Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Archive for febrero, 2010

psycho killer, qu’est-ce que c’est?

Jonathan Demme – Stop Making Sense (1984)

“La música, al igual que el baile, no tiene porque tener sentido” – David Byrne

Un boombox, las pimeras notas de “Psycho Killer”, un escenario sin decorar, y el rostro extravagante de David Byrne. Una apertura perfecta a uno de los documentos musicales más importantes de los últimos años. Los Talking Heads estaban de gira en 1984, y el genio musical de Byrne había decidido hacer algo distinto con la música, un espectáculo visual que recaería en las manos del experimentado Jonathan Demme.

Y que mejor que Demme para dirigir este excelente concierto, un hombre ya con experiencia en registro con otros grandes artistas. Neil Young, Robyn Hitchcock, ya habían pasado por el lente de Demme, más conocido por la magistral El Silencio de los Inocentes. En este documental, también es más que un simple espectador, su cámara sirve para registrar este show que destaca por todos sus elementos, que como mencionara Byrne, no tienen mucho sentido, pero que encajan perfectamente en el despliegue visual.

Durante las primeras canciones del documental, Byrne despliega todo su talento corporal y músical, bailando espásticamente al ritmo de la música en Psycho Killer, entonando “Heaven” con una sensibilidad única, mientras que el escenario va siendo armado y los miembros de la gran banda entran en escena. Este es el primer elemento que destaca a Stop Making Sense de otros documentales musicales: La performance visual está plenamente conectada con la musical, pero no solo mediante pantallas de cine e iluminación, sino mediante el movimiento contínuo del escenario, como si fuese un ente con vida.

La luz es otro elemento que funciona perfectamente en el show. La iluminación rojiza y la proyección de palabras, las sombras que se proyectan sobre el escenario, el sujeto con el tacho de luz recorriendo a los personajes del concierto, la calidez e intimismo cuando Byrne coloca una lámpara en el escenario… todo conjuga perfectamente con los temas, como si fueran una extensión de los mismos, destinados a ser presenciados por el afortunado público.

Byrne se roba el show constantemente: Su mirada psicótica, sus bailes desenfrenados, su corrida alrededor del escenario, ese traje gigante que lo come por completo (una metáfora perfecta de como el mundo corporativo nos devora de a pocos), todos aquellos elementos que lo hicieron un showman de primera en esos años están más que presentes en este show, y Demme tiene el ojo para hacer que sus cámaras se centren en él, en su performance, en todos aquellos detalles que con otro director pasarían inadvertidos.

Es una música intensa, que contagia el cuerpo e invita a bailar. Talking Heads fue una de las mejores bandas de su época, y durante toda su discografía mantuvieron una regularidad que pocas veces se ha visto en la historia del rock. Aquí, estan definitivamente en su mejor momento, con una entrega e intensidad inigualables. Take Me to the River, Girlfriend is Better, Psycho Killer (acústica), Heaven y Burning Down the House están entre los mejores momentos del show.

Alguien, no recuerdo quién, dijo una vez: “la música de los Talking Heads es la única música hecha por blancos que puede hacer bailar a los negros”, y eso se cumple cabalmente, sobretodo con los invitados del concierto que despliegan una energía que contagia a todo el auditorio, sobretodo en el clímax del show. Byrne podrá ser el frontman, pero es también su banda la que hace de este momento memorable.

Demme, debo decir, es uno de los directores que más respeta al artista, y se nota en sus documentales. Hasta en su último trabajo, “Rachel Getting Married”, tiene el buen tino de utilizar una canción en vivo de Robyn Hitchcock en su totalidad, lo que es un movimiento arriesgado y francamente pocas veces visto en el cine norteamericano. Tal es el amor que tiene este director por los artistas con los que colabora.

Para resumir, me quedo con este comentario del film: “Stop Making Sense tiene la cualidad de atraparte desde el principio gracias a una soberbia introducción/interpretación del clásico Psycho Killer y de no soltarte hasta el clímax final, ese en el que el público ya ha abandonado sus asientos y está bailando cada una de las piezas del grupo. Del concierto, sin embargo, me quedo con la alucinante energía que brota de la voz de David Byrne, un cantante al borde del colapso que en esta película alcanzó su cumbre, tanto a nivel vocal como visual (sus bailes, carreras, coreografías y miradas son tremendos ejemplos de una puesta en escena ejemplar). Con todo, la realización de Johnatan Demme es perfecta y ayuda a disfrutar aún más de este cancionero irrepetible, respetando la música del grupo como nadie lo ha hecho nunca (quizás Scorsese en The Last Waltz) y dando el protagonismo siempre al artista, no a los encuadres. Una delicia para melómanos.”

José Sarmiento Hinojosa


La muerte de Orson Welles no hizo llorar a Hollywood

«Una película no es nunca buena si la cámara no es un ojo en la cabeza de un poeta»,

La última aparición pública, perturbadora y casi cinematográfica, de Orson Welles que recuerdo se debió a un spot publicitario de la televisión. Entre serpentinas navideñas, el viejo niño prodigio, con una copa burbujeante en la mano, anunciaba un cava catalán, mientras en un castellano rudimentario decía: «Soy Orson Welles, felices fiestas con…». El corpulento Welles alzaba su copa y sonreí a con la misma malicia con que su inolvidable personaje Harry Lime, de El tercer hombre, justifica la matanza que él mismo había organizado, comparándola con la banalidad del reloj de cuco. Todos vimos al Welles joven de aquella famosa película. Basta recordarlo huyendo por las alcantarillas de Viena, perseguido por su amigo Joseph Cotten y muriendo.

En sus últimos años, el maduro Orson Welles, llegando incluso más lejos, se complacía de su propio tonelaje, su obesidad era la bandera de su saber vivir, la prueba de su amor confeso a los vinos españoles y a la buena mesa. ¿Qué otra cosa mejor puede hacer un artista cuando a los veinticinco años ha revolucionado el cine moderno? Saber vivir y acostumbrarse a ser leyenda en vida ha sido la consigna de este superdotado que, el 10 de octubre de 1985, fallecía de muerte natural en su casa de Los Angeles, a los setenta años; tras una recientes dolencias cardíacas y diabéticas generadas por la obesidad y los años. Como el protagonista de Ciudadano Kane (1941), su primera y principal obra maestra, Orson Welles ha muerto en su propia cama, durante la noche, sin alardes y quién sabe si pronunciando el gran misterio de su vida con una palabra tan mágica como Rosebud, el trineo perdido de Charles Foster Kane.

A diferencia de la gran parafernalia desplegada por Hollywood ante la desaparición de su dócil Rock Hudson, la muerte de Welles no ha movido la tierra y la industria ha reaccionado con indiferencia, mientras en Europa algunos se rasgaban las vestiduras. El propio cineasta fallecido, refiriéndose a las vicisitudes que envolvieron el rodaje de Ciudadano Kane, lo había declarado a los periodistas: «Mis problemas con Hollywood empezaron antes de que yo llegara allí. El verdadero problema era el contrato de absoluta carta blanca que me firmaron antes de ir. En aquel momento se montó una especie de máquina contra mí y nunca me he recobrado de aquello, porque jamás he logrado un enorme éxito de taquilla. En el momento que uno logra ese éxito, todo se lo perdonan.»

Welles jamás perteneció a la fábrica provinciana y hortera de fabricar Oscars; fue un artista critico, izquierdista e independiente. «Lo malo de las izquierdas americanas -declaró- es que han traicionado para salvar sus piscinas». Dirigió, escribió e interpretó sus propias películas, lo que en el mundo del cine se denomina Trinidad. Su genio indómito hacia la industria hollywoodiense es ya una leyenda. Por ello Hollywood le expulsó del paraíso, cerrándole sus puertas durante los últimos treinta y dos años de la vida de Welles. Una leyenda sólo compartida, en décadas anteriores, por el gran Erich von Stroheim, autor de Avaricia y uno de los grandes innovadores del arte cinematográfico junto a David Ward Griffith, Creador total, Von Stroheim tuvo que emigrar a Europa y ganarse la vida como el malo de innumerables películas mediocres; en los carteles se anunciaba como «el hombre que a usted le gustaría odiar». La envidia de Hollywood hacia el verdadero talento quizá le había dado la idea. «En nuestra jerga -explicaría Stroheim- «trinidad» significa que guionista, director e intérprete están conjugados en la misma persona. (…) Es un trabajo gigantesco. De hecho, el productor Welles ha permitido sin protestar, al director Welles realizar el proyecto del guionista Welles, y hacer lo que quería el actor Welles».

Para los mercachifles de la Fábrica de Sueños, la venganza de Orson Welles ha sido demasiado terrible. Cuando en Francia dirigió El proceso (1962), basado en el libro de Kafka, el crítico norteamericano Andrew Sarris escribió un comentario que hoy, ante el desolador panorama cinematográfico norteamericano, parece una profecía cumplida: «El que Welles sea todavía, indiscutiblemente, el más joven (cuarenta y siete años) de los grandes directores americanos es un síntoma de la decadencia de la industria en su conjunto. Se puede afirmar ahora que los filmes de Welles son menos americanos que europeos y que dentro de diez años más o menos puede que no haya cine americano de gran significado artístico.» Los hechos le han dado la razón. Como botón de muestra, basta mirar las carteleras con sus monstruitos, sus rambos y sus niños repelentes.

El engranaje cinematográfico americano provocó la fuga de uno de sus mejores y más incómodos cerebros, el exilio del hombre que transformó el cine. «Si los años treinta pertenecían a la gracia sutil de Lubitsch (austriaco de nacimiento), los cuarenta pertenecen a la resurrección wellesiana» de las portentosas angulaciones -añade Sarris-. La década de los argumentos dejó paso a una década de temas, y el cine americano perdió para siempre su inocencia». Porque, en palabras de Georges Sadoul, «Welles revolución o la técnica del film, volviendo a utilizar medios ya conocidos decorados con techo, imágenes en claroscuros, planos secuencia, profundidad de campo, vuelta atrás, etc.-, pero uniéndolos para darle un sentido nuevo. Faltaría algo al cine de no haber existido este niño prodigio a quien le gustaba caracterizarse de viejo».

Mariano Sánchez Soler, Tiempo, 22 de Oct de 1985


No se puede luchar contra el destino

Terry Gilliam - Twelve Monkeys (12 monos -1995)

Terry Glliam es uno de los directores más imaginativos de los  últimos años: hemos podido beber de su mundo gracias a “Las aventuras del barón de Münchausen”, la reciente “Tideland” y lo volveremos a hacer, al parecer, en la próxima a estrenarse “El imaginario del Dr. Parnassus”. No lejos de esta vertiente fantástica hallamos una faceta interesante (aunque breve) en el cine de Glliam; la que aborda las distopías (entendidas como el retrato de un futuro humano desolado y apocalíptico, ya sea por pandemias, guerras o gobiernos totalitarios). En esta faceta del cine de Gilliam tenemos dos películas (por eso lo de escasa): la grandiosa “Brazil” y “12 monos”, razón del artículo.

Como ya se mencionó anteriormente, “12 monos” es una distopía: en la década del 90 un virus se desató sobre la población humana, matando la mayor parte de ella; los pocos sobrevivientes se refugiaron debajo de la superficie. Dentro de este contexto, y en el año 2035, se nos presenta a James Cole (Bruce Willis), un convicto que es seleccionado para viajar como “voluntario” a la superficie y buscar indicios sobre el origen del virus, y hallar así una eventual cura. Las expediciones de Cole son exitosas, por lo que los científicos, que están al mando, deciden enviarlo hacia el pasado en busca de la muestra pura del virus.

Cole, por error, es enviado años antes de la aparición del virus, donde tomado como demente es confinado a un manicomio. En ese espacio de insania y extravagancia conoce a Jeffrey Goines (Brad Pitt), el hijo loco de un prestigioso e influyente personaje y a la doctora Kathryin Railly ( Madeleine Stowe), que empieza a creer que Cole no está del todo loco. Luego el viajero del tiempo regresa al futuro, sólo para regresar al pasado, al año en que se desata la pandemia. Allí vuelve a encontrarse con la doctora Kathryin, quien empieza a confiar en Cole y deciden ir en busca del origen del virus: volverán a encontrarse con Goines, quien lidera una organización pro-animal denominada los “12 monos” y trama un complot contra la especie humana (o sea, su padre). Pero, al final, se revelará que nada es lo que parecía ser.

Gilliam sabe como pintar el futuro: un mundo agónico, cárceles y prisioneros como conejillos de indias, científicos al control de la sociedad, máquinas del tiempo… También sabe como retratar el aspecto extravagante y demente del manicomio, al punto de llevar a la locura a un hombre que no está del todo loco (pero no puedo afirmar si se trata de un hombre del todo cuerdo). Willis sabe manejar bien su personaje, y lo lleva de acorde a la situación, transmitiéndonoslo como un personaje duro, pero a la vez consciente de la situación en la que se encuentra y de lo que debe hacer, quizás guiado por su leitmotiv (una secuencia, que abre la película, que presenció cuando era niño y que será la llave para entender el final de la historia). Pitt, por otro lado, está efectivo como loco, lo que sabe reflejar tanto con su look como con sus expresiones faciales y verbales.

Cole debe soportar el peso de la tarea que se le ha encomendado, y sufre tanto por evitar que el futuro inexorable se cumpla (con la probabilidad de cambiar su propio destino), como por los resquebrajamientos de su cordura: por lo extremo de su situación y por los estragos que causa viajar en el tiempo. La llegada de la doctora Railly alivia un poco la situación, su cordura e incluso, finalmente, hace surgir el amor entre ambos.

SPOILER…No obstante estos aires esperanzadores que emergen, al final, el destino se cumple: Goines y los doce monos no estaban detrás del virus (era tan sólo una broma contra su padre). Eso conlleva al verdadero origen del virus: un científico en pleno  viaje por las ciudades más grandes del mundo esparciendo el virus mortal. Cole y Kathryin tratan de detenerlo en un aeropuerto, pero todo termina en desastre: en una de las mejores secuencias del cine actual, y a un ritmo adecuado para la asimilación de las imágenes, presenciamos como Cole cae abatido por unos policías mientras el científico escapa con las cepas del virus, una adolorida Kathryin llega hasta el moribundo Cole, quien se da cuenta que ha cumplido su destino y que no pudo hacer nada para evitarlo. Las imágenes que Cole presenció en su infancia, su  leitmotiv, eran las escenas de su propia muerte; mientras tanto, un Cole niño, en ese mismo lugar, presencia su propia muerte (aún sin saberlo, por supuesto) y la historia vuelve a empezar…SPOILER

Gilliam, de esta manera finaliza su historia por donde empezó, en un ciclo infinito y nos deja un mensaje importante: no se pude hacer nada para cambiar nuestro destino, por más que lo intentes; si la humanidad está destinada a casi desaparecer, no se podrá hacer nada contra eso, porque somos seres insignificantes que no podemos luchar contra el destino, ese hado incomprensible.

Marco Macavilca Cruz


Entrevista: Sharunas Bartas


Entrevista: Enrique Aguilar. Traducción: Guido Segal

— La característica que más sorprende en varias de tus películas es la ausencia total de diálogos. ¿A qué se debe esta renuncia o, yendo más lejos, cómo te planteas la utilización de la palabra en el cine?

En realidad depende. Por ejemplo, en Siete hombres invisibles hay mucho diálogo. Yo no estoy en contra de la palabra en el cine. Se puede hablar más o menos, es una elección y el cine tiene muchas posibilidades.

— En este sentido, aunque la acción de los personajes se reduzca al mínimo y no utilices la palabra hablada, tampoco podemos decir que exista silencio. ¿Hasta qué punto trabajas la banda de sonido y sobre todo el sonido directo?

El sonido es muy importante, tanto como la imagen. Yo trabajo estos dos elementos por separado sin olvidar que no existe silencio sin sonido.

— En cierta ocasión dijiste que el espectador ante la “radicalidad” de tus películas no podía hacer nada. Que podía dormirse o salir de la sala. ¿Qué le dirías a la gente que rechaza una apuesta diferente, cuando no radical, en la pantalla?

En realidad sobre cualquier película se puede decir esto. Por otro lado, si tú quisieras decir algo sobre la película tendrías que estar presente cada vez que se proyectase y eso es imposible. Además, ¿qué más podría decirse más allá de lo que la película es?

— En cuanto al trabajo con los actores, nos ha sorprendido que sus papeles parezcan planificados hasta el mínimo detalle. Da la impresión de que su trabajo está controlado milimétricamente. ¿Hasta dónde dejas lugar al azar y a la improvisación de tus actores?

La vida y el trabajo van juntos. Sobrevivir a las circunstancias es algo de todos los días y la vida y el trabajo a veces se mezclan. Entonces, se puede planear o no planear y lo mismo pasa con los actores. Muchas veces tienes que dejar cosas a decisión de ellos, a ver qué puede pasar.

—¿Entonces es por eso que en El pasillo, por ejemplo, percibimos una naturalidad inusual en los personajes aunque los actores están controlados al máximo?

Precisamente sólo cuando todo está controlado se puede dar la sensación de que lo que pasa en pantalla está pasando en ese momento. Si filmaras directamente aquello que está pasando en un momento determinado obtendrías otra sensación, una sensación de caos y, por tanto, una inconexión entre planos.

— Si dices controlarlo todo entonces un personaje tan espontáneo o “real”, por decirlo de alguna forma, como el titiritero de A la memoria del día pasado también lo estaba.

Sí. Él estaba controlado. No era un actor profesional pero yo lo escogí y, además, creé su personaje.

— Leyendo declaraciones tuyas de hace tiempo hemos visto que te opones al trabajo analítico-teórico de los críticos, al menos ante tus películas. Cuando ellos hablan de metáforas o símbolos tú los desmientes de inmediato. ¿A qué de debe esta aversión hacia el trabajo crítico?

Es muy simple. Al crear yo no pienso en metáforas. Nunca. No necesito pensar en ellas. En todo caso, si algo ocurre en la pantalla es trabajo del crítico pensar el significado que pueda tener porque pueden haber muchos significados diferentes para lo mismo. Es una elección de leer allí lo que uno quiere.

— Lo que sucede es que nos sorprendió muchísimo la austeridad con la que respondiste a las preguntas en el coloquio en la Filmoteca de Catalunya. ¿Crees que incluso los espectadores padecen un vicio de lectura?

No es que considere la existencia de un vicio de lectura ni que me opusiera a lo que los espectadores me planteaban. El problema es que, la mayoría de las veces, el público no hacía preguntas; la gente sólo quería hablar y decir cosas. Y entre esas cosas la gente empezó a preguntar a por el significado de tal o cual cosa en la película. En el caso de los libros, por ejemplo, la gente no va al autor a preguntarle el significado de las cosas. Lee el libro. ¿No lo leíste? En mi caso, ¿no viste la película? Si no la entiendes es tu problema. Además, no puedes ir a la taquilla a decir “devuélvame mis 6 euros de la entrada”, por no entender la película. Nunca nadie le iría a preguntar a un escritor por el significado de su libro. En todo caso, léelo.

— Cuatro de tus nueve películas han sido producidas por Paulo Branco. ¿Cómo has hecho para ganarte su confianza y conseguir su apoyo financiero? ¿Tienes total libertad en la concepción y realización de tus proyectos?

En realidad se trataron de coproducciones y no sólo de producciones. Entre las dos existe una diferencia importantísima. Incluso yo también he hecho de productor en otros proyectos. El apoyo de Paulo ha sido fundamental y nos une una relación de trabajo de más de 10 años. Es una relación muy complicada y, por otra parte, muy difícil de resumir y poder explicar. En todo caso, con él tengo toda la libertad que deseo. No se puede trabajar sin libertad y si no la tuviese tendría que buscarme otro trabajo.

— Cuando se habla de tu trabajo dentro del cine europeo siempre se te relaciona con el llamado “cine del este”. ¿Sientes que compartes una determinada sensibilidad con otros directores de la Europa del Este?

No sé. Yo creo que no existe un “cine del este”. De hecho tampoco creo que podamos hablar de la existencia de un “cine europeo” como tendencia general. Puedes tomar a dos cineastas europeos e intentar relacionarlos. Por ejemplo, a Luc Besson y a Pedro Costa ¿qué los une? Son muy diferentes. No hay un movimiento. Talvez podrías pensar en la existencia de movimientos concretos cuando piensas, por ejemplo, en las películas producidas por la televisión pero, en el fondo, nada en concreto. De hecho, ¿qué es el Este? Después de todo llega hasta Japón, ¿no? (risas)

— Es curioso como, incluso, se te ha llegado a “etiquetar” relacionando tu estilo con el de nombres como Sokurov, Béla Tarr o Tarkovski cuando las similitudes son mínimas.

Bueno, son posturas diferentes. A veces tengo relación con alguno y a veces con otro. Pero ese es mi trabajo, no el de organizar las relaciones. Yo no trabajo como crítico.

— Al respecto, una de las cosas que más nos intrigan es conocer tus referencias, los cineastas que más te han influenciado.

No creo que haya una influencia clara o única. La verdad es que nunca vi tantas películas y creo que sería un error que ahora diese algunos nombres. No sé. Antes de ver películas me influyó la vida, los sonidos, las imágenes. Esto pesó mucho, antes de que yo empezara a ver películas. Por ejemplo, cuando empecé a rodar, con 17 años, ni siquiera había visto una sola película de alguien como Tarkovski.

— Pero estudiaste en la misma escuela que él, en el VGIK (Instituto Estatal de Cinematografía, en Moscú).

Sí pero eso fue algunos años después. Cuando entré allí yo ya había hecho películas. Por otra parte, yo fui al VGIK porque allí no podías hacer cine si no habías estudiado precisamente allí. Es como si te estuviesen dando permiso para poder filmar. Además, allí no entré en contacto con la obra de Tarkovski. Cuando yo ingresé en el VGIK las cosas habían cambiado muchísimo. La escuela ya no tenía nada que ver con Tarkovski. Habían habido cambios, había otra gente, otro modo de pensar. Ni siquiera vale la pena hablar de esto. Yo tenía la sensación de perder el tiempo allí dentro y por eso no iba a clase sino únicamente a los exámenes. Me parecían una mierda las clases y no obtuve una mierda de ellas. Un caso similar sucede con lo siguiente: ¿cómo enseñas a nadar? ¿Con un libro o nadando? Lo mismo sucede con el cine. Se tiene que filmar. Hay que salir a filmar. Yo terminé y, por ejemplo, en 5 años hice 2 largometrajes. Lo principal es hacerlo.

— A propósito de esa “necesidad” por salir a rodar, durante le coloquio en la Filmoteca de Catalunya, cuando te preguntaron por el video digital, dijiste que no te interesaba porque “no compensaba la inversión previa” al momento de filmar. Entonces esto quiere decir que la preproducción para ti es fundamental. Y si es así, ¿cómo compensas esa urgencia por ejecutar una idea y el tiempo que requiere su preparación?

En realidad no hay una diferencia sustancial entre filmar en digital y rodar en celuloide. Puedes filmar con lo que quieras. No es que el digital sea más barato. Lo que cuesta es la gente, lo que cuesta son los decorados y si ruedas en digital, la transferencia (sea kinescopado o filmación, 2 formas diferentes en calidad y precio que permiten el paso de digital a película) te cuesta 60.000 dólares mientras que, con esa misma cantidad, podrías pagarte todo el material fílmico. Además, la cámara HD más sofisticada que tengas puede salirte, incluso, más cara que filmar con 35mm. Si quieres filmar por diversión entonces ya es otra cosa. Digital o película no es un tema formal, técnico sí pero la gente no distingue si la imagen está hecha en uno u otro.

— Otra de las cuestiones que nos intrigó de ese coloquio fue la respuesta en la que aseguraste no tener ninguna concepción del tiempo cinematográfico. Según tú, detrás de tus películas no hay una reflexión en torno al tiempo, ¡ni siquiera cuando estás trabajando en el montaje! Sin embargo, después de ver tus filmes esto no parece cierto en absoluto. Además, estos últimos días has estado en una de las escuelas de cine de Barcelona impartiendo un curso sobre “tempo cinematográfico”. ¿No crees que te estás contradiciendo?

No recuerdo exactamente la pregunta que me hicieron en el coloquio de la Filmoteca. Sin embargo, creo que fue una mala traducción porque recuerdo que me preguntaron ¿cómo decidía el tiempo de los planos? (No fue una mala traducción porque esa fue una de las preguntas al respecto) Allí dijeron que duraban un minuto o un minuto y medio y lo cierto es que mis planos nunca duran más de 30 segundos. Yo no entendía nada. En todo caso, cómo decido el tiempo de los planos no es tan importante como el por qué. Son dos preguntas muy diferentes. La una se refiere al tiempo de duración de los planos y la otra a la estructura del tiempo dentro del cine como, por ejemplo, el hecho de concentrar 2 semanas de la historia en una hora de la película. Por otro lado, yo estuve 3 días hablando con los estudiantes de cine en Barcelona, en el curso que mencionas, cuando en realidad, hubiese necesitado 20. Pero esto sucede porque precisamente son estudiantes de cine, no son el público. Yo necesitaba transmitirles el tema de cómo construir el tiempo que a ellos les concierne pero no al público.

— Entonces sería estúpido intentar preguntarte, al finalizar la entrevista, cuál es tu concepción de la estructura del tiempo.
Lo cierto es que es un tema muy complicado. Además, de qué estamos hablando cuando decimos “estructura del tiempo”. ¿A qué nos referimos? Se ha escrito mucho sobre ello y en todo caso sería mejor escribir un libro.


Bruno Dumont: Trailers

Una mirada al director francés mediante los trailers de sus films.

La Vie de Jesús (1997)

L’Humanité (1999)

Twentynine Palms (2003)

Flandres (2006)

Hadewijch (2009)



Palmarés de la 60 edición del Festival de Cine de Berlín

Semih Kaplanoglu ganador del Oso de Oro de Berlín, por su película Miel (Bal)

 

 

Oso de Oro: Bal (Miel), de Semih Kaplanoglu, Turquía

Oso de Plata – Gran Premio del Jurado: If I Want to Whistle, I Whistle, de Florin Şerban, Rumania

Oso de Plata al mejor director: Roman Polanski, por The Ghost Writer, Francia-Alemania.

Oso de Plata al mejor actor (ex aequo): Grigory Dobrygin y Sergei Puskepalis – How I Ended This Summer, Rusia

Oso de Plata a la mejor actriz: Shinobu Terajima, por Caterpillar, Japón

Oso de Plata al mejor guión: Apart Together, de Wang Quan’an, China

Oso de Plata al mayor logro artístico: How I Ended This Summer, de Alexei Popogrebskiy, Rusia

Premio Alfred Bauer: If I Want To Whistle, I Whistle, de Florin Serban, Rumania

 

Premio del jurado ecuménico

Sección Oficial en competición: Honey, de Semih Kaplanoglu

Forum: Still Alive In Gaza, de Nicolas Wadimoff

Panorama: Kawasaki’s Rose, de Jan Hrebejk

 

Premios FIPRESCI

Sección Oficial en competición: A Family, de Pernille Fischer Christensen

Forum: El vuelco del cangrejo (Crab Trap), de Oscar Ruíz Navia

Panorama: Parade, deIsao Yukisada

 

Premios Teddy

Mejor largometraje: The Kids Are All Right, de Lisa Cholodenko

Mejor documental: The Mouth of the Wolf, de Pietro Marcello

Mejor cortometraje: The Feast Of Stephen, de James Franco

Premio de los lectores Siegessäule: Postcard to Daddy, de Michael Stock

Premio especial Teddy: Werner Schroeter

Premio Amnesty International (ex aequo): Son of Babylon, de Mohamed Al-Daradji; y Waste Land, de Lucy Walker, João Jardim, Karen Harley.

Premio Teddy del jurado: Open, de Jake Yuzna


Tercer Aniversario de los Cinerastas

Un día como hoy hace tres años se creó este nuevo espacio de crítica y reflexión cinematográficas. Celebramos un año más con la idea de seguir mejorando y hacer que más cibernautas tengan como referencia a este espacio virtual cinerástico.  El día sábado salimos con una renovada edición y les estaremos informando sobre las bases de la trivia que servirá para el concurso en el que regalaremos dvds. ¡Salud con todos!

César Guerra Linares
José Sarmiento Hinojosa

Los Directores Cinerastas


La Concejala Antropófaga

Como un adelanto del nuevo estreno de Pedro Almodóvar, les ofrecemos este delicioso corto sacado de “Los Abrazos Rotos”. Disfrútenlo tanto como nosotros.


Entrevista: Bela Tarr, por Howard Feinstein

Realizada el 2007 por el programa Regis Dialogue del Walker Art Center. Una maravillosa oportunidad para recorrer la obra del maestro y su particular enfoque sobre el cine.


La Teta Asustada ha sido nominada al Oscar como mejor película extranjera


MEJOR PELÍCULA

“An Education”

“Avatar”

“District 9″

“En tierra hostil”

“Malditos bastardos”

“Precious”

“The Blind Side”

“Un tipo serio”

“Up”

“Up in the Air”

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MEJOR PELÍCULA DE LENGUA EXTRANJERA

“Ajami” (Israel)

“El secreto de sus ojos” (Argentina)

“La cinta blanca” (Alemania)

“La teta asustada” (Perú)

“Un profeta” (Francia)

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MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN

“Fantastic Mr Fox”

“Los mundos de Coraline”

“The Secret of Kells”

“Tiana y el sapo”

“Up”

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MEJOR DIRECCIÓN

James Cameron por “Avatar”

Jason Reitman por “Up in the Air”

Kathryn Bigelow por “En tierra hostil”

Lee Daniels por “Precious”

Quentin Tarantino por “Malditos bastardos”

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MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA

Carey Mulligan por “An Education”

Gabourey Sidibe por “Precious”

Helen Mirren por “The Last Station”

Meryl Streep por “Julie & Julia”

Sandra Bullock por “The Blind Side”

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MEJOR ACTOR PROTAGONISTA

Colin Firth por “Un hombre soltero”

George Clooney por “Up in the Air”

Jeff Bridges por “Crazy Heart”

Jeremy Renner por “En tierra hostil”

Morgan Freeman por “Invictus”

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MEJOR ACTRIZ DE REPARTO

Anna Kendrick por “Up in the Air”

Maggie Gyllenhaal por “Corazón rebelde”

Mo’Nique por “Precious”

Penélope Cruz por “Nine”

Vera Farmiga por “Up in the Air”

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MEJOR ACTOR DE REPARTO

Christoph Waltz por “Malditos bastardos”

Christopher Plummer por “The Last Station”

Matt Damon por “Invictus”

Stanley Tucci por “The Lovely Bones”

Woody Harrelson por “The Messenger”

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MEJOR GUIÓN ORIGINAL

“Malditos bastardos”

“Un tipo serio”

“Up”

“En tierra hostil”

“The messenger”

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MEJOR GUIÓN ADAPTADO

“An Education”

“District 9″

“In the Loop”

“Precious”

“Up in the Air”

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MEJOR MÚSICA ORIGINAL

“Avatar” James Horner

“Fantastic Mr. Fox” Alexandre Desplat

“The Hurt Locker” Marco Beltrami y Buck Sanders

“Sherlock Holmes” Hans Zimmer

“Up” Michael Giacchino

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MEJOR CANCIÓN ORIGINAL

“Almost There” de “The Princess and the Frog” Música y Letra de Randy Newman

“Down in New Orleans” de “The Princess and the Frog” Música y Letra de Randy Newman

“Loin de Paname” de “Paris 36” Música de Reinhardt Wagner Letra de Frank Thomas

“Take It All” de “Nine” Música y Letra de Maury Yeston

“The Weary Kind (Theme from Crazy Heart)” de “Crazy Heart” Música y Letra de Ryan Bingham y T Bone Burnett

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MEJOR FOTOGRAFÍA

Avatar” Mauro Fiore

“Harry Potter and the Half-Blood Prince” Bruno Delbonnel

“The Hurt Locker” Barry Ackroyd

“Inglourious Basterds” Robert Richardson

“The White Ribbon” Christian Berger

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MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA

“Avatar” Art Direction: Rick Carter y Robert Stromberg; Set Decoration: Kim Sinclair

“The Imaginarium of Doctor Parnassus” Art Direction: Dave Warren y Anastasia Masaro; Set Decoration: Caroline Smith

“Nine” Art Direction: John Myhre; Set Decoration: Gordon Sim

“Sherlock Holmes” Art Direction: Sarah Greenwood; Set Decoration: Katie Spencer

“The Young Victoria” Art Direction: Patrice Vermette; Set Decoration: Maggie Gray

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MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO

“Bright Star” Janet Patterson

“Coco before Chanel” Catherine Leterrier

“The Imaginarium of Doctor Parnassus” Monique Prudhomme

“Nine” Colleen Atwood

“The Young Victoria” Sandy Powell

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MEJOR MAQUILLAJE

“Il Divo” Aldo Signoretti y Vittorio Sodano

“Star Trek” Barney Burman, Mindy Hall y Joel Harlow

“The Young Victoria” Jon Henry Gordon y Jenny Shircore

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MEJOR MONTAJE

“Avatar” Mauro Fiore

“Harry Potter and the Half-Blood Prince” Bruno Delbonnel

“The Hurt Locker” Barry Ackroyd

“Inglourious Basterds” Robert Richardson

“The White Ribbon” Christian Berger

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MEJOR MEZCLA DE SONIDO

“Avatar” Christopher Boyes, Gary Summers, Andy Nelson y Tony Johnson

“The Hurt Locker” Paul N.J. Ottosson y Ray Beckett

“Inglourious Basterds” Michael Minkler, Tony Lamberti y Mark Ulano

“Star Trek” Anna Behlmer, Andy Nelson y Peter J. Devlin

“Transformers: Revenge of the Fallen” Greg P. Russell, Gary Summers y Geoffrey Patterson

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MEJORES EFECTOS VISUALES

“Avatar” Joe Letteri, Stephen Rosenbaum, Richard Baneham y Andrew R. Jones

“District 9” Dan Kaufman, Peter Muyzers, Robert Habros y Matt Aitken

“Star Trek” Roger Guyett, Russell Earl, Paul Kavanagh y Burt Dalton

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MEJOR MONTAJE DE SONIDO

“Avatar” Christopher Boyes y Gwendolyn Yates Whittle

“The Hurt Locker” Paul N.J. Ottosson

“Inglourious Basterds” Wylie Stateman

“Star Trek” Mark Stoeckinger y Alan Rankin

“Up” Michael Silvers y Tom Myers

.

MEJOR CORTOMETRAJE

“The Door” Juanita Wilson y James Flynn

“Instead of Abracadabra” Patrik Eklund y Mathias Fjellström

“Kavi” Gregg Helvey

“Miracle Fish” Luke Doolan y Drew Bailey

“The New Tenants” Joachim Back y Tivi Magnusson

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MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓN

“French Roast” Fabrice O. Joubert

“Granny O’Grimm’s Sleeping Beauty” Nicky Phelan y Darragh O’Connell

“The Lady and the Reaper (La Dama y la Muerte)” Javier Recio Gracia

“Logorama” Nicolas Schmerkin

“A Matter of Loaf and Death” Nick Park

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MEJOR LARGOMETRAJE DOCUMENTAL

“Burma VJ” Anders Østergaard y Lise Lense-Møller

“The Cove” Nominados por determinar

“Food, Inc.” Robert Kenner y Elise Pearlstein

“The Most Dangerous Man in America: Daniel Ellsberg and the Pentagon Papers” Judith Ehrlich y Rick Goldsmith

“Which Way Home” Rebecca Cammisa

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MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL

“China’s Unnatural Disaster: The Tears of Sichuan Province” Jon Alpert y Matthew O’Neill

“The Last Campaign of Governor Booth Gardner” Daniel Junge y Henry Ansbacher

“The Last Truck: Closing of a GM Plant” Steven Bognar y Julia Reichert

“Music by Prudence” Roger Ross Williams y Elinor Burkett

“Rabbit à la Berlin” Bartek Konopka y Anna Wydra


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