Archivo de Autores para Cinerastas

14
Jun
09

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THECOLOROFTHEPOMEGRANATES El Color de las Granadas (Sayat Nova) (1968) de Sergei Parajanov

 

Con ustedes una nueva y variada edición de También los Cinerastas Empezaron Pequeños:

 

  • Para la sección Clásicos Modernos, nuestro colaborador costaricense Fernando Chaves Espinach  nos entrega un artículo sobre la gran película El Color de las Granadas del extraordinario director armenio Sergei Parajanov.  
  • Para misma la sección Clásicos Modernos, Fernando Vega Jácome nos ofrece un artículo sobre Alien: el Octavo Pasajero de Rideley Scott. El artículo se escribe con motivo del 30 aniversario de esta notable película de ciencia ficción. 
  • Este jueves 18 a las 7:45 p.m. se presentará en el Centro Cultural de España el número 20 de la revista de Cine Godard!. Los interesados en conocer el contenido de la revista hagan clic en el siguiente: PublicaCIoNEs.
  • En nuestra sección Cartel Fílmico les entregamos cinco críticas de películas de la cartelera peruana:  El Luchador (The Wrestler) del muy talentoso directos estadounidense Darren Aronofsky (crítica de Gonzalo del Carpio Bellido); una semana más publicamos la crítica sobre Juegos Sádicos (Funny Games U.S) del gran director austríaco de origen alemán Michael Haneke (crítica escrita por  Rodrigo Bedoya; Mi Hermano, Yo y Nuestra Novia (Dan in Real Life) del director independiente estadounidense Peter Hedges (crítica de Eugenio Vidal); Luciérnagas en el Jardín (Fireflies in the Garden) del director estadounidense Dennis Lee (crítica de Fernando Vega Jácome); y por último, Terminator 4 (Terminator: Salvation) del director estadounidense McG (crítica de Enrique Rodríguez). 

 

 

 

Aquí, como siempre, esperamos sus comentarios, sugerencias y críticas.

 

César Guerra Linares,

José Sarmiento Hinojosa

DIRECTORES

 

06
Jun
09

Breve historia de un género apasionante: El Terror

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Blood Feast (1963)

- Historia y origen del género:

Resulta interesante indagar sobre el terror por el hecho de que el mismo se caracteriza por generar impulsos negativos en los seres humanos. Sin embargo, nos vemos atraídos por este, una suerte de vértigo atrae a los adeptos al género convirtiéndolos en los “freaks” de la cinefilia. Quizá se trate de romper con un orden preestablecido y usual de las cosas, buscar el placer ahí donde se supone que no podríamos obtenerlo, quizá se trata de seguir el principio “Nitimur in Vetitum” (Nos atrae lo prohibido).

Si hablamos en sí de la historia del género podemos retrotraernos en forma ancestral desde que el hombre existe. El miedo siempre estuvo ahí. Es una pulsión primaria que tiene el hombre para con lo desconocido o aquello que no entiende.

-       El miedo:

Es la forma más común de organización del cerebro primario de los seres vivos. Se trata de un esquema orgánico de supervivencia. No es, en principio, nada anormal sino más bien lo normal en un ser que tiene que adaptarse al medio en el que vive.

El miedo resulta algo normal. Algo que hace para el ser vivo una herramienta de autoprotección dado que todo su mundo le es hostil desde que nace.

Miedo a los acontecimientos, miedo a uno mismo, miedo al padre, a la madre, a la autoridad, al trabajo, a la vida en general, son miedos que pueden catalogarse como normales siempre y cuando no interrumpan o coarten la actividad genérica de la persona.

El miedo es tratado en muchos artículos de psicología y psiquiatría. La opinión más generalizada es que el miedo está dentro de la mente del individuo y, rara vez, se corresponde con alguna realidad concreta sino más bien con un pre-acontecimiento de lo que puede llegar a ser algo, un acontecimiento, una supuesta realidad, un deseo, una ansiedad.

Sir Arthur Conan Doyle

-       El miedo como medio: Surge el género del terror.

Para seguir la línea del tema establecido, hay que establecer el vínculo al tema del horror como entretenimiento. Este empezó en formal oral y su génesis no podría limitarse a alguna fecha u contextos exactos pues hablamos de un impulso universal en los seres humanos, las historias nos han fascinado desde siempre.

Este género se empezó a industrializar cuando surge la imprenta, y con ella, empiezan a darse las especializaciones a nivel de autores, como por ejemplo, Edgar Allan Poe, Sir Arthur Conan Doyle, H.P.Lovecraft, Agatha Christie o maestros más recientes como Sthephen King. Si hay algo que comparten todos estos importantes escritores, es su facilidad para generar intriga desde sus distintas vertientes. Algunos utilizan el misterio y el suspenso para promover angustia mientras que otros son más explícitos y “muestran todo” para generar una impresión más fuerte. Actualmente puede decirse que se ha hecho todo, por tanto, es el propio filtro del individuo el que lo mueve a acercarse a este género que ha tenido muchas altas y bajas. Es importante introducir al último soporte (el audiovisual) como el idóneo para plasmar la emoción más antigua y más intensa de la humanidad. El terror se ve más fácilmente representado en el cine debido a que el papel de la imaginación ha decaído poco a poco con la repetición. El filósofo Gilles Deleuze confirmó tal ventaja explicándola en función a la sobrecarga de información por la que estamos rodeados. La imaginación no puede ser la misma de antes ya que toda la mística de antaño se ha perdido. Somos menos inocentes que antes y asustar es cada vez más difícil. Es por esta razón que el género buscó posibilidades cada vez más diversas hasta el punto que se llega a mostrar lo más que se puede como en el cine gore. Es importante acotar que los miedos están siempre subyugados al vínculo social que tiene el individuo. Por ejemplo, la proyección de “La llegada del tren” de los Lumiere, seguramente generó un miedo mucho más intenso del que cualquier película en la historia del terror haya podido jactarse. Para usar un término del sociólogo Gustave Le Bon, el “alma colectiva” ha cambiado sustancialmente en esta era de los medios. El soporte cinematográfico permite al receptor un trabajo menos esforzado mentalmente y así las sensaciones se apoderan de uno con mayor facilidad…

achristie1Agatha Christie


-       Origen del Género en el cine:

Para remontarnos en los comienzos del género, podemos tener en cuenta múltiples referentes que parten de distintos contextos. La primera película oficial de terror fue realizada en 1902 por Wallace MacCutcheon dirigiendo una versión del mito de Frankenstein. Durante el cine mudo aparecieron otras películas como El jorobado de Notre-Dame (Wallace Worsley, 1923) o El fantasma de la ópera (Rupert Julian, 1925).

En esta época de los inicios del cine, surgen directores que son ahora inmortales en el género como, por ejemplo, el alemán F.W.Murnau quien trasladó la herencia expresionista a su soporte y filmaron obras maestras como Nosferatu o El gabinete del Dr. Caligari.

 

Expresionismo

El expresionismo surgió en Alemania a comienzos de 1900 hasta 1920 en un contexto desfavorable y previo a la primera guerra mundial. Es un movimiento completo que nace con la poesía y se extiende a la pintura, escultura,  danza, cinematografía y la música. Se expresa como un “grito interior” y se abordan temas hasta entonces inexplorados y la cuestión del estado de las cosas como la angustia, la soledad y la nada. Surge como un arte que se da en oposición a un mundo racionalizado, este movimiento se dividió en dos grupos que resultan relevantes de mencionar. El primero se llamó “El Puente” el cual se interesaba en la obra innovadora y que surgiera por instinto. No buscaban imitar la realidad, más bien, se trataba de crearla y configurarla según sus propios patrones y así volver a las raíces y encontrar la génesis del acto artístico. El otro grupo fue el “Jinete Azul” que podría manifestarse principalmente en la búsqueda de la irracionalidad, ser un recién nacido que no retiene lo que percibe y así se sorprende constantemente del entorno que lo rodea y nunca termina de aprender. Como se trata de un movimiento pesimista, se afirma que no se puede reproducir un mundo realista, lo que se opta en este caso es la abstracción y mientras peor es el mundo, más abstracto su arte será. En ese entonces, Alemania se convierte en el mayor productor de películas europeas, se le da mucha importancia al cine de horror, el cual mostraba una imagen subjetiva y retorcida y los sesgos en la misma estética resultan maléficos, un punto relevante aquí es el tratamiento del maquillaje y del montaje. Estos son muy recargados y buscan alejarse del perfil del ser humano. Esto lo podemos ver fácilmente en películas como “Nosferatu” o “El golem”.

La estética del cine expresionista es directamente deudora del teatro de Max Reinhardt, sobre todo en la utilización de la luz y el decorado y los juegos expresivos del claroscuro que van ser una de las constantes de todo el estilo expresionista en el cine. Este movimiento fue perseguido por los nazis al considerarlo degenerado y antipatriota.

nosferatu2%5B1%5DNosferatu (1922)

El Terror en Hollywood (1931-1954)

El cine de terror en Hollywood tiene un auge particular en estos años en los que los monstruos de la literatura universal cobran vida. Para mencionar a los más retratados, tenemos a Drácula, Frankenstein y al hombre lobo. En esta etapa podemos hablar flagrantemente de arquetipos dispuestos para el género con características muy definidas. Los fantasmas personales y sociales se proyectan hacia fuera materializándose en distintos tipos de monstruos. El enemigo reside en el exterior, la sociedad que rodea al protagonista resulta aquí el principal opositor. El vínculo con el cine de horror expresionista se muestra aún sobre todo en lo que respecta a los decorados. Es interesante resaltar que las películas de horror en ese entonces mostraban un carácter sobrio, incluso elegante y colindaban mucho con otros géneros como, por ejemplo, el melodrama romántico.

Si bien los monstruos estaban ya definidos, la problemática en la narrativa no lo estaba completamente sino hasta los años 30. La fascinación del mal no resultaba notoria sino que se muestra una inmensa gama de tópicos como justificando la parte opresora en la película. Por ejemplo, podemos tomar “el jorobado de Notre-Dame” de Worsley (1923) en el cual se entiende a la monstruosidad como un defecto físico que condena a la marginación o “El fantasma de la Opera” de Julian (1925) donde apreciamos cómo es que la amenaza se convierte en un amor frustrado.

“Los monstruos de la Universal, en cambio, proceden también de una tradición europea pero acaban anulando su propio pasado en beneficio del entorno físico: su relación con los arquetipos ya no es tan filosófica como histórica, su carácter metafísico queda eliminado en favor de su condición de representación mental.”[1]

Puede decirse que en este período, el cine americano empieza a reflejar sus verdaderas preocupaciones para reafirmar el género como aquel mal que está completamente ajeno a nosotros (incluso en la forma humana). Como se trata de penetrar territorios de lo desconocido, resulta muy exitoso entonces. La separación de lo bueno y lo malo y la imposibilidad de su reconciliación permiten adoptar posturas al respecto y así generar con mayor facilidad un apego a este género.

Es importante resaltar el contexto en el que se da el auge de este género. Si tenemos en cuenta que la depresión en los Estados Unidos se dio en el año 1929, resulta muy interesante el hecho de que este género haya ganado vigencia en un contexto impositivo, todo lo contrario sucede en Alemania pues cuando pierde la primera guerra mundial, el expresionismo desaparece pues, en definitiva, no se requería de más estímulos nocivos si la realidad ya jugaba contra ti. Aunque sí, se resaltan bastante las diferencias en ambos contextos pues el expresionismo funciona más artísticamente (arte por el arte) mientras que en EEUU se trataba de producir en masa para producir dinero y además servía a modo de distracción para las personas que en ese entonces no estaban con los mayores ánimos. Sin embargo, podría justificarse el hecho de que estos monstruos sean aceptados por la afirmación anterior que los lleva a un plano completamente exterior a su entorno. Entonces, echarle la culpa al otro sirve mucho en forma de catarsis.

dracula-1Drácula (1931)

No obstante, estos arquetipos que surgen en la época no implica el hecho de que su mundo interno sea de tal modo. La complejidad de algunos monstruos se muestra en forma flagrante. Un ejemplo que me gusta mucho es el “Drácula” de Tod Browning (1931) el cual se caracteriza por ser un seductor antes que un monstruo. Todo lo contrario ocurre con el “Nosferatu” de Murnau que resulta un monstruo indolente y sediento de sangre. Drácula es más elegante, todo un Don Juan hipnotizador de mujeres.

Hubo películas que fueron todo un escándalo para la época. Fue el mismo Tod Browning quien luego de Drácula dirigió “Freaks” (1932). Esta película recibió críticas muy fuertes y causó incluso que la audiencia se levantara de su butaca antes tan “macabro” espectáculo. “Freaks” cuenta la historia de Hans, un enano que trabaja en el circo de Madame Tetrallini en Francia, que está comprometido a Frieda, una enana que tiene un acto con un caballo pony. Sin embargo Hans está realmente prendado de la belleza de Cleopatra, una sensual trapecista.

Cleopatra ridiculiza las atenciones que el enano tiene para con ella, pero luego que se entera que ha heredado una fortuna de un pariente rico, trama casarse con Hans, envenenarlo y huir con Hercules, el hombre fuerte del circo. Esta película fue considerada un insulto para todos los fenómenos y en definitiva rompió fuertemente con los paradigmas sociales de aquello que se podía mostrar y aquello que no. Como aquí choca con la realidad, la película se llevó críticas lapidarias, empero, hoy en día es considerada una película de culto.

Otro monstruo que trascendió es “Frankenstein”. Si bien este compilado de partes muertas que vive no resulta tan complejo como Drácula, su participación en el género de terror es impresionante:

  • Frankenstein (1931), dirigida por James Whale, con Boris Karloff como el monstruo. El doctor Frankenstein consigue dar vida al monstruo que lleva su nombre: una criatura hecha con trozos de cadáver y animada por un cerebro anormal. Esta primera adaptación de la novela de Mary Shelley tuvo secuelas tan importantes como La novia de Frankenstein (1936), película que también dirigió James Whale, protagonizó Karloff y produjo la compañía americana Universal.

90593-004-6B360FC2Frankenstein (1931)

Damos cuenta de la relevancia que se le da a este clásico monstruo creado en la literatura por Shelley. Frankenstein se encuentra abordado por los instintos más primitivos sin una aparente conexión con su personalidad más íntima, todo esto en una figura abominable. Este monstruo surge como la  creación del científico Henry Frankenstein quien libera a su otro yo mediante su creación. No quisiera salirme del tópico sin antes hablar un poco de una de mis películas favoritas de terror: “La novia de Frankenstein”. Aquí, los fantasmas de Henry vuelven a invadirlo. Se denota que no pudo librarse de su otro yo. El monstruo pretende ser aceptado por la sociedad y emprende una carrera de crímenes. Por ello, la lucha por desembarazarse del horror lleva a Henry a crear una novia que no sólo resultaría siendo la del monstruo, sino la de él mismo.

El tema de las bipolaridades no sólo se da a nivel interno. Este puede mostrarse en el aspecto físico y un paradigmático monstruo que lleva esto a cabo es el Hombre-lobo o también el Dr. Jekyll and Mr. Hyde (Mamoullian) que mostraron transformaciones que rompen con el orden preestablecido de las cosas. En ese caso, se ataca al miedo a dejar de ser uno mismo.

Los hombres lobos se han utilizado en muchas películas, historias cortas, y novelas, con diferentes grados de éxito. La primera película que utilizó un hombre-lobo antropomorfo fue “Lobo-humano” en 1935 de Stuart Walker. Este filme trae a la superficie la neurosis y la frustración sexual. El psicoanalista Jacques Lacan dijo alguna vez: “La neurosis es una pregunta que el ser plantea para el sujeto”. La neurosis aquí se muestra incluso a nivel patológico con la transformación. Esta bipolaridad se muestra más compleja en tratar cuando hablamos de personas normales sin ningún tipo de anomalías (aparentemente) pero estas, se tratarán posteriormente por maestros que ya hacían cine en ese entonces como Alfred Hitchcock.

El género también fue popularizado por la clásica película de los estudios Universal The Wolf Man (1941), estelarizada por Lon Chaney Jr. como el hombre lobo Larry Talbot. Esta película contiene la ahora famosa rima: “Even a man who is pure in heart / And says his prayers at night / May become a wolf when the wolf-bane blooms / And the autumn moon is bright.” (Incluso un hombre que es puro en corazón / y dice sus rezos en la noche / Puede convertirse en un lobo cuando la belladona (o “azote de lobos”) florece / Y la luna de otoño brille).

wolf-manThe Wolf Man (1941)

Así como Frankenstein y Drácula, El hombre lobo ha tenido muchas representaciones en el cine. Desgraciadamente la mayoría de las películas sobre licántropos suelen pecar de ridículas, y hay muy pocas representaciones de hombres lobo que reflejen la leyenda auténtica.

  • La película Ginger Snaps hace uso de la licantropía como una analogía de la pubertad.
  • La película Underworld ofrece hombres lobo en una batalla de siglos contra los vampiros. Según la historia, los hombres lobo eran sirvientes o perros guardianes para los vampiros hasta que un hombre lobo los condujo a una rebelión en respuesta a muerte de su amante (quien de hecho resultó ser la hija de un vampiro de alto rango).

Tendría que extenderme demasiado para hacer un resumen del repertorio de monstruos que muestra esta etapa del cine que fue avanzando durante los años 40’s. Sin embargo, se empieza a notar un cierto desgaste en los tópicos, surgen películas abordando a los mismos personajes pero con una calidad inferior. Incluso se llega a tomar argumentos que juntan a Frankenstein con el hombre-lobo.

“Esa patética escisión, esta desoladora desintegración, es ya la muestra inequívoca de que el género no puede sobrevivir en estas condiciones, es decir, repitiendo los esquemas y los símbolos de la década anterior.”[2]

El contexto había cambiado. EL país estaba literalmente en guerra y el enemigo ahora está en el mundo sensible. La reiteración de los conflictos internos era ya innecesaria debido a que estos se plasmaban en el campo de batalla. Fue por esta razón, que el terror pasó a ser sarcástico y perdió sí esa esfera lúgubre de elegancia que lo caracterizó la década pasada. El género entonces se ve predestinado a su autoaniquilación. Se vieron, entonces, nuevos códigos y reglas. Por ejemplo, se hace un remake del “Fantasma de la ópera” de Julian en 1943 dirigido por Arthur Lubin en el cual, se adopta una postura eminentemente melodramática para brindarle una mayor complejidad al tema (explicando la procedencia del fantasma), se busca entonces una racionalización del género para que vuelva a tomar vigencia…

Después de todo, serían los años 50 los que traerían la desolación completa al género. La desintegración estaba prevista en cierto modo pero no se pudo hacer mucho en función a las propuestas entonces. El género se encontraba muy desgastado y ya resultaba opaco en función a los demás que se siguen produciendo. Son años en los que todo el glamour se lo llevaban actrices como Rita Hayworth o Marylin Monroe.

Como se acotó, “la descomposición de los rasgos clasicistas del género se realiza en esta película de un modo muy curioso que acaba mezclando dos tipos de operaciones: la difuminación del código como tal y la aparición de ciertas tendencias que serían la base de su renovación.”[3] Un ejemplo relevante que desenvuelve esta idea lo tenemos en “El fantasma de la calle Morgue” de Roy Ruth en 1954 que presenta a un psicópata cometiendo crímenes relacionados con su trabajo. Esta película propone temáticas bastante profundas si se le da un análisis, no obstante, “el filme mezcla a Poe con Freud con resultados más bien anodinos.”[4]Se desenvuelve la tesis freudiana que explica que todos somos asesinos en potencia y que sólo requerimos de una excusa y estímulo para serlo en el acto.

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The Cat People (1942)


Una película muy interesante que desenvuelve, en mi opinión, mucho mejor esta idea la tenemos “La mujer Pantera” de Jacques Tourneur dada muchos años antes, en 1942 y de la productora RKO de el enigmático Val Lewton. La película nos muestra a Irena, una joven serbia que vive en Nueva York, se halla en el zoo de Central Park dibujando una bellísima pantera negra, cuando conoce casualmente a Oliver Reed, un ingeniero. Surge el flechazo entre ellos. Poco a poco, Oliver va descubriendo aspectos inéditos y enigmas de la muchacha, cuya conclusión es espeluznante: al parecer, Irena vive sometida a una maldición ancestral que la convertirá en pantera el día en que pierda la castidad. Irena y Oliver se casan. La leyenda de las mujeres panteras empieza a tomar cuerpo.

La mixtura de géneros en esta película se acomoda muy bien a la trama, así pues, se tiene un poco de terror, thriller, drama y romanticismo en una sola película. Además de Tourneur, es importante nombres a otros directores como Robert Wise o Mark Robson. Ellos se atrevieron a romper esquemas de forma positiva y aportaron mucho a la supervivencia del género en ese entonces.

 

El Manierismo Colorista

Ya en los 50’s, la producción de Hollywood en este género decae en forma profunda y el terror empieza a ganar vigencia en Europa. Sobre todo podríamos hablar de una corriente estética llamada Manierismo Colorista. El cine de terror diversifica sus caminos y encuentra nuevos representantes desde la corriente como el italiano Mario Bava, que con películas como “Las tres caras del miedo” (1963) o “La chica que sabía demasiado” (1963) otorga un tratamiento pictórico denso (el propio Bava fue pintor, amén de director de fotografía y responsable de efectos especiales y trucajes ópticos).

Bava recurre a una puesta en escena envolvente, casi como un ritual, llena de largos travellings que desvirtúan y amplían el espacio. La introducción del color permite que la trasformación de los rostros se tornen en una suerte de pesadilla cromática.

La puesta en escena del manierismo colorista suponía un montaje recargado, se nota cierta influencia expresionista en función a ese punto, sólo que en este caso, los colores fuertes son la constante. Además, se trata de confundir al espectador con travellings inusuales y la disposición de los objetos. Se trata de reformar los códigos clásicos a través de su violentación escénica. Puede decirse que se da una reivindicación de la importancia de la puesta en escena de estas películas.

Cabe resaltar que la primera película que se da en este estilo surge también en EEUU. En 1957 se estrena La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein), del gran Terence Fisher, que consagra a Hammer Films como especialista en cine de terror, aunque la censura se ceba sobre ellos, tachándolos prácticamente de pornógrafos, por mostrar una explicitud y amoralidad ignotos hasta la fecha.

Quede como idea a recuperar de esta película, y prácticamente de toda producción Hammer, el uso del color, virando la paleta cromática hacia fuertes y violentos contrastes entre tumefactos verdes y encendidos rojos. Además, se recurre a una puesta en escena estática, compuesta básicamente a partir de planos fijos, en la que la violencia se manifiesta a través del movimiento y apariencia de los personajes. “La mezcla de ambas estrategias da lugar a una desbordada tensión formal.”[5]

 

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Terrence Fisher


No sería justo no hacer referencias a Terence Fisher (1904-1980) quien fue un director de cine inglés que trabajó con la Hammer Productions. Nació en Maida Vale, Inglaterra.

Fisher fue uno de los más influyentes directores de terror de la segunda mitad del siglo XX. En sus films se planteaba un gore y terror explícito que, si bien hoy está buenamente asumido, no tenía precedente en su momento. Fue el primero en realizar películas de terror en Technicolor. Además de la Maldición de Frankenstein, hizo notables realizaciones como “Drácula” (1958) y “La momia” (1959).

Muy destacable es también el nombre de Roger William Corman quien es un productor y director norteamericano conocido por sus numerosas películas de bajo presupuesto. Bajo su dirección comenzaron sus primeros pasos en el cine numerosos directores ahora famosos.

Entre sus filmes más conocidos destaca su serie de películas basadas en historias de Edgar Allan Poe producidas por la American International Pictures, incluyendo “La caída de la casa Usher” (1960), “El pozo y el péndulo” (1961), “El cuervo” (1963) y “La máscara de la muerte roja” (1964). En la mayoría de estas películas Vincent Price era el actor protagonista y algunos papeles secundarios fueron interpretados por actores jóvenes y desconocidos entonces como Jack Nicholson o en horas de baja popularidad como Boris Karloff. Se calcula que produjo más de 300 películas, dirigiendo cerca de 50 de ellas.

La diferencia principal entre estos dos grandes directores radica en la puesta en escena. Corman se dedicó a establecer estructuras mucho más violentas y sin ningún tipo de racionalización represora. Fisher, en cambio, es más dinámico en el uso del color.

El modelo manierista decaerá a finales de los 60’s debido a la eclosión del cine de autor. Nombres como Hitchcock, Powell y Franju se encontraban ya en el medio…

El mal entre nosotros

En el período que culmina los años 60’s, las temáticas vuelven a ser muy vastas al igual que los estilos. Cada director impone su propio sello.

Un director que representó una revolución muy importante fue el polaco Roman Polansky quien dirige en “Repulsión” (1965). La primera de la llamada “trilogía de apartamentos” de Polanski; supone el segundo filme del director y el primero en Gran Bretaña. Un thriller psicológico magnificamente interpretado por Catherine Deneuve y sin duda una de las mejores películas del director. Las secuelas son “El baile de los Vampiros” (1967) y una gran película como lo es “El bebe de Rosemary” (1968).  Su revolución consiste en “utilizar la escritura ya existente, exacerbada por el manierismo, para subvertirla desde dentro, es decir, para presentar, tras sus apariencias, otros discursos e incluso otras propuestas formales, absolutamente ajenas al modelo dominante.”[6]

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Repulsion (1965)

Las estrategias irán evolucionando a lo largo del período y se verán en notables realizaciones como “El exorcista” de William Friedkin (1973). Esta película encendió la mecha de un subgénero, el de demonios y el satanismo. Que no ha dejado de acribillarnos durante las últimas dos décadas con mayor o menor acierto. Esta película tiene un lugar irreprochable en nuestro inconciente colectivo y es considerada la más aterradora de todos los tiempos.

Quizá el más notable director en este género: Alfred Hitchcock. Es resaltabable que este director ha abordado muchos géneros y además ya dirigía películas desde los años 20, pero su especialidad es el suspenso y se le reconoce como inmortal por películas como “Psicosis”, “Vértigo” o “los Pájaros” pero tiene un se haber un número impresionante de películas, muchas de ellas premiadas y reconocidas mundialmente.

Uno de sus más reconocidos films es Psicosis (1960) La película se ha convertido en un clásico del cine de terror y suspense. Está basada en la novela Psyco escrita por Robert Bloch. La película está protagonizada por Anthony Perkins, que dará vida a Norman Bates, uno de los más célebres psicópatas de la historia del cine. Pertenece a esta cinta una de las escenas más conocidas de la historia, la del asesinato de Marion Crane (Janet Leigh) en la ducha, acompañado por la famosa música de Bernard Herrmann.

Ya que hablamos de cine de autor, es muy apropiado introducir también en este período al heredero americano de Alfred Hitchcock: Brian de Palma, quien es también considerado como uno de los grandes maestros del suspenso y se hizo un espacio en el mundo del séptimo arte con películas como “Carrie” (1976), basada en la novela de Sthephen King, Carrie es una tímida chica con poderes telekinéticos que vive a expensas de su opresiva y ultraconservadora madre. Carrie será invitada a la fiesta de promoción de la escuela por el chico más popular y ella ejecutará un gran venganza por la humillación a la que sus enemigas la someten en esta.

En esta etapa surgen derivaciones del género aberrantes como el cine gore. Un predecesor directo a la producción que luego vendría en masa es el director George Romero, quien dirigió “La noche de los muertos vivientes” (1968). Esta película “tiene el honor de abrir la etapa más sangrante, política, contestataria y moderna del cine de terror.”[7]

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Night of the Living Dead (1968)

Esta etapa es una suerte de preámbulo a la época que vivimos actualmente en el género en la que la diversidad es la constante y se trastocan todo tipo de temas. Incluso podemos hablar aquí de un terror surrealista. Una película que representa muy bien tal adjetivo es “Cabeza Borradora” (1977) de David Lynch. El cine de este director (uno de mis favoritos) es inclasificable. Tiene un estilo único y vanguardista que se asemeja un poco al gran Federico Fellini. Esta película es la ópera prima del director y nos remite a una pesadilla. No se sabe bien qué es lo que acontece. Intentar comprender la naturaleza del hijo monstruoso del protagonista o la explicación lógica de que exista un teatro de vodevil detrás de su radiador es igualmente de absurdo.

Henry (el protagonista) tal vez es una alegoría no de una persona sino de un tipo de mentalidad humana. Sufre en carne propia todas aquellas cosas que no afronta (matrimonio, paternidad, rechazo). Es víctima de todo tipo de sucesos que no tienen explicación (y Henry tampoco intenta explicarlos, sino que los acepta como son). Finalmente su propia fantasía le autodestruye y lo convierte en una goma de borrar. Renacido de sus cenizas cede a los impulsos animales y primero se da al adulterio con su vecina de enfrente y luego destruye a su supuesto hijo.

A finales de los 70’s y comienzos de los 80’s surge una generación de talentosos directores que preceden los tópicos que se dan en la producción de hoy en día. La ruptura se da, quizá, en el hecho que surgen nuevos monstruos que nos llevarán a secuelas enigmáticas como Jason o Freddy Krueger.

Para no dejar de lado el cine gore, aunque sea a grandes rasgos, hay que decir que este surge a principios de los años 60. El género se reinventa entonces. Se trata de algo nunca hecho. Ir hasta las últimas consecuencias a nivel visual. No se trata de mostrar el suspenso y el peligro sugerido, sino ir hasta las mismas entrañas de las personas y “mostrar todo”. Herschell Gordon Lewis es el principal referente de este género al inaugurarlo con su película “Bloodfeast”(1963) el cual es el primero en ensañarse con el color rojo en forma obsesiva. Gordon Lewis es ahora la punta del iceberg entre autores como Cronenberg, Romero, Jackson, Buttgereit, Hooper, Raimi, Carpenter entre muchos otros.

eraserhead4Eraserhead (1977)

El cine de terror europeo es probablemente el género que ha tenido mayor atención de los diversos organismos censores a lo largo de los años. En Inglaterra cineastas como Dario Argento, Lucio Fulci, Umberto Lenzi, entre otros, han sido (y hasta el día de hoy lo son) usualmente prohibidos. En los años 80 hubo en Suecia un caso similar de “pánico moral”, cuando los censores prohibieron el filme “La masacre de Texas” de Tobe Hooper y muchos filmes más. Quizá las películas más fuertes del gore son italianas: “Holocausto caníbal” (Deodato) y Caníbal Feroz (Lenzi). En ellas no sólo se tienen imágenes de brutalismo extremo, estas usan un falso formato documental para atraer aún más la atención y el morbo de los aficionados y alejar mucho más a los que no gustan de “emociones fuertes”. Algo muy reprochable en estas películas es la violencia real que se ejerce sobre animales, cosa que no apruebo de ninguna manera.

Quizás gracias a este empeño en sacarlas del mercado (la ya mencionada pasión por lo prohibido), estas películas y sus realizadores han cosechado filas de fieles seguidores alrededor del mundo. No digamos que el mundo necesita más censura, sino que sin ella, habría una cantidad mucho menor de aficionados al Terror y Gore Europeos. Y sería una pena, especialmente en detrimento de las varias buenas películas que se han visto en los últimos años.

 

 

El terror posmoderno

Quizá el más importante director contemporáneo que ha abarcado también otros géneros es David Cronenberg. El terror ahora se encuentra en un superávit de psicópatas y seres sobrenaturales que no tienen vergüenza de destripar a cualquier adolescente que se cruce en su camino, merodean los entes extraterrestres y las confabulaciones diabólicas. Es interesante acotar que Cronenberg utiliza un tratamiento que resulta el más terrorífico. “El terror que da más miedo es el que sale de dentro hacia fuera de forma literal.”[8]

Tiene argumentos que pueden resultar típicos de una películas de serie B pero es en este género en el que Cronenberg comienza y muestra destellos de genialidad como por ejemplo en “Rabia” (1977) Rose sufre un accidente y es internada en la clínica Keloid, un centro especializado en cirugía estética, donde es sometida a un tratamiento revolucionario. Los resultados son fatales: La chica despierta con una fisura bajo su axila, de la cual emerge un apéndice fálico y experimentando una enorme sed de sangre humana. Rose la saciará gracias a su nuevo miembro con el que penetra, para extraerles sangre, en los cuerpos de sus víctimas, estas posteriormente, caen presas de una incontrolable rabia homicida que, poco a poco, se va extendiendo por la ciudad como una salvaje plaga de terror y violencia.

Otro enigmático director es Wes Craven. Conocido especialmente por la saga llamada “Pesadilla en Elm Street” (1986) en la que Freddy Krueger ataca a sus víctimas por un punto muy débil de las personas. Su necesidad de dormir. Este asesino necesita fortalecerse en las pesadillas de sus hijos para poder llegar al mundo sensible en venganza de los padres de sus víctimas quienes lo asesinaron.

pesadilla_1Nightmare on Elm Street (1986)

Precursor de estos tres grandes directores y maestro del cine del terror universal: Dario Argento. Quien recibe una gran influencia de Bava (fue su asistente de dirección) y Freda.

debutó en la dirección en una película que en un principio no iba a realizar: El pájaro de las plumas de cristal (1969), su primera obra giallo muy influenciada por el maestro Bava y su película Seis mujeres para el asesino (1964), y que no deja de ser una película de suspense con un final interesante. Seguida a esta llegaría El gato de las nueve colas (1971) y Cuatro moscas sobre terciopelo gris (1972).

Posteriormente, llegaría una película que lo definiría y le daría los rasgos de lo que sería después el cine de este gran director de terror europeo: Rojo profundo (1975), un giallo excelente lleno de escenas truculentas, grandes espacios y una trama que envenena, con escenas impactantes y sorprendentes como el final. A esto le añadimos la excelente música de los Goblin que te sumerge en este pesadillesco film. Esta no era la primera vez que trabajaban con Argento.

En 1977 dirige una película que es sin duda una de sus grandes obras maestras: Suspiria, primera parte de la inconclusa trilogía de las tres madres. La trama gira entorno a una escuela de danza (que en realidad es un aquelarre de brujas), donde ocurren una serie de asesinatos; especial mención al primer asesinato del film, equiparable al asesinato de la ducha de Psicosis.

Son muchos los nombres importantes que impulsan el género en este período. El terror posmoderno le debe mucho a esta etapa y ahora es cuando vemos realizaciones de director como Takashi Miike, promimente director asiático del género. Estamos hablando de un prolífico, ecléctico y controversial cineasta, conocido como el Tarantino oriental, capaz de crear sentimientos y sensaciones antagónicas en el espectador. También tenemos en la producción actual de Hollywood una realización que considero notable como es la hasta ahora trilogía de SAW dirigida por James Wan. La presencia del género hoy en día es muy variada y ya se ven los nuevos talentos que pretenden llevar al género quizá a un nuevo nivel. En mi opinión, lo veo como un género preconcebido para el formato de largometrajes, sin embargo, se han dado series de terror en TV como, por ejemplo, “los cuentos de la cripta” e incluso algunas dirigidas para niños como “¿Le temes a la oscuridad?”

Para concluir, es importante destacar el hecho de que el género suscita pasiones que permiten que con un poco de ingenio y talento se puedan formular películas de muy alto nivel, no se requiere de una industria para hacer cine sino amor por el mismo. Eso sí, debe haber un mínimo de condiciones requeridas para producir a nivel audiovisual. No todo es romanticismo y eso lo vemos en la historia pues conforme fue pasando el tiempo, los soportes se fueron haciendo más baratos y permitió a los aficionados adentrarse en este mundo (como lo fue en el caso de Cronenberg).

miike-largeTakashi Miike

La variedad del género es una característica fundamental que ha adquirido a lo largo de su historia. No sólo se limitó a los monstruos del afuera sino que llega a hacer una introspectiva del propio ser humano y mostrar que nosotros somos, después de todo, nuestros peores enemigos. Suscita las más altas pasiones, aquellas que, paradójicamente, no queremos vivir en nuestra vida real. Las situaciones impensadas se viven aquí de forma más efectiva que en ningún otro género aunque eso siempre depende del espectador y su disposición, se trata, finalmente de un tema de gustos.

Otro punto a resaltar que me agrada mucho es la versatilidad que tiene el género. Puede entremezclarse con otros de forma efectiva, incluso puede hacer con su contraparte que viene a ser la comedia, así lo vemos en “Critters” o incluso se le ha visto en parodías como “Scary Movie” que es una película de humor.

Desentiendo de la crítica que piensa que el género está destinado a morir por el hecho de que ya se hizo todo. Me parece que se renueva constantemente y que requiere de competencias y mucho ingenio para resultar efectivo. Hoy en día, y eso sí es cierto, la mayoría de películas de este género recurren a subir los decibeles y a los encuadres muy cerrados para generar una mal ganada sensación de angustia. El espectador de hoy es más exigente. Es curioso que películas que nos mataban de miedo hace 30 años, hoy nos hagan reír. Se debe tener en cuenta que el entorno social es preponderante para nuestras propias expectativas en función a aquello que nos gusta o no y dado que nos encontramos en una sociedad de la información es conveniente decir que resulta muy difícil asustar a alguien hoy en día.

Por Enrique Vidal


[1] LOSILLA, Carlos. “El cine de terror” Ediciones Paidos 1993. Pp: 69

[2] LOSILLA, Carlos. “El cine de terror” Ediciones Paidos 1993. Pp: 98

[3] LOSILLA, Carlos. “El cine de terror” Ediciones Paidos 1993. Pp: 104

[4] LOSILLA, Carlos. “El cine de terror” Ediciones Paidos 1993. Pp: 105

[5] LOSILLA, Carlos. “El cine de terror” Ediciones Paidos 1993. Pp: 119

[6] LOSILLA, Carlos. “El cine de terror” Ediciones Paidos 1993. Pp: 140.

[7] LARDÍN, Ruben. “Las diez caras del miedo” Midons Editorial, Valencia-España 1996. Pp: 186.

[8] LARDÍN, Ruben. “Las diez caras del miedo” Midons Editorial, Valencia-España 1996. Pp: 118.

06
Jun
09

Mellizos y Rivales

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David S. Goyer - La Profecía del No Nacido (The Unborn, 2009)

Cuando vi por primera vez el trailer de “The Unborn”, o “La Profecía del No Nacido”, pude observar una propuesta nueva sobre otro tema relacionado con lo sobrenatural, como se ha visto en “El Aro” o en “La Maldición”. Si bien ésa era  su propuesta inicial, el resultado, lamentablemente no fue lo que yo esperaba.

Dirigida por David S. Goyer, que ha dirigido películas como Blade Trinity, y ha sido productor también de Ghost Rider o Blade 2, su fuerte, sin embargo, es el de ser escritor, ya que a él le debemos las películas de Batman Begins , Jumper o la segunda parte de El Cuervo, y por lo que sabemos dirigirá y escribirá el salto de Magneto a la pantalla grande al igual que otro superhéroe como Flash.Pero retornando a La Profecía…, tal vez la idea que tenía de hacer una buena historia de terror, no logra impactar con precisión lo que en el papel escrito, tal vez, si logró alcanzar.

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Su poca experiencia detrás de la cámara, y sobre todo en el campo del horror, ha sido un gran impedimento para que esta cinta pudiera convertirse en una buena película del género. A él le aplaudimos los argumentos por ejemplo de las dos últimas películas de Batman, donde se vio con gran maestría en el campo, que él sabia relatar buenas historias de acción y aventura al narrar con gran elocuencia la vida del hombre murciélago, y explotarlo al máximo en la segunda parte de la misma donde acogimos con asombro y cariño al personaje del desaparecido Heath Ledger, el Guasón. Ésta era su primera incursión en terror, y como dijimos, tal vez en el guión tenía una buena historia, pero en la pantalla no le sacó el máximo provecho de su producto.

La historia inicia con el sueño de la protagonista Casey Beldon, donde se observa desde el minuto inicial al niño que supuestamente es “El No Nacido”. Me parece que empezar de esa manera, no le deja al espectador entrar en la historia, ya que prácticamente se le ha mostrado al personaje siniestro del filme.

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Cosa que si comparamos con El Aro por ejemplo, si bien una de las victimas muere, nunca se ve al personaje hasta avanzada la película, sin embargo aquí lo muestra inmediatamente. Es un primer punto en contra. El segundo punto en contra es algo un poco más personal, ya que uno piensa que cuando el no nacido toca el espejo desde atrás, pensé en un momento que iba a salir por ahí, pero esto nunca sucede, sino que es una aparición que sucederá en los tramos finales del film.

Al decir todo esto, vemos como Goyer se inspiro en películas que tratan esta clase de elementos como El Aro (si, otra vez es mencionado, pero no se puede evitar las comparaciones del caso,) y lo que es anecdótico sobre esta cinta es que trajo, tal vez sin querer, a una de sus protagonistas, como es el caso de Jane Alexander, que hizo de la doctora de la isla donde vivía Samara; El Sexto Sentido y también del Exorcismo de Emily Rose.

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Al parecer captó lo “mejorcito” de estas películas, las mezcló y quiso sacar su “propio” producto. Si bien es bueno tomar referencias de otros autores o de otras cintas, eso no quiere decir que uno deba extraer esas ideas para hacer un producto mejorado de ellas. Este es el punto de mayor error de la cinta.

El elemento que se ve, frecuentemente, en una película de tema sobrenatural, donde el personaje que se puede comunicar con los muertos es siempre un niño, que puede verlo y sentirlo todo y recibe la vibra del más allá, para comunicar la misión que le han encargado que transmita al resto de las personas, ya sea para bien o para mal, convence de buena manera, ya que con los gestos que produce con el rostro uno nota que está metido en el personaje que le han encargado hacer, como por ejemplo la parte donde esta poseído por el niño.

Vemos también, como caída del cielo para la protagonista, que su mejor amiga es una psíquica y supersticiosa de todo elemento sobrehumano. Más no se puede decir.

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Me sorprendió que un actor como Gary Oldman estuviera involucrado dentro de esta cinta, pero debe aprovechar el momento que está viviendo con las dos sagas de Batman, que como hemos dicho son obras de Goyer, ¿Una segunda coincidencia de actores?

La cinta es de terror, y sí posee escenas que asustan al espectador – que serán 3 o 4 – pero en un análisis global, prefiero ver la cuarta o quinta parte de Halloween, que sin ser tampoco de las más dignas obras de cualquier cineasta de horror, al menos me atraen ya que  puedo ver a Michael Myers por ser un icono de la cultura pop.

Por César Cortez Gutiérrez

30
May
09

Béla Tarr vino de Londres

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Béla Tarr – A Londoni Férfi  (El Hombre de Londres, 2007)

Un ejercicio interesante para comprender El hombre de Londres es preguntarse por qué Bela Tarr ha prescindido esta vez de László Krasznahorkai, amigo y  guionista habitual, para poner en forma una adaptación de un autor, a priori alejado de su concepción artística, como Georges Simenon. Tras una lectura atenta de la novela, buscando lo esencial entre sus párrafos y dejando a un lado la comparación casi inevitable entre texto e imágenes, encontraremos que un verbo que se repite insistentemente. Mirar. Palabra que permite, como iremos viendo a lo largo de este texto, tejer la filiación entre textos e imágenes, entre Simenon y Tarr, y entre El hombre Londres y la obra que deja atrás. 

Porque mirar es el trabajo habitual de Maloin, un guarda agujas de una subestación portuaria de ferrocarril. Desde una torre de control elevada varios metros de suelo, esperará mirando desde su posición privilegiada a que llegue un barco1, para cambiar las agujas del ferrocarril que permite la entrada del tren que viene a recoger sus pasajeros para llevarles a la estación central de la ciudad. 

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Maloin, por tanto, se enclava dentro del arquetipo del personaje mirón que sirve de anclaje en el intercambio de puntos de vista sobre los que mueven las películas de Tarr. El doctor de Sátántangó (1994) o János en Werckmeister harmóniák (2000) serían los puntos precedentes de una línea que comienza a torcerse en El hombre de Londres, ya que el punto de vista que se deposita sobre Maloin será el único sobre el que se desarrollará la narración.

Recordemos además, que estos mirones son los encargados de testificar con su mirada la disgregación de la comunidad en la que habitan, tras la llegada de un personaje extranjero a ella2. Sin embargo, en El hombre de Londres, el extranjero que provoca la situación excepcional, llamado Brown, aparecerá a diferencia de las dos películas anteriores sin la intención que intervenir en el lugar.  

En el plano secuencia inicial de la película, Tarr acoplará nuestra mirada a la de Maloin, para que observemos en igualdad de condiciones la escena en la que Brown, con su compañero Teddy, consiguen sacar del barco, y de forma clandestina, un maletín por el que luego discutirán.

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En esta discusión, al borde del espigón del puerto, Teddy caerá al agua junto con el maletín. Brown huirá, y Maloin bajará de su torre de control para recoger el maletín que ha quedado abandonado. Dentro de él, no podía aparecer otra cosa que no fuera ese dinero que acompaña a todos los personajes extranjeros que entran en las comunidades a las que miran los protagonistas de Tarr. 

Sobre este punto se producirá una nueva variación en el imaginario de Tarr, ya que en El hombre de Londres no existe una comunidad visible como tal. Esta será presentada como un eco de la visión, representada como una línea de casas más allá del puerto. Tarr esta vez la reducirá a la familia de Maloin. Su mujer y su hija. Un mundo encerrado en una casa. Un mundo que forma parte del reducido mundo de Maloin, junto con su torre y el bar al que acude todos los días después de trabajar para jugar una partida de ajedrez. 

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Tres lugares que conformarán un triangulo que se revelará de vital importancia tras el amanecer del día después del acontecimiento del puerto. Porque en ese bar, Brown depositará la mirada sobre Maloin. El mirón pasa a ser mirado y eso se convierte en acontecimiento en un vida vacía de todo contenido social. Maloin, vouyeur por obligación, atrapado en una vida rutinaria de trayectos entre torre-bar-casa, encontrará un suceso extraordinario al sentirse mirado.

A diferencia de los arquetipos de la obra de Tarr, la irrupción de ese extranjero y su dinero no supondrá un cambio en la comunidad, ni siquiera directamente sobre Maloin, ya que esa mirada insignificante, cuando sea retirada lo que producirá será un cambio radical en la vida de Maloin con la aparición de un nuevo hombre de Londres en acción. 

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Este es Morrison, un investigador que también viene de Londres, y que nos descubrirá que el maletín pertenece a Mitchell, un promotor de espectáculos en Londres. Brown es descubierto y huye. Esa huida provocará el gesto determinante que marcará la película. Con la ausencia de mirada, Maloin tratará de hacerle presente reproduciendo en su hogar los gestos que ha ido observando en el intercambio de miradas en el bar y desde la torre.

Es reproducción consistirá en adaptar a su manera la bronca que vio entre Brown y Teddy, a una situación durante la cena con su mujer. Y posteriormente para reproducir el gesto del robo del dinero de Brown, robando a su propia mujer el dinero que esconde en una pequeña caja, tras escuchar desde la distancia a Morrison detallar como se produjo el robo del dinero en Londres.  

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Al mismo tiempo que Maloin trata de llenar su vida a través de la reproducción de lo que fue Brown, Morrison llevará a cabo en el puerto una reproducción de la llegada de Brown y la muerte de Teddy. Maloin lo observará todo desde la misma posición y de la misma manera que observó el referente original. Momento tras el cual, Morrison depositará su mirada sobre Maloin. Este, de nuevo tendrá sobre sí una mirada que le hará cambiar de comportamiento.  

Morrison le narrará la historia personal que ha dejado en fuera de campo Brown. Una mujer y unos hijos en dificultades económicas. Maloin en ese momento decide reproducir lo que no ha visto de Brown, prolongando el gesto de salvación de la familia que no puede llegar a completar este. Para ello rescatará a su hija, Henriette, de un trabajo en el que es utilizada como objeto de mirada gracias al uniforme que es obligada a llevar. Durante la celebración de su liberación aparecerá en el bar, convertido en centro epífanico de la mirada, la mujer de Brown. 

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Esta se nos dibuja como solo mirada. Con un gesto y una quietud que trasmiten una ética desbordada por la imposibilidad sostener una vida que se viene abajo, observará lo que tiene alrededor, asimilando las palabras que se vierten sobre ella. Maloin, en un momento determinado, cruzará la mirada con ella. Este cruce de miradas volverá a ser decisivo. La ética que subyace de la mirada de la mujer de Brown, traspasa a Maloin de tal manera que es desactivado de la posesión a la que le tienen condenado las miradas posadas en él. De esta manera se convierte otra vez en si mismo. 

En la penúltima escena, Henriette comunicará a su padre que ha descubierto a Brown escondido en un cobertizo del puerto. Maloin acudirá presto a socorrerle con una serie de alimentos que tiene a mano en su casa. Al llegar delante del cobertizo, algo invisible cruza la pantalla y vuelve a afectar a Maloin. Este entra al cobertizo y cierra la puerta. No podremos ver lo que ha pasado allí dentro, pero sabremos cuando salga que ha matado a Brown.  

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Es inevitable pensar que esta nueva reproducción de algo que ha pasado antes, se ha producido por la mirada de alguien en fuera de campo. Pero analizando la escena, nos encontraremos una satánica paradoja. Brown muere como reproducción de un gesto que nace de él mismo, de la noche de la discusión con Teddy. El que miraba era Maloin, y el único que miraba con Maloin era el espectador. Así se encargaba Tarr de filmarlo, acoplando nuestra mirada a la de Maloin durante el tiempo que duraba la ascensión por las escaleras de la torre.

En contraplano tendremos el paseo hacia el cobertizo, en el cual la cámara seguirá (en uno de los habituales paseos de Tarr) a Maloin dándole distancia, separándose de él. Un espacio que vuelve a separar las miradas de espectador y de Maloin, para empujar a Maloin a la reproducción del gesto que quedaba por cerrar. Una muerte que clausura el relato del personaje antes de cierre moral que ejecuta Bela Tarr a través del reparto del dinero que devuelve Maloin tras confesarse culpable ante Morrison. 

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Clausura que cierra relato de lo que es El hombre de Londres. Una narración de la mirada entre fueras de campo. Entre el fuera de campo donde se robo el maletín, y el fuera de campo donde quedó el que lo robó. Un testimonio de un flujo invisible de miradas y gestos, que unirán lo que no vemos y que quedará, tras la muerte de Brown, como algo que no ha pasado.

Todo se ha borrado salvo la experiencia del tiempo a través de la mirada. Quedando formulada, en el fuera de campo del lado del espectador, la pregunta  de si hemos visto lo que nos mira tras haberlo mirado primero, para ser advertidos del peligro que corremos de ser colonizados en la misma manera que lo fue Maloin. 

 

Por Ricardo Adalia Martín

 

[1] En la novela, el barco viene de Inglaterra a Francia. Concretamente a Dieppe. Bela Tarr descontextualiza la acción para universalizar la película. El único anclaje será el fuera de campo en que queda Londres.

[2] Recordemos a Irimiás en Sátántangó y al “Príncipe” en Werckmeister harmóniák.

 

30
May
09

La Ciencia de lo Prohibido

 

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Stuart Gordon – Re-Animator, 1985

Amable lector, anímese a coger un texto cualquiera del escritor Howard Phillip Lovecraft (Providence, 1890- 1937). Sentirá que ha ingresado a un lugar donde lo innombrable, lo que no es de este mundo y lo que no puede ser descrito son cosas que pueden hallarse en diferentes rincones de estos inquietantes caminos. Y si usted tiene suerte, notará que el ambiente alrededor suyo parece contagiarse de la maldad propia de estas perturbadoras presencias. Por supuesto, le vendrán más ganas de continuar leyendo el relato que tiene en sus manos.

El terror descrito por Lovecraft ha proyectado una sombra larguísima, tanto al interior de la literatura fantástica, donde autores como Robert Bloch, Stephen King, Ramsey Campbell y muchos otros han rendido tributo a su obra con historias que buscan reproducir esta concepción de lo irreal, con resultados más o menos logrados, según cada caso. Pero no sólo la palabra escrita se ha sentido fascinada por tales pesadillas. El arte de la imagen en movimiento, el cine como fenómeno de masas ha pretendido nutrirse de ellas y convertir estos textos en imágenes que resulten dignas de tal horror cósmico.

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Tenemos el penoso deber de informar que la mayor cantidad de intentos han sido infructuosos. Y es que, a decir verdad, el terror indescriptible es algo que no hay por dónde cogerlo, más aún si es un cineasta sin imaginación. Esto es algo que han comprendido muy pocos. Uno de ellos fue el gran Roger Corman al momento de adaptar la novela corta “El extraño caso de Charles Dexter Ward” para la realización de su film “El palacio encantado”.

En este caso, el terror lovecraftiano se convirtió en el terror de la AIP, empleando las mismas fórmulas utilizadas en la serie de películas dedicadas a la obra de otro escritor como el gran Edgar Allan Poe, casi diferencia alguna. Qué importaba ello. El cine funciona bajo sus propias reglas. Así se obtuvo una interesante película, donde el gran Vincent Price brilló como siempre. Poco más de 20 años después alguien comprendió el mensaje, y echó mano a las referencias literarias, pero creo un producto totalmente nuevo.

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El director Stuart Gordon, nacido en Chicago, USA , en 1947, es un entusiasta realizador del cine de horror independiente quien aún se mantiene muy activo en su carrera. A lo largo de los años ha conformado una filmografía de mucho interés, la cual va recorriendo el género del horror ya durante tres décadas. Además de ello, Gordon también ha probado suerte en otros géneros, realizando filmes de ciencia ficción como “La fortaleza infernal” y sorpresivamente, incursionando en el drama más intenso con películas como la violenta “El rey de las hormigas”, el drama urbano en “Edmond” (a partir de una historia escrita por David Mamet), y su más reciente trabajo en esta línea titulado “Stuck”, merecedora de buenas críticas en los lugares donde ha sido exhibida. Hoy en día Stuart Gordon se mantiene dentro del cine independiente, espacio donde ha podido desarrollar su prolífica labor.

Los inicios de este director alcanzaron una notoria repercusión en el año 1985, tras haber despertado el interés del productor Brian Yuzna, y de la productora Empire Pictures, propiedad de Charles Band, ávido amante del cine fantástico de serie B durante décadas, con el fin de llevar a la pantalla una película de horror tan impactante como ingeniosa. A partir del guión escrito por Dennis Di Paoli, William Norris y el propio Stuart Gordon, “Re-Animator” llegó a las pantallas de cine convirtiéndose instantáneamente en un film de culto.

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Basado en los relatos cortos escritos por H.P.Lovecraft sobre las tenebrosas aventuras del doctor Herbert West, una de sus creaciones literarias, “Re-Animator” alcanzó la categoría de clásico del horror debido a su eficaz combinación de terror, gore, sexo y humor negro. Realizada al costo de un millón de dólares, aproximadamente, cuenta con los principales elementos de aquellos relatos, manteniendo la esencia de su argumento, pero actualizándola a los nuevos tiempos, pues en su versión escrita los hechos ocurrían durante los primeros años del siglo XX.

El director lleva a cabo una versión moderna, incluyendo nuevos personajes e intrigas, las cuales de todas formas recuerdan poderosamente el relato lovecraftiano, tanto en su fidedigna descripción de Herbert West junto a su compañero de desventuras, el estudiante de medicina Dan Cain, como en el uso de algunos elementos puntuales, como animales muertos, sótanos tenebrosos, cabezas y cuerpos decapitados, asuntos tomados de su fuente literaria para conformar nuevas situaciones.

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Esta historia nos narra la forma en que Herbert West, estudiante de medicina de la mítica Universidad de Miskatonic, considerado todo un genio en su materia, siente una enfermiza fascinación por la experimentación con cadáveres. Su interés esta en lograr la reanimación artificial de los cuerpos, con el fin de demostrar la forma en que el organismo humano puede “volver a la vida” operando como una maquinaria, al reactivar las funciones vitales de todos sus órganos, incluido el cerebro, dotándolo de una nueva fuerza motriz que incluye reactivar la actividad cerebral. El escabroso cuento escrito por Lovecraft presenta algunos momentos donde se hace presente el horror proveniente del más allá. Esto queda en las páginas del texto, porque la apuesta hecha por Gordon en su adaptación fílmica apunta al terror más gráfico y visceral, predominante en el cine fantástico de la década ochentera.

Contando con poquísimos recursos, la filmación se llevó a cabo en espacios cerrados, débilmente iluminados, con excepción de los momentos en los corredores de un hospital que no lo era, gracias a la labor de escenarios del especialista Robert Burns. Buena parte del film fue filmado al más puro estilo de “El bebé de Rosemary” de Roman Polansky, con la cámara siguiendo a los personajes a través de los pasillos y al interior de cada habitación, sobretodo en los momentos de mayor tensión.

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Esto debido a la admiración que siente Gordon por aquel clásico del horror demoniaco. No obstante, no es el terror el elemento predominante en este film, pues por el contrario, una especie de humor involuntario se desprende de estos momentos (por ejemplo, atención a la pelea de West contra el gato “Rufus”).

Y es que lo delirante del argumento y de las situaciones propuestas sorprenden en su ingenioso y perverso sentido del humor, donde la muerte, los zombies y los despliegues de horror gore constituyen todo un festín de delirio sicotrónico, donde no faltan ciertos toques de erotismo enfermizo gracias a la belleza voluptuosa de la actriz Barbara Crampton. En ese sentido también es destacable el aporte de los guionistas con el personaje del doctor Hill, convertido en el peor enemigo de West, y aún más perverso y desalmado que el propio protagonista. En su aspecto más desquiciante Hill es un experto en hipnosis, lo cual lo convierte en un peligroso enemigo, aún después de la muerte.

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El reparto de actores se encuentra a la altura del encargo, tomado esto como un verdadero elogio, pues el protagonismo del destacado actor Jeffrey Combs en su papel de Herbert West es de antología. Combs da en el clavo en su interpretación, con su mirada, sus gestos y en sus maneras, convirtiéndose en el enfermizo y cada vez más demente hombre de ciencia. El actor Bruce Abott da vida a Dan Cain, el compañero de West, quien se ve arrastrado por la locura de su inusual maestro del mal. Completan el reparto la actriz Barbara Crampton, ya mencionada, como Megan, el interés romántico de Dan, Robert Sampson como el desafortunado suegro, y el ya fallecido actor David Gale como el malvado doctor Hill, en una actuación maravillosa.

A destacar también el apartado de efectos visuales a cargo del especialista John Carl Buechler, a cuya labor se debe el impactante horror gore que incluye miembros seccionados, sangre a borbotones y vísceras vivientes. Años después, Buechler incursionó en la dirección de películas con títulos como “Cellar Dweller”, “Viernes 13, parte 7” y “El asesino del 49″, entre otros títulos. La música es obra de Richard Band, quien realizó una partitura muy deudora del tema de “Psicosis” del músico Bernard Hermann, lo cual le trajo más de un problema que posteriormente fue solucionado.

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“Re-Animator” es una pieza clave del cine de horror de la década de los 80, cuenta con el “mad doctor” más famoso del cine fantástico moderno, y es toda una muestra del encanto de la serie B, hecha con pocos recursos, pocas virtudes formales en opinión de algunos críticos sesudos, pero, innegablemente, hecha con muchísimas ganas y un verdadero amor por el trabajo realizado.

Por Enrique Rodríguez

30
May
09

El paso suspendido de Lisandro Alonso

Este artículo se escribe a manera de apéndice a la crítica publicada la semana pasada sobre Liverpool, por el mismo autor. 

En un momento de El paso suspendido de la cigüeña (1991) Marcelo Mastroianni se preguntaba “¿Cuántas fronteras más tendremos que cruzar para llegar a casa?” Estas palabras que encierran el concepto de viaje y frontera que atraviesa todo el cine de Theo Angelopoulos,  disponían de sentido en el tiempo en que las fronteras físicas eran capaces de narrar la identidad de un individuo. Una vez que esas fronteras han desaparecido borrando su marca física, y por lo tanto su función como símbolo, Lisandro aparece para redefinir su concepto partiendo de la invisibilidad a la que han sido condenadas.  

Su empeño por hacer ver esa invisibilidad parte de reformular el concepto de frontera física desde una acepción geográfica hacia una corporal. Las fronteras territoriales encerraban dentro de si todo un pasado colectivo de nación que servía para configurar la identidad de sus individuos. El fin de las ideologías arrastró consigo esas fronteras propiciando la liberación del movimiento de individuos en una errancia de cuerpos que conllevó la disgregación de ese pasado común en infinitas memorias individuales incapaces de encontrar los signos que identificarán la frontera desaparecida. De este modo la frontera pasó del exterior al interior de los cuerpos, reduciéndose exclusivamente a un lugar invisible que separa los territorios de vida y memoria.  

Lisandro aborda este problema siguiendo a Farrel en el viaje de vuelta al hogar a través de una errancia que solapa su vida a una memoria de la que trata de liberarse. Un viaje hacia un espacio que no contiene lo que Farrel busca, porque lo que busca está en si mismo. Así lo autodescubrirá al entregar el ya famoso llavero a la hija que no conoce y abandonar el espacio en el que se configuró su memoria. Que ya no es memoria, porque los signos y metáforas que la podrían configurar como tal (y que en otro tiempo sirvieron para narrar) han sido previamente desactivados por el imaginario sobre el que gira la obra de Lisandro (Unos troncos, un hogar, una mujer en fuera de campo). 

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Lisandro, con el espacio desactivado, pasa a conectar a los sujetos (padre e hija) a través de un cambio de punto de vista mediante el cual Farrel es abandonado por la cámara, en detrimento de su hija Analina. Con este gesto nos hace ver a través de la propia forma cinematográfica la frontera que permanecía invisible gracias a la transmisión, en el momento del cambio, de un recuerdo que desvelará su significado al final de la película cuando leamos la palabra Liverpool grabada en él. Momento en el que el recuerdo en su acepción de objeto (souvenir), cobra vida para convertirse en recuerdo en su acepción de memoria. 

Farrel conseguirá liberarse de su memoria anclándola en ese recuerdo, para cruzar en ese mismo momento la frontera hacia una vida no suspendida por la propia memoria. Farrel se irá solo, liberado, siendo escrutado por la cámara que permanece inmóvil, y que recoge su memoria tras haber transmitido el recuerdo a su hija. Un gesto que, además, posibilita el cruce de la frontera por parte Analina en el sentido contrario al que lo hizo su padre. Esta vez anclando al recuerdo la vida, porque la condena de Analina es la pura vida en que está instalada, para liberar el paso hacia la memoria que, hasta ese momento, permanecía ausente. 

Doble cruce de fronteras hacia lo ausente de uno mismo, posibilitado por un recuerdo que desvela la reformulación de la frontera desde ese lugar fijo que debía ser cruzado para obtener los signos que construyeran una identidad, a un punto móvil que debe ser buscado para que retenga uno de esos dos conceptos solapados por nuestra errancia. Permitiendo, finalmente, la liberación hacia una nueva (y verdadera) errancia sobre la que construir libremente y sin tumores, la identidad de uno mismo en el terreno virgen de la propia ausencia. 

Por Ricardo Adalia Martín

30
May
09

No pecarás

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David Fincher – Siete Pecados Capitales (Seven, 1995)

Aunque se le puedan poner algunos reparos, David Fincher es uno de los directores actuales que más emociones despierta en el espectador, ya sea por su estilo visual (estimulante e impecable, sin duda alguna) y por la solidez de sus guiones (que esconden pistas sutiles que a la larga van a ser determinantes en el desarrollo de la historia). “Seven” es la segunda película de David Fincher, también viene a ser la película que sacó a Fincher a la luz y que mostró en definitiva las características del cine de Fincher, que después volveríamos a ver en “El club de la pelea”, “La habitación del pánico”, “Zodiaco” e incluso en “Benjamin Button” (aunque en este caso en menor grado). 

Desde la premisa inicial la película se muestra inquietante: un asesino psicópata-intelectual empieza a realizar asesinatos “inspirado” en los siete pecados capitales de  Dante, dos policías (uno a punto de retirarse y otro recién llegado a la ciudad irán tras sus pasos en una cacería cruda y sin concesiones. 

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Morgan Freeman interpreta muy bien al detective Somerset (el que está a punto de retirarse), mientras que Brad Pitt interpreta bien (a pesar de lo que muchos han podido decir, para mí Pitt se muestra muy correcto)  al detective David Mills, el joven detective que acaba de llegar a esta ciudad “caótica y perversa” para reemplazar al agente Somerset. También es parte del elenco Gwyneth Paltrow interpretando a Tracy, la esposa del detective Mills. Prefiero mencionar después la interpretación del asesino. 

La primera media hora de la película corresponde a las pesquisas de los detectives, los cuales poco a poco van a descubrir lo sutil y perversa que es la mente del asesino, quien no estima ni tiempo (a una víctima la tuvo en permanente tortura durante cerca de un año) ni meticulosidad (cada crimen es una obra de arte que lleva a la siguiente). 

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La falta de esperanza y la incertidumbre invadirá, entonces, a nuestros protagonistas: como ir tras a un asesino que siempre va un paso delante de ti, y que además parece controlarlo todo. Pero estas adversidades también los irá acercando, no hay que olvidar la entrañable escena de la cena en casa de los Mills. 

 Presenciamos entonces una búsqueda sin salida, nos frustramos con los protagonistas, sólo nos queda ir esperando uno a uno los asesinatos (algún espectador incluso irá anotado uno a uno cada pecado). La ciudad tampoco parece ayudar mucho (“Seven”, sin duda alguna, es urbana): hostil, una lluvia casi permanente, cruda y perversa, una ciudad “en la que no puede crecer un niño”. 

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No obstante, la secuencia de asesinatos e indagaciones no deja de atarearnos y nos obliga a estar totalmente conectados con la historia en busca de alguna pista secreta que nos revele algo más; aunque quizás muchos no nos hayamos dado cuenta que las pistas que el espectador exigía ya nos fueron dadas: en los créditos iniciales, por lo que fueron pistas infructuosas, dadas demasiado temprano (considero que una segunda visión de esta película es realmente enriquecedora).  

El espectador se encuentra totalmente ensimismado presenciando la secuencia de asesinota y pesquisas policiales cuando de la nada y sin aviso, una simple vista a una casa nos lleva a la pista principal: la casa del asesino. Y sin previo aviso presenciamos la primera aparición del asesino, aún sin rostro, y se inicia una trepidante persecución que acaba sin éxito. 

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Pero ahora contamos con una nuevo medio para conocer al psicópata John Doe (¡tiene nombre!): al fin podemos saber lo que pensaba que nos llegaba a través de los diarios que escribía que nos revelan una mente perturbada y megalomaniaca. 

Al comienzo hablé de una primera parte, eminentemente policial e influenciada por el film noir. Ahora bien después de esta indagación que, se puede decir, llega a término con la identificación del asesino, viene el desenlace: Doe se presenta en la comisaría voluntariamente y es arrestado. Kevin Spacey, sin duda alguna, caracteriza a uno de los mejores villanos de  los noventas. 

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Poco a poco empezamos a conocer y “entender” a Doe, sus ideas al fin y al cabo no era tan descabelladas y su forma de castigar a los pecadores podría justificarse en cierta forma (no quiero decir que apoye las atrocidades que pudiera haber cometido en esta ficción) y se puede admitir que nos genera un poco de simpatía; he aquí está el gran logro de Kevin Spacey, en lugar de presentarnos un ser repugnante, nos presenta un individuo inteligente, perturbador pero también, en buena medida, carismático. 

El final es memorable, y preferiría no hacerle perder el impacto contándolo; es más, creo que nadie debería cometer el sacrilegio de contar el final de esta película, dejémosla en su medio natural, el cinematográfico, y sólo pensemos en las imágenes más perturbadoras: los helicópteros, el desierto, Doe arrodillado y victorioso, la lección de que “nunca podrás imaginarte lo que puede haber en una caja”, Mills (Pitt) desesperado… 

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El espectador esperaba un happy ending, aunque poco a poco (incrementado por la conversación en la carretera rumbo al fatídico desenlace) se va convenciendo de que nunca lo tendrá, y efectivamente es así: presencia un desenlace perturbador y terrible en que los buenos no ganan, y no suficiente con eso, sus vidas se ven alteradas para siempre. ¿Y que nos queda a nosotros?, sólo “seguir por aquí”.  

Por Marco Antonio Macavilca 

30
May
09

¿CÓMO VIVIR DESPUÉS DE SOBREVIVIR?

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Stefan Ruzowitzsky – Los Falsificadores  (Die Falschier, 2007)

Con cierto retraso y total desinterés de los grandes medios de difusión es que llega a nuestras pantallas la ganadora del Oscar a mejor película extranjera, reconocimiento por el cual fue posible verla algunos días en dos o tres salas de nuestra capital.

Se trata de una coproduccion alemana austriaca que aborda de una manera diferente y atractiva el manido tema de la masacre de los judíos a manos de la locura en su más terrible expresión. Con diferentes resultados, pero siempre con la misma intención denunciante y moralizadora, una docena de filmes ya se han aproximado a este episodio nefasto en la historia de la estupidez humana. La Lista de Schindler nos distancia de la violencia por medio del blanco y negro, La Vida es Bella por medio de la comedia (una idea bastante mala, dentro de una película plagada de malas ideas). Es precisamente el hecho de no incidir en los acontecimientos por demás conocidos lo que brinda interés a este nuevo trabajo, el hecho de poner al holocausto como telón de fondo para una serie de sucesos derivados del mismo, con un desarrollo paralelo, pero que apunta hacia una historia particular.

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Seis millones de judíos serían seis millones de relatos diferentes. El que nos ocupa comprende la semblanza del judío-ruso Salomón Sorowitsch, personaje extraído de la vida real, encarnado por el eficiente Kart Marcovics, que lo convierte en el pilar del que se sostiene toda la historia, y a la película, en casi un vehículo de lucimiento para su intérprete principal: un artista sublime que lleva sus habilidades al otro lado de la ley. Se da inicio con una antesala donde nuestro personaje apuesta extensas sumas de dinero en un lujoso casino, de manera ajena e impasible. Pocos momentos después, Salomón es capturado y llevado a un campo de concentración, infierno del que es transferido junto con otros prisioneros de distintas habilidades, a dos barracas donde se les proporcionan una serie de privilegios, entre ellos camas blandas, dejarlos vivos y una mesa de Ping Pong. La tarea que se les encomienda será falsificar monedas propias y de los países beligerantes, en un intento por paliar la economía alemana, mermada por la guerra, en lo que se conoció como la Operación Bernhard.

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En medio de este episodio histórico, es que Marcovics compone un personaje muy bien logrado. Falsamente inexpresivo, práctico, observante y oscuro, un sobreviviente al fin, en lidia y contraste con el personaje Burger (en la vida real, autor del libro en el cual está basada la película), su contraparte torpe e idealista, cuyas ansias de revolución no miden el riesgo de hacer matar a sus compañeros o a sí mismo.

Sorowitsch y sus colegas sobreviven trabajando al servicio de los asesinos de su gente, y desde sus suaves colchones pueden oír los lamentos de los menos afortunados y el estruendo de los disparos dirigidos a quienes se atreven a escapar del infierno y sus cancerberos. La labor encomendada se vuelve la única vía de escape a la realidad escalofriante por la que pasan este grupo de profesionales en las diferentes disciplinas de las artes gráficas. Su trabajo impecable es apreciado por sus captores, pero no ganan respeto ni consideración alguna. Los pocos intentos de preservar su dignidad son sofocados por las carcajadas o la indiferencia.

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Interesante relato llevado con buen pulso, con un sobrio manejo de los recursos técnicos que logran una correcta ambientación siempre al servicio de lo que se está narrando. El cierre del filme con las perturbadoras escenas que muestran el contraste con el resto de prisioneros del campo, pone punto final a un filme que demuestra cómo un tema constantemente abordado puede aún generar propuestas originales.

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El conflicto moral nunca se enuncia como tal, pero está presente a lo largo de todo el film. Como el ser humano sensible que debe hacer de sus talentos una herramienta de maldad, en pos de un mañana que al menor tropiezo puede desaparecer. ¿Cómo llegan al final del camino estas personas? ¿Hasta cuánto pueden doblarse sus valores sin romperse del todo? Otras piezas indispensables como The Black Book (Paul Verhoeven) se han preguntado lo mismo: si es posible salir incólume y volver a ver la luz del sol de la misma manera cuando se ha escapado de la desgracia a través de un túnel estrecho y lleno de mierda. Son preguntas que probablemente nunca tendrán una respuesta. O tal vez la tengan, pero ésta sea tan cruel que la vida en el engaño o en la duda siempre será más tolerable.

Por Gonzalo del Carpio Bellido

30
May
09

Los charolastras se volvieron peloteros

 

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Carlos Cuarón – Rudo y Cursi, 2009

“Rudo y Cursi” es la nueva aventura filmográfica de la dupla conformada por los jóvenes mexicanos Gael García Bernal y Diego Luna, compadres desde muy niños cuando eran los rostros de las cebolleras novelas aztecas que acompañaban y hacían insufribles los almuerzos después del colegio.

Los “charolastras” se vuelven a juntar en una misma película luego de la celebrada “Y tu mamá también”, donde formaron un trío de exitoso junto a Alfonso Cuarón y la exquisita presencia de Maribel Verdú, la diosa española que exudaba erotismo en cada escena en la que aparecía.

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“Rudo y Cursi” es una película de aprendizaje. Dos hermanos nacidos en la miseria y que estaban obligados a trabajar diariamente en una plantación bananera disfrutan cada atardecer jugando al fútbol. Se trata de dos héroes locales, dos diamantes en bruto como miles que surgen por esta parte del mundo y cuyo talento se pierde en el anonimato.

Beto (Diego Luna) y Tato (Gael García Bernal) Verdusco buscan afrontar su destino disfrutando del único juego que los puede liberar de su miseria. Entre ambos existe un deseo de abandonar su vida actual para intentar realizar algo grande.

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Tato es el único que se decide a dejar México para perseguir su absurdo sueño de ser cantante, pero no contaba con la aparición de “Batuta” (Guillermo Francella), un cazatalentos argentino que se topa con estos dos talentos innatos. Pero el versero ojeador gaucho sólo se fija en el menudo centrodelantero que era el terror de los guardametas locales y decide llevárselo, desatando la envidia de su hermano, un arquero con mucho oficio, pero los goleadores son los que escasean.

Es aquí cuando el inocente aspirante a cantante se vale de su habilidad para jugar al fútbol y así buscar la vía para llegar a grabar un disco. Poco tiempo después pide la llegada de su hermano que logra integrar un equipo de poca monta hasta que sus innegables cualidades lo llevan a convertirse en una verdadera muralla.

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Los primeros minutos son bastante intensos y todo fluye con naturalidad. La presencia de Francella como un chupasangre dota a la película del inteligente humor que, combinado con la eficacia de García Bernal y Luna para la actuación, llevan a pasar momentos bastante amenos.

Es aquí donde la historia de los peloteros surgidos de la nada nos muestra la fragilidad de la fama, la poca preparación que los jóvenes talentos tienen para soportar la presión y el aprovechamiento de un entorno corrupto alrededor del deporte que mayores pasiones despierta en el mundo.

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Lamentablemente Carlos Cuarón se queda sin mayor piso al promediar la segunda mitad del metraje. Las situaciones pierden ritmo a medida que presenciamos el asenso a la gloria para ambos y la caída hacia el infierno con anunciado tono.

Es inevitable la aparición del mujerón oportunista que busca subirse a la fama del pelotero exitoso, así como la tentación de la droga y el juego, el acercamiento a las amistades peligrosas y la idea de que los futbolistas del Perú no son los únicos decerebrados que existen.

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“Rudo y Cursi” divierte con ese humor negro presente en las situaciones de mayor dramatismo. La utilización de los espacios recuerda el tratamiento antropológico que de ellos hace Alfonso Cuarón en “Y tu mamá…”

La puesta en escena es otro de los factores de mayor acierto por parte de Carlos Cuarón, sin embargo a medida que transcurren los minutos esos personajes que tan bien moldeados estaban pierden presencia y se desdibujan hasta convertirse en simples estereotipos.

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En suma, una película que buscaba divertir y logra su cometido, que explota la imagen de una dupla muy conocida a nivel mundial y que no destila mayor pretensión.

Se trata de la primera película que la productora Cha Cha Chá realiza. Es una empresa creada en el año 2007 en conjunto por Guillermo Del Toro, Alejandro González Inárritu y Alfonso Cuarón, los tres reyes magos del cine mexicano que tienen mayor publicidad en el mundo (aunque Carlos Reygadas es el más notable cineasta latinoamericano de la actualidad). Es el primer largo de una serie de cinco que hay pactados con la Universal Pictures. El siguiente trabajo correrá a cargo de Rodrigo García.

 

Por Fernando Vega Jácome

25
May
09

Comunicado de la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI)

La Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI) rechaza los términos injuriantes de la carta que un grupo de cineastas envió al diario Perú21, en respuesta a la crítica del colega Alonso Izaguirre a la película nacional El premio, de Alberto Durant, publicada el jueves 7 de mayo en dicho medio.

Acusar falsamente a un periodista de cometer agravio a la persona de un cineasta, supuestamente como parte del análisis crítico de su obra, es un burdo intento de desacreditar su opinión, y por ende una señal de intolerancia inaceptable que atenta contra la libertad de expresión. Esta actitud en nada contribuye al diálogo necesario entre los diferentes sectores de nuestra cinematografía para su mayor desarrollo y evolución, precisamente en el año en que una cinta peruana ha conseguido un valioso premio internacional.

APRECI expresa su solidaridad con Alonso Izaguirre, y defiende el derecho de los críticos a manifestarse democráticamente sobre las películas nacionales, las cuales no requieren un trato condescendiente para mostrar su calidad. Finalmente, invoca a la comunidad cinematográfica en general, a fomentar un clima de respeto mutuo y comprensión de los diversos roles que giran alrededor de la actividad fílmica en nuestro país.

Lima, 25 de mayo de 2009

Natalia Ames, Presidenta de APRECI
DNI 41814544

José Romero Carrillo

DNI 09835167

Rodrigo Portales Fidel
DNI 09600331

Juan José Beteta
DNI 10788518

Diego Cabrera Berrocal
DNI 41307121

Mario Castro Cobos
DNI 08875544

Claudio Cordero Goytizolo
DNI 10589006

Rossana Díaz Costa
DNI 09643796

Jorge Esponda Jara
DNI 40045793

Leny Fernández Huerta
DNI 41047514

César Guerra Linares
DNI 10278648

Sebastián Pimentel
DNI 10274203

Erick Quispe Jara

DNI 42056619 

Gabriel Quispe Medina
DNI 10280581

Luis Ramos Choqueconza
DNI 10143811

Laslo Rojas Contreras
DNI 40747806

José Raúl Sarmiento Hinojosa
DNI 41340196

Claudia Ugarte Valencia
DNI 40578652




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(es.) - El cinerasta, a diferencia del "Cinéfilo" (el que ama el cine), es la persona cuyo sentimiento apasionado y desmedido por el séptimo arte, lo ha llevado por caminos poco afortunados.
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