psycho killer, qu’est-ce que c’est?

Jonathan Demme – Stop Making Sense (1984)
“La música, al igual que el baile, no tiene porque tener sentido” – David Byrne
Un boombox, las pimeras notas de “Psycho Killer”, un escenario sin decorar, y el rostro extravagante de David Byrne. Una apertura perfecta a uno de los documentos musicales más importantes de los últimos años. Los Talking Heads estaban de gira en 1984, y el genio musical de Byrne había decidido hacer algo distinto con la música, un espectáculo visual que recaería en las manos del experimentado Jonathan Demme.
Y que mejor que Demme para dirigir este excelente concierto, un hombre ya con experiencia en registro con otros grandes artistas. Neil Young, Robyn Hitchcock, ya habían pasado por el lente de Demme, más conocido por la magistral El Silencio de los Inocentes. En este documental, también es más que un simple espectador, su cámara sirve para registrar este show que destaca por todos sus elementos, que como mencionara Byrne, no tienen mucho sentido, pero que encajan perfectamente en el despliegue visual.
Durante las primeras canciones del documental, Byrne despliega todo su talento corporal y músical, bailando espásticamente al ritmo de la música en Psycho Killer, entonando “Heaven” con una sensibilidad única, mientras que el escenario va siendo armado y los miembros de la gran banda entran en escena. Este es el primer elemento que destaca a Stop Making Sense de otros documentales musicales: La performance visual está plenamente conectada con la musical, pero no solo mediante pantallas de cine e iluminación, sino mediante el movimiento contínuo del escenario, como si fuese un ente con vida.
La luz es otro elemento que funciona perfectamente en el show. La iluminación rojiza y la proyección de palabras, las sombras que se proyectan sobre el escenario, el sujeto con el tacho de luz recorriendo a los personajes del concierto, la calidez e intimismo cuando Byrne coloca una lámpara en el escenario… todo conjuga perfectamente con los temas, como si fueran una extensión de los mismos, destinados a ser presenciados por el afortunado público.
Byrne se roba el show constantemente: Su mirada psicótica, sus bailes desenfrenados, su corrida alrededor del escenario, ese traje gigante que lo come por completo (una metáfora perfecta de como el mundo corporativo nos devora de a pocos), todos aquellos elementos que lo hicieron un showman de primera en esos años están más que presentes en este show, y Demme tiene el ojo para hacer que sus cámaras se centren en él, en su performance, en todos aquellos detalles que con otro director pasarían inadvertidos.
Es una música intensa, que contagia el cuerpo e invita a bailar. Talking Heads fue una de las mejores bandas de su época, y durante toda su discografía mantuvieron una regularidad que pocas veces se ha visto en la historia del rock. Aquí, estan definitivamente en su mejor momento, con una entrega e intensidad inigualables. Take Me to the River, Girlfriend is Better, Psycho Killer (acústica), Heaven y Burning Down the House están entre los mejores momentos del show.
Alguien, no recuerdo quién, dijo una vez: “la música de los Talking Heads es la única música hecha por blancos que puede hacer bailar a los negros”, y eso se cumple cabalmente, sobretodo con los invitados del concierto que despliegan una energía que contagia a todo el auditorio, sobretodo en el clímax del show. Byrne podrá ser el frontman, pero es también su banda la que hace de este momento memorable.
Demme, debo decir, es uno de los directores que más respeta al artista, y se nota en sus documentales. Hasta en su último trabajo, “Rachel Getting Married”, tiene el buen tino de utilizar una canción en vivo de Robyn Hitchcock en su totalidad, lo que es un movimiento arriesgado y francamente pocas veces visto en el cine norteamericano. Tal es el amor que tiene este director por los artistas con los que colabora.
Para resumir, me quedo con este comentario del film: “Stop Making Sense tiene la cualidad de atraparte desde el principio gracias a una soberbia introducción/interpretación del clásico Psycho Killer y de no soltarte hasta el clímax final, ese en el que el público ya ha abandonado sus asientos y está bailando cada una de las piezas del grupo. Del concierto, sin embargo, me quedo con la alucinante energía que brota de la voz de David Byrne, un cantante al borde del colapso que en esta película alcanzó su cumbre, tanto a nivel vocal como visual (sus bailes, carreras, coreografías y miradas son tremendos ejemplos de una puesta en escena ejemplar). Con todo, la realización de Johnatan Demme es perfecta y ayuda a disfrutar aún más de este cancionero irrepetible, respetando la música del grupo como nadie lo ha hecho nunca (quizás Scorsese en The Last Waltz) y dando el protagonismo siempre al artista, no a los encuadres. Una delicia para melómanos.”
José Sarmiento Hinojosa
La muerte de Orson Welles no hizo llorar a Hollywood

«Una película no es nunca buena si la cámara no es un ojo en la cabeza de un poeta»,
La última aparición pública, perturbadora y casi cinematográfica, de Orson Welles que recuerdo se debió a un spot publicitario de la televisión. Entre serpentinas navideñas, el viejo niño prodigio, con una copa burbujeante en la mano, anunciaba un cava catalán, mientras en un castellano rudimentario decía: «Soy Orson Welles, felices fiestas con…». El corpulento Welles alzaba su copa y sonreí a con la misma malicia con que su inolvidable personaje Harry Lime, de El tercer hombre, justifica la matanza que él mismo había organizado, comparándola con la banalidad del reloj de cuco. Todos vimos al Welles joven de aquella famosa película. Basta recordarlo huyendo por las alcantarillas de Viena, perseguido por su amigo Joseph Cotten y muriendo.
En sus últimos años, el maduro Orson Welles, llegando incluso más lejos, se complacía de su propio tonelaje, su obesidad era la bandera de su saber vivir, la prueba de su amor confeso a los vinos españoles y a la buena mesa. ¿Qué otra cosa mejor puede hacer un artista cuando a los veinticinco años ha revolucionado el cine moderno? Saber vivir y acostumbrarse a ser leyenda en vida ha sido la consigna de este superdotado que, el 10 de octubre de 1985, fallecía de muerte natural en su casa de Los Angeles, a los setenta años; tras una recientes dolencias cardíacas y diabéticas generadas por la obesidad y los años. Como el protagonista de Ciudadano Kane (1941), su primera y principal obra maestra, Orson Welles ha muerto en su propia cama, durante la noche, sin alardes y quién sabe si pronunciando el gran misterio de su vida con una palabra tan mágica como Rosebud, el trineo perdido de Charles Foster Kane.
A diferencia de la gran parafernalia desplegada por Hollywood ante la desaparición de su dócil Rock Hudson, la muerte de Welles no ha movido la tierra y la industria ha reaccionado con indiferencia, mientras en Europa algunos se rasgaban las vestiduras. El propio cineasta fallecido, refiriéndose a las vicisitudes que envolvieron el rodaje de Ciudadano Kane, lo había declarado a los periodistas: «Mis problemas con Hollywood empezaron antes de que yo llegara allí. El verdadero problema era el contrato de absoluta carta blanca que me firmaron antes de ir. En aquel momento se montó una especie de máquina contra mí y nunca me he recobrado de aquello, porque jamás he logrado un enorme éxito de taquilla. En el momento que uno logra ese éxito, todo se lo perdonan.»
Welles jamás perteneció a la fábrica provinciana y hortera de fabricar Oscars; fue un artista critico, izquierdista e independiente. «Lo malo de las izquierdas americanas -declaró- es que han traicionado para salvar sus piscinas». Dirigió, escribió e interpretó sus propias películas, lo que en el mundo del cine se denomina Trinidad. Su genio indómito hacia la industria hollywoodiense es ya una leyenda. Por ello Hollywood le expulsó del paraíso, cerrándole sus puertas durante los últimos treinta y dos años de la vida de Welles. Una leyenda sólo compartida, en décadas anteriores, por el gran Erich von Stroheim, autor de Avaricia y uno de los grandes innovadores del arte cinematográfico junto a David Ward Griffith, Creador total, Von Stroheim tuvo que emigrar a Europa y ganarse la vida como el malo de innumerables películas mediocres; en los carteles se anunciaba como «el hombre que a usted le gustaría odiar». La envidia de Hollywood hacia el verdadero talento quizá le había dado la idea. «En nuestra jerga -explicaría Stroheim- «trinidad» significa que guionista, director e intérprete están conjugados en la misma persona. (…) Es un trabajo gigantesco. De hecho, el productor Welles ha permitido sin protestar, al director Welles realizar el proyecto del guionista Welles, y hacer lo que quería el actor Welles».
Para los mercachifles de la Fábrica de Sueños, la venganza de Orson Welles ha sido demasiado terrible. Cuando en Francia dirigió El proceso (1962), basado en el libro de Kafka, el crítico norteamericano Andrew Sarris escribió un comentario que hoy, ante el desolador panorama cinematográfico norteamericano, parece una profecía cumplida: «El que Welles sea todavía, indiscutiblemente, el más joven (cuarenta y siete años) de los grandes directores americanos es un síntoma de la decadencia de la industria en su conjunto. Se puede afirmar ahora que los filmes de Welles son menos americanos que europeos y que dentro de diez años más o menos puede que no haya cine americano de gran significado artístico.» Los hechos le han dado la razón. Como botón de muestra, basta mirar las carteleras con sus monstruitos, sus rambos y sus niños repelentes.
El engranaje cinematográfico americano provocó la fuga de uno de sus mejores y más incómodos cerebros, el exilio del hombre que transformó el cine. «Si los años treinta pertenecían a la gracia sutil de Lubitsch (austriaco de nacimiento), los cuarenta pertenecen a la resurrección wellesiana» de las portentosas angulaciones -añade Sarris-. La década de los argumentos dejó paso a una década de temas, y el cine americano perdió para siempre su inocencia». Porque, en palabras de Georges Sadoul, «Welles revolución o la técnica del film, volviendo a utilizar medios ya conocidos decorados con techo, imágenes en claroscuros, planos secuencia, profundidad de campo, vuelta atrás, etc.-, pero uniéndolos para darle un sentido nuevo. Faltaría algo al cine de no haber existido este niño prodigio a quien le gustaba caracterizarse de viejo».
Mariano Sánchez Soler, Tiempo, 22 de Oct de 1985
No se puede luchar contra el destino

Terry Gilliam - Twelve Monkeys (12 monos -1995)
Terry Glliam es uno de los directores más imaginativos de los últimos años: hemos podido beber de su mundo gracias a “Las aventuras del barón de Münchausen”, la reciente “Tideland” y lo volveremos a hacer, al parecer, en la próxima a estrenarse “El imaginario del Dr. Parnassus”. No lejos de esta vertiente fantástica hallamos una faceta interesante (aunque breve) en el cine de Glliam; la que aborda las distopías (entendidas como el retrato de un futuro humano desolado y apocalíptico, ya sea por pandemias, guerras o gobiernos totalitarios). En esta faceta del cine de Gilliam tenemos dos películas (por eso lo de escasa): la grandiosa “Brazil” y “12 monos”, razón del artículo.

Como ya se mencionó anteriormente, “12 monos” es una distopía: en la década del 90 un virus se desató sobre la población humana, matando la mayor parte de ella; los pocos sobrevivientes se refugiaron debajo de la superficie. Dentro de este contexto, y en el año 2035, se nos presenta a James Cole (Bruce Willis), un convicto que es seleccionado para viajar como “voluntario” a la superficie y buscar indicios sobre el origen del virus, y hallar así una eventual cura. Las expediciones de Cole son exitosas, por lo que los científicos, que están al mando, deciden enviarlo hacia el pasado en busca de la muestra pura del virus.

Cole, por error, es enviado años antes de la aparición del virus, donde tomado como demente es confinado a un manicomio. En ese espacio de insania y extravagancia conoce a Jeffrey Goines (Brad Pitt), el hijo loco de un prestigioso e influyente personaje y a la doctora Kathryin Railly ( Madeleine Stowe), que empieza a creer que Cole no está del todo loco. Luego el viajero del tiempo regresa al futuro, sólo para regresar al pasado, al año en que se desata la pandemia. Allí vuelve a encontrarse con la doctora Kathryin, quien empieza a confiar en Cole y deciden ir en busca del origen del virus: volverán a encontrarse con Goines, quien lidera una organización pro-animal denominada los “12 monos” y trama un complot contra la especie humana (o sea, su padre). Pero, al final, se revelará que nada es lo que parecía ser.

Gilliam sabe como pintar el futuro: un mundo agónico, cárceles y prisioneros como conejillos de indias, científicos al control de la sociedad, máquinas del tiempo… También sabe como retratar el aspecto extravagante y demente del manicomio, al punto de llevar a la locura a un hombre que no está del todo loco (pero no puedo afirmar si se trata de un hombre del todo cuerdo). Willis sabe manejar bien su personaje, y lo lleva de acorde a la situación, transmitiéndonoslo como un personaje duro, pero a la vez consciente de la situación en la que se encuentra y de lo que debe hacer, quizás guiado por su leitmotiv (una secuencia, que abre la película, que presenció cuando era niño y que será la llave para entender el final de la historia). Pitt, por otro lado, está efectivo como loco, lo que sabe reflejar tanto con su look como con sus expresiones faciales y verbales.
Cole debe soportar el peso de la tarea que se le ha encomendado, y sufre tanto por evitar que el futuro inexorable se cumpla (con la probabilidad de cambiar su propio destino), como por los resquebrajamientos de su cordura: por lo extremo de su situación y por los estragos que causa viajar en el tiempo. La llegada de la doctora Railly alivia un poco la situación, su cordura e incluso, finalmente, hace surgir el amor entre ambos.
SPOILER…No obstante estos aires esperanzadores que emergen, al final, el destino se cumple: Goines y los doce monos no estaban detrás del virus (era tan sólo una broma contra su padre). Eso conlleva al verdadero origen del virus: un científico en pleno viaje por las ciudades más grandes del mundo esparciendo el virus mortal. Cole y Kathryin tratan de detenerlo en un aeropuerto, pero todo termina en desastre: en una de las mejores secuencias del cine actual, y a un ritmo adecuado para la asimilación de las imágenes, presenciamos como Cole cae abatido por unos policías mientras el científico escapa con las cepas del virus, una adolorida Kathryin llega hasta el moribundo Cole, quien se da cuenta que ha cumplido su destino y que no pudo hacer nada para evitarlo. Las imágenes que Cole presenció en su infancia, su leitmotiv, eran las escenas de su propia muerte; mientras tanto, un Cole niño, en ese mismo lugar, presencia su propia muerte (aún sin saberlo, por supuesto) y la historia vuelve a empezar…SPOILER

Gilliam, de esta manera finaliza su historia por donde empezó, en un ciclo infinito y nos deja un mensaje importante: no se pude hacer nada para cambiar nuestro destino, por más que lo intentes; si la humanidad está destinada a casi desaparecer, no se podrá hacer nada contra eso, porque somos seres insignificantes que no podemos luchar contra el destino, ese hado incomprensible.
Marco Macavilca Cruz
Bruno Dumont: Trailers
Una mirada al director francés mediante los trailers de sus films.
La Vie de Jesús (1997)
L’Humanité (1999)
Twentynine Palms (2003)
Flandres (2006)
Hadewijch (2009)
Palmarés de la 60 edición del Festival de Cine de Berlín
Semih Kaplanoglu ganador del Oso de Oro de Berlín, por su película Miel (Bal)
Oso de Oro: Bal (Miel), de Semih Kaplanoglu, Turquía
Oso de Plata – Gran Premio del Jurado: If I Want to Whistle, I Whistle, de Florin Şerban, Rumania
Oso de Plata al mejor director: Roman Polanski, por The Ghost Writer, Francia-Alemania.
Oso de Plata al mejor actor (ex aequo): Grigory Dobrygin y Sergei Puskepalis – How I Ended This Summer, Rusia
Oso de Plata a la mejor actriz: Shinobu Terajima, por Caterpillar, Japón
Oso de Plata al mejor guión: Apart Together, de Wang Quan’an, China
Oso de Plata al mayor logro artístico: How I Ended This Summer, de Alexei Popogrebskiy, Rusia
Premio Alfred Bauer: If I Want To Whistle, I Whistle, de Florin Serban, Rumania
Premio del jurado ecuménico
Sección Oficial en competición: Honey, de Semih Kaplanoglu
Forum: Still Alive In Gaza, de Nicolas Wadimoff
Panorama: Kawasaki’s Rose, de Jan Hrebejk
Premios FIPRESCI
Sección Oficial en competición: A Family, de Pernille Fischer Christensen
Forum: El vuelco del cangrejo (Crab Trap), de Oscar Ruíz Navia
Panorama: Parade, deIsao Yukisada
Premios Teddy
Mejor largometraje: The Kids Are All Right, de Lisa Cholodenko
Mejor documental: The Mouth of the Wolf, de Pietro Marcello
Mejor cortometraje: The Feast Of Stephen, de James Franco
Premio de los lectores Siegessäule: Postcard to Daddy, de Michael Stock
Premio especial Teddy: Werner Schroeter
Premio Amnesty International (ex aequo): Son of Babylon, de Mohamed Al-Daradji; y Waste Land, de Lucy Walker, João Jardim, Karen Harley.
Premio Teddy del jurado: Open, de Jake Yuzna
Tercer Aniversario de los Cinerastas

Un día como hoy hace tres años se creó este nuevo espacio de crítica y reflexión cinematográficas. Celebramos un año más con la idea de seguir mejorando y hacer que más cibernautas tengan como referencia a este espacio virtual cinerástico. El día sábado salimos con una renovada edición y les estaremos informando sobre las bases de la trivia que servirá para el concurso en el que regalaremos dvds. ¡Salud con todos!
César Guerra Linares
José Sarmiento Hinojosa
Los Directores Cinerastas
La Concejala Antropófaga
Como un adelanto del nuevo estreno de Pedro Almodóvar, les ofrecemos este delicioso corto sacado de “Los Abrazos Rotos”. Disfrútenlo tanto como nosotros.
Entrevista: Bela Tarr, por Howard Feinstein
Realizada el 2007 por el programa Regis Dialogue del Walker Art Center. Una maravillosa oportunidad para recorrer la obra del maestro y su particular enfoque sobre el cine.
La Teta Asustada ha sido nominada al Oscar como mejor película extranjera
MEJOR PELÍCULA
“An Education”
“Avatar”
“District 9″
“En tierra hostil”
“Malditos bastardos”
“Precious”
“The Blind Side”
“Un tipo serio”
“Up”
“Up in the Air”
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MEJOR PELÍCULA DE LENGUA EXTRANJERA
“Ajami” (Israel)
“El secreto de sus ojos” (Argentina)
“La cinta blanca” (Alemania)
“La teta asustada” (Perú)
“Un profeta” (Francia)
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MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN
“Fantastic Mr Fox”
“Los mundos de Coraline”
“The Secret of Kells”
“Tiana y el sapo”
“Up”
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MEJOR DIRECCIÓN
James Cameron por “Avatar”
Jason Reitman por “Up in the Air”
Kathryn Bigelow por “En tierra hostil”
Lee Daniels por “Precious”
Quentin Tarantino por “Malditos bastardos”
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MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA
Carey Mulligan por “An Education”
Gabourey Sidibe por “Precious”
Helen Mirren por “The Last Station”
Meryl Streep por “Julie & Julia”
Sandra Bullock por “The Blind Side”
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MEJOR ACTOR PROTAGONISTA
Colin Firth por “Un hombre soltero”
George Clooney por “Up in the Air”
Jeff Bridges por “Crazy Heart”
Jeremy Renner por “En tierra hostil”
Morgan Freeman por “Invictus”
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MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Anna Kendrick por “Up in the Air”
Maggie Gyllenhaal por “Corazón rebelde”
Mo’Nique por “Precious”
Penélope Cruz por “Nine”
Vera Farmiga por “Up in the Air”
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MEJOR ACTOR DE REPARTO
Christoph Waltz por “Malditos bastardos”
Christopher Plummer por “The Last Station”
Matt Damon por “Invictus”
Stanley Tucci por “The Lovely Bones”
Woody Harrelson por “The Messenger”
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MEJOR GUIÓN ORIGINAL
“Malditos bastardos”
“Un tipo serio”
“Up”
“En tierra hostil”
“The messenger”
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MEJOR GUIÓN ADAPTADO
“An Education”
“District 9″
“In the Loop”
“Precious”
“Up in the Air”
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MEJOR MÚSICA ORIGINAL
“Avatar” James Horner
“Fantastic Mr. Fox” Alexandre Desplat
“The Hurt Locker” Marco Beltrami y Buck Sanders
“Sherlock Holmes” Hans Zimmer
“Up” Michael Giacchino
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MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Almost There” de “The Princess and the Frog” Música y Letra de Randy Newman
“Down in New Orleans” de “The Princess and the Frog” Música y Letra de Randy Newman
“Loin de Paname” de “Paris 36” Música de Reinhardt Wagner Letra de Frank Thomas
“Take It All” de “Nine” Música y Letra de Maury Yeston
“The Weary Kind (Theme from Crazy Heart)” de “Crazy Heart” Música y Letra de Ryan Bingham y T Bone Burnett
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MEJOR FOTOGRAFÍA
Avatar” Mauro Fiore
“Harry Potter and the Half-Blood Prince” Bruno Delbonnel
“The Hurt Locker” Barry Ackroyd
“Inglourious Basterds” Robert Richardson
“The White Ribbon” Christian Berger
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MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA
“Avatar” Art Direction: Rick Carter y Robert Stromberg; Set Decoration: Kim Sinclair
“The Imaginarium of Doctor Parnassus” Art Direction: Dave Warren y Anastasia Masaro; Set Decoration: Caroline Smith
“Nine” Art Direction: John Myhre; Set Decoration: Gordon Sim
“Sherlock Holmes” Art Direction: Sarah Greenwood; Set Decoration: Katie Spencer
“The Young Victoria” Art Direction: Patrice Vermette; Set Decoration: Maggie Gray
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MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO
“Bright Star” Janet Patterson
“Coco before Chanel” Catherine Leterrier
“The Imaginarium of Doctor Parnassus” Monique Prudhomme
“Nine” Colleen Atwood
“The Young Victoria” Sandy Powell
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MEJOR MAQUILLAJE
“Il Divo” Aldo Signoretti y Vittorio Sodano
“Star Trek” Barney Burman, Mindy Hall y Joel Harlow
“The Young Victoria” Jon Henry Gordon y Jenny Shircore
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MEJOR MONTAJE
“Avatar” Mauro Fiore
“Harry Potter and the Half-Blood Prince” Bruno Delbonnel
“The Hurt Locker” Barry Ackroyd
“Inglourious Basterds” Robert Richardson
“The White Ribbon” Christian Berger
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MEJOR MEZCLA DE SONIDO
“Avatar” Christopher Boyes, Gary Summers, Andy Nelson y Tony Johnson
“The Hurt Locker” Paul N.J. Ottosson y Ray Beckett
“Inglourious Basterds” Michael Minkler, Tony Lamberti y Mark Ulano
“Star Trek” Anna Behlmer, Andy Nelson y Peter J. Devlin
“Transformers: Revenge of the Fallen” Greg P. Russell, Gary Summers y Geoffrey Patterson
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MEJORES EFECTOS VISUALES
“Avatar” Joe Letteri, Stephen Rosenbaum, Richard Baneham y Andrew R. Jones
“District 9” Dan Kaufman, Peter Muyzers, Robert Habros y Matt Aitken
“Star Trek” Roger Guyett, Russell Earl, Paul Kavanagh y Burt Dalton
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MEJOR MONTAJE DE SONIDO
“Avatar” Christopher Boyes y Gwendolyn Yates Whittle
“The Hurt Locker” Paul N.J. Ottosson
“Inglourious Basterds” Wylie Stateman
“Star Trek” Mark Stoeckinger y Alan Rankin
“Up” Michael Silvers y Tom Myers
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MEJOR CORTOMETRAJE
“The Door” Juanita Wilson y James Flynn
“Instead of Abracadabra” Patrik Eklund y Mathias Fjellström
“Kavi” Gregg Helvey
“Miracle Fish” Luke Doolan y Drew Bailey
“The New Tenants” Joachim Back y Tivi Magnusson
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MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓN
“French Roast” Fabrice O. Joubert
“Granny O’Grimm’s Sleeping Beauty” Nicky Phelan y Darragh O’Connell
“The Lady and the Reaper (La Dama y la Muerte)” Javier Recio Gracia
“Logorama” Nicolas Schmerkin
“A Matter of Loaf and Death” Nick Park
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MEJOR LARGOMETRAJE DOCUMENTAL
“Burma VJ” Anders Østergaard y Lise Lense-Møller
“The Cove” Nominados por determinar
“Food, Inc.” Robert Kenner y Elise Pearlstein
“The Most Dangerous Man in America: Daniel Ellsberg and the Pentagon Papers” Judith Ehrlich y Rick Goldsmith
“Which Way Home” Rebecca Cammisa
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MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL
“China’s Unnatural Disaster: The Tears of Sichuan Province” Jon Alpert y Matthew O’Neill
“The Last Campaign of Governor Booth Gardner” Daniel Junge y Henry Ansbacher
“The Last Truck: Closing of a GM Plant” Steven Bognar y Julia Reichert
“Music by Prudence” Roger Ross Williams y Elinor Burkett
“Rabbit à la Berlin” Bartek Konopka y Anna Wydra










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