Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Cinema Dossier

Poesía y cine: un ensayo sobre la palabra y la imagen

«Todo se me confunde cuando creo que
recuerdo, es otra cosa la que pienso;
si veo, ignoro, y cuando me
distraigo, claramente veo.»

(Fernando Pessoa).

«Puesto que estos misterios
me sobrepasan,
fingimos ser sus organizadores.»

(Jean Cocteau).


I. A modo de justificación. Para introducir el ensayo

Sin ánimo de llegar a convertir el presente escrito «Poesía y Cine: Un ensayo sobre la palabra y la imagen» en un texto en el cual se analice concienzudamente los aspectos que poseen en común y, posiblemente, de simbiosis, de influencia… ambas disciplinas artísticas, por ello, hemos optado por reflexionar libremente en torno a éstas, con el propósito de establecer/recuperar la relación mágica existente entre la poesía y el cine. Es decir, la interdisciplinariedad de las artes sea con la poética y la cinematúrgica, así como las competencias comunicativas de ambas.

En este sentido, la manera que hemos optado por compartir nuestras inquietudes sobre estas «sensibilidades» es el ensayo (Skirius, 1981: 9). Sabedores de la imposibilidad de desarrollar un asunto en la totalidad de sus enfoques y tratamientos, hemos centrando nuestra prioridad sobre aquellos aspectos que nos interesan, de forma esencial, y permitiéndonos alguna que otra digresión tangencial; pero siempre con el denominador común de mantener una actitud dialogante, con la clara intencionalidad de no cansar al lector/espectador… El objetivo de la lectura del presente texto es que sea un modo de disfrute, sin soslayar que este tema, ya ha sido tratado por especialistas en ambos procedimientos artísticos por transmitir «emociones» y lo nuestro es, simplemente, una visión particular: un punto de vista más. En cierto modo, un intento por aportar una página más al proceso mágico que funde la poesía con el cine, o viceversa.

«Todo arte y toda poesía tienden esencialmente a suscitar, en el estado de vigilia, un sueño más o menos organizado, una ensoñación en cuya trama se mezclan en variada proporción las dos actividades del espíritu: una de lógica razonadara, otra de encadenamiento sentimental» (Epstain, 1957: 88).

Posiblemente, esta sea la forma que mejor hemos encontrado para invitarles al siempre nutriente ejercicio del debate, a la participación de valores y opiniones que no pretenden ser demostradas, sino simplemente presentadas.

Un modo de cuestionarse un tema delicado, de manera común y cotidiana. Con la clara intención de invitar al lector/espectador al diálogo, recordando al latino Cicerón, en un intento denodado por ganar la benevolencia del auditorio y procurar mantener despierta su atención, su interés.

II. De la Poesía y el Cine: Parte I.

Para comenzar a introducirnos el tema y que lo expresado en el ítem anterior es presumiblemente alcanzable, nos valemos como fuente del enunciado a los tópicos relativos al êthos del orador en cuanto a su ética, al pathós con la clara intención de despertar la atención o empatía del lector/espectador. Y, por último, al logos, o bien la organización discursiva de la palabra (Comparato, 1992: 18).

Una vez establecidos estos tres aspectos esenciales, manifestar que tanto el poeta como el cinematurgo responden a las consignas de tramar, narrar y describir emociones y pasiones en el lector o en el espectador: la red de receptores. Los receptores de poesía o cine, en nuestra opinión, suelen mantener una actitud de las menos pasivas ante el ejercicio creativo (antes, durante y después de deleite). Para ellos no es un mero entretenimiento, existen unos planteamientos de disfrute, de análisis, etc., que vienen dados por la capacidad reflexiva, de examen o bien de selección y evocación que posean los potenciales destinatarios de un

poema o un film. Inclusive, sería más correcto dirigirse a éstos abarcándoles en un amplio concepto que los estudiosos en la materia han determinado en llamar «narratarios» (Carrière, 1991: 115-125). En este sentido, escribir una poesía como un guión para cine, es más que escribir. Tal vez, sea escribir con silencios y miradas, con movimientos y pausas que ponen en acción un complejo universo de imágenes y sonidos, que podrían tener un sinnúmero de relaciones entre sí, jugando con las impresiones o el inconsciente, produciendo ambigüedades o concreciones reales, provocando for-mas invisibles en nuestra imaginación o en nuestras retinas, que rechazamos o abrazamos en plena sintonía. Y ambas maneras de concebir la realidad, o simple-mente reinterpretarla, no son el final de un procedimiento literario o cinematográfico, sino más bien el principio de un proceso mágico creativo.

Presentar la belleza por medio de la palabra es un arte antiquísimo y vinculado (hasta la modernidad) con lo sacro-mágico de la cotidianeidad. No obstante, valerse del litterae – imago para manifestar sentimientos y planteamientos estéticos es relativamente reciente, aunque los precedentes cabrían encontrarlos en las culturas antiguas y, sobre todo, en el precine decimonónico. El peso de la palabra impresa coexiste con la palabra transmitida en el medio filmográfico desde, prácticamente, los orígenes del cinematógrafo (a finales del siglo XIX con la particularidad de que, en aquel entonces, más que mudo fue silente). Es decir, en una cinta se incluían desde intertítulos (información de la trama y de los diálogos), hasta componerse e interpretarse una pieza musical en exclusiva para ella, actores y actrices que doblaban a sus referentes en la pantalla, o bien personas entre el público que leían en voz alta los diálogos subtitulados, ante la presencia –en aquel entonces- de espectadores y espectadores que no sabían leer y, con ello, se le facilitaban la comprensión de los diálogos pronunciados en otra lengua.

Lo que en la poesía invita a la imaginación; en el medio audiovisual (cine), ésta no se delimita, sólo y exclusivamente, al marco de la pantalla. Ya que el insinuante fuera de campo también interactúa de manera narrativa, dramática y expresiva, gracias a la capacidad que posee el plano de combinar fuerzas centrífugas y centrípetas, tan sólo con la mirada (Amar, 2000: 145). Así como deberíamos tener presente los recursos concernientes al «audio» como pueden ser la voz en off, screen over, etc., además de su forma de impactar al oído, pues escuchamos los sonidos, silencios, ruidos y palabras (diálogos) que se producen en los 360 grados que conforman nuestro entorno, mientras vemos en un campo visual muy pequeño y en una sola dirección.

En ambas facetas del arte: la poesía y el cine, la palabra y la imagen, o la combinación de ambas (audiovisual), son los útiles con que se cuentan, sin soslayar los resultados afines o disímiles que pueden producir en los receptores.

Sin embargo, el poeta piensa y transmite los sentimientos a través de las palabras. No obstante, la sensibilidad, observación e imaginación del cineasta se completa con la agudeza visual regida por el espectador. De la inexplicable inspiración del poeta, a aquello que Gustavo Adolfo Bécquer se refirió como: «(…) deformes siluetas / de seres imposibles… Memorias y deseos / de cosas que no existen (…)»; el cinematurgo las metaboliza y las hace proyectar en una sala a oscuras sobre una pantalla blanca y armónica… para que los iconos, por arte de magia, adquieren movimientos, inclusive vida, porque existen, además de hablar porque piensan y actuar porque sienten. La fábrica de sueños comienza a funcionar y el imaginario colectivo empieza a construirse. El talento, la emoción y la empatía, entre otros aspectos, resplandecen como denominador común entre la poesía y el cine.

El poeta sabe que la palabra impresa posee un considerable peso específico. Por ello, debe hurgar en su bagaje cultural para encontrar la palabra que más se adecue rimando, lo mejor posible, a sus sentimientos. El cinematurgo tiene presente el juego de fuerzas que se establece con la palabra transmitida (el cuerpo comunicativo), así como de sus interferencias, del tiempo de atención del público y, a veces, hasta del ulterior doblaje.

A la palabra en cine le resta protagonismo la presencia imperiosa de la imagen; sufre la «distorsión de la dimensión» de la gran pantalla, cautivadora del espectador que acude a la sala de proyección y queda minimizado ante la «tela blanca» (Comparato, 1992: 46).

Los diálogos no son concebidos para ser leídos, sino para ser declamados; además, sería pertinente aunar el concepto «timing»: vocablo anglosajón de difícil traducción al castellano, que cabría entenderlo como llevar el ritmo con la palabra; condición casi imprescindible para agilizar o pausar los diálogos (Chion, 1988: 8792). El cuerpo comunicativo transmite emociones, juega con los sentimientos, construye, reconstruye y deconstruye. En definitiva, es arte.

III. Del Cine y la Poesía: Parte II.

Cine y poesía son dos manifestaciones artísticas, dos experiencias estéticas que provocan en el espectador y en el lector el goce que produce la contemplación comprensiva o la evocación, inclusive elevándola a la categoría de lo sublime. En este sentido, coincidimos con J. Pijoán (1980, vol. 1: 3), autor de la inefable Summa artis, cuando apunta que «la creación y apreciación de la belleza es una experiencia puramente humana. El hombre podría definirse como el animal que tiene capacidad estética».

La experiencia estética se vitaliza ante un film o una poesía. Las emociones que podemos experimentar cerrando los ojos en el momento en que escuchamos recitar unos versos resultarían un símil, si cabe, igual a las impresiones que registramos cuando abrimos los ojos en una sala de proyección a oscuras y a nuestras espaldas un haz de luz da vida a unas sombras en movimientos sobre un lienzo blanco. Estamos ante un proceso de hipnosis propio del sentido estético (Ferrés, 1996: 24-26). Un gesto que reafirma la razón observadora.

Para los receptores reflexivos resulta ser un merecido ejercicio de reencuentro con la belleza (Quintana Cabanas, 1993). Ésta, que viene dada por el icono en movimiento o bien por la palabra (escrita o la voz), los receptores la captan, la decodifican, la metabolizan… y completan el proceso de la comunicación, aumentando en él la impresión estética y, por tanto, su capacidad para el disfrute con el arte – cine y poesía – a partir de la propia experiencia cotidiana (intelectiva, discursiva y expresiva).

Ambas experiencias artísticas centran la percepción del placer en la estimulación de los sentidos; a partir del deleite que produce el contemplarla o el oírla. Atendiendo a los aspectos objetivos (si está en los iconos o en las palabras) y subjetivos (a raíz de la propia recreación personal motivada por la imagen o la palabra), que de forma individual o conjunta de ellas se desprenden, pudiendo llegar a poner de relieve que una de sus finalidades es la empatía.

El punto y seguido lo estableceríamos a partir de la afirmación de Federic Schiller (1990: 26), quien indicó que la «belleza es aquella forma que no exige ninguna explicación». Y, tal vez, ninguna explicación precisa añadir que la plurisignificación o ambigüedad, logicidad o ilogicidad, además de su asintactismo y metaforicidad (Ortega y Gasset, 1983)… son partes propias del lenguaje cinematográfico y poético por excelencia, produciendo en los receptores el deseado deleite estético.

Frente a ello, la fealdad, aquello que K. Rosenkranz (1992) distinguió como un objeto diferente al que identificamos como bello. En cierta manera, cabría apuntar que todas las cosas participan de la belleza y de la fealdad, es una cuestión personal, de una comunidad, de un período de la historia, de una cultura, de una situación, de una moda, así como de la educación y de la experiencia estética que se tenga.

El ejercicio propuesto, en lo concerniente al cine y la poesía, o viceversa, se resumiría en que un film o un poema no sólo hay que oírlo o contemplarlo con los sentidos de la vista o del oído. Sería pertinente y hasta aconsejable, para establecer y lograr aquello que denominamos deleite, valiéndonos de la imaginación, que se potenciara el sentir imaginativo. Sugiriendo, y comunicando a la vez, una suntuosa actividad de recreación artística provocando y prolongando la imaginación -o reacción- de los receptores.

Cine y poesía son dos artes que se corresponden y, en sí, se complementan. De igual manera, valdría decir que un lector/espectador podría ver en un verso casi un primer plano o un primerísimo primer plano -poniendo de relieve la microfisonomía-así como en un plano bien compuesto el mejor de los versos de un depurado poema. Ambas maneras artísticas y comunicativas hacen que la vida sea más intensa, inclusive llegándose a un estado de hechizo e hipnosis, motivado por lo intenso, la sugestión, la armonía, la belleza, la posición privilegiada de sentir el arte que en el caso de la poesía viene incrementado por lo sublime, lo poético.

Y, a propósito del cine, está estimulado por la oscuridad que rige el espectáculo audiovisual, así como de la fuerza innata y cautivadora del icono, además del montaje (Gubern, 1994: 318).

Sendas artes – cinematúrgica y poética – juegan un papel relevante en la vida cotidiana, sensible y mágica, cercana a la acción terapéutica de las mismas, ya que la evocación, recurso inherente a ambas -igualmente, extensibles a otras artes-, pueden estimular lo beneficioso de la existencia, el aprecio a las personas y el afecto hacia todo lo que nos rodea: aprender sintiendo y sentir aprendiendo.

La evocación establecerá un papel protagónico en el proceso de la contemplación artística de un film o un poema. Es la supremacía de la voluntad positiva frente a la perversidad que adormece la capacidad del encantamiento, del disfrute, etc. Sin querer soslayar la capacidad de ilusión, atendiendo a las diversas acepciones que cada uno de nosotros quisiera otorgarle, desde el inductor al mero «arte por el arte», pasando por la satisfacción personal, el simple disfrute emocional, o bien como un medio educativo y de concienciación de masas de orientación marxista o neomarxista (Linares, 1976: 15).

A la postre, el resultado es una ecuación que cuenta como denominador común con la sensibilidad y la imaginación, mezcla de lo innato y lo adquirido: un producto cultural y social. Eugenio D’Ors (s.a.: 17) realizó el siguiente comentario: «El ver no resulta tan fácil negocio como la gente se imagina; que también el saber ver exige una disciplina propedéutica rigurosa. No es comprender sin ver, pero tampoco se alcanza visión sin comprensión».

Ambas formas – cine y poesía – son maneras expresivas, creativas, además de vehículos creadores/transmisores de belleza, de categoría artística, de valor/ mérito y de calidad estética. Por tanto, considerémoslas obras de artes repletas de intencionalidad, creatividad, invención, funcionalidad, artificialidad… e, inclusive, sentimientos. Nos encontramos ante dos artes expresivas y emotivas, además de creativas: original y estética. Cine y poesía mantienen, por consiguiente, una relación pluridisciplinar y interdisciplinar. Tal vez, nos encontremos frente a una nueva definición y clasificación artística, además de una actitud y experiencia estética aunque, eso sí, sin olvidar que se tratan de medios, lenguajes y procedimientos expresivos… diferentes, no divergentes. El cine no puede olvidar el sistema de producción y el concepto teckné (tecnología), mientras que la poesía cuenta con la inspiración del autor. Sin embargo, un aspecto que las aglutina bien podría ser el de la mágica sensación que produce la aparente verosimilitud (en la retina con el cine y la imaginada en el caso de la poesía).

Sendas artes explican el universo cultural; suponen un proceso cargado de significación, expresión y comunicación que se elaboran a partir de criterios que han de ser decodificados por los receptores, suponiendo un ejercicio intelectual y un estímulo social y cultural (Metz, 1971). Del mismo modo que explican y hacen más inteligible al hombre y a la mujer, su tiempo y espacio, así como su contexto y su complicada naturaleza (entre la razón y los sentimientos). En definitiva, ambas expresiones estéticas suponen un esfuerzo entusiasta para encontrar aquellas referencias al ser humano que quedan por entender.

IV. A modo de epílogo. Para concluir el ensayo

Pese a las diferencias entre ambas artes, establecidas a partir de sus medios, (literario y audiovisual), que adoptan una determinación bastante singular a raíz del valor de la palabra transmitida, la representación y del reforzamiento que ésta adquiere. Al respecto de la palabra en el cine, en un principio, simbolizada con significado propio (escritura) en su período silente y, a partir del advenimiento del sonoro, con la inclusión de la palabra declamada, ésta conformó parte del metraje. En este sentido, la «métrica» y el «espectáculo ocular» no deberían entenderse como dos formas artísticas independientes, cabría considerarlas como complementarias.

La poesía y el cine, quizás, tengan más elementos en común que los aglutina que, propiamente, los separa. El poeta y el cineasta caminan llevado de la mano de la inspiración, así como de algo tan importante y, a la vez, olvidado como es el oficio.

Dos expresiones artísticas, creativas, con la finalidad, inmediata, de expresar la belleza por medio del lenguaje. En el caso de la poesía (del griego poiesis) a través de la lengua escrita. Y, en relación con, el medio filmográfico/audiovisual gracias al lenguaje cinematográfico (del griego kineto -> movimiento y grafo -> imagen). Dos formas de producción de emociones y de comunicar, a la vez que sostienen una depurada estructura estética, imaginativa y afectiva sobre quién las leyera, escuchara o viera.

Coincidencias o divergencias con respecto a la capacidad expresiva y sensitiva de estas dos singulares aportaciones a la comunicación social (McQuail, 2000), en la cual se desenvuelven, destacar que ambas producen deleite. Sin olvidar la propia concepción y evolución particular, así como las estructuras internas e impulsos, el ritmo distinto y las experiencias que despiertan/registran en el narratario o en el espectador diversas emociones… En definitiva, la poesía y el cine conmueven.

La poesía y el cine, o viceversa, son ritmo y montaje; fragmentación y velocidad; vitalidad y exaltación espectacular; metáfora/tragedia y estética de la sensualidad; armonía y sensibilidad. Es decir, verso y planificación… O lo que manifestó el cineasta polaco-francés Jean Epstein (1957: 74): «(…). Por ser profundamente instintivo, sentimental y emotivo, el pensamiento visual es apropiado en grado sumo para la función poética y, en la mayoría de las mentalidades, esta correspondencia es insustituible. Por eso, el film, más que ningún otro modo de expresión, se manifiesta constitucionalmente organizado para servir de vehículo a la poesía».

Dos maneras instantáneas de condensar el tiempo, de sentir el arte, de dialogar, de tener presente dos formas artificiosas de presentar la vida, que se contagian. Como escribió Fernando Vela (1927: 27), «El cine apenas pide nada para la memoria. La imagen poética, por ejemplo, se realiza en la cabeza del lector mediante una recordación. El arte del cine no permite tan dulces remembranzas. Es un poco bárbaro».

En este ensayo hemos pretendido presentar algunos aspectos de la poesía y el cine; del poeta y del cinematurgo. Somos conscientes de que ha habido películas inspiradas en poemas, en vidas de poetas, escritas en versos, con un tratamiento (de forma y de contenido) poético. O bien, poetas que han quedado fascinados por el cine y la filmografía (por ejemplo, el poeta portuense Rafael Alberti…), que han escrito basándose en la magia del cine… o, simplemente, han llevado una «vida de película». En fin, este escrito que determinamos en titular «Poesía y Cine: un ensayo sobre la palabra y la imagen» ha sido un gesto creativo, con el propósito de esbozarles más problemas que de resolverles planteamientos de cualquier índole sobre estas dos disciplinas, a propósito de estas dos experiencias estéticas.

«Si te hablo con parábolas es para que lo entiendas mejor. No se puede definir el horror y sin embargo existe, porque avanza en silencio.» De este singular modo, se expresaba el instructor al pequeño Alejandro en la película O megalexandros (1970) del cineasta griego Theo Angelopoulos, un poeta de la imagen. Un maestro de la poesía visual, de invitarnos a sentir y disfrutar con la representatividad de la poesía hecha imágenes.

Poesía y cine, o viceversa, son maneras como otras cualesquiera de imaginar, de transformar la realidad. De, por ejemplo, explicar el imaginario, y hasta de depurar la realidad. Un ejercicio comparativo pretencioso e inductor que funciona en el subconsciente de los receptores por analogía, con unos resultados rayanos de belleza e intensidad expresiva. El resultado que obtenemos es lo más cercano a un efecto de simulación.

Igualmente, no estaría de más finalizarlo reproduciendo unas líneas del clásico Aristóteles, quien en su obra titulada La retórica, todo un referente clásico, apuntó: «cuando se acuña un término, éste debe denotar una especie real y una diferencia específica; si no, lo que se consigue es pura palabrería vacía y frívola».

Dr. Víctor Amar
Departamento de Didáctica.
Universidad de Cádiz


Referencias:

-AMAR, V. (2000): “La alfabetización audiovisual a través de la educación con el cine”, Comunicar, 15; 141-148.

-CARRIÉRE, J-C. (1991): Práctica del guión cinematográfico. Barcelona, Paidós.

-CHION, M. (1988): Cómo se escribe un guión. Madrid, Cátedra.

-Comparato, D. (1992): De la idea al guión. Madrid, IORTV.

-D’ORS, E. (s.a.): Tres lecciones en el Museo del Prado de introducción a lacrítica del arte. Madrid, Ediciones Españolas.

-EPSTAIN, J. (1957): La esencia del cine. Buenos Aires, Galatea Nueva Visión.

-FERRÉS, J. (1996): Televisión y educación. Barcelona, Paidós.

-GUBERN, R. (1994): La mirada opulenta. Exploración de la iconosfera contemporánea. Barcelona, Gustavo Gili.

-LINARES, A. (1976): El cine militante. Madrid, Castellote.

-MCQUAIL, D. (2000): Introducción a la teoría de la comunicación de masas. Barcelona, Paidós.

-METZ, C. (1971): Langage et cinéma. París. Larousse.

-ORTEGA Y GASSET, J. (1983): La deshumanización del arte. Vol 3. Madrid, Alianza.

-PIJOÁN, J. (1980): Summa Artis. Historia general del arte. Madrid, Espasa Calpe.

-QUINTANA CABANAS, J.A. (1993): Pedagogía estética. Madrid, Dykinson.

-ROSENKRANZ, K. (1992): Estética de lo feo. Madrid, Julio Ollero.

-SCHILLER, F. (1990): Kallias. Cartas sobre la educación estética del hombre. Barcelona, Anthropos.

-SKIRIUS, J. (1981): El ensayo hipanoamericano del siglo XX. México, Fondo de Cultura Económico.

-VELA, F. (1927): “El arte al cubo y otros ensayos”, en Cuadernos literarios,

27; 25-34.


última crónica sobre el Bafici 2008 (décima edición)

X BAFICI

 

Este año el BAFICI cumplió su décimo aniversario. Presentando a un nuevo director artístico, el cineasta y crítico Sergio Wolf en reemplazo del renunciante Fernando Martín Peña, el Festival no dejó ninguna duda acerca de su relevancia como una de las muestras cinematográficas más significativas que se realizan en esta parte del continente; además de contar con su acostumbrada serie de actividades paralelas, presentaciones de libros y diálogos con invitados de lujo (Eduardo Coutinho, José Luis Guerin, Corneliu Porumboiu, entre otros), que sólo intensificaron ese ambiente de cinefilia que se respiró a lo largo de doce días por la capital argentina.  Un promedio de 400 títulos, 80 funciones diarias en 9 sedes distintas, 200 000 espectadores, fueron los números finales que dejó esta fiesta del cine independiente.  He aquí un repaso de lo visto de su vasta y formidable programación.

 

La cuestión radical

 

Precedido de los mejores comentarios, el francés Nicolas Klotz cierra su trilogía sobre la exclusión social con La Question Humaine.  Se trata de una visión inquietante sobre las relaciones impersonales al interior de una gran compañía, que luego se dilata para hacer de proyección de una Europa sistematizada y con heridas aún por cerrar. Mathieu Amalric, en una actuación sensacional, emprende un viaje sin retorno hacia el traspatio de una sociedad quebrada y decadente; y es través de la densidad de sus gestos, de su escalofriante manera de mirar, que se filtra una serie de revelaciones, que van desde la fascinación por el secreto y el poder hasta el horror que supone la barbarie.  Otro francés, Nicolas Philibert, describe en Retour en Normandie su visita al lugar donde décadas atrás se desempeñara como asistente de dirección. El documental, de una expresividad remarcable, es en esencia una indagación sobre los meandros de la memoria y la identidad; aunque puede verse también como una aproximación bastante sentida a la vida del campo, a la correspondencia entre ficción y realidad, pero sobre todo una aproximación al cine, como experiencia indeleble y catalizadora.  Help Me Eros, por el contrario, es un dechado de hipnotismo y sexualidad rampante, rematado por un cromatismo que desborda la pantalla.  El director Lee Kang Sheng, presencia fetiche en la obra de Tsai Ming-liang, toma elementos de la estética de este último, como su iconografía y relieves visuales, para ofrecer una fábula acerca de la soledad de los tiempos modernos, agregándole una particular onda kitch que apabulla y desarma a la vez.

 

En Profit Motive and the Whispering Wind del americano John Gianvito las tomas de lápidas, placas recordatorias y monumentos se alternan con un par de bloques de animación (buscadores de oro, agentes de Bolsa) y paisajes donde el viento parece reinar en calma.  La radicalidad de la propuesta de Gianvito no opaca de ningún modo el cuerpo de su discurso. La reflexión sobre el pasado violento y separatista de su país queda asumida entre el sereno discurrir de sus imágenes hasta la paralizante secuencia final: un grito poderoso lleno de elegía y rabia, sin más.  Die Stille Vor Bach, de Pere Portabella, quien hace un tiempo había sorprendido a propios y extraños con Vampir-Cuadecuc (1970), es una suerte de collage de cortos narrativamente inconexos, donde la música -y mitología- del músico alemán funcionan sólo como nota a pie de página para un repaso irregular de momentos líricos, paseos por el tiempo y abstracciones al por mayor.  Sin duda, una cinta a la que le sobra plasticidad y sutileza, pero a la que se le echa en falta una razonable cuota de empatía. 

 

Derecho al autor

 

Fred Keleman, director de fotografía de The Man from London, declaró, luego de la proyección en sala, que se había sentido particularmente influenciado por el expresionismo alemán y que no había dudado en usar en la película este tipo de contrastes sobre el blanco y negro.  Pues bien, el último trabajo de Bela Tarr, basado en una novela de Simenon, cumple esas mismas proezas técnicas que ya son una marca de su cine; vale decir, la construcción de atmósferas densas, una puesta en escena minuciosa y en ciertos casos teatralizada, una belleza seca y atemporal empeñada, en esta ocasión, desde el publicitado plano inicial.  Sin embargo, más allá de las muestras de virtuosismo, el resultado final decepciona. Y es que el juego dramático, inherente al argumento en cuestión, aparece asfixiado –si no es un pretexto- ante tanta depuración de estilo.  El realizador húngaro se presenta aquí sobrepasado por su propia sombra de autor de culto y de texturas.  Redacted de Brian De Palma y Over Here de Jon Jost comparten similar posición crítica respecto a la invasión de Irak.  El primero se apoya en diversas fuentes visuales (videos caseros, videoblogs, reportajes, entre otros) para polemizar sobre el rol de buenos y malos, víctimas y victimarios, tal como lo hiciera tiempo atrás con Pecados de Guerra (1989).  Se trata de un De Palma sensacionalista que busca subvertir la idea natural del relato, generando un híbrido que enfoque la irracionalidad y caos desde múltiples ángulos, sin comprometer por ello su sabida contundencia.   

 

El segundo, decididamente más experimental, se centra en la figura de un ex soldado y sus secuelas psicológicas.  Con un presupuesto exiguo, unos pocos planos secuencias y la participación de actores noveles, la dramaturgia alcanza un inusitado verismo que evade el rollo bélico para retratar el deterioro moral del individuo y su frustrada reinserción a la comunidad.  El filme hace gala de audacia y temple, aunque el manifiesto contra Bush y Cheney en los últimos minutos obre en la redundancia.

 

Un joven pintor busca en una ciudad extranjera a una muchacha que conociera años atrás. En En la Ciudad de Sylvia, José Luis Guerín sumerge al espectador a una persecución ingenua, aunque largamente tentadora, del tiempo perdido.  Resulta en particular notable la escena en que la cámara del español captura los gestos y reacciones mínimas –a la vez que el protagonista los esboza en su cuaderno-, con una impudicia que tiene que ver menos con el deseo voyeurista que con la pulsión del artista que persigue y desentraña lo absoluto.  Más que un estudio sobre la figura femenina, la película equivale a una metáfora de la idealización en la medida de su valía como acto obsesivo y de lúdica creación.  Befote the Devil Knows You’re Dead devuelve en gran forma a un veterano de la dirección. 

 

A partir de un asalto, planeado por dos hermanos a la joyería de sus padres, la acción se abre a diversos puntos de vista y tiempos.  Sea por la ambiciosa estructura narrativa, las bifurcaciones del conflicto familiar, o por la tensión manejada a medio camino entre el thriller y el drama intimista, lo cierto es que la última entrega de Sydney Lumet goza de una sofisticación cinematográfica inesperada.  

 

Jaime Akamine  

 


especial bafici 2008: un balance

En La Ciudad de Sylvia (Jose Luis Guerín, 2007)

Por: Mónica Delgado

Hay dos cosas que destaco del festival y que precisamente tiene que ver con su carencia: uno, que las mejores películas, las que más me impactaron e interesaron, las encontré fuera de las competencias oficiales (la internacional y la del cine del futuro sobre todo, aunque no completé la argentina, lo que significa que me perdí Historias extraordinarias de Llinás), y que el BAFICI sigue siendo un espacio para conocer parte de la filmografía de directores que desconocía o que conocía de manera parcial.

Las mejores

El par de Guerín: En la ciudad de Sylvia y Unas fotos en la ciudad de Sylvia son de lo mejor que he visto en el BAFICI. La gracia está en verlas juntas.

Algunos filmes de Koji Wakamatsu: sencillamente bizarros (pinku eigas, con las clásicas escenas modosas de sexo debido a la censura, con actores pésimos, con una banda sonora sicodélica y con argumentos donde proliferan las críticas a la militancia comunista), sin mayores pretensiones que rodarlas en seis días y editarlas en dos. Si hay secuencias en blanco y negro, y luego Wakamatsu pasa al color, no hay por qué buscarle un origen estético, ya que como dice el autor “lo hice así porque tenía a mano un rollo a color y lo agregué”. Así de simple.

Koji Wakamatsu

El foco Jacques Nolot: Descubrí a un director impecable, cuyos filmes de corte autobiográfico y donde él mismo es el protagonista, giran en torno a la homosexualidad y sus espacios de socialización (la familia, una sala de cine porno o el círculo de gigolós) sin miramientos y con un tono personal.

Algunas películas de Ken Jacobs: estrictamente festivaleras o para salas multimedia de galerías o museos. Devoto del found footage, Jacobs es dueño de un montaje de la deconstrucción (un Derrida al pie de la letra llevado extremos), que se ha atrevido en toda su carrera a hacer del cine una experiencia donde la palabra clave es libertad creativa de las formas en strictu sensu.

Ken Jacobs

Jaques Nolot

Morceaux de conversations avec Jean Luc-Godard: imprescindible para devotos del cineasta francés. Este documental de Alain Fleischer nos permite escuchar a Godard en su búsqueda de nuevos horizontes estéticos (hay un memorable juego de Bonus/Malus a partir de imágenes o secuencias de películas a las cuales aprueba o desaprueba como parte de su teoría de lenguaje cinematográfico) mientras hace de “curador” de una muestra para el centro Pompidou.

Alain Fleischer

Ploy de Pen-ek-Ratanaruang: Es un filme sumamemte interesante en la medida que el jetlag, el trastorno físico causado por la diferencia horaria en los viajeros, se percibe en el tono adormilado, entre la vigilia y el sueño, de cada secuencia. Una pareja con siete años de matrimonio que acaba de llegar a un hotel en Tailandia desde Nueva York ve trastocado su endeble universo marital a causa de la súbita incursión de una nínfula discreta (Ploy). Ratanaruang elabora un filme desconcertante con pocos elementos: un hotel moderno, madrugada lenta, una pareja de amantes jóvenes que conforman el opuesto perfecto de los esposos en crisis, y una Lolita ingenua que no se da cuenta lo que está a punto a causar.

Ploy (Pen-ek Ratanuarang,2007)

Paranoid park de Gus van Sant: Lo más increible es el uso de diversas canciones para dar atmósfera al mundo instropectivo del personaje adolescente, desde Menomena, The revolts, Frances White o Elliot Smith hasta Beethoven o Nino Rota (las explícitas reesminiscencias a Fellini suenan estupendas). A partir de este uso el mundo de Paranoid Park en Portland se vuelve interior, para auscultar el sentimiento de culpa causado por una acción memorable ocasionada por un estudiante común y corriente.

Paranoid Park (Gus Van Sant, 2007)

También menciono entre las mejores a Bording gate de Olivier Assayas, Tirador de Brillante Mendoza, Profite motive and the whispering wind de John Gianvito, Retour en Normandie de Nicolas Philibert, The man from London de Bela Tarr y Le voyage du ballon rouge de Hou Hsiao-hsien.

Un lugar especial para a cinta de Todd Haynes, I’m not there, que se aleja completamente del biopic para contar casi una tesis sobre el imaginario bobdylanesco, a través de diversos alter egos extraídos de los temas o actuaciones del ídolo folk.

I’m Not There (Todd Haynes, 2007)

Las peores

En realidad una suele ver las peores películas cuando carece de mayor información a último momento y confía en las reseñas del catálogo, que casi son un tiro al aire, y que suelen dibujarte de la mejor manera un filme. Por ejemplo, la cinta argentina Luego de Carola Gliksberg es una cinta nula, sin gracia, pretenciosa (parejas con dudas existenciales en espacios minimalistas), y sin embargo en el catálogo la señalan como “una comedia lacaniana. Y encima, hace reír bastante“. Una verdadera estafa. Claro que después de leer la reseña me reí solitariamente. Debo que confesar que aguanté el metraje completo de la ópera prima de Gliskberg porque se trató de la primera película que vi llegando al festival (vaya manera de comenzar el BAFICI).

Luego (Carola Gliksberg,2008)

Pero creo que la peor de todo el festival fue la estadounidense Severed Ways: The norse discovery of América de Tony Stone del panorama Música, que trata sobre la llegada de una pareja de vikingos en el año 1007 D.C a América, pero porque caí por segunda vez en la trampa de las reseñas (desde ese momento juré que el mentado librito no me la volvía a hacer): “…una película contemplativa llena de rock pesado. Incluso hay una escena en que uno de los protagonistas headbanguea al ritmo de heavy. Hermoso. También lo es la música incidental del film, que pareciera salida de una película de sci-fi italiana de los 80“. Bueno, lo que menciona la reseña sólo duró ¡unos treinta segundos! Los demás 106 y medio minutos que faltaban me los tuve que soplar en una función de medianoche. Me mantuvo despierta el encuentro de los vikingos con algunos jesuitas que leían a Santo Tomás en medio de una cascada. El director de la película le hizo honor a su apellido.

Severed Ways: The norse discovery of América (Tony Stone,2007)

The rebirth de Masahiro Kobayashi es tan elaborada que resulta risible. El filme del japones, que se pasó como parte de su retrospectiva, tiene un argumento mínimo y algunos diálogos por ahí “subialescos”, tal como dijera Natalia Ames de otro filme del cineasta. La hora y media de The rebirth consiste en ver a un hombre y una mujer en una misma rutina diaria que los involucra: levantarse, bañarse, preparar los alimentos, comerlos, ir a la tienda, a la casa y a dormir, y así sucesivamente día tras día, noche tras noche, sin una palabra. Y obviamente que al revisar la reseña me encuentro con una obra maestra de la retórica: “las rutinas no son una pintura del vacío de la época sino una forma de vida feroz que se pretende terapeútica”. Lo que sí fue terapéutico fueron las carcajadas de los espectadores, con las cuales se me hizo amena la visión de este filme premiado en Locarno.

The Rebirth (Masahiro Kobayashi,2007)


especial bafici 2008: cuatro del festival

Ulrich Seidl – Import/Export, 2007

El cineasta chileno Silvio Caiozzi (Coronación, 1999; Cachimba 2004), respondía en una entrevista una pregunta que interrogaba acerca de cuál era su posicionamiento al mirar una película. No dudaba estar ante una película buena cuando se alejaba de su lugar de director y de sus conociemientos técnicos, no abordaba la película, sino que se sentía abordada por ella.

Cuando estamos sentados y vemos que la mayoría de las imágenes se corresponden con aquello que esperamos ver de una película, sabemos que luego será el momento para conjeturas y valoraciones acerca de la obra, su enfoque, etc. Y este es el caso de Import/Export, la segunda película de ficción del austríaco Ulrich Seidl que es actuada por actores no profesionales.

El relato se da entre dos historias paralelas que no se cruzan de hecho, pero que sin embargo tienen todo en común. Los protagonistas de las historias son jóvenes europeos, inmersos en una problemática económica que los obliga a emigrar, en la crudeza del invierno, a donde se pueda sobrevivir mejor. Son dos caras de la misma moneda, ambos están arrojados a la hostilidad del mundo, y en realidad poco importa qué parte de su vida se esté contando, la narración y su firmeza pasa, por un lado, por cómo está construido el dramatismo desde la imagen y su fotografía. La composición de cada cuadro es obsesivamente simétrica, son impecables los encuadres y cómo trata el espacio en locaciones interiores. Y por otro lado, por lo estrictamente verosímil de las situaciones, resultado de trabajar con no-actores y con lugares todos reales. (El geríatrico, bares, edificios, etc.)

Si bien la historia se da en la particularidad, cada una dice mucho más de lo que muestra. Las situaciones cotidianas se trascienden a ellas mismas, hablándonos de realidades sociales y de una Europa oculta. No es esta la Europa de las grandes ciudades y las calles relucientes de limpias. Es una Europa que suele estar tapada de basura, que carece de gas en invierno y que trata cruelmente a los trabajadores. Es una Europa de subsuelo.

Por eso resulta muy interesante ver (rescato que hay muchas películas que hablan sobre esto) a Europa mirándose a sí misma. No colocando la barbarie afuera (como fue hecho desde hace 500 años), sino reconociéndola en su propio seno y corriéndose de su trono. Las categorías de primer mundo y tercer mundo ya dejan de ser válidas (aunque a esta altura resulte obvio), y muestra que la realidad es mucho más compleja.

Robinson Devor – Zoo, 2007

Zoo nos intenta acercar a la idiosincracia de un grupo de zoofílicos de Seattle, Estados Unidos. Para lograrlo se vale de entrevistas en audio de integrantes de este grupo representadas con buenas actuaciones y un formato de narración discreto y efectivo. Escuchas las voces originales de los integrantes de este grupo le otorga un alto grado de credibilidad y realismo. La duración y el ritmo son super ajustados, el tiempo fluye naturalmente. El meollo del asunto se desencadena con la muerte de un integrante de este grupo, cuyo fin era disfrutar la companía de personas que compartían la misma afinidad y amor por los animales. Desde el punto de vista tradicional occidental estas personas están enfermas, pero está más que claro que es algo meramente social, no hay parámetros absolutos universales para definir el bien del mal, lo correcto de lo incorrento. Solamente podemos definir lo socialmente aceptado de lo que no está socialmente aceptado, lo legal de lo ilegal y lo cierto es que absolutamente nadie está en condiciones de definir la custión del consentimiento animal a la hora de hablar del sexo entre seres humanos y animales. Si nunca hubiese existido sexo entre estas personas y estos caballos, hubiese sido distinto? Es posible que un animal tenga sexo activo con un humano sin consentimiento? Podemos hablar de el consentimiento de un animal? Por otro lado en algún momento se sugiere una analogía entre la zoofilia y la pedofilia al mencional el aspecto de “abusador de menores” que tiene una de estas personas. De una u otra forma el ejercicio filosófico resulta enriquecedor. Gran película, original, interesante y muy bien filmada.

Lo mejor: La originalidad en cuanto a género y de tema.

Lo peor: La risa compulsa del público del BAFICI en la mayoría de las películas que venimos viendo. Celebro la buena predisposición de cualquier individuo a pasarla bien, a reirte y disfrutar. Pero reirte al leer que un tipo fue condenado a 10 años de prisión por tener sexo con un perro al final de ver esta película en particular me parece que habla de una falta de perspectiva muy muy jodida.

Todd Haynes – I’m Not There, 2007

Las múltiples facetas del artista más influyente (para muchos) del siglo XX. Cada aspecto de la vida pública de Dylan está representado por un actor encapsulado a su vez en un sub-personaje. Estas historias paralelas se van alternando e intentando complementar pero hacen agua en ese intento. Alguna trabajo actoral poco poderoso en comparación al de Cate Blanchett provoca un contraste completamente insostenible. Sumado a algunos fotogramas poéticos y la insípida historia de la pareja caracterizada por el malogrado Heath Ledger y la francesa Charlotte Gainsbourg suman lo peor del film, que se hace exageradamente largo para lo que tiene para decir. Bob Dylan es un artista que claramente no quiere ser tomado como nada más que eso, un artista, un músico, una persona que hace música. Esta película busca cierta complicidad en cuanto a esta idea pero termina pifiando estrepitósamente al ponerlo en un pedestal probablemente justo, pero al que no creo que le interese más que a aquél a quien Dylan quiso despertar alguna vez del eterno letargo de la vida burguesa made in siglo XX. Creo que si Dylan envía un mensaje es que cada uno se haga cargo de lo que le corresponde, y si no nadie más que uno mismo tiene que lidiar con las consecuencias. Algún día voy a ver si Todd Haynes tiene algo para decir de sí mismo, además de que adora, idolatra y ama a Robert Allen Zimmerman.

Lo mejor: Cate Blanchett y el planteamiento a reflexionar sobre el lugar del artista.

Lo peor: El humo en Bs As. Los intentos de imagenes poéticas sobre la vida de Dylan. Imagino que hay que ser un genio poeta para hacer poesía sobre un poeta.

Bela Tarr – A London Merfi, 2007

Los primerísimos planos de Béla Tarr en esta película fueron lo que más disfruté de la película. Siempre pensé que si una película no se sostiene en una pantallita de 4″ y con un auricular de radio de $2, no se sostiene en ningún lado. Pero esta máxima de mi apreciación fílmica tambalea ante la expresividad de cualquier rostro en el que se hunden las cámaras de Tarr. El lenguaje de la película se sostiene principalmente en estas tomas, la historia es bastante sencilla y cualquier aspecto importante delcarácter de los personajes sólo trasciende a partir de sus apariencias. No hay diálogos significativos ni acciones drásticas. Sin embargo esta película nos acerca un material bastante rico en detalles y espacios. De esos que disfrutamos si uno es de esas personas que encuentran profundo placer al detenerse y mirar a cualquier persona en una situación cotidiana. Como la serie de chistes de Liniers llamada Gente que anda por ahí salvando las distancias de contenido colorinche y buenaonda claro está, Béla Tarr es bastante dramático y terrible sin llegar a ser exageradamente solemne ni severo. Me hubiese gustado no verla un lunes a las 19.30hs después de un lunes de laburo, maldita la redundancia.

Lo mejor: El cine “distinto” en cuanto a tiempos, actuaciones y ritmos. El primer plano secuencia y todos los primeros planos.

Lo peor: El horario de proyección, demanda mucha lucidéz apreciar la película entera de estas características. Los diálogos podrían dar un poco más.

Natalia Lucía Otán (desde Funny Games)


especial bafici 2008 – chacun son cinema

Theodoros Angelopoulos, Olivier Assayas, Bille August, Jane Campion, Youssef Chahine, Kaige Chen, Michael Cimino, Ethan Coen, Joel Coen, David Cronenberg, Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Manoel de Oliveira, Raymond Depardon, Atom Egoyan, Amos Gitai, Alejandro González Iñárritu, Hsiao-hsien Hou, Aki Kaurismäki, Abbas Kiarostami, Takeshi Kitano, Andrei Konchalovsky, Claude Lelouch, Ken Loach, David Lynch, Nanni Moretti, Roman Polanski, Raoul Ruiz, Walter Salles, Elia Suleiman, Ming-liang Tsai, Gus Van Sant, Lars von Trier, Wim Wenders, Kar Wai Wong y Yimou Zhang – Chacun Son Cinema, 2007

Una frase propia de lugar común para referenciar a este película sería “El cine en el espejo”. Pero más que reflejarse en un espejo lo que podríamos decir es que esta película es el cine a través de un caleidoscopio. De sensaciones, de técnicas, de historias, de actuaciones. Son 33 cortos en 119 minutos, un promedio de 3:36 minutos por corto. La sensación constante a lo largo de todo el film es similar a la de un zapping a través de una grilla de canales en la que cada señal tiene programas donde alguien siempre tiene algo para decir. Hasta en el brevísimo bodrio chato de Amos Gitai que intenta una analogía entre la segunda guerra mundial y el conflicto limitrofe entre Palestina e Israel. Me quedó grabada la fotografía del corto de Takeshi Kitano, la el despliegue musical de los actores del corto de Walter Salles y la actuación y el guión de Cronenberg. La fuerza que tiene el corto de este último más si se presta atención a la austeridad extrema de recursos es absolutamente brillante. Me extraña que no existan muchas más películas con este formato y si existen me extraña que no sean de más fácil acceso ni siquiera en el cine under.

Lo mejor: Poder ver tanto cine comprimido resulta un ejercicio y una experiencia genial. Y también cabe destacar la restauración del teatro 25 de Mayo la cual es impecable. No tuve la suerte de ver cómo estaba anteriormente pero el sistema de sonido y las instalaciones en general es muy buena.

Lo peor: El corto del Amos Gitai, por Dios, Alá, Jebus y todo el olimpo junto, patético.

Recontre Unique (Manoel de Oliveira)

Sería una tarea muy compleja abarcar en un simple texto la multiplicidad que ofrece Chacun son Cinéma. Sin embargo, esto no resulta para nada desalentador. No poder “agarrar” o hacer propio este gran mosaico no es un problema, sino la muestra de que el total de la obra sobrepasa por completo lo que uno pueda decir sobre ella. Creo que es así porque como espectador, el ritmo general del film, obliga a entregarse a él y a abrir 34 veces una misma puerta, para encontrar del otro lado, mundos completamente distintos.

De modo que no agregaría nada hablar sobre aquellos cortos más o menos logrados, pero sí sería provechoso ver qué es lo que está presente en cada uno de ellos. En la mayoría de las perspectivas, la puesta en escena cuenta más que la pequeña historia que se da en una sala de cine, refleja qué lugar tiene el cine en los distintos universos sociales, y muestra también cómo se vive y se disfruta el cine en las comunidades y cómo se accede a él. Lo vemos en África, en Japón después de un día de trabajo, en Francia.

Si bien me contradiría con lo dicho un poco más arriba, no quiero terminar sin destacar ciertos cortos. La comicidad de Nanni Moretti es exquisita, por su sensillez y espontaneidad y el clima del corto de Cronenberg logrado desde la total austeridad, también debe ser mencionado.

Puede ser cierto que resulte complicado querer retener y no perderse ningún detalle de los 34 cortos. Puede ser así, si se ve con esas pretensiones. Por el contrario, la experiencia sería mucho más disfrutable si dejamos ser llevados por lo vertiginoso del pasaje de un film a otro y por lo que surge cuando vemos los títulos de uno que está terminando, la expectativa de que lo que viene, puede ser aún mejor.

Natalia Lucía Otán (desde Funny Games)


Especial Bafici 2008: Glastonbury

Julien Temple – Glastonbury, 2006

¿Qué pasó con el rock? ¿Qué pasó entre Hendrix y The Chemical Brothers? Desde hace más de 25 años en la ciudad inglesa de Glastonbury se celebra el festival multiperformance más mítico de la historia. El documental mezcla imágenes de archivo de las primeras ediciones con las últimas que incluyen presentaciones de Bowie, Sissor Sisters y Coldplay. Desde el comienzo el contraste entre las primeras ediciones y las últimas es deliberadamente grande. Lo único que podemos identificar como factor común entre las distintas épocas es la lluvia y el barro. El rock como contracultura, como expresión netamente artística cesó de aparecer en algún momento entre los ‘80 y los ‘90. Ni siquiera la aparición de Radiohead logra un ínfimo instante de espontaneidad del calibre de las sesiones llevadas a cabo por los ignotos músicos que me van a hacer googlear varias horas hasta encontrar sus nombres.

Lo mejor: Los momentos ultra setentosos. Ver y escuchar jóvenes de los ‘70 a través de un documental en el cine nos acerca como nada a revivir la experiencia. Los músicos ignotos. El campo. La tierra. El barro. Y por otro lado verla a Björk contenta hay que admitir que es lindo.

Lo peor: El circo publicitario contemporáneo. Desde Greenpeace hasta J&B. Desde Coldplay hasta Bowie. Confirman que el rock no está muerto, está domesticado, adiestrado y bien bañadito, listo para ser la próxima gran cosa cool.

Glastonbury muestra sin necesidad de salir de su propia esfera, qué fue de aquel movimiento hippie que encarnaba los ideales de la liberación , qué dirección tomó y qué alcance logró tener.

Al comienzo, se ve un esfuerzo por dotar a ese inmenso lugar de cierto significado místico o religioso. Sus visitantes son comparados a los peregrinos de las cruzadas medievales. Aquellos que llegan parecen estar guiados por un sentimiento mucho más fuerte que el que puede motivar a ver sólo las bandas de rock favoritas. Por otro lado, la forma de vida y la defensa de la austeridad de estos nómades no resulta estar tan lejos del modo de vida de los epícureos griegos, salvando las extensas distancias.

Pero podemos no ir tan lejos y preguntarnos qué es aquello que vemos en las dos horas y cuarto de documental. Este espíritu de los ‘70, al menos como es representado aquí, nos evidencia que mas que un posicionamiento político, la movida hippie ha sido un claro ejemplo de un movimiento contracultural.

Yendo más allá de estas discusiones, lo interesante para rescatar por sobre todo, es la notable metáfora de las vallas. En los primeros años del festiva,l vemos una masa libremente expandida por el campo. Vemos rituales de diferente tipo: bailes, escenas eróticas, consumo de toda sustancia estimuladora, y todo se ve en expansión. La vasta visión del campo refleja eso: la ausencia de límites para este afán de liberación que parece haber explotado hace un instante.

Más adelante, una empresa familiar desagota los baños públicos para luego hacer correr los desechos por algún barranco. Y volvemos a la pregunta del principio: tanta efusión y energía, las consignas políticas contra la guerra y el imperialismo parecen haber quedado difuminadas en algún momento, y lo que queda no es más que eso que vemos caer como una catarata oscura.

Retrocede la rentabilidad del festival y a lo largo de los años, avanza la sofisticación de las vallas. No creo que haya sido así porque el festival y su gente hayan crecido en peligrosidad, sino por el contrario, el festival ha podido ser enquistado como un cáncer que amenazaba el orden de la sociedad británica.

Puede que algo de aquel espíritu quede en el “aire” del lugar, como se muestra hacia el final. Pero no lo suficiente como para que no pase lo que la escena de Fast Food Nation retrata: miles de vacas que teniendo las cercas levantadas, permanecen inconscientes de que su libertad se encuentra allí afuera.

Natalia Lucía Ozán (desde Funny Games)


La cólera del amor mal llevado al cine

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Mike Newell – El Amor en Tiempos de Cólera (Love in the time of Cholera, 2007)

Aunque es cierto que la versión fílmica de la consagrada novela del “Gabo” El amor en los tiempos del cólera encontró muchos reparos desde un inicio (sobre todo cuando se conoció el nombre del director, Mike Newell, y su opaca trayectoria), también es cierto que algunos pocos tenían la ingenua esperanza de que el cine, con todo el lenguaje que ha desarrollado en las últimas décadas y con toda aquella técnica dirigida a expresar los sentimientos más complejos e inefables, pudiera por lo menos acercarse a la atmósfera de amor obsesivo y apasionado de la novela.

Y es que a pesar de la sugestiva presencia de Gabriel García Márquez durante la producción del film, ver a un director anglosajón dirigiendo una historia tan latinoamericana y tan propia de un autor que no pudo sacar su genio sino de la selva colombiana, es como ver bailar salsa o cumbia a un gringo de cintura rígida. Pero Newell no sólo falló en no saber llevar el ritmo, sino en no sentir como latino el sentimiento más universal del mundo.

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Demasiadas fallas de dirección alejan la virtuosidad de la historia de la plana versión cinematográfica, aunque debo confesar que una primera mirada confunde a quienes leyeron la novela, ya que las anécdotas y lugares comunes se mezclan (sin objetividad) con los parajes y las escenas que la imaginación recreó a partir de las palabras de personajes como Florentino Ariza, el eterno enamorado (bien interpretado por Javier Bardem en el film) y Fermina Daza (Giovanna Mesogiorno), tan potente en la novela y tan frígida en la pantalla grande.

El resultado de una primera ojeada a la película por parte de lectores optimistas y tolerantes es simplemente “otra” película, pues un segundo vistazo desnuda los vacíos y saltos abruptos de la historia fílmica. Además, ayuda a esa primera confusión el impacto de una destacada fotografía y la correcta recreación de la época. Hay tres fotos o estampas para el recuerdo y las tres tienen que ver con las escenas de sexo, muy bien recreadas en su individualidad. También hay rescatables fotografías de exteriores aunque linden con los planos postales, producto de una mirada foránea, o más bien turística.

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La omisión de algunas escenas del libro, que, en el hábitat latinoamericano adquirieron relevancia pese a ser trágicamente jocosas como la muerte del doctor Urbina (el esposo de Fermina) al querer atrapar a su loro, también se remontan, me atrevo a decir, a esa mirada extranjera que nunca debió tener la película pero que de la que no podía escapar por las exigencias que impone el mercado. La complacencia de un público más amplio y el temor de poner en escena anécdotas tan peligrosas como absolutamente locales nos robaron a los latinoamericanos el placer de saborear el recuerdo (para los que leyeron la novela) de una de las historias más apasionantes de la literatura universal, y para los que no la leyeron, el placer de acercarse a ese universo tan plácido que fue el realismo mágico.

No se trata de que una película deba ser una recreación fiel de la novela, lo único que se pide es que se respete la esencia (mucho más si el creador de la obra está cerca de ese otro lenguaje que es el cine) y que el producto tenga por lo menos la calidad de la obra original. De lo contrario, el interés de llevar una novela al cine se convierte en un mero recurso facilista y ocioso de hallar una historia para filmar.
Si separamos las versiones de El amor en los tiempos del cólera, nos quedamos con una película entretenida en su soledad, pero aun así con vacíos de cuidado como la elección de una actriz poco convincente que además de tener un débil perfil debió ser apareada a la juventud del primer personaje de Florentino Ariza (aunque este joven actor tampoco convenciera mucho), y por lo menos mejor maquillada para su rol de mujer anciana. No bastan las canas para envejecer a una actriz.

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Además del fallido maquillaje, error que pudo evitarse de haber tenido la voluntad, hay saltos muy abruptos en la edición que podrían mejorarse con el recorte de algunas escenas y la adición de otras que nunca existieron. Tal vez el choque más abrupto fue cuando Florentino aparece en la sala de Fermina, tras la muerte de su esposo, y le enumera el tiempo que ha estado esperando ese momento; pero pocos segundos antes apenas se entiendía de quién era la muerte, además que esta fue tratada de una manera mucho más ligera que si se hubiera escenificado la anécdota del loro.

Tal vez fue ese miedo al ridículo el que terminó por matar la vitalidad de la novela, reduciéndola a una mera recreación de los hechos más verosímiles combinados con algunos toques superficiales del exotismo caribeño. Y en realidad, muchas de las escenas que en la novela fueron hasta impactantes, en el film hubieran terminado por ser risibles de no ser por la maestría de Javier Bardem, que nos devolvió a un Florentino ni tan fiel al personaje de la novela pero igual o más poderoso en su perfil fílmico. Una buena mano en la dirección hubiera evitado una buena dosis de cursilería (inexistente en el libro).

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En resumen, la película El amor en los tiempos del cólera es más o menos entretenida (separada de la novela), con errores de dirección y puesta en escena que pudieron evitarse, pero poco apasionada para contar una historia de amor sin límites, que traspasó las fronteras de la edad y la paciencia humana. Con una producción elegante no logra mostrar las contradictorias costumbres de la amazonía colombiana que recreó el Gabo, y nos entrega una versión más occidental que se hace interesante recién en la segunda mitad de la película, con la entrada de Javier Bardem en el papel de Florentino Ariza, al parecer, el único que supo leer y entender el espíritu juguetón y trágico de la novela.

Claudia Ugarte


FESTIVAL IN-EDIT (12-16 de diciembre): FOTOGRAMAS SÓNICOS/Primera parte

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Por: Natalia Cid (desde Santiago de Chile)

Aquí estoy de nuevo. Volví para contarles que no me he separado de lo que más me gusta y para escribirles desde la fauna del 4to Festival In-Edit 2007 que se realizó, hasta el domingo, en mi ciudad Santiago de Chile.

Ha pasado mucho tiempo en el que extrañé bastante colaborar con Cinerastas, las obligaciones me dejaron sin tiempo para poder concretar un escrito. Pero bueno… eso ya es historia y aquí estamos, intentando dejar un pedacito de lo que pasa con In-Edit, la perfecta combinación para los amantes de la música y el cine.

Para quienes no saben, In-Edit es un festival independiente y la razón que lo distingue de otros, es que presenta documentales de género musical, totalmente inéditos, es decir, que no se han estrenado en salas comerciales y donde la mayoría se exhiben por primera vez en el festival. El In-edit llegó desde Barcelona hace 4 años, pero tiene sólo 5 de vida y ha sido un éxito total en las ciudades que se ha exportado (incluido Chile).

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In-Edit, este año, se ha lucido una vez más y dejó en la parilla más de 30 documentales ligados a la música. Desde Joe Strummer de los CLASH, hasta orquestas de música docta. Todo en un espacio que ahora tiene tres sedes, aumentando la capacidad de exhibición, pero también, haciendo correr a los que no queremos perdernos ninguna de las joyas que trae el festival.

Me parece positivo dejar testimonio de que el festival fue un éxito de asistencia hasta el día de su clausura y los documentales se exhibieron a sala llena durante todos los días. Con eso, tenemos asegurada al menos una versión más de In-Edit el próximo año.

Fui testigo de lo que se viene el 2008 en Competencia Nacional, porque después de ver ‘Kurt Cobain, About a Son’ y andar cabisbaja por el recuerdo tormentoso de un tipo que no pudo con sus presiones, acepté gustosa la invitación de mi amigo Nicolás Soto, ganador del In-Edit Chile 2005, a la sección Work in Progress (WIP), donde presentaría un avance de su nuevo proyecto: ‘La Cumbre del Rock Chileno’. En WIP se exhibieron dos teasers más. ‘De regreso a Rapa Nui’, la historia de una pianista de la isla que decide volver a su hogar, después de aprender a tocar el piano en el continente y otro docu sobre la grabación del último disco de Fito Páez.

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Pero mi periplo empezó un poco antes y el primer documental que vi fue chileno: ‘Al Unísono’.

AL UNÍSONO: GEPE y JAVIERA MENA/Competencia Nacional (Rosario González y Pablo Muñoz 2007)

Dos personas bromean frente a la cámara, cada una se presenta y con ingenuidad conversan entre ellos. Son Javiera Mena y GEPE, representantes del aire fresco en la música pop chilena.
Así comienza lo que fue un documental que superó mis expectativas. Si ya es interesante el fenómeno de estos dos artesanos, la ‘investigación’ sobre la génesis y personalidad de ambos músicos cumple con una excepcional profundización de las formas y fondo de GEPE y Javiera.
Vamos por parte. Javiera y Gepe, pertenecen a la nueva camada de músicos cuasi independientes de la ‘escena chilena’ (también se teoriza sobre la verdadera existencia de este movimiento en el documental) y desde que sus voces se escucharon por myspace, programas P2P y tocatas locales, han deslumbrado a los especialistas, además de tener un público fiel y muy particular.

Y esto es lo que ofrece el documental de Rosario González y Pablo Muñoz; no es una biografía políticamente correcta de vidas paralelas, donde el orden de los acontecimientos es importante. Aunque tiene algo de árbol genealógico, se libera de las ataduras de un formato televisivo y el cine entra con todo para dar forma a una investigación acabada de quiénes son y cuál es la razón del reconocimiento que tienen GEPE y Javiera Mena en la música chilena.

Si las entrevistas son bien montadas, un documental puede tener un ritmo frenético y atrapante. Eso pasó con ‘Al Unísono’. La comprensión de los hechos que marcaron a los dos músicos está relatada y explicada por ellos mismos, periodistas especializados y amigos. No hay intervención de narradores en off -tampoco es algo nuevo- pero el mérito del documental está en que la utilización de este recurso está tan bien dirigido, que la descripción de los entrevistados llega a estimular la reflexión de los espectadores para dar respuesta a las preguntas que presenta ‘Al Unísono’: ¿Quiénes son GEPE y Javiera Mena? ¿Por qué los especializados están rendidos a sus pies? ¿En qué parada está la música chilena?.

En un momento del metraje, el documental pone –casi sin intención, pero ayudado por la excelente ‘manipulación’ de las reflexiones- en el tapete, la importancia de la variedad de gustos e influencias que tienen los nuevos músicos y la audiencia. ‘La gente escucha mucha más música con internet’ sentencia Gonzalo Planet (músico y periodista) y Javiera Mena explica que escucha desde los éxitos de Emannuel hasta las Spice Girls, haciendo gala de la mezcla de su ‘bizarro’ gusto musical. Y quizás es éste uno de los motivos de por qué se hace indispensable y de visionado obligatorio este documental. Rosario González y Pablo Muñoz retratan la cultura de la sobrestimulación de los gustos, la información y el acceso ilimitado. Javiera y Gepe son más que una vuelta de tuerca en la música chilena, más que una propuesta novedosa y carismática. Javiera y Gepe, son hijos de la nueva era de la cultura. La música del siglo XXI.

KURT COBAIN, ABOUT A SON/Internacional (AJ Shnack 2007)

Se ha escrito y rodado mucho sobre el líder de Nirvana. Un músico que no puede descansar tranquilo en la memoria de sus seguidores y que ya es un ícono de la cultura pop del siglo XX. Este documental nos trae de primera mano qué sentía Cobain frente a la vida, las personas, su familia y banda. Resulta doloroso escucharlo hablar destruido por las experiencias y, al mismo tiempo, conmovedor oír que casi nada valía la pena. Es triste. Triste como la peor de las tragedias de Shakespeare.

‘Kurt Cobain, About a Son’; se construye con el único testimonio de Kurt, mientras un recorrido, con imágenes de los lugares donde vivió, acompañan lo que fueron las entrevistas que realizó el periodista Michael Azerrad y que luego recopiló en el libro ‘Come as you are: The Story of Nirvana’, editado 6 meses antes de que Cobain terminara con su vida.

Seguramente viene a la memoria la película de Gus Van Sant, inspirada en los últimos días de Cobain. La angustia y el dolor expresados en el film del norteamericano no logran traspasar una cercanía con el espectador, sino más bien, incomodidad. ‘About a son’ toma ese elemento y lo transforma en una sensación entrañable y maternal del espectador hacia el músico.

Lo más parecido entre ‘Last Days’ (GVS) y ‘Kurt Cobain, About a Son’, es que ambos exploran el acontecimiento que conmocionó al mundo de la música, desde una perspectiva ‘original’ alejada totalmente del estilo MTV o biografías de A&E Mundo. Mientras Van Sant se esmera en la omisión de los diálogos, Aj Shnack hilvana una historia desde la voz en off del propio protagonista y prescinde de otros ángulos que pudiesen dar personas que rodearon al malogrado músico, buscando un relato mucho más intimista y único.

Pueden tacharla de aburrida, poco convencional o que sólo es para fans de Nirvana, pero lo cierto es que dentro de todo lo distinto del documental, se puede despuntar que el director quiso ir más allá de la conmoción de un disparo en la sien de un líder. AJ Shnack, nos trató de decir: éste es Kurt Cobain, un tipo que tuvo problemas como todos y que, como muchos, no pudo vivir con ellos. Cobain con el alma desnuda y más cercano que nunca y merecido premio en el In-Edit de Barcelona 2007.

HEIMA, SIGUR RÓS/Internacional (Dean Deblois 2007)

¿Cómo podría no resultar hermoso un documental filmado en Islandia y con la música de Sigur Rós de fondo?.
Heima sigue la senda de la emotividad de uno de los grupos más ‘amorosos’ de los últimos tiempos. Y lo hace filmando el regreso de Sigur Rós a su tierra natal en un viaje por Islandia, ofreciendo conciertos gratuitos.

Los paisajes y tomas son envidiables, bebiendo de la estética y el sello que Sigur Rós imprime en sus discos y video clips. La belleza es incontenible, ayudada por los temas del TAKK y la sencillez de cada uno de los miembros de la banda.
El documental vale la pena tan sólo por ver la reacción de los oyentes mientras suena Hopippolla en una ciudad perdida del país al que también pertenece Björk.

Imaginen una industria abandonada por más de 50 años y en ella, como apariciones fantasmales, los sonidos de la voz fina y deliciosa de Jónsi. ¡Corran a buscarlo ya!

SONIC YOUTH, SLEEPING NIGHT AWAKE/Internacional (Project Moonshine 2007).

Siete adolescentes de una secundaria estadounidense graban a Sonic Youth, en un concierto.
Esa es la premisa y así queda. Sonic Youth haciendo de Sonic Youth. Un registro directo, sin rodeos, con temas completos entre una y otra entrevista proporcionada por los miembros de la banda. Se ve a Lee desenfadado en el escenario y luego, en backstage, bromeando y destendido con los chicos.
Los que gustan de conciertos y escuchar a Sonic Youth en vivo, disfrutarán del documental como un buen registro del sonido de la banda.

BLONDIE: ONE WAY OR ANOTHER/Internacional (Matt O’Casey 2007)

Aquí estamos ante un documental políticamente correcto de la heroína del pop/punk. La musa de los bohemios y melómanos. La presentación de ‘Blondie, One way or another’, no tiene nada de especial, salvo la recopilación de entrevistados e imágenes que hablan desde el ojo del huracán de la banda. Se deja ver y hay algunas confesiones sabrosas de entrevistados como Iggy Pop, quien admitió haber tratado de conseguir algo con Debbie Harry (lo mismo que David Bowie), pero recalcó la fidelidad de la cantante con su, entonces marido, el guitarrista Chris Stern.

Por supuesto, Debbie Harry es el centro de la atención y se confirma lo inteligente, decidida y carismática que fue y es, tras la imagen ícono de la rubia despampanante.

Toda la historia de Blondie queda clara y perfectamente encajada, pero al documental le falta ser incisivo, querer contar una historia con el hambre de la originalidad. Tal vez no lo pretenda, pero es un hecho que esta versión no será ‘la obra definitiva’ de la banda.

Aún quedan varios docus por comentar y, sobretodo, la guinda de la torta: JOE STRUMMER: The future is unwritten. Sólo puedo adelantar que con este documental, el aporte del caudillo del punk, es rabioso, intenso y heroico. Una gran película para un músico que presionó todos los límites contestatarios.

Los dejo y me despido aquí, para volver durante la semana con el resto del programa y un balance de lo que fue MI Festival In-Edit. Una instancia que no puede dejar de funcionar nunca y debería repetirse en otras ciudades de latinoamérica.


FESTIVAL IN-EDIT (12-16 de diciembre): EL FUTURO NO ES PREDECIBLE/segunda parte

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Por: Natalia Cid

A una semana del encuentro con INEDIT, las cosas se evalúan con la mirada y el reposo debido. Fue un gran festival. Muchas sensaciones vienen a mi cabeza escribiéndoles en este segundo, pero el mejor recuerdo fue la proyección abarrotada de personas con el docu de Joe Strummer cerrando la jornada anual.

¿Han salido inspirados después de ver una película en el cine?. Con la sensación de bienestar, respirando con placer, listos para llegar a casa y crear, leer, escribir; compartir la experiencia con alguien. Pues así ocurrió con lo que nos contó Julien Temple. Llegué a casa tarde, me acosté y puse el London Calling para dormir pensando en que hacen falta personas como Joe. Recuerdo que escuché esa frase el día que murió y sonó tan pertinente…

Todo INEDIT tuvo un poco de eso. Creo que fue una gran experiencia y sólo el termómetro de la inspiración puede corroborarlo. Pasó con varias películas que vi el fin de semana en el festival. Y si debo decir qué tenían en común, fue el que despertó de un letargo al público y lo hizo chocar de cabeza para enfrentar verdades dolorosas, hermosas y consecuentes. Pero vamos a lo nuestro.

El resto de los trabajos que pude ver, a continuación:

JOE STRUMMER: THE FUTURE IS UNWRITTEN (Julien Temple, 2007)

En el vaivén de la vida rutinaria, aborrecemos a los punkys que se apostan en las afueras del metro, pidiendo dinero para sabe Dios qué. Los maldecimos y sentenciamos molestos: ‘¡son unos vagos, flojos y tienen el descaro de pedir limosna para teñir su cabello y comprar cerveza para el carrete!’. Es que siempre olvidamos que fuimos jóvenes. La amnesia nos impide recordar lo que sentimos la primera vez que pisamos el recital de nuestra banda favorita y saltamos hasta quedar exhaustos y difónicos. Nos impide evocar la vez que pensamos en lo injusto que era el mundo y lo perra que es la vida con muchas personas. El ir contra la corriente, porque pensábamos que podíamos cambiar el mundo. Como dijeron cuando murió Joe… ‘hoy, más que nunca, hace falta Joe Strummer’.

El líder de The Clash murió el 2002, justo cuando el auge de la guerra contra Irak hería con sus bombas a miles de civiles y reclutas, forzados a pelear contra el enemigo por intereses de peces más gordos. Y en ese caos apocalíptico se nos fue un grande.

El documental se encarga de mostrarnos por qué Joe Strummer merece ser recordado y por qué es un ejemplo para muchas generaciones. No se equivoquen el punk no es para los vagos, el punk remece lo que está mal y en eso Joe era un líder.

En The Future is Unwritten hay un trabajo de documentación increíble. Desde las películas caseras de un Joe muy pequeño, hasta cuando ya es padre de familia; reuniones de amigos a través del espíritu del fuego y entrevistas a conocidos personajes que fueron cercanos a la vida y música de los Clash. Cuando los documentales tratan de desmitificar a las leyendas, suelen pasar dos cosas: exhibirse sin pena ni gloria y bajar los ánimos de un público ávido de héroes o potenciar la imagen del artista como un tipo con contradicciones y, por lo mismo, digno de admirar. Julien Temple consiguió lo segundo. Joe por siempre en nuestros corazones.

METAL A HEADBANGERS JOURNEY/Internacional (Sam Dunn-Scot Mc Fadyen, 2005)

Sam Dunn, a pesar de ser un fanático, se las arregló para realizar un trabajo serio y analítico sobre el metal. La tesis es bien atractiva: el metal es mirado con horror por presuntos prejuicios impuestos por una sociedad educada con valores que no aceptan ‘lo feo’ y ‘ruidoso’. Realmente es un documental ágil que estudia todos los aspectos y tópicos de este género, que gran parte de las personas ve como música para inadaptados.

El documental es honesto porque desde los primeros minutos el narrador/protagonista/director se declara un fan consagrado del género y no oculta sus intenciones de legitimar el metal de alguna u otra forma, pero lo interesante es que, viajando por todo el mundo, se encuentra con algunas sorpresas (episodio en Noruega) que hacen tambalear sus convicciones sobre los prejuicios de la gente, porque estos también son alimentados por bandas más ‘extremas’ como GORGOROTH (delirante entrevista).
Otra de las cosas buenas de este documental son las entrevistas a consagrados como Geddy Lee de Rush, DIO, Alice Cooper y un sinfín de potestades del metal y el rock. Sam trata de cubrir todo el espectro metalero, pero además, le pide la opinión a una socióloga, fans y gente ligada a la industria de la música, lo que enriquece aún más esta especie de estudio antropológico del metal. ‘Metal a headbangers journey’ no es la historia de un género musical, es más bien, el intento de entender una subcultura arraigada en el agujero negro de la música popular.

SINCOPADO/Competencia Nacional (Sergio Castro San Martin, 2005)

Un breve relato sobre el ambiente y la atmósfera de los clubes de Jazz santiaguinos con la música como principal protagonista. Algo de historia y muchos colores nocturnos. Siempre es atractivo un trabajo sobre el jazz, sonidos que abren (y cierran) el oído de las personas. Bar Thelonious, El Perseguidor y El Club de Jazz, sacados de alguna escena de los 40s para trasladarlos al siglo XXI.

CUBA MÍA/Competencia Nacional (Cecilia Domeyko, 2007)

Cuando vi el documental de Gepe y Javiera Mena, pensé: ‘este va fijo para ganador del INEDIT 2007. Sin embargo, aún quedaba mucho por ver y el último día me trajo una agradable invitación. ‘Cuba mía’ de la chilena Cecilia Domeyko. Aquí hay competencia. Error. Aquí está el documental que ganó la competencia nacional.

El equipo nacional partió a Cuba para realizar un emotivo documental sobre un grupo de mujeres dedicadas a la música de cámara, pero quizás lo que llamó la atención del jurado, fue el retrato de la hermosa Cuba captados por el lente de Cecilia Domeyko y cia. Aunque se obvian los problemas políticos, el registro resulta intenso, gracias a la descripción de las mujeres con sus más profundos sentimientos de inspiración.

SONAR AROUND THE WORLD (Jofre Font y Jose Maria Salat, 2006)

Lo que menos estuvo a la altura del festival fue este documental con características de propaganda y publicidad. Muy poco que decir. Una duración maratónica en algo que se podría decir en 40 minutos como máximo. Este docu refleja los alcances populares del festival electrónico de Barcelona, pero sin indagar más allá.

ELECTROMA DAFT PUNK/Internacional (Daft Punk, 2005)

Hongos alucinógenos. Ficción y cirugía bizarra para el dúo pop. Un punto entre tanto documental formal. No hay mucho que entender, salvo la pena y el encierro de dos seres que quieren ser humanos. Música de Brian Eno y a volar. Peliculón que deberían ver todos los hijos de Van Sant y los que gustan de los desafíos cinematográficos.

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Pequeño balance de la jornada festivalera:

LO MEJOR:
*JOE STRUMMER: The future is unwritten
*AL UNÍSONO: Javiera Mena y Gepe
*CUBA MÍA (ganador competencia nacional)
*HEIMA: Sigur Rós
*METAL A HEADBANGERS JOURNEY
*KURT COBAIN, ABOUT A SON

LO PEOR:
*Perderme ‘Ruidos Molestos’, ‘Factory Girl’ y el resto de los documentales que se exhibieron.
*Haber visto sólo un documental (CUBA MÌA) de los tres que ganaron en las distintas competencias.
*Las confusiones del programa donde nunca quedó bien claro a qué hora iban las secciones fuera de competencia.

Ganadores INEDIT
*Mejor Documental Nacional : CUBA MÍA (Cecilia Domeyko, 2007)
*Mejor Documental Internacional: LUCA (Rodrigo Espina, 2007)
*Premio del Público: CATALEJO (Ronnie Radonich, 2007)

Un saludo a todos los lectores de Cinerastas en estas fiestas, nos veremos pronto.


Especial Jim Jarmusch VII: Ghost Dog

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Pistoleros Jarmuschianos 

Jim Jarmush – Ghost Dog, The Way of The Samurai (1999)

Una vista panorámica desde la perspectiva de un pájaro en vuelo inicia la más confluyente obra de este notable autor (independiente) estadounidense. En Ghost dog: The way of the samurai se dan cita diversos elementos de diversas culturas, contextos y épocas que no guardan estricta relación. Esto ambientado nuevamente en los suburbios, condición predilecta de Jarmusch, donde el furtivismo y la supervivencia urbana se acentúan.

Un hombre misterioso, criador de palomas mensajeras y lector seguidor del Hagakure (obra literaria inspirada en el código Bushido -entiéndase para samurais- que exigía lealtad y honor hasta la muerte para sus partidarios) es un efectivo asesino a las órdenes de una ‘familia’ de Mafia ítalo-americana. Él responde a las escrituras del antiguo libro japonés como manual de acción ético, asimismo rinde honor al hombre que salvó su vida en una ocasión, quien lo utiliza como sicario experto. Ghost dog (espléndido Forest Whitaker), como se hace llamar, al ser traicionado por la ‘familia’ a quienes sirve no decide vengarse sino defenderse atacando, siguiendo las bases aprendidas del código: pensar siempre en la muerte, considerarse muerto; ver el mundo como un sueño; identificarse para andar sin poses, así como plantear fijamente objetivos sin temor; aligerar los problemas y agravar lo superfluo; adecuarse a las circunstancias; extraer lo mejor de épocas pretéritas para hacerlas fructíferas en el presente; etc. Todo un festival de mensajes metafóricos apelantes a la conducta de un guerrero honorable.

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La película argumenta el arraigo de la conciencia, el conocimiento introspectivo puro, exento de ambiguedades e inconcordancias. Ghost dog en su condición de asesino a gusto reafirma su condición en diferentes pasajes sin una mínima expresión timorata. Él sabe, gracias al Hagakure, que para tentar novedades, dimensiones distintas y desconocidas debe empezar por la concresión de la identidad, desdeñando la mudanza de plazas como búsqueda reveladora de motivaciones. Este es un enunciado permanente en el cine jarmuschiano, dicho con más ímpetu en sus primeros trabajos, como en Permanent vacation cuando Allie busca transportarse para encontrar arraigo y conocimiento de sí mismo en algún lugar específico, o en Stranger than paradise cuando la búsqueda del paraíso por parte del trío protagónico (Willie, Eddie, Eva) es infructusa. También, se muestra la desilución de lo repititivo y soso en Down by law y Mistery train, en cuanto a Night on earth y Dead man la paradoja del “movimiento estático” y el transtorno vivencial. Todo esto emitido bajo la premisa e inquietud universal del cineasta: el conocerse a sí mismo bajo cualquier circunstancia, siempre en los suburbios y ambientes olvidados; contexto preferido y adecuado para la narración de sus glosas.

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Ghost dog: The way of the samurai es la del tempo más distraído de los siete filmes ficcionales antes hechos por el indie, es la más fácil de consumir por las masas por su argumento fijamente determinado a la intriga y a la progresión emotiva. Existe un objetivo expectante que atrapa al espectador común afín a los policiales y películas de acción, que es bien hilvanado con las ya características conversaciones fluidas a la vez de desconcertantes que marcan el sello del autor.

Las diversas citas del Hagakure puestas como carteles indican la acción a devenirse, nos prepara para el movimiento a realizarse por parte del asesino. Ghost dog cree conocerse por las bases dadas por el libro japonés, en aquel encuentra identidad y posición, pesquisa permanente de los personajes jarmuschianos, lo cual trae al ruedo en el cine de Jarmusch una nueva forma de tratar su premisa básica. Ya no en buscar conocimiento y plenitud en la búsqueda de lugares, sino a raíz del individuo disperso de dudas y ambiguedades palmar la perspectiva del hombre logrado firme a su fe y convicción. Es un alegato a la credulidad de las ideologías o a cualquier otra forma manifestadora de conductas como recursos valederos si es que se anhela ese fin.

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La TV es emisora de absurdos y banalidades de lo más prescindibles. Divertimento retrógrada de los ‘malos’ (los mafiosos) e inocentes (la hija del jefe). Así lo hace ver Jim en las esporádicas apariciones de una TV, que sólo muestra dibujos animados bizarros y ridículos. Una cucharada de sátira y punto de vista radical siempre enunciado en sus producciones, como también la utilización del recurso irónico. En esta entrega, el personaje haitiano que funge como heladero, y que sólo habla francés, se entiende a la perfección con el sicario, que sólo habla inglés. Los omitidos u olvidados se expresan bajo el mismo código no verbal, enténdiendose sus mensajes e inquietudes sin haberlo expresado. Ghost Dog y el heladero hablan de lo mismo sin percatarse de ello.

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El hip-hop es lo que suena como banda sonora de la película, ya sea por sonidos off dados por el montaje, porque Ghost dog la programe para su disfrute, o porque en los ambientes libres como parques o calles sus transeúntes la interpreten con pura improvisación. El hip- hop suena no con mayor pretensión que de brindarle sonido negro al filme, sonido de los marginados, de los excluídos en una sociedad racista renuente a la autocrítica. Ghost dog: The way of the samurai es una película de los suburbios, sobre los suburbios y dedicado a los suburbios, o mejor dicho sobre los apartados… los que pocos toman en cuenta.

Jarmusch a estas instancias ha descuidado la importancia de la fotografía, que tanto había empleado en la denotación de sus acabados. Ahora es movediza, desinteresada del cromatismo y tonalidad, y convencional en la composición. Algunas variantes había señalado en Dead man, en relación a la composición (encuadre y movilidad) y duración de sus tomas; pero en éste, su octavo filme, difiere de la intencionalidad que le daba a sus encuadres cerrados con cámara fija. En Ghost dog: The way of the samurai da preponderancia a la intencionalidad argumentativa brindada por el eje central del relato, el asesino Ghost dog, que a la poder codificador de la fotografía.

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Sin embargo, esto no afecta sobremanera en la impresión final de esta entrega. Personalmente, la más entretenida de su filmografía. Ghost dog, el asesino, liquida a sus amenzantes como consecuencia intrínseca de la guerra, asimismo en el desenlace es muerto por Louie, persona a quien honró en vida el sicario, que cobra vengaza por la aniquilación casi total de su ‘familia’. Ghost Dog muere complacido por su vida fiel a su régimen, pero Pearline, una niña con quien entabló amistad, recibe el legado del samurai pistolero. Ghost muere, sí, pero el Hagakure sigue vociferando sus lecciones para una vida de honor y lealtad; de reconocimento, enraizamiento y direccionalidad para enrumbar.

“El final siempre es importante”, dice en sus páginas el Hagakure, mas aún si da inicio a algo más… Pearline así lo siente…

John Campos Gómez 


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