Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Cartel Fílmico

LA RED SOCIAL/THE SOCIAL NETWORK

David Fincher – The Social Network (2010)

David Fincher (nacido en Denver, USA, en 1962) tuvo, en sus inicios como director, la complicada tarea de mantener una saga clásica a la altura eso mismo, es decir, de los clásicos.

Con “Alien 3” no lo logró, pero el señor Fincher prosiguió su camino y con su segundo largometraje, “Seven”, (anteriormente había estado vinculado a la publicidad y a la realización de videoclips, estilo que se ve reflejado en algunas de sus posteriores obras) deslumbró a crítica y público, logrando, ahora sí, un “clásico” contemporáneo, y estando casi a punto de crear un subgénero del thriller “psico- policíaco”.

Precisamente, de cómo una mente talentosa, tras una gran creación, se da a conocer multitudinariamente, es de lo que, en cierto modo, trata su último film: “The social network”.

Sinapsis argumental: Lo que David Fincher nos cuenta, es el fragmento de la vida del estudiante de Harvard Mark Zuckerberg, desde los primeros bocetos de la idea hasta la creación definitiva de su obra: “Facebook”.

Todo esto se nos explica desde un momento más cercano en el tiempo en el que, a través de 2 juicios se nos va narrando la historia, en forma de flashbacks, de lo qué y cómo sucedió.

Más allá de que lo que la película nos deje ver se aproxime en mayor o menor medida a la realidad (el mismo Mark Zuckerberg dice que entre lo que ocurrió y lo que se muestra hay una distancia notable), aquí, vamos a analizar algo de lo que se ve, de lo que se muestra, de lo que se cuenta… y principalmente, de quién se cuenta.

Ya la primera secuencia del film (conversación entre el protagonista y su pareja), hace las veces de un “cortometraje/resumen” que describe la personalidad de nuestro Mark Zuckerberg particular (Jesse Eisenberg, muy adecuado a su papel): una persona con grandes capacidades pero con grandes carencias.

La mente del ser humano podría, simplistamente, dividirse en 2 grandes bloques: la inteligencia intelectual y la inteligencia emocional.

La primera de ellas sería la destinada a tratar con aspectos prácticos, académicos, mecánicos, numéricos, etc.; y la segunda la encargada de gestionar la afectividad, las relaciones interpersonales, los sentimientos…

En condiciones idóneas, ambas deben de intercomunicarse de forma fluida para que estemos ante una situación de saludable; siendo, cuanto menor o/y peor dicha fluidez, más probable la aparición de algún tipo de “malestar” (por no decir trastorno) en el individuo.

Los niños (en condiciones “normales”, no serviría para todos los casos), en los primero años de su existencia desde el nacimiento, viven vinculados a una madre que lo es todo para ellos y viceversa. Dicha mamá los colma de cuidados de forma exclusiva y sin quererlo los coloca en una posición fantasiosa de ÚNICOS, de EXCLUSIVOS.

Si ese vínculo no se va suavizando, gracias no solo a la “fuerza” de la “madre” sino también a la intervención o entrada del “padre” como tercero en discordia (que haga al niño ver que no es el UNICO o EXCLUSIVO), puede ocurrir que se den fijaciones en esas etapas que luego repercutan en el desarrollo de la personalidad adulta posterior, posiblemente con ciertas lacras.

A lo largo de esas etapas iniciales es en las que se comienza a desarrollar en nosotros lo que se podría denominar NARCISISMO (sintácticamente: preocupación de uno mismo por sí mismo); elemento importante para el autocuidado, pero negativo si se da tanto en defecto (no nos protegeríamos adecuadamente), como en exceso (nos centraríamos tanto en nosotros que dejaríamos de lado factores importantes de nuestro mundo externo, como por ejemplo la sociabilización adecuada con nuestros iguales, que no es poco).

El dolor precisamente narcisista que le produce una ruptura sentimental, un sentirse abandonado y rechazado ante un espejo que parece reflejarle algo así como: “no eres importante; no eres mi centro de atención; puedo prescindir y prescindo de ti”, es el detonante que lleva al potente cerebro de nuestro protagonista a comenzar a funcionar con furia; a “defenderse” contra-atacando.

En un mundo “social” que le viene grande (y ante el que se siente pequeño), y sin recursos interpersonales para conseguir sus objetivos (chicas, clubs prestigiosos, popularidad…), usa el mundo “no social”, intelectual, informático, en el que se siente poderoso y superior, con una doble vertiente: volver nostálgicamente a ocupar el lugar ÚNICO, EXCLUSIVO, y vengarse agresivamente de aquel mundo “de las personas” en el que se siente agredido por todo debido a su complejo de inferioridad, portador de la insoportable ENVIDIA.

Comienza entonces una escalada hacia la cima en la que no duda en arrasar todo lo que, a su alrededor, “le recuerde” lo insignificante que realmente se siente. Y teniendo en cuenta que quizá la ENVIDIA sea el motor que le mueve, ésta se diversifica en una red arácnida que a todo da caza…

… A las mujeres que le gustan y a las que “no gusta”, por las que no se siente aceptado. La víctima inicial es su (ex) pareja de entonces, Erica (Rooney Mara, de escasa aparición) a través de insultos directos computerizados. Y por extensión abarca a TODAS las demás. A TODAS  las mujeres del mundo, ya que en la psique humana no existen las fronteras geográficas.

… A los hombres que “sí gustan”, a los que envidia, entre otros motivos, por atraer a las mujeres que a él no le hacen caso.

Representados por los hermnanos Winklevoss (Armie Hammer ambos, con planta física indiscutible, que es de lo que se trataba en este caso), disciplinados, deportistas, atléticos, altos y guapos.

… A las personas a las que considera en una posición social más elevada a la suya. Queda patente desde el principio su interés por entrar en algunos de los prestigiosos clubs sociales del lugar siendo en esta ocasión la diana de sus celos la representada,  por el que en teoría es su “mejor” (¿y único?) amigo, Eduardo Saverin (Andrew Gardfield, correcto).

… Y para finalizar (aunque se podría continuar sin duda), y así cerrar este curioso círculo vicioso… a la (poca) gente capaz de tocarle alguna fibra humana sensible en forma de admiración: Sean Parker (Justin Timberlake, a gusto). El cual consigue conmoverle por varios motivos: se identifica con él en cuanto a deseos de grandeza y por tanto en cuanto a elementos paranoicos, y ve al mismo tiempo reflejados en su persona, por un lado los chispazos de genio que él mismo posee, y por otro las habilidades sociales de seducción y conquista de las que carece. Es decir, que a priori lo tiene “todo”. Pero…  ¿ante tal idealización se puede permitir un error grave “que él no cometería” y que pondría en peligro la magnitud completa de lo llevado a cabo?

… lo dejo en el aire.

He aquí entonces la historia de un ser humano que inconscientemente se vive como minúsculo, pero que cuenta con las armas mentales de un computador de avanzadísima tecnología; que ante la imposibilidad de ser SOCIAL (vital) ante sus seres cercanos, crea la probablemente mayor RED SOCIAL (virtual) del mundo sin importarle perder a los únicos que le eran realmente cercanos; que posee tan poco poder afectivo, que cosifica a las personas en su escalada hacia la cima de su solitario Olimpo; que con sus ansias de ser “normal” y reconocido (reconocido = querido) pero con el handicap de sus “incapacidades”, no solo no lo consigue, sino que se va quedando más aislado según avanzan sus pisadas…

… Una nueva historia 1000 veces contada a cerca de una ironía de la vida, en la que  se ve de nuevo que todo transcurre en forma de repetición de patrones y de puntos de fijación (recordad el obsesivo-compulsivo final del film); en la que un hombre (chico realmente) en la búsqueda insaciable de sus ideales, consigue en gran parte (por méritos propios) lo que se propone, pero… ¿a cambio de qué?

… muy probable y tristemente, a costa de perder en el camino parte de su nexo de unión con lo intrínseco a todos nosotros: lo HUMANO.

David Fincher, nuevamente (gracias al buen guión de Aaron Sorkin basado en la novela “The accidental billionaires” de Ben Mezrich), logra entretenernos con una película de ritmo ágil.

Da la sensación de que, con el paso del tiempo, este realizador, está dejando atrás en cierto modo sus influencias efectistas del videoclip, y va transformándose, poco a poco en un director más “serio” dentro de su modernismo (¿también visible esto en “Zodiac”, quizá?). No queriendo decir con ello que haya mutado, sino que se le atisban nuevos recursos en su repertorio, que le permitirán seguir progresando, evolucionando, y así seguir siendo uno de los realizadores atractivos del panorama cinematográfico actual.

Carlos López


Un Pie Sobre el Vacío

 

 

Jean Pierre y Luc Dardenne – El Matrimonio de Lorna (Le Silence of Lorna, 2008) 

 

Los hermanos Dardenne son un proyecto común, uno que se extiende desde sus leit motiv temáticos —esa idea de completar un fresco de los bajos fondos belgas—, pasando por un tratamiento formal común —el estilo sumamente emotivo con una paradójica apariencia documental—, hasta llegar al hecho de trabajar siempre con la misma gente —al drogadicto de El matrimonio de Lorna lo interpreta Jérémie Renier, el actor que en La promesa (1996) fue un niño trabajador y que en El niño (2005) hizo de un vago que vende a su hijo, por ejemplo—.

De manera que la idea parece ser, no realizar una película, sino un conjunto de ellas, cada cual como una entrada distinta, un matiz particular, dependiente, no obstante, de su relación con el conjunto. Y así habrá que entrarle…

El matrimonio de Lorna (Le silence de Lorna, 2008) se construye de a pocos. Otro rasgo distintivo en las películas de los hermanos Dardenne, por cierto. Como un documental, asistimos a la realidad. Es decir, obviamente no se trata de la realidad, sino de una puesta en escena más o menos espontánea (a veces filman sin ensayos, la intención queda clara).

Mediante una cámara por momentos muy cercana, intrusa en algunos casos, penetramos en la intimidad de Lorna, una chica que trabaja para ganarse la vida. Llega a su casa, donde la espera un tipo de aspecto deplorable a quien ella trata muy mal…  

Poco a poco armaremos de qué va todo: Lorna es albanesa, se ha casado con el yonqui belga, tiene un novio llamado Sokol, con quien quiere poner un bar, pero para eso necesitan plata, y entonces entra el ruso, que les dará mucho dinero por la recién adquirida nacionalidad de Lorna.

Es decir, quiere casarse con ella. Luego las cosas se complicarán, su equilibrio siempre fue precario, por decirlo menos. Sin embargo, la progresión no es la del guión clásico, no se ajusta necesariamente a una causa-efecto que pugna por ser comprendida con la mayor claridad, sino más bien parece acercarse al azar del documental. Ok, no lo es, pero parece que lo fuera. Ahí está la gracia. Palma de Oro al mejor guión, dicen.

Los hermanos Dardenne vienen ganando bastante en Cannes y cabría preguntarse por qué. Siempre hacen básicamente lo mismo… ¿Será que hay fórmulas que no se gastan? O: ¿que justamente sus películas funcionan por acumulación, que no basta con una sino con varias, que necesitas más para asomarte a ese panorama tan particular que ellos te están ofreciendo?

En parte se debe a que a los franceses les encanta este cine “social”, pero el otro sentido se refiere a la segunda pregunta. Como las papitas lays o el maní o cualquier otro tipo de snack, si te comes una, quieres otra y otra, y otra…

Y otra pregunta: ¿para qué la máquina funcione las películas deben mantenerse bajo estándares de calidad medios? Quiero decir: así como no puede haber ningún bajón tampoco resulta posible destacar, el minimalismo y el juego entre la sequedad de los recursos y lo emotivo del discurso, la marca registrada Dardenne, ¿se torna un corsé? Como el Dogma 95, que nadie cumplió ni siguió al pie de la letra y que por eso dio alguna que otra buena película, los Dardenne deberían abandonar el método pese a todo.

El problema con El matrimonio de Lorna es su final. Los primeros tres cuartos de película cumplen con todos los requisitos típicamente Dardenne, pero poco a poco la ambigüedad crece hasta coparlo todo. Lorna, la protagonista, se aleja emotivamente de la realidad. Empieza a desear lo que no existe con una fuerza que tampoco existe.

Si las películas de los Dardenne se caracterizan por lo gris y mediocre de los sentimientos de sus personajes, en Lorna destacan por su pureza. Un momento epifánico, cerca del final, a primera vista otro de sus rasgos clásicos, pero que se les va de la mano, ya no parece real, ya no parece documental, se ha tornado lírico, y en tal contexto luce cursi, excesivo. La empatía, al final de otros filmes suyos tan fácil, ahora se quiebra.

Entonces lo precedente, normalmente sublimado por la escena final, pierde el norte. Lorna luce demasiado impactada, ya no convence… No quiero decir que se trate de una película fallida, sino que falla en el contexto Dardenne, que cuando escapa del molde, nos parece fea. La intención ya no es el juego de equilibrista entre emotividad y sequedad, lo lírico e irreal ha ganado la batalla.

Se ha inclinado de pronto y uno siente miedo ante el desequilibrio que no conoce. Tal vez, de no ser una película marca Dardenne, la impresión hubiese sido otra. Hay que abandonar esa maldita tendencia al equilibrio, no temerle al exceso y dejarle los proyectos de largo aliento a Dios o a los presidentes.

 

Por Eugenio Vidal


Man in the Screen

 

 

Kenny Ortega – This is It (This is It, 2009)

 

Ver cantar o bailar a Michael Jackson siempre me ha hecho caer en una irrefrenable hipnosis. Y aunque no guardaba ninguna expectativa sobre el film de Kenny Ortega, esperaba que por lo menos las exigencias de la pantalla grande me conectaran un poco más con este gran artista. De algún modo esto sí ocurrió.

No tanto por la habilidad fílmica del director –quien también se encargaría de la dirección artística de los 50 conciertos que Jackson presentaría en Londres– sino más bien por esa sensibilidad que sólo puede transmitir el autor de temas como Man in the Mirror o Heal the World.

Sin dejar de lado los argumentos monetarios que llevaron a los productores a rebuscar y entregar casi dos de las 120 horas grabadas para el uso personal de Michael, hay que reconocer que la película cumple con desbaratar aquel lienzo pintado por la prensa que mostraba a un desfasado Rey del Pop incapaz de brillar en el O2 Arena.

Es decir, además de darnos una pincelada de lo que pudo ser uno de los espectáculos más comentados de la década, “This is it” no tuvo más ambición que la de restaurar en el recuerdo de Michael el profesionalismo y la genialidad que muchos detractores quisieron arrebatarle. El filme no quiso ir más allá y tampoco hubiera podido. Esa es su ventaja.

De allí que las tomas, que precisamente le iban a servir a Michael para perfeccionar su puesta en escena –por lo que son en su mayoría contrapicados que reemplazan el punto de vista de los fanáticos– se convierten en grandes ventanas que nos permiten participar íntimamente (desde nuestras butacas) del armado de un espectáculo de primera, como si estuviéramos allí mismo, bajo el estrado del Staples Center de Los Ángeles, observando al lado del equipo técnico y de los bailarines, cómo (con una esencia delicada antes que prepotente) finiquitaba los últimos detalles de una gira que prometía, una vez más en su carrera, imponer su estampa en el mundo del espectáculo.

A manera de testimonio, “This is it” nos demuestra que para la gira londinense no sólo se habían grabado sorprendentes apoyos audiovisuales de títulos como Thriller (con efectos 3D y nuevos disfraces), Smooth Criminal (donde un excelente montaje le permite participar de escenas del cine de gangsters al lado de Rita Hayworth (en Gilda) y Humphrey Bogart) o The way you make me feel, sino que se habían incorporado algunas nuevas versiones que reflejaban la evolución del cantante de 50 años.

A esto se iban a sumar portentosas coreografías, sobresalientes participaciones de su corista principal y su guitarrista, y efectos especiales más imponentes que en su mejor época.

Con este material Ortega describe la gira como una gran promesa y a Michael como ese gran artista capaz de dirigir con sutileza (a-m-o-r) a un numeroso equipo de profesionales técnicos y bailarines, perfeccionar cada detalle sonoro, visual, vocal o acrobático, y seguir siendo el niño grande que sólo lograba completarse en los escenarios, frente a las multitudes que lo convirtieron en el Rey del Pop.

Michael tenía claro que era su tour de despedida, estaba más que ilusionado con el proyecto, por lo que no quería dejar nada a la deriva, incluso cuidaba su voz y, pese a ese perfeccionismo obsesivo, se le ve reservar algo de espontaneidad para el público que lo esperaba en Inglaterra.

Ortega lo admiraba y eso se nota en su selección de imágenes. Por eso, el resultado mueve algunas fibras tanto de seguidores como de no seguidores de Jacko. Lo que se ve en This is it es a un artista más vivo que nunca en los que fueron –sin que nadie lo supiera–  sus últimos días de vida, y a un hombre demasiado optimista con la tarea de “salvar el planeta”.

La película no se enreda en el boom mediático en que se convirtió su muerte, tampoco se ve un afán figurativo u omnipresente de Ortega (como sucede con otros directores), ya que su mirada es más bien paternalista. Esos aciertos y esa limpieza testimonial son los que le han dado un innegable peso a la película de Ortega, la cual, sin embargo, no hubiera tenido el mismo interés sin Michael Jackson.

 

Por Claudia Ugarte


Bastardos sin Gloria

 

 

Quentin Tarantino – Bastardos sin Gloria (Inglourious Basterds, 2009)

 

“Érase una vez, en Francia ocupada por los nazis. 1941”

Sería mezquino de nuestra parte desmerecer los logros de ésta producción, que como mucho podríamos criticar de excesiva o grandilocuente, basándonos en la falta de rigurosidad histórica que derrocha. Sin embargo, y Tarantino subraya éste aspecto repetidas veces, no hay ninguna intención de describir los hechos tal como sucedieron.

La fantasía histórica es un tono perfectamente válido, y la tenemos presente desde la frase que da inicio a la farsa: Érase una vez un cuento de hadas para adultos, protagonizado por los personajes del título, una suerte de grupo de élite judío-americano comandados por Brad Pitt con bigote y actitud matrera, que dispensa a los alemanes un trato igualmente violento que el que ellos, esto sí históricamente comprobado, proporcionaron a quienes declararon enemigos de su nación, en un rapto de estupidez del cerebro afectado de sífilis (esto también, históricamente comprobado) de su líder absoluto.

Tarantino goza planificando, guionizando y dirigiendo sus filmes con la pasión cinéfila cultivada en sus años tras un mostrador de video club, donde seguramente tomaba nota mental del aluvión de referencias con que sazonaría sus trabajos, especialmente abundantes en éste último. Los curiosos podrán identificar alusiones a galanes de los años 50, estrellas del softporno, del blaxploitation, al cine francés, al cine propagandístico alemán, a los Doce del Patíbulo y al western de Sergio Leone; además de la sesuda cátedra entre los miembros de las fuerzas británicas, a mitad de la cinta, acerca de los brillantes realizadores de la época y sus films, que superó por completo mi pedestre entendimiento del cine europeo.

Su sexto largo hasta la fecha presenta un sentido maduro de la filmación. El arte cinemático se expresa con máximo brillo en memorables momentos de tensión como la secuencia inicial,  perfectamente construida, con la dosificación creciente de la angustia hasta que la víctima, al inicio impasible, es destruida en virtud a la astucia de uno de los mejores villanos de los últimos años. 

 

La meticulosa planificación de un tiroteo que dura menos de quince segundos es igualmente impecable, y sus actores logran desenrollar esos impresionantes guiones que versan entre lo irrelevante y la palabra inesperada que acciona los gatillos cuando el espectador menos lo espera. Es en esta cháchara (insoportable para algunos) deliciosamente natural y derivativa (para la mayoría) que encontramos uno de los más queridos tópicos del realizador, casi siempre introductorias a las escenas de acción, la cual son también marca de fábrica, así como su comprobada tendencia a inflar las situaciones hasta hacerlas explotar.

En determinado momento se publicitó la película como una aparente historia lineal de venganza, con grandes dosis de violencia y hemoglobina, al mejor estilo del autor de Kill Bill, como sin mayores palabras anunciaban los primeros posters ([1]).

 

A cambio hemos recibido una epopeya tan descaradamente falsa como fascinante, cuyas escenas de violencia (en ocasiones gratuita, todo hay que decirlo) se equiparan a magníficas representaciones de época, resaltando la exquisita sala de cine donde se proyecta aquella nefasta película alemana, así como actuaciones impecables que tienen su más celebrado ejemplo en la encarnación del oficial SS Hans Landa.

“Me ha devuelto mi película” – Respondía Tarantino en una entrevista algunos meses atrás, en referencia al actor Christoph Waltz, recientemente ganador del Premio al mejor actor del festival de Cannes, que lleva adelante un personaje extremadamente complejo de interpretar: Carismático y odioso por partes iguales. Malvado en más de tres lenguajes diferentes. Sabes que es más listo que tú y sabes que te ha atrapado en un solo gesto de su rostro, mientras no deja de sonreir. Es una suerte que este papel no haya caído en manos de Leonardo Di Caprio, como aseguran algunos medios estaba planificado.

Villanos como éste se han caracterizado en la historia del cine por eclipsar a los supuestos protagonistas, en este caso, de por sí bastante débiles, constituyendo éste el punto menos favorecido de la película (junto a un intruso cameo de Mike Myers, que daba la impresión de estar por romper a carcajadas en cualquier momento). Con excepción de su jefe, los bastardos son caracterizados con algunos trazos interesantes, pero en general resultan en extremo superficiales, y algunos lamentablemente innecesarios.

Aquellos por los que nos hemos interesado, a pesar de las pocas líneas proporcionadas en relación a su pasado o el origen de su cólera, desaparecen de escena demasiado rápido y sin haber intervenido de manera significativa en la trama. Esto no deja de ser una molesta piedra en el zapato, sobre todo para un film que lleva en el título el apelativo de estos personajes.

No es posible dejar de mencionar la música en la obra de Quentin Tarantino. Un sentido único de la oportunidad le permitió desde siempre mezclar cosas como una escena de tortura con un pegajoso tema pop de los 70 ([2]) y lograr siempre resultados sorprendentes.

Un poco más formal es la partitura escogida para este relato, iniciando con la que algunos reconocerán como la melodía introductoria de la película El Álamo de John Wayne, y enlazando con temas emparentados con el Western Italiano y Ennio Morricone ([3]) ¿Podemos pedir más?

Como es costumbre, la crítica se divide con los trabajos de Tarantino. Quienes lo denuncian autoindulgente e intrascendental, y quienes lo aplauden diez minutos de pie tras el estreno en Cannes. Para quien escribe, un autor con letras mayúsculas, que sabe extraer su arte tanto del más valioso y premiado material como de los géneros oscuros y menospreciados del cine, logrando un producto único y novedoso, rico en matices, deliberadamente imperfecto. Es por eso que seguimos esperando con impaciencia estos engendros extensos, abstractos  y tremendamente entretenidos que nos obsequia cada tres o cuatro años.

 

Por Gonzalo Del Carpio Bellido

 


[1] Para quienes no los conocen:

http://www.ozutto.com/blog/posters-inglorious-bastards-pelicula-quentin-tarantino/

[2] La canción “Stuck in the Middle with You” durante una de las escenas más gráficas de su ópera prima.

[3] Tarantino pretendía encargarle música original al afamado compositor, pero éste estaba demasiado ocupado en sus recientes colaboraciones con Giuseppe Tornatore.

 


De Vuelta al Barrio

 

 

Sam Raimi – Arrástrame al Infierno (Drag me to Hell, 2008)

 

En lo que va del año, hemos tenido diferentes temas en lo que a cine de terror se refiere. Tenemos desde casas embrujadas hasta muertos que no dejan vivir en paz a los vivos. Todas estas películas han tenido resultados dispares unos más que otros y viceversa. Pero siempre los fans de este género, tienen su recompensa con alguna película que rompa el molde, y solo los genios, hasta el momento, tienen ese don de lo impensado, en esta ocasión nos referimos a  Sam Raimi.

El cine de Raimi para los entendidos en el rubro, fue un pionero en ese nuevo cine de horror de principios de la década de los 80´s, con temas que mezclaban horror y comedia a la vez, y sería algo descabellado no mencionar su obra maestra The Evil Dead (1981), pero estrenada en nuestro país tres años después, aunque personalmente me agrada mas la secuela que la original.

En sus películas ha hecho uso de varios métodos para infundir miedo y meter a la audiencia en la historia, como ese movimiento del zoom para identificar ruidos o acciones que se suscitaban o la cámara a gran velocidad para simular las persecuciones de las víctimas. Esto lo convirtió en un director original, que sabía lo que hacía, ya que para la década fue algo innovador.

Luego se alejo completamente del genero con temas más “comerciales” como westerns (Rápida y Mortal), acción (Darkman), romance (Por amor al juego), hasta que regreso a lo grande con la trilogía, hasta el momento, de El hombre araña, que lo volvió a colocar como un director top en la industria de Hollywood. Ahora lo tenemos de vuelta a sus raíces con una nueva experiencia en terror con Arrástrame al Infierno.

La trama se inicia con Christine (Allison Lohman), que por sus ansias de surgir en el banco que trabaja, toma el caso de una señora de avanzada edad (Lorna Raver) que le manifiesta que no pueda darle otra hipoteca a su casa, y por las situaciones que se dan, tal decisión le costara caro luego de que dicha señora le dé un hechizo mortal. Con esta película los fanáticos del género nos sentimos complacidos, ya que alguien como Raimi regresa y cómo al que fue su hogar por muchos años.

Al igual que en sus primeras películas, buscó actores no tan reconocidos en el medio, aunque podemos citar a Justin Long, que por lo visto se está convirtiendo en un actor versátil sin ser extraordinario, ya que lo tuvimos en películas como El Demonio, Pelotas en Juego o Duro de Matar 4, al igual que David Paymer, un actor bien secundario y que alguna vez estuvo nominado al Oscar.

Mientras que por el lado de las actrices, a pesar que es más joven, Allison Lohman ha tenido más películas, no como actriz principal, siendo la más destacada El Gran Pez allá por el 2003, mientras que Lorna Raver se ha dedicado más a la televisión que al séptimo arte.

A pesar de las capacidades actorales tanto de uno como de otros, cada quien cumple con el rol que se le ha encargado, destacando más que el resto el de la señora Ganush, a pesar de solo estar, físicamente, en los primero 30 minutos de la película. Lo raro de todo esto es que no llamó a su actor fetiche Bruce Campbell que siempre aparece en algún film que haga, cosa que no sucede con el clásico auto amarillo.

 

La película desde un inicio no oculta ni deja nada a la imaginación, ya que uno se involucra en ella desde el inicio pero el director sabe como introducir a la audiencia a pesar de lo dicho, ya que toda esa parte transcurre rápida y violentamente, cosa que a uno le llama la intención desde el primer instante. De ahí en más es un juego de descubrimientos y situaciones sobretodo de la imaginación de la protagonista como sombras en su casa (memorable la sombra del demonio que se ve  por debajo de la puerta), como las múltiples visiones de la señora Ganush por ella.

Raimi también hace uso, como dije anteriormente de tonos cómicos en esta clase de cintas, como la posesión del espiritista, que flota, se transforma, entre otras más, haciendo recordar algunos momentos similares de las cintas de Evil Dead, como por ejemplo en la tercera parte cuando el demonio se apodera  de una señora en frente de los demás. Pero la parte que asombra de por sí, es la conclusión de la película, realmente sorprendente y recomendable al mismo tiempo.

Me atrevería decir a estas alturas del año que estamos ante la mejor película de terror del 2009, no solo porque es Sam Raimi, sino por el matiz y lo diferente que es comparada con otras que no explotan el tema al máximo y dejan cosas que pudieron haberlas incluido y no lo hicieron o tal vez si lo incluyeron pero solo a un 50%.

Para hacer algo hay que saber del tema, y Raimi lo sabe en demasía, además que es muy inteligente al saber equilibrar las cosas y darles forma, como en este film. Claro que como toda película que se aprecie, también posee sus defectos,  es buena, pero pudo haber sido mejor, sobretodo en algunas escenas donde se debió emplear mas temor para darle más “sabor” a la trama.

Arrástrame al Infierno es una película que no los decepcionara a pesar de lo último, pero siempre es bueno ver películas de realizadores que son ya una institución dentro del mundo del cine, ya que si bien aplaudimos una película hecha por Steven Spielberg, a pesar de algunas decepciones últimamente, lo mismo sucede con San Raimi, que no solo hace una película, sino que se divierte haciéndola.

 

Por César Cortés Gutiérres


Cuando la belleza se lleva por dentro

 

 

Anthony Leondis – Igor (Igor, 2008)

Igor no es un típico film animado acerca de un científico loco y de sus temibles inventos. Al contrario, presenta una divertida aventura donde la imagen externa no es nada a comparación del gran corazón que poseen estos personajes. La línea de la historia, muy sencilla y comprensible, remarca fuertemente en las actitudes de los personajes y entregan un buen mensaje al estilo de las antiguas películas de terror de la Universal Studios.

 

Ante la gran cantidad de films de animación que van en aumento, las ideas comienzan a escasear creando así la oportunidad de presentar nuevos estilos de personajes y diversos escenarios que lo hacen especial y único. Al empezar con los personajes en Igor, tendremos al cliché de todo ayudante del científico loco que es un jorobado con poca cabellera y de pocas palabras (el típico ayudante terrorífico de películas de terror de los años 30).

Sin embargo éste será el personaje que llevara al público a ver la otra cara de los científicos malvados y en qué basan su economía (hacen armas destructivas para amenazar a la tierra y que las victimas entreguen dinero para no los ataquen). Además se conocerán a los “Igores” (como son llamados todos los jorobados que sólo pueden tener de oficio ser ayudantes de científicos locos) y su limitada oportunidad de ser alguien diferente a los demás.

Igor es el típico jorobado que sirve a un científico loco y que simplemente tiene la habilidad de jalar una palanca y decir: “Si mi amo”. Sin embargo, él esconde dentro de sí una mente brillante y grandes inventos dentro de su guarida donde solamente allí es considerado un científico.

Como todo personaje “outsider” siempre evita mostrar su verdadera habilidad, además de que “un Igor siempre será un Igor”. La posibilidad de sublevarse ante un científico o crear inventos es algo imposible que suceda y si, alguna vez ocurre, simplemente será erradicado para conseguir… otro Igor.

La historia marca una festividad de presentación de trabajos macabros, en el cual el ganador será seleccionado y enviaran su “trabajo” a una ciudad para pedir donaciones y que se la lleven a otra parte. Una especie de sátira a las ferias de ciencias de los colegios norteamericanos muy al estilo de mentes criminales que harán lo posible por recibir su “listón azul de primer lugar”.

El primer giro de la historia se dará cuando un terrible accidente ocurre con el científico loco, jefe de nuestro Igor, y muere en éste. La muerte del jefe haría que lo consideraran un motín de parte del ayudante en el cual sería erradicado. Sin embargo, hace lo posible de esconder la evidencia y siente que es la oportunidad de demostrarle al mundo que es un gran científico sin importar que sea un jorobado.

De esta manera, decide crear un proyecto novedoso (aunque no tanto por los típicos films de terror que ya existen) junto a sus dos ayudantes que además han sido sus creaciones: un robot con un cerebro no muy pensante y un conejo que tiene la habilidad de no morir, por lo que éste siempre se intenta suicidar pero todo es en vano para este frustrado personaje.

La creación es un tributo al monstruo de Frankenstein, sin embargo es una mujer enorme con un cuerpo completamente desproporcionado con una mente amable y delicada. Igor, esperando un personaje aterrador hace todo lo posible para convertir a su obra en un ser temible pero todo es en vano por no haberse activado la parte maligna que poseía. Finalmente, Igor se convierte para su creación en un director de teatro y la entrena para realizar “una obra” donde ella debe destrozar todo a su paso.

Cuando ya las cosas están viento en popa para el personaje principal, uno de los científicos descubre que el jefe de Igor está muerto y aprovecha en hacer lo posible en robar su gran invento (ya que éste se dedica en capturar los inventos de otros y ganar las competencias).

La música es interesante y muy entretenida. Se adecua bien a los momentos que sufre Igor y sus conocidos, pasando a ser atractiva para el espectador. Los efectos sonoros son adecuados y se asemejan a los sonidos de los films de terror de la Universal Studios creando un ambiente conocido ante este tipo de films macabros y clásicos.

Como ya se mencionó antes, los personajes son completos e intrigantes, con grandes ideas y conceptos muy buenos para el público que desea ver un film entretenido para todo público. Además se produce un buen ambiente junto con los fondos y estructuras de los castillos mostrando que en lo malvado y bizarro siempre hay algo de ternura.

 

Por Luis Augusto Venegas Gandolfo


No Eres Bienvenido

district9

 

Neil Blomkamp – Sector 9 (District 9, 2009)

 

Secuelas número seis, siete, ocho. Remakes de películas producidas hace menos de veinte años. Cualquier saga literaria de éxito mediático. Está más que comprobado que Hollywood se ha quedado sin imaginación hace por lo menos una década. Las fórmulas se han agotado y, aparte de los penosos ejemplos mencionados, el negocio del cine ha tenido que recurrir a maneras más o menos creativas de llevar espectadores a los multicines.

La película en cuestión emplea dos de estas artimañas, que hemos visto en abundancia en numerosas producciones durante los últimos años. Una de ellas es el empleo de técnicas de filmación poco convencionales. En un inicio debido a los escuetos presupuestos de producción (no en este caso, en que las secuencias de acción y los impecable efectos generados por computador hablan por sí solos), el efecto “cámara en mano” ha pasado de ser una alternativa de ahorro a una hábil manera de otorgar al producto un aire documental que, bien empleado, compromete al espectador en la historia narrada y envuelve los hechos más fantasiosos con un aire de crudeza y verosimilitud.

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En segundo lugar tenemos el truco de la perspectiva inusual. No es la primera vez que los malos seamos nosotros en esta invasión alienígena. Esta vez, el relato y sus alegatos hacia el racismo deberán señalar al espectador, acostumbrado a aliens y terminators, en busca de generar impresiones inusuales en una película de ciencia ficción. Sin embargo, hasta aquí llegan los lugares comunes. El trabajo que se construye a partir de estos manidos recursos es algo completamente innovador.

En depresivas e hiperrealistas tomas iniciales, vemos a los alienígenas, seres sin otro pecado que ser diferentes a la mayoría dominante, arriconados en un sector insalubre por un gobierno que no sabe qué hacer con ellos. Es interesante cómo, al menos para quien escribe, el aspecto de estos seres, similares a insectos sucios y enormes, aunado a su perturbadora manera de desplazarse y su chasqueante idioma, no genera tanta repulsión como las condiciones en que son obligados a vivir.

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Se describen con morboso detalle, mediante la oportuna simulación de un informe peridístico, el hacinamiento en viviendas ruinosas y pestilentes, los alimentos descompuestos (básicamente, comida para gato y carne de dudosa procedencia), la nula presencia de servicios básicos, y la convivencia con delincuentes y traficantes de armas (seres “humanos” ellos, que quede en claro quiénes son las víctimas). La similitud de estas condiciones con las que comparten día a día miles de personas en la vida real no hace sino estremecer la conciencia de cualquiera que quiera ver en estas imágenes algo más que una entretenida historia de ciencia ficción.

- “Se gasta tanto dinero en tenerlos aquí” – se queja un personaje entrevistado durante estas escenas, como si se tratara de inmigrantes no deseados. No en vano Neill Blomkamp, sudafricano de nacimiento, ha sido testigo del apartheid y sus inhumanos métodos. Los extraterrestres son llamados “prawns” (langostinos) como bien podrían ser “niggers”, o “mojados”. El odio y la intolerancia son las mismas a nivel interracial o interplanetario.

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Son necesarias estas pequeñas lecturas para comprender el poder y subversión de este poderoso film que nos entrega un autor primerizo, a quien la prensa y el público en general no habrían hecho demasiado caso de no mediar el nombre de Peter Jackson, cuyo aporte recae en las criaturas más verídicas que hayan poblado la pantalla desde Gollum y King Kong, hasta estos patéticos seres que revuelven la basura en busca de alimento.

Una visión en extremo superficial, abundante en los detractores del film (seguros devotos del estúpido adagio “no vengo al cine a pensar, sino a divertirme”), pasará por alto la mayoría de asociaciones. Hey, el reportero dinamitando los huevos alienígenas está practicando múltiples e intencionales ABORTOS, mientras comenta “suena como pop corn” a la cámara que lo filma, impasible. Hey, Norteamérica no ayuda a los extraterrestres a regresar a su hogar ni nukea la conflictiva zona y todos los molestos langostinos porque QUIEREN LAS JODIDAS ARMAS capaces de volar una casa, y que por cosas de la tecnología, sólo funcionan en manos de los visitantes.

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El burócrata Wilkus van der Merwe, prácticamente el único humano protagonista, encarnado por un tal Sharlto Copley (de quien estaremos pendientes a partir de hoy), pasea su sonrisa estúpida y bienintencionada por el ghetto repartiendo órdenes de desalojo a los iracundos y desnutridos refugiados, y es la imagen de las organizaciones mundiales que pretenden comprender y apoyar a las comunidades oprimidas, cuando no son más que títeres bajo el mando de las superpotencias.

 Este personaje, sin embargo (y ya quisiéramos que le sucediera lo mismo a tanto pelotudo bienintencionado que les regala iPods a niños que no tienen para comer, por mencionar un ejemplo) sufre un percance que no revelaré a quienes no han visto la cinta, pero que lo pondrá en la piel de la minoría, única manera en que podrá vivir y entender su enorme sufrimiento.

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Mencionaré como colofón el importante logro de la cinta y de su director de hacernos sentir empatía por seres tan poco agraciados, efecto plenamente conseguido que si no al momento de mostrarnos aquellos ojos de una profundidad y angustia inéditos en una criatura fabricada por computadora, lo será en la presencia de aquel pequeño alienígena a mitad de la proyección, un niño apenas, de cuya suerte me preocupé seriamente hasta el final. ¿Algún otro director ha logrado esto en lo que va del año? Sigo esperando.

Por Gonzalo del Carpio Bellido


Unas Hermanas Poco Comunes

 

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Charles y Thomas Guard – La Maldición de las Dos Hermanas (The Uninvited, 2009)

 

En nuestra “tan apreciada” cartelera local tenemos en diversas ocasiones, opciones para ver una película y pasar un momento agradable en el cine. Ir a estos lugares son para desestresarse y salir de la monotonía que uno vive cada semana. Podemos escoger géneros como acción, comedia, dibujos animados, drama y hasta el terror que se ha ido convirtiendo en un género altamente lucrativo que da rigurosos dividendos de cuando en cuando.

He empezado comentando lo primero porque hay veces que vemos el listín cinematográfico y vemos tantas películas que no sabemos cual ver o entramos a cualquiera que se aproxime a la hora en la cual hemos llegado al cine. Hay veces que sucede esto y salimos satisfechos sin saber siquiera de que se trataba dicho film, y uno lo ve porque si, nada más,  como puede ser totalmente lo contrario.

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Lamentablemente, en este rubro está incluida un remake más que hace Hollywood sobre una película asiática, esta vez fue el turno de “La maldición de las hermanas”.

Debo decir que no he visto la película original que aquí se llamo “Dos hermanas” hecha en el 2003 pero estrenada no hace mucho en nuestro país, pero la trama no debe diferir mucha de esta. La historia se inicia con los sueños extraños de Anna (Emily Browning), sobre la accidental muerte de su madre que estaba enferma en la casa y que a partir de ese suceso empieza a imaginar cosas como fantasmas, etc. Ella se encuentra en una clínica mental y su doctor le dice que vaya a su hogar y que es hora que reinicie su vida.

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Pero no cuenta con la relación que ha empezado su padre (David Strathairn) con Rachel, la ex enfermera de su esposa (Elizabeth Banks). Pero en la casa tiene el apoyo de su hermana Alex (Arielle Kebbel), y entre las dos tratarán de convencer a su padre que Rachel fue la causante de la muerte su madre y estarán dispuestas a todo con tal de probarlo.

A mi parecer, un título como “La maldición de las hermanas”, para alguien que no ha visto el original, como es mi caso, jala bastante la idea de ir a verla, ya que uno se puede imaginar otras cosas con solo con leer el nombre de la película. Bueno, eso que me imaginaba nunca ocurre, o al menos en un 10 a 20%, ya que trata más el desenvolvimiento de la familia luego del accidente, sin nada raro aparente hasta que las hermanas indagan un poco más la procedencia del nuevo amor del padre, que este es sin duda la trama del film, ya que a través de este motivo se desarrolla el mismo.

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Esta película, que es dirigida por los hermanos Charles and Thomas Guard, que están a kilómetros de otros como los Coen o Farrelly, trataron de venderla como un film de terror sin llegar a ese grado, ya que más se le puede considerar como un suspenso con toque dramático.

Ellos quisieron remarcar mas la parte psicológica y emocional, y no irse por el lado facilista que es el de llegar al asesinato o algún crimen para poner la sangre, y que a partir de eso empiece a girar la película o como en este caso, hacer ver a la enfermera como la culpable de la explosión y muerte de la madre.

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Lamentablemente, no llegan ni a lo uno ni lo otro, porque la construcción de los personajes no está bien lograda. Si bien vemos el rol que juega cada uno dentro de la película y sabemos hacia dónde va, no logra meternos del todo en ella, tanto así que no sentimos lastima ni de las hermanas cuando descubren la verdad o de la misma Rachel, que de por cierto, a pesar de los comentarios que se están haciendo, trata de convencer con miradas, actitudes y palabras que ella esconde algo más de lo que aparenta.

Lástima que los directores no supieron aprovechar lo que ellas les brindaba al haberle exigido un poco más al personaje, pero a pesar de todo cumple con su objetivo que es la intriga y las dudas. El resto está en un par de escalones más abajo, desde David Strathairn, alguna vez nominado al Oscar por cierto, pasando por Emily Browning que no logra explotar al personaje, a pesar que este estuvo recluido en un centro mental, que le pudo dar un plus a la historia, pero este nunca llega y se mantiene en una línea recta durante gran parte de la película. Más convincente se le vio como la niña fantasma del, valga la redundancia  “Barco Fantasma” del 2002.

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Lo que me llamó la atención fue ver como se tomo reseñas de películas, y que se notan claramente, como el Sexto Sentido o Pesadilla en Elm Street 3 (Si la han visto, sabrán que momento es). Tendré que ver Dos hermanas para emitir un juicio final, ojala que el resultado sea todo lo opuesto. Gracias Hollywood.

 

Por César Cortez Gutiérrez


Departamento Mortal

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Ataru Oikawa – Los Fantasmas del Piso 13  (1303-gôshitsu, 2007)

 

En los primeros años de la década, recuerdo haber visto Ringu (1998) de Hideo Nakata, un film por demás estremecedor con tomas bien logradas y escenarios en claroscuros, que más todavía a uno lo hacían sentir un poco de temor aún si no pasaba nada.

Esta película fue el inicio de un ciclo que sigue hasta el día de hoy y que varios títulos le han seguido la posta a ésta, ya que introdujo algo que sería como un cliché para este tipo de películas: las chicas asiáticas de largos cabellos y situaciones sobrenaturales con desenlaces, algunas veces mortales, sin llegar al derramamiento de sangre como sí lo hace el cine de Hollywood.

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Si aún algunos al leer esta introducción, se siguen preguntando qué es Ringu, bueno no es otra cosa que la versión original de El aro en la que saltaría a la fama la actriz Naomi Watts.

Pero regresando un poco al cine asiático de horror, luego de Ringu le siguió Ju –on o The Grudge en el 2002, que a mi parecer fue la que sentó, además de Ringu obviamente, las bases del cine de horror asiático en la actualidad. Estas dos películas fueron, y lo siguen siendo, las abanderadas de este subgénero, ya que se han hecho algunas no tan satisfactorias que otras.

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Ahora se nos presenta otra “rama” más de este árbol genealógico japonés llamado “Los fantasmas del piso 13”, o Apartment 1303, que no hace más que seguir la formula ya instaurada por sus predecesores, pero como su título lo dice en un escenario diferente. La historia se forma a partir de la muerte de Sayaka, una chica que se muda a un departamento ubicado en una buena zona, supongo de Tokio, con unos amigos.

Pero ella les dice que en dicho lugar se aparece un fantasma que asusta a los que viven allí, aunque en realidad solo asusta a las chicas que entran al departamento 1303, donde, lamentablemente ocurrirá la muerte de Sayaka debido a un encuentro con el fantasma de la vivienda.

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Luego de esto entrará en escena su hermana Mariko que se quedará en el departamento para ver las cosas de Sayaka y donde empezará a sentir la presencia tanto de ella como de otras más, para luego enterarse de que ella no fue la primera víctima, sino que han sido varias las chicas que han fallecido en el lugar y todas de la misma manera: arrojándose desde el balcón del departamento.

La película toma muchas influencias para su funcionamiento, claro que la más evidente es la que explicamos líneas atrás y que se mantiene como un código más que marcado. El siguiente es el de la casa que le encuentro similitudes como Poltergeist o por citar algunas películas recientes a Extrañas Apariciones de hace unos meses atrás, claro que ahora se desarrolla todo en un departamento.

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Con la primera película la podríamos relacionar por ejemplo con el hecho mismo de que esta poseída por algo, que hasta cierto instante en la película no sabemos que es, claro que también podríamos mencionar a  Ju On, que también juega con las apariciones y sobretodo de mujeres que se arrastran por el piso y el clásico enfoque al rostro del espíritu que acecha el lugar cubierto por los largos cabellos color negro. Y con la segunda, las apariciones de Sayaka hacia Mariko que intenta decirle algo, pero no logra saber que es.

El director Ataru Oikawa intentó darle un matiz distinto a esta corriente de películas de horror japonesa, y el resultado no es nada decepcionante, sino que pudo haber sido mejor si no hubiera seguido con ese patrón, sobretodo en los últimos instantes del film, cuando el espíritu se manifiesta en todo el lugar y empieza a acechar con más fuerza.

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Al parecer el terror asiático seguirá vivo por largo tiempo mas, ya que mientras existan temores y miedos en el interior del ser humano este seguirá presente. No descartemos la idea de que Hollywood haga su propia versión del film en un futuro no tan distante y si lo hace esperemos que el resultado ojala sea más que satisfactorio tanto para publico como para la critica que se está cansando de ver remakes tras remakes sin mucho que ofrecer.

 

Por Cesar Cortez Gutiérrez


Buscando Fantasmas

 

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Wisit Sanatanieng – La Semilla del Mal 2  (Pen Choo Kab Pee, 2006)

 

Al parecer el cine asiático tiene, o está teniendo, un gran foco de admiradores en estos últimos tiempos en el mercado peruano, sobre todo en el género de terror, que es lo que más llega por aquí. Lejano están los tiempos cuando llegaban películas del medio oriente como fue el caso de El Imperio de los sentidos u otros de corte más realista o que llamen más la atención.

Con esto no estoy desprestigiando lo que más adelante les contare, ni tampoco al género del horror, que me fascina en demasía, solo es un hecho que se está dando con bastante frecuencia, lo que en otras épocas hubiera parecido increíble o impensado ver en nuestras salas de cine, ya que el cine americano es el que domina en todas partes, pero al menos en esta parte del globo se puede ver también, al menos un poco de ese “otro cine” que pocos conocen.

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Es aquí donde entra, también, el nuevo cine de horror asiático, que nos ha brindado títulos memoriables como Ringu o Ju on, ambas de origen japonés. Ahora es el turno de la cinta tailandesa La Semilla del Mal 2, lo que nos demuestra, que no solo Japón es el rey del género, pero su influencia en el resto es evidente.

Todo se inicia cuando una mujer de condición humilde llamada Nualjan, llega a una posada preguntando por la desaparición de su esposo hace un tiempo. Le dicen que se hospede en el lugar y ella se queda un tiempo luego del largo viaje que emprende. Pero en el lugar empiezan a suceder cosas extrañas que son percibidas por ella, sobretodo apariciones de sombras o fantasmas, que no sabe si es producto de su imaginación o en verdad el lugar esconde más de lo que aparenta.

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Es la residencia de Madame Ranjuan, que según la criada y confidente del lugar llamada Erb, ella no sale del lugar por encontrarse sola en el mundo. Nualjan también conoce a Choy, que es una residente del lugar también y que se convertirá en una gran ayuda para Nualjan, que con el tiempo se ganara la amistad una de la otra. Pero al final…

La película tiene en si dos partes bien definidas: casi toda la primera es dedicada a la presentación de los personajes y que es lo que hacen, además de las cosas que hacen, agregando además las apariciones de los fantasmas, pero sin ningún peligro aparente, ya que nunca se manifiestan en la presencia de Nualjan, sino que se ven en el lugar, a excepción de una niña que es la única que puede ver. Esto último puede parecer interesante, pero lo malo es que no hay acción aparente en nada de esto. La otra parte es cuando Nualjan se encuentra con su esposo lo que le dará un giro más que inesperado a la historia, y donde la acción al mismo tiempo aparece.

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El director Wisit Sasanatieng, que con esta es su tercera película, pero no la ultima que ha realizado, ya que ha hecho una en el reciente año, toma el tema de las casas embrujadas e intenta darle un matiz diferente, no con el clásico tema de que hay fantasmas y que de repente aparecen y hacen perder la cordura de inmediato, sino que trata de armar una historia en la cual uno se pregunte qué es lo que pasa, a pesar que Erb, nos da mucho que pensar con respecto a su actitud.

Se nota claramente la influencia de películas, que no es nada extraño en estos tiempos donde las ideas, al parecer han dejado de fluir como antes, pero siempre hay una que nos sorprende y nos saca de sitio. Pero esta película no es la excepción a esta regla, y ya de por si el tema de la casa embrujada la hemos visto en Amityville, en temas de posesión de gente, como en Extrañas Apariciones donde se veía fantasmas en el lugar.

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Pero lo sobrenatural son temas que explota el cine asiático, en comparación de Hollywood cuando exploto al máximo el tema de los asesinos seriales allá por la década de los 80’s. Pero ambos son aceptados como tal, ya que uno se puede encontrar con el miedo de muchas maneras y en diversas situaciones impensadas. 

También podríamos agregar que los niños en estas películas pueden ser, para el protagonista, símbolo de la esperanza y que todo saldrá bien, como tal vez la causa del problema en sí. Ese es un elemento que viene, al menos desde esta nueva generación desde Ringu hasta la actualidad.

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Esta es una película que hay que verla con suma cuidado, no tanto por el efecto del miedo, sino que por el público exigente, ya que si uno quiere ver sangre y tripas y fantasmas aterradores, definitivamente esta no va ir dirigida para ellos, pero igual le daría un vistazo, si es que me hago llamar un cinéfilo de verdad.

 

Por César Cortez Gutierrez


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