Pero esas cosas de la belleza, las ninfas, los héroes, la rectitud moral, han conseguido sobrevivir a muchas otras batallas, desde hace siglos.

-Incluso en su realización hay una cierta modestia de recursos técnicos. Usted se priva voluntariamente de las “maravillas” de la técnica.

-Lo esencial para mi era contemplar con una mirada muy limpia la belleza de las cosas de la naturaleza, sin falsos artificios. De ahí que tardé bastante en encontrar el paisaje ideal, un poco “salvaje”, sin excesos. Un paisaje donde lo bello más natural y sencillo permita evocar los misterios y los genios de la tierra.

-Los diálogos de Honoré d’Urfé, que usted ha preferido no tocar, hablan siempre de la belleza del alma y la belleza del cuerpo, carnal, indisociables.

-¿Cómo podía ser de otra manera? Me parece esencial respetar la obra de un artista, que, al mismo tiempo, también habla de mi manera de ver el arte y el mundo. Ese paralelismo entre las cosas bellas del alma y las cosas bellas del cuerpo habla de la armonía de las cosas humanas y la armonía celeste del universo.

TERROR REVOLUCIONARIO

-¿No se trata de un combate fallido? La historia siempre impone la derrota cruel de las cosas humana.

-No lo sé. En esa batalla, yo tomo parte en defensa de las cosas del espíritu.

-En otra película suya, La inglesa y el duque, también se plantea ese eterno combate. La historia del Terror (1793), durante la Revolución francesa, es contada a través de la óptica de una inglesa perdida en el río ensangrentado del terror revolucionario.

-Me pareció una óptica original. Se ha hablado y escrito mucho de la “épica” revolucionaria. Yo intentaba contar la historia de los hombres devorados por otros hombres, endemoniados por las furias de la Revolución, el Terror, una orgía dramática.

-La marcha de la historia termina devorándolos a todos.

-Si.

-La arquitectura moral de Astrea y La inglesa choca con el nihilismo de un mundo sin fe ni principios, donde se impone el relativismo moral de la selva.

-En Astrea, la armonía moral de los personajes coincide con la armonía de la naturaleza. Y el amor y las cosas del espíritu terminan triunfando en el abrazo final, que también es un abrazo carnal.

-Ese abrazo tiene algo muy equívoco. Celadón tendrá que disfrazarse de mujer para volver a conquistar a Astrea, que había comenzado por entregarse a una señorita tan encantadora como ella.

-Ese tema del travestí, no lo olvide usted, es un tema clásico. Es un tema que está muy presente en Shakespeare. En toda la literatura de los siglos XVI y XVII son muy frecuentes las relaciones que no son forzosamente homosexuales entre hombres y hombres, o mujeres y mujeres.

-En su caso, el tema del travestí es indisociable de su tema capital: la fidelidad, el amor fiel.

-El amor fiel, la fidelidad, incluso la épica de ambos temas, ocupan un puesto importante en mi obra, desde siempre. Es un tema clásico. También lo tocaron Stendhal y Balzac. Yo lo hago a mi manera. Mi héroe se impone él mismo esa disciplina. Yo intento perpetuar ese tema, que no sé si está muy a la moda.

SOLEDAD DEL HÉROE

-Esa fidelidad heroica del héroe a sus valores propios me recuerda la ética de algunos personajes de otro cineasta, Jean-Pierre Melville.

-¿Usted cree? ¿En qué película está pensando?

-En El samurai (El silencio de un hombre), por ejemplo. El samurai de Melville (Alain Delon) se abre con una cita falsa que lo dice todo: “La profunda soledad del samurai sólo es comparable a la de un tigre en la selva”.

-No sé, no sé…

-El silencio mortal del samurai de Melville es el silencio último del hombre acorralado y siempre, fiel, hasta la muerte, a una ética individual, solitaria, por la que está dispuesto a dar la vida.

-No está mal visto… en verdad, no lo sé. Es el espectador quien tiene la última palabra, en algunos casos. Melville, sabe usted, era un personaje raro. Debía sufrir mucho, siempre encerrado en el personaje que él mismo se había creado. Se inventó un mundo de gangsters que no se si llegó a conocer, realmente, salvo en su época de resistente próximo a De Gaulle. Creo que no es mi mundo.

-¿Cuál es su mundo?

-En este caso, el mundo de una pastoral del siglo XVII, que plantea problemas morales, le ética, la belleza, la fidelidad, el amor, que me parecen esenciales. Qué quiere.

-¿No hay un cierto anacronismo en su fidelidad a esos temas clásicos?

-No lo sé. Me gustaría pensar que no. ¿Es anacrónico Don Quijote..?

-Usted filmó un Don Quijote, incluso cita a Don Quijote en algunas de sus películas.

-Si. En La rodilla de Claire. Me encontré unos mosaicos de origen español, junto al lago de Annecy. Ilustran el pasaje de Don Quijote y Sancho, los ojos vendados, sobre un caballo de cartón. El heroísmo último, que solo se encuentra en Cervantes o en Conrad.

-Ese pasaje de Cervantes también es una burla pavorosa del heroísmo.

-¿Usted cree? Yo lo recuerdo como un modelo de heroísmo absoluto.

GRIFFITH, MURNAU, HITCHCOCK…

-¿Cuáles son sus relaciones con sus antiguos colegas de Cahiers de cinema? Godard, Chabrol, Truffaut…

-La vida nos llevó a todos por distintos caminos. Escribí con Chabrol un libro sobre Hitchcock, que sigue reeditándose. Recuerdo con cariño a Truffaut. Sobre Godard… vivió muchos años en este mismo edificio. Nos veíamos casi a diario. Nos saludábamos. Nunca me invitó a entrar en su casa. Ni yo en la mía. Somos dos “originales”.

-¿Qué le parece el cine de hoy?

-Voy mucho menos que antes… hay muchas cosas que no conozco. Por el contrario, tengo la impresión de que ha crecido una cierta incultura cinematográfica. Incluso entre los cinéfilos más inquietos.

-¿Es usted hostil a las nuevas tecnologías?

-¡En absoluto..! En ese sentido, creo tener algo de “revolucionario”. En La inglesa y el duque, que usted citaba, utilicé técnicas totalmente nuevas. La técnica me atrae, siempre que sea el hombre, el artista, el que la utiliza en beneficio de su creación.

-¿Como percibe usted su propio puesto en la historia del cine?

-No puedo ni debo contar a esa pregunta. Si puedo recordar a los grandes maestros en los que tanto intenté aprender. Griffith, Murnau, Hitchcock, Rossellini, y tantos, tantos otros.

-¿En qué está trabajando?

-¿Es que volveré a hacer una nueva película? Tengo 87 años. Y la dirección de cine, tal como yo la concibo, exige mucho esfuerzo físico, del que cada día soy menos capaz. Dicho esto, el cine, para mi, no es un trabajo. Es una pasión, y ¿cómo liberarse de una pasión? Veremos.

 Por Juan Pedro Quiñonero para Una Temporada en el Infierno.com

11
Nov

Entrevista: Manoel de Oliveira

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«Éste es un siglo ciego, donde sólo se sabe trabajar para ganar más dinero»

No es sólo un maestro del cine. Es un sabio a punto de cumplir cien años, que ha vivido, leído y reflexionado, incansablemente, sobre temas capitales como el amor, la crueldad, la religión, el azar… Lo entrevistamos poco antes de estrenar su última película, Belle Toujours.

Parece guiado por una vitalidad sobrenatural. Lleva un bastón, pero, más que ayudarse, juega con él como lo hacía Charlie Chaplin, al que tanto admira. Y es que Oliveira, al que llaman el director-filósofo´, es el único que inició su carrera en el cine mudo y sigue en activo, dirigiendo una película cada año. Nos encontramos con él en los estudios Tobis, en Lisboa. Allí, nos habla de su último filme, de la necesidad de la ética en la vida y en la profesión. De Spinoza, su filósofo de cabecera, y de cómo el hombre es, ante todo, imagen y memoria.

XLSemanal. ¿Cómo se le ocurrió la idea de Belle Toujours?
Manuel de Oliveira. De una forma inesperada; por supuesto, lo primero que tenía en mente era rendir homenaje a Luis Buñuel. Lo importante era el cómo. Decidí reunir a los dos protagonistas de Belle de Jour, la película de Buñuel, 40 años después, con el pretexto de que él tiene un secreto que ella estará ansiosa por descubrir. Una excusa para explorar los recuerdos, las fantasías y frustraciones de los dos personajes. Y del ser humano que, como animal, se deja llevar por los instintos.

XL. ¿Conoció a Buñuel?
M.O. Conocí a sus hijos en México, son muy agradables. Pero a él, no. Una vez coincidí en una cena con una de sus amigas, que era corresponsal de un periódico en París. Al acabar, me dijo que se iba a ver a Buñuel y le expresé mi gran deseo de acompañarla y conocerlo. Me dijo que ni yo hablaba español ni él buen francés y que, además, estaba casi sordo. No hubo encuentro y creo que fue mejor así, porque seguramente me habría quedado petrificado sin saber qué decir.

XL. ¿Qué le interesa tanto en Buñuel?
M.O. Para mí hay cuatro figuras cumbre en el cine: Carl Theodor Dreyer, Orson Welles, John Ford y Charlie Chaplin. La razón es que respetan la deontología que debe regir en el cine y que poseen visiones profundamente morales. Lo que sucede es que me siento más cerca de Buñuel porque, como yo, es ibérico, menos frío; Buñuel mostró como nadie el deseo, la perversión y la crueldad del hombre… Los instintos más bajos y los más elevados, pero no olvidaba la moral. Por eso sentía desprecio por la burguesía, porque es una clase que se saltaba la moral. He reflexionado mucho sobre Buñuel. Mostró la condición humana en todas sus caras de la forma más elegante, sutil e irónica que se pueda concebir. Afirmaba que no creía en Dios porque sentía horror ante la crueldad humana. No entendía que un buen dios pudiera permitir tanta crueldad, pero, aunque se declaraba ateo, sí que creía en el misterio de la vida, en el misterio del ser humano… quizá en el misterio de Dios. Y pienso que eso es lo esencial.

XL. Imagino que el cine de hoy, lleno de obviedad, sexo y violencia gratuita, no es el suyo…
M.O. Hoy, todo está permitido, pero sin gracia. Creo que incluso el cine es cruel con los actores. Se ha olvidado que hay una ética, una elegancia, un sentido moral que diferencia al ser humano de otras criaturas. Pero el único límite que rige en el cine es la ley de la audiencia. Éste es un siglo ciego, donde sólo se sabe trabajar para ganar más dinero. El dinero está por encima de la vida humana. Vamos hacia una existencia donde parece que la superficialidad se ha adueñado de la vida, que, a su vez, se convierte en algo cada vez más artificial, menos humano. Nos hemos olvidado de que somos hijos de la naturaleza. No sé si tiene sentido todo lo que digo porque, en realidad, con el tiempo me he dado cuenta de que no sé nada. Simplemente soy un espectador de la vida, de los otros, de mí mismo. Estoy a punto de cumplir cien años y soy consciente de que como materia voy a desaparecer, a morir. No me preocupa.

XL. ¿Tampoco le provoca ansiedad?
M.O. No, pero me invade una impaciencia enorme porque tengo la cabeza llena de ideas que me gustaría llevar a cabo. En este sentido, me siento como un joven osado lleno de imaginación.

XL. Su cine es como un símbolo del arte versus el negocio, lo contrario del cine de Hollywood…
M.O. No quiero entrar en ese discurso. No estoy contra el cine comercial; al contrario, es el cine comercial el que está contra el cine de autor. El destino de los verdaderos artistas, como Caravaggio, es morirse de hambre en un rincón de un puerto. Desgraciadamente, la mayor parte de las veces es así.

XL. Bueno, Caravaggio tuvo una existencia muy turbulenta. Ahora, los artistas están supervalorados y los museos son los nuevos templos.
M.O. Los museos existen para fijar la memoria. El hombre no es sino memoria e imágenes. El hombre sin memoria no es, por eso hay que bautizarse y tener un nombre. Si tenemos un nombre, somos alguien y, si somos alguien, somos dignos.

XL. Buñuel hablaba del cine como un medio de indagar en las fuerzas oscuras. ¿De qué habla usted en el suyo?
M.O. Las fuerzas oscuras reposan en los instintos. Buñuel utilizaba el surrealismo para hablar de los instintos y criticaba la realidad de una sociedad que no le gustaba porque el surrealismo se prestaba a mostrar lo innombrable. Él consideraba que los instintos son perversos y que están impulsados, sobre todo, por la envidia. Creo que la envidia, junto con la venganza, es el peor y más bajo sentimiento del hombre. Y ¡el ansia de poder!, que nace del instinto de supervivencia y de la defensa. En mi cine, yo sólo hablo de lo que me emociona.

XL. ¿Tiene usted algo de surrealista?
M.O. No, yo no soy nada surrealista. Soy un racionalista intuitivo. Tampoco soy un especialista de nada ni un historiador ni un filósofo. Hago cine por intuición y por pura necesidad vital.

XL. Y sus fantasmas, lo que sueña, ¿lo traslada al cine?
M.O. No sólo utilizo lo que vivo… bueno, sólo una parte ínfima de la vida, porque la vida es inmensa, como la historia o la memoria; algo insondable. Los directores de cine, los artistas, no somos creadores, sino recreadores, porque tomamos de la vida las cosas que nos emocionan. Yo no tengo fantasmas. Como le digo, soy intuitivo y las cosas que me impresionan y se quedan dentro de mí tengo ganas de reproducirlas. Creo que el cine se remonta al teatro. Uno ve en la calle dos amigos que hablan de algo y si ese diálogo se mete en las entrañas, a uno le queda la necesidad urgente de contarlo a los demás. Cuando uno lo cuenta a los demás, se convierte en un artista.

XL. ¿Tiene el cine un objetivo?
M.O. No entiendo el cine como vehículo de propaganda política ni social, incluso si se ambienta en un determinado momento histórico-social. La propaganda la hace el hombre, no el cine. Un fascista hará un filme fascista; un católico, uno de propaganda católica. Pero un verdadero artista se deja llevar por lo que Spinoza escribió: «El impulso que viene de fuera te llevará a realizar lo que sientes». El artista tiene una única obligación: ser sincero e independiente del momento político que le haya tocado vivir. Hay una expresión que utilizo con frecuencia: «No soy un cineasta político, aunque mis filmes puedan serlo. Soy un cineasta que expresa algo de las profundidades del alma humana». Para mí, el cine es sólo un vehículo para humanizar a los hombres, para recordarles lo que son y su condición.

XL. ¿Por qué dice usted que el cine es la reunión de todas las artes?
M.O. Lo que sostengo es que la literatura y las bellas artes son las principales. El cine pertenece a las bellas artes, pero, aunque en su esencia reúne a todas, no es el más importante. Para mí, la literatura, que ha sido una gran inspiración de mi cine, es el primer arte, el más especial, porque a través de ella se puede hablar de todos los aspectos de la vida. Hay una historia muy fina e interesante sobre un profesor que va a ver a su alumno al colegio mayor porque se duerme en su clase. Al abrir la puerta, se encuentra todo su cuarto forrado de libros y le comenta: «Ahora sé por qué usted se duerme en mi clase». Y el alumno le responde: «Leyendo, jamás me encuentro solo». Para mí, un libro es el mejor compañero. Yo siempre llevo uno en el bolsillo. La literatura es el primer arte; el teatro, el segundo, y el cine, el tercero.

XL. Pero usted escogió el cine…
M.O. Porque el cine, como el teatro, imita la vida. Hoy existe el cine, porque las condiciones técnicas han cambiado; pero la condición humana es la misma. La única diferencia entre cine y teatro es, como decía el filósofo Lyotard, que el teatro es material y el cine, inmaterial. En el teatro, los decorados son el papel o madera, la representación es viva. En el cine, la maquinaria es material, pero el resultado, es decir, las imágenes, son inmateriales.

XL. El hombre, sostiene, es ante todo imagen. ¿Cómo lo explica?
M.O. Con la edad creo que lo único que he hecho es refinar mi pensamiento. Y he llegado a una conclusión que es cierta: el hombre no existe sin imágenes. Decía Descartes que lo que vemos no es menos verdadero que lo que olemos o lo que gustamos, pero lo curioso es que siglos atrás Aristóteles ya señalaba que el alma no puede pensar sin una imagen. Y el cine no es más que la ilusión de la imagen, porque la gente al ver imágenes está penetrando en el conocimiento y lo que ve en realidad son ideas.

XL. Su amor al cine comenzó con su padre, y su primera película fue muda. ¿Cree que la fascinación de entonces se ha perdido?
M.O. Recuerdo la enorme alegría que sentía yendo con mi padre al cine; era como un ritual porque era un gran aficionado a Charlie Chaplin y Max Linder. Mi atracción por el cine es instintiva, la llevaba dentro. Del mismo modo que hemos nacido con el deseo y el hambre, todos nacemos con una obsesión o una imposición genética y la mía, mi necesidad vital, era y es el cine. En realidad, el cine nació en nuestros sueños mucho antes de 1895. El cine mudo era lo más parecido a los sueños, un universo sin voz, pero con imágenes. Sus comienzos tenían mucho de onírico; sin embargo, para verlo, debemos abrir los ojos. Con el sonido y el color, el cine abandona la esfera del sueño para encontrar la realidad, para aproximarse a la vida.

XL. Usted ha trabajado con todos los grandes, desde Mastroianni hasta Irene Papas. ¿El buen actor es el que lo da todo?
M.O. Nadie da todo, sino que da lo que puede. El actor, efectivamente, aporta su cuerpo, su voz, sus gestos, sus actitudes al personaje. Pero lo más importante es su carga psicológica. Para mí es muy importante un actor con la capacidad de improvisar, de sentirse cómodo con el personaje que representa. Sin duda, el mejor actor de todos los tiempos fue Marlon Brando.

XL. La religión es un tema que está muy presente en su cine. ¿Cree usted, como hablábamos antes, en el misterio de Dios?
M.O. A una edad ya avanzada como la mía, todo cambia. He reflexionado mucho sobre ese tema últimamente… No creo que haya contradicción entre judíos o cristianos… Los árabes, los musulmanes, decidieron no aceptar a Cristo porque, si los judíos tenían una religión propia, ellos también necesitaban otra. Pero todos, incluido Mahoma, aceptan a Cristo como profeta; toda esta lucha de religiones es absurda. Personalmente creo que nadie después de Cristo ha superado la profundidad de su palabra y de su pensamiento humano. Incluso Marx se inspiró en Cristo: «Los pobres son la sal de la tierra». Es la única verdad a la que he llegado a mis 99 años. Pero soy bastante escéptico –no sé si es la edad–, porque me parece que en términos religiosos es lo mismo creer que no creer. Al final, uno cae siempre en lo inexplicable o, como lo llamaba Buñuel, en el misterio.

XL. Y en el siglo XXI, en el que ya estamos embarcados, ¿qué es lo que más le sorprende?
M.O. No deja de sorprenderme la confusión en la que vivimos. La enfermedad tan terrible de hacer el mal a los otros y cómo el mal se puede imbricar de una forma tremenda con el bien. Todo eso me hace poner siempre en duda mis creencias, mi fe. La religión nace para dar sentido, porque nadie nace por voluntad propia. Somos criaturas y, por lo tanto, debe existir un Creador; somos parte del cosmos. Lo que me sorprende del siglo XXI es la pérdida de un código ético, la falta de moral. ¿Qué es el hombre sin ética? Un ser guiado por los instintos…

XL. … y la razón.
M.O. Efectivamente, somos animales racionales, pero vuelvo a Spinoza: «Suponemos que somos libres porque ignoramos las fuerzas oscuras que nos guían».

XL. Entre tanto mal, ¿tiene esperanza en la naturaleza humana?
M.O. Sí y no. Hay hombres extraordinarios, verdaderos santos.

XL. En su cine, como en el de Buñuel, hay una obsesión por el amor frustrado. ¿Está el amor condenado al fracaso?
M.O. El amor puede triunfar o no; el amor no responde a la ética ni a una lógica. Es un sentimiento que proviene de lo irracional. Uno ama, pero no sabe por qué. Y la pasión puede llevar a extremos insólitos, incluso al asesinato del otro. Todo es fantásticamente posible en el amor y por ello es fascinante hablar sobre él.

XL. Acaba de terminar una película sobre Cristóbal Colón. ¿Qué es lo que le interesa de él?
M.O. Su enigma. Por eso se llama Cristóbal Colón: el enigma. Enigma porque en Italia lo creen italiano; en España, español, y yo ahora en esta película sostengo que es portugués. La historia se cuenta a través de un explorador que llega a donde Colón vivió en Porto Santo. Pero, además de por sus sombras, me interesa el personaje por la oportunidad que me ofrece de ahondar en la civilización actualmente dominante, la occidental.

Publicado en XL Semanal (n°1024), por Cristina Carrillo de Albornoz

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Belle Toujours , por José Sarmiento Hinojosa

01
Oct

Pasión por el cine: Conversación con Susan Sontag

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Susan Sontag no es sólo una gran novelista y una aguda ensayista, sino una amante del cine cuya devoción la ha llevado a convertirse en directora. Vicente Molina Foix, también novelista, es un brillante crítico de cine. Esta conversación, un recorrido por sus filias y fobias cinematográficas, es asimismo una elegante partida de esgrima mental en donde el primero que gana es el lector.

Vicente Molina Foix: Si te parece, podríamos comenzar por definir “cinéfilo”.

Susan Sontag: Pienso que un “cinéfilo” es alguien que ha experimentado el cine como una gran forma artística, que conoce con pasión el cine y la historia del cine, que ha visionado y “revisionado” las grandes películas que se han hecho en los últimos cien años, que sigue viendo y buscando las mejores películas que se hacen, hoy en día, en cualquier parte del mundo. Yo me definiría como una cinéfila.

Te hago esta pregunta porque mucha gente se define como aficionada al cine, en el sobreentendido de que son “cinéfilos” (muchos dicen: “Sí, me encanta el cine, veo películas todo el tiempo”). Pienso que un cinéfilo es algo distinto. Uno de los mejores ejemplos que conozco es Guillermo Cabrera Infante, pero Guillermo no sale a menudo a ver estrenos. Tiene una memoria prodigiosamente cinéfila y una curiosidad profunda pero no “renovada” por el cine que se hace ahora.

Dije lo que tenía que decir. Mi definición tiene tres partes, y entiendo por “cinéfilo” esas tres partes. No puedo hacerme responsable por lo que otra gente piensa que es un cinéfilo. Lo que me sorprende de tu comentario es que digas que a todo el mundo le gusta el cine. No lo creo. Me parece que hay menos gente que ama el cine, incluso de un modo superficial, de la que solía haber.

¿Recuerdas la primera película que te hizo tomar conciencia de la forma, comprender el cine como algo diferente al simple disfrute de una historia?

Creo que la primera vez que entendí el cine como arte fue cuando empecé a ver películas europeas. Mi experiencia es la de una niña que creció en un pueblo del sur de Arizona cerca de la frontera con México. Me educaron de manera muy estricta y se me permitía ir al cine los sábados por la tarde; en aquella época aún existía la sesión doble, pues la mayoría de las películas duraban noventa minutos. Todas eran películas de Hollywood. Aquellas películas me parecían mágicas, y vivía de un sábado a otro soñando con ellas. No me gustaban mucho las comedias ni los musicales, pero sí las películas que hacían llorar, las películas románticas, y también las de tema histórico. Pero esto fue en la infancia. Cuando tenía trece años, mi familia se trasladó a Los Ángeles, y allí había un cine pequeño que pasaba películas extranjeras. La primera que vi era de un director francés, Jean Delannoy, y se llamaba La Symphonie Pastorale. Era una adaptación de una novela menor de André Gide, con Michèle Morgan. Y la vi en aquel cine, con trece años —estamos hablando del final de los cuarenta—, y pensé: “Vaya, esto es algo totalmente distinto de las películas con Bette Davis y Joan Crawford y Lauren Bacall. ¡Esto es completamente distinto!” Fue parte de mi descubrimiento de Europa. Así que antes de que el cine se revelara como forma, las películas (las que yo amaba) significaron el descubrimiento de Europa. Aquellas películas eran una alternativa a Hollywood, y desde entonces dejé de apreciar las películas de Hollywood. Tuve que irme a vivir a Francia en los años sesenta para descubrir, a través de directores franceses como Godard y Truffaut, que había algo interesante en Hollywood, porque antes había pasado por una etapa de total repudio del cine norteamericano, a excepción del cine mudo, por supuesto.

Pero la forma se puede descubrir en cualquier película. Hace poco he relatado, en mi ensayo autobiográfico “El novio del cine”, mi descubrimiento de la forma cinemática. Un día, cuando tenía quince años, descubrí que el cine era algo diferente al simple disfrute de la historia, los actores… Fue mientras miraba The World of Suzie Wong, una película menor y bastante convencional de Richard Quine en la que, sin embargo, fui consciente, durante una escena desarrollada entre la puta de Hong Kong, Nancy Kwan, y el arquitecto americano en busca de sí mismo, William Holden, de cómo un movimiento de cámara, una sucesión de encuadres o el encadenado de unos planos cortos, consigue hacer singular lo común, nueva y conmovedora la historia más antigua del mundo.

Debo decir que esta referencia no me dice nada, y de hecho no creo haber descubierto entonces eso que llamas forma en el cine. Ese descubrimiento llegó muy tarde. Si me preguntas cuándo, creo que fue con Godard. De pronto, con Le mépris y A bout de souffle, pensé, “¡Uff!”, y luego toda una serie de reflexiones se fueron encadenando. Debo decir que, como cinéfila, mi vida se podría dividir en un “antes de Godard” y un “después de Godard”. Él encarna realmente una cesura. Antes no había pensado en la forma. Me centraba tan sólo en la riqueza de las historias, la gravedad, la melancolía y la belleza de los actores, y en el retrato de Europa y de la historia europea que descubría en aquellas películas. No pensé en cuestiones formales hasta 1959 o 1960.

Hace algún tiempo, en Madrid, Wim Wenders especulaba con que dentro de veinte años nadie comprenderá una película de Lubitsch por culpa de la sutileza de su lenguaje, un lenguaje que el público mainstream de aquel entonces disfrutaba enormemente. Y hace apenas unas semanas, Víctor Erice, un director que según creo ambos admiramos, lamentaba en una entrevista la “pérdida dramática” por la cual el cine ha dejado de ser un “arte popular”, convirtiéndose en un “ramplón entretenimiento de masas”. ¿Piensas que el lenguaje básico del cine comercial se ha deteriorado hasta el punto de que el sector más vasto del público es incapaz de comprender una película formalmente exigente?

Debo decirte que estoy al cien por cien en contra de este tipo de preguntas. El hecho de especular sobre las reacciones de gente ignorante y filistea me produce un desinterés total. A mí lo que me interesa es hablar de lo que me gusta o me apasiona. Lo más fácil del mundo es decir que el público es estúpido o que está en decadencia. No quiero tomar parte en generalizaciones de este tipo. No respeto particularmente a Wim Wenders como cineasta, y no me parece bien que ande por ahí diciendo que el público se está volviendo estúpido. No entiendo las pruebas que se manejan. Se trata de simple y barata especulación sociológica o periodística. Lo que uno debe seguir haciendo es explicar y defender buenos criterios que nos ayuden a admirar y apreciar lo que es bueno.

¿Encuentras en el cine los mismos estímulos que recibías en los años sesenta? ¿Hay cineastas tan excitantes e innovadores como los de entonces?

Sí, hay películas estupendas hechas por cineastas estupendos… ¿Por qué debería hablar del pasado? No soy una periodista de mi propia experiencia. Es como si me preguntaras si aún hay libros que admiro. ¡Sí! Y sigo encontrando películas admirables, películas que quiero ver una y otra vez.

¿Con el mismo grado de exploración y hallazgo que hallabas en Godard?

¡Pero Godard es Godard! Godard es un artista excepcionalmente innovador y radical que aparece en un momento concreto de la historia de un arte y lo cambia todo. Un Godard no aparece todos los días. Aun así, hay grandes cineastas haciendo grandes películas. ¿Hay tantos como en los sesenta? No, no hay tantos grandes cineastas, eso es sabido. Pero no creo que el objetivo de todo artista esté en ser siempre innovador, siempre radical. No me parece que estas etapas de gran innovación, estos cortes en la historia de una forma, tengan lugar muy a menudo. ¿Qué razón habría para ello? Voy incluso más lejos. No creo que la creación de nuevas formas sea lo que más busco y aprecio en el cine. Algunas de las películas que más me han gustado últimamente nos son innovadoras desde el punto de vista formal. Ese es sólo un criterio. Algunas veces lo que busco, lo que encuentro en una película no es forma, es sabiduría. Por ejemplo, Edward Yang, el director tailandés, tiene una película muy convencional, una saga de tres generaciones de una familia de clase media en Tai-Pei, que es estupenda: hay una gran sabiduría en el tratamiento de los personajes, de sutileza en la narración. La forma, el grado de innovación en el plano formal, no puede ser el único criterio.

Crecí en una cultura cinemática en la que uno descubría a Godard, Miklós Jancsó y Antonioni y, al mismo tiempo, disfrutaba y admiraba enormemente el cine americano de Hollywood, las películas de Hawks, John Ford, Raoul Walsh o Blake Edwards. Hoy en día, asisto con curiosidad, por ejemplo, a proyecciones de cintas de Sokurov, pero en el cine comercial, en el gran cine de Hollywood, apenas percibo la excitación formal que solía. Esto sí me parece un problema. Lo digo porque yo hice una película hace poco y cobré conciencia, desde dentro, del hecho de que incluso en Europa se está volviendo más y más difícil hacer una película de corte comercial con ambiciones artísticas (no estoy hablando de un trabajo vanguardista) que disfrute de una distribución adecuada. En Estados Unidos, según creo, la dificultad es aun mayor. Una buena película como Lulu on the Bridge, que, aparte de tener a Auster como director, contaba con un reparto lleno de estrellas, nunca se estrenó en las grandes pantallas…

Creo que siempre es difícil. Me parece que el problema que estamos tocando es un problema que te concierne en tanto que aficionado al cine y persona activa en el mundo artístico. Cómo puede una persona seria hacer un trabajo serio en un clima cultural donde lo serio es desdeñado, ése es el problema de todo artista, y lo siento, ¡no puedo aceptar tu lamento! Es como la gente que me dice: “Estoy escribiendo un libro de calado pero voy a tener problemas para publicarlo”. Mi respuesta es, no vas a tener problemas para publicarlo, simplemente tendrás que conformarte con una editorial pequeña. Así es la vida. Gus Van Sant acaba de hacer una película titulada Elephant, que está más o menos inspirada en la masacre del instituto de Columbine, una película totalmente innovadora, y acaba de decir en una entrevista que sus dos principales modelos son Sátántangó, de Béla Tarr, y Jeanne Dielman, de Chantal Akerman. Es muy difícil encontrar dos películas formalmente más ambiciosas en los últimos treinta años, y aquí tienes a este director independiente norteamericano que ha conseguido hacer cinco o seis películas, y ahora ha hecho otra, que ha obtenido un premio en Cannes, con Tarr y Akerman como modelos… Todo es posible. No hay que quejarse diciendo “No es popular”, o “La gente no lo va a entender”. Haz tu trabajo de la mejor forma posible, y encontrará su público. Así es como lo veo, ya te dediques al cine, a la literatura o a lo que sea. Este lamento me parece absurdo. Si tu trabajo es bueno, encontrará su lugar.

¿Pero no hay cierta falta de continuidad, un desconocimiento de referencias básicas que hacen más difícil la evaluación crítica? Encuentro ese mismo grado de desconcierto entre los críticos de cine, incluso los que escriben en revistas especializadas que se reclaman de la herencia de Cahiers du Cinéma, Positif o Sight and Sound; a mi juicio, sería impensable que la crítica responsable de hace veinte o treinta años se hubiese tomado en serio, como ha sucedido en España y Francia, a cineastas tan triviales y falsamente innovadores como Jeunet, Baz Luhrmann, Shyamalan, Gaspar Noé o Fesser.

No estoy de acuerdo en que el estado actual del cine sea distinto del de cualquier otro aspecto de la vida moderna. Si le preguntas a alguien en la calle cuándo tuvo lugar la Primera Guerra Mundial, muchos no sabrán responderte, así que no veo el sentido de este continuo lamentarse. En segundo lugar, creo que nunca como hoy ha sido tan fácil familiarizarse con las riquezas de la historia de esta gran forma artística, y todo gracias al DVD. Tengo amistad con la viuda de Fassbinder, Juliane Lorenz, que fue su editora y ahora dirige la Fundación Fassbinder. Ella ha estado trabajando día y noche durante años para convertir toda la filmografía de Fassbinder a DVD. Ahora mismo es posible conseguir en cualquier tienda hasta veinte películas de Fassbinder en DVD. Nunca ha sido tan fácil familiarizarse con el cine.

No hemos mencionado el asunto de la financiación, las cortapisas que plantea la falta de dinero.

Cierto, el cine es un arte difícil, como cualquier otra arte interpretativa —ópera, teatro, danza—, porque, para empezar, hay que reunir mucho dinero antes de que puedas ponerte a trabajar. Pero, de nuevo, ¿de qué tipo de cine estamos hablando? Tengo la sensación de que asumes que la norma es el cine comercial. Eso no es cierto. ¿Qué me dices del video? ¿Por qué no hacer películas en Super-8? Ahora mismo, con las nuevas tecnologías de que disponemos, es muy fácil hacer cine. Pienso en el carácter portátil y el bajo costo de las cámaras de video. Ese planteamiento que consiste en querer hacer películas difíciles y sofisticadas, y luego deprimirse porque no llegan a un público amplio, me parece ingenuo. Pero si quieres llegar a un público serio que pueda apreciar tu arte, hay muchas formas de distribución alternativa. El DVD es sólo una; hay películas que se exhiben en los museos, se están haciendo cosas extraordinarias en video…

Ahora mismo se están estrenando películas increíbles. Un francés, Nicolas Philibert, ha hecho una película muy exitosa llamada Etre et avoir. Es simplemente la vida de un maestro en un pueblo del sur de Francia. Philibert vivió con este maestro durante un año, y rodó una película, ¡y a la gente le encanta! Mira, la excelencia es siempre una excepción, así que no tiene sentido quejarse una y otra vez de que la mayoría de las cosas no son buenas. Eso ocurre siempre. Creo que hay que ver el asunto desde el lado contrario. Hay un público, hay gente capaz que está haciendo trabajo de calidad, y hay nuevas tecnologías, particularmente nuevas formas de reproducción, como el DVD, que permiten conocer bien la historia del cine.

Es gratificante verte tan optimista…

No soy optimista. Soy una observadora fiel y precisa. Y no me gusta hacer las generalizaciones fáciles que se repiten actualmente sobre lo que se está haciendo en todos los campos de la actividad artística. Hablemos de lo que tiene calidad. Quiero fomentar un discurso que sea útil. Señalar que la mayor parte de la gente es ignorante no me parece útil para nadie.

El concepto de utilidad no es lo que me preocupa en este contexto. Hablábamos del grado de deterioro a que ha llegado el lenguaje del cine, y de las diferencias entre el cine comercial de los años cincuenta y sesenta y el de ahora. Mis convicciones al respecto son firmes, y, si me perdonas que lo diga, creo que en este asunto te equivocas.

Tú crees que Quentin Tarantino es peor que…

…Minelli. Desde luego. Minelli es mucho más sofisticado que Tarantino.

Yo prefiero a Minelli porque no me gusta el sadismo, pero no creo que el lenguaje de Minelli sea más sofisticado.

Hablo en términos estéticos. Por ejemplo, no hay un equivalente de Hitchcock en el cine norteamericano…

No veo razón para lamentar que no tengamos un Hitchcock. Tampoco tenemos a un Thomas Mann, no hay un T. S. Eliot. ¿Por qué tendría que haber un Hitchcock?

Me refiero a la complejidad del lenguaje. ¿Así que piensas que hay escritores tan buenos como los que había en el pasado?

Desde luego. Brodsky, por ejemplo, que murió hace poco, me entusiasma igual que Eliot hace años. Pero no hay un solo cineasta de Hollywood, en los últimos diez años, que me haya entusiasmado como me entusiasmaron Hitchcock o Ford, no al menos en los términos en que los grandes directores “clásicos” desarrollaron su trabajo. Lo que quiero decir, en otras palabras, es que hoy veo algunos Passolinis, pero no veo ningún Hitchcock.

La verdad es que no veo la razón para querer otro ejemplo de algo que pertenece al pasado, y no me parece que Brodsky tenga más afinidades con Eliot que los grandes cineastas actuales con Hitchcock o el que sea… Cada periodo histórico produce sus propios artistas. No comparto tu admiración por Hitchcock, pero, en el supuesto de que fuera un gran cineasta, no veo por qué hay que esperar que aparezca algo semejante. Vivimos en un mundo muy diferente, y las obras que nos llegan son también completamente distintas. En mi opinión, algunas son tan importantes o complejas o interesantes al menos como las de Hitchcock. De todos modos, lo esencial es intentar comprender cuáles son los temas y lenguajes interesantes de las películas que admiramos hoy en día. No hemos hablado de ningún cineasta en concreto, ¿verdad?

Bien, sigamos por ahí. ¿Qué películas estás viendo en la actualidad?

Por ejemplo, estoy deseando ver Uzak (Lejano), la nueva película del director turco Nuri Bilge Ceylan. A mi juicio, se están haciendo películas fantásticas fuera del mundo occidental, en Taiwán y Hong Kong, por supuesto, pero también en Irán: uno de los grandes milagros del cine son las películas iraníes que se han hecho en los últimos quince años. Están las extraordinarias películas de Sokurov que nos llegan desde Rusia. Y hay, por primera vez en mucho tiempo, directores franceses haciendo excelentes películas: Leos Carax, Bruno Dumont, Claire Denis.

¿Tienes algún interés por cineastas portugueses como Oliveira o Monteiro? Pensé que incluirías alguna cinta de Oliveira en tu canon.

La verdad es que Oliveira no me gusta demasiado. Como tampoco Monteiro. Sé que en esto estoy en minoría entre la gente seria. Te diré lo que me pasa con Oliveira. No me gusta cómo trabaja con los actores. Claro, Bresson tampoco era un buen director de actores, ¿y a quién le importa? Pero en el caso de Bresson, al menos para mí, eso no es un obstáculo, y en el de Oliveira sí lo es. Cuando veo sus películas, quiero que sean más expresivas. La verdad es que es un asunto muy subjetivo. Creo que tengo una sensibilidad lo bastante amplia como para apreciar muchas cosas diferentes, pero también soy consciente de que mi sensibilidad cubre cierto territorio, y que hay cosas a las que no es capaz de responder. Los musicales, por ejemplo. Lo digo porque los musicales que he llegado a apreciar son totalmente atípicos, como Les parapluies de Cherbourg. Debo de haber visto esta película hasta veinticinco veces, me encanta, pero no se puede decir que sea un musical típico. Es una película muy extraña.

Es tan importante ver una y otra vez las mismas películas… Debo decir que, en general, las películas con las que convivo, las películas que veo una y otra vez, son películas de las que no me canso jamás. Pero a veces ocurre que alguna desciende en tu estima. Por ejemplo, las de Tarkovsky. Acabo de comprar en Londres un DVD con tres películas de Tarkovsky que quería volver a ver: Stalker, The Mirror y Solaris. Me intriga saber cómo reaccionaré después de tantos años. Mi preferida sigue siendo Stalker, creo. Pero volví a ver Andrei Rublev y pensé, no, ya está bien por un tiempo. Las de Sokurov, por ejemplo, las veo una y otra vez…

Algunas de tus elecciones me resultan sorprendentes. Me extraña tu admiración por 2001: Odisea del espacio. Yo prefiero otra película de Kubrick, El resplandor, aunque imagino que no te gusta.

La verdad es que no. La otra película de Kubrick que elegiría es Naranja mecánica… De todos modos, es curioso que no estemos de acuerdo en lo relativo a las películas norteamericanas.

Esto es algo de lo que hemos hablado en el pasado. Debo decir que siempre me ha sorprendido tu falta de interés en los cineastas norteamericanos, que fueron, curiosamente, los modelos de los directores europeos que tanto admiras.

En algunos casos, es así. Pero mira, si fueras a Suecia y le preguntaras a una persona inteligente y culta qué es lo que piensa de Ingmar Bergman, te aseguro que recibirías comentarios hostiles. Cuando me fui a vivir a Suecia, donde hice mi primera película, todo el mundo decía: “Ustedes, los extranjeros, sólo hablan de Ingmar Bergman”. Y yo respondía: “Lo siento. Tenemos razón. Bergman es un gran cineasta”. Es muy difícil evaluar las obras que salen de tu propio país. Hay ciertos ángulos muertos que quizás un extranjero ve mejor. Aunque creo en lo que digo cuando critico el cine norteamericano, es muy posible que no sepa verlo bien, porque hay toda una serie de valores que encarnan en el cine que a ti no te preocupan pero a mí sí, como la vulgaridad norteamericana, el filisteísmo norteamericano, la superficialidad norteamericana. A ti te parece algo encantador, a mí me parece horrible.

Una idea que manejabas en uno de tus artículos, y que siempre me ha intrigado, es la del elemento fascista latente en algunas películas de Busby Berkeley o el Eisenstein de Alexander Nevsky…

Este es un asunto que atañe a la historia del espectáculo, y no simplemente al dominio del cine. Hay que contar también con el espectáculo, la dramatización de los sucesos públicos que empieza con la Revolución Francesa y que fue orquestada por el pintor David, a quien el gobierno encargó crear espectáculos de masas para conmemorar la Revolución Francesa. Es una larga historia. Y el registro que ha hecho el cine de tales espectáculos de masas es sólo una parte de la historia.

Tal vez se trata de una tendencia que ha ido extendiéndose a otros dominios…

Pero no al del cine. Me parece evidente, por ejemplo, en los conciertos de rock. Pero no veo el cine como vehículo de la estética fascista de espectáculos de masas.

Se están haciendo películas tendenciosas en el plano político, sobre todo en Hollywood, películas que inoculan un mensaje concreto de manera subrepticia.

No digo que no haya películas políticas. Digo que el tipo de ideas de espectáculo de masas representadas en Riefenstahl, Eisenstein o las películas propagandísticas de la Revolución Cultural, e incluso ciertos tipos de representación del comportamiento estatal mecanizado tal como aparece en Busby Berkeley, nada de esto es más común ahora que antes. Ese tipo de cine es casi obsoleto.

¿Qué me dices de la conversión de muchas áreas de la realidad en espectáculo? El cine sería también parte de esta operación.

¡Pero si acabo de escribir todo un libro en el que digo que la realidad no es un espectáculo! ¡La realidad no es un espectáculo! Mi libro es un argumento contra esta idea. Pienso que la gente sabe distinguir perfectamente entre realidad y espectáculo. Confundirlos es absurdo… En fin, pensaba que estábamos hablando de cine.

Pues hablemos de tu cine, entonces. ¿Qué es lo que buscabas cuando empezaste a hacer películas?¿Fue algo específicamente ajeno a la novela o el ensayo lo que te llevó a la aventura de hacer una película?

No me muevo por un impulso teórico. Mi razón es que amo el cine, y quiero hacer las cosas que amo. Me encantaría tocar muchas formas artísticas, y las dos más cercanas a mí son el cine y la literatura. Espero volver a hacer películas…

Así que al acercarte al cine no estabas buscando una vía complementaria dentro del proceso que supone contar una historia, crear una ficción.

No me muevo según un impulso teórico. Jamás. Sólo tengo el deseo de hacer las cosas que admiro. Soy una persona muy visual y además sucede que me gusta mucho trabajar con actores. También he hecho teatro y es algo muy placentero. Hice cuatro películas; no creo que sean muy buenas. Tienen aspectos buenos, pero no son muy buenas. Esto en parte se debe a que las hice prácticamente sin dinero. Tenía cincuenta mil dólares o algo así. Nada. Si tuviera un millón de dólares, que sigue sin ser gran cosa, podría hacer una buena película. Hice todas estas películas por menos de cien mil dólares. De todos modos, no sabía lo suficiente, y no me preocupaba buscar una forma alternativa de narración.

No hablaba de teoría como tal. Mi propia experiencia es que un día comencé a desarrollar una idea que no resultaba adecuada para una novela, pero que podía trabajarse mejor en una película. En aquel momento no pensaba dirigirla, eso vino más tarde, pero había algunas ideas sobre el tratamiento del tiempo y el espacio, el récit simultáneo, que pensé que funcionarían mejor en una película. También está el hecho de que con un actor personalizas el phantasma, algo que raras veces puedes hacer en una novela. Encontré muy gratificante el trabajar los personajes con gente real; es la parte del trabajo que más disfruté.

Creo que mi idea a la hora de hacer películas era mucho más primitiva que la tuya. Lo que pensé fue sólo: “Quiero hacer una película”. Entonces alguien me dio la oportunidad, y me dije: “Bien, ¿qué película quiero hacer?” Estaba enamorada del medio y de la actividad. He conocido a muchos directores y actores, y he estado presente en muchos rodajes. He visto el proceso por el cual se hacen películas y lo que pensé fue: quiero hacer esto. De joven me gustaba mucho actuar, pero nunca quise ser actriz porque es demasiado lento. Hay que esperar y esperar, y entonces te toca hacer tu parte. Siempre quise ser directora, no actriz.

De todos modos, no estoy del todo de acuerdo con tus comentarios un tanto desdeñosos sobre tus películas. Aunque no he podido verla de nuevo, tu última película, Unguided Tour, permanece en mi memoria como una obra novedosa por el modo en que mezclaba los planos real y documental, algo que se ha vuelto bastante importante para la novela y el cine.

Yo trabajo siempre llevada de una insatisfacción crónica y violenta. No es una estrategia, es mi temperamento. Nunca me gusta lo que hago, siempre pienso que lo puedo hacer mejor, así que prefiero centrarme en lo nuevo, y no pensar en el pasado. Me alegra si mi trabajo resulta aún válido para otra gente, pero siempre pienso que lo podría hacer mejor.

¿Están tus películas al alcance del público?

Ahora mismo estoy en el proceso de convertirlas al formato de DVD. Y hay copias en el MOMA y en la Biblioteca Pública de Nueva York. También hay un cine en Berlín que está organizando un ciclo con ellas. Me alegra que sigan vivas, y el DVD es fantástico, pero lo que me interesa realmente es el futuro. Quiero volver a hacer películas. Emplea una parte de mi cerebro y mi sensibilidad de la que no hago uso al escribir. Pero, sobre todo, prefiero leer a escribir, prefiero ir al cine a hacer películas.

Recuerdo que Passolini dijo: “Lo leí todo, fui un lector voraz hasta los veinticinco o los treinta años, y luego dejé de leer y ver películas, y me concentré en escribir y hacer películas”. No siempre son esfuerzos compatibles…

Para mí no lo son. Simplemente no me importa ser una persona menos productiva. Esos cineastas que dicen que no van al cine, esos escritores que dicen no leer, yo no soy así. Quiero sentir placer, quiero soñar, ser parte del público, pero eso significa que hago menos trabajo. La verdad es que si escribes un par de libros que van a perdurar en el tiempo, ya es mucho. Prefiero escribir menos libros y que sean mejores, y me gustaría hacer una o dos buenas películas. Me tomo la libertad de asumir que me queda mucho tiempo por delante, lo que tal vez sea absurdo, ya que tengo una edad cronológica bastante avanzada. Pero siento que estoy en la mitad del camino de mi obra, no al final.

En mi caso, la parte esencial de mi amor por el cine consiste en ver una y otra vez las películas importantes. Hay películas que he visto quince, veinte veces, y espero seguir viéndolas el resto de mi vida. El cine, para mí, no está ligado a la nostalgia. Es parte de mi presente. Mañana regreso a Nueva York y ya sé las películas que voy a ver el sábado, el domingo, el lunes, el martes y el miércoles: son películas que cierran una retrospectiva completa de la filmografía de Ozu. Se trata de películas que he visto más de una vez. Y no se trata de un impulso nostálgico, sino de mantener viva la conexión con un siglo entero de cine. ~

Tomado de :  www.letraslibres.com

01
Oct

Entrevista: Bela Tarr

Estimados Cinerastas:

Con motivo de la proyección de la monumental e influyente Satantango, del húngaro Bela Tarr (en la sala “Ventana Indiscreta” de la Universidad de Lima), les ofrecemos una entrevista realizada por el programa “Kuhinja” de Sarajevo, donde el director nos habla acerca de su obra y sus obsesiones.

Disfrútenla:

26
Ago

Entrevista: Ariel Rotter

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Entrevista a Ariel Rotter, realizada el 10 de agosto de 2007 durante el Festival de Lima (11 Encuentro Latinoamericano de Cine):

Paco Pulido Spelucín: Empecemos con el final de la película: ¿Por qué el protagonista, al regresar de su viaje, no se queda con su esposa y sí con su padre? ¿Por qué elige irse con el padre?

Irse con el padre, no significa que no vuelve a su casa, pero creo que la película de algún trata más sobre la paternidad en distintas instancias y de algún modo es un lugar donde se juntan los dos temas de la película, por un lado la paternidad y por otro lado la muerte. Para mí es una película que se trata ante todo del tiempo y del cuerpo y la pregunta es bien pertinente porque en algún momento, también me planteé si el final debía ser uno u otro. De algún modo entendí también que el padre e quien necesita de algún modo indispensablemente de él (del protagonista).

En lo que es la motivación mía a la hora de hacer la película, había como una línea muy intensa que tenía que ver con este hecho de la percepción sobre la decadencia del padre, que sentía que era un punto, un elemento muy central de la película y por lo tanto entendía que era el lugar en donde tenía que terminar. Pero es una pregunta como ha lugar, porque me la han planteado también y la he analizado en el momento de terminar como la versión final del libro (guión). He probado leer el libro con las escenas en distinto orden, a ver qué me pasaba y bueno sentí que era más central al eje de la película, terminar con el padre.

César Guerra Linares: Brevemente podrías hablar sobre la génesis de la película. Cuánto te demoró madurar el tema, la historia, la escritura del guión.

Desde que empecé, vamos a decir, a tomar notas sobre la película hasta que la película se terminó, pasaron cinco años. En principio esta película se iba a llamar El tiempo de Juan y estaba compuesto de tres personajes que eran el padre, el hombre y su hijo. Los tres se llamaban Juan. Uno era Juan Carlos, otro era Juan Francisco y el otro era Juan…

Continúa leyendo la entrevista a Ariel Rotter aquí.  

20
Ago

Entrevista: Martín Rejtman

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Martín Rejtman*

Entrevista realizada en el marco del Festival de Lima (11 Encuentro Latinoamericano de Cine) el Día 9 de Agosto del presente año.

César Guerra Linares: Ya que no he podido ver Copacabana, recién lo haré mañana; igual te quería preguntar cómo te decidiste a probar por el documental, después de haber hecho tres largometrajes de ficción y a parte un cortometraje previo de ficción también.

Martín Rejtman: En realidad, fue por un ofrecimiento de un canal de televisión, me ofrecieron hacer este documental y me interesó probar algo diferente, digamos que las condiciones eran buenas, o sea económicamente era un proyecto muy chico, había muy poca plata pero tenía absoluta libertad para hacer lo que quisiera. Entonces, inmediatamente dije que sí. Por lo general nunca me ofrecen hacer cosas, y en este caso me parecía que era un desafío interesante hacer un trabajo por encargo algo que no surgiera únicamente de mi propia iniciativa, y sobre todo que fuera un género diferente ¿no? Digamos, que no tuviera que escribir un guión para poder filmar sino que el trabajo fuera fruto de una investigación.

C.G.L.: Me decías que era distinto el tema de investigar

M.R.: Sí, sobre todo un proyecto que no surgiera de mi propia iniciativa, eso es lo que me interesó más, porque por lo general todo lo que hago surge de mi propia iniciativa, escribo mis guiones, tengo que llevar adelante los proyectos, y siempre es como un proceso…es un proceso difícil ¿no? No tanto, no tanto concretarlo, o sea, aunque siempre es complicado conseguir la financiación y después armar la producción en todo sentido: artístico y financiero; siempre todo eso es muy complicado. Pero más complicado todavía es generar los proyectos ¿no? Generar siempre, tener que generar siempre un proyecto, siempre tener que tener alguna idea para escribir un guión y a partir de ahí que surja todo lo demás. Entonces, para mí fue como un poco de aire fresco hacer algo así…

Continúa leyendo la entrevista a Martin Reijtman aquí…

*Fotografía: Rolando Jurado (Cinencuentro) 

20
Ago

Entrevista: Carlos Reygadas

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Carlos Reygadas 

Entrevista en el marco del Festival de Lima (11 Encuentro Latinoamericano de Cine), el día viernes 10 de agosto.

Paco Pulido Spelucín: ¿Por qué Luz Silenciosa?

Yo lo intuyo nada más. Pero me imagino porque hay mucha luz. Es una película que no tiene efectos de luz. No se usa la luz como un elemento narrativo sino que la luz realmente es esencial, está en todas partes, desbordando, es pura. No hay claroscuros, ni luces indirectas. Y como que siento que a través de la luz pasa mucha fuerza, mucha energía, pero siempre en silencio, es una energía que no arranca cosas, que no avasalla, que entra en silencio.

El título se lo puse desde que empecé a escribir la película, antes de empezar a escribir el guión, no sabía ni siquiera exactamente a dónde me iba a llevar, pero fue rector para mí.

César Guerra Linares: Quiero que hables brevemente sobre tu relación con esta comunidad que es menonita, cómo fue tu relación con ellos para concertar el tema de las filmaciones.

Pues como religión, llevan 400 años de ser muy cerrados. Viven aislados, en el campo, por lo tanto son ariscos. No tienen mucho contacto con el exterior, entonces fue difícil. Al principio, había quienes me veían llegar y pensaban que era un asaltante o que iba para venderles algo. Después les dije que quería filmar una película. Ellos tienen mucha aprensión contra la televisión y el cine. Ellos tienen prohibida la televisión, pero lo que llegan a ver, cuando hay alguna televisión por ahí, pues son películas de balazos o telenovelas y es bastante obvio que detesten todo eso. Para ellos el cine es sinónimo de eso y nada más, porque ellos no han visto otra cosa. Entonces tuve que explicarles lo que yo quería hacer, porque pues fundamentalmente la película iba a documentar, su cultura de alguna forma, por lo menos su forma de hablar en este tiempo, su vestimenta, sus casas. Cosas que desaparecerán además. Costumbres y cultura propiamente dichas. En Canadá por ejemplo, las nuevas generaciones hablan menos su dialecto, se quedan con el inglés, van mimetizando la cultura canadiense. En México, por el tema racial, finalmente perduran más. Pero también hay matrimonios mixtos y de pronto todo eso puede desaparecer, entonces mucha gente me rechazó, pero algunos fueron quedándose y son los que están.

C.G.L: Hablando sobre la luz y en referencia a Ordet, la luz del norte, la luz nórdica, ¿tuvo que ver?

En realidad como ellos son grupos germánicos, viven en campos y lugares muy abiertos y en el norte de México, pues es una latitud bastante norte y eso me hizo sentir ese ambiente nórdico, como el cine escandinavo. No quise hacer una película en clave escandinava, sino que para mí era natural hacerlo de esa forma. Los elementos externos, hacen que al final se perciba como si tuviera un estilo escandinavo, en realidad no creo que haya tal cosa en la película, simplemente hablan esa lengua, tienen esa raza y la película habla de amor y campesinos que hablan poco y naturalmente la película tiende y parecer tener la luz dentro de él.

P.P.S: Entonces, como decías, a ellos les prohíben la televisión y por eso es que se meten a la camioneta y observan la televisión dentro de ella y ven a Brel? Qué sentido tiene Brel en la película?

Lo de la televisión dentro de una camioneta, es porque a pesar que se prohíbe hay muchos de ellos que usan coches y todo y rompen las reglas o no las aceptan. Pero sí lo hacen muy a escondidas, entonces es clásico que tengan una televisión en un coche o en una salita en su casa que no es la sala de invitados sino un cuartito escondido.
Al margen de eso, van a ir a ver a Brel, porque hay un tipo que los lleva ver a Brel, porque seguramente le gusta Brel, no tiene ningún sentido. Es como en la vida real, si ahora bajas (sales) y ves afuera un tipo viendo a Brel. Dirás, que cosa más extraña y tu puedes preguntarle por qué le gusta Brel, pero de repente el coche arranca y se va y no le pudiste preguntar y ya está. O sea, yo podría decir más. A mí me gusta mucho Brel. Puedo decir además que se parece mucho en su energía a Johan. Aunque vienen de culturas absolutamente diferentes, pero son dos personas pasionales. Brel pudo explotar y Johan vive en un sitio que le ha permitido mucho menos. Probablemente si hubieran invertido los lugares de su nacimiento, hubieran sido al revés, por decirlo. Esa es la respuesta, digamos, para explicarlo pero la realidad es que las cosas en la vida pasan porque pasan y tu ya puedes analizarlas o no, pero están pasando de todas formas.

C.G.L: La gente de la comunidad ya vio la película, ha tenido interés en ver la película?

La han visto los tres actores principales solamente. Les ha gustado mucho. Además, cada quién según su nivel, puede ser un nivel de sofisticación, o valores personales o incluso gusto. Hacen la lectura de la película, según sus propios valores. Entonces ellos pueden hacer una lectura moralista. Yo no creo en el relativismo, como que cada quién puede ver lo que sea, si alguien dice que eso (la película) significa una tontería, pues no necesariamente. Pero sí entiendo que la película es objetiva y que ocurren una serie de cosas objetivas y las lecturas de todo lo que ocurre en la vida son personales. Ocurre en la vida ordinaria, ocurre lo mismo y tenemos opiniones diferentes. No solo de político, la gente de izquierda y derecha y el mundo es el mismo. Dentro de la objetividad hay una visión personal y yo creo en eso. Y entonces, ellos tienen una lectura moralista que dentro de su punto de vista es correcta, es decir, es aceptable, pero no es la mía. Y entiendo que desde su susceptibilidad y percepción del mundo hagan esa lectura.

P.P.S: ¿Eres una persona religiosa?, porque he sentido que hay un profundo respeto por la naturaleza y de reflejarla tal y como es.

No soy religioso en el sentido de seguir dogmáticamente alguna religión, pero sí percibo una fuerza o una lógica superior omnipresente, la cual no sé ni cómo se relaciona con la muerte o nada, acepto la descomposición eterna pues es lo que procede. Pero estoy convencido de que hay una lógica o un principio rector absoluto y creo que ahí hay un sentido de trascendencia. Y que hay tanta belleza y presencia en el mundo que nos rodea que no es que haya un creador, pero sí es probable que haya algo mucho más allá de nuestra comprensión. Me conformo con saber que hay algo más allá de la comprensión

y de aceptar que la naturaleza es una manifestación de esa belleza suprema. La naturaleza es algo que merece muchísimo respeto. Creo que de todas las corrientes o formas de militancias que hay en el mundo a mi me han parecido rechazables pero el ecologismo es la única que tiene algo de sensato hoy en día.

C.G.L: En las tres películas, la muerte está presente, sobre todo en Japón y en esta última son más sentidas, en Batalla en el cielo solamente fue el asesinato, pero no una muerte de ciclo vital. Para ti el tema de la muerte, lo tanático es importante, ¿como una especie de resorte?

No necesariamente como un resorte y ni siquiera como un vehículo. Creo que simplemente es parte de la reflexión esencial. Yo nunca pienso que hay que hacer una película sobre la muerte. Pero quiero contar una historia, que es el dilema de este hombre, de un amor dividido que puede ser algo muy doloroso y que en un momento dado, el sufrimiento y el dolor te acercan a la muerte. Aquí llega al grado tal que produce una muerte física, pero sí siento que encualquier reflexión sobre la vida, está presente la muerte.

C.G.L.: Claro es algo dual.

Y ni siquiera que sea dual, es algo como el sonido. El sonido solo existe porque hay silencio, digamos teóricamente. Entonces no puedes pensar en nada sin pensar en la muerte, en nada (hablando sobre) la cuestión esencial (vida).

P.P.S: ¿Qué piensas sobre la sexualidad? Siempre está presente en tus películas. Unas más explícitas que en otras. En Luz Silenciosa, se ve más reservado, quizás por lo mismo que ellos son reservados y por eso no has podido ser más explícito.

No, fíjate que en ésta, desde que planteé el tema sexual, lo sentí que debía ser así. Que no había ninguna razón por la cual tendría que enseñar algo más que eso. Aquí sí se trata de tener una relación sexual, de amor, y eso es lo que importa y por lo tanto es lo único que enseño. En las otras dos películas que hice, era muy importante enseñar cómo hacen el amor, porque había cosas que ocurrían al interior del sexo y entonces había que verlo. Por eso no me lo planteo en plan tabú como dicen algunos.Para mí, si hay necesidad lo enseño y si no, no. Yo nunca voy a enseñar a un tipo cómo mata a otro, por ejemplo si lo tortura. Para qué vas a enseñar eso si no vas a enseñar algo realmente profundo de los personajes.

Por ejemplo en Japón, cuando el hombre es vencido por la situación, empieza a llorar a la mitad del sexo, pues es a la mitad del sexo, lleva varios minutos en un sentimiento amoroso profundo y eso le está despertando y eso le está haciendo todo un eco al resto de la película y ahí cae, se derrumba y llora, pues es necesario enseñarlo. También enseñarlo en su desnudez, en la fragilidad de ese momento. En Batalla en el Cielo, se está hablando mucho de la presencia física de lo carnal, de cómo hacemos cosas por el solo hecho de ser materia animada, entonces esa materia animada hay que verla,

entonces esta película no se trata de materia animada como Batalla en el Cielo, como en muchos sentidos se trataba. Acá se trata de que están teniendo un conflicto ético– racional, presente y espiritual, entonces cada película requiere lo que requiere.

C.G.L.: Y hablando del tema de Ordet. Se te ocurrió esta referencia al visitar la comunidad o pensabas filmar algo relacionado con Ordet.

No sé exactamente, porque Ordet es una película que me ha fascinado desde que la vi por primera vez, es una película de las más bellas para mí en la historia del cine. Pero yo no pensé en Ordet al principio, pero cuando escribí la historia y llegué a este punto en que la mujer muere de dolor, que para mí era la parte central. Luego en la forma de resolver, quería resolver ese caos y para mi fue a través de que ella despertara, ahí lo sentía, y se puede decir que estaba más conectada con la cenicienta.

C.G.L.: Con la Bella durmiente.

Sí, con la Bella durmiente, es la bella durmiente (risas). Entonces, ahí en ese momento, creo que de una forma casi subconsciente, como visitaba mucho estas comunidades, y siempre me hacían pensar en escandinavia, empecé a sentir la presencia de Ordet. Entonces, directamente me acerqué sin ningún miedo a hacer unos encuadres tales como los de Ordet. Que al mismo tiempo es como un retrato de toda la película. Siempre con frontalidad, o lateralidad, sin movimientos y sin contemplaciones. Después había que hacer un acercamiento directo y no tuve ningún miedo de abordarlo, sabiendo que era una referencia, un homenaje. Pensé que más personas iban a decir que era un plagio, porque hay poca capacidad de análisis. La verdad es que sorprendentemente casi nadie ha dicho que es plagio. Ha habido dos o tres, porque obviamente la filosofía es absolutamente diferente. Esta película no trata de una mujer que despierta, sino de un hombre que tiene un conflicto amoroso y le están pasando muchas cosas. En cambio Ordet está basada en la fe y en la idea de que si va a despertar o no.

C.G.L: Incluso el mismo plano de Ordet que enfoca el rostro a la mujer muerta está también en tu película.

Pero está como un poco más de lado.

C.G.L: También está el nombre del personaje Johan, y en Ordet se llama Johannes que es el hermano que cree que es un reencarnado.

Acá el milagro ocurre de forma natural y nadie está pretendiendo hacerlo y allá sí.

P.P.S: Uno se percata en Ordet, yo como crítico he leído cosas sobre Ordet y se puede interpretar la película y tienen razón.

Finalmente Ordet es una película cristiana o de fe religiosa y esta es una película mucho más orgánica. Todo en esta película tiene fe y valor divino, como tú me decías la naturaleza, la luz, la gente, las acciones y también todo está contaminado. En cambio

Ordet habla de un mundo de un hombre que tiene fe, otro que no tiene, que está en otra religión y de pronto la fe mueve montañas y ocurren milagros. Acá no, acá cuando ella despierta es como cuando amanece cada mañana.

C.G.L: Más místico también

Sí también, si por lo místico se entiende que todo puede elevarse, incluida una piedra, entonces sí.

P.P.S.: El comienzo y el final es bellísimo y es como si fuera un cuento. Y de pronto se hizo la luz, y el final, regresa a la noche. Cómo fue la grabación, fue fácil lo técnico.

Bueno, para empezar estoy de acuerdo como tú dices. Puede ser un cuento chiquitito de unas páginas o puede ser el cuento total de la vida. Hay un mundo en donde la gente sufre, donde la gente trata de encontrar salidas y donde al final hay algo inexplicable que luego vuelves a entender. Es la esencia de la historia. Pero la forma de filmar, nunca se ha hecho en la historia del cine. Desde que empieza la aurora hasta que sale el sol. El movimiento físico son 30 metros. Hay una mezcla de condensación de la luz pero no del movimiento. No es como un timelap que se ven las nubes a toda velocidad. Es una cosa técnica que todavía no voy a revelar. Además, acá es una cosa sensorial, sientes que lo estás viendo.

C.G.L: En tu película el sonido es muy importante. En Luz Silenciosa se sienten el canto de los grillos, los animales y de pronto irrumpe el sonido de las máquinas. Te gustan esos contrapuntos sonoros o alternados pero siempre presentes.

Supongo que sí porque de alguna forma percibo el sonido como el elemento que está conectado con la consciencia o la ausencia de consciencia. Esto se manifiesta en los rezos o en la meditación. Es raro que cuando haya mucho sonido alguien esté en una situación introspectiva profunda, puede ocurrir claro, pero creo que sí la vida se representa por el sonido. Construir, desplazarse, comunicarse requiere eso. Entonces siempre hay esos choques, pero de forma natural. Y si lo siguiente es pasar a otra actividad entonces hay ruido.

C.G.L: Es como la vida digamos, no?

Claro, es como la vida, y también eso ritma la vida, pero siempre tiene que haber una cadencia interna, el sonido es importante para dar el ritmo de la edición. Pero el sonido te dice mucho al momento de cortar. Si montaras la película muda, si luego pones el sonido, muchas cosas cambiarías.

P.P.S: Johan es una persona con un temperamento fuerte, pero en las primeras escenas pareciera que se está quebrando, arrepintiendo de lo que hizo.

No llora porque sea débil o porque no tenga una personalidad fuerte. Aunque más que fuerte, es una persona viva, que se atreve a vivir la vida. Bueno, también fuerte porque estos hombres aprenden a vivir su debilidad y por eso pueden llorar más que nadie. Se atreve a vivir sus sentimientos pero por otra parte eso lo avasalla. Ser valiente de verdad es asumir absolutamente momentos duros también. Él quizás no lo entiende, pero el dolor es enorme. Es una buena persona, y le hace mucho daño saber que hace daño a una persona que ama.

C.G.L: Hay una escena clave en la que Esther y Johan lloran en la lluvia

Fue difícil y pude hacer solo una toma con cada uno porque Cornelio, Johan, tenía muchos problemas para llorar, además está cayendo el sol en las ventanas y teníamos que esperar el momento preciso y lo logró. Ella igual, era lluvia real. Claro, los dos se dejaron sentir muchísimo con situaciones personales de dolor y lo lograron.

P.P.L: ¿Por qué no hay música (incidental, porque sí hay diegética) en Luz Silenciosa?

Todo lo que sonaba, suena tan bien y tan hermoso que para qué lo iba a sacrificar poniéndole música por encima. Ni siquiera es que me haya planteado que no hay que poner música por un asunto teórico.

C.G.L: Hablando el tema de dirección de actores. ¿Has tenido un trabajo al estilo de Bresson, te ayudó en algo?

La teorización de Bresson y la técnica siempre me han servido y las he aplicado en una medida importante. Con una diferencia también y es que Bresson no le permitía a sus personajes sentir. Solo modelar y el cine construía lo demás. Y yo no les dejo actuar, pienso que es un estorbo para acceder a la humanidad, yo sí les dejo sentir. No un personaje sino una sensación y eso los hace no ser modelos, pero sí personas. Hay cine de personajes, el cine de Bresson, de película, donde los sujetos son modelos en función de algo superior y lo que yo hago es de personas. Lo que me interesa es atrapar la energía de los individuos delante de la cámara. A mí no me interesa la actuación, a mí me interesa la energía individual que para mí es superior.

P.P.S: En tus siguientes películas entonces siempre vas a trabajar con actores no profesionales?

No sé porque realmente uno también puede cambiar de opinión. Nosotros somos seres vivos Y cambiamos pero en principio no me gusta. Ahora vemos a Benicio del Toro disfrazado del Che Guevara y en otro de paracaidista. No entiendo por qué a la gente le gusta tanto eso, entiendo que es un tipo de diversión bastante simple y tonto, entiendo esa parte del ser humano que le gusta la distracción.

C.G.L: Como Alejandro Fernandez de Zapata creo.

Eso es peor, porque está mal hecho el disfraz (risas). Pero la verdad que las películas de disfraces no le veo la gracia.

P.P.S: Qué directores contemporáneos te interesan ver, que ves con empatía.

Me gusta Pedro Costa, Bruno Dumont, Lisandro Alonso, Sokurov.

C.G.L: Y del cine oriental?

Hou Hsiao-Hsien me parece muy meloso. Tsai ming-Liang está bien, ha hecho buenas películas como El Hoyo, además siempre lo mismo. Luego Jia Zhang-Ke me parece demasiado oriental, en el sentido de que solo da testimonio de algo, pero necesito más de él. El que sí me gusta mucho es a Apitchapong (Weerasethakul), he visto todas sus películas.

P.P.S: ¿Lo conoces?

Sí lo conozco, es muy sencillo.

C.G.L: ¿En México cuándo estrenan la película?

El 12 de octubre, para celebrar a Colón (risas)

22
Jul

Entrevista Michael Haneke

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Entrevista realizada por Louis Guichard y Frédéric Strauss para TÉLÉRAMA, donde Michael Haneke habla sobre su última película “Caché” - 2005

EL TEMA CENTRAL DE CACHÉ (ESCONDIDO) ES LA MALA CONCIENCIA. ¿POR QUÉ ES TAN EMBLEMÁTICO ESTE TEMA EN LA ÉPOCA ACTUAL?

Por la omnipresencia del dolor mundial en los medios de comunicación. Antes de la era audiovisual, el mundo no estaba mejor que ahora, pero se sabía menos. Hoy en día, lo vemos permanentemente. Los países ricos que disfrutan de paz sólo tienen en sus pantallas imágenes terribles, violentas, desesperadas, y eso hace aumentar nuestro sentimiento de culpa. Pero es una cuestión compleja porque los medios de comunicación falsean a menudo la realidad. Escogen a propósito las imágenes más espectaculares, las más impactantes. Cuando se trata de imágenes rodadas en ambientes que nos son familiares, no tienen nada que ver con la realidad que conocemos. Es una realidad manipulada. Pocas veces he sido testigo de actos violentos en mi vida. Sin embargo, cuando miro la tele, puedo pensar que la violencia está por todas partes.

¿DE VERDAD CREE, COMO SUGIERE CACHÉ (ESCONDIDO), QUE TODOS LOS QUE VIVIMOS EN ESTE LADO DEL MUNDO SOMOS CULPABLES?

La culpabilidad es un invento judeocristiano y estamos sumergidos en esta cultura. No puedo ver el mundo bajo otro prisma. Pero la culpabilidad también es un problema filosófico, y no pretendo resolverlo, sólo hablo de ese problema. Al hacer la pregunta: ¿Cómo vivimos sabiendo que a lo lejos, y no tan lejos, nos rodea la pobreza? Sabemos que pertenecemos a la parte del mundo que se asienta en los hombros del otro y lo explota. Ante eso, se puede reaccionar de diversas maneras. El comportamiento del personaje interpretado por Daniel Auteuil, cuando se toma dos pastillas para dormir, es más o menos el de la mayoría de nosotros frente a la mala conciencia que sentimos por el resto del mundo. Cada uno escoge qué pastilla tomar. Algunos dan dinero a organizaciones caritativas. Pero en cuanto se habla de algo concreto, el número de personas se reduce radicalmente.

UNE LA MALA CONCIENCIA DE SU PERSONAJE A LAS SECUELAS DE LA GUERRA DE ARGELIA.

Mientras preparaba la película, vi un documental sobre la guerra de Argelia. Me sorprendió mucho que ese tema llevase cuarenta años enterrado. Está claro que cada país tiene manchas oscuras, periodos de la historia en los que la culpabilidad individual entra en consonancia con la culpabilidad colectiva. En Austria también intentaba hablar de cosas que habían ocultado debajo de la alfombra. Habría podido rodar «Caché (Escondido)» en Viena, bastaba con cambiar los años sesenta por los cuarenta.

¿NO LE PARECE QUE MEZCLAR EL DIFUSO SENTIMIENTO DE CULPA DE LOS ACOMODADOS CON EL RECUERDO DE UNA FALTA COMETIDA POR UN NIÑO ES UNA AMALGAMA EXAGERADA?

No se trata de la culpabilidad de un niño que se portó mal cuando tenía 6 años. Se trata más bien de la culpabilidad del hombre en el que se ha convertido cuando vuelve a encontrar al que ofendió entonces. De hecho, se comporta otra vez como un cabrón a pesar de tener una elección moral. Podría decirle: “Lo que hice entonces fue horrible, pero no lo sabía. ¿Qué puedo hacer por ti ahora?” Pero prefiere huir.

NO PROPONE NINGUNA PISTA PARA DISIPAR EL MALESTAR. ¿QUÉ PIENSA DE LOS CINEASTAS QUE SE COMPROMETEN EXPLÍCITAMENTE?

A veces me gusta el cine de Ken Loach, aunque el interés que despiertan sus películas depende del tema escogido y de que se sabe de antemano el mensaje humanista que presentará. Como decía Jean-Luc Godard, que ha formulado tantas frases inteligentes: “No se deben hacer películas políticas, sino hacer películas políticamente”. Rehúso hacer un discurso, plantear soluciones; sólo intento sugerir tomas de conciencia, interrogantes.

¿QUÉ PUEDE HACER EL CINE?

El cine es el arte de la manipulación; no hay que olvidarlo nunca cuando se hace cine ni cuando se ven películas. No me refiero sólo a las películas de propaganda del III Reich ni a las películas hollywoodienses actuales. Siempre he querido que las mías sugieran una duda en cuanto a la realidad que muestran en la pantalla. Es para alertar el espectador, para despertar su vigilancia. También es posible, gracias al poder del cine, luchar contra las imágenes que, hoy en día, quieren hacer de la brutalidad un producto consumible. Para mí, «Saló o los 120 días de Sodoma», de Pasolini, tuvo ese papel. Me chocó tanto que me sentí mal durante mucho tiempo. Es una de las pocas películas de la historia del cine que hace entender lo que significa la violencia. Habría que volver a hacer un Saló de vez en cuando.

MICHEL HOUELLEBECQ HABLA BIEN DE USTED EN SU ÚLTIMA NOVELA.

La he leído, me siento muy halagado. Es un escritor muy importante para mí y con el que comparto muchas cosas. Quizá sea el único novelista capaz de describir el mundo tal como es hoy. Se le acusa de complacencia, pero es lo que suele reprocharse a las personas que tocan temas cruciales, molestos.

SUS PELÍCULAS NO TRATAN BIEN A LA FAMILIA, ¿QUÉ REPRESENTA PARA USTED?

No intento destruir la familia. Tengo cuatro hijos, y mi casa es el único lugar que considero como “mío”. Pero quiero demostrar que cuando una familia se siente amenazada, también es capaz de agredir. La familia no representa sólo la estabilidad, la voluntad y la satisfacción de construir, sino el miedo a perderlo todo. Y este miedo tiene un papel muy importante en la sociedad actual. “Haríamos cualquier cosa por no perder nada” es la frase clave de «Caché (Escondido)».

HAY UN ÁNGULO MUERTO EN SU CINE, EL DEL PLACER. ¿QUIÉN DISFRUTA? DESDE LUEGO, NO SUS PERSONAJES. ¿USTED? ¿LE PRODUCE PLACER VERLOS LUCHAR DE ESTA FORMA?

Para nada. Me parece que la persecución anónima que sufre el personaje de Daniel Auteuil en «Caché (Escondido)» es terriblemente cruel. Hay que estar loco para perseguir a alguien de esta forma. Pero es la rabia que sale del mundo actual. Es el resultado del mal que hacen unos, conscientemente o no, a los demás a todos los niveles, a cualquier escala. Además, los medios para hacer daño son cada vez más eficaces… No es la primera vez que me tachan de sádico, pero es un reproche sin fundamentos. El papel del cineasta es rascar donde duele, desvelar lo que no se quiere saber ni ver. Pero de ahí a que sea placentero, no, sería perverso.