El trascendentalismo expresivo en la obra de Carl Theodor Dreyer
Carl Theodor Dreyer
“Sin duda, estamos todos de acuerdo en que el cine, tal como lo conocemos hoy en día, no es perfecto. Pero eso es motivo de alegría, porque lo imperfecto postula la evolución. Lo imperfecto vive; lo perfecto está muerto, fuera de competición, no nos tenemos que preocupar por ello. En lo imperfecto hay miles de posibilidades en conflicto…”[1].
Carl Theodor Dreyer (1889-1968), fue un personaje único en la cinematografía danesa. Contrario a las concesiones y perfeccionista en extremo, fue y será considerado como uno de los principales creadores e innovadores intempestivos del arte cinematográfico.
Podría decirse que la consigna de búsqueda de un estilo trascendental en el cine se reduce a unos cuántos y grandiosos nombres; Ozu, Bresson, Antonioni, todos ellos precedidos en el tiempo por Dreyer. La atribución de un estilo trascendente nos remite, primeramente, hacia una definición del calificativo o, en todo caso, a abordar las atribuciones que permiten definir su cine como tal.


Yasujiro Ozu, Robert Bresson
Para empezar, debe decirse que el tratamiento narrativo en la ficción dreyeriana no nos permite titubeos ni vacilaciones; más bien, nos lleva a pensar el cine en su esencia más íntima: una necesidad de verdad. Su genialidad nos invita a huir de la exageración y a pensar en el vacío que conforma muchas veces nuestra cotidianidad, las formas en su obra son difícilmente clasificables y por ello no puedo más que proponer una exposición, a grandes rasgos, del estilo y contenido que, a mi parecer, logra expresar en su obra…
En el entre de los afectos…
La capacidad de generar emoción no es nada fácil y, siendo rigurosos con el término, menos aún en un soporte preconcebido para el entretenimiento como es el cine, además, podría decirse que un director realmente devoto a expresión de lo trascendente “debería” evitar elementos de su cultura y de su propia personalidad en la búsqueda de una expresividad inefable. Asistimos, entonces, al sacrificio de placeres vicarios que el cine parece ser capaz de aportar como ningún otro arte: hablamos de la identificación con el personaje, el argumento y el movimiento.
La Pasión de Juana de Arco (1928)
Con esto no quiero decir que un director (sea quien sea) pueda ser capaz de desligarse por completo de elementos de su cultura o de su propio sesgo, más bien me refiero al mismo intento que podría vislumbrarse tanto en el contenido de sus películas como en la propia estética. Refiriéndonos a Dreyer como un caso particular, podemos ejemplificar la imposibilidad de la premisa anterior tomando como ejemplo una película con reseña histórica como la pasión de Juana de Arco (1928).
No obstante, no resulta necesario trasladar esta película a un contexto o entorno específico pues trasciende las posibilidades y barreras del tiempo, todo ello siendo una película muda. Quizá la más expresiva de todas debido a la sobrecogedora interpretación de Renée Marie Falconetti en el rol principal quien nos muestra un rostro austero carente de maquillaje y una expresión hipnótica que traslada una desesperanza aprendida: “- ¿Y tu liberación? – ¡La muerte!”. Su destino en el nombre de Dios.
Paul Schrader
Así pues, damos cuenta que Dreyer no logra despejarse completamente de su sesgo para sumirnos en la ficción; más bien, logra reciprocar el espectro del contenido y sus respectivos afectos con una estética de raíces expresionistas. Es por ello que no podríamos calificarlo como un formalista inquebrantable; a él no lo define un único estilo durante toda su carrera. Por el contrario, Dreyer creó un estilo diferente para cada una de sus películas…En su estudio del cineasta, Paul Schrader indica que existen fuerzas contrarias en el funcionamiento de sus películas: Kammerspiel y Expresionismo a los que atribuye el mencionado estilo trascendental que “Interactúa en los largometrajes de Dreyer (…) y que aporta a cada uno de ellos cierto peso espiritual que no poseían de forma innata”[2].
Podemos decir, entonces, que las películas de Dreyer adoptan la característica trascendental en tanto sesgadas por él, no tendría que preocuparse por un desligamiento de la función social o de su propia cultura. De hecho, no podría hacerlo así lo quisiera. Sin embargo, es inquietante ver cómo brinda esa impresión en las temáticas y en el tratamiento de sus películas. Al menos dando pie a la sugerencia.

Kammerspiel…
“En el teatro, tenemos las palabras. Y las palabras llenan el espacio, se quedan en el aire. Se pueden escuchar, sentir, podemos experimentar su peso. Pero, en el cine, las palabras quedan relegadas enseguida a un segundo plano que las absorbe.”
(Carl T. Dreyer)
Las Kammerspiele (literalmente, piezas de cámara) de finales del siglo XIX y principios del siglo XX son, en opinión de Schrader, precedentes estilísticos inmediatos de las películas de Dreyer, debido a que influyeron en la selección de un tema y en el método de dirección. Las Kammerspiele reaccionaban contra la elaborada puesta en escena del teatro clásico que servía de escaparate a las estrellas, y proponen la posibilidad de crear un “teatro íntimo”.
Resulta necesario mencionar el origen de la técnica y encontramos en Max Reinhardt a uno de los más importantes innovadores del teatro y un punto referencial en cuanto a los gustos de Dreyer. Reinhardt alrededor del año 1905 creo el Kammerspiele (representación de cámara), su concepción se caracteriza por la intimidad del ambiente en el que se realizaba la representación para una audiencia reducida. Si bien (como se encarga enfáticamente de aclarar Eisner) el teatro de Reinhardt no era expresionista, algunos de los aspectos estéticos más importantes del cine expresionista, como por ejemplo el uso de la luz, son consecuencia directa de la influencia ejercida por él.
El Amo de Casa (1925)
La principal característica de las Kammerspiele radica en su distinción de los dramas convencionales de salón por su sobriedad, su simplicidad de medios artísticos y por su serio propósito psicológico. “Dreyer era consciente y se enorgullecía de sus orígenes en las Kammerspiele psicológicas e intimistas”[3].
Referencias técnicas del Kammerspiele se pueden apreciar claramente en películas como El amo de la casa (1925). Tenemos en ella espacios cerrados, un ritmo comedido y un énfasis en los gestos que nos invita a ir más allá de las apariencias. Es fundamental observar el giro que se da en torno al rígido orden impuesto por Viktor y observar cómo es que cambian las cosas a partir de que Mathilde entra en escena para asumir las tareas domésticas debido a que Ida (madre de dos niños) cae enferma por problemas de nervios. Se trata, pues, de una película sobrecogedora en el plano afectivo y minimalista en el aspecto técnico. Una sobria introspección al poder de la rutina. Es bueno tener en cuenta de que se trata de una película muda con rótulos.
Edmund Husserl
Expresionismo y significación: la influencia de la fenomenología…
Las finalidades y técnicas del expresionismo son totalmente opuestas a las de la Kammerpiel debido a que se trata de mostrar otro lado de la naturaleza psicológica del ser humano. “El expresionismo exterioriza el drama interno y sutil de la Kammerspiel, expone de forma desmesurada sus argumentos y transforma su fachada de calma y se simbolismo contenido en presentación grotesca e imaginería mítica”[4].
La creación del expresionismo aparece como una programática irrealizable de una conciencia exagerada de renovación de la joven generación de la posguerra. Su relación con la filosofía lleva al hombre a interpretar ese “otro estado” como un grito interior. Además, cabe resaltar que tiene un carácter no discursivo, muy definido y representativo.
“La dialéctica de la fe hace comprensible que el programa expresionista de la creación de una realidad esencial se haya cumplido muy limitadamente en la literatura (por no hablar de la realidad social).”[5]
Quisiera establecer en este punto, el vínculo del Expresionismo con la Fenomenología. Para empezar con su definición, la fenomenología es un método filosófico que procede a partir del análisis intuitivo de los objetos tal como son dados a la conciencia cognoscente, a partir de lo cual busca inferir los rasgos esenciales de la experiencia y lo experimentado.

Martin Heidegger
El significado definitivo con que hoy se emplea el término proviene de finales del siglo XIX; la fenomenología como escuela tuvo su origen en la enseñanza de Franz Brentano, y su máximo exponente en Edmund Husserl, quien empleó el método fenomenológico para desarrollar uno de los sistemas filosóficos más populares y refinados de la primera mitad del siglo XX. En el sentido desarrollado por Husserl, la fenomenología opera abstrayendo la cuestión de la existencia del objeto conocido, y describiendo minuciosamente las condiciones en las que se aparece a la conciencia; la fenomenología está así en fundamental oposición a la filosofía crítica, de índole kantiana, que se orienta al contenido trascendental que la experiencia no muestra. Martín Heidegger, quien fue discípulo y ayudante de Husserl, practicó la fenomenología en sus primeras obras, aunque luego se apartó del método.
Husserl introduce más tarde el método de reducción fenomenológica para eliminar la existencia de objetos externos. Quería concentrarse en lo ideal, en la estructura esencial de la conciencia. Lo que queda después de esto es el ego trascendental que se opone al concreto ego empírico. Ahora con esta filosofía se estudian las estructuras esenciales que hay en la pura conciencia, el “noemata” y las relaciones entre ellos. Podría decirse, en otras palabras, un sistema de la subjetividad.
Este carácter trascendental es elogiado como una “libertad incomparable”. Las posibilidades más internas de la esencia se explayan en un arte. Esto resulta difícil de pensar incluso observándolo a cierta distancia temporal y con mirada libre de sesgo.
Vampyr (1932)
En el expresionismo, entonces, la intensidad es denotada, nos reza: “Tendencia a la orientación en el caos, fijación del caos”. El expresionismo manifiesta el fracaso definitivo de la dominación racional del mundo…
Para establecer una comparación, Vamypr (1932) es un perfecto ejemplo del Dreyer expresionista pues tanto el contenido (Los vampiros, la vida después de la muerte) como la forma (el claroscuro, la expresividad exagerada, los decorados nada realistas, las secuencias de fantasía desenfrenada) exhiben un sólido acuerdo entre fuerza y método. Así como El amo de la casa, se trata también de una película muda pero quizá esa sea su única similitud…
Por Enrique Vidal
[1] DREYER, Carl Theodor. “Reflexiones sobre mi oficio” Ediciones Paidos. Barcelona 1999. pp. 88.
[2] SCHRADER, Paul. “El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer” Ediciones JC Madrid 1999. pp. 138.
[3] Ibid., p. 141.
[4] Ibid., p. 142.
[5] FELLMAN, Ferdinand. “Fenomenología y Expresionismo”. Editorial Alfa. Barcelona 1984. pp. 48.
Stanley Kubrick: un flashback

Stanley Kubrick
Stanley Kubrick nació en el Bronx, Nueva York, el 26 de julio de 1928. Su inteligencia siempre fue evidente, aunque no sobresalió nunca en los estudios. Su padre, que era médico, preocupado por mejorar su rendimiento escolar lo envió a Pasadena en 1940, a casa de su tío Martin Pervaler (quien luego sería productor de Fear and Desire, uno de los primeros filmes de Kubrick), regresando a su barrio natal en 1941 para terminar su último año de gramática. Aunque sus resultados mejoraron en algo, Jack, su padre, se propuso el objetivo de buscar algo que realmente interesara a su hijo. Comenzó por enseñarle a jugar ajedrez. Muy pronto, este juego se convirtió para él en una verdadera pasión. Según su propio testimonio, dicha afición lo ayudó mucho en su carrera como cineasta, tanto para lidiar con actores difíciles como por ser una motivación artística en sus filmes. Y es que Kubrick pensaba y planeaba cada parte de sus películas como si se tratara de piezas de ajedrez que se deben acomodar para lograr una jugada maestra.

Fear and Desire (1953)
Al cumplir los trece años, su padre le regala una cámara fotográfica y realmente da en el clavo: Stanley se apasiona por la fotografía y se lanza a la caza de vistas interesantes en Nueva York. Él mismo revela sus negativos en el cuarto oscuro de un amigo. Vende una de sus tomas a la revista Look, estableciendo contacto con su staff de fotógrafos y consiguiendo su primer trabajo a los diecisiete años como practicante en esta publicación. En los siguientes cinco años, Kubrick se convierte en un fotógrafo regular de Look y también en un asiduo concurrente al cine. Su permanencia en esta revista fue una magnífica oportunidad para que experimentara con los aspectos fotográficos del cine: composición, iluminación, encuadre, seguimiento de la acción, etc. Junto a su amigo Alexander Singer, planifica su incursión en el mundo de la realización cinematográfica e invierte todos sus ahorros en la realización del cortometraje documental Day of the fight (1950). Se trataba de un documental sobre el boxeador Walter Cartier. A éste le siguieron otros dos cortometrajes titulados The Flying Padre (1951) y The Seafarers (1952), el primero sobre un sacerdote que visitaba sus alejadas parroquias en un pequeño avión y el segundo un sencillo trabajo que se centraba en el mundo de la navegación.

Killer’s Kiss (1955)
En 1953 filma Miedo y deseo (Fear and Desire), película que narra la historia de cuatro soldados atrapados detrás de las líneas enemigas, que deben confrontar sus temores y deseos. Kubrick nunca le tuvo mucho cariño a esta película. Él mismo se convirtió en el crítico más despiadado de su propio trabajo. Aunque Miedo y Deseo no logró recuperar la totalidad de la inversión que demandó su producción, permitió a Kubrick darse a conocer el circuito cinematográfico y experimentar la realización de un largometraje de acuerdo a su estilo de trabajo: ser él mismo quien controle los aspectos más importantes del quehacer fílmico (dirección, guión, fotografía, edición, etc.). Su esposa, Toba Metz, no logró soportar su dedicación casi exclusiva a la filmación de la película y le pidió el divorcio en 1951, luego de tres años de matrimonio.

The Killing (1956)
Sus siguientes dos filmes, El beso del asesino (Killer’s Kiss, 1955) y Casta de Malditos (The Killing, 1956) tuvieron mejor acogida por parte del circuito hollywoodense. El primero es un sencillo thriller que, con una historia débil y personajes poco desarrollados logra, sin embargo, crear una atmósfera de film noir muy realista respecto al retrato de las clases bajas de Nueva York. Fue su última producción autofinanciada. Por su lado, Casta de Malditos se inscribe dentro del género policial. Narra de manera casi documental el robo a un hipódromo, cronometrado de tal manera que coincida con una importante carrera. Trabajando por primera vez con actores y técnicos profesionales, Kubrick logra con esta adaptación de la novela Clean Break de Lionel White un trabajo que equilibra muy bien los diálogos con las acciones. El trabajo fotográfico es pulcramente dirigido y el montaje aporta el ritmo adecuado a cada escena. Muchos críticos consideran a éste el primer trabajo realmente importante de Stanley Kubrick.

Paths of Glory (1957)
La patrulla infernal (Paths of Glory, 1957) es una poderosa película (anti)bélica que narra la antigua práctica de buscar siempre un chivo expiatorio para nuestras propias fallas. Se trata de una aguda e inteligente acusación tanto a la psicología como a las actitudes militares. Ambientada en la Primera Guerra Mundial, esta versión de la novela de Humphrey Cobb fue filmada en Alemania y cuenta cómo el General Mireau (George Macready) envía a sus hombres a una misión suicida. Cuando éstos fallan, él escoge a tres miembros del regimiento para que sean juzgados y ejecutados por cobardía. Las actuaciones del elenco son excelentes, destacando la de Kirk Douglas, Wayne Morris y el mencionado George Macready.
Spartacus (1960)
Kirk Douglas fue llamado por Kubrick para participar en la producción de la película Espartaco (Spartacus, 1960), un ambicioso peplum que, una vez terminado, no fue del total agrado de su realizador. Douglas es un esclavo que inicia una rebelión contra el poder de Roma, a la vez que vive sus propios dramas pasionales. A pesar de tener grandes secuencias de acción, el filme no logra mantener un ritmo homogéneo y dilata demasiado la narración. A esta altura, es ya una constante el cuidado que pone Kubrick en la fotografía, la dirección de actores y la elección de la partitura musical, en este caso compuesta por Alex North.
Lolita (1962)
Una vez que se demuestra a sí mismo que puede tener éxito como director de Hollywood, viaja a Inglaterra en 1961, siguiendo en dicho país con un trabajo mucho más meticuloso y cuidadoso. Sus posteriores producciones son sumamente diversas en género y estilo, pero mantienen ese espíritu de artesano perfeccionista que Kubrick supo plasmar en toda su producción. Se le acusó incluso de querer acaparar el control total del proceso de producción de los filmes, desde el guión hasta el montaje y la post-producción, cortando la libertad y creatividad de su personal técnico. Es conocido el caso de Russell Metty, director de fotografía de Espartaco, quien se quejó enérgicamente ante los productores de la película, diciendo que Kubrick estaba todo el día sobre él y no lo dejaba hacer su trabajo. Kubrick le respondió que no se preocupara, que seguiría cobrando pero que de allí en adelante se sentara y no hiciera nada. Irónicamente, Metty ganó el Óscar a Mejor Fotografía por esta película.
Antes de viajar a Inglaterra se le ofreció dirigir a Marlon Brando en El tuerto Jack, pero el proyecto no cuajó y fue el propio Brando quien terminó dirigiendo el filme.
Su primer trabajo en Gran Bretaña fue Lolita (1962), perturbador drama basado en la novela de Vladímir Nabokov sobre la pasión que siente un hombre mayor por una niña (perturbadora interpretación de Sue Lyon) que está ingresando a la pubertad. La película fue elaborada con sumo cuidado para no chocar con el estricto código de censura y así no perjudicar el éxito comercial de la misma. Las actuaciones son memorables, destacando la de Shelley Winters como Charlotte Haze, la madre de Lolita, una mujer que destila un intenso hambre sexual.
Dr. Strangelove (1964)
Teléfono rojo (Dr. Stangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964) significó uno de los más grandes riesgos para su director, ya que, hasta ese momento, no se podía concebir que la guerra nuclear pudiera ser objeto de una comedia. Pensada originalmente para ser un drama, Kubrick consideró que las ideas escritas eran bastante divertidas y decidió por eso tratarlas con un excelente humor negro. La película fue un éxito total y, más de treinta años después, aún mantiene su gracia y frescura.

2001: A Space Oddisey (1968)
En 1968 llegaría uno de los más grandes clásicos de ciencia-ficción: 2001: una odisea espacial, basado en un relato de Arthur C. Clarke (The Sentinel). Muchas de sus escenas han quedado como parte imprescindible de la antología del cine mundial (el prólogo de los simios prehistóricos, el ballet de las naves espaciales, el enfrentamiento final entre David Bowman (Keir Dullea) y la computadora HAL, etc.). El filme se ha convertido en objeto de culto y fue tomado como modelo e inspiración de muchas producciones posteriores.

A Clockwork Orange (1971)
Kubrick volvería a escandalizar y desatar polémica con La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971), un desgarrador relato sobre la violencia, el abuso sexual y la pérdida de valores en una sociedad vagamente futurista, que llega al extremo de defenderse con mecanismos similares, diseñando un sistema para reacondicionar psicológicamente a los individuos violentos, haciendo que pierdan su voluntad y poder de elección, es decir, deshumanizándolos y convirtiéndolos en corderos que siguen al rebaño. El producto final fue demasiado fuerte para algunos estómagos en el año de su estreno y aún hoy en día, cuando el espectador se ha acostumbrado a toda clase de excesos, mantiene su poder para conmover a la audiencia. Malcolm McDowell construyó a un inolvidable personaje llamado Alex, compendio de todos los rebeldes.
Barry Lyndon (1975)
Barry Lindon (1975) llevó a los límites el exquisito cuidado que Kubrick ponía en sus trabajos. Se trata de un relato de época sobre un pícaro héroe irlandés, en el que los actores tuvieron que repetir cada toma docenas de veces para que todo salga a la perfección. El resultado es un majestuoso relato de mediados de siglo XVIII, donde las emociones mezquinas de los personajes tienen como telón de fondo una de las más bellas fotografías de la historia del cine.

The Shining (1980)
En 1980, Stanley Kubrick ingresaría al mundo del horror – luego de rechazar la realización de la secuela de El exorcista – adaptando una novela de Stephen King: El resplandor (The Shinning). A todas luces se trata de un producto atípico dentro del género, que casi no respeta la novela original (King renegó con mucho énfasis al ver la plasmación fílmica de su obra) y que, para algunos, constituyó un traspié en la obra de Kubrick, quien, a pesar de algunas buenas escenas espeluznantes, no logra crear el clima de horror necesario. Jack Nicholson se le escapa de las manos al interpretar su papel de hombre que va perdiendo progresivamente la cordura y pone en peligro a su familia. Shelley Duvall es quien mejor está en el reparto, transmitiéndonos su angustia y terror con bastante efectividad.
Full Metal Jacket (1987)
Con Nacido para matar (Full Metal Jacket, 1987), Kubrick vuelve a explorar el mundo de los militares y la guerra. El filme se divide en dos partes claramente diferenciadas: primero, el entrenamiento de los “marines” en Parris Island y luego, sus experiencias de combate en Vietnam. La primera parte tiene una fuerza narrativa y visual que la segunda no llega a alcanzar. Sin embargo, esta película logró una buena aprobación de la crítica y un respetable éxito de público al presentar lo que sería el lado oscuro del humanista relato de Pelotón (1986).
Eyes Wide Shut (1999)
Stanley Kubrick dejó de existir el 7 de marzo de 1999, falleciendo en Inglaterra de causas naturales y dejando, a modo de testamento, su obra póstuma Ojos Bien Cerrados (Eyes Wide Shut, 1999). Un film hitchcockniano impregnado de un sabor oscuro, desencantado, pesimista, que gira en torno a una pareja neoyorkina pequeño burguesa, interpretada por los entonces esposos Tom Cruise y Nicole Kidman. Un drama cargado de misterio y gélido erotismo, prolijamente articulado en secuencias largas y asfixiantes, narrando el tortuoso camino de una noche de (in)satisfacción sexual que lleva al protagonista a los límites de la autodestrucción.
Sería difícil cuantificar la influencia de Kubrick en el cine contemporáneo. Para darnos una ideo, bastaría ver cuántos estudios, libros, documentales y ensayos se han dedicado a su persona y su trabajo. Sus numerosos aportes, a la par de sus obsesiones por la calidad y perfección del producto cinematográfico, no han hecho sino engrandecer, cada vez más, el aura mítica de este gran director del siglo XX.
Por Miguel Mejía Salas
Palmarés de la 81 edición de los premios oscar

MEJOR PELÍCULA
Slumdog millionaire, de Danny Boyle
MEJOR DIRECTOR
Danny Boyle, por Slumdog millionaire
MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Sean Penn, por Mi nombre es Harvey Milk
MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Kate Winslet, por The Reader (El lector)
MEJOR ACTOR SECUNDARIO
Heath Ledger, por El caballero oscuro
MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA
Penélope Cruz, por Vicky Cristina Barcelona
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Dustin Lance Black, por Mi nombre es Harvey Milk
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Simon Beaufoy, por Slumdog millionaire
MEJOR PELÍCULA EN LENGUA EXTRANJERA
Okuribito, de Yojiro Takita (Japón)
MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA
El curioso caso de Benjamin Button, (Dirección artística: Donald Graham Burt, Decorados: Victor J. Zolfo)
MEJOR DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA
Anthony Dod Mantle, por Slumdog millionaire
MEJOR VESTUARIO
Michael O’Connor, por The Duchess
MEJOR MONTAJE / EDICIÓN
Chris Dickens, por Slumdog millionaire
MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL
A.R. Rahman, por Slumdog millionaire
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
Jai Ho, de Slumdog millionaire (Música de A.R. Rahman, letra de Gulzar)
MEJOR MONTAJE DE SONIDO
Richard King, por El caballero oscuro
MEJORES EFECTOS VISUALES
Eric Barba, Steve Preeg, Burt Dalton y Craig Barron, por El curioso caso de Benjamin Button
MEJOR MAQUILLAJE
Greg Cannom, por El curioso caso de Benjamin Button
MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Ian Tapp, Richard Pryke y Resul Pookutty, por Slumdog millionaire
MEJOR DOCUMENTAL
Man on wire, de James Marsh
MEJOR DOCUMENTAL CORTOMETRAJE
Smile Pinki, de Megan Mylan
MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Wall·E, de Andrew Stanton
MEJOR CORTOMETRAJE ANIMADO
La Maison en Petits Cubes, de Kunio Kato
MEJOR CORTOMETRAJE
Spielzeugland (Toyland), de Jochen Alexander Freydank
SEXTO FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE CONTEMPORÁNEO DE LA CIUDAD DE MÉXICO (FICCO)

Selección Oficial de Ficción
$9.99 de Tatia Rosenthal / ISRAEL-AUSTRALIA 2008/35mm/color/78′
Alicia en el país de Esteban Larraín / CHILE 2008/35mm/color/86′
Antes del entierro de Behnam Behzadi / IRÁN 2008/35mm/color/104′
Beket de Davide Manuli / ITALIA 2008/35mm/byn/78′
Buick Rivera de Goran Rusinovic / CROACIA 2008/35mm/color/85′
Campo Salvaje de Mikheil Kalatozishvili / RUSIA 2008/35mm/color/104′
Cómo estar muerto/Como estar muerto de Manuel Ferrari / ARGENTINA 2008/hdcam/byn/78′
El canto de los pájaros de Albert Serra / ESPAÑA 2008/35mm/byn/98′
El placer de que te roben de Joshua Safdie ESTADOS UNIDOS 2008/35mm/color/71′
Enganchado de Adrian Sitaru / RUMANIA-FRANCIA 2007/35mm/color/80′
Jay de Francis Xavier Pasión / FILIPINAS 2008/digibeta/color/96′
Johnny perro salvaje de Jean-Stéphane Sauvaire / FRANCIA-BÉLGICA-LIBERIA 2008/35mm/color/97′
La montaña sin árboles de So Yong Kim / COREA DEL SUR-ESTADOS UNIDOS 2008/35mm/color/89′
Lastre de Lance Hammer / ESTADOS UNIDOS 2008/35mm/color/96′
Los mejores sentimientos de Marcos Villaseñor / MÉXICO-ITALIA 2008/35mm/color/82′
Los paranoicos de Gabriel Medina / ARGENTINA/2008/35mm/color/105′
No estoy muerta de Jean-Charles Fitoussi / FRANCIA 2008/35mm/color/190′
Parpadeo de Ronnie Bertubin / FILIPINAS 2008/betasp/color/70′
Qué necios de Adrián Parisi, Miguel Musálem / MÉXICO 2008/hdv/color/60′
Shultes de Bakur Bakuradze / RUSIA 2008/35mm/color/100′
Síntoma X de Kohki Yoshida / JAPÓN 2007/digibeta/color/67′
Tedio de Bahman Motamedian / IRÁN 2008/digibeta/color/76′
Tres ratones ciegos de Matthew Newton / AUSTRALIA 2008/35mm/color/94′
Una semana solos de Celina Murga / ARGENTINA 2008/35mm/color/110′
Selección Oficial de Documental
Amores ciegos de Juraj Lehotský / ESLOVAQUIA, 2008/35mm/color/77′
Aún perdura de Erwin Michelberger, Oleg Tcherny / ALEMANIA 2007/35mm/hdv-digibeta/color/79′
Camino real de Cachaça de Pedro Urano / BRASIL 2008/35mm/color/98′
De Arusha a Arusha de Christophe Gargot / FRANCIA-CANADA 2008/35mm/color/113′
El exilio y el reino de Andreï Schtakleff, Jonathan Le Fourn / FRANCIA 2008/35mm/color/165′
El hogar de Antonio Borges Correia / PORTUGAL 2008/betacam/byn/71′
La discípula del velocímetro de Miguel Calderón / MÉXICO 2008/minidv/color/62′
La vida en otro lugar de David Teboul / FRANCIA 2008/35mm/color/64′
La vida examinada de Astra Taylor / ESTADOS UNIDOS 2008/35mm/color/87′
Lejos de los pueblos de Olivier Zuchuat / FRANCIA-SUIZA 2008/35mm/color/76′
Nosotros de Huang Wenhai / CHINA-SUIZA 2008/hdv/color/102′
Nuestros lugares prohibidos de Leila Kilani / MARRUECOS 2008/digibeta/color/104′
Patti Smith: sueño de vida de Steven Sebring / ESTADOS UNIDOS 2008/35mm/color/byn/109′
Picnic de Eloy Enciso Cachafeiro / ESPAÑA 2007/35mm/color
Porque hemos nacido de JeanPierre Duret, Andrea Santana / FRANCIA-BRASIL 2008/35mm/color/90′/78
Revolución mundial de Klaus Hundsbichler / AUSTRIA 2008/35mm/color/91′
SinTregua de Juan José Lozano / SUIZA-FRANCIA 2008/35mm/color/87′
Süden de Gastón Solnicki / ARGENTINA 2008/hdcam/color/67′
Sueño y furia de Gideon Koppel / REINO UNIDO 2007/35mm/color/94′
Tres hombres y un estanque de Laila Pakalnina, Maris Maskalans / LETONIA 2008/35mm/xdcam/52′
Un Vals con Bashir de Ari Folman ISRAEL-FRANCIA-ALEMANIA 2008/35mm/color/90′
Vacío óptico de Dariusz Kowalski AUSTRIA-ESTADOS UNIDOS 2008/betacam/color/55′
Z32 de Avi Mograbi FRANCIA-ISRAEL 2008/35mm/color/81′
Si quieren conocer las otras muestras y secciones paralelas del Ficco 2009 hagan clic en la siguiente dirección:
Réquiem para el hombre de las patadas voladoras

Mabrouk El-Mechri - JCVD (2008)
Quienes crecimos en los ochenta podemos recordar el formato exacto de las producciones de artes marciales de la época. Un jovencito delgado, pusilánime y molestado por los matones del colegio, con el cual más o menos todos nos podíamos identificar, que es adiestrado en las artes milenarias de la defensa y el ataque orientales, por un maestro de metro y medio capaz de ejecutar a la perfección la patada voladora o el A-do-ken.
Este esquema repetido hasta la saciedad se mostró en su estado superlativo en el lejano 1985: el aprendiz era más torpe y bisoño que nunca, el maestro era nada menos que el espíritu de Bruce Lee, y el villano el tipo más malvado, despiadado y elástico del cine de molde de aquel entonces, encarnado por un actor belga que se hacía llamar Jean-Claude Van Damme, marcando lo que sería el factor común en sus películas: patadas, guiones elementales, patadas, dos o tres líneas de comedia fácil, una tendencia a mostrar los glúteos sin razón aparente, y algunas patadas más.

Retroceder Nunca, Rendirse Jamás (No retreat – No surrender) significó el inicio de la carrera cinematográfica para un hombre que siempre fue más de lo que sus apariciones en pantalla hacían suponer. Campeón de Shotokan karate y número uno de fisicoculturismo en su país, Van Damme se embarcó en tareas tan dispares como aprender ballet y abrir su propio gimnasio antes de aventurarse en el cine palomitero, en el cual se ha sabido mantener, con bajos y más bajos, durante casi dos décadas, siendo éste un mérito importante en un medio donde, al menos en los ochenta, cada semana se pretendía lanzar al nuevo astro del arte de los golpes.

La mayoría éxitos de taquilla más o menos hasta la nefasta Street Fighter (una bajada de pantalones para quienes amábamos el videojuego), sus cintas empezaron a caer en las preferencias del público desde entonces. Estos fracasos comerciales, junto a una vida personal desordenada sumieron la carrera del Músculo de Bruselas en el olvido y en las adicciones.
Hoy, recuperado y de la mano de un director francés de poco renombre, Jean Claude nos ha traído una pieza que nos desconcierta, conmueve y maravilla a partes iguales. Y si alguien decía que las vacas volarían antes de que una película de Van Damme sea comparada con obras de tipos como Godard, por mencionar uno de los comentarios de la crítica, más le vale empezar a mirar al cielo.

De lejos el verdadero autor de la cinta, Van Damme deconstruye su fama mientras nos muestra, en un acto de desvergonzada honestidad, sus problemas financieros y familiares (poco alejados de la realidad, a decir de los entendidos), el desprecio que sufre de las productoras a las que alguna vez surtió de películas fáciles y enormemente rentables (quienes hemos visto la película, recordemos la estúpida razón por la que pierde un contrato con Steven Seagal, quienes no, no pierdan atención a este detalle), su llegada a la madurez y una humanidad inédita expuesta a lo largo de todo el film, en especial en aquel monólogo que se nos antoja una suerte de confesión de vida que precede lo inevitable.

Poco menos que interpretándose a sí mismo (lo cual no es un pecado, teniendo en cuanta que Roberto Benigni sigue actuando y recibiendo premios por ello), la trama coloca al actor en el medio de un asalto frustrado a un banco, con toma de rehenes incluida, y precisamente donde Van Damme debería empezar a quebrar piernas y romper quijadas mientras neutraliza a los maleantes y salva el día una vez más, es dibujado como un ser humano lleno de problemas que sólo quiere salir vivo del asunto y abrazar a sus seres queridos, nada menos que una persona común. El mito destruido.
Las escenas previas al asalto definen al personaje a la perfección. El juicio por la custodia de su hija, la conversación en el taxi (casi totalmente improvisada), nos introducen al alma del astro y nos hace partícipes de sus angustias y su lidiar con la fama. No concuerdo con la crítica en un aspecto en particular: Esta película NO será apreciada por los fanáticos del actor.

De ninguna manera. Aquellos cuyo concepto de la diversión radica en violencia de segundo de media y argumentos mínimos y descerebrados, seguramente se sentirán decepcionados. A quienes nos agrada el cine con todas sus letras, deberemos sortear la manera con que este estreno seguramente será manejado por las empresas del ocio.
Así que quedan advertidos: De llegar a los multicines, esta película será promocionada de manera idiota como una más de las producciones directas al video que el actor ha protagonizado en los últimos años, y se utilizarán las tomas de las dos patadas (una de ellas, falsa) que lanza en los 110 minutos de metraje para hacer pensar que se trata de una película “de acción”.

No se dejen engañar. Estamos ante una pieza original, imperfecta, valiosa en todos los sentidos, donde el hombre que alguna vez estuvo bajo el disfraz de Depredador nos da, sin lugar a dudas, la actuación de su vida.
Gonzalo Del Carpio Bellido
El fantasma o la crisis de la ciudad

Kiyoshi Kurosawa – Los Fantasmas Nunca Olvidan (Sakebi, 2007)
Más allá de los motivos de los fantasmas que encajan en la iconografía del espectro del cine y la literatura japonesa, hay algo en las películas de Kiyoshi Kurosawa que tienta la tesis de las ciudades agotadas, de los espacios que se muestran moribundos, de posar la idea radical del fin de los procesos de urbanización. En el reciente cine de Kurosawa, Tokio no tiene la posibilidad de reinventarse.
Si en los casos del cine fantástico japonés de los 50 y 60, los fantasmas pertenecen a relatos ambientados en épocas dinásticas, imperiales y patriarcales, teniendo como marco de fondo escenarios bucólicos y rurales que acentúan la idea de conexión con la naturaleza (es más explícito en los episodios de Masaki Kobayashi como el de La mujer de la nieve en su filme El más allá), en el cine de Kurosawa, a diferencia de otras cintas del denominado J-horror, los fantasmas son signos de la decadencia de una modernidad que lleva al agotamiento. Son parte de la urbe que se resquebraja, de su rapidez y asimilación, de procesos voraces que terminan destruyendo lo que acaba de conformarse. Pero Kurosawa se mueve en universos alegóricos y las ciudades no son más que reflejo de quienes las habitan.

Para Kurosawa, a diferencia de los filmes que marcaron hitos en la vertiente llamada Kwaidan (con Kobayashi a la cabeza como lo mencioné), los fantasmas no penan entre riachuelos del campo o en casas en poblados rurales en medio de la nieve. Los tiempos han cambiado y los reclamos del más allá ya no tienen que ver con venganzas personales. Ya no se trata de la Sadako de Ringu, ni de la Kayako de Ju-on, sino de venganzas colectivas a una existencia decadente, individualista y desconectada en medio de las metrópolis.
La ciudad ya no es lugar para vivir, solo hay restos y espacios inhabitables. En Kairo (2001), un par de sobrevivientes a una suerte de enfermedad de desolación, causada por el encuentro con fantasmas, huye en auto por las calles grises de un Tokio muerto. En Los Fantasmas Nunca Olvidan o Retribution (2006) (su título en inglés) el detective Yoshioka cruza una calle desierta y llena de basura, tras la revelación que lo deja cuasi en estado de shock, dejando entrever un Apocalipsis anunciado. Los fantasmas han tomado la ciudad.

Tanto en Cure, Kairo o Retribution, por ejemplo, para mencionar sus filmes más significativos, yace esa frase explicita, que reiteran en varias oportunidades los personajes en alguno de sus filmes: oscilar entre los límites de la construcción y la destrucción. Los fantasmas en el limbo aparecen en escombros, en departamentos enmohecidos, en cuartos sellados con cinta aislante roja o en viejos hospitales abandonados por una nueva modernidad tecnologizada. Pero no es un motivo gratuito, los entes no son serial killers de ectoplasma, son seres palpables, con plenos sentidos, con comunes rostros humanos, espejo de los hombres y mujeres y reflejo de su solemnidad y autoencierro.
A lo largo de su filmografía, que no hemos visto completa, Kurosawa experimenta escapando de los parámetros del cine de género, para entremezclarlos y producir historias de suspenso o terror, a lo que siempre se le encasilla, con espíritu diferente al común del cine japonés actual. Como en el caso de Loft (2005) amalgama extraña de terror, drama y comedia de humor negro que tiene como hilo conductor el misterio de una momia; de Kairo, con elementos del terror puro conforma una pesadilla de ribetes existenciales, o Doppelganger (2003), donde explora el tema del doble en el marco del thriller y la comedia negra.

En su reciente Tokio Sonata (2008) incursiona nuevamente en los terrenos del drama en torno a las relaciones filiales, concordando con el trasfondo de su estupenda Bright future (2003), donde recuerdo una curiosa escena donde se ve a jóvenes en pandillas vestidos con polos del Che Guevara por las calles nocturnas de Tokio listos para robar.
El grito que no se escucha
En Retribution (estrenada inesperadamente en Lima como Los fantasmas no olvidan, lo que se agradece), Kurosawa, nacido en 1955 y con debut en el largometraje en 1975, vuelve a las motivaciones que configuran el universo de Kairo: fantasmas que actúan como conciencia, manchas en las paredes que evidencian la muerte, ciudades colapsadas por la desaparición en masa de sus habitantes.

Pero hay una gran diferencia, la ausencia de lo tecnológico como vía de infección. Yoshioka, un detective maduro que vive con su novia en un departamento en una zona en abandono, se ve perturbado por las evidencias en un escenario de un crimen, que en apariencia lo culpabilizan. Las huellas toman la corporeidad de una fantasma vestido de rojo (que según la tradición evoca a mujeres jóvenes solteras), que lo acusa como culpable de su muerte.
El policial se cruza con el filme de fantasmas, con esa vena donde las mujeres de cabellos lacios y negros se convierte en sujetos de poder: la mujer que acosa a Yoshioka es lo opuesto a la sumisión que despide la mujer que vive con él. El fantasma rompe paredes, provoca terremotos, logra que un hombre entre a la fuerza en un tazón de agua. La venganza es descomunal.

Si en El más allá de Kobayashi, la irrupción del fantasma como ejecutor de venganzas por pena y tristeza responde a recobrar un lugar en una sociedad machista de samuráis y emperadores, en el cine de Kurosawa, las mujeres son fantasmas en apariencia pasivos, surgidos de asesinatos o suicidios, que propician crímenes amorosos, que salen de espejos y vuelan por los cielos pero que a la hora de hacer cumplir su misión no escatiman un choque brusco desde el techo.
Kurosawa es un director de planos fijos, cosa que se destaca en el plano inicial de la muerte de la mujer de rojo, con un logrado manejo del espacio y de la iluminación (punto común en todos sus filmes y en eso radica su maestría). Tiene un sello personal que se nota en los cortes bruscos, mucho mejor trabajados en Retribution o en Loft, por ejemplo, donde se tiene la sensación de escenas medidas, mostradas en su suficiencia.

Encontrar Retribution en la cartelera limeña es un hecho excepcional. Se trata de una de las mejores películas de este director japonés, cuyo tema se mueve en una primera visión en el absurdo, pero más allá de esta superficialidad, encontramos a un director que elabora un filme donde confronta a través de un imaginario muy personal, el agotamiento de una apuesta de desarrollo avasallador que tiene como una de sus consecuencias sociales al aislamiento que se parece a un grito que nadie oye.
Por Mónica Delgado
El Pecado nos Condena

John Patrick Shanley – La Duda (Doubt, 2008)
Es 1964 en el colegio Saint Nicholas, en el Bronx. La ordenada existencia y tranquilidad de los padres y monjas es puesta de cabeza cuando la hermana Aloysius Beauvier (Meryl Streep) inicia una campaña en contra del Padre Flynn (Phillip Seymour Hoffman), al sospecharlo de abusar del único estudiante negro en el colegio. El dramaturgo John Patrick Shanley se pone tras las cámaras para adaptar su propia obra al cine, en un drama que nos deja con muchos cuestionamientos.
Nuestro punto de entrada es la inocente Hermana James (Amy Adams), una monja virtuosa que sólo quiere llevar la fiesta en paz y que termina convirtiéndose en el eje moral frente a dos posiciones radicales. Por un lado está Aloysius, una monja apegada a las tradiciones que maneja el colegio con disciplina y mano de hierro; su deber es mantener las costumbres, a sabiendas de que los estudiantes viven aterrada de ella.

Por su parte, Flynn es progresista, que busca acercar más a la comunidad con la iglesia, lograr que las personas vean a las curas y a las monjas como parte de la familia; su trato hacia los alumnos es más como el de un amigo, que un profesor o guía espiritual. Ambos representan los dos extremos de la iglesia, que desde siempre han estado en conflicto.
Las dudas pueden pesar mucho sobre las personas. No sólo por los cuestionamientos que traen, sino por sus consecuencias. En el caso de las monjas y curas de Saint Nicholas, no es distinto. Si bien son enaltecidos por la comunidad como ejemplos de virtud y moral, no están anejos a los mismos cuestionamientos.

¿Es culpable el padre Flynn, o está Beauvier tan empecinada en su pequeña cruzada que es capaz de todo para sacar de en medio a quien ve como una amenaza a la integridad de la iglesia debido a sus prácticas modernistas? Pronto queda claro que el bienestar del niño es lo de menos en el conflicto. Shanley no nos da las respuestas de una situación tan delicada; la duda entra en el público mismo y debe tomar una decisión.
Meryl Streep no es llamada una de las mejores actrices de su generación por nada: domina las acciones como Beauvier, una monja bien intencionada pero tan férrea en sus convicciones que resulta monstruosa. Hoffman sabe hacerle frente como el conflictivo cura; las acciones del padre Flynn se mecen entre un esmerado cuidado por sus alumnos y un interés poco sano en ellos y el actor trabaja bien dicha ambigüedad.

Esto especialmente tras la aparición de la madre del niño – una sorprendente Viola Davis que en una sola escena logra convencer como una sufrida madre que solo quiere lo mejor para su hijo, durante un tenso y revelador duelo actoral con Streep – cuyas confesiones cambian el rumbo de la historia y nos hacen ver que no todo es sólo de blanco y negro absolutos como lo ve la Hermana Beauvier.
Aún así, la monja se mantiene firme. Pero como todos nosotros, es humana; y queda claro que detrás de ese exterior disciplinado y frío está una mujer que no está segura de lo que cree, pero debe mantenerlo no sólo para no traicionar sus propias creencias, sino para no dejarse someter por un mundo donde, a pesar de que se predica la igualdad entre hermanos, hombres y mujeres, las monjas están sujetas a los designios de los curas y no les queda más que obedecer.

Shanley, en su segundo trabajo como director – y a años luz de lo que fue Joe Contra el Volcán – se hace preguntas bastante fuertes acerca de la naturaleza humana. El objetivo no es determinar la culpa o inocencia del Padre Flynn; la interpretación de lo sucedido con el pequeño Donald puede variar de persona a persona.
Si bien hoy en dia ya existen casos documentados de pedofilia en la iglesia, en los 60s esto representaba un escándalo impensado por todo el mundo. Y es por eso que se desata este conflicto y a través del cual nos damos cuenta que a pesar de su buena imagen, los hombres de sotana y mujeres del hábito son personas, que, como cualquier otro, se cuestionan lo que les rodea, incluida su propia fe.

Con un trabajo actoral inmejorable, Shanley le da vida a su controvertida obra, la que dejará a más de uno pensando acerca de lo peligroso de la intolerancia entre pares y como ésta puede agrandar un conflicto que, de enfocarse de manera sensata, podría tener una solución menos extrema. Las dudas humanas son un tema universal y aquí se dan a conocer en un contexto donde, a primera vista, no tendrían por qué existir.
Por Ernesto Zelaya
Amores imperfectos

Sam Mendes – Solo un Sueño (Revolutionary Road, 2008)
Sólo un sueño (Revolutionary Road, 2008) le arranca unas cuantas máscaras a las relaciones de pareja. Tal vez por eso necesite de una progresión gradual. Va tomando cuerpo poco a poco, por acumulación… Estados Unidos, los años cincuenta. Los Wheeler son un matrimonio joven que afronta una pelea de las que hacen pensar las cosas dos veces. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, revivan la relación con la idea de mudarse a París, un engañoso sueño de juventud que acabará por destruirlos. Su relación transcurre por tres periodos diferenciados marcadamente, incluso en su tratamiento.

Los Wheeler
El primero muestra a la pareja en crisis. Luego de una breve introducción en la que Frank (Leonardo di Caprio) y April (Kate Winslet) se enamoran, aparecen como un matrimonio que colapsa. Después de la pelea del carro, parece que no queda más que recordar el comienzo o sacar los pies del plato.
Aquí es donde proliferan los flashbacks, pues son uno de los motivos recurrentes de este periodo. April reacciona recordando los buenos momentos, que describen el amor que hubo y que al mismo tiempo le proporcionan la idea para recuperarlo: mudarse a París y empezar de nuevo en ese lugar con el que soñaban cuando eran jóvenes.

Frank, por su parte, le saca la vuelta con una secretaria de Knox, donde él mismo trabaja y con muchos otros forma parte de la gran masa homogénea que se viste con terno y sombrero, toma el tren y sale a trabajar todas las mañanas idénticas: el asalariado de la era industrial. Aunque el otro tema no es la sociedad de consumo, sino la desmitificación de la idea de que cada pareja es especial.
Existe un dibujo de Quino en el que en la primera viñeta aparece una pareja diciéndose que su amor es único y especial, y en la segunda vemos a muchas parejas iguales repitiendo exactamente lo mismo. Los Wheeler no son especiales ni diferentes, sino al contrario: podrían ser cualquiera, pero porque cualquier amor es igual a cualquier otro. (Que no lloren los románticos). Romeo y Julieta luce como un gran amor porque justamente se trata de un arquetipo. Por eso el amor vende tanto, pues con él nos identificamos todos.

París
El sueño de mudarse a París genera y comprende el segundo periodo. April convence a Frank y ambos viven en una fantasía que en principio nadie entiende. Todo parece irreal, pero no en un sentido onírico, sino en el de una atmósfera idealizada, típica de la perfección del Hollywood productor de sueños que tanto glorificó el american way of life. Hasta la música y el tratamiento comparten lo vaporoso. Ante los ojos del espectador, se encuentra la pareja perfecta, aquella del suburbio en Connecticut con los dos hijos chicos.
Al comienzo, el único que les da la razón es un loco: John Givings (Michael Shannon) un ex-matemático más bien quemado, hijo de la mujer que les vendió la casa, Mrs. Helen Givings (Kathy Bates), quien también ve en los Wheeler la encarnación de la pareja perfecta. Solamente este hombre alienado parece entender los motivos idealistas de los que la pareja está profundamente convencida. ¿Por qué no dejarse llevar? ¿Por qué no seguir el camino de las pasiones? Y lo curioso es que poco a poco, deja de parecer una idea absurda. Los protagonistas creen de tal manera en su sueño que gradualmente se antoja como una solución posible.

En este periodo, se reúnen varios paradigmas de la perfección de pareja que luego serán destrozados. Por eso Sólo un sueño se encuentra lleno de símbolos: la época es la más idílica de los Estados Unidos, un momento de bonanza en que las vidas de molde de suburbio florecían; Connecticut, el estado de la tranquilidad familiar por excelencia; Leonardo di Caprio y Kate Winslet, la parejita de Titanic; todo ese idealismo será desmitificado en el tercer periodo. Con razón que el único que verdaderamente les daba bola era un loco.
El amor
Al último periodo lo caracteriza la discusión. Si bien ésta se encuentra presente a lo largo del film, en este tercer periodo alcanza su momento culminante. La cámara ahora se encuentra en mano, la iluminación gana expresividad, ha anochecido. Y Frank y April se harán pedazos con palabras. Han despertado a la cruda realidad: a Frank le ofrecen un ascenso, April queda encinta. París vuelve a lucir como lo que siempre fue, una ilusión. Cuando el sueño se rompe, la relación se resquebraja. Se descubre que el amor mismo también era sólo un sueño.

Entonces es cuando el film cobra mayor fuerza, cuando se muestra el lado crudo de las relaciones de pareja. El camino recorrido fue el requerimiento imprescindible para tumbarse el mito. Ahora todo queda claro. Salvando las distancias, la tesis recuerda a Bergman y a Cassavettes: ¿qué es al amor? Cualquier cosa, menos perfecto.
Por Eugenio Vidal
Acontecimientos ante los ojos de un insecto

Ben Stassen – Vamos a la Luna (Fly Me to The Moon, 2008)
Esta producción belga tiene la ventaja de estar realizada únicamente para cines que posean salas digitales y para ser vistas en 3D. Obviamente, es una apuesta muy arriesgada para un público muy especial como son los niños de ahora.
La historia se divide en dos partes. En la primera división veremos a Nat, una mosca que lucha por cumplir su sueño de vivir una gran aventura: ir a la Luna. A ella se le unirán sus amigos IQ y Scooter. Estos tres amigos entregarán al espectador un ejemplo de amistad y humor familiar, sin dejar de lado la aventura que ellos vivirán mientras sean parte de la historia.

Si apreciamos a los personajes con ojo crítico, nos daremos cuenta de que no hay mucha construcción en ellos ya que cada uno de estos contiene un estereotipo que se ha usado durante mucho tiempo; además, no hay ningún esfuerzo por intentar conocer su psicología. De otro lado, cabe destacar también la apariencia de estos personajes, que sin duda, a algunos hará recordar a Alvin, Theodore y Simon de Alvin y las Ardillas (Alvin and the Chipmunks); puede que eso no lo noten los chicos lo cual representa un pequeño tropiezo ante la ausencia de un perfil nuevo en la creación de personajes.
En la otra parte de la historia, se dejan ver los sucesos que ocurrieron en la Tierra mientras las moscas aventureras estaban en la Luna, principalmente el punto de vista de las madres de los jóvenes astronautas y del abuelo de Nat, un señor de avanzada edad que presenta a la aventura como parte de la vida y que si no hubiese tal, no habría motivo para seguir existiendo.

Este personaje, cuya voz es caracterizada por el reconocido actor Christopher Lloyd, contiene un perfil de personaje mucho más completo que el de los personajes principales; además, se presenta como un héroe veterano y un ejemplo a seguir para su nieto.
Otra característica de esta parte de la historia es que contiene antagonistas que evitarán que los astronautas (tanto humanos como insectos) no vuelvan a la Tierra. Es importante destacar que en Vamos a la Luna se presentan hechos reales e históricos en los que existió un conflicto y una competencia entre los norteamericanos y los rusos en la lucha por quién conquistaba primero la Luna.

En este caso, lo muestran de manera animada junto con moscas y otros insectos para evitar la violencia; y dejando claro que en esa época estos países no eran muy amigables entre ellos. El público infantil se le instruye con la información acerca de la historia de la humanidad y avances tecnológicos de la época.
En el aspecto de la musicalización, la cinta pone música y canciones de aquellos tiempos, entre las cuales destaca la canción “Fly me to the Moon” de Bart Howard, que se convierte en un icono de la película toda (además de ser este título el que le da nombre a la película en inglés.

Respecto a los personajes, de acuerdo con su apariencia física y los trajes utilizados, hay que decir que se adecúan bien al tiempo y a la ola que se vivía en aquellos años. Se aprecia además el estilo de trajes que usan cada uno de los insectos y los diferentes tipos de peinados y anteojos que habían en dicha época lo cual hace que nos situemos más en el año en que se vivió la experiencia del Apollo 11.
Un hecho importante de este film es el guión utilizado. Si bien Vamos a la Luna se presenta como un filme infantil, también se debe apreciar como un método de reconocimiento de los hechos ocurridos a la sazón en la humanidad y en la ciencia. Esta forma de “educar” de manera divertida hace que los niños puedan tener un conocimiento (tal vez inicial) en lo que respecta a un hecho importante dentro de la historia humana.

Finalmente, la cinta no cuenta con una ambientación óptima que haga sentir al espectador que está viendo una historia representada en la década de 1960; no obstante, se echa de ver una calidad de color impecable y una fotografía sobresaliente, que entrega un toque especial al estilo de la película.
Por Luis Augusto Venegas Gandolfo
El Lado Romántico de Jim Carrey

Peyton Reed - Si Señor (Yes Man, 2008)
En sus inicios, Jim Carrey no escatimaba esfuerzos para hacer reír. Un
experto en hacer muecas y en humor físico, Carrey se hizo conocido por papeles como Ace Ventura, el tipo más conocido por hacer que su trasero hable. Estas geniales habilidades de payaso lo hicieron una megaestrella, pero con el tiempo, Carrey fue cambiando de registro.
Para sorpresa de muchos, el otrora cómico con la cara elástica resultó ser un muy buen actor, en filmes como Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos, El Majestic, entre otras. Así, se fue alejando de los papeles ridículos que le dieron fama. Para los que extrañan esta faceta, Sí Señor es un recuerdo del antiguo Carrey – pero hasta cierto punto.

Carl Allen es un tipo antipático que acostumbra rechazar cualquier cosa que se le cruce. Sus amigos le pierden la paciencia y francamente, si un personaje así de negativo no le cae mal al público es porque lo está interpretando Jim Carrey; de lo contrario, sería insoportable.
Carl es arrastrado hacia un seminario motivacional donde realiza un simple pacto: decirle que sí a todo durante un año. Es a partir de eso que la vida del personaje empieza a cambiar para bien y se ve envuelto en los enredos de rigor.
Así, Carrey vuelve a sus acostumbradas muecas y payasadas mientras vemos a Carl tomar litros y litros de Red Bull, pelear borracho, jugar Dance Dance Revolution y tener un encuentro íntimo con la amable ancianita de al lado (la única escena que podría considerarse vulgar, pero no por eso menos hilarante). Es en realidad una colección de viñetas en base a algo que muchos de seguro querrán hacer alguna vez en su vida.

Hasta que Carl conoce a Allison (Zooey Deschanel) y ahí lo que parecía otra comedia disparatada muta en un romance cuyo desenlace no resultará un misterio para nadie. Tenemos entonces no al Jim Comediante, sino al Carrey Galán – se podría decir que ya lo había hecho anteriormente en Eterno Resplandor, pero ese amorío era cualquier cosa menos convencional.
El comediante sale airoso de esta primera prueba como enamorado, más que nada por la excelente química que comparte con Deschanel. Las payasadas no se hacen extrañar porque le cogemos interés a la relación en poco tiempo.
Deschanel, por su parte, es la pareja perfecta: Allison es una de esas atolondradas espiritus libres que resulta tan adorable a pesar de sus excentricidades (enseñar una clase de fotografía “en movimiento” y cantando para una bizarra banda de rock alternativo que no se hubiese visto bien ni en los 80) que no queda más que enamorarse de ella.

Los secundarios de rigor se mantienen como tal, secundarios – destacando al actor Rhys Darby como el insoportable jefe de Carl, un nerd fanático de Harry Potter que se roba varias escenas con su irritante comportamiento.
Por cierto, la película también se burla sin reparos de los obsesivos fans del niño mago, (como si fuesen una nueva versión de los conocidos Trekkies) dándole la oportunidad a Carrey de hacerse pasar por Daniel Radcliffe.
Si Señor funciona entonces como una comedia absurda y como una comedia romántica a la vez. Es bueno ver a Jim Carrey hacer el payaso de nuevo (¿Existe alguien que pueda hacer esas muecas?), pero se le nota más maduro que en sus días de Ace Ventura. Pero al menos, todavía puede hacernos reir.

Este film es, entonces, un romance de fórmula escondido detrás de una comedia tonta. Ambas funcionan, sólo depende del público decidir cual prefiere ver.
Por Ernesto Zelaya
¡¡¡ganadores de la trivia cinerástica!!!

GANADOR DEL PRIMER PREMIO:
Nombres y apellidos: Marco Antonio Macavilca Cruz
DNI: 70572947
Publicación de correo enviado:
tocinefilia95@hotmail.com,
cinerastas@gmail.com
dateTue, Feb 17, 2009 at 12:43 PM
subjectFw: ¡Trivia cinerástica!
1. Cuál ha sido la única película sudamericana que ha obtenido la Cámara de Oro en el Festival de Cannes?
“Oriana” de Fina Torres
2. ¿En qué película de la década de 1980 coincidieron las grandes actrices Hanna Shygulla e Isabelle Huppert?
“Storia di Piera”
3. ¿Nombre 5 nacionalidades de directores que han trabajado con Juliette Binoche? Cubra por lo menos 3 continentes.
Anthony Minghella: Inglaterra
Michael Haneke: Alemania
Lasse Hallström: Suecia
Hou-Hsiao Hsien: China
Philip Kaufman: Estados Unidos
4. ¿Quiénes fueron los dos grandes directores europeos que obtuvieron el mismo año el premio ex aequo a mejor director en el Festival de Cannes?
En 1983 lo ganaron Robert Bresson por “L’Argent” y Andrei Tarkovsky por “Nostalgia”. Cabe mencionar que ese año el premio tomó el nombre de Grand Prix du cinéma de creation.
5. ¿Qué director norteamericano fue acusado de delación en la era Maccarthista?
Elia Kazan
GANADOR DEL SEGUNDO PREMIO:
Jorge Omar Chávez Díaz – DNI 07762607
Publicación de correo enviado:
from Jorge Omar Chavez Diaz
to Tambien Los Cinerastas Empezaron Pequeños <cinerastas@gmail.com>
subjectRe: Respuestas al concurso
b. Inglaterra
c. Philip Kaufman (USA)
d. Abbas Kiarostami (Iran)
e.Polonia.
5. Elia Kazan
No hemos publicado las direcciones de los correos electrónicos desde donde nos enviaron las respuestas porque no tenemos la autorización de sus remitentes; en caso ellos nos la den lo haremos.
César Guerra Linares
José Sarmiento Hinojosa
DIRECTORES
¡¡¡Y Llegó el Día!!!

Hoy 17 de febrero los fundadores y directores del blog: José Sarmiento Hinojosa y César Guerra Linares estamos celebrando el segundo año de vida de nuestro querido blog También los Cinerastas Empezaron Pequeños. Por tal motivo queremos compartir la celebración de esta fecha con nuestros redactores, colaboradores tanto nacionales como extranjeros, y con todos nuestros lectores, y también agradecerles grandemente por el apoyo otorgado.
Un día como hoy hace dos años lanzábamos oficialmente la primera edición del blog, aunque un mes antes de aquel 17 de febrero de 2007 habíamos publicado dos ediciones pequeñas pero que sólo fueron leídas por gente muy allegada a nosotros. De otro lado, no podemos dejar de mencionar a Gianmarco Gardella que junto con nosotros fue el fundador de este espacio dedicado a la pasión cinematográfica, pero que por motivos laborales no pudo seguir acompañándonos en este camino cinerástico; sin embargo, esperamos que pueda volver si no como parte del comité de redacción sí como colaborador con la escritura de algún artículo crítico.
En estos dos años el número de redactores y colaboradores ha aumentado siendo la mayoría de ellos gente joven que está haciendo sus primeras armas en el oficio de la crítica de cine. Esperamos que andando el año el número de críticos aumente y descubramos gente nueva con ganas de escribir y de expresar nuevas ideas.
Sin más que decir nos despedimos y esperamos que este blog continúe cumpliendo más años de vida y por supuesto que siga aumentando en lectoría cinéfila. ¡Salud con Todos!
César Guerra Linares
José Sarmiento Hinojosa
DIRECTORES
concurso segundo aniversario – ¡trivia cinerástica! ¡¡¡AMPLIAMOS LOS PREMIOS!!!
Queridos cinerastas:
En ocasión de tan importante fecha (nuestro aniversario número 2), hemos decidido agazajar a los verdaderos protagonistas de nuestro blog: Los lectores. Por ello, hemos organizado una pequeña trivia cinerástica que podrán contestar nuestros cinéfilos visitantes. A continuación las 5 preguntas:
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¿Cuál ha sido la única película sudamericana que ha obtenido la Cámara de Oro en el Festival de Cannes?
-
¿En qué película de la década de 1980 coincidieron las grandes actrices Hanna Shygulla e Isabelle Huppert?
-
¿Nombre 5 nacionalidades de directores que han trabajado con Juliette Binoche? Cubra por lo menos 3 continentes.
-
¿Quiénes fueron los dos grandes directores europeos que obtuvieron el mismo año ex aequo el premio a mejor director en el Festival de Cannes?
-
¿Qué director norteamericano fue acusado de delación en la era Maccarthista?
EL PRIMER CINERASTA QUE NOS ENVÍE LAS 5 RESPUESTAS CORRECTAS AL CORREO cinerastas@gmail.com, se hará acreedor a un apetitoso premio cinéfilo que consiste en:
1 DVD ORIGINAL de El Padrino, de Francis Ford Coppola.
1 DVD “BLUE POWDERS” de la gran película También los Enanos Empezaron Pequeños, de Werner Herzog, cuyo título dio origen al nombre de nuestro amado blog.
1 DVD “BLUE POWDERS” de Van Gogh de Maurice Pialat.
1 DVD “BLUE POWDERS” de Man Bites Dog, el controversial docuficción de los franceses Remy Belvaux, André Bonzel y Benoit Poelvoordes. Premio de la crítica en Cannes 1992.
1 DVD “BLUE POWDERS” de Las Flores de Shangai, del gran maestro taiwanés Hou Hsiao Hsien.
¡¡¡AMPLIAMOS LA TRIVIA!!!
Como ya tenemos a un ganador, extendemos los premios para un segundo puesto, éstos consisten en:
1 DVD “BLUE POWDERS” de Rescue Dawn, del maestro Werner Herzog.
1 DVD “BLUE POWDERS” de Buenos Días Tristeza de Otto Preminger.
1 DVD “BLUE POWDERS” de Marat/Sade la sorprendente, divertida y potente adaptación que hizo el director teatral inglés Peter Brooks de la obra del dramaturgo alemán Peter Weiss.
1 DVD “BLUE POWDERS” de Haze, inquietante película de terror del maestro Shinya Tsukamoto.
Bases del Concurso:
- Enviar, con las respuestas, sus nombres y apellidos completos y número de DNI.
- Este concurso es SOLAMENTE para personas QUE VIVAN ACTUALMENTE EN EL PERÚ O EXTRANJEROS RESIDENTES EN EL PAÍS.
- Tanto el ganador de primer puesto como el ganador del segundo puesto recibirán un correo por parte del blog, con especificaciones acerca de la fecha y lugar de entrega de los premios.
- Ningún miembro del blog (redactores o colaboradores), ni familiares ni colegas críticos de Cine podrán participar del sorteo.
- Tienen 1 semana de plazo para enviar sus respuestas. En caso hayan pasado días, anímense igual, pues si el ganador o ganadora no recogiera sus premios la fecha indicada, los que le siguen en orden tienen la posibilidad de concursar y llevárselos.
- SÓLO los correos con la 5 respuestas correctas serán considerados. No se apuren si no están seguros.
- Publicaremos el nombre del ganador en nuestra próxima edición del sábado 21 de febrero, y adjuntaremos la imagen de la hora y fecha del email enviado con respecto a los otros. Esto lo hacemos por cuestiones de transparencia.
Investiguen y ¡Mucha Suerte!
César Guerra Linares
José Sarmiento Hinojosa
DIRECTORES
festival de cine de berlín: palmarés de la 59 edición
Claudia Llosa (Oso de Oro por “La Teta Asustada) y Magaly Solier
A continuación, el palmarés oficial de la 59ª edición del festival de Berlín:
- Oso de Oro: ‘La teta asustada’, de Claudia Llosa (Perú-España).
- Premio Especial del Jurado: ‘Gigante’, de Adrián Biniez. (Uruguay-Argentina), y ‘Alle Anderen’, de Maren Ade (Alemania).
- Oso de Plata al mejor director: Ashgar Farhadi, por ‘Darbareye Elly’ (Irán).
- Oso de Plata al mejor actor: Sotigui Kouyate, por ‘London River’ (Reino Unido).
- Oso de Plata a la mejor actriz: Birgit Minichmayr por ‘Alle Anderen’, de Maren Ade (Alemania).
- Oso de Plata al mejor guión: ‘The Messenger’, de Oren Moverman y Alessandro Camon (EEUU).
- Premio Alfred Bauer: ‘Gigante’, de Adrián Biniez (Uruguay-Argentina), y ‘Tatarak’ de Andrzej Wajda (Polonia).
- Premio a la mejor ópera prima: ‘Gigante’, Adrián Biniez (Uruguay-Argentina).
- Oso de Plata a la contribución artística: Gábor Erdély y Tamás Szekely por el sonido de ‘Katalin Varga’.
- Premio del Jurado Ecuménico: ‘Little Soldier’ de Annete K. Ohleson. Menciones especiales: ‘London River’ de Rachid Bouchareb y ‘My One and Only’ de Richard Loncraine.
- Premio de la FIPRESCI: ‘La Teta Asustada’ de Claudia Llosa (sección oficial), ‘Nord’ de Rune Destand Langlo (Panorama), ‘Love Exposure’ de Sono Sion (Forum).
- Oso de Oro al mejor cortometraje: ‘Please Say Something’, de David O’Reilly (Italia).
“la ruleta china”: la vida como escenario teatral y auto-ocultamiento del “yo”

Rainer Werner Fassbinder – Ruleta China (Chinesisches Roulette, 1976)
La ruleta china es una de las mejores películas de Fassbinder donde se puede ver sintetizado lo que el director alemán quiere decir sobre el ser humano y no sobre una clase social en concreto, y esto lo añado yo, pues estoy harto de ver críticas de sus películas que no cesan de hacer referencia a un único apartado, la crítica a la clase burguesa. No digo que esto no sea algo que Fassbinder quiera criticar en sus films, pero de lo que estoy seguro es de que no es su principal objetivo y lo único que conseguimos al ver el cine de este gran director de esa manera es reducirlo a una visión “panfletaria” y en cualquier caso pseudo política, en definitiva se simplifica su trabajo y se le hace un flaco favor a este gran artista.
Me acuerdo de una frase del “hombre-citas” por excelencia del cine (Jean-Luc Godard) “No se deben hacer películas políticas, sino hacer películas políticamente”.
Aunque no se si él mismo cumple lo que dice en esta frase y es bastante dubitable, si sé que Fassbinder lo hace. En pocas películas he visto el teatro tan unido al cine, no hablo sólo en el aspecto formal, que es más que evidente, pues hay múltiples huellas de teatralidad en la cinta y en general en todo el cine del alemán (también era director teatral), sino del aspecto teórico, es más, del aspecto profundo y último de la cinta.

La película en líneas muy generales trata sobre una “trampa” hecha por una hija a sus padres para que se encuentren en la misma casa donde cada uno lleva varios años escondiéndose con sus respectivos amantes. Cada uno convive con sus amantes como si no se hubieran encontrado hasta que todo explota en un final magistral y necesario. Por este argumento parece una obra que en un principio parece trillada, fácil, simple, sin profundidad y mil adjetivos más que concuerdan con telefilmes de serie B.
Esto puede suceder por dos razones:
Por no saber ver cine, por lo tanto, no saber captar lo profundo (el mensaje, si se quiere) de lo que en apariencia parece simple, es decir, tener incapacidad de análisis. O por una segunda razón, que sería si cabe más triste: no haber finalizado la película. Fassbinder con pequeños detalles nos dice mucho. Con unas pocas imágenes se puede sintetizar el mensaje de la película. Trataré estas imágenes cronológicamente.

La primera a la que quiero hacer referencia es a un momento en el que Gabriel (Volker Spengler) recoge, al principio, el equipaje de Irene (Anna Karina) y Gerard Christ (Alexander Allerson) . Gabriel, sin poder contener su curiosidad, abre la maleta en la que se encuentra un consolador. Mientras acaricia su gran “descubrimiento” se da cuenta de la clase de acto que ha cometido, de la clase de persona que está siendo en ese preciso instante y lanza una mirada nerviosa y al mismo tiempo auto escrutadora al espejo que tiene al lado, esta mirada es tremendamente efímera, pero como bien dice la frase “hasta el más efímero instante tiene un ilustre pasado”, esta cita se puede aplicar a cualquiera de los detalles básicos-esenciales-fundamentales que quiero tratar de la película.
En ese efímero instante del que hablaba, se halla intrínsecamente todo el pasado de Gabriel. En esa mirada al espejo, ha tenido un instante lúcido y cuasi mágico que él no hubiera querido tener nunca, un instante de autoconocimiento, un momento en que se ha odiado a sí mismo, que si por él fuera no hubiera tenido nunca. Para él, como para todos los personajes de la película (aunque Irene además tenga uno material), su(s) propio(s) consolador(es), se halla(n) en una huída auto acordada con su conciencia, una huída de su propio “yo”, de su propia existencia (nos enteraremos después gracias a Angela (Andrea Schober) que Gabriel no escribe aquello de lo que presume).

Después de la primera noche en la casa, Angela se despierta y abre las puertas de los dormitorios en los que se encuentran sus padres, no juntos, sino cada uno con su respectivo amante. Vemos que en el primer dormitorio que abre se encuentran Irene y su padre. Irene se encuentra en una situación muy “flaubertiana” propia de “Madame Bovary”. Está mirando al horizonte por la ventana, fatigada de su propia existencia, aquejada de melancolía, seguramente melancolía por ver en lo que se ha convertido su vida. Puede que en ese preciso instante también ella sueñe ver en el horizonte a un buen hombre que le haría encontrar la felicidad, que le haría desprenderse de la realidad en la que se encuentra, pero que ella misma no quiere mirar y ni mucho menos aceptar. Ella va intentando autoconvencerse de que vive en una pantomima inconsciente y continua, donde su único colchón-consolador que le impide contactar con la realidad es esa huída de su propio yo. En el caso de este personaje tal vez sea algo más radical que una huída, tal vez Irene no quiere llegar a sentirse individuo, la vemos como medio suspendida en una pseudo-existencia, en una existencia inefectiva que parece que no quiera llevar a cabo, su actitud parece de permanente espera, por eso su figura es melancólica, porque vemos una persona que espera, sin darse cuenta de que lo que espera no depende de nada que no esté en su interior. Gerard Christ se encuentra en la cama seguramente intentando soñar que puede no dejar de hacerlo.

En la siguiente habitación vemos a su madre, Ariane (Margit Carstensen) acompañada de su amante (Ulli Lommel). En esta secuencia vemos el primer indicio de caída o mejor dicho de ascensión (bien entendido el término) de su madre al autoconocimiento, a su yo. La vemos en una posición propia de reflexión, desnuda y medio angustiada, al borde del llanto (casi como una estatua de Rodin). Está desocultándose, como dirían los griegos, aletheia, el desocultamiento para descubrir la verdad. Por ello se quita de encima a su amante que se pone encima de ella al marcharse su hija, intentando ahogarla, no dejarla ver(se). Vemos que a Ariane es a la que más se le nota el odio a su hija, digamos que es la causante que ha propiciado ese inicio indeseado de desocultamiento. Esto es básicamente en lo que consiste el personaje de Angela, su única función es ir desocultando el velo que sus propios padres se han puesto.
Tal vez, el único fallo de la Angela, esté en su creencia de que sus padres empezaron a dejar de quererse cuando ella empezó a tener problemas físicos. Está más que claro que nunca se quisieron, lo que seguramente más les moleste a sus padres es tener que ver todos los días un ser que ha nacido de una mentira, de un amor fingido. Ver que su propia mentira no sólo ha quedado en su propia conciencia, sino que de su fingimiento ha nacido una persona, su hija ha surgido de dos seres que nunca han estado ligados, y ahí Fassbinder estuvo muy lúcido al poner un personaje discapacitado físicamente. También demuestra su genio al hacer que la acompañante de la niña sea muda, ya que la película representa una pantomima, palabra que tiene dos significados (representación por figura y gestos sin que intervengan palabras, y, comedia, farsa, acción de fingir algo que no se siente). En definitiva la niña representa la verdad y su acompañante la pantomima. Las dos partes esenciales del filme.

Por ello en uno de los finales más magistrales de la historia del cine, la madre no puede matar a la verdad, dispara a la pantomima. Por fin ha desocultado su ser, dispara a la mentira, a la farsa, a la existencia como representación teatral, y se abraza a Gerard Christ. La película acaba ahí. De una relación fundamentada en el (auto)engaño, a una relación que puede salir bien o mal, pero ya no se basará en la mentira, porque la mentira ha sido asesinada por la mentirosa, que ha llevado a cabo un desocultamiento que básicamente ha sido pleno a través de un juego (la ruleta china), un juego que es la vida, un juego al que le ha hecho jugar la misma que le hizo dejar de hacerlo, su hija.
Tal vez por todo esto Fassbinder fuese adicto al valium, whisky y a la cocaína. Por no querer acercarse a la esencia de su propio ser, o mejor, Fassbinder se acercó a su propia esencia, no a través de una introspección de su propia conciencia de manera directa, sino a través del cine. Es necesario recordar que para el director alemán el cine es mentira 25 veces por segundo, esto tiene una razón y es muy clara. Para Fassbinder las relaciones humanas y el ser humano en general es una mentira auto-acordada, con tu conciencia y/o con otros y la vida es un escenario en el que podemos elegir seguir ocultando nuestra esencia o desvelar nuestro propio yo.
Por Alejandro Matesanz Pineño
surrealismo y cine, en torno a la cuestion

“Amada imaginación, lo que más amo en ti es que jamás perdonas”
André Breton.
¿Surrealismo en el cine? Hacia una definición…
Ir hacia una definición del Surrealismo y sus atribuciones supone, en definitiva, sesgar la propia característica del término entendido como corriente artística. Se deben tener en cuenta diversos factores que fundan la corriente como, por ejemplo, el hecho de que toma directas influencias del dadaísmo, un movimiento vanguardista que propugnó un denotado rechazo a la representación del mundo sensible en el arte, eran tiempos en los que se realzó la introspección a la imaginación y la apología a la irracionalidad.
Al respecto se pronunció André Breton: “Todavía vivimos bajo el imperio de la lógica, y precisamente a eso quería llegar. Sin embargo, en nuestros días, los procedimientos lógicos tan sólo se aplican a la resolución de problemas de interés secundario. La parte de racionalismo absoluto que todavía solamente puede aplicarse a hechos estrechamente ligados a nuestra experiencia. Contrariamente, las finalidades de orden puramente lógico quedan fuera de su alcance. Huelga decir que la propia experiencia se ha visto sometida a ciertas limitaciones. La experiencia está confinada en una jaula, en cuyo interior da vueltas y vueltas sobre sí misma, y de la que cada vez es más difícil hacerla salir (…)Quizá haya llegado el momento en que la imaginación esté próxima a volver a ejercer los derechos que le corresponde.[1].

André Breton
Es resaltante destacar el hecho de que a Breton no le interesaban las actividades ‘útiles’. La acción humana es decadente pues se funda en la acumulación y no busca liberar su intrínseca creatividad, sólo asume y adapta las condiciones en que vive, por ello, el arte se funda como un soporte fundamental para plasmar los objetivos de la vanguardia.
La reivindicación del subconsciente y la imaginación se producen de manera simbólica en el arte y es en la pintura donde ganó una mayor notoriedad. Es importante tener en cuenta un contexto que veía pasar tendencias artísticas de forma intensa pero efímera a su vez, por ello la dificultad de entender al Surrealismo viéndolo de lejos. Así pues: “La definición pública del término no puede omitir, tampoco, en un primer análisis, un dominio común que se usa para describir una serie de movimientos de las bellas artes en particular y de la cultura en general que se produjeron en las primeras décadas del siglo XX. Es lo que propiamente se denomina movimientos históricos de vanguardia. Así, el vocablo está inevitablemente teñido de las imágenes colectivas que se poseen sobre movimientos tales como el cubismo, el expresionismo, el futurismo, el dadaísmo, el constructivismo, el surrealismo, el ultraísmo, el novecentismo y otros muchos ismos”[2]. La etimología de por sí: surréalisme; sur [sobre, por encima] más réalisme [realismo]).
El condicionamiento el público a los movimientos de vanguardia, por tanto, resulta coyuntural e incluso acomechado. Por ello, suele atribuirse cierto carácter elitista a estos movimientos en tanto son entendidos por unos pocos. En el caso del surrealismo, se dio esta situación y aquellos que producían ‘surrealismo’ son los que podían definir qué encajaba en sus estándares y qué no.
Por ejemplo, en el caso del cine, existen muy pocas películas surrealistas (por consenso teórico posterior a la corriente) y ello se debe al directo vínculo contextual e histórico que considera Un Chien Andalou, L’age D’or y los cortos de Man Ray y Dulac como la única producción surrealista en cine. Sin embargo, hay directores contemporáneos como Lynch, Jeunet, Jodorowsky. Atanes o Medem, entre muchos otros, de los que se podría decir que producen surrealismo, pero los formalismos insertan la palabra ‘influencia’ en lugar de afirmar lo que realmente sucede y hacen: trascender la realidad en la narración fílmica. Esto, en mi opinión, debiera ser considerado ‘surrealismo’.
Los fundamentos de la concepción del surrealismo parten de la realidad. Ya teóricos del conocimiento de Antaño como John Locke o, más cercanos, como Jean-Paul Sartre en La imaginación afirman la imposibilidad de concebir formas nuevas que trasciendan la representación del mundo. La imaginación puede modificar todo aquello que ha sido percibido, la creación de nuevos significantes parte siempre de elementos reales del mundo sensible.
Es por esta razón que se le brindó muchísima importancia al psicoanalista más célebre hasta hoy: Sigmund Freud. “Con toda justificación, Freud ha proyectado su labor crítica sobre los sueños, ya que, efectivamente, es inadmisible que esta importante parte de la actividad psíquica haya merecido, por el momento, tan escasa atención”[3].

Luis Buñuel
Breton nos muestra un halo Schopenhaueriano en su análisis de los sueños. Le brinda fundamental importancia a la construcción humana de la representación y explica que dentro de los límites en que se produce (o se cree que se produce), el sueño es (según las apariencias) continuo con trazas de tener una organización o estructura. La memoria se encarga de la imposición de la continuidad, de no tener en cuenta las transiciones y de ofrecernos antes una serie de sueños que un solo sueño propiamente dicho. Del mismo modo, “únicamente tenemos una representación fragmentaria de las realidades, representación cuya coordinación depende de la voluntad”[4].
Si anteponemos ese nivel de espontaneidad del sueño a la producción del cine, no podría decirse que el cine es una producción surrealista en términos rigurosos. Entre las artes, es la que requiere una mayor elaboración y equipo de producción previo, por ello, es interesante el mero hecho de pensar que el cine, siendo muy joven, a inicios del siglo XX, pueda transgredir las normas de la realidad de la misma manera que lo hizo la ya consagrada pintura.
‘Hacer Surrealismo’ en cine, entonces, era más que osado. Debido a que la idea preconcebida contiene un guión, el desorden expresado se encuentra preconcebido y el escepticismo en torno al cine fundó un debate muy interesante en aquel entonces y aún sigue vigente. Se da cierto carácter de necesidad de inclusión del séptimo arte: “La vanguardia cinematográfica se plantea como una legitimación artística, como el esfuerzo de asignar al cine un estatuto cultural que hasta ese momento no había tenido o lo había poseído de un modo parcial y no lo suficientemente establecido”[5].

Sigmund Freud
Tal reivindicación cultural se dio una vez se vieron los sorprendentes resultados que mostraron un enorme grado de heterogeneidad y aquella capacidad de emulación onírica de modo fiel, tal y como percibimos el mundo aunque proyectado y en blanco y negro. Y hubieron, claro está, conservadores que afirmaron la “desmaterialización del objeto artístico”.
A pesar del debate, esta heterogeneidad promovió la subdivisión de las vanguardias en tres. En primer término se habla de una vanguardia impresionista, cuyo objetivo consistía en el deseo de innovar formalmente el sistema de representación cinematográfico desde el interior de la industria. René Clair y Henry Chomette son dos de sus más importante representantes.
La segunda vanguardia recae en el cine dadaísta o surrealista, pero acoge también tendencias estilísticas y, por último, la tercera vanguardia que se dio en el cine independiente y documental.
Un vínculo entre estas lo plantea Manuel Palacio de modo tajante: “Desemenjanzas, pues, entre concepciones de lo que es (o de lo que era) la vanguardia cinematográfica, pero que ocultan, al fin y al cabo, un hecho importante que suele omitirse: en aquellos años el concepto de vanguardia se aplicaba genéricamente a todas las películas que se desviaban del cine comercial, sea cual fuere su inscripción a un determinado movimiento”[6].
Se dio una extraña solidaridad en aquel entonces. Los vanguardistas cinematográficos exhibieron un gran desinterés por la institución del cine. “Rechazaron por lo general la posibilidad de entrar en el engranaje industrial de esa institución, o tuvieron penosas dificultades para lograr ingresar en él (como Dulac o Buñuel). Pero lo más paradójico es que aportan interesantes soluciones a diversos problemas fílmicos que, más pronto o más tarde, han sido apropiados por la propia industria”[7].

Rene Clair
El poder adopta aquello que lo ‘amenaza’ y en buena hora en el caso del cine. De esta manera, las ansias de romper con los cánones formales y ‘dar la contra’ suponen mayores esfuerzos y quizá hemos llegado al punto en que ‘todo se ha hecho’, o mejor dicho, ‘todo se ha visto’. Al menos hay ciertos contenidos que trascienden la esfera comercial y tocan una moral universal (el hipotético caso de que una película snuff llegue a salas comerciales no es concebible en estos días).
Podemos decir, entonces, que ‘lo trasgresor’ en materia de gustos tiene límites éticos, fuera de esa esfera, las prohibiciones son insulsas puesto que recaen en la cuestión del gusto. El deseo de crear distintas atmósferas, ambientes distintos y efectos visuales nuevos buscaban, en un trasfondo, generar conciencia de la realidad y sobrepasarla. No un goce estético de modo convencional (y todavía reprochado en los inicios del cine).
En el plano técnico de las películas surrealistas, el ritmo debía ser conseguido tanto por variaciones en el montaje, escalas de los objetos representados, tiempo de duración de los planos, entre otras operaciones. René Clair da cuenta de tres puntos interesantes a revisar: “Yo distinguí tres factores en el ritmo de un film, gracias a los cuales uno puede establecer una cadencia no muy diferente a la que poseen los versos latinos: 1) La duración de cada plano. 2) Alternancia de escenas o motivos de la acción (movimiento interior). 3) El movimiento de objetos filmados por las lentes (movimiento exterior: interpretación del actor, la movilidad del decorado, etc.)”[8].
Con la cita de Clair se confirma aquella imposibilidad del surrealismo que se desprende de la voluntad. Por tanto, no importa la técnica en sí, más bien aquello a lo que lleva. El automatismo psíquico puro no puede darse en la producción de una película pero el mensaje que nos da funda la intencionalidad. Una intencionalidad que se ve muy bien plasmada en la cita final del Manifiesto surrealista de Breton:
“El surrealismo, tal como yo lo entiendo, declara nuestro inconformismo absoluto con la claridad suficiente para que no se le pueda atribuir, en el proceso el mundo real, el papel de testigo de descargo. Contrariamente, el surrealismo únicamente podrá explicar el estado de completo aislamiento al que esperamos llegar, aquí, en esta vida. El aislamiento de la mujer en Kant, el aislamiento de los «racimos» en Pasteur, el aislamiento de los vehículos en Curie, son a este respecto, profundamente sintomáticos.
Este mundo está tan sólo muy relativamente proporcionado a la inteligencia, y los incidentes de este género no son más que los episodios más descollantes, por el momento, de una guerra de independencia en la que considero un glorioso honor participar. El surrealismo es el «rayo invisible» que algún día nos permitirá superar a nuestros adversarios. «Deja ya de temblar, cuerpo». Este verano, las rosas son azules; el bosque de cristal. La tierra envuelta en verdor me causa tan poca impresión como un fantasma. Vivir y dejar de vivir son soluciones imaginarias. La existencia está en otra parte”[9].
Por una Edad de Oro del Amour fou…
“La imagen no puede nacer de una comparación, sino del acercamiento de dos realidades más o menos lejanas”
Paul Reverdy.

La edad de oro es uno de los más importantes (sino el más) documentos del surrealismo en el cine. Esta película filmada por Luis Buñuel y Salvador Dalí nos muestra una consecución de escenas que buscan perseguir cierta linealidad. La misma no se funda narrativamente hablando debido a los desacuerdos de los directores para plasmar los gags que tenían pensados.
El resultado final, no obstante, nos muestra una fría objetividad de lo sucesivo, enarbolando así una crítica social denotada debido a que, por convención, ocurres acciones que serían deplorables en un marco contextual civilizado. Buñuel resume el argumento de la siguiente manera:
“La historia de La edad de oro es también una secuencia de moral y estética surrealista alrededor de dos figuras principales, un hombre y una mujer. Se desglosa el excitante conflicto de toda la sociedad humana entre el sentimiento del amor y cualquier otro de orden religioso, patriótico o humanitario: aquí también son realistas los personajes y pasajes pero el héroe está tan animado por el egoísmo que imagina amorosas todas las actitudes, excluyendo el control u otro sentimiento. El instinto sexual y el sentimiento de la muerte forman la sustancia del film. Es una película romántica, realizada con todo el frenesí del surrealismo” (Buñuel, en Sanchez Vidal, 1984: 67)[10].

Es interesante, pues, repensar el debate que se produjo entre Dalí y Buñuel a la hora de filmar la película. Teniendo en cuenta que pretendían romper con la lógica de la narrativa en el cine, cabría decir que una posible justificación a la discusión entre ambos se da debido al conflicto de egos más que por la propia construcción de la narración.
La atribución vanguardista que se le hace a La edad de oro resulta indicada en el mayor sentido de la palabra, puesto que, como veremos adelante, se trata de una película muy crítica en el aspecto simbólico. Manuel Palacio recoge una reflexión en torno a las corrientes de cine vanguardistas:
“Hasta aquí el cine de vanguardia; un periodo histórico en el que surgieron diversas inquietudes en muchos países europeos con el fin de ampliar los márgenes de aquellos modos de representación (y también presentación de los films al público) que la maquina de Hollywood estaba imponiendo en todo el mundo. Obviamente, el combate era desigual, y un poco ingenuo, aunque a diferencia de las otras vanguardias históricas, las pictóricas y las literarias, las vanguardias cinematográficas no se enfrentaban a un lenguaje tan hecho y pacientemente sedimentado. Después de todo, nacen poco después del propio cinema, y son una emulación de sus predecesoras en los otros medios las vanguardias cinematográficas. Desde la Atalaya de la contemporaneidad podemos creer que las vanguardias cinematográficas más que para revolucionar un lenguaje, han servido para ensanchar sus elementos y para colaborar en su articulación, y, desde otra perspectiva, en establecer para el cine una proyección al resto del ámbito cultural. No es poca cosa. El esfuerzo mereció la pena”[11].

Regresando a la película, un aspecto técnico a remarcar lo vemos en el uso de los subtítulos. Éstos son singulares al ser usados en forma escasa y a veces sirven para contextualizar el film y en otros momentos resultan referencias irrelevantes o sin sentido.
“L’age d’or cataloga los hechos, ofrece el balance más vasto de opresiones jamás proyectado sobre una pantalla; pero no es, ni mucho menos, una estadística muerta, a punto para ser clasificada en los archivos que enriquecen el patrimonio apergaminado de la cultura occidental”[12].
Así pues, la película comienza como un documental de escorpiones en el que los subtítulos nos brindan información respecto a su manera natural de defenderse e interactuar con sus depredadores. La alegoría a los mismos de alguna forma funda sentido si es que hacemos una analogía con el modo de interactuar de las personas, herméticas, defensivas, ‘guardando siempre el aguijón’ y no para defendernos, más para hacer daño. Se deja a entrever el carácter poco sociable de los escorpiones.
El ‘documental’ finaliza mostrando un escorpión peleando contra una rata y de pronto aparece el subtítulo “algunas horas después” y la imagen encadena un grupo de obispos en medio de un paisaje rocoso, nos encontramos en un clima de surrealismo pleno sin haber abandonado el realismo categóricamente.
Empieza a calar la ironía en la narración, en principio porque el salto es sumamente brusco y después porque damos cuenta en un plano cerrado que los obispos se están pudriendo. Éstos cantan el Dies Irae, típico canto de celebraciones fúnebres. Se denota una crítica al clero y se plasma la decadencia que vive la iglesia.

Cerca de ese lugar hay una choza con un grupo de revolucionarios que matan su tiempo de modo muy extraño, manipulando objetos. Uno de los disidentes estuvo cerca de los obispos y se muestra muy alarmado. Al parecer. Contagia al grupo y estos salen. Viene una cita fuera de todo realismo en el momento en que un desarrapado peón tropieza y le dice a uno del grupo: “Sí, sí. Pero vosotros tenéis acordeones, hipopótamos, llaves, jefes, trepadores…y pinceles”
Este breve e ilógico subtítulo da pie a muy diversas interpretaciones dado el azar de los significantes. Sin embargo, quizá nos enfocamos en los pinceles, damos cuenta de que éste no apoya la violencia, sino más bien, el arte. El grupo prosigue su avance hasta que llega la orden súbita: “Los mallorquinos están allí. ¡A las armas!”. Cabe resaltar que la semejanza entre la secuencia de guerrilleros y La Aventura de Antonioni es notable.
De pronto se encadena una imagen de llegada de botes con gente de aparente alta alcurnia, una vez congregada la multitud una autoridad coloca la piedra de la ciudad, en el momento en el que se parece que se va a pronunciar un discurso, un hombre y una mujer interrumpen al hacer el amor en el barro. Los gritos de la mujer (Lya Lis)legan a oídos del grupo. Es el escándalo. El hombre (Modot) es detenido por hombres de seguridad. Con todo y con ello, Modot se revela al pegarle un puntapié al perrito de una viuda mallorquina. Seguidamente, asistimos a la imagen de la materia fecal y con ésta se funda la ciudad. La superposición de la escena de lascivia entre los dos amantes en el barro simboliza la conjunción del amor con la podredumbre.
“En L’age d’or la fundación de Roma no tiene más importancia que el aguijonazo de un escorpión, o dicho con otras palabras, Roma es tan perniciosa como un escorpión: su dardo envenenado es el Vaticano”[13].

“A veces, el domingo…” Este título supone la transición de la fundación de Roma a unas escenas muy particulares: Las casas, se derrumban con la misma naturalidad con la que brotan las flores. De esta manera, los directores demuestran de modo exponencial, la naturalidad con la que el hombre destruye aquello que crea, la pulsión y la encrucijada del progreso que no permite un orden ‘humilde’ en la disposición de las cosas del mundo.
Vemos a Modot. Indiferente a todo lo que no es la mujer deseada, éste va pateando un violín hasta pisarlo. Al mismo tiempo, Lya Lis entra en su dormitorio y se encuentra una vaca descansado en su cama y la insta a marcharse como si se tratara de una mascota normal.
“El son del cencerro crece en intensidad a la vez que se mezcla con los ladridos de unos perros, provenientes del parque frente al que se encuentra Modot: dos deseos se buscan, se llaman, se responden. El mundo se abisma en el lirismo”[14].
“En la Roma Imperial, visiones de los dos amantes por separado, pensando en el otro, puesto que no pueden estar juntos→todas guardan relación con el deseo sexual (hombre que camina con un cartel publicitario de unas piernas en la cabeza) o la mastubación (dedo vendado de Lya Lys, vaca sobre su cama como símbolo de su aburrimiento sexual”[15]).
Cabe acotar que la edición de la película privilegia transiciones muy fuertes. El impacto visual nos demuestra una constante al partir del plano general (y de conjunto) al primer plano en el que se suele mostrar piel. La constante referencia a los mallorquines (nombre vinculado a las personal de la ‘alta sociedad) también llama la atención. De pronto las imágenes nos muestran una fiesta de gala en la que damos cuenta de la fijación por los susodichos. Una conversación entre el director de orquesta y un invitado:
- “Los mallorquines llegarán a las nueve”
- “¿Y los músicos?”
- “Hemos contratado a cuatro…Seis cerca del micrófono harán más ruido que sesenta a diez kilómetros”

Este tipo de frases anodinas demuestran la dificultad de la comunicación humana. Las conversaciones se han vuelto triviales. No importa hablar, entonces, sin sentido, solo se habla por hablar.
La edad de oro puede entenderse como un film más moral que poético, aparece con una gran claridad ofensiva en contra de la ética de la civilización y de las sociedades en que vivimos, frente a la cual acomete la defensa de un gran amor prohibido.
Modot, en sus ansias de partir al encuentro de su amada, exhibe sus títulos y credenciales. Por ello, sus captores lo dejan ir. Antes de tomar un taxi, Modot ‘aprovecha’ para golpear a un ciego que pretendía tomar el mismo taxi y parte en búsqueda de Lya Lis, quien se encuentra aburrida en la fiesta.
El siguiente fragmento de la película supone el punto álgido en la narración: Labios se muerden, presencia de manos y se expone nuevamente el dedo vendado de Lya Lys.
La recepción alcanza su plenitud. Los invitados no le prestan atención a cuanto sucede a su alrededor. Asistimos a Imágenes sumamente surreales como una carreta ocupada por obreros bebiendo atravesando el salón, en incendio en la cocina y la criada asfixiada saliendo de la misma ( y termina por desmayarse), todo esto con una naturalidad que choca al espectador. Ni siquiera el disparo proveniente del jardín producido por el guarda bosques para matar a su hijo mueve un poco a este grupo enajenado. Este hecho, más bien, suscita un estupor pasajero.
Modot y Lya Lis se encuentran y se ven entre copas de champaña. Ello ocasiona una torpeza por parte de una señora aledaña a Modot, quien bota un poco del líquido en su pantalón, Este responde con una sonora cachetada y se produce la indignación por parte de los asistentes a la fiesta y le increpan a Modot su actitud.
Aquí damos cuenta del desorden de prioridades que tiene el ser humano. Una cachetada por una torpeza importa más que un asesinato. El orden de intensidad de los acontecimientos llamaba a que, de pronto, los mallorquines reaccionaran. Y lo hicieron, pero por la acción menos relevante. La crítica a los juicios morales es planteada aquí de soberbia manera. Tras el incidente. Lya se va del salón y Modot la sigue…
Se da una secuencia muy interesante: El primer ministro llama a Modot y este le dice: “¡Canalla! Por mí puedes reventar”, en el otro extremo del hilo vemos al ministro sofocado y termina suicidándose. Lo peculiar de la escena, además de la respuesta de Modot, lo vemos cuando el ministro ‘cae’, literalmente, al techo.
El encanto no continúa pues ahora el director de orquesta se acerca a Lya en medio de un ensordecedor redoble de tambor y la besa en boca (ella se arroja en sus brazos). Esto ocasiona la ira de Modot, quien defenestra una serie de objetos por la ventana: un árbol en llamas, un obispo, una jirafa y rasga almohadas formando una nube de plumas. “Resulta una novedad el uso de la voz en off, por primera vez en la historia del cine: Lya Lys dice, totalmente fuera de contexto: “!Qué alegría haber matado a nuestros hijos!”, mientras suena el pasaje de la muerte de Tristán e Isolda de fondo”[16]. Se funda la conjunción de Eros y Thanatos.
Cabe resaltar, sobremanera, un elemento muy recurrente en las películas de Buñuel: el fetichismo por los pies. Así pues, se le brinda un tiempo considerable a Lya Lis lamiendo los pies de una estatua.
“Los críticos han insistido con frecuencia sobre las obsesiones de Buñuel: insectos, tullidos, mendigos, pelo, pies, etc. Si nos quedamos en la pura materialidad de estos símbolos y motivos, se podría decir, después de tantas repeticiones, lo que el viejo poeta le dice a Orfeo en la película de Cocteau: ‘Enfin-étonnez-nouz!’”[17]
La intimidad de la pareja aún no llega a consumar. El amor es detenido por acontecimientos absurdos y sigue prolongándose las ansias.
“La última secuencia del film constituye un homenaje al Marqués de Sade. Los supervivientes del Castillo de Selliny, de las 120 Journées de Sodome, salen por el puente levadizo después de una noche de orgía. Uno de ellos, el Duque de Blangis (que ‘evidentemente es Cristo’), vuelve sobre sus pasos con objeto de cerrar la puerta y matar salvajemente a la única y sangrante víctima (una muchacha de unos trece años) que ha quedado con vida tras la carnicería. La barba del Duque, perdida en el curso de ésta acción, aparecerá finalmente enredada en una cruz, bajo nieve y el viento, en el preciso instante en que se escuchan, como acompañamiento musical, las notas de un alegre pasodoble”[18].
¿Será el presagio de una escena de amor en la ciénaga? Esta escena final, en su irresolución, resulta la más intensa y sublime de todas: “La belleza de la película estriba, como en las obras de Beckett o Ionesco, en la lado distante de la exasperación, de la indignidad, del absurdo (…) Cada momento se convierte en eternidad absoluta en su sentimiento”[19].
“La importancia de Sade en la obra de Buñuel es enorme, hasta el punto de proporcionarle una moral de recambio frente a la cristiana en que fue educado (…) Me decía (Buñuel se dice): ¡habrían tenido que leer a Sade antes que todas las demás cosas! ¡Cuántas lecturas inútiles!”[20]
La película concluye con un intercambio de pelo más abundante que el de Un Perro Andaluz. Después del asesinato de la chica, Jesús pierde su báculo mientras que de una madeja de pelo de mujer ondean como trofeos y un pasodoble añade una nota de gozo siniestro. ¿Se ha convertido el protagonista en un escorpión?
Este film nos ofrece un interesante tratado estilístico del cine sonoro, se da un ironismo acentuado. Ironismo que se notó en el Studio 28 de Paris y que levantó el día 3 de diciembre de 1930 a las Juventudes Católicas, junto con liga de patriotas y la liga Antijudía a asaltar el local de proyección y deteriorar la pantalla con óxidos y tinta.
La repercusión que tiene esta película trasciende plenamente en la historia del cine siendo citada en mayo del 68 como documento fundamental del arte en contraparte a la sociedad. ”Así pues, L’age d’or conserva intacta su capacidad escandalizadora, aunque lo cierto es que resultaría vano repetir este film año tras año, intentando con ello lograr idénticos resultados a los de 1930″[21]
Esta película es inefable para el espectador contemporáneo. Como bien indicó Freddy Buache, restan los documentos históricos en los que podemos dar analizar la repercusión y fuerza de la película en su momento. Nuestra percepción, en definitiva, no podría ser la misma. Salvador Dalí circunscribe el contexto:
“Mi idea general al escribir con Buñuel el guión de la edad de oro fue presentar la línea derecha y pura de conducta de un ser que persigue el amor a través de los innobles humanitarios, patrióticos y otros miserables mecanismos de la realidad”[22]
Octavio paz también se pronunció en torno a la importancia de la obra: “La aparición de un perro andaluz y la edad de oro señalan la primera irrupción deliberada de la poesía en el arte cinematográfico (…) El hombre de la edad de oro duerme en cada uno de nosotros y sólo espera un signo para despertar: el del amor. Esta película es una de las pocas tentativas del arte moderno para revelar el rostro terrible del amor en libertad”[23]
Por Enrique Vidal
[1] BRETON, André. “Primer manifiesto surrealista”. Documento electrónico en PDF bajado de www.librostauro.com.ar . Pp. 6.
[2] PALACIO, Manuel, “Historia general del cine” Volumen V. Ediciones Cátedra. Madrid. 1997. Pp. 260.
[3] BRETON, André. “Primer manifiesto surrealista”. Documento electrónico en PDF bajado de www.librostauro.com.ar . Pp. 7.
[4] Ibid. Pp. 8.
[5] PALACIO, Manuel, “Historia general del cine” Volumen V. Ediciones Cátedra. Madrid. 1997. Pp. 262-264.
[6] Ibid. 266.
[7] Ibid. Pp. 269.
[8] Ibid. Pp. 283. (Cita de René Clair)
[9] BRETON, André. “Primer manifiesto surrealista”. Documento electrónico en PDF bajado de www.librostauro.com.ar . Pp. 33.
[10] Cita recogida en PALACIO, Manuel, “Historia general del cine” Volumen V. Ediciones Cátedra. Madrid. 1997. Pp. 290.
[11] Ibid. Pp. 302.
[12] BUACHE, Freddy. “Luis Buñuel”. Ediciones Guadarrama. Madrid. 1976. Pp. 19.
[13] Ibidem.
[14] Ibid. Pp. 22.
[15] Wikipedia.
[16] Wikipedia.
[17] DURGNAT, Raymond. “Luis Buñuel”. Editorial fundamentos. Madrid. 1973. Pp. 51.
[18] BUACHE, Freddy. “Luis Buñuel”. Ediciones Guadarrama. Madrid. 1976. Pp. 25.
[19] DURGNAT, Raymond. “Luis Buñuel”. Editorial fundamentos. Madrid. 1973. Pp. 50.
[20] SANCHEZ VIDAL, Agustin “Luis Buñuel. Obra cinematográfica”. Ediciones J.C. Madrid. 1984. Pp. 83.
[21] BUACHE, Freddy. “Luis Buñuel”. Ediciones Guadarrama. Madrid. 1976. Pp. 35.
[22] DALI, Salvador en “Luis Buñuel. Obra cinematográfica” de SANCHEZ VIDAL, Agustin. Ediciones J.C. Madrid. 1984. Pp. 67.
[23] PAZ, Octavio en “Luis Buñuel. Obra cinematográfica” de SANCHEZ VIDAL, Agustin. Ediciones J.C. Madrid. 1984. Pp. 68.
la caida de la casa usher

Roger Corman – La Caída de la Casa Usher (House of Usher, 1960)
El despegue de Corman y su serie legendaria sobre Edgar Allan Poe
Quién haya leído los cuentos extraordinarios de Poe, sabrán que lograr la realización audiovisual de sus temas es un reto encantador que seduce a cualquiera. Y así fue para Roger Corman, director que empezó con producciones terroríficas de bajo presupuesto y que en 1960 dio a luz la adaptación que hizo para el cine de uno de los mejores cuentos del escritor estadounidense “La caída de la casa Usher”.
Este cuento de Poe abarca sensaciones y detalles magníficos, en sí en la narrativa como también en los detalles psicológicos que junto con el inmenso toque fantástico, se vuelven en las pinceladas más barrocas de la historia. También en este cuento los elementos autobiográficos saltan a la vista como quizás en ningún otro: las relaciones familiares anormales entre situaciones macabras. Cada aspecto más espeluznante que el otro, aspectos que Corman tradujo a su propio lenguaje, el cuál utiliza con finura en la elaboración de sus personajes, los cuales en su comportamiento psicológico desarrollan todo el terror que para esa época era el peor monstro que podía verse en la pantalla, además sin duda, de la propia casa Usher, personaje estático (casi) que en su magnitud gótica deslumbra y genera las sensaciones más aterradoras.

El miedo a la muerte, la obsesión por las enfermedades mentales son asuntos pendientes que los personajes de Corman en su libre interpretación de Poe, tienen que sobrellevar en una casa llena de tristeza, donde todo sentimiento es agobiante. Corman decide utilizar la historia de Poe para recrear la película con una mayor participación de sus personajes, provocando aún más la interacción entre ellos para generar conflictos punzantes, tensiones y el suspenso adecuado para quién ve la película. Para eso Corman consiguió a nada menos que a Vincent Price, conocido desde los años 50 por sus íntegras participaciones en películas de terror, quién desde “La caída de la casa Usher” se convirtió en el actor predilecto para las futuras adaptaciones que hiciera Corman de los distintos relatos de Edgar Allan Poe.
Vincent Price es la pieza master de esta película, con una serenidad forzada por el propio pánico, la voz que con su matiz pausado da escalofríos que acompaña esa sensación de querer cerrar los ojos cuando en algunos primeros planos la mirada que Roderick lanza es insostenible por lo bien que este actor se involucra con el personaje. Roderick Usher es el eje, el cimiento de la casa, el que debe venirse abajo más no por él mismo y sus preocupaciones misteriosas, enfermizas e incestuosas. Ahí está Madeline, la pequeña y última dama Usher que genera entre su hermano y su comprometido quién llega a visitarla, una serie de debates tenebrosos acerca de la casa y sus “deseos”, del mal que agobia a todo el perímetro y del cual no se ha salvado Madeline, quién en su alma anida todas las últimas malicias de la historia familiar.

Corman aún así con el bajo presupuesto que consiguió logra con ingenio utilizar cada efecto necesario que hace de la película una de las mejores en su género y que cautiva por su lograda fotografía en colores un tanto psicodélicos por momentos, pero que consiguen un buen contraste con las imágenes en un casi blanco y negro o algunas otras en tonos oníricos. Ese es un detalle, lo cromático de Corman, que no sólo se limita a recrear paisajes y tomas. Lo está también en los personajes que forman un triángulo no sólo conflictivo en el guión, sino también en lo que se trata su interpretación psicológica. Para eso vemos desde un comienzo a un Roderick vestido de rojo intenso, a Madaline de blanco así como el tono de su piel y a un Philip Winthrop (el visitante) vestido de azul, el equilibro probable entre ambas cualidades opuestas. Sin duda esto fue bien utilizado por Corman porque con el bajo presupuesto no conseguía variedad de vestuarios como tampoco de escenografía.
Para ese tema Corman, en función también de productor, tuvo el gran ingenio de llenar los vacíos o tapar accesorios de rodaje, con el bien usado elemento de la neblina. Una neblina que en su insistente aparación sólo nos deja más sensaciones de misterio y angustia. Todos estos elementos encajan entre sí con el nerviosismo que produce al espectador con su juego de cámaras, movimientos simples de travelling o seguimiento exhausto de cada personaje, acercamiento a primero planos que rápidamente se entrecorta con la otra imagen, detalles que hace delirar en el terror de lo que aún no se sabe qué pasará. Pero en ese aspecto creo yo que hay dos momentos cumbres donde esos elementos y formas llegan a su cúspide. La primera en un seguimiento de Winthrop a Madeline, escenas que nos llevan al corazón de la casa Usher, con imágenes estremecedoras y bien logradas en ritmo y en línea narrativa. Y la otra la parte onírica por parte de Winthrop que ya sometido a las alucinaciones provocadas por tanta estimulación tenebrosa lo sumergen en un sueño aterrador y visionario donde las siluetas, formas y colores logran en nuestra reacción la irremediable desesperanza.

La película fue mejor de lo que esperaba, sin duda hay que trasladarse a la época y sentirse un poco más indefenso y dispuesto a encontrar en detalles como sonidos fantasmales primarios o efectos entrecortados y simples, un momento de terror alejado a lo que puede haber sido leer el cuento primero, pues sin duda no hay que pensar que Corman traspasó el cuento a la pantalla. A la vez hay que dejarse seducir por esos toques de notas de suspenso, la musicalización de lo aterrador que nos puede sonar hasta sonso pero que están bien dispuestos en armonía con cada parte de la historia. Esta fue la primera que hizo Corman, como les dije, en sus adaptaciones de Poe, le siguieron muchas otras: El péndulo de la muerte (1961), El cuervo (1963) y la Máscara de la muerte roja (1964).
Corman es un director que conocí casualmente averiguando un poco más acerca de directores contemporáneos y sus inicios, pues Corman trabajó con muchos de los directores que empezaban su carrera y que ahora conocemos como grandiosos hacedores de películas, entre ellos Martin Scorsese quién hizo una de sus primeras películas por encargo de éste (Boxcar Bertha) así como también se inició con Roger Corman el en ese entonces joven Jack Nicholson quién interpretaba roles secundarios además siendo hijo de uno de los creadores de la A.I.P por sus siglas en inglés, la productora que accedió a realizar esta película con recelo pero que después con el éxito de Corman, ambos continuaron entusiastas con las siguientes producciones.

Esta película no es para fans de Poe, lo es también, pero lo es principalmente para los que encontramos en el cine la magia de crear a pesar de todo y justamente por todo eso seguir creando. Una película de serie B que merece verse olvidándose la categoría más sí concentrándose en detalles del ingenio y el ojo para hacerte sentir tres cuartos de miedo mientras comes tu popcorn.
Por Beatriz Torres
¡¡¡ÚLTIMO MOMENTO!!! La Teta Asustada de Claudia Llosa acaba de ganar el Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín

Magaly Solier (actriz protagónica de La Teta Asustada) felicitada por la actriz inglesa Tilda Swinton (Presidenta del Jurado del Festival)
Nos acabamos de enterar de que la película La Teta Asustada de la directora peruana Claudia Llosa acaba de ganar el Oso de Oro en la 59 Edición del Festival Internacional de Cine de Berlín. Ésta es una noticia de suma importancia para el cine nacional ya que es el premio de mayor valor que haya recibido película peruana alguna en la historia. Desde aquí felicitamos a Claudia Llosa, Magaly Solier y a todos quienes participaron en la realización y producción de la cinta.
Nanni Moretti, el autor de sí mismo
Nanni Moretti
El cine Italiano se ha caracterizado, desde sus inicios, por la producción de figuras notables tanto a nivel de dirección como en el de actuación. Resulta resaltante, entonces, que no se den noticias estimulantes sobre el cine de este país desde hace mucho tiempo. Cabría preguntarse: ¿Qué sucede con el cine Italiano? algo insólito en la tierra que parió el neorrealismo, tuvo directores y actores con arte torrencial y justificado prestigio internacional, realizó muchas y agridulces comedias que ya pertenecen al clasicismo más gozoso, respiraba heterodoxia y vitalismo. Hay muy pocos autores en los últimos años del cine italiano cuya obra sea apasionante y exportable, que despierte o renueve el interés de los cinéfilos de cualquier parte. El sociólogo Javier Protzel atribuye, de modo provisional, esta ‘debable’ en la producción de cine italiano con la actual actitud y disposición de una población que al parecer no se ocupa de las artes como antaño: “Quizá se trate de una actitud impuesta progresivamente. Antaño se comparaban directores italianos como si fueran equipos de fútbol, parece ser que Berlusconi no es un aficionado al cine…”
Así pues, uno de los escasísimos ejemplares de esa raza casi extinguida (y, casualmente, opositor de Berlusconi) es un señor llamado Nanni Moretti. Estamos hablando de un director dotado de inteligencia afilada, gracia, sentido crítico, poder de comunicación y de convicción, gran sensibilidad para captar el estado de las cosas, para lograr la identificación y la comprensión del espectador hacia los afectos que el cine es capaz de exponer: deseos, miedos, angustias, incertidumbres, entre muchas otras sensaciones. Estamos hablando de un director con una enorme capacidad inventiva e interpretativa, que remite, de un u otro modo, cercanía emocional.
Una buena película, muchas veces, se funda en una buena idea. Una buena película, muchas veces, es trabajada con criterio y argumentación lógica. Una buena película, muchas veces, se funda en el guión para asegurar su (relativo) estatuto de ‘buena’. Sin embargo, no son muchas (diría muy pocas) las veces en que el director de una película se involucra en ella al punto de introducir no sólo su sesgo, sino su cosmovisión y estilo de vida.

Moretti, pues, constituye un genial ejemplo del director que, además de dirigir, se convierte en el propio protagonista de sus propias películas. Además, en estas trasciende la propia barrera de la ficción debido a que sus películas giran en torno a él. Así pues, los juicios de gusto y, sobre todo, la política se encuentran impregnados de forma sutil y crítica en sus películas: hablamos de la elaboración de un cine sumamente personal pero que a pesar de encontrarse sesgado a una visión, no deja de ser innovador, de ahí radica el sello propio de Nanni Moretti.
Otra característica muy interesante para acotar lo vemos en la labor de Moretti para implantar un estilo ‘naturalista’ en sus trabajos. Éstos, cabe resaltar, resultan difícilmente clasificables puesto que se trata de un autor impredecible. No se sabe en qué momento el género de la narración puede cambiar, como si se tratara de un ejercicio común y corriente, de la comedia al drama y viceversa, Moretti logra trascender con sorprendente facilidad las barreras del género para exponer historias sumamente críticas y personales.

Esta virtud supone, quizá, la característica más saltante del cine de Nanni Moretti. ¿Se podrías definir o circunscribir la obra de Moretti a alguna corriente cinematográfica? Aventurarse a una respuesta tajante sería imprudente, pero algo es seguro: Moretti instauró un nuevo estilo de narración con su cine, una suerte de ‘ensayo fílmico’ que permite esa natural sinergia entre sus convicciones sobre el mundo real y su traspaso a la pantalla de cine. Sin embargo, es importante resaltar que no estamos hablando de un director vanguardista por su directa participación en las películas. Esto ya lo han hecho directores tan distintos como Nikita Mijalkov, Alexander Sokurov o Woody Allen (con quien comparte ciertos rasgos de estilo).
Sobre las posibles relaciones entre una película y una ideología dominante:
A) Películas dominantes: es decir aquellas películas profundamente imbuidas de la ideología dominante.
B) Películas de resistencia: que atacan la ideología dominante tanto a nivel de significado como de significante.
C) Películas formalmente de resistencia: aquellas películas que, aunque no son explícitamente políticas, practican la subversión formal.
D) Películas de contenido políticamente orientado: Películas explícitamente políticas y críticas, por ejemplo, las de Costa-Gavras, cuya crítica del sistema ideológico es socavada por la adopción del lenguaje y la imaginería dominantes.
E) Películas de ruptura: es decir, películas que superficialmente pertenecen al cine dominante pero en las que una crítica interna abre una ‘fisura’
F) Cine en vivo I: es decir, películas que describen los hechos sociales críticamente pero que no desafían el método de descripción del cine tradicional ideológicamente condicionado.
G) Cine en vivo II: cine directo que simultáneamente describe de forma crítica hechos contemporáneos y cuestiona la representación tradicional[1].

Estas siete categorías corresponden a un artículo de 1969 llamado “Cine/ideología/Crítica” elaborado por Jean Louis Commoli y Jean Narboni. Estos críticos elaboraron estas siete categorías para lograr ‘encasillar’ las posibles relaciones entre una película y una ideología dominante. Cabe resaltar, en este punto, que el cine de Moretti coquetea con todas estas (exponiendo su filiación con la izquierda) sin lograr comprometerse, en mayor medida, con alguna. Así pues, parece ser que el vínculo de Moretti con alguna de estas categorías resultaría sumamente limitante e injusto debido a que habría que analizar qué conexiones se dan de forma casuística (contando cada película como una unidad distinta, que no se adhiere a alguna categoría totalizante que la acoja).
Damos cuenta, entonces, de que Moretti practica un cine comprometido y forastero a la vez. Adopta posturas sumamente críticas pero no necesita exponer formalmente su postura, y si lo hace, logra infiltrarse perfectamente dentro de la narración, he ahí la coartada perfecta del director que se anima a trabajar en primera persona.

Es interesante dar cuenta de una visión similar a la de Moretti en el ejercicio creativo: “Lo que consigues cuando escribes tu propio guión es una especie de película muy idiosincrásica siempre. Hay un estilo que surge muy rápido y determinadas preocupaciones suelen reaparecer con más frecuencia, de modo que, con ese tipo de director, el público está más en contacto con una personalidad. Mientras que si un director adapta cada vez el guión de un escritor, puede hacer un trabajo brillante y, si el guión es bueno, puede resultar una película realmente magnífica, pero nunca tendrá esa cualidad personal que posee un autor. Y eso puede ser o para bien o para mal: puedes escribir tu propio guión y obtener una película con cualidad personal, pero si no tienes nada nuevo o interesante que decir sobre la vida, tus películas nunca serán tan buenas como las de un director que adapta un buen guión”[2].
La encrucijada del cine de autor. Es llamado de esa forma porque incluye un estilo y una cosmovisión del director en cuestión. Ese tipo de talento difícilmente se adquiere estudiando o viendo mucho cine. Aquí entrar a tallar las experiencias personales que se subliman para conformar la obra cinematográfica. Y en el caso de Moretti, quizá se trate del director que logra involucrar más su propia vida en las películas que produce y, justamente, la crítica reconoce tal característica, bien sea positiva o negativa.
Cuando Allen plantea las diferencias entre un buen adaptador y un autor, encontramos quizá una justa (y aún así limitante) clasificación para Moretti: el autor de sí mismo.

Caro diario, el cineasta personaje y el personaje cineasta
Ante todo, habría que empezar afirmando que el título Caro diario (querido diario) se funda como el eje central de la película. El diario de Moretti nos relata tres historias distintas y consecutivas en torno a muy demarcados significantes: ‘Vespa’, ‘Islas’ y ‘Médicos’. Sentado sobre su diario, Nanni Moretti escribe sobre algo que le gusta ‘por encima de todo’.
Seguidamente, empieza el recorrido en Vespa. De los tres episodios expuestos, ‘Vespa’ se distingue por un halo alegre y muy optimista. Este segmento funciona como una suerte de catarsis en voz en off. Moretti se pasea por las calles de una increíblemente intransitada Roma mientras afirma reflexiones respecto a lo que le gusta y lo que no de su ciudad y su propia vida.
El efecto de sentido en ‘Vespa’ es bastante particular pues, casi en su totalidad, nos encontramos tras de Moretti en plano secuencia mientras él se encuentra, simplemente, de paseo por las hermosas calles de Roma. Resulta muy curioso, pues, dar cuenta de que, sobre el papel, la puesta en escena suena recargada, pomposa e incluso egocéntrica. Sin embargo, es más bien funcional. Se percibe una sensación de autenticidad que no permite una definición sino provisional de los acontecimientos. La narración, espontánea y natural, apenas nos permite reconocer un trabajo sumamente meticuloso de guión y locaciones. La sinceridad que remite Moretti cuando nos habla funda el sentido del discurso. La elaboración de ‘Vespa’, entonces, se convierte en la más simple y compleja al mismo tiempo.

Así también, notaremos que la utilización de la música es soberbia durante la película. Este valor añadido interactúa y se funde perfectamente con el transcurrir de las acciones y las reflexiones (de muy diversos e inconexos tópicos) que nos expone el querido diario. De esta manera, vemos a Moretti moverse al ritmo de una melodía africana sobre su Vespa o a las grandiosas locaciones de Roma acompañadas por la voz de Leonard Cohen y también una muy popular canción de Juan Luis Guerra cuando nos transmite sus ansias por ser un buen bailarín.
Las referencias al mundo del cine resultan también una constante. Damos cuenta de cómo forma parte fundamental de la vida de un director con un ojo crítico y que manifiesta, abierta y objetivamente, su propia concepción del cine hablando en contra de Henry: retrato de un asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, 1986) de John McNaughton, a la que le reprocha la sobrecargada violencia como efectivismo, película que ‘a duras penas’ pudo terminar de ver.
Una escena particularmente surreal, la tenemos en la recreación de las fantasías de Moretti. Una vez concluye su reflexión sobre el baile recuerda a Jennifer Beals (protagonista de Flashdance) y empieza a buscarla en su Vespa. Lo mejor de ‘Vespa’: la encuentra y le cuenta que quisiera bailar como ella. Jennifer Beals, por su parte, se muestra con cierta tierna complicidad para con el animoso director.

Es resaltante acotar que en el trayecto, la exposición de la particular arquitectura romana nos remite la exposición del amado New York de Woody Allen, director con quien comparte la característica de ser el protagonista de muy buena parte de sus películas, sin dejar de mencionar la facilidad de ambos para exponer situaciones cómicas e insólitas (por algo Moretti es denominado ‘el Woody Allen de Italia’), sin embargo, esta comparación habría que tomarla en un plano superficial, son directores más distintos de lo que aparentan, pero ese tema da para otro ensayo.
Volviendo a Caro diario, aquí una reflexión de Sergio Wolf en torno a Moretti como personaje: “En este primer episodio encontramos dos elementos muy interesantes que proyectan su efecto sobre toda la película, la construcción del personaje de Moretti y el surgimiento de fuertes contradicciones en el personaje protagonista. Moretti construye su personaje combinando factores de dos grandes maestros de la comedia muda, Chaplin y Keaton. De Chaplin toma las directrices para la caracterización física de su personaje, cambiando el característico sombrero chapliniano por el casco blanco para ir en moto, y sustituyendo el bastón de Charlot por la Vespa. De Keaton hereda su semblante serio e inamovible”[3].

En la última secuencia de ‘Vespa’, se rinde homenaje a una idea constante en la película: la libertad. Moretti visita el lugar donde fue asesinado Pier Paolo Pasollini, ícono del artista contestatario, libre y radical.
Así pues, la narración en off realza el impacto emocional que siente el personaje puesto que, asistimos a una imagen casi inamovible e inexpresiva de Moretti en la mayor parte de ‘Vespa’. Por último, es importante dar cuenta del carácter contradictorio y gran variedad de temas que se incluyen en demarcados optimismo y pesimismo. Moretti, en una de las secuencias, se muestra enojado por el discurso pesimista de su generación y seguidamente se muestra optimista afirmándose como ‘un cuarentón atractivo y feliz’. Sin embargo, este optimismo se irá apagando conforma avancen las acciones: ‘Vespa’ es el capítulo feliz de Caro diario.
El segundo capítulo (‘Islas’), expone una suerte de fábula geográfica en la que Moretti visita algunas Islas de Italia acompañado de un amigo intelectual que se dedica a estudiar el Ulises de Joyce. Cada Isla que visitan tiene una particularidad.

La primera que visitan, Lipari, es la más convencional y representa la ciudad moderna, en ella hay mucho ruido y movimiento. Aquí damos cuenta de la postura del amigo de Moretti quien afirma no haber visto televisión desde hace 30 años pues, como dice citando a Hans Magnus Enzensberger, la televisión trasmite la nada.
En esta Isla se realiza la crítica a un mundo sumamente pragmático e irreflexivo. El retrato de la ciudad progresista que no sólo se encuentra Italia, sino mundialmente.
Seguidamente llegamos a Lipari. Aquí se nos muestra a una población con un muy demarcado estado de infantilismo. Y es que la característica de la Isla es el sometimiento a los hijos únicos que se convierten en referentes y razones de ser de la vida de los pobladores. La crítica es muy aguda: se ataca, nuevamente de sutil manera, a una sobreprotección que anula todo crecimiento y capacidad de reflexión, es por ello que los pobladores de la Isla no logran comunicarse con los padres de los hijos únicos quienes manipulan a los adultos haciéndoles emitir ruidos de animales.

En el siguiente trayecto los amigos observan la Isla de Panarea pero deciden no ir a la Isla pues muestra similares condiciones que Lipari, por ello arriban en Stromboli. Lo que caracteriza a esta Isla es, quizá, la enajenación. Todos hablan en torno a la telenovela Belleza y Poder. Aquí, Moretti se manifiesta en contra de la masividad de los gustos modernos en la producción audiovisual. La realidad y el cine son mediocres, no se dan consignas de libertad y compromiso y el director personaje no tiene pelos en la lengua para manifestarlo. Un detalle particular: El amigo de Nanni vuelve a ver televisión, la imagen de la serie se encuentra tan presente que incluso cuando visitan el volcán Stromboli no deja de ser un tema constante.
A su regreso, los amigos deciden ir a Panarea pero regresarán de inmediato al ferry en el momento en que se enteran que se celebrará una fiesta homenajeando al mal gusto. Este símbolo de la posmodernidad intimida a los amigos quienes no se dan el tiempo para comprobar qué sucede en aquella particular Isla.
Por último, arribarán a Alicudi, la isla ascética y más aislada. En ella se denota un antimodernismo exacerbado. No hay electricidad, ni líneas telefónicas, ni carreteras. La vida ermitaña termina por hastiar al amigo de nuestro protagonista quien termina por correr hacia el Ferry que lo llevará a casa, donde volverá a ver toda la televisión que se perdió en los últimos treinta años mientras reniega de las afirmaciones de Enzensberger. La escena es sumamente crítica y humorística: el intelectual que rechaza sus propios principios al probar un poco del mundo frívolo y utilitario.

El último capítulo (‘Medicos’) es el más realista y es el propio Moretti quien se encarga de afirmarlo acotando en su diario que nada de este capítulo es inventado. Aquí se realiza una crítica muy bien lograda a la institución de la medicina. Moretti tiene un fuerte Prurito y se cita constantemente con médicos que le recetan una enorme cantidad de fármacos, todos ellos inútiles pues continúa la picazón de nuestro protagonista.
La constante sucesión de recetas hace que Moretti se dirija donde “El principe de los dermatólogos”. Con todo y con eso no logra evitar la picazón. Finalmente, decide probar medicina alternativa (acupuntura) y nuestro protagonista se muestra solidario más por la actitud de los médicos que por su capacidad para librarlo del malestar que lo aqueja. Moretti se dará cuenta (vía rayos X) de su problema: tiene el linfoma de Hodgkin. ¿Los síntomas? Prurito y cansancio. ¿Las conclusiones de Moretti? Dos: “La primera es que los doctores saben hablar pero no saben escuchar”, “La segunda es que siempre es bueno tomar un vaso de agua antes de desayunar, hace bien a los riñones”. Surge una apología a la tecnología en desmedro al análisis del hombre, o cabe la acotación, del hombre que no sabe escuchar.
“Caro Diario produce un doble efecto en el espectador. Por una parte, contiene tal caudal de reflexiones acerca de la realidad, el cine y las reglas que enmarcan la relación entre ambos, que visionar la película puede convertirse en un ejercicio principalmente intelectual. Sin embargo, resulta evidente, quizás más aún que lo anterior, que Caro Diario es un objeto de disfrute tanto mental como físico. Porqué es imposible salir de la película sin tener la certeza de haber paseado en Vespa por Roma o haber visitado Stromboli. La combinación de ambos factores hacen de esta película una candidata perfecta para ese imaginario cine inyectable”[4].

Moretti, con esta película, se consolida como un autor en el cine Italiano. Un cine que desde tiempos de Scola, Monicelli, Risi o los hermanos Taviani, no nos ha mostrado un conjunto de interés mayor (hablando de los contemporáneos). He aquí una de las excepciones.
Por Enrique Vidal
[1] STAM, Robert; BURGOYNE, Robert y FLITTERMAN-LEWIS, Sandy. Nuevos conceptos de la teoría de cine. Paidos comunicación. Barcelona. 1999. Pp. 224.
[2] ALLEN, Woody en Lecciones de cine (entrevistas a cargo de Laurent Tirard). Paidos comunicación. Barcelona. 2005. Pp. 54-55.
[3] WOLF, Sergio en http://www.miradas.net/0204/cults/2004/0404_carodiario.html
[4] WOLF, Sergio en http://www.miradas.net/0204/cults/2004/0404_carodiario.html
Ilusiones Perdidas

Michael Cimino – La Puerta del Cielo (Heaven’s Gate, 1980)
Entre 1837 y 1847, Honorè de Balzac desarrolla un abrumador y ambicioso proyecto literario llamado “La Comedia humana” del cual conservan las fulguraciones de lo moderno y lo reaccionario las novelas Ilusiones Perdidas, Esplendores y miserias de las cortesanas y Papa Goriot. Esa trilogía catastral, sobre las grandes actividades de la Francia del siglo XIX expresa una ambición megalómana -la de Balzac- que Thibaudet advirtió en su dudoso elogio: “La Comedia humana es la imitación de Dios Padre”.
¿Tiene que ver esta paráfrasis con La puerta del cielo (Heaven´s Gate, 1980) la maravillosa película de Michael Cimino? Creemos que sí. Primero porque Ilusiones Perdidas es una novela total, que oculta un tema, no declarado, irresistiblemente unido a lo literario: la ambición. Y La puerta del cielo es una película ambiciosa y sobre la ambición. Como Balzac, Cimino parte de un supuesto novelesco: los jóvenes que sueñan con triunfar y emerger.

Como David Sechard y Lucien Chardon, los personajes de Cimino están sedientos de gloria porque desde la ceremonia de graduación en la Facultad de Derecho en Harvard, James Averill (Kris Kristofferson) y Billy Irving (John Hurt) sonríen, se divierten de cara al futuro, planeando no solo hacer fortuna sino ser éticos ante todo, irreverentes pero idealistas (advocatus, los que usan la palabra para argumentar en pro de la justicia y la equidad).
Pero las fuerzas de la Historia y de la tierra, 20 años después, los lanzan al campo, al mundo agrario que se expande en los valles y praderas de Wyoming, en los Estados Unidos, en un decurso inverso a los personajes balzacianos que enamorados de la poesía abandonan el pueblo de Angulema para llegar a París, con la esperanza de conocer a los grandes e introducirse en el mundillo de la literatura y el periodismo.

La película de Cimino, asentada en el año 1890, durante la primera oleada de inmigrantes eslavos, se apoya históricamente en la sangrienta represión de Wyoming financiada por los ganaderos y propietarios de la tierra agrupados como Stock Gowers Agricultores en contra de los “rusos” que no aportaban productividad a la región.
En ese escenario, Averill/Kristofferson ha devenido en un Marshall federal viejo, cansado y apocado; que ha perdido el brillo de sus años mozos por la comodidad de una quincena; con la que aplaca sus penas de amor y fortuna; y le permite mantener su naturaleza rocosa, mineral, efecto del tiempo erosionador, que desgastó sueños e ideales; pero con las que resiste la modernidad, la reacción de los ricos, la aplanadora “pioneerista”.

Irving/Hurt, por el contrario, es el abogado borrachín, acomodado con el poder económico de Wyoming, que ha claudicado y que no puede reprimir su desdicha sino a través de las botellas de licor, en las que se ahoga día a día para olvidar y morir un poco cada vez. Porque es la única forma de ahuyentar a sus demonios -los de Harvard y Massachussetts- que lo atormentan por preferir el confort y la seguridad económica. El corporativismo de los poderosos.
La oposición entre clásicos (progresistas) versus románticos (reaccionarios), tan presente en la obra de Honorè de Balzac, se expresa palmariamente en La puerta del cielo en la ingenua inmoralidad de los más fuertes (v.gr. el ganadero que encarna Sam Waterston) que no dudan en contratar asesinos a sueldo (el gran Christopher Walken) para salvaguardar la tradición, la familia y la propiedad.

Pero también esa dualidad se halla en la bravura de los “corruptos”; de los incorrectos como Ella, la prostituta personificada por Isabelle Hupert, que se sirve de la turbiedad de los tiempos, de su naturaleza compleja e inconfesable, para demostrar dignidad en medio de la corrupción, en medio de la tierra invadida por las masas hambrientas y extralegales que buscan pan y libertad; y que los poderosos no solo les niegan -en un gesto de anti gobernabilidad- sino que los reprimen y asesinan.
Pero existe una segunda razón que liga y distancia a la vez La puerta del cielo de Grandes Ilusiones. El estilo brutal de Balzac, y el espíritu esteticista de Cimino. Ambos abordan la ambición pero utilizando instrumentos y sustratos expresivos distintos. Balzac prefiere la vulgaridad en medio de la vulgaridad. El trabajar la masa, la materia bruta y permanecer poco atento a los detalles.

Cimino en cambio utiliza todas las posibilidades audiovisuales (cuadro panorámico, sonido, música, actuaciones, fotografía, composición) para iluminar a esos personajes apegados a la tierra, ricos y pobres -capaces de defenderla a sangre y fuego- y retratar con gran poder y belleza sus intereses materiales.
Cimino es agrario, Balzac urbano. El escritor francés define el auge y la arrogancia de la burguesía como una clase que empezaba a tomar conciencia de su fuerza. Cimino es irresistible y maldito no tanto por la fuerza vulgar de los terratenientes, los trabajadores (El francotirador), los bandidos (El siciliano) o los inmigrantes (El año del dragón) sino por la manera como desarrolla personajes decisivos en la evolución norteamericana, en medio de amplias geografías, indómitas, agrestes (Vilmos Zsigmond) que terminan por ennoblecerlos.

La puerta del cielo es un western crepuscular y total. Que clausura un período de la Historia de Hollywood y sirve de umbral para una larga noche de “high concept”, de cine de comité y de adolescencia tardía. Dicen que existe un París de Balzac como existe un Madrid de Galdós y un Nueva York de Woody Allen. Es cierto que el Oeste Norteamericano tuvo grandes relatores y dramaturgos; estetas formidables y revisionistas inspirados. Y que esta comparación entre el escritor francés y el hoy director transexual era poco menos que antojadiza. Pero, Michael Cimino le cambió las agujas del reloj salvajemente a la “americana”: con ambición dramática, con desmesura audiovisual y traición histórica.
Desde su lugar -la literatura decimonónica- Balzac hizo lo propio con su tiempo y su lugar. Pero el precio pagado fue muy alto en ambos casos. El fracaso en taquilla de La puerta del cielo, la ruina de United Artist, la incomprensión de la crítica, se volvieron en contra del director estadounidense que nunca se recuperó profesionalmente.

Balzac murió prematuramente, fatigado por la pobreza y las deudas. Tales circunstancias, conducen inevitablemente al público lector y cinéfilo por los senderos del arte maldito. Donde La puerta del cielo debe permanecer por muchos años más dentro de un “canon” excepcional, distinto. De semiclásicos que el formato DVD nos permite recuperar y revisar ventajosamente. Por suerte.
Por Óscar Contreras
59 Edición del Festival de Cine de Berlín

PELÍCULAS
Sección oficial
Alle Anderen, de Maren Ade (Alemania)
Rage, de Sally Potter (Reino Unido, USA)
My one and only, de Richard Loncraine (USA)
Forever enthralled (Mei Lanfang), de Chen Kaige (China)
The messenger, de Oren Moverman (USA)
London river, de Rachid Bouchareb (Argelia, Francia, Reino Unido)
Mammoth, de Lukas Moodysson (Suecia)
Cheri, de Stephen Frears (Reino Unido, Alemania, Francia)
Darbareye Elly (About Elly), de Asghar Farhadi (Irán)
Gigante, de Adrián Biniez (Uruguay, Alemania, Argentina)
Happy tears, de Mitchell Lichtenstein (USA)
In the electric mist, de Bertrand Tavernier (Francia, USA)
Katalin Varga, de Peter Strickland (Rumania, Reino Unido, Hungría)
La teta asustada, de Claudia Llosa (España, Perú)
Lille soldat, de Annette K. Olesen (Dinamarca)
Ricky, de François Ozon (Francia, Italia)
Storm, de Hans-Christian Schmid (Alemania, Dinamarca, Holanda)
Tatarak, de Andrzej Wajda (Polonia)
Inauguración
The International, de Tom Tykwer (Alemania)
FUERA DE CONCURSO
The private lives of Pippa Lee, de Rebecca Miller (USA)
The dust of time, de Theo Angelopoulos (Grecia, Alemania, Italia, Rusia)
The reader (El lector), de Stephen Daldry (USA, Alemania)
La pantera rosa 2, de Harald Zwart (USA)
Deutschland ‘09 – 13 kurze Filme zur Lage der Nation, de Fatih Akin, Tom Tykwer, Wolfgang Becker, Sylke Enders, Dominik Graf, Romuald Karmakar, Nicolette Krebitz, Isabelle Stever, Hans Steinbichler, Hans Weingartner, Christoph Hochhäusler, Dani Levy y Angela Schanelec (Alemania)
Eden à l’ouest (Eden is West), de Costa-Gavras (Francia, Francia, Italia)
Notorious, de George Tillman Jr. (USA)
Sección Panorama
Dongbei, Dongbei (A North Chinese Girl), de Zou Peng (China)
Rabioso sol, rabioso cielo (Raging Sun, Raging Sky), de Julián Hernández (México)
Rossiya 88 (Russia 88), de Pavel Bardin (Rusia)
Schläft ein Lied in allen Dingen (Sleeping Songs), de Andreas Struck (Alemania)
Strella, de Panos H. Koutras (Grecia)
Vingança (Retribution), de Paulo Pons (Brasil)
ESPECIALES
Absolute Evil, de Ulli Lommel (USA)
Ander, de Roberto Castón (España)
Der Knochenmann (The Bone Man), de Wolfgang Murnberger (Austria)
Fig Trees, de John Greyson (Canadá)
Fucking Different Tel Aviv, de Yair Hochner, Avital Barak, Stephanie Abramovic, Elad Zakai, Eran Koblik Kedar, Ricardo Rojstaczer, Nir Ne’Eman, Hila Ben Baruch, Yossi Brauman, Sivan Levy, Eyal Bromberg, Anat Salomon, Sie Gal, November Wanderin, Yasmin Max (Alemania, Israel)
Ghosted, de Monika Treut (Alemania, Taiwan)
Gururi No Koto (All Around Us), de Hashigushi Ryosuke (Japón)
High Life, de Gary Yates (Canadá)
Human Zoo, de Rie Rasmussen (Francia)
La journee de la jupe (Skirt Day), de Jean-Paul Lilienfeld (Francia, Bélgica)
Laskar Pelangi (The Rainbow Troops), de Riri Riza (Indonesia)
Pedro, de Nick Oceano (USA)
Rückenwind (Light Gradient), de Jan Krüger (Alemania)
Sólo quiero caminar, de Agustín Díaz Yanes (España, México)
The Countess, de Julie Delpy (Alemania, Francia)
Unmistaken Child, de Nati Baratz (Israel)
White Lightnin’, de Dominic Murphy (Reino Unido, USA)
Claustrophobia, de Ivy Ho
End Of Love, de Simon Chung (Hong Kong, China)
Nord (North), de Rune Denstad Langlo (Noruega)
Short Cut To Hollywood, de Marcus Mittermeier & Jan Henrik Stahlberg (Alemania, Austria, USA)
Yang Yang, de Yu-Chieh Cheng (Taiwan)
DOCUMENTALES
At Stake, de Iwan Setiawan, Muhammad Ichsan, Lucky Kuswandi, Ucu Agustin, Ani Ema Susanti (Indonesia)
Coyote, de Chema Rodríguez (España)
Garapa, de José Padilha (Brasil)
Unmistaken Child, de Nati Baratz (Israel)
When You’re Strange, de Tom DiCillo (USA)
Chan di chummi (Kiss The Moon), de Khalid Gill (Alemania)
City of Borders, de Yun Suh (USA)
Ein Traum in Erdbeerfolie (Comrade Couture), de Marco Wilms (Alemania)
Endstation der Sehnsüchte (Home From Home), de Sung-Hyung Cho (Alemania)
Kashmir: Journey To Freedom, de Udi Aloni (USA, Israel)
Mein Herz sieht die Welt schwarz – Eine Liebe in Kabul (War And Love In Kabul), de Helga Reidemeister (Alemania)
The Good American, de Jochen Hick (Alemania)
The Yes Men Fix The World, de Mike Bonanno, Andy Bichlbaum & Kurt Engfehr (USA)
VON WEGEN (OFF WAYS), de Uli M Schueppel (Alemania)
JURADO
Tilda Swinton (Actriz – Presidenta)
Isabel Coixet (Directora)
Gaston Kaboré (Guionista, realizador y productor)
Henning Mankell (Escritor)
Christoph Schlingensief (Director de cine, teatro y ópera)
Wayne Wang (Director)
Alice Waters (Cocinera)
pero sigo siendo el rey: las adaptaciones de stephen king
Stephen King
TRAS LA CORONA
Maestro del terror cotidiano y prolífico escritor de best-sellers, Stephen King tuvo su momento de gloria desde mediados de la década de los 70 hasta principios de los 90. Amado por unos y vapuleado por otros, sus libros se siguen vendiendo como pan caliente y las adaptaciones a la pantalla de sus obras aseguran, en la mayoría de los casos, un bastante respetable éxito de taquilla.
Consciente de su buen oficio y del excelente momento en el que comenzó a escribir -el boom comercial de la literatura de género fantástico y sobrenatural que se produjo a finales de los setenta-, King hizo gala de sus inherentes habilidades para el marketing, convirtiendo su nombre en una marca, que no necesariamente es garantía de calidad, pero sí de beneficio económico seguro. Con influencias de H. P. Lovecraft, de Edgar Allan Poe y del gran exponente del género criminalista John D. Mc Donald, ha sabido dotar a sus obras de un estilo y una particularidad narrativa que a veces han hecho tambalear a la crítica especializada y tentarla a querer clasificarlo dentro de los grandes maestros de la literatura de terror y ciencia ficción.
Edgar Allan Poe
En sus narraciones ha visitado los mitos clásicos del terror como los vampiros, los licántropos y hasta una variación de Frankenstein mezclado con la temática zombie. También ha hecho énfasis en introducir lo fantástico o sobrenatural en universos cotidianos, típicos de la clase media estadounidense, ya sea mediante la intromisión del horror a través de situaciones y desenlaces inesperados, desestabilizando a los personajes y rompiendo los esquemas del desenvolvimiento natural, o con la irrupción de máquinas fuera de control que se “rebelan” contra el orden establecido. No ha descuidado los temas paranormales, ni a los extraterrestres. Pero también ha realizado aportes significativos en universos convencionales alejados del ámbito fantástico e incursionando en otros géneros con muy buenos resultados. Presentamos aquí un recorrido de su obra y sus adaptaciones al cine.
CONQUISTANDO UN IMPERIO


u primera novela -y también su primera obra adaptada al cine- fue Carrie, la hija de una fanática religiosa, que es víctima de la crueldad adolescente de la que hacen gala sus compañeras de instituto. Debatiéndose entre el deseo de aceptación social, poderes telequinésicos y el choque emocional de un brutal desengaño, desata una sangrienta venganza que luego no puede controlar. Mientras King había trabajado su novela con un estilo narrativo pseudo documentado, el cineasta Brian De Palma toma el material literario y desarrollo una narración mucho más lineal y con algunas variaciones al argumento original, dotando la historia de una fuerza visual barroca pero efectiva. Son de antología las escenas iniciales y finales (la primera menstruación en la ducha y la hecatombe de la fiesta de promoción).
Carrie
Su segunda novela fue adaptada por la CBS como una miniserie para la televisión: El misterio de Salem’s Lot (1979) bajo la batuta de Tobe Hooper. Pero es El Resplandor (1980), su tercera novela, la que se convirtió tal vez en la más polémica de las adaptaciones de Stephen King a la gran pantalla. De la mano de Stanley Kubrick, el meticuloso director vio en ella la posibilidad de enfrentarse a un género desconocido para él hasta ese momento. La historia de horror era apasionante: un escritor de poca monta acepta un empleo en el invierno como cuidador de un lujoso hotel de veraneo en las montañas. Una vez instalado allí con su esposa y su hijo, completamente aislados, empieza a sufrir un proceso de degeneración mental y el acoso de una maligna presencia que habita el lugar, cayendo en un estado que lo impulsa a atacar a su propia familia. El personalísimo cineasta no tuvo reparos en olvidarse de presencias malignas o cohesión argumental, dejando de lado por completo la fidelidad a la obra original y utilizándola como una excusa para desarrollar un monumental espectáculo visual. Para King, este director excelente para las cuestiones estéticas, pero frío y cerebral en la creación de atmósferas, no supo transmitir al espectador el horror que él imprimió en su novela. Sin embargo, es imposible negar la magnífica factura de la película, que igual se convirtió en un imprescindible referente del cine de terror contemporáneo.


En un trabajo codo a codo con George A. Romero, quien se ha declarado en muchas oportunidades admirador de la obra de King, el novelista escribió en cuatro días los cinco episodios que componen la simpática Creepshow (1982), un homenaje a los comics de horror cuya puesta en escena respeta el formato de estas publicaciones. Este fue el primer enfrentamiento directo del escritor con los guiones cinematográficos, ya que los cuentos no habían sido publicados anteriormente.
The Shining
EXPANSION DE LA MONARQUÍA
1983 fue el año de estreno de tres adaptaciones de King con diferentes resultados. Christine de John Carpenter narra la historia de un retraído joven cuyo carácter cambia radicalmente cuando llega a sus manos un llamativo automóvil Plymouth de 1958, cuerpo de una entidad maléfica que transforma al tímido protagonista en un ser desalmado. La película constituyo el primer fracaso comercial dentro del universo King, aunque no se puede negar que tiene algunos puntos de interés como para no ser despreciada a priori. Después vendría Cujo, una inquietante historia moralista, sobre una mujer adúltera y su hijo atrapados al interior de su auto en un caluroso verano, acosados salvajemente por un San Bernardo rabioso. La película logra mantener la tensión a pesar de sus escasos protagonistas y escenarios. Mientras que la novela, tal vez una de las mejores obras del autor, acaba con la muerte del niño y el abrumador sentimiento de culpa de la madre, el film opta por un final más complaciente con las exigencias del espectador promedio. Por último, La Zona Muerta permitió al perturbador director canadiense, David Cronenberg, ingresar al mercado norteamericano con buen pie. La historia de un hombre que, después de un accidente, empieza a tener visiones del futuro y descubre que uno de los aspirantes a presidente de Estados Unidos podría ocasionar un desastre nuclear, no se encuentra dentro de lo mejor de la literatura de King, ya que su devenir entre la fantasía y el thriller no llega a cuajar correctamente. Sin embargo, Cronenberg incide más en el proceso de degeneración física y mental que este don “maldito” causa en el protagonista, correctamente interpretado por Christopher Walken.


Muchas de sus extensas novelas debían sacrificar personajes y situaciones para enfrentarse a la traslación a los estándares cinematográficos, tergiversando la concepción original de las mismas. Pero Los Niños del Maíz (1984) presenta el fenómeno inverso: una inquietante historia corta es estirada sin escrúpulos añadiendo personajes y situaciones desconectadas de la atmósfera inicial, para encajar en una duración de largometraje. Poseedora de una simplicidad absoluta, trampas de guion que pretenden sorprender al espectador, asesinatos injustificados, sobresaltos y final abierto que permita la realización de secuelas, esta película inicia una seguidilla de adaptaciones menores que, con algunas excepciones, caracterizó el período King de los 80.
Christine
Sin embargo la adaptación de la novela corta El Cuerpo permitió descubrir a un Stephen King alejado del género fantástico. Cuenta Conmigo (1986) de Rob Reiner presenta una simpática historia de chiquillos, de marcado carácter autobiográfico. Un melodrama sin excesos de sentimentalismo que logró enganchar perfectamente con el público y satisfacer a la crítica, ganándose un sitial privilegiado dentro de lo que se consideran los mejores pases de Stephen King a la pantalla.
Finalizando la década de los 80, Mary Lambert, una directora de oficio, lleva a la pantalla la inquietante Cementerio Maldito (Pet Sematary, 1989), con guión del propio King. Con una buena química de los actores protagonistas, entre quienes encontramos al entrañable Fred Gwynne, y la suficiente convicción narrativa como para que el espectador se involucre en la historia, la película dio origen a una secuela casi idéntica argumentalmente (Cementerio Maldito 2, 1992) y dirigida también por Lambert, con la que Stephen King no estuvo a gusto.
AÑOS DE DECADENCIA Y EXCESOS
De ser el indiscutible rey de los best-sellers de los ochenta, en los noventa King pasó a competir los primeros puestos con autores como Michael Crichton, John Grisham, Tom Clancy y Anne Rice.


En cuando al cine basado en sus obras, Misery (1990) de Rob Reiner, constituye uno de los pocos puntos en alto de este período. Con Kathy Bates como la demente enfermera Annie Wilkes, fanática de la saga de novelas de la heroína cuyo nombre da título al film, esta aterradora y fascinante mujer obliga al escritor (que ha caído en sus manos luego de un accidente) a resucitar y seguir escribiendo las historias de su personaje de ficción favorito; la película le valió un Oscar a la actriz protagónica y es una adaptación cuya fidelidad a la obra original deja satisfechos a los exigentes fanáticos del escritor Maine y se convirtió en uno de los favoritos del propio King.
Misery
En el 93 George A. Romero adaptó La Mitad Siniestra, con el beneplácito de King pero la indiferencia del público y la crítica. Tal vez el retraso de su estreno, producto de la crisis que sufrió Orion[1], haya influido en el poco éxito de la película. Un pulso contenido por parte de su director y una dilución de la trama mientras avanza la película no permitió que esta obra se convirtiera en el suceso que todos esperaban, ya que mucho se había especulado sobre los motivos auto reflexivos del autor de la historia original con respecto a la muerte de su alter ego, Richard Bachman, seudónimo que utilizó durante varios años para escribir algunas entretenidas historias.
La extensa novela La Tienda de los Deseos Malignos (Needful Things) fue llevada al cine ese mismo año. Al guionista no le fue fácil comprimir las casi ochocientas páginas de la obra original y se optó por reducirlo en la sala de montaje, en aras del beneficio comercial, dando como resultado una película que mantiene los hechos y asesinatos significativos de la novela, pero sin tiempo para dar explicaciones y respiros al espectador.
Frank Darabont adapta dos buenas historias de King: Sueños de Fuga (1994), basado en el retrato Rita Hayworth y la Redención de Shawshank; y Milagros Inesperados (1999), cuya base fue el folletín por entregas El Pasillo de la Muerte (The Green Mile). De corte realista la primera y con toques de fantasía y misticismo new age la segunda, ambas historias se desarrollan en ambientes carcelarios, aunque se alejan de los tópicos del género. Nuevamente, son relatos ajenos al terror los que más satisfacciones aportan al autor. Ese es también el caso del thriller melodramático Eclipse Total (1995) de Taylor Hackford, que se basa en la novela de intriga psicológica Dolores Clairborne y que vuelve a llevar al protagonismo a la genial Kathy Bates, interpretando a una viuda golpeada por la vida, quien sirve a una despótica mujer.


Bryan Singer, el cotizado director de Sospechosos Comunes, y la saga de X-Men, adaptó de El Aprendiz (Apt Pupil, 1998) una historia de suspenso en la que un joven descubre que su anciano vecino es un antiguo y sanguinario oficial nazi. Pese a sus demostradas habilidades tras la cámara, el realizador, sin embargo, no logra dotar a la película de suficiente interés.
EL NUEVO MILENIO; LARGA VIDA AL REY
El 2001, Scott Hicks toma como base el fragmento que da el título a la colección de historias Corazones en la Atlántida y realiza Nostalgia del Pasado, en la que Anthony Hopkins interpreta a un anciano que irrumpe en las vidas de una joven viuda y su pequeño hijo, cambiándolas irremediablemente. Con un ritmo ágil y una pequeña dosis de misterio sobrenatural, el film se deja ver a pesar de sus innegables desaciertos, siendo el principal de ellos la poca química y desigual nivel actoral entre Hopkins y el niño protagonista (Anton Yelchin).
El reconocido aunque irregular Lawrence Kasdan dirigió EL Cazador de Sueños (2003), historia sobre un grupo de amigos que desde hace más de veinte años visitan la misma cabaña de caza y que se enfrentan a una misteriosa y mortífera presencia extraterrestre. Mucho se le ha criticado a esta producción , pero hay que hacerle justicia: se trata de una buena adaptación de un material larguísimo, confuso, y aburrido, ya que, a diferencia de la novela, por lo menos consigue articular acertadamente algunas buenas y disfrutables secuencias (sobre todo para los goremaniáticos).


Al año siguiente, David Koepp escribe el guion y dirige La Ventana Secreta, donde Johnny Depp encarna a un escritor de novelas de terror -otra vez King exorcizando demonios personales- pasando por un bloqueo creativo, quien es víctima del acoso de un extraño y atemorizante personaje (John Turturro) que lo acusa de haber plagiado uno de sus relatos.
El mundo de la televisión y el mercado del DVD se han beneficiado también con el inagotable vigor creativo de King. Mick Garris ha llevado a la televisión Apocalipsis (The Stand, 1994), una de sus mejores novelas; una nueva versión de El Resplandor (1997), mucho más acorde con lo que King propone en su ya clásica novela; Quicksilver Highway (1997), largometraje que adapta una narración de King y otra de Clive Barker, otro de los grandes del horror contemporáneo; y Desperation (2006), sobre un Sheriff poseído que arresta a los habitantes del pueblo desencadenando terror.


En el 2007, Mikael Håfström realizó 1408 en la que -otra vez- un escritor que busca desmitificar fenómenos paranormales se enfrenta con sus propias pesadillas en el hotel Dolphin de Nueva York. La correcta interpretación de John Cusack eleva significativamente el nivel de una cinta cuyo clímax y desenlace es demasiado forzado. Ese mismo año, Frank Derabont vuelve a coger una historia de King como inspiración y realiza La Niebla (The Mist), que nada tiene que ver con el cuento de fantasmas realizado por John Carpenter en los ochenta, sino que más bien nos hace rememorar a aquellas buenas producciones de horror de serie B efectivas y efectistas, que no nos pueden dejar indiferentes al salir de la sala.
Muchas otras historias han sido adaptadas y vueltas a adaptar. Muchas secuelas y personajes salidos de la imaginación de King han pululado por el universo audiovisual contemporáneo. Cada nueva novela, cada historia que su imaginación produce, es adquirida por la industria del celuloide o del video aún antes de su lanzamiento editorial. La Marca King sigue siendo rentable. Ningún otro escritor moderno ha sido tantas veces referido en los créditos del mercado del entretenimiento. EL Rey, aunque algo alicaído, sigue siendo el Rey.[i]
Por Miguel Mejía Salas
[1] Productora cinematográfica fundada en 1978 y luego adquirida por Metro-Goldwyn-Mayer en 1997.
[i] Bibliografía consultada
EDUARDO GILLOT. King, el rey. Un universo de terror. Editorial La Máscara. España, 1997.
Insomnia. El Universo de Stephen King. Revista digital. http://www.stephenking.com.ar
el fracaso del amor perfecto

Eliseo Subiela - El Resultado del Amor (2007)
Eliseo Subiela cree que el amor salvará el mundo. El problema es que no ocurre lo propio con su penúltimo film: El resultado del amor (2007) insiste con una idea de amor perfecto que simplifica sus potencialidades. Tal vez por eso lo mejor se observe al abigarrado inicio, cuando el humor negro se asoma y las situaciones extrañas todavía hacen reír. Surgen para alterar el ritmo y desviar la historia de sus clichés: un balazo en los genitales, un travesti imponente como una montaña, el hermano de la protagonista y sus locuras sobre el advenimiento de los extraterrestres. El exceso sirve como escape e ironiza el arquetipo, constituye el contrapeso funcional de una trama demasiado edulcorada.
Mientras el film parece un chiste, todo bien. Inclusive la supuesta santidad de la protagonista, Mabel (Sofía Gala, la hija de Moria Casán), se traga con un poco de esfuerzo. Se asume que la película es trash y uno se sienta a ver qué diablos ocurrirá a continuación.

Hasta este momento, el absurdo encubre un melodrama simplista que en lo sucesivo, desgraciadamente, ganará notoriedad. Porque antes de media hora, la impresión de film trash cede el paso a la siguiente historia de amor: Mabel es pobre, paupérrima, y por necesidad y sin remordimientos se vuelve puta. Sin embargo, jamás deja de lado su verdadera vocación: hacer reír a la gente, o sea, ser payasa. Y en el trance de su vida ejemplarmente dura, conoce a Martín (Guillermo Pfening), un idiota que decidió dejar su carrera de abogado millonario para vivir en una casa rodante. Entonces, la noción de amor perfecto de Eliseo Subiela machacará al espectador durante lo que resta del film.

De aquí en adelante, El resultado del amor no para de intentar coronar sus ideas sobre las personas “libres” y el amor “puro”. Una y otra vez se redunda con situaciones que o dejan claro que nos encontramos ante la pareja perfecta, perfectamente empalagosa, o que nos remarcan que la fuerza de su amor vencerá incluso al sida. Si bien el absurdo se mantiene, ya no luce igual, porque el amor de Subiela ha ganado preeminencia, y lo que antes provocaba alguna risa, ahora se antoja parte de lo cursi.
La progresión argumental queda subordinada a una idea, la historia se desarrolla para demostrar cómo “debe ser” el amor perfecto. Nada resulta más importante que el mensaje que se transmite. Mabel y Martín intentan ser expresivos con sus juegos -y con esos insufribles primeros planos frontales de sus rostros. ¿Qué se cree Subiela? ¿Dreyer?-, pero la pobreza de sus matices los limita. Su necia intención de constituir arquetipos del amor perfecto los torna vacíos. Ambos parecen payasos que saltan y hacen muecas sin sentido. El problema es que ya no dan risa.

Y de paso, el conflicto desaparece. En realidad, nunca existió. Todo lo que hay son esta suerte de momentos destinados a probar la idea. Si se piensa dos veces, se llega a la conclusión de que, a lo largo de los noventa y cuatro minutos, no ocurre nada. Únicamente, le suceden cosas horribles a Mabel: la violan en una iglesia, por la necesidad se ve obligada a prostituirse, le da sida… Sin embargo, se sobrepone a estas tragedias más rápidamente que de un resfrío. No parecen afectarla a ella ni al argumento. Se trata, pues, de un melodrama sin drama. Si al menos fuera gracioso como al inicio, recordaría a aquella cancioncilla sobre el mamut.
Pese a su plot de telenovela mexicana -finalmente se trata de la chiquilla buena y pobre que conoce al joven guapo y adinerado-, El resultado del amor, más que sentimental, luce acartonada. Sus personajes, su argumento y su estilo se encuentran tan abocados a describir el amor perfecto que no se cuidan de contarlo, es decir, de narrarlo. Subiela olvida que una historia constituye un devenir, que, sin el cambio, las viñetas de situaciones se pierden. No basta con apelar al absurdo como último recurso, como facilismo destinado a atraer mediante la risa la atención que ni el argumento ni los personajes captan.

La propia fe en el amor o su necesidad desesperada de él quizá puedan solucionar la tragedia de la humanidad, como dice el director. Quién sabe… Pero lo cierto es que, en el caso de esta película en particular, solamente alcanzaron para entorpecer el asunto, para anular la potencialidad de un film que siquiera al inicio daba risa. Con un poco menos de necedad, El resultado del amor podría haber llegado a ser comparable a aquella cancioncilla sobre el mamut.
Por Eugenio Vidal













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