
George A. Romero - Diario de los Muertos (Diary of the Dead, 2007)
Un grupo de jóvenes universitarios estudiantes de cine está grabando una historia de zombies, como parte de su película, hasta que un noticiario informa de la presencia real de estos seres, a raíz de lo cual se desata toda la pesadilla que George A. Romero, el director neoyorquino de cintas clásicas de este género, y que ha popularizado el cine de zombies, se complace en presentar.
En El diario de los muertos Romero hace gala una vez más de esa afición apremiante por la temática zombi, e introduce a su película una mirada de tipo social, con resonancias políticas y mediáticas. El diario de los muertos es, en ese sentido, una suerte de film de protesta, casi contestatario, que hace algo de sátira y también de denuncia.
De George A. Romero puede decirse que es el fundador de este tipo de películas: un batallón de cadáveres con aspecto espeluznante y mucho apetito por devorar seres humanos. Su estilo ha creado toda una legión de seguidores, muchos de los cuales han imitado su estilo y han realizado películas de zombies. George A. Romero trabajó también con importantes directores como Dario Argento, maestro del cine de terror italiano, y es que Romero, desde muy joven, tuvo afición por esta temática.

Así, siendo muy joven, en 1968 reunió dinero para financiar La noche de los muertos vivientes, un clásico —ése sí— del cine de terror, una cinta fascinante que lo catapulta a la fama y que, tras sucesivos y exitosos reestrenos, pareciera condensar lo mejor que tiene Romero, pues luego de esta su ópera prima no son muy memorables sus posteriores entregas, aunque por su peculiar estilo hacer cine, películas como La tierra de los muertos vivientes (2005), El Rostro de la Venganza (2000), u otras más antiguas como El Día de los muertos (1985), Creepshow (1982) Zombie (1978), Martin (1977) Los Crazies (1973), La estación de la bruja (1973) han concitado mucha atención y expectativa.
El tratamiento visual que George A. Romero le imprime a sus películas es de una peculiar aspereza, y presenta situaciones viscerales, de una crudeza que raya con lo escandaloso. En El diario de los muertos, igualmente, el tratamiento visual es de una severidad deliberada, y la presentación de muchas secuencias tiene notorios parecidos con un videojuego.
El estilo narrativo de El diario de los muertos es de tipo retrospectivo. El total de la cinta es un extenso flash back que muestra al detalle todo lo que Jason (Josh Close), uno de los muchachos que aparece al comienzo grabando una película, decide registrar en su cámara desde cuando arranca la travesía. Casi nunca, sólo cuando no hay otra alternativa, doblegará en su afán por que se conozca lo que en verdad ocurrió: las personas que mueren reviven, por una causa inexplicable, luego de unos instantes, y se comen vivos a los otros. Sólo hay una forma de acabarlos: destaparles el cráneo con un balazo. Esa noticia se expande por todo el mundo como una epidemia, el caos impera y se desata el pánico.

Debra (Michelle Morgan), la enamorada de Jason, será quien lidere el grupo, pues ante el acecho de unos cadáveres vivientes que devoran humanos, todos buscan refugio. Lo que viene después será la decadencia, en particular, de un grupo de muchachos que busca sobrevivir en el reino del espanto, y, en general, la de una humanidad cuya debacle se torna inminente. A cada instante aumenta el número de muertos que reviven y se comen a otros que van muriendo, y se va así poblando el planeta de seres que se comen unos a otros.
La historia de El diario de los muertos transcurre en un solo día, desde la madrugada del 25 de octubre hasta el amanecer del día siguiente, y en el proceso es abrumadora la cantidad de información que en los medios de prensa y en Internet circula sobre el tema, y son miles los que acuden a ellos para enterarse qué realmente pasa y otros miles los que cuelgan videos y datos sobre el mismo asunto.
Insuficiente originalidad
Los muertos vivientes quieren representar también una metáfora, pues de momentos la película nos habla de lo que implica tener una cámara al hombro y registrar un hecho, y del compromiso de hacer llegar información a un público sediento de enterarse lo que en verdad ocurre. Es, se diría, algo así como la crónica de un reportero de guerra.
Ahora bien, tampoco es que El diario de los muertos formule una mirada profunda a los problemas sociales, ni aborde una temática de fondo, porque no es su objetivo. Lo que hace es contar una historia de zombies donde abundan los rostros deformes de ultratumba, la música intrigante, el misterio y el desconcierto, aunque no negamos que El diario de los muertos como película tiene algunos aciertos formales y algunas dotes de creatividad: la cinta es vista a través del lente de la cámara de Jason, de otra que encuentran casualmente y de una tercera que sólo un par en un par de situaciones grabará lo que ocurre (eso también funciona como alegoría). Así, en todo momento la cámara se mueve desde el hombro de quien la carga, dándole al film un aire de informalidad. Y ahí radica, quizás, el principal acierto de El diario de los muertos, en su originalidad narrativa, en la espontaneidad en que transcurre toda la película, que se va contando sola.

El diario de los muertos, sin embargo, carece de originalidad en cuanto al contenido, pues las historias de zombies están harto gastadas, y aunque la idea general es creativa, al final se incurre en lo mismo, y los recursos no cambian, ni los esquemas ni las secuencias ni las historias. Hay, pues, situaciones innecesarias y muchas escenas previsibles, igual que el desenlace (se recomienda, por eso, de todas maneras, la original de 1968). De lo que se trata es de innovar, de darle un giro distinto a lo que usualmente proponen las películas de este género. El diario de los muertos no cumple ese cometido y es, en ese sentido, más de lo mismo.
Tito Jiménez Casafranca





















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