la gran Ilusión y la consolidación del realismo en el cine

La gran ilusión (1937) del director francés Jean Renoir es quizá uno de los más importantes documentos en la historia del cine, esta película nos narra el contexto que viven unos prisioneros franceses a manos de los alemanes en la primera guerra mundial.
La película se funda como un ejercicio muy osado a nivel contextual, los aires de guerra se encontraban presentes y se exponen claramente ciertos privilegios que los altos mandos de los ejércitos pueden darse, incluso, en su condición de prisioneros. Tanto el exceso de humanitarismo por parte de los captores como la desenvoltura de los cautivos fueron motivo de debate (y lo sigue siendo) aunque ya con un panorama cauto, que nos permite tener en cuenta el panorama de un Renoir artista y no un Renoir políticamente comprometido.
En torno al debate expuesto, André Bazin afirma en los años 50: “La gran ilusión tiene ahora veintiún años. ¿Cómo ha soportado la prueba del tiempo? Sería probablemente insuficiente decir que el filme ha tenido suerte. No solamente, con excepción quizá de los más pequeños detalles secundarios, el tiempo no he ha afectado, sino que la novedad, la audacia, mejor dicho la modernidad de su realización, adquieren actualmente una fuerza más sorprendente”[1].
Jean Renoir
Esta fuerza sorprendente a la que Bazin se refiere la notamos en el análisis de situaciones que pueden tornarse convencionales, rutinarias e, incluso, anodinas ubicadas en su contexto. Por ejemplo, la broma planteada sobre el repollo o diálogos en torno a las ocupaciones que se dan más allá de la realidad (en la ilusión):
- En tiempo de paz soy actor…
- Yo prefiero la bicicleta.
Damos cuenta de la maestría de Renoir cuando logra plasmar de modo soberbio el accionar de las partes en la narración. Tanto franceses como alemanes se ven simbolizados en personajes como Bouldieu y Raffenstein respectivamente.
El título de la película se funda como una constante que remarca un consenso general: la ilusión del fin de la guerra. ¿Qué tanto adaptan los personajes a la situación? La razón de ser y fundamento de las acciones se encuentran en función a un futuro, de ahí que los acontecimientos empiecen a cobrar fuerza cuando nos enteramos del plan de Marechal, Bouldieu y Rosenthal de escapar en un hoyo hecho con meses de anticipación.

Andre Bazin
Sin embargo, la opresión parece ser también una ilusión, este es justamente uno de los puntos que más se le reprocharon a la película entonces: “los principales cortes fueron hechos en 1946 para un reestreno que levantó entonces algunas polémicas. Se le reprochaba (sobre todo por parte de Georg Altmann) haber sido demasiado gentil con los personajes alemanes y mostrar algunos rasgos de antisemitismo”[2].
Así pues, las acciones se muestran en forma ordenada, con una edición muy limpia que permite al receptor dar cuenta de lo que ocurre fuera del encuadre (gracias al sonido), esta característica es resaltante teniendo en cuenta que la película fue hecha durante los años 30, cuando aún el sonido era una novedad y no se le trataba con prolijidad.
Cabe resaltar a los silencios como puntos fundamentales a lo largo de la obra. Quizá el más importante lo notamos en un travelling lateral que se da en una concentración interior que termina con la escena de un travestido.

En este punto, se realza la capacidad de Renoir para retratar el realismo, el cine no siempre requiere de movimiento constante o diálogos, sabe expresarse en la diferencia, en el ensalzamiento de la cotidianidad: “No estoy seguro de que La gran ilusión sea el filme más realista de Renoir, pero sí es cierto que su valor ha permanecido intacto y esto se debe principalmente a su composición realista”[3].
Renoir fue un visionario del cine. Su empleo sistemático del plano fijo no resulta nunca redundante, a esta característica se podrían circunscribir otros grandes nombres como los de Welles, Wyler, Bresson o Hitchcock, después de todo: “Es el conjunto de estas invenciones realistas lo que proporciona su solidez a la construcción de la gran ilusión y lo que hace que hoy conserve intacto su esplendor”[4].
El estilo consecutivo y expositivo de Renoir saca provecho del carácter expresivo del soporte cinematográfico en un sentido muy noble y convencional al mismo tiempo: “Aquí no se trata, pues, de mostrar una vez más cómo algunos realizadores han sido influidos por la estética de la pintura o la danza, sino de indicar en qué medida el cine puede, en este ámbito, usar medios de expresión que le son propios”[5].

La película va incrementando su interés de modo unívoco, se expone, mayormente, el punto de vista francés de la situación. No obstante, logra exponer, de sutil manera, las ansias del enemigo y finalmente son las mismas: nadie quiere la guerra pero cada quien tiene un rol que cumplir y éste trasciende los principios del individuo haciendo que la estructura los termine subyugando, de ahí surge el carácter inefable de la ilusión.
Cuando el Fort Douamont es tomado por los franceses, asistimos a una efímera y brillante escena en la que Renoir vuelve a mostrarnos a travestidos bailando en una puesta en escena muy significativa. Sin embargo, la algarabía sería una constante ilusión. Las noticias de los alemanes retomando el fuerte llegan y a el numeroso grupo empieza a cantar el himno de Francia.
Los roles mencionados se ven necesariamente plasmados en el conflicto de intereses: El plan de escapar se ve frustrado y es así que la sociedad de prisioneros franceses se ve desplazada a un nuevo lugar:

“Después de unos rápidos fundidos encadenados que nos cuentan como en el transcurso de uno o dos años nuestros héroes han sido trasladados de campo en campo a través de toda Alemania, volvemos a encontrar a Maréchal y a Bouldieu en un campo disciplinario reservado a los especialistas de la evasión. Este nuevo Oflag es una fortaleza medieval en la que parece imposible toda posibilidad de huida”[6].
La expresión espacial y el lenguaje pasan ser los protagonistas en esta parte de la historia. Las situaciones ‘anodinas’ han pasado a un segundo plano, ahora la ilusión (y el reto) son más grandes: ¿De qué manera podrán escapar del castillo comandado por Raffenstein?
La gran ilusión empieza a conformarse y a cobrar una víctima en Bouldieu. Después de todo, sí hubo una manera de escapar de aquel castillo que parecía impenetrable, incluso de modo predecible: una soga.

“Es, en efecto, de invención de lo que hay que hablar aquí y no de una simple reproducción documental. La exactitud de los detalles es en Renoir producto tanto de la imaginación como de la observación de la realidad, de la que sabe siempre extraer el hecho significativo pero no convencional”[7].
En el momento en que Bouldieu, Marechal y Rosenthal se escapan de la concentración alemana, Raffenstein es advertido por uno de sus guardias y les da el alcance. Este es el momento cumbre de la película. Ambos bandos aún quieren servir a su patria del modo en que pueden. Bouldieu quien, previamente, había tocado una pequeña flauta.
Ambos discuten. Raffenstein no quiere dispararle a un Bouldieu que no ha escapado de la mira alemana (como sí sus compañeros). Entonces cada quién se ciñó a su papel. Seguidamente vemos a un Bouldieu moribundo quien no le reprocha nada a su amigo Raffenstein a pesar de ser su victimador: “Francés o Alemán: Deber es Deber” dice antes de morir.

Malraux dijo alguna vez que el principal problema para el autor de una película es saber cuándo hablan sus personajes. Renoir, con soberbia noción expresiva, parece desdecir a Malraux en la última parte de la película, en la que vemos a un Marechal y a un Rosenthal ya muy golpeados. Ellos discuten, se separan y vuelven reunirse casi sin necesidad de diálogos. Saben que han pasado por mucho y prevalece la unión para que logren llegar a Suiza. Unidos, llegarán a casa de una granjera quien los refugiará y expone simbólicamente los horrores de la guerra: La mesa del comedor les ha quedado enormes a la granjera y su pequeña hija, quien no comprende por qué su padre (un combatiente) no regresa a casa.
Marechal y Rosenthal pasarán un tiempo en casa de la granjera y forman un fuerte vínculo con ella. Vistas las acciones, comparativamente, damos cuenta de que ambos son unos caballeros a pesar de la adversidad y saben apreciar la ayuda que se les brinda. Los cuatro de la casa viven la navidad y un tiempo después llega la hora de partir, los alemanes los siguen buscando y no pueden arriesgar dos vidas inocentes.
La escena final conforma la mayor ilusión. Marechal y Rosenthal han llegado a Suiza. Los alemanes no pueden dispararles en ese territorio. “Las fronteras son invenciones de los hombres”.
- ¿No será ésta la última guerra?
- Ilusión suya…
Ambos prosiguen su camino…

“Contrariamente a lo que podría parecer de entrada, una película estará más expuesta a la acusación de este esteticismo cuanto menor sea su grado de pureza: cuando la voluntad del estilo del realizador no logre determinar con suficiente rigor el contenido, de acuerdo con el modo de expresión adoptado”[8]
Como explica Eric Rohmer (gran admirador y conocedor de la obra de Renoir), resulta muy interesante plantear de qué modo se expresa un cine que no se circunscribe a una corriente con parámetros definidos. Recordemos que allá por los años 30, las corrientes de Vanguardia se encontraban casi extintas (a nivel productivo) pero muy presentes en aquel entonces.
¿De qué manera, entonces, se puede analizar una película de Renoir? Algunas obras de arte requieren que la historia las haga más grandes, perduran no en función a su representatividad en torno a alguna escuela o movimiento artístico. Y no por esta razón habría que restarle crédito a grandes películas de corrientes, entonces cercanas, como el surrealismo o el expresionismo. No obstante, quizá lo que logra Renoir es más difícil puesto logra mostrarnos un cine que se expresa con sus propios medios e independientemente de las otras artes. Encuentro cierto vínculo con una corriente posterior y cercana: el Neorrealismo italiano. Aunque bien es cierto que Renoir no es crudo para plantear una realidad con un mayor dramatismo como sucede con el neorrealismo, más bien se enfoca en la capacidad de sus personajes para soportar las adversidades y el contexto que les toca vivir.

“Renoir jamás ha querido instalarse cómodamente en el cine. Si le gusta mantenerse ligeramente en segundo término es porque conoce el cine mejor que nadie”[9].
Por Enrique Vidal
[1] BAZIN, André. “Jean Renoir. Períodos, filmes, documentos” Paidos Comunicación Cine. Buenos Aires. 1999. Pp. 63.
[2] ROHMER, Eric. “El gusto por la belleza” Paidos Anagrama, Barcelona, 2000. Pp. 61.
[3] BAZIN, André. “Jean Renoir. Períodos, filmes, documentos” Paidos Comunicación Cine. Buenos Aires. 1999. Pp. 63.
[4] ROHMER, Eric. “El gusto por la belleza” Paidos Anagrama, Barcelona, 2000. Pp. 263.
[5] Ibid. Pp. 38.
[6] BAZIN, André. “Jean Renoir. Períodos, filmes, documentos” Paidos
Comunicación Cine. Buenos Aires. 1999. Pp. 60.
[7] ROHMER, Eric. “El gusto por la belleza” Paidos Anagrama, Barcelona, 2000. Pp. 64.
[8] Ibid. Pp. 40.
[9] Ibid. Pp. 276.
entrevista: miguel aguirre vega

Miguel Aguirre Vega
Entrevista al artista plástico peruano Miguel Aguirre Vega. Ésta se realizó el jueves 22 de enero a horas 7 de la noche en la Galería de Arte Lucía de la Puente, sita en Barranco. La entrevista fue a propósito de una exposición unipersonal de 17 cuadros en pequeño formato titulada: Biopic, que el artista viene exhibiendo desde el 7 de enero y que concluirá el viernes 6 de febrero. En la entrevista se habló sobre su actual exposición y acerca de su relación con el cine así como de otros temas conexos con el cinematógrafo. Los entrevistadores fueron los directores de este blog: José Sarmiento Hinojosa y César Guerra Linares:
César Guerra Linares: ¿Cuál fue tu primer acercamiento al Cine? , es decir, ¿Cuál fue tu primera relación con el Cine? ¿Qué fue lo primero que viste?
Miguel Aguirre: No recuerdo lo primero que vi con exactitud pero sí recuerdo donde fue, en que sala fue. Fue en la sala del cine San Antonio que ahora me parece que se ha convertido en un restaurante. No sé que película era la proyectaban en ese momento pero lo que sí recuerdo son las imágenes del interior de una gran iglesia o de una catedral o creo que había una misa. Tampoco recuerdo con que pariente estaba si con mi padre o con una tía mía. Eso es lo más lejano en el tiempo del cine que recuerdo.
José Sarmiento Hinojosa: En todo caso, ¿Cuál fue tu primer referente o la primera película que recuerdes que te haya causado cierto impacto? Puede ser una película que hayas visto en el cine o en tu casa.
M.A: Yo creería que fue la Guerra de las Galaxias que un tío se había conseguido en formato beta; habrá sido en el año ’79 o en el año ’80. Y lo que es ir al cine, pues fue ir a ver E.T. en el cine El Pacífico en el año 1982. Sí recuerdo la impresión que me produjo ver E.T.
J.S.H.: Posteriormente a eso, cómo fue, más o menos, esta evolución porque tú eres un artista plástico. Digamos en el momento en que te empiezas a enfrentar al cine conforme van avanzando los años, ¿Cómo va esa evolución? ¿Qué cineastas fueron importantes?

Juana de Arco, 2008. De la serie Biopic.
Óleo sobre papel, 34,6 x 48,5 cm.
M.A.: Durante mi adolescencia, en realidad, si iba al cine, es decir, en la década de 1980 (la segunda mitad de esa década) era más que nada para ver cine de entretenimiento: blockbusters, comedias malas. Pero un encuentro más con un cine de autor fue cuando ya estaba en la Facultad de Arte de la Pucp*. El mismo año de ingreso a la facultad con unos amigos de la promoción empezamos a ir mucho a la Filmoteca de Lima. Salíamos de la Universidad a las 5 de la tarde. En algunas ocasiones íbamos a ver qué había, y en otras íbamos con el programa del mes. Fue el inicio de una relación bastante intensa con la filmoteca, a mediados de la década de 1990. Recuerdo esas largas jornadas cinematográficas que venían acompañadas con largas colas. Casablanca creo que siempre fue la película con más colas.
C.G.L: En ese acercamiento a la Filmoteca, ¿cuáles fueron los directores que te interesaron más?
M.A: Son muchos nombres que se me empiezan a venir, Fellini era un autor muy potente en aquella época. Lynch también si bien en esos años no había dirigido sus películas más importantes igual me parecía un autor sumamente interesante. En la Filmoteca, por ejemplo, descubrí a los hermanos Coen, vi de ellos De paseo con la Muerte, una película de la cual tengo un gran recuerdo. O El Joven Manos de Tijera de Tim Burton. En cuanto a los clásicos vi en ese tiempo como te dije Fellini, y también Bergman; y si hablamos de escuelas descubrí películas pertenecientes a la Nouvelle Vague o al Neorrealisimo Italiano. Sin embargo, de un director perteneciente a la Nouvelle Vague no vi mucho en esa época, me refiero a Godard, sólo pude ver de él dos películas en aquellos años: Pierrot, El Loco y Sin Aliento. De Truffaut recuerdo haber visto Los Cuatrocientos Golpes y Jules y Jim. El cine siempre fue una gran pasión sigue siéndolo.
C.G.L: ¿Hace cuánto que vives en España? y ¿En qué ciudad?
M.A: Hace 7 años. Y vivo en Barcelona.
C.G.L.: ¿Ahora que vives allá sigues yendo a la Filmoteca?
M.A: En los últimos meses no he ido a la Filmoteca porque mi trabajo se concentró en casa al tener que ir al videoclub que hay cerca de ella que es muy completo, que ha hecho que pueda ver todas las películas para ir sacando los fotogramas que han servido para hacer mi exposición.
J.S.H.: ¿Cómo llegas a esta exposición llamada Biopic? ¿En qué momento tuviste el interés de justamente recoger estos personajes que más que los actores en sí, luego de ver estas pinturas más se identifica al personaje histórico que al actor creo yo ¿no? ¿Cómo llegas a esto? ¿En qué momento nace esto?
Elizabeth Taylor, 2008. De la serie Biopic.
Óleo sobre papel, 34,6 x 48,5 cm.
M.A.: Hacia finales del 2006 empiezo a trabajar en una serie también en papel con unas características similares a estas en los cuales dado a lo que yo estaba estableciendo como proyecto de tesis doctoral pictóricamente tenía un universo a explorar referente a la pintura de historia. Dentro de los géneros pictóricos la pintura de historia antiguamente era un género muy importante hace dos siglos, digamos, era la cota más alta que un pintor podía alcanzar pero por cuestiones de las vanguardias, el modernismo, medios nuevos como la fotografía, el foto-reportaje. La pintura obviamente es una presencia y hasta quedar muy al margen en los momentos actuales muy pocas son las personas que pintan este tipo de temas. Yo por una cuestión de proyecto de tesis a mí me interesaba volver y un poco intentar trabajar la historia pero a través de las narraciones cinematográficas, es decir, el cine como medio de conocimiento sumamente importante fundamental con todas las limitaciones que él tiene pero para transmitir una serie de informaciones de un determinado hecho o suceso. Fue entonces que inicié esta serie que lo que se representaban eran batallas, asesinatos o magnicidios o genocidios, equis motivos que podamos nosotros encuadrar dentro de esta cuestión de la pintura histórica. La desarrollé durante largo tiempo y paralelamente mi interés renovado por el retrato. El retrato es algo que he desarrollado durante bastantes años. Entonces como yo quería aún continuar con la cuestión de historia a través de la pintura y lo que era el retrato, la fusión de ambos vi que lo que tenía que desarrollar eran retratos históricos por medio del cine. Y la cuestión tomó un cuerpo decisivo al recordar la imagen que siempre he tenido de Juana de Arco de La Pasión de Juana de Arco de Dreyer. Yo la pude ver en la Alianza Francesa de Miraflores si no me equivoco Alberto Ísola fue el que la presentó. Entonces cuando yo pienso en un retrato histórico a partir del cine me baso, el marco que me contiene, o el punto de partida o el sostén que sujeta la futura pintura parte de este planteamiento del primer plano de la película de Dreyer. Y así hice una lista relativamente pequeña luego esta fue creciendo, fui viendo qué era lo que podía conseguir y qué no; digamos que la lista es mayor pues no sólo se limita a estas diecisiete pinturas la lista crece y seguirá creciendo a medida que haya estrenos que tengan que ver con personajes históricos
C.G.L: El cine, en general, ya no hablando de esta exposición, ¿te ha servido como influencia para tu mundo creativo, pictórico, plástico? O ¿para crear alguna exposición anterior a Biopic?
M.A.: Sí, en líneas generales la mirada que ofrece el cine en muchas ocasiones ha hecho que sienta empatía aunque no necesariamente esté de acuerdo. El modo en que el cine mira al mundo, a la vida, a la realidad de cómo la representa, ha hecho que me sienta identificado muchísimas veces; esto obviamente se traduce después en mi mirada a través de la pintura. Si hablamos de cuestiones muy puntuales dejando esta exposición de lado, y salvando aquella serie de la que les he hablado hace un momento sobre la pintura de historia, una serie llamada: Dramatización. Dicha exposición si bien no fue una muestra personal, la mitad de ella sí se expuso en una muestra individual en la ciudad de Gijón. Yo hace unos años hice una serie de 9 cuadros en gran formato a partir de afiches de películas de Film Noir (Cine Negro) y escogí aquellos que desde el punto de vista formal me permitían jugar de manera libre con la composición; yo lo que hacía era suplantar a los personajes de las películas o sea a los actores que aparecían en los afiches y colocaba a amigos, los cuales muchos eran actores y hacía un uso muy libre de la traducción del inglés al castellano y los títulos también los cambiaba ponía los nuevos actores por ahí me puse como director. Era algo lúdico sobre la estética del afiche de estos años: ´30 y ´40. El cine negro me parece sumamente interesante dentro del desarrollo del cine en general. Era muy interesante como los autores o directores que hacían este tipo de películas tenían una visión muy cruda y muy crítica (a veces empleando la elipsis) sobre su sociedad. Para ello trabajaban mucho en el tema de la iluminación con el uso del claroscuro. Además estas historias de traición, de engaño con la presencia de la Femme Fatale (Mujer Fatal) resultan muchas de ellas simbólicas. Hablamos de la época de la posdepresión. A través de una visión muy impersonal daban un comentario muy crítico aunque no fuese de manera directa a veces por cuestiones de censura. Y desde el punto de vistas estético resulta u cine muy interesante de ver y sus afiches particularmente so en muchos casos muy buenos, entonces como que todo se daba para poder trabajar con esta estética. Hablamos de diseño gráfico netamente.
J.S.H.: En el momento que estuvimos viendo tus pinturas nos dimos cuenta de que había esta separación del personaje y el actor que lo representaba. Más allá de eso, ¿que querías plasmar exactamente con esta galería de personajes?
Judas Iscariote, De la serie Biopic.
Óleo sobre papel, 34,6 x 48,5 cm.
M.A.: Lo primero que diría es que que yo le doy un reconocimiento al cine como elemento fundamental para la construcción de nuestro imaginario, a pesar de las limitaciones propias de su medio; por ello también creo que un buen libro puede otorgarte muchísima mayor información (en cuestiones mucho más complejas) de lo que te puede permitir el cine en las dos, tres o cuatro horas, en los casos excepcionales, que dura una película. No obstante, la imagen, por lo menos, en mi caso y en el de muchísimas otras personas se queda grabada en la memoria con tal potencia que no podemos zafarnos de ella; no la podemos borrar con facilidad sobre todo cuando lo que hemos visto no son sólo buenas historias sino actuaciones tan ricas, tan fascinantes, que uno termina siendo seducido por este actor que hace de tal personaje o este personaje histórico representado por determinado actor o actriz. Por ello, la relación entre personaje y actor fue el punto de partida más humilde que necesité, en cuanto yo he aprendido mucho a través del cine y también lo he pasado muy bien viéndolo. Lo mínimo que creo el pintor puede hacer es representar pictóricamente ciertas cuestiones como un homenaje pero de manera muy limitada.
C.G.L: A propósito de lo que acabas de decir he transcrito lo que sale en la nota de prensa a cerca de tu exposición, a continuación te lo paso a leer textualmente y luego de ello quiero plantearte una pregunta: “Aguirre parte de la certeza de que el cine ha sido y aún puede ser un medio de conocimiento con cierta relevancia al acercarse a la historia y a determinados personajes. A pesar de reconocer que una película difícilmente otorga un panorama tan complejo y enriquecedor cono un buen libro. El artista sostiene que es innegable la contribución que el cine ha aportado a nuestro imaginario” Ahora lo que te quiero plantear es que no crees que hay muchos directores y hay varias películas que tienen una profundidad estética e intelectual que no tienen nada que envidiarle a la literatura o a otras artes sino que el cine es un arte totalmente independiente y autónomo.
M.A.: Sí, cuando yo establecía esta diferencia entre el cine y la literatura me centraba en la cuestión del análisis histórico, esto es, la historia; y puede que sea un grave prejuicio que quizás los cinéfilos no me vayan a perdonar. Creería que la literatura desde un análisis histórico podría ser más amplia; lo cual no le quita méritos a lo fascinante que puede ser un largometraje de dos horas y media o tres en el que sientes que has conocido casi por completo a determinado personaje que vivió y que no estamos hablando de ficciones, sino que estamos hablando de personajes que son parte de la historia cuyas biografías tan particulares han marcado el devenir de la historia del hombre. Tal vez debería retomar el discurso y no poner al cine en una dimensión menor sino en las dimensiones que cada uno posee por sus propias cualidades formales.
C.G.L: Esta pregunta te la planteaba también porque a la par que soy cinéfilo soy egresado de literatura de la Pucp o sea que mi otra pasión aparte del cine es la literatura no como creador sino como lector porque digamos cada arte: la pintura, el teatro, la música, la fotografía, etc. tienen sus propios mecanismos y peculiaridades. Esto te lo digo porque aunque tú no lo has dicho sí hay algunos artistas y escritores que piensan que hay un arte que es mejor que otro y claro que no es así pues cada arte tiene su propia riqueza. Y de todas las artes la que es vista por encima del hombro como repito por algunos artistas y escritores es el cine como si de una cenicienta se tratase.
M.A: Coincido contigo lo que pasa es que en algunas cuestiones, determinado medio creativo puede tener una serie de características más complejas que marcan una diferencia sustancial con otras.
C.G.L.: Ahora que vives en España, ¿qué directores del cine español contemporáneo te gustan?
M.A.: Lamento decir que cine español he visto muy poco, pero para mí el mayor recuerdo que tengo del cine español es Víctor Erice. Cuando pienso en cine de España pienso en Erice, sobre todo en el Sol del Membrillo por una cuestión de feeling muy fuerte por el hecho de la pintura y por Antonio López que es un gran pintor. Después, está Jaime Rosales que acaba de estrenar una película sobre un asesinato de ETA titulada: Tiro en la Cabeza. Las horas del día y La soledad me gustaron muchísimo. Rosales me parece un director muy bueno. Luego Joaquim Jordá.
Adolf Hitler, De la serie Biopic.
Óleo sobre papel, 34,6 x 48,5 cm.
J.S.H: ¿Y José Luis Guerín?
M.A.: También, aunque En la Ciudad de Sylvia no me gustó mucho, Me quedo con En Construcción y con Inisfree que es muy hermosa. Tren de Sombras no la he visto. Luego, me gustan dos directores también catalán que hace cine de terror, Jaume Balagueró y Paco Plaza. En el cine que se hace en Cataluña hay muy buenos directores y de variados estilos.
C.G.L:. : ¿Cuáles son los directores que más te interesan actualmente?
M.A: Lynch, Kaurismaki, Kitano, Ozon, Haneke, Fatih Akin, Fincher, Kim KiDuk, los Coen, entre los activos. Dreyer, Bergman, Godard y Kubrick entre los clásicos.
J.S.H..: ¿La exposición Biopic ya fue exhibida en España? y ¿Se va a mostrar en otros países de latinoamérica?
M.A.: No, ha sido presentada por primera vez aquí en Lima. Me gustaría llevarla a todos los lugares a los que pueda, pero ya no depende de mí sino del interés que pueda suscitar.
C.G.L.: ¿Qué tal te ha tratado la crítica de arte tanto en Perú como en España no sólo eN esta exposición sino otras que has exhibido anteriormente?
M.A..: Bastante bien en general. Aunque para la de Madrid sólo conté con una observación. Para la de Gijón y Lima recibí varias reseñas.
J.S.H: Gracias, Miguel.
C.G.L.: Muchas Gracias, Miguel.
M.A.: Gracias a ustedes.
*PUCP: Ponificia Universidad Católica del Perú
el estado de la crítica de cine

Lorena Cancela, Gonzalo Maza, Iván Pinto, Quintín, Adrian Martin y Juan Pablo Miranda
Conferencia de Adrian Martin en el Festival de Valdivia.
Me gustaría iniciar esta discusión sobre el estado de la crítica de cine proponiendo algunas definiciones breves, ideas y contextos.
En primer lugar, pienso que es útil pensar que la crítica de cine sucede a través de tres niveles. El primer nivel es el periodismo de medios masivos: el tipo de reseña de películas y escritura de artículos que toma lugar en periódicos y revistas no fílmicas en general, así como radio y televisión.
Para la mayoría de gente que no está en esta habitación hoy, para la gente que lee crítica de cine en una forma diaria, casual, y a veces con cierto interés, esto es realmente “todo lo que existe” de crítica cinematográfica en su experiencia. La mayoría de reseñas de cine en los medios masivos, se concentra, como todos saben, principalmente en el cine comercial que se estrena en las salas semana tras semana: las últimas películas, estrellas de cine, y reportes de taquilla.
El segundo nivel es al que yo llamo “el rango medio” de la crítica de cine, usualmente encontrado en revistas de cine que pueden ofrecer un comentario moderadamente intelectual, pero en una forma accesible y fácil de leer.
Los lectores de este segundo nivel están generalmente interesados en el cine, o tienen un mayor interés general en leer acerca de cultura o artes.
En esta categoría irían muchas de las bien establecidas revistas alrededor del mundo, tales como Sight and Sound en Gran Bretaña, Film Comment en los Estados Unidos, y El Amante en Argentina. Estas revistas pueden mirar el pasado del cine, pero suelen concentrarse en el presente: los últimos filmes, eventos, festivales, y demás.
El tercer nivel de la crítica cinematográfica es la académica, generalmente basada en niveles universitarios. Es aquí donde la crítica de cine se convierte en historia de cine y teoría de cine. Su lugar es la publicación académica y sus lectoría son generalmente muy pequeña y especializada.
Ahora, habiendo propuesto estas tres categorías, quiero dejar claro inmediatamente que éstas no tienen jerarquía alguna, y las líneas entre ellas suelen ser borrosas. No estoy diciendo que la universidad es superior al periodismo, o viceversa. Creo que podemos, y debemos hacer el mejor trabajo que podamos en todos estos espacios, y la historia nos ha dado varios ejemplos de críticos que han “cruzado los bordes” entre ellos, mezclado sus modos de publicación en una forma muy productiva. Todos nosotros aquí hoy en el panel hemos trabajado en estos “sitios” en diferentes momentos, en publicaciones como el sitio Web de la FIPRESCI (Asociación Internacional de Críticos de Cine) y en su publicación Undercurrent.
Pero, si les voy a proponer que, en ciertos momentos, necesitemos concentrarnos en uno o dos de estos “niveles” y esta necesidad nos está encarando hoy en día.
En este momento, estamos escuchando en distintos países mucho sobre la “crisis de la crítica cinematográfica”. La palabra crisis siempre implica, para mí, muerte, parálisis, o colapso nervioso, por lo que prefiero la palabra “emergencia” – porque, en una emergencia, espero que algo nuevo esté en el proceso de emerger.
¿Que es la llamada “crisis de la crítica cinematográfica” propiamente? Básicamente es, por un lado la expulsión de la verdadera crítica de cine “verdadera” del creciente y sobre controlado mundo de los medios masivos de prensa. Y por el otro lado, es una ansiedad concerniente al aumento de crítica cinematográfica en la Internet – y la Internet es un enorme “sistema de entrega” que puede, por supuesto, llevar consigo cualquier tipo de crítica de cine, periodística, de medio rango o académica.
En el mundo de la prensa mass – mediática, la mayoría de críticos de cine reales están siendo retirados (como Jonathan Rosembaum) o despedidos. Finalmente, lo inevitable ha ocurrido: las grandes compañías fílmicas han decidido que ya no necesitan más que los críticos publiquen y discutan sus productos, los hagan conocidos, o le den algún valor cultural añadido. Las grandes productoras controlan, por ahora, lo que los periódicos, radio y televisión puedan decir acerca de las películas. Conozco este desarrollo muy bien, porque renuncié a mi trabajo como crítico de cine en el 2006, cuando mis artículos eran recortados para darle lugar a mayor espacio publicitario. Así que decidí retirarme, sin deseos, por ahora, de regresar.
Por otro lado, tenemos la Internet, y una vasta explosión de millones de palabras e imágenes de todo tipo sobre el cine. Por supuesto, las grandes compañías fílmicas, los estudios de Hollywood y demás, están haciendo lo mejor que pueden para controlar también la Internet. Pero este control total aún no es posible.
Muchos críticos mayores y establecidos están nerviosos acerca de la Internet. Algunos profesores de universidad, también están preocupados. Ellos sospechan que lo que aparece en Internet carece de autoridad cultural, y no es profesional. Es un tipo de pesadilla democrática, donde todo el mundo grita sus opiniones tontas todo el tiempo. A alguna gente, le parece un caos profano. Y es más difícil hoy en día, imaginar una carrera profesional en crítica cinematográfica para un crítico de cine. En cambio, la gente está haciendo crítica de cine para si misma, expresándose y sacándolo a la luz.
Creo que debemos dejar esta “ansiedad profesional” de lado. También necesitamos dejar de celebrar la “democracia por su propio bien” en la Internet. Es tiempo de trabajar, de trabajo duro. Pero necesitamos situar este trabajo en un ánimo particular, un contexto particular.
Me gustaría recordarles que mucha de las grandes revistas o publicaciones de crítica de cine empezaron siendo operaciones desafiantes y amateurs. Y también quiero recordarles que “amateur” significa amante, un amante de algún objeto o campo escogido, que constantemente cultiva, pule y refina su amor.
En realidad, mi definición favorita de todos los tiempos de lo que es un crítico de cine, viene de Serge Daney: el dijo que un crítico debería ser alguien que “sabe algo y ama algo, y sabe porqué ama aquello”. Lo que es muy fácil y genial de decir pero más difícil de conseguir. Toma años de trabajo y ese trabajo es tanto individual y comunitario o colectivo.
Hoy, para ponerlo directamente, nos debemos dedicar a este “rango medio” de la crítica de cine, apasionada, vigoroza y fuertemente. Debemos expandir este rango medio, y llevarlo a todas direcciones. Y debemos perseguir este sueño no solo en las formas anticuadas, publicaciones de un solo lenguaje y de tapa dura – sino también en la Internet, en una forma multilingüe y de cruce de culturas.
En Chile, por ejemplo, Mabuse y La Fuga, son dos ejemplos on line de iniciativas que están tratando de combinar y asociar lo informativo, lo inteligible y lo intelectual de la crítica cinematográfica. Todos podríamos, seguramente, mencionar otros ejemplos importantes, como Ekram y Kino en Eslovenia, o Criticine en las Filipinas, o Filmkrant en Holanda.
Se darán cuenta que es en los países más pequeños comparativamente, en las que estas importantes iniciativas están sucediendo, lugares como Chile, Argentina, o mi propia Australia. No mucho así en Inglaterra o Estados Unidos o Francia, los “viejos poderes mundiales” que están expresando toda esa ansiedad acerca de la crisis y la “pérdida de valores y estándares sólidos” en la crítica. Hay una lección en esto, lección que me he encontrado diciendo mucho aquí en Valdivia: los países más pequeños tienen que juntarse y colaborar más, ya que de ahí es de donde viene la próxima revolución en crítica cinematográfica. No en las páginas del New York Times o en los programas de chismes de Hollywood en cable!. Y quizás tampoco en Film Comment o Sight and Sound o en la francesa Cahiers du Cinema, de cuyas páginas el realizador Jonas Mekas describió hace poco como “solo publicaciones de rutina” que han perdido su fuego, su razón original de ser.
Tengo dos ideas rápidas para finalizar. La primera es acerca del formato de una revista de cine en la era de Internet. Seguidamente accedemos a una nueva tecnología, con sus nuevas posibilidades, con las mismas viejas ideas de lo que debería ser una publicación, y lo que debería hacer. En términos de una revista de “medio rango” esto significa que nos avocamos a hablar sobre los últimos films interesantes, los últimos festivales, los últimos libros, hacemos entrevistas y escribimos reseñas, hablamos de directores y hacemos “ensayos generales”. Pero esta forma estándar ya no se usa más, está bloqueando nuestra imaginación crítica e intelectual. Necesitamos redefinir completamente que es una “revista de cine” o lo que puede ser, y estoy interesado en ver como mis colegas responden a tal desafío.
La segunda idea es acerca de los blogs, la blogósfera. En este segundo, son los blogs de cine los que están haciendo los más interesantes e innovadores trabajos en crítica cinematográfica y comentario cultural – tal como el gran blog de Quintín y Flavia, La Lectora Provisoria – que ya ha tenido, durante la última semana, cinco instalaciones de su “diario de Valdivia”. Y eso es crítica instantánea, en el momento, para ustedes!.
Hace quince años, antes de la explosión de la Internet, el crítico francés Nicole Brenez habló sobre uno de los últimos libros de Serge Daney: el diario que llevaba en los últimos meses previos a su muerte, recopilado en un libro titulado The Excersice Has Been Beneficial, Sir. Lo que Nicole dijo acerca de este libro, proféticamente, es que es una mezcla increíble de modos de escribir: confesiones íntimas, análisis escolar, notas fugaces, halagos poéticos, y todo tipo de “ordenamiento de cuentas”. Nicole añadió que este tipo de mezcla de estilos, en el final, captura algo “propio al cine”, algo que corresponde al propia mezcla de documental, ficción, fantasía y testimonio, memoria y sueño del cine. Y cuando veo las últimas mezclas asombrosas de estos elementos en los mejores filmes mostrados aquí en Valdivia, se que nos tenemos que apurar para producir una nueva crítica de cine, una crítica que sea propia de nuestro tiempo.
Gracias.
Texto extraído de www.lalectoraprovisoria.com.ar
Traducido al español por José Sarmiento Hinojosa
escupir en el tiempo: el cine marginal brasileño



Julio Bressane, Rogelio Sganzerla, Andrea Tonacci
El Cine Marginal Brasileño
En Latinoamérica los años 60 en el cine significaron un cisma contra el pasado cinematográfico, los nuevos cines proliferaron como respuesta a un clima regional y mundial propicio para la creación artística y el desarrollo cultural.
En Brasil, el Cinema Novo renovó la visión de las películas, sobrepasando sus intenciones mundanas para proponer un arte comprometido socialmente y radicalmente opuesto a lo antes hecho en el continente.
Glauber Rocha
Rápidamente cobro fama y prestigio internacional, Glauber Rocha y Nelson Pereira competían en Cannes a mediados de los 60´s y Glauber se llevaba el premio al mejor director el 69, luego la dictadura militar obligo al exilio a la mayoría de cinemanovistas en Brasil.
El final de la primera etapa del Cinema Novo – el premio de Glauber en Cannes – coincide con el inicio de otro grupo de cineastas brasileños, una nueva generación proveniente de Sao Paulo, quienes conocían la urbe y sus demonios y no dudaron en retratarlos sin censura.
Luego del sueño latinoamericano que significó el Cinema Novo, con sus directores geniales, intelectuales y desterrados lo que quedo en Brasil fue intentar sobrevivir, o no se filmaba nada o se hacían las “chanchadas”, un sub-producto con el cual Embrafilme podía sostenerse y que era aceptado por la férrea censura dictatorial.
Nelson Pereira Dos Santos
Aquí se mezclaban bailes, crímenes, erotismo y chistes localistas, aparentemente inofensivos para el gobierno de Medici, pero es través de este que surge el camino del cambio, la formación de un cine radical, obscenamente sincero y con mucho que exclamar, así cineastas con actitud de choque y espíritu kamikaze formaron el movimiento fílmico con más atrevimiento, brillantez y coherencia – solo comparable con el Cinema Novo – de Latinoamérica: El Cinema Marginal.
Rogelio Sganzerla, Julio Bressane, Andrea Tonacci, Ozualdo Candeias, principales exponentes del Cinema Marginal o “Udigrudi” establecieron su centro de operaciones en la ciudad de Sao Paulo, en el barrio “Boca do Lixo” conocido distrito refugio de la prostitución, trafico de drogas, pornografía, y concientemente se nutren de su entorno para lanzar su cine, sobre todo Sganzerla, Bressane y Tonacci quienes eran imperturbables cinéfilos admiradores desde Godard, Fuller y Cocteau hasta Einsenstein y Jean Marie Straub, que afinaban su oficio realizando cortometrajes y en la critica de cine.
Antes de…
El Cinema Marginal comparte sus inicios con el de sus personajes emblemáticos, es un cine barato, rebelde y caótico lo que conlleva a plantear principios acordes a la pobreza y marginalidad en donde encuentran la libertad necesaria para iniciar su batalla artística.
Observan los robos, la corrupción, la injusticia, la constante contradicción de vivir en una ciudad país y crean personajes extremos y vulgares, sin nada que perder, criminales, parias que se desenvuelven en la situación que les toco vivir.
Ozualdo Candeias
Como principio rechazan la belleza al considerarla un estandarte del cine tradicional, un elemento anacrónico y mentiroso que adormece al espectador, así optan por un realismo puro y sucio, dándole sentido y personalidad a protagonistas que antes eran dejados de lado por su peligrosidad o su falta de aceptación.
Mostraron la ciudad como un monstruo que engullía a todo lo que lo habitaba, lleno de vida y muerte, de movimiento y emoción, donde lo contradictorio y salvaje creaba una atmósfera de pesadilla que solo acabaría en la muerte – todos los protagonistas de las películas que citaré terminan muertos o agonizantes – .

Personajes e Historias
“El Bandido de la Luz Roja” y “La Mujer de Todos” ambos filmes de Sganzerla acuñados dentro de este movimiento – y tal vez los mas logrados – tienen como patrón narrativo el establecimiento de un personaje único, central y eje de la acción haciendo que la trama se construya a partir de su figura transformando el filme en un monologo interpretativo, aunque no aparezca en escena el personaje sigue rondando, su mito le hace omnipresente – sobre todo en el caso de “El Bandido…” muy cercano al estudio sociológico de la leyenda popular y la paranoia colectiva – y a través de esta observación no solo descubrimos la mayoría de rasgos de su carácter sino que también refleja la experiencia vivida y la influencia que ha tenido en este un tiempo y un lugar específicos.
“El Bandido…”(Paulo Villaca) es un asaltante y luego asesino en serie que mata sin remordimientos y disfruta con la psicosis que produce en la ciudad, persigue inconcientemente su muerte como pináculo del reconocimiento, siendo su devenir un conjunto de acciones instintivas y primarias mas que un acto pensante y elaborado.

Su muerte corriendo y cayendo entre el basural hace recordar a Cybulski en “Cenizas y Diamantes” pero aquí funge como un viaje de retorno al lugar donde se hizo ídolo y leyenda popular, y perece al alcanzar la inmortalidad buscada, siendo su muerte – y aparición -anunciada en los avisos luminosos – Ciudadano Kane – como una gran noticia mediática que genera reacciones encontradas.
En “La Mujer de Todos” tenemos a la mítica Helena Ignez, quien se entrega fugazmente a cuanto hombre le convenga para complacerse en un acto de rebeldía y contra culturalismo – no conciente – terminando en un espiral que la llevará a una muerte tan estrambótica como su historia.
“La Mujer…” es un personaje que se niega a una vida burguesa – alter ego de los cineastas marginales – para buscar la libertad y libertinaje dentro de las capas mas periféricos de la sociedad paulista

Los personajes secundarios representan una idea clara sobre la sociedad brasilera, un conjunto de estereotipos viciosos y vetustos que ejemplifican la posición y critica de Sganzerla hacia el gobierno, la burocracia, la policía y la prensa.

Con los personajes de Julio Bressane en “Mató a su familia y se fue al cine” y “Un Angel Nació” pasa algo distinto que en los filmes de Sganzerla, Bressane esta mas interesado en la construcción de atmósferas dramáticas y los personajes son parte de este engranaje argumental, alejándose de la propuesta individualista de Sganzerla.
En “Mató a su Familia y se fue al Cine” (probablemente el titulo mas perturbador y llamativo en la historia del cine) el asesino (Antero de Oliveira) que mata a su familia ante el hartazgo de la rutina decide ir a ver una película para escapar de la policía y relajarse, es obviamente atrapado por la ley y torturado y a la vez observamos la película que estaban pasando en el cine, donde dos jóvenes mujeres (Marcia Rodrígues y Renata Sorrah) intentan vivir una relación romántica con alegría y despreocupación.

Este choque de temas y realidades se expande en la trama, así, el asesino proviene de la clase baja, es humillado y dejado moribundo por los policías en una comisaría mientras que el idilio entre las chicas sucede, ambas de clase alta, se bañan en su piscina, hacen ejercicios, escuchan música, pero al final terminan matándose entre si por sus conflictos sentimentales.
La filmografía de Bressane adquiere una cualidad trágica y contemplativa, se ve mayor pesimismo y compasión hacia quienes les toca vivir las realidades filmadas.

“Un Angel Nació” retoma la vida criminal de dos avezados asaltantes (Milton Goncalves y Hugo Carvana) que en su huida de las autoridades matan sin miramientos, con una relación homo erótica entre ambos, mientras uno dice tener visiones místicas, secuestran y matan a dos acomodadas mujeres, desapareciendo finalmente por la carretera en medio de la agonía de uno de ellos.
Aquí llegamos al melodrama, que fue un género muy popular en la “chanchada” y Bréssane lo usa para filmar una historia de violencia, misticismo, muerte y sus consecuencias, el remordimiento se asoma para castigar a sus personajes pero no reaccionan y siguen matando en su viaje exagerado al saberse condenados.

La otra obra representativa del movimiento seria “Bang Bang” de Andrea Tonacci, cinta inclasificable y radical por la anti-narratividad de la historia y sus personajes bufos y caricaturescos – en el buen sentido de la palabra – y es que la anarquía de la forma y la puesta de escena llega a la construcción de caracteres y a la estructura narrativa.
“Bang Bang” relata la historia de unos bandoleros y la persecución a una de sus victimas, los personajes representan alegóricamente las emociones que experimentan, si están tristes lloran, si están molestos o eufóricos disparan a gente, todo con ese espíritu bufonesco y con la intención de Tonacci de dejar muy en claro los estados de animo de sus “heroes” exagerándolos para desembocar una parodia extrema y barroca, tanto del cine que los inspiró – road movie – como de la realidad circundante.

Puesta en Escena y Montaje
Si algo reflejó esencialmente el espíritu trasngresór del Cinema Marginal fue su puesta en escena e ideas de montaje, el ejercicio de estilo que llevaron a cabo Sganzerla, Bressane y Tonacci fue su principal arma para marcar distancia del resto de la producción de su tiempo.
Las historias se fusionaban a la perfección – o imperfección – con el lenguaje cinematográfico que proponían, el extremismo en la puesta también establece la diferencia entre si mismos, sobre todo entre Bressane y Sganzerla.
Sganzerla muy influenciado por Godard, Einsenstein y el Film Noir filma con violencia y pasión, la rapidez de los planos y lo abrupto del corte buscan impresionar, inclusive repeler para provocar una reacción y toma de partido ante lo que se ve.
El Bandido de la Luz Roja
Su estilo frenético en imagen y disociador en sonido sobrepasa al extrañamiento brechtiano – símbolo de la Nouvelle Vague – para desconectar la imagen y su significado de la secuencia, del natural desarrollo estructurado de la escena y atacar a esta con ráfagas de imágenes libres -significativas emocional e intelectualmente- que logran aclarar o confundir el sentido del filme, un logro que se afirma si se tiene en cuenta que entre sus principales estamentos esta el interpretar con realismo las historias que cuentan – en Boca do Lixo – hacia el cine, y como único camino coherente presentan la ruptura con la estética realista – interesante contradicción – cohesionando el naturalismo de sus imágenes con el surrealismo propio de la marginalidad brasileña, he allí la esencia de la “Estética de la Basura” un manifiesto imaginario que funda el Cinema Marginal.
Con Sganzerla la corta duración de los planos, la ráfaga de imágenes y el tipo de fotografía denotan una forma documental naturalista, muy contrastada en tonos, siempre en blanco y negro, con esto notamos el rechazo consecuente del embellecimiento para poseer la libertad de filmar el todo, a sus personajes y a su ciudad, que – por las precarias condiciones económicas de los rodajes – era necesario, la ausencia de luces le permitió una variedad y riqueza de imágenes muy pocas veces vista en el cine latino.

Un ángel nació
“Mató a su familia …” planteó otro rumbo en puesta en escena, Bressane hizo con esta – y luego con “Un Angel Nació” – un experimento de observación prolongada del drama, Bressane prescinde de elementos secundarios y aquieta la cámara en momentos de gran tensión dramática pero de intrascendencia visual, no llegamos a ver completamente el caos mental en el que se encuentran sus personajes por lo que tendremos que proyectarnos y especular con las acciones de estos.
Desde el plano estático viendo al hijo preparándose a matar a sus padres hasta el final de “Un Angel …” con la carretera interminable y la música festiva vemos a un cineasta que provoca e intriga, en sus dos películas podremos apreciar como busca el letargo para llegar mas lejos, bastante similar a Jean Marie Straub, Bressane quiere hacernos la idea de que luego de presentar un fondo dramático tan fuerte debemos volver a la calma y ver que sus personajes son seres humanos al final de todo, la humanización ocurre al observar los momentos antes y después de un gran crimen, de una agonía lenta, del remordimiento, allí vemos como en sus acciones mundanas , caminar, comer, ir al baño, escupir, los hacen acortar distancias del espectador, ya no son criminales los que vemos sino figuras incomprendidas y desafortunadas que son arrastrados por los hechos.
Lo que vendrá
Ante la reciente muerte de Sgazerla y Candeias, esta surgiendo – especulo optimistamente – un redescubrimiento de las obras del Cinema Marginal Brasileño en Latinoamérica y Europa, y que trataremos que también se difundan en el Perú, por el momento las cintas revisadas son de las pocas accesibles, pero que dejan mucho intereses y fuerza por seguir conociendo y admirando a este movimiento que vivió y murió siempre en su ley.
Por Cesar Miranda
jules dassin o el cine como manifiesto

“A mediados de los 40′ un nombre comenzaba a surgir entre la negrura de las cintas de la época. Un estadounidense de ascendencia judía, que era capaz de reproducir con realismo el espíritu desencantado de la posguerra en películas con un alto espíritu social que le valieron una cobarde persecución macartista”.
Un 18 de diciembre de 1911, en el seno de una familia de inmigrantes rusos, nacía el inquieto Jules Dassin. Al terminar sus estudios secundarios en 1929, decide convertirse en actor, para años más tarde encontrar en la dirección, el camino que tanto había buscado para transmitir sus ideas y su visión de una realidad dura, esa que tanto había examinado recorriendo el Bronx cuando solo era un muchacho de escuela.
Con veintinueve años, llega a Hollywood, convirtiéndose en ayudante de Garson Kanin y Alfred Hitchcock. No obstante, es en 1941 que Jules Dassin empieza su travesía en la dirección cinematográfica, con el cortometraje “El Corazón Delator” (The Tell-Tale Heart), basado en el conocido relato de Edgar Allan Poe, en donde da una muestra de su pulso y manejo de la puesta en escena, así como de su arraigada conciencia social, haciendo de esa pieza de solo veinte minutos, una experiencia trepidante, en la que no se disminuye la tensión, aunque conozcamos el desenlace.
Ese auspicioso trabajo fue el inicio de una trayectoria de casi cuarenta años, la misma que se distinguiría en dos etapas, de las cuales hemos seleccionado sus cintas más representativas.
PRIMERA ETAPA: HOLLYWOOD Y LA PESADILLA MACARTISTA

“Fuerza Bruta” (Brute Force, 1947)
El cine negro de esos años, estuvo evidentemente influenciado por el movimiento neorrealista italiano. Directores como Luchino Visconti y Roberto Rossellini, cosechaban la admiración de la crítica y los cineastas de la época. Y Jules Dassin que concebía el cine como un mecanismo que sirviera de espejo a los espectadores, no podía estar ajeno a esta corriente, filmando en 1947 “Fuerza Bruta”, una violenta crónica carcelaria.
La opresiva realidad penitenciaria es develada por la aguda mirada de Dassin, en esta película en la que el escape se convierte en la única esperanza, en el motivo que mantiene con vida a los reos. El inmenso bloque de concreto es testigo del desplazamiento desesperado de sus habitantes, hartos de una rutina de continuos maltratos y pisoteo de sus derechos más elementales.

La cinta tiene una vigorosa e implacable fuerza narrativa. Mediante flashbacks de los personajes principales, Dassin nos permite ingresar a sus universos personales, plagados de pobreza, descontento e injusticia, que tras el encarcelamiento se corrompen más aún, mostrando la ineficiencia de un sistema que lejos de reformar a sus internos los hace más ruines.
Con un reparto liderado por Burt Lancaster, “Fuerza Bruta” se convirtió en el primer gran éxito del director, lo que le permitió seguir explorando senderos en los que su ojo crítico y racional sería el verdadero protagonista.

“La Ciudad Desnuda” (The Naked City, 1948)
A Nueva York, la ciudad mimada, el corazón estadounidense, Dassin no le rinde concesiones, ni alabanzas. El director mostró a la tradicional manzana en toda su dimensión, como un monstruo que engulle uno a uno a sus habitantes. Un lugar donde no existe espacio para la compasión o la fortuna.
La historia gira alrededor de la investigación del homicidio de una joven mujer. Somos testigos de cada una de las pesquisas policiales que desde el inicio de la película son acompañadas por la permanente voz en off de Mark Hellinger, uno de los productores del filme (quien se presenta a si mismo como tal), lo que refuerza la línea documental que quería plasmar el director, confeso admirador de Roberto Rossellini.

Aunque la película tenga la máscara de trama criminal, es obvio que para Dassin no es importante que conozcamos la identidad del asesino de la muchacha. Pareciera que sí, ya que hemos asistido al descubrimiento de diversas pistas que nos acercan más a él. Sin embargo, lo que verdaderamente desea mostrar, es la radiografía de su sociedad. Una sociedad de personas indiferentes, en la que los medios de comunicación sacan provecho de un drama cualquiera para obtener un sabroso titular que se venderá por algunos días. El director denuncia, lo dice a la cara y en su lucidez, no cabe el optimismo.
En 1949, la Academia galardonó al largometraje con dos premios Oscar, uno a la mejor fotografía y otro a la mejor edición, además de ser nominada a mejor guión.

“Mercado de Ladrones” (Thieves’ Highway, 1949)
Nick Garcos (Richard Conte) ha vuelto de un largo viaje de trabajo. Sin embargo, la felicidad de reencontrarse con su familia y su novia está a punto de desvanecerse. Su padre, comerciante de vegetales, ha perdido las piernas en un confuso accidente, luego de negociar la venta de una carga de tomates con Mike Figlia (Lee J. Cobb), un inescrupuloso sujeto que no habría pagado la suma pactada a su padre. Nick decide ir en búsqueda del dinero y la verdad.
Dassin que nunca ocultó su tendencia política, realiza con este filme, una certera crítica al sistema y sociedad de su país. Retrata la explotación que sufren los agricultores, así como la corrupción de los intermediarios, para los que el abuso es moneda corriente. En este “Mercado de Ladrones”, el engaño es plato de todos los días y una jugosa ganancia puede depender de qué tan rápido se acabe con la vida de alguien.

De otro lado, el director dibuja el rostro de un E.E.U.U. fragmentado, que aún vivía los traumas de la reciente guerra y en el que los ciudadanos desamparados, prefieren hacerse cargo de sus problemas antes que acudir a sus autoridades e instituciones.
Plagada de momentos verdaderamente memorables, como la carrera vertiginosa de un camión destartalado y las diferentes escenas donde aparece el protagonista con el personaje de Rica (Valentina Cortese), en las que la tensión sexual traspasa la pantalla, “Mercado de Ladrones” es una pieza fundamental en la carrera de Jules Dassin, pues tras su realización, los miembros del paranoico gobierno estadounidense comenzaron a considerarlo un elemento peligroso dentro de la industria.

“Noche en la Ciudad” (Night and the City, 1950)
“Noche en la Ciudad” fue la última película que Dassin realizó para un estudio hollywoodense (Twentieth Century- Fox), previamente a su autoexilio. Tuvo que ser rodada en Londres, debido a la persecución de la que ya estaba siendo víctima por parte del senador Joseph McCarthy, sobre todo luego que Edward Dmytryk mencionara su nombre en una de sus funestas audiencias.
Harry Fabian (Richard Widmark) un timador de poca monta que trabaja en un club nocturno, desea triunfar, ser reconocido, pero no encuentra el camino. De manera inesperada se le presenta la oportunidad de incursionar en el negocio de la lucha grecorromana, al que no dudará en ingresar, valiéndose de engaños.

Los oscuros recovecos de Londres y su fauna más rabiosa se revelan ante los espectadores. En los barrios bajos solo existe la ley que el dinero puede comprar y los encargados de hacerla cumplir son los más sombríos personajes. En medio de ese infierno, se encuentra atrapado el iluso Harry Fabian por voluntad propia. Quiere mimetizarse, pues cree poseer la maldad suficiente, sin embargo, no parece darse cuenta que no cabe en ese orden, que no hay espacio para los soñadores. Lo que ha hecho hasta ahora es supervivir. Nos preguntamos por cuánto tiempo más y obtenemos la respuesta en esos pasos desesperados, en esa respiración agitada.
Dassin realiza esta adaptación de la novela homónima de Gerald Kersh, como una pesadilla sin escape posible, añadiendo más pasajes al retorcido laberinto en el que ha dispuesto a su protagonista. Para lograr ese clima se apoyó en la excelente fotografía de Mutz Greenbaum, que influenciado por el fotógrafo Arthur Felling, más conocido como WeeGee, supo imprimir el tono sórdido y desencantado, en el que la noche toma una dimensión monstruosa, de amenaza constante.

Existen varias secuencias antológicas en esta maravilla noir, pero si hay alguna que merece mayor recordación es el de un combate cuerpo a cuerpo en un ring de lucha. El magnetismo con el que se cubre la pantalla es inigualable, repleta de planos detalle que aumentan el nivel de una violencia que de por si es subyugante.
SEGUNDA ETAPA: EL AUTOEXILIO EUROPEO

“Rififi” (Du rififi chez les hommes, 1955)
Luego de ser incluido en la lista negra del inefable McCarthy, Dassin tuvo que abandonar definitivamente su suelo natal. En ese contexto de exilio y tras cinco años de involuntario receso, realiza en Francia, “Du rififi chez les hommes”, más conocida como “Rififi”, obra por la que fue reconocido como mejor director en el Festival de Cannes de 1955.
Tony Le Stephanois (Jean Servais) acaba de salir de la cárcel y la ansiada libertad no es nada maravillosa, no tiene trabajo, ni dinero y su amada Mado (Marie Sabouret) lo ha abandonado. Lo acoge su amigo Jo (Carl Möhner), quien le propone realizar el “atraco perfecto” junto a un par de compinches más, Mario Ferrati (Robert Manuel) y César (el mismo Jules Dassin). El blanco es una joyería y la experiencia les dice que no será difícil, que con el botín podrán retirarse de la vida criminal. La experiencia lo dice, sin embargo ¿es tan fácil salir del infierno?

Como buen filme negro, los personajes están marcados por una suerte guiada por la fatalidad, configurándose un terrible escenario de arenas movedizas, en el que vagan primero con calma y después con desesperación al notar que el hundimiento es inexorable. No obstante, el único que parece presentir esto es el protagonista quien refleja en su rostro adusto y en cada movimiento una mezcla de extrañeza y tristeza. Sentimientos que de seguro también embargaban al director en su condición de exiliado.
El halo de pesar que cubre “Rififi”, hace que apreciemos el espectáculo, como a través de un vidrio roto. Incluso la vivacidad del número de music-hall, que aparentemente es un respiro refrescante en la cinta, es por contradicción el punto de partida de la tragedia, que curiosamente tendrá como responsable al personaje que interpreta el Jules Dassin.

La secuencia del robo es magistral. Durante veinte minutos, cada paso de lo planeado es filmado sin diálogos, ni música, logrando que nos concentremos en los gestos y angustia de los personajes, incrementando así el suspenso, que con un ritmo in crescendo, cada vez más infartante, nos conducirá a un epílogo vertiginoso, con el deterioro del protagonista en una alocada carrera, desarrollando una catarsis en la que solo la inocencia quedará a salvo.

“Nunca en Domingo” (Pote tin Kiryaki, 1960)
Con un guión de su autoría, Dassin lleva a la pantalla esta cinta en la que además actúa. El director dio vida al estadounidense Homero Thrace, filósofo que se traslada a Grecia, en su anhelo de pisar la cuna del conocimiento y la civilización. Al llegar conoce a Ilya (Melina Mercouri) una despreocupada y alegre prostituta que para él encarna toda la belleza de la cultura griega, por lo que intentará redimir su camino.
El director reflexiona sobre el combate de la libertad y las ganas de vivir contra las afectaciones intelectuales y el absurdo moralismo, a través de sus personajes principales: Ilya y Homero. La primera concibe el mundo desde su perspectiva orientada a los placeres físicos y el optimismo, incluso en su imaginario ni las famosas tragedias griegas, contienen elementos dramáticos (el final de “Medea”, es uno en el que Jason y su feliz familia, se encaminan a un día de playa). Mientras Homero, es una caricatura del intelectual, que no es capaz de asimilar una idea de felicidad alejada del conocimiento y la virtud.

“Nunca en domingo” es de esas comedias que siempre se van a llevar en la memoria, por su alegría y vitalidad, por sus canciones y sobre todo por Melina Mercouri que hace el papel de una de las desvergonzadas más bellas, carismáticas e ingenuas del cine, hecho que además le valió compartir el premio a mejor actriz en el Festival de Cannes con otra gloria, la gran Jeanne Moreau.

Topkapi (1964)
Ante todo, “Topkapi” es divertimento puro, una delicia que disfrutar, un ejemplo de que se puede hacer una heist movie sin grandes efectos y rollos argumentativos, pero con bastante inteligencia, humor y un claro sentido del suspenso.
“Topkapi” es el nombre del museo que pretende atracar un equipo de amateurs, liderado por dos expertos: Elizabeth Lipp (Melina Mercouri) y William Walter (Maximiliam Schell), para apoderarse de una valiosísima daga que es uno de los tesoros máximos de Turquía.

Las dificultades por las que atraviesan estos ladrones para llevar a cabo su plan, hace que los espectadores padezcamos junto a ellos una tensión constante que Dassin hábilmente libera con dosis de un humor bastante cargado (generalmente a cargo del personaje de Peter Ustinov), a diferencia de “Rififi” que era una pesadilla pura.
Y ya que mencionamos a la cinta noir, debemos decir que en “Topkapi” la secuencia del atraco también es de una dimensión espectacular y de un suspenso que corre por la frente, cual sudor frío. Además, al igual que “Rififi” serviría de modelo para otras películas del género, claro, que algunos las adaptarían con más o menos fortuna, como hiciera Brian de Palma en su “Misión Imposible” de 1996.

Noche de Verano (10.30 pm, Summer, 1966)
Fuertes palmas al son de un taconeo español, adornan los créditos iniciales de esta película, que es pasión en esencia, como era de esperarse de la adaptación de una novela de Marguerite Duras, quien además colaboró en la realización del guión.
“Noche de Verano” es una historia de amor, desengaño, abandono y crimen. Viajamos por la catarsis del personaje principal (Melina Mercouri) a través de paisajes rurales españoles que nada tienen de sublimes y si mucho de hostiles. Una catarsis que involucra también la pérdida de la fe en los sentimientos, en lo que puede quedar en los humanos al fin y al cabo. El alcohol, acompañado del frenesí y melancolía, son los mecanismos que utiliza la protagonista para aferrarse a una vida que le duele por postiza, pero que desea mantener, a pesar que su alma ya no resista más y prefiera perderse en la inmensidad de una ciudad.

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Jules Dassin partió el 31 de marzo del año pasado, a los 96 años, dejando un legado de obras que indiscutiblemente aportaron maestría y temple. Una herencia que merece ser atesorada junto con otras que escribieron con letras mayúsculas la historia y grandeza del séptimo arte.
Por Leny Fernández
Miedo y abstracción

Edgar G. Ulmer – El Hombre del Planeta X (The Man From Planet X, 1951)
Por Rodrigo Bedoya
El cine de ciencia ficción tuvo una importancia bastante significativa en los años 50 y 60: es en esa época en la cual se dieron las principales obras maestras del género, como El día que la tierra se detuvo, La invasión de los usurpadores de cuerpos o El planeta prohibido.
Lo interesante de este género durante la época eran sus principales connotaciones políticas, en algunos casos explícitas (El día que la tierra se detuvo, por ejemplo), pero generalmente manejadas a partir de la idea misma de la ciencia ficción: lo extraño y distinto que llega para conquistarnos, muchas veces transformándonos en zombies, sin la menor capacidad de decisión o de libertad. El miedo al comunismo se ve muy bien representado en el cine de ciencia ficción de la época.

“El hombre del planeta X” es una cinta que data de 1951. Dirigida por Edgard Ulmer (director de, entre otros títulos, la extraordinaria “Detour”, uno de los grandes exponentes del film noir), la película nos narra la historia de un periodista que es llamado por un científico a ir a una isla, que será el punto más cercano por el cual pasará el llamado planeta X. Sin embargo, cosas extrañas ocurrirán, como el aterrizaje de naves espaciales que tienen dentro a extraños visitantes.
La ciencia ficción basa su premisa en abrir todas las posibilidades, en hacernos creer que efectivamente seres de otros mundos existen, y pueden llegar a visitarnos. Sin embargo, un film como El día que la tierra se detuvo, por poner un ejemplo, no juega tanto con lo extraño e inquietante que puede resultar eso, sino que busca familiarizar al extraterrestre, hacernos ver que es alguien de bien.

“El hombre del planeta X” si busca jugar con la tensión y el suspenso que genera la premisa básica, mostrándonos al extraterrestre como un ser ambiguo, cuyas intenciones nunca son del todo conocidas. La sorpresa con la aparición del personaje hace que la película adquiera un plus que tiene que ver con el suspenso y con la tensión que proporciona el efecto sorpresa.
Y la puesta en escena de Ulmer hace bastante es de lo más interesante justamente porque sabe aprovechar lo limitado del presupuesto para ir creando un ambiente tenebroso y tétrico. Muchas veces la gracia de estas películas es observar un poco como los directores se recurseaban a pesar del poco presupuesto que manejaban, como la capacidad de los efectos especiales lega a hacer parecer obsoleta una puesta en escena como la que propone “El hombe del planeta X”, con un marciano que resulta gracioso de lo mal diseñado que era.

Pero lo cierto es que Ulmer, trabajando sobre todo en estudio, sabe como sacarle provecho a la situación, creado ambientes poco definidos, casi abstractos, que le dan a la película un matiz bastante inquietante. Ir jugando con fondos poco definidos y rocosos, muchas veces siendo confundidos con la niebla y con el humo que se usaban, va creando un ambiente que genera tensión en el espectador.
El ritmo de la cinta es pausado, sin ningún tipo de aceleración. Lo que se nos va contando es el hecho de que unos hombres de ciencia se dan cuenta que están lidiando con seres que escapa a una explicación científica. La película va siguiendo este descubrimiento de forma muy sosegada, poniéndonos en el punto de vista de aquellos que van haciendo este descubrimiento. Incluso el suspenso y la sorpresa con la aparición del alien nunca llegan a partir de un efecto de shock, sino a partir de un clima y de un desarrollo que el director va desarrollando y que hace todo un poco más inquietante.

Lo interesante de la ciencia ficción de los años 50 es que hacía del menos más: sabía como jugar a partir de las limitaciones, como crear suspenso y tensión a partir simplemente de un escenario poco definido y de unos cuantos otros efectos. Lo inquietante de El hombre del planeta X se basa e la poca definición, en el hecho de que nada parece muy claro ante nuestros ojos.
Esta abstracción, que Ulmer sabe aprovechar muy bien, es la que permite ir generando cierta tensión. La oscuridad de la noche, el efecto de la niebla, los ambientes rocosos: no hay nada en la película ni en su puesta en escena que plantee certezas, y es en esa ambigüedad que El hombre del planeta X triunfa con creces.

Así como esta, hay muchísimas películas que merecen un cierto rescate, que se vaya discutiendo de ellas. La ciencia ficción, como ya lo dijimos, es una especie de barómetro que mide el ambiente social y político de toda una época, y lo hace a partir de los elementos que da el cine.
cuando scorsese estaba llegando

Martin Scorcese – Alicia no Vive Aqui (Alice Doesn’t Live Here Anymore, 1974)
1974. Los setenta en el cine marca una historia de cambio, cambios que se dan no sólo por el giro social entre el rock and roll, las visiones del sexo y las drogas, o las posiciones de roles en la vida a diaria, o también sin duda los problemas de las productoras que se dedicaron a incrementar verdaderas taquilleras que además empezaban a dar brotes a películas ahora históricas en todos los géneros, drama, ficción, acción o romántica. Y eso tanto porque diversos directores empezaban a tomar cuerpo con sus estilos y perspectivas, Scorsese fue uno de ellos, que en la época sacó varias de las mejores películas que se le reconoce entre ellas Mean Streets (1973) y Taxi Driver (1976). Pero ahí justo en el medio Scorsese dio a luz una película que a pedido de Ellen Burstyn (Requiem por un sueño) dirigió a su manera explorando en un drama muy alejado a lo suyo si lo vemos ahora dentro de un contexto global de su filmografía.

Alicia ya no vive aquí es la historia de intentos, de motivaciones y caminos que se quedan siempre como una broma no entendida. Esta era ya una cuarta película, la segunda que hacía por la motivación de alguien más, la primera claro fue Boxcar Bertha, otra sacada de la línea que ya luego se le conoce a Socrsese, pero que gracias al productor Roger Corman (serie B) logró experimentar y hacernos ver también con ese corte que Scorsese es un director todo terreno. Pero con Alicia logramos identificar más el sello Scorsese, y es algo extraño, pues recién empezaba y ya marcaba un estilo que se empezó a ver claramente con su primer largometraje Who´s that knocking at my door?

Aquí en Alicia se encuentra más que fondo, formas, pues el fondo la historia que no se logra concretar de manera creciente y deja todo quizás muy claro en lo mismo que nada se logra con un mayor entusiasmo que toques de romanticismo. Eso de las formas pues no sólo queda en detalle que Scorsese involucra de manera técnica como los contrastes al inicio que te dejan absorto como si estuvieras presenciando un sueño, o ambiental, en el caso de escenas donde la rutina se ve desde afuera o la melomanía que ya se le conoce, cada canción puesta tan no sólo de manera precisa sino casi brillante lo que hace a veces aún más por la escena que el propio fondo mezclando todo casi de manera plástica.

Puede verse entonces que en esta película Scorsese experimenta con los aspectos psicológicos de los personajes de una manera contemplativa sin tanta inclusión del espectador, lo que la hace un poco salvo si alguna relación se logre ver desde un punto de vista en particular donde se podría rescatar el caso de madre-hijo, soporte casual de la historia, pues Alicia en realidad construye un camino, o lo intenta, para ella, lo que hace ese estado de maternidad un conflicto a manera de contradicción. Una película que plantea emociones y necesidades de manera floja por ratos pero que logra darnos salpicadas reacciones no inmediatas que sí hacen de esta película una opción Scorsese que se tiene que ver pues la identificación con el estilo posterior encuentra ahí ciertos principios elocuentes que no dejan de ser atractivos.

Alicia ya no vive aquí está puesta por Scorsese de manera tan real como pueda ser aquél personaje con una Ellen Burstyn que luce el drama en esta historia no siendo del todo dramática sino incluyendo los estados de rigor que su papel necesitaba y no se puede negar lo bien que lo hizo, lo que la hizo ganar un Oscar a mejor actriz por esta película. La actuación que complementa la historia es la Kris Kristofferson, que Scorsese logra dirigir para que él llegue a ser el punto distante que circula la intención de la historia en fin.
Como dije antes, no es un clásico de Scorsese por como ya sabemos que luego fueron sus películas pero es un buen ejercicio en paralelo que sirve de mucho ver para quién quiera no sólo saber o conocer más de este director sino para entender y contemplar aún más la evolución del cine y de las grandes influencias de la historia y del tiempo.
Por Beatriz Torres
El eclipse, la duración como subtexto

Michelangelo Antonioni - El Eclipse (L’Ecclise, 1962)
El eclipse (1962) de Michelangelo Antonioni es una exquisita muestra de un cine de autor que se fue consolidando en su época. Ir hacia una sinopsis en este caso, resulta sumamente limitante puesto que se trata de una película sesgada y perspectivista en función a los personajes principales en la misma. (Sobre todo por parte de Vittoria). Razones y sinrazones buscan justificación a lo largo alguna del relato y se da cuenta de que no se puede dar mayor explicación al surgimiento de pulsiones como la pasión, el tedio o la enajenación. La constitución de los afectos es, pues, el tópico principal de esta hermosa película.
En principio, es importante tener en cuenta que la razón de ser del nombre de la película es metafórico. En ella no asistimos a ningún eclipse, por ello, el director explica la licencia tomada: “Estaba en Florencia para rodar un eclipse de sol. El silencio, diferente de todos los demás silencios, la luz terrestre y luego la oscuridad, la inmovilidad total. Durante el eclipse se detienen incluso los sentimientos, pensé. De algún modo, de esta sensación nació El eclipse”.

Entonces, resulta interesante dar cuenta de la conformación de la idea de la película en función a la sinergia entre el entorno urbano y el impacto en sus habitantes. Esta es una de las características más importantes de la obra de Antonioni, y El eclipse se funda como una de las más importantes muestras de un estilo trascendental, en el que la imagen conforma una unidad que rara vez, privilegia algún sector de la fotografía. Así pues, es importante analizar los elementos del encuadre en su totalidad para la producción de sentido que pretende el realizador.
“Antonioni consideraba a sus actores un objeto más de la composición. En esta película, que habla de la posición de los objetos en el lugar y la ocasión ideales, la composición aporta mucha información sobre la historia al espectador”[1]

La película comienza sugiriendo una elipsis notable. Se expone el fin de la discusión de una pareja que se encuentra agotada después de una larga noche. En ella vemos a Vittoria (Monica Vitti) y a Riccardo (Francisco Rabal) yendo por distinta direcciones. Vittoria ha dejado de quererlo, Ricardo quiere saber por qué.
Si bien la película habla por sí misma, es importante exponer el vínculo en la tetralogía. La noche culmina con una fuerte separación y da paso al inicio de El eclipse y la escena de la decadente relación:
- “Yo quería hacerte feliz”
- “Ya lo sé”
“Sin perderse en los preámbulos, Antonioni va directo a las conclusiones. Con toda claridad, la muchacha ha decidido romper la relación porque la siente mortificante”[2].

Vittoria no sabe ni tiene la disposición para explicarse, es una chica ávida de algo que aún no conoce. Y la película nos mostrará su perspectiva tediosa de la realidad que la rodea.
Una vez culminada la relación, Antonioni nos muestra una más tangible sinrazón del hombre: La enajenación por el dinero. La madre de Vittoria tiene una gran pasión: jugar a la Bolsa. Esta mujer viuda de origen modesto teme más que nada a la miseria y no se da espacio para conversar con su hija, quien la busca constantemente como tratando de explicarse qué hace tanta gente yendo y viniendo en torno a un círculo de teléfonos en el ambiente central de La Bolsa.
Las imágenes expuestas en este punto se fundan como la contraparte de la tranquilidad relativa previa. Todo se mueve en torno a Vittoria, ella no sabe qué hacer.

“Cuando Vittoria consigue acercarse finalmente a su madre, ésta se encuentra presa de tal modo en el juego de los millones (“Recuerda que los millones se hacen lira a lira”, dirá a su hija al salir) que no le presta ninguna atención”[3].
Un minuto genial: Un minuto de silencio por la muerte de un corredor de bolsa. Aquí conocemos a Piero (Alain Delon), quien murmurará al oído de Vittoria: “Un minuto de silencio como para los futbolistas, pero…un minuto que cuesta miles de millones”. Piero es un corredor que conoce a la mamá de Vittoria, se nos muestra como un yuppie emprendedor que gusta del juego de las finanzas tanto como su madre, pero de alguna forma, logra captar la atención de Vittoria, y es que un enorme pilar de concreto los separaba en aquel silencio. Una vez más, damos cuenta de cómo Antonioni hace un uso magistral de los elementos en escena para otorgar un mayor peso dramático.

Ya tenemos un perfil de nuestra protagonista. Ella no sabe qué hacer, cómo ser feliz, parece ser que su entorno le brinda opciones provisionales para distraerse y nada más como lo estuvieron Claudia (La Aventura) y Valentina (La noche). Todas ellas precozmente decepcionadas por los sentimientos.
Vittoria sale del edificio con su madre y sigue contrariada. Tiene algo importante que decirnos: “Estoy cansada, angustiada, hastiada, desorientada”, afirma a su amiga Anita, una vecina. (Su madre le ha dicho que esa tarde debe cenar con Riccardo). De algún modo, es una forma de pasar el tiempo y expresa su molestia a su oyente: “Hay días en los que tener entre tus manos un trapo, una aguja, un libro o un hombre, da lo mismo”. Seguidamente, deciden ir a casa de una amiga (Marta) quien las invitó. Vittoria parece estar molesta al tener que cruzarse con gente y seguir interactuando con personas: “Hoy no hago más que conocer gente nueva”.
Sin embargo, este encuentro produce una interesante reflexión por parte de la protagonista. Y es que en la casa de Marta, abundan los motivos africanos: “Quizá allí se piense menos en la felicidad”.

Este juicio es el más claro y explícito a lo largo de toda la película. Vittoria ha llegado a una conclusión casi inconscientemente al expresar su deseo de ser feliz. Es fundamental tener en cuenta esta escena para indagar, al menos provisionalmente, sobre las motivaciones que hasta ahora parecían sublimadas por parte de Vittoria, como si un nihilismo inocente fundará su accionar y nada más lejos de la realidad.
Este detallle es resaltante pues una película de Antonioni no se comprende escuchando lo que dicen los personajes, aunque el diálogo suele ofrecer detalles sutiles y complejos, sino mirando dónde están, qué tocan, qué miran y quién les mira a ellos. En ese sentido, la afirmación indirecta de Vittoria se funda como el elemento discursivamente esclarecedor de lo que acontece con ella en un trasfondo.
De pronto, las tres deciden salir en búsqueda del perro de Marta que se ha escapado. Se denota la duración de los encuadres en el entorno nocturno. Este detalle es una suerte de preámbulo de algo que sucederá más adelante. “

“Para alejarse lo más posible de Riccardo (esa noche lo ha visto merodear bajo su ventana), Vittoria se marcha con Anita: su marido, piloto, debe entregar un avión de turismo a unos clientes en Verona”[4].
El magnifico espectáculo cautiva sobremanera a Vittoria: “Metámonos en esa nube de ahí”, le pide excitada al piloto. Aquí conocemos a una Vittoria “siempre dispuesta a gozar del sabor, de la poesía, de lo que existe”, se plasma una sensación de bienestar tan intensa que parece ser que Vittoria nunca querría marcharse de allí.
Cuando Vittoria decide buscar a su madre en La Bolsa, notamos un muy brusco retorno a la realidad: Ha habido un pavoroso crack, el bullicio es ensordecedor, todos venden con pérdidas. El clima del ‘debacle’ insensato hace contraste con el rostro impávido de Vittoria, quien encuentra a su madre sumamente triste y desganada. “Ha perdido una decena de millones – le dice Piero – pero si piensas en los cientos de miles de millones que se han perdido esta mañana en toda Italia… Mira a ese tipo de ahí, por ejemplo: pobre, ha debido de perder cincuenta millones”.

Abandonando a su madre, Vittoria comienza a seguir al desconocido que le ha señalado Piero, este se detiene en una farmacia y dibuja unas flores en un papel. Vittoria regresa a mostrárselo a Piero, quien no capta la ironía de la situación. Desde este momento comienza la fijación por Piero, Vittoria, aturdida, se encuentra encantada con la belleza y dinamismo de un Piero que afirma: “¿Por qué habría de parar?”.
“Con las mujeres, Piero tampoco sabe esperar: esta tarde, en el apartamento de la madre (…) Piero trata de besarla (A Vittoria mientras le muestra su cuarto”[5]. No se da cuenta de que no es el momento adecuado, los momentos dependerán ahora de Vittoria.
Piero, por su parte, descubre ese ímpetu juvenil ocultado por sus ansias arribistas y empieza a prestarle menor importancia a su trabajo en la bolsa: “Usted tiene sus compromisos y yo los míos. ¡Arrégleselas!” le dice a una cliente de la bolsa que va a pedirle que el crack no la arruine. Piero ha redescubierto el placer de no hacer nada y esa tarde sale con Vittoria, ella se deja rozar por un beso.

Este primer acercamiento con Piero funda la crónica de un enamoramiento que no se convierte en amor. Las diferencias, en adelante, empiezan a ensalzarse:
- A ti no te gusta la bolsa, ¿verdad?
- Aún no he comprendido si es una oficina, un mercado o un ring.
- Hay que ir a menudo para entender… Si uno empieza, después, se apasiona.
- ¿Se apasiona con qué?
Piero no sabe responder a la pregunta de Vittoria, quien parece estar ansiosa al pronunciar esa palabra que no conoce en su vida. Sin embargo, Vittoria sigue llevando las cosas con calma, ella juega a los enamorados mientras que Piero quiere ‘hacer el amor’. En casa de los padres de Piero damos cuenta de ello cuando Vittoria llega a huir de él.
La escena siguiente, en un acertado corte, nos muestra a Piero y Vittoria conversando tendidos sobre la hierba de un prado. Surge el inicio del fin. (“¿Entonces no te casarías conmigo? ¿Crees que nos llevaríamos bien los dos?”. “No lo sé”). Choque de expectativas: “¿Pero entonces por qué sales conmigo?”. “Quisiera no amarte o amarte mucho mejor”. Las evasivas de Vittoria nos recuerdan la escena inicial con Riccardo.

En su siguiente (y último) encuentro en la agencia de trabajo, Piero y Vittoria juegan como niños nuevamente, conciertan una cita “esta tarde, a las ocho, como siempre”. Imitan la inocente escena de amor en casa de Piero, tendidos en un sofá, acomodándose constantemente. Llega la despedida, Vittoria roza los labios de Piero y se va meditabunda y medio sonriente, Piero se sienta en su oficina dejando que los teléfonos suenen, ya no importan los millones.
De algún modo se anticipa un encuentro irregular, no se sabe que esperar pues no es fácil prever el hilo de las acciones en las películas de Antonioni, no es un autor que expresa la realidad en términos no estrictamente realistas.
“Ninguno de los dos acudirá a la cita esa noche. En ausencia de los protagonistas, el realizador filma el lugar del encuentro frustrado; sugiere la ausencia de las personas a través de las cosas inanimadas”[6].
“¿Significa esto que la pareja no es capaz de encontrarse en una esquina pese a haberse declarado amor eterno? No se demuestra ninguna de las dos opciones”[7].

Este final, justamente, provocó gran desconcierto en los asistentes de Cannes ese año. El frustrado encuentro fue abucheado por muchos pero el tiempo le dio razón a Antonioni. En mi opinión es uno de los mejores finales que he visto, sumamente tenso, dramático, el final abierto es sumamente intenso y conmovedor ¡y sólo nos muestra locaciones!
Los giros narrativos que produce Antonioni en torno a la metáfora lo colocan como uno de los grandes directores de la historia del cine, no por nada Aldo Tassone lo llama “el poeta de la visión”, así también, el mismo Roland Barthes le ha dedicado las siguientes palabras dentro de un ensayo:
“Otro motivo de fragilidad para el artista es, paradójicamente, la firmeza y la insistencia de su mirada. El poder, sea cual sea, por ser violencia, no mira nunca; si mirara un minuto más (un minuto de más), perdería su esencia de poder. El artista, por su parte, se detiene y mira largamente, y me puedo imaginar que usted se hizo cineasta porque la cámara es un ojo obligado a mirar por disposición técnica. Lo que usted añade a esta disposición, común a todos los cineastas, es mirar las cosas radicalmente, hasta su agotamiento”[8]
“Barthes detecta tres virtudes en Antonioni, en el sentido latino original de fuerzas o poderes, virtudes únicas del artista auténtico: observación, juicio y (…) fragilidad”[9]

Barthes resalta la cualidad de la narración Antonioniana para ‘decir sin decir’, la cualidad crítica y expresiva para mostrar nuestras propias taras y preocupaciones trasciende a aquel discurso forzado que todo lo verbaliza. El receptor, no obstante, ha de entrar en empatía con Antonioni pues no se trata de un cineasta cortés. Es profundo y requiere de suma atención a los detalles que nos deja en sus películas.
“La novedad formal del film, quizá el más libre y abstracto del realizador, ha suscitado a veces perplejidad. Se ha hablado de ‘formalismo satisfecho’, de ‘falta de estructuración’. “El relato salta en pedazos en un desorden de encuadres espléndidos e inútiles” (Labarthe). Semejantes afirmaciones hoy nos hacen sonreír” Como resaltaba ya Cavallaro, para referirse a la estructura de L’eclisse hay que hablar de “incoherencia coherente”. “Las doce-catorce secuencias del film constituyen una arquitectura formal, férrea”. Como en poesía, episodios y encuadres se suceden por analogías expresiva más que por concatenaciones dramáticas”[10]

Personalizando un poco más la crítica, Antonioni es uno de los directores que más aprecio y debo mucho. Me dejó esta lección fundamental en la vida: me volví más observador, me olvidé de los “silencios incómodos” en el cine, desde entonces, el subtexto representaría para mí el factor preponderante para percibir los afectos tanto en sus personajes como en aquellos con los que me cruzo yo día a día.
Antonioni fue un director intempestivo, de aquellos que requieren de paciencia y observación para ser entendidos, ¿o debiera decir “atendidos”? Nada ligero pero muy confortante. Modificó un paradigma que asumía cuando me acerquen al cine. Entendí que sus películas trascienden el plano del entretenimiento. Antonioni se las arregló para criticar no solamente la dimensión social en la que vivió, logró trascender y llegar a la dimensión ética personal. Así pues, el tedio y la inautenticidad son constantes que se plasman en sus personajes, de este modo, Antonioni funda el existencialismo en la narración fílmica.
Por Enrique Vidal
[1] CHATMAN, Seymour,y DUNCAN, Paul “”Michelangello Antonioni” Taschen, Barcelona, 2004. Pp. 86.
[2] TASSONE, Aldo. “Los films de Michelangelo Antonioni” FLUIR EDICIONES. La Coruña. 2005. Pp. 133.
[3] Ibid. Pp. 135.
[4] Ibidem.
[5] TASSONE, Aldo. “Los films de Michelangelo Antonioni” FLUIR EDICIONES. La Coruña. 2005. Pp. 136.
[6] Ibid. Pp. 138.
[7] CHATMAN, Seymour,y DUNCAN, Paul “”Michelangello Antonioni” Taschen, Barcelona, 2004. Pp.86.
[8] BARTHES, Roland en http://www.contrapicado.net/dvd.php?id=15
[9] CHATMAN, Seymour,y DUNCAN, Paul “”Michelangello Antonioni” Taschen, Barcelona, 2004. Pp. 32.
[10] TASSONE, Aldo. “Los films de Michelangelo Antonioni” FLUIR EDICIONES. La Coruña. 2005. Pp. 138.
desde el más allá: Los aportes de la literatura de Howard Phillips Lovecraft al cine

I. En la noche de los tiempos: un acercamiento al genio de Providence
Para los amantes de la literatura de terror y ciencia ficción, el nombre de Howard Phillips Lovecraft es objeto de culto. Sus relatos son referente ineludible para quien desee sumergirse en los profundos abismos de lo oscuro, demoniaco y tenebroso. Reconocidos autores del horror y lo fantástico como Joe R. Lansdale, Bentley Little, John Ramsey Campbell, Jorge Luis Borges y el prolífico Stephen King han reconocido explícita o implícitamente la influencia del autor de Providence (Rhode Island, Estados Unidos) en sus respectivas obras. Caso curioso es, por ejemplo, el de Borges, quien a pesar de considerar a HPL un autor menor y tildarlo de “parodista involuntario de Poe”, le dedica su lovecraftiano cuento There are more things.
En sus relatos, el autor de Nueva Inglaterra, desplaza al hombre como centro de la narración e instaura como eje supremo al cosmos o el ambiente. El débil desarrollo de los personajes y la casi total ausencia de diálogos son reemplazadas por descripciones exhaustivas y súper adjetivizadas de lugares y sucesos, llegando a veces a exasperar al lector moderno, acostumbrado a usos estilísticos más dinámicos.

Aunque no fuera un autor muy conocido en su propia época, Lovecraft logró abrirse espacio en publicaciones como Weird Tales, Tales of Magic y Amazing Stories. Criaturas como el gran Cthulhu, Azathoth, Nyarlathotep, Yog-Sothoth, lugares como Innsmouth, Dunwich y Arkham (donde se encuentra la imaginaria Universidad de Miskatonic) y libros como el Necronomicon, obra ficticia escrita por el también ficticio poeta loco y demonólogo árabe Abdul Alhazred, han pasado a formar parte del imaginario colectivo de los amantes del fantástico.
Su declarado y manifiesto ateísmo, junto con sus peculiares experiencias familiares y su historia de reclusión física y espiritual en su ciudad natal, nos pueden dar luces sobre algunos de los temas más recurrentes en su literatura. Los estudiosos suelen dividir su obra en tres grandes grupos: sus cuentos de fantasía pura, los relatos de horror cósmico o numinoso y, por último, aquellos que continuaron una línea clásica del terror.

Muchas de sus historias enfrentan al hombre con el conocimiento de lo prohibido, en donde el protagonista ve colapsar su cordura frente a la abismal enormidad de lo descubierto. También nos muestra la inefable influencia de poderosos y primigenios seres cósmicos, extraterrestres o de otras dimensiones sobre una humanidad “extranjera” en su propio hogar.
Otra de sus líneas argumentales más trabajadas es la que habla sobre culpas atávicas, en las que los descendientes deben pagar por los pecados de los antepasados o sufrir la consecuencia de pertenecer a estirpes de sangre maldita (como en el caso de El horror oculto, La sombra sobre Innsmouth y El caso de Charles Dexter Ward). Tampoco se puede dejar de mencionar el poco disimulado racismo que manifiesta en muchos de sus escritos, cierta misoginia, y sus ideas sobre la imposibilidad de escapar al destino o el temor de ver a la sociedad occidental amenazada por fuerzas bárbaras o primitivas.

II. El que susurra en la oscuridad: el paso a la gran pantalla
La literatura de Lovecraft tiene mucho potencial para cautivar la atención de guionistas, productores, realizadores y público cinematográfico. Tal vez sea por aquella peculiaridad de sus cuentos, que los interrelaciona sutilmente unos con otros, ambientándolos en esos inquietantes lugares irreales de Nueva Inglaterra; o la casi permanente mención del fantástico y poderoso Necronomicon, libro maldito que aún muchas personas pueden pensar que realmente existe.
O aquellos horrores tan profundos que las palabras no alcanzan a describirlos y pueden llevar a la mente a imaginar lo inimaginable. La presencia de todos estos elementos tomados del ocultismo esotérico, la ciencia y el periodismo de la época, constituyen un terreno fértil para despertar la imaginación del más escéptico. Y el cine de terror, estando siempre a la caza de elementos perturbadores, no podía dejar pasar de largo estas angustiantes historias.

Sin embargo, Hollywood encontró en Lovecraft un filón digno de aprovecharse recién en 1963, 25 años después de su muerte. El Palacio De Los Espíritus (The Haunted Palace) adaptaba muy libremente la novela corta El caso de Charles Dexter Ward. Por razones de marketing, el productor y director Roger Corman utilizó para el título del film uno de los poemas de Edgar Allan Poe. Con correctas interpretaciones de Vincent Price, Debra Paget y Lon Chaney Jr., la película tuvo una regular aceptación del público.
Seguirían luego Die, Monster, Die! (1965) y Curse Of The Crimson Altar (1968), ambas protagonizadas por Boris Karloff, inspiradas en los cuentos El color surgido del espacio y Los sueños en la casa de la bruja, respectivamente. La primera no tarda en perder totalmente la línea argumental del relato de horror de Lovecraft, llevándolo hacia la ciencia ficción, mientras que la segunda desperdicia el reparto reunido -dentro del cual se encontraban los magníficos Christopher Lee y Barbara Steele- en una historia que pierde fuerza y se torna francamente aburrida. Mucho más efectiva es la adaptación de la misma historia hecha para la televisión en el 2005, perteneciente a la serie Masters Of Horror y dirigida por Stuart Gordon.

Los años setenta trajeron consigo la versión cinematográfica de uno de los relatos esenciales del ciclo literario de los Mitos de Cthulhu: El Horror De Dunwich (1970). Producida por Roger Corman y dirigida por Daniel Haller, la historia del nefasto Wilbur Whateley, interpretado por Dean Stockwell, es recreada con toques psicodélicos, incorporando al personaje de Nancy Wagner (Sandra Dee), quien no aparece en la obra literaria. En la película, el horror que inspira el original está ausente, siendo reemplazado por escenas alucinógenas con reminiscencias a El Bebé de Rosemary y un final bastante trillado, con frustrado sacrificio ritual de la bella dama incluido.
En Italia, la influencia lovecraftiana se dejó sentir a través de Lucio Fulci, uno de los grandes propulsores del gore más explícito. Sus películas Paura Nella Città Dei Morti Viventi (1980) y Quella Villa Accanto Al Cimitero (1981) hacen constantes referencias a creaciones y lugares de la obra del autor de Providence. Tal vez la más popular y taquillera traslación a la pantalla de una obra de Lovecraft sea Re-Animator (1985), basada en Herbert West, Re-Animator, una historia de la cual HPL manifestó no sentirse totalmente satisfecho. Dirigida por Stuart Gordon y protagonizada por Jeffrey Combs, dos grandes personajes del cine de terror ochentero, esta desopilante historia sobre una sustancia que puede reanimar cadáveres, logro desatar una nueva ola de películas basadas en los cuentos del autor. La belleza femenina estuvo a cargo de la sensual Barbara Crampton.

Re-Animator de Stuart Gordon (1985)
La misma combinación (Lovecraft, Gordon, Combs, Crampton) volvió a juntarse en From Beyond (1986). La película se plantea como una secuela del relato corto Desde el más allá, en el que un científico logra inventar una máquina (el resonator) que estimula la glándula pineal, abriendo la mente a una dimensión paralela habitada por monstruosos seres. Se trata de una producción sumamente entretenida con una buena banda sonora y efectos especiales bastante apreciables para la época.
En 1987 llegaría una nueva versión cinematográfica de El color surgido del espacio. Se trata de La Granja Maldita (The Curse), en donde un meteorito cae en el campo de una familia de granjeros, produciendo terribles mutaciones físicas y psicológicas entre sus miembros. La historia guarda muy poca relación con lo que Lovecraft quiso transmitir en lo que él consideraba su relato favorito. El horror atmosférico se pierde para dar paso a la repugnancia y el gore explícito.

Una suerte similar correría la adaptación de Lo innombrable. Estrenada a través del video en nuestro país con en título de Donde Duerme El Horror (The Unnamable, 1988), el filme tiene muchas referencias a Lovecaft -los personajes de Randolph Carter y Charles Dexter Ward son prestados de otros relatos del autor, se menciona al Necronomicon, parte de la acción se desarrolla en la Universidad de Miskatonic, etc.- pero rápidamente degenera en una burda película estudiantil de horror, con crímenes, monstruos y generosos senos. Sin embargo, su exiguo éxito llevó a su director, Jean-Paul Ouellette, a realizar una pseudo-secuela llamada The Unnamable II: The Statement Of Randolph Carter (1993).
Dan O’Bannon dirigió The Resurrected (1992) una interesante revisión de El caso de Charles Dexter Ward, en la que Chris Sarandon interpreta el doble papel de Joseph Curwen y Charles Dexter Ward. Las criaturas deformes (sobre todo aquella moribunda que los lugareños encuentran flotando en el río) son de lo más lovecraftniano que se ha visto en la pantalla. En 1994 apareció Necronomicon, película compuesta por tres relatos enlazados por la presentación del propio Lovecraft, encarnado por Jeffrey Combs. Una buena revisión de historias no muy conocidas del autor, que tuvo un modesto éxito de público y crítica.

La trilogía Evil Dead de Sam Raimi y los llamados filmes apocalípticos de John Carpenter (The Thing, Prince Of Darkness e In The Mouth Of Madness), a pesar de no estar basados en ninguno de los relatos de Lovecraft, transportan al lector-espectador a universos en los que la influencia lovecraftiana no puede pasar desapercibida. El nuevo milenio trajo consigo a Dagon: La Secta Del Mar (2001), nada despreciable producción de la Fantastic Factory dirigida por Stuart Gordon y basada en los cuentos Dagon y La sombra sobre Innsmouth. Dos parejas tienen un accidente en el mar, llegando al extraño pueblo de Imboca e iniciando una lucha por sobrevivir a los temibles mutantes humano-marinos que lo habitan.
Pero tal vez la más fiel de las adaptaciones de HPL es La Llamada De Cthulhu (The Call Of Cthulhu, 2005). En esta producción muda y en blanco y negro, el novel director Andrew Leman realizó un homenaje al cine expresionista respetando fidelísimamente la línea argumental de la historia original, inclusive en su estructura capitular. No hay gore, desnudos ni lenguaje obsceno: sólo 47 minutos de pura mitología lovecraftiana, como para transmitir a las nuevas generaciones.Tal es la influencia de la literatura de Lovecraft en el séptimo arte, que desde 1995 se viene realizando el H.P Lovecraft Film Festival, como un espacio donde los realizadores profesionales y amateurs pueden seguir rindiendo tributo a este genio del horror.

El Palacio de los Espíritus
Muchas otras adaptaciones e inspiraciones han quedado en el tintero. Pero es innegable que el inagotable universo creado por Lovecraft y sus seguidores, seguirá alimentando la imaginación de los guionistas por muy buen tiempo. Sólo esperamos que cada nueva producción esté a la altura del genio que nunca quiso ver banalizada y vulgarizada su creación por ese insaciable monstruo llamado cine.
Por: Miguel Mejía Salas
albert serra x albert serra

Albert Serra
–Tiene muchos admiradores, pero en todos los pases una parte del público a media película se escapa.
–Es la vida en general. Tampoco es una película para todos los públicos, y quienes se quedan disfrutan, hasta ríen. El humor la hace popular.
–La prensa francesa lo adora. Cahiers du Cinéma incluye Honor de cavalleria entre las 10 mejores películas de año. Libération le dedica varias páginas, y las críticas de El cant dels ocells<(La red suburbana de BCN son excelentes. ¿Se siente más querido fuera?
–Sentirse amado no va con mi carácter. Respondo por lo que hago, no por los sentimientos que genero. Pero es verdad, en Francia me siento más cómodo, más apoyado.
–Es el único director español en Cannes. ¿A qué se debe?
–Yo sé por qué me han escogido a mí, pero desconozco por qué no hay nadie más. Solo lo intuyo. Las películas españolas no están en sintonía con la onda actual del cine internacional. Son demasiado convencionales, siguen ancladas en viejas tradiciones. Los directores españoles se dedican al realismo tímido. En apariencia cuando tratan cuestiones sociales son incisivos, pero no se atreven a innovar ni en la temática ni en la forma. Filmografías como la de Rumanía están más avanzadas porque conectan con el cine moderno.
–Opta por rodar en catalán en un momento en que nadie se atreve.
–Primero porque es la lengua de los actores, salvo uno que habla en hebreo. Para mí es natural. Cannes no tiene ningún problema. Elige un cine artístico, en el que importan otras cosas. De todas maneras, rodar en catalán es un acto de valentía porque acota la producción. Hace que las películas sean más limitadas.
–Su obra parte de libros de trascendencia universal. Honor de cavalleria, con la que ya participó en la Quincena de Realizadores, surge de las páginas de Don Quijote, y El cant dels ocells, de las de la Biblia.
–Es casualidad, no esconde una ambición desmedida por adaptar grandes clásicos. Coinciden en ser relatos históricos rodados en exteriores.
–El Evangelio de San Mateo menciona a unos magos que vinieron de Oriente buscando al nuevo rey que habría de nacer. Apenas hay referencias sobre su origen, su personalidad, ni siquiera sus nombres.
–Eso me da más libertad creativa. Es una narración más abstracta, por no haber no hay ni conflicto. Es un simple viaje. Los reyes entran en ruta, llegan y se marchan. Son los más creyentes, son los pioneros. El cristianismo aún no había surgido y no se sabía nada de la influencia que tendría en la humanidad.
–Queda evidente la influencia del teatro del absurdo de Beckett.
–Sí, y también hay mucho de cine mudo, con esos largos planos fijos filmados en blanco y negro.
–De nuevo opta por trabajar con Lluís Carbó, Lluís Serrat Batlle y Lluís Serrat Masanellas, amigos de Banyoles que no son actores.
–No encuentro otros mejores. No son gente cosmopolita ni muy cultivada, les choca eso de viajar a Islandia para rodar. Su origen campesino les da un aire antiguo. Me recuerdan a los personajes de Pasolini. En El cant dels ocells, los actores son sombras, no tienen relieve psicológico. Todo es muy pictórico.
–¿Cómo trabaja el guión?
–Los diálogos son el secreto mejor guardado de todo director. Es una mezcla de improvisación, intuición y saber provocar a los actores.
- Cuando aparece un nuevo realizador y alcanza ciertas metas, como en su caso, es inevitable oír las innumerables influencies que algunos críticos ven en su obra. Es el caso de Passolini.
– Es una buena afiliación. Igual que él, yo he apostado por realizar una película con actores no profesionales, con pocos recursos y en espacios naturales. También me gusta apelar a Bresson, por tratar la temática religiosa, mística o sujetos antiguos o clásicos.
- Aunque el film estuvo en la pasada edición de la Quinzaine des Réalisateurs, el público francés ha podido ver la película este año. Las críticas son fantásticas y el denominador común es calificar su primera película como una obra maestra. ¿Cómo describe usted Honor de caballería?
- Se trata de una adaptación del espíritu del Quijote. La película pretende retratar el espíritu de los dos protagonistas principales. En realidad, es una metáfora, que recorre de forma aleatoria el libro y permite al espectador acompañarles. A través de simples fragmentos, he creado una atmósfera particular, expresamente ambigua y vaga. Así, los diálogos son banales. Todo se expresa de forma visual sin recursos narrativos propios. Se trata de pequeños detalles que me ayudan a forjar esta atmósfera: por ejemplo, uno de los personajes mira siempre al cielo y el otro al suelo.
- Otra de sus osadías de cineasta novel ha sido confiar en dos actores no profesionales.
- Los actores profesionales me aburren porque son previsibles. Resulta más divertido encontrar otros nuevos. Tengo formación científica y para mí es casi una inclinación el hecho de obligarme a hallar nuevos rostros, nuevas sensaciones. Es por ello que he utilizado un sistema de trabajo muy intuitivo. Durante el rodaje, yo disponía de unas escenas, de los movimientos de cámara que deseba hacer y determinaba los temas de diálogo, que los actores podían desarrollar con mayor o menor libertad. La verdad es que he aprendido un poco de Passolini. En mi película, no hubo nunca un ensayo previo. Por otra parte, está rodada de forma casi cronológica: la primera imagen que aparece es la primera que se rodó.
- Después de haber sido reclamado en San Sebastián, Vancouver, Sao Paulo o Seúl, prácticamente se ha convertido en un especialista en festivales de cine internacionales.
- Valoro de forma muy justa el hecho de que haya despertado la atención de todos estos festivales. La mía es una película que funciona por motivos exclusivamente cinematográficos. No obstante, reconozco que carece de los recursos habituales para cautivar al espectador: no hay música, no hay historia, no hay psicología, sólo la pureza de las imágenes y el resultado es la fascinación del espectador.
- Usted declaró en el diario Libération: “La psicología me hace vomitar”.
- Es cierto, no me interesa imponer un sentido al relato fílmico. Prefiero incluso que los espectadores sepan más que yo sobre el sentido de mis películas. Tampoco pretendo ser extraño porque sí.
- Entonces, ¿cuál es la clave del éxito de su trabajo?
- Escojo un tema un poco excéntrico e intento hacer con él algo lo más original posible para crear la reacción más intensa en aquel que lo ve. El mío es un cine poético, que persigue el arte por el arte. Contar historias me aburre. No quiero retratar el mundo, sino expresarlo.
- Sus raíces no son precisamente cinematográficas. Estudió filología hispánica y literatura comparada y hasta se atrevió con el teatro, antes de esta primera película.
- Me he hecho a mí mismo. Nadie me ha enseñado y esto es porque yo soy un maestro. Yo no me he formado en ninguna escuela, vengo de lo underground, de debajo de las raíces y por eso soy más fuerte e invulnerable. Si miro a mi alrededor me identifico con pocos realizadores actuales. En España, destaco a los mejores, Marc Recha o Isaki Lacuesta, que son igualmente los que tienen cierta relevancia internacional. No creo en escuelas o movimientos. El trabajo más potente es fruto de individualidades. Sólo así se alcanza un resultado espectacular y visible.
- Y entre festival y festival, prepara su próximo film.
- Así es, y he decidido retomar la idea del viaje, del traslado de los personajes. En esta ocasión, preparo un proyecto sobre los Reyes Magos de Oriente. Sólo deseo hacer lo que me gusta: filmar al aire libre, de modo nada moderno o, al menos, no utilizar temas con los cuales nadie se identifique, siempre con hombres como protagonistas. No me entiendo tan bien con las mujeres, ya que no sé cómo sacarles el máximo provecho desde el punto de vista cinematográfico. Prácticamente, me pasa lo mismo que a Almodóvar pero al revés.
Fuentes: El periódico.com / Catalan Films & TV
placer por asesinar

Dario Argento - El Pájaro de las Plumas de Cristal (L’Ucello Dalle Plume di Cristallo, 1970)
Dario Argento es un cineasta italiano especializado en el cine de terror. Ya sea este en su vertiente sobrenatural como en las películas de asesinos, lo interesante en el cine de Argento es que sabe como crear ambientes extraños y terroríficos a partir de elementos tan puramente cinematográficos como los encuadres o la utilización de la música, algo importantísimo en el trabajo del director.
Sin lugar a dudas, su mejor trabajo es Suspiria, una cinta donde una chica entra a un conservatorio musical manejado por brujas. En esa película, el estilo recargado de los escenarios, con colores fuertes y chillones (ya sea el rosa o el rojo), que contrastan muchas veces con la total oscuridad que hay fuera de ellos (los ambientes exteriores, como el bosque en el cual se encuentra ubicado el conservatorio), además de la música interpretada por el grupo Goblin, daban lugar a una película que creaba un ambiente cargado y tenso, que daba miedo en serio.

Argento, sin embargo, es también un especialista en el Giallo, una forma del thriller pero desarrollado en Italia. Este subgénero tiene unas características básicas: se tratan de películas donde hay que resolver una serie de asesinatos, algo típico en el thriller de asesinos en serie.
Lo interesante es que el giallo se caracteriza por mostrar esos crímenes de las formas más crudas posibles, haciendo gala de una estilización no muy común en el thriller americano, por ejemplo. Los asesinatos son largos y sangrientos, lo que puede resultar un verdadero placer cinéfilo si están bien filmados.

El pájaro de las plumas de Cristal (1970) es la primera película de Dario Argento. Se trata de un giallo hecho y derecho: un escritor norteamericano que vive en Roma presencia, el día antes de regresar a su país, el intento de asesinato de una mujer en una galería de arte. La policía, que anda buscando a un asesino en serie de mujeres, lo interroga, y el escrito está seguro que hay algo ocurrido en la escena del crimen que no puede recordar con claridad.
Poco a poco, el protagonista se dará cuenta que él y su enamorada son las próximas víctimas del asesino. El pájaro de las plumas… marca las pautas de lo que será el cine de Argento en el futuro. Estamos ante un giallo que, argumentalmente, no tiene mucha originalidad en su planteamiento. Pero lo que importa en el cine del italiano no es tanto lo que cuenta, sino como lo cuenta.

Por ejemplo, uno de los recursos que utiliza el director es el alumbrar de forma fuerte una parte del encuadre y dejando al resto en total oscuridad, lo que crea un contraste que marca la tensión, como si el personaje que está encerrado en el círculo de luz no tuviera forma de salir de él, como si ya estuviera condenado.
Eso es muy marcado en la escena del asesinato en la galería de arte, donde lo que importa es lo que ocurre en la galería (lo visible, lo que el protagonista puede ver), mientras que el exterior es poco claro, difuso, creado a partir de sombras. A Argento le gusta jugar con la idea de lo visible, de lo que puede ser visto por nuestros ojos.

No es gratuito, por ejemplo, su interés por las tomas subjetivas, o por lo que ocurre en el segundo plano del encuadre. Argento es alguien que, para ir generando un ambiente macabro, va alargando las secuencias a partir de recursos que ponen al espectador en el lugar de la presunta víctima, peor también en el lugar del asesino que observa y que espía.
El juego con el punto de vista genera una cierta ambigüedad que va creando tensión: ya sea el saber, a partir de los ojos de la víctima, que el asesino va a atacar en cualquier momento, como el estar observando a la próxima atacada desde el punto e vista del asesino, genera ambiente.

Muchas veces Sargento pasa de la subjetiva de la victima en estado relajado, haciendo su rutina, a la subjetiva del asesino a punto de atacar. De la misma forma, la forma de filmar los asesinatos es notable. Hay algo en la forma de encuadrar y de filmar de Argento que resulta casi claustrofóbica.
El director planifica sus asesinatos a partir de planos que dejan observar los espacios casi simétricos en los cuáles se desarrollan sus historias. Las líneas rectas de los escenarios, resaltadas a partir de una cámara fija que va creando un especie de inmovilidad en el encuadre, van creando una especie de juego geométrico y laberíntico del cual la víctima pareciera no salir.

Argento fija los escenarios, los va volviendo simétricos y repetitivos, como una suerte de maquinaria perversa de la cual las víctimas no podrán salir. El uso de la cámara fija en esos momentos es esencial, en tanto es el elemento que permite fijar la imagen, transformándola en una especie de encierro para el personaje, como si no pudiera salir de la situación. El pájaro de las plumas de cristal es la primera muestra de una de las más interesantes filmografías del cine de terror: la de Dario Argento.
Por Rodrigo Bedoya
el tiempo de lisandro alonso

Lisandro Alonso
Se podría decir que la construcción de la temporalidad en el cine de Lisandro Alonso se caracteriza por la búsqueda de aquello que no se puede filmar: aquello que sucede en la cabeza de sus protagonistas.
Así pues, todos estos comparten la particularidad de ser personas con intereses misteriosos que producen acciones aparentemente irrelevantes, discretas y sumamente austeras. Se denota que para Lisandro Alonso, las palabras son obstáculos molestos en la construcción de la narración, al director no le importa exponer una trama convencional (aristotélica) en la que se deba resolver un problema para llegar de modo atrayente a un desenlace, Más bien, el cine de Alonso busca exponer un registro de lo que acontece con un personaje brindándonos pequeños detalles para indagar qué hace allí. De este modo, se llega a dar con sus motivaciones, vivencias y percepciones de un modo trascendental e inexplícito: el subtexto afirma su tránsito.
Así también, es importante recalcar que la ‘osquedad’ de sus personajes contribuye a ensalzar un carácter, por momentos, plúmbeo en su narración, el mismo es perceptible gracias a la repetición constante de encuadres que se ven ‘abandonados’ por los protagonistas de sus películas y viceversa. Los lugares suelen abandonar la nimia acción del personaje en cuestión.
En la duración de las locaciones sin movimiento, damos cuenta de la importancia que le brinda Alonso al entorno en el que los personajes se desenvuelven. Incluso no sería exagerado afirmar al contexto físico como un gran personaje principal que motiva las razones de las personas incluidas en él. Las atribuciones del lugar pesan sobremanera y de ahí parte el fundamento de la narrativa alonsiana.

La distensión temporal en el cine
La distensión temporal, implica el alargamiento subjetivo de la duración objetiva de una acción. Los modos de plantear esta sensación extensiva son variables aunque, fundamentalmente, podemos vincularla a una ‘sobreexposición’ de un encuadre en el que no ocurre alguna acción denotada o relevante. Así también, puede fundarse en la sugerencia con una completa inactividad (y consecuente ausencia de personajes en el encuadre).
El vínculo del cine de Alonso a este mecanismo se relativiza en tanto comparado con referentes europeos como Alexander Sokurov o Michelangelo Antonioni (dada su representatividad), quienes logran profundizar más en el uso del mecanismo. Sin embargo, cabría acotar que, en el caso de estos dos directores, la distensión es mucho más intensa en algunos momentos de sus películas dados los conflictos expuestos en los guiones de sus películas. En el caso de Alonso, por lo contrario, pareciera fundar una característica de estilo. No nos cuenta una historia, expone acciones que no remiten necesariamente a un contexto desolador, se remite, meramente, a la exposición de una acción ‘no convencional’ para una narrativa cinematográfica que, mayormente, opera pragmáticamente en un esquema de ‘acción-reacción’.
Así pues, daremos cuenta, con una breve revisión a sus películas, de la perspectiva alonsiana de la narración de cine, aquella distensión expositiva aunque cargada de un sutil subtexto.

La libertad
Quien conoce las películas de Alonso sabe, en el mejor de los casos, que no conforman lo llamado ‘ficción convencional’. Habría que agregar que en su primer largometraje (La Libertad, 2001) la particularidad denotada es la indefinición del género. Y no hablamos del argumento de la película, más bien se suscita un debate en cuanto a su estructura narrativa, de la posibilidad de que la ficción se vea impregnada por el documental.
‘La libertad’ expone el modo en que Misael se gana la vida. Lo vemos caminando por sus terrenos alrededor de los troncos que corta y limpia para venderlos. Se encuentra solo, rodeado por un enorme manto verde que magnifica tal condición.

La libertad se acerca al formato del documental debido a su modo de retratar a Misael. Su existencia monótona y desafectada se ve ensalzada por un ritmo pausado y consecutivo logrando así trascender las barreras del subtexto debido, casi exclusivamente, a las condiciones en las que vive el protagonista. Así pues, la enajenación resulta ser la condición más indicada para plasmar el subtexto alonsiano.
El registro del tiempo en ‘La libertad’ es dilatado en tanto presenta diversas escenas acompañadas de una sola acción por parte de Misael. El mismo es fundamentalmente dramático, sin embargo, el peso cronológico de cada singular escena extiende los acontecimientos librándolos de algún cambio o intensidad posible. Toda la acción se funda en aquella vegetación pampeana y justamente es por esta razón por la que surgió el debate en torno a la condición de la película, ¿ficción o documental? El propio Alonso se encargó de afirmar que su trabajo no es un documental porque Misael está ‘al servicio’ de la cámara y no viceversa. No obstante, ese hálito de documental se alimenta de la certidumbre de que todo ha sido, es, y seguirá siendo así.

Una narración al servicio del testimonio de Misael nos deja pensando, en principio, respecto al mayor atractivo que nos ofrece ‘La libertad’. Resulta ser que la destreza en la faena del protagonista supone aquel factor que funda su razón de ser en el mundo, subyugado a la rutina y a la construcción de su propio tiempo, la poca interacción que tiene con los demás se ve subsumida a su trabajo. De esta manera, Misael se nos muestra ajeno al mundo exterior, a sus necesidades humanas y, por sobre todo, ajeno a sí mismo.
Entonces, ¿dónde está ‘la libertad’? Quizá el título de la película se justifica en tanto observamos que Misael no se puede desprender de algunas cosas que representan aquel mundo moderno para el que trabaja: la radio es el elemento que expresa, mayormente, los indicios de nostalgia, aquello de lo que uno no puede desprenderse por más que opte por el aislamiento. La libertad siempre tiene un precio.

Los muertos
El segundo trabajo de Alonso (Los muertos, 2004) resulta ser una película más ‘amable’ si comparada con su antecesora, Sin embargo, contiene elementos que le proporcionan un interés mayor. Nos relata la historia de Argentino, un hombre que sale de la cárcel en la provincia de Corrientes y se enfrenta a una condición que le es desconocida: la libertad.
La escena primaria, en plano secuencia, nos muestra el crimen: loa hermanos muertos por Argentino. El contexto físico que lo rodea es muy similar al de Misael, pero nos muestra la conjunción de la obra humana con la naturaleza y es que, en principio, no queda muy claro si Argentino se encuentra recluido en una cárcel, pareciera, más bien, que se encontrara en una suerte de club venido a menos, en este, interactúa con sus conocidos de modo sumamente puntual e inexpresivo.

La primera señal de que Argentino sale de la cárcel se denota en el momento en que un amigo le encarga llevar una nota a su hija a las islas, aquellas en las que Argentino buscará a la suya del mismo modo.
La sucesión de acciones en ‘Los muertos’ exponen la incertidumbre de Argentino, sus ansias de llegar a su destino pero no de modo frenético, más bien ocurre todo lo contrario: Éste se toma su tiempo y empieza a explorar aquel entorno social desconocido para él desde hace mucho, ahora puede darse los lujos que no podía en la cárcel, por ejemplo, una secuencia extensa y muy interesante la tenemos cuando disfruta de un helado al costado de la carretera. Es la primera vez que Argentino se siente libre y ese tiempo se dilata de modo sustancial.
Así también, el constante viaje en balsa privilegia la estética alonsiana. Vemos a Argentino partir de la orilla y adentrarse en el río sin corte alguno, la travesía importa más que el destino e incluso que los propios acontecimientos en tanto vemos que toda interacción o acción puntual es concisa e inmediata, de esa manera, Argentino sigue en búsqueda de cosas que no puede hacer: comprarle un regalo a su hija y pagarse una prostituta. En esta última acción Alonso recurre a la elipsis para seguir mostrando la travesía constante del protagonista.

Aproximándonos al final de su travesía, llega una acción advenediza: Argentino divisa un chivo en la orilla del río y lo degüella. Seguidamente, arriba al lugar donde, supuestamente, la espera su hija. Ella no encuentra.
‘Los muertos’ se funda como la evolución y consolidación narrativa de Alonso. Con todo y con ello, se trata de una película que tiene un mayor interés por lo que omite que por lo que dice, pero de modo parcial pues se nota un mayor trabajo en el guión, quizá el más elaborado y prolijo en la carrera del director.
El tratamiento del tiempo define el estilo de Alonso. ‘Los muertos’ se dedica más a respirar el tiempo que privilegiar los espacios (que siguen siendo muy relevantes en tanto fundan las acciones de Argentino). La dirección temporal se vuelve, por momentos errática e irregular, algunos clímax (como el degollamiento del chivo) quiebran una univocidad temporal que se expresada con mayor esplendor al inicio y al final de la película.

Fantasma
¿El fin de una trilogía? La tercera y más densa película de Alonso (Fantasma, 2006) nos muestra a los protagonistas de sus dos películas anteriores (Misael y Argentino) asistiendo a la proyección de ‘Los muertos’ en un enorme y tétrico cine.
El recorrido por el edificio por parte de los dos hombres se funda como el eje narrativo de una película que dilata el tiempo en forma exponencial. Pasillos desiertos, baños, puertas entreabiertas, dan vueltas intrigados por un entorno que les es desconocido. En ‘Fantasma’ el entorno físico es la razón que provoca todas las acciones.

Nuestros merodeadores se cruzan con personajes algunos personajes subsumidos en sus roles como una administradora, un boletero y un acomodador. Ninguno tiene mayor relevancia, simplemente están ahí, cruzándose con unos absortos protagonistas que siguen un curso indefinido. La incertidumbre marca la pauta temporal, no se sabe en qué momento culminará un encuadre o escena para dar pie a otro, nada se anticipa, la travesía sucede sin siquiera seguir a los personajes, éstos aparecen y desaparecen hasta que logran dar con la sala en la que se proyecta ‘Los muertos’.
Fin de la película. Argentino es felicitado por la administradora, mientras trata de escapar de la mirada del boletero que se le aproxima cada vez más, el plano de un pasillo del gran edificio nos deja un final, de algún modo, previsible y, claro está, abierto e inconcluso.

Liverpool
La más reciente producción de Alonso (Liverpool, 2008), nos relata la travesía de Farell rumbo a su hogar en Ushuaia en barco. Quiere ver a su madre, quizá para recordar cómo era, quizá para que lo perdone, quizá para no perder la cordura después de tamaño aislamiento en el mar.
La construcción temporal en Liverpool es más moderada que su antecesora puesto que privilegia el seguimiento a Farell de modo unívoco y tajante, no obstante, el sello de Alonso sigue presente: las locaciones dejan huella y vuelven a ser la razón por la que el protagonista toma una decisión. Además, volvemos a apreciar un detalle técnico presente en ‘La libertad’, cuando Farell se retira de un lugar, el mismo sigue en el encuadre, como dando ventaja a que Farell se aleje lo suficiente y la cámara deje de seguirlo.

El constante movimiento de Farell deja en claro que se trata de un personaje que sabe lo que quiere pero, como Argentino, no manifiesta mayor apuro. Las reminiscencias épicas son reforzadas en Liverpool debido a las enormes dimensiones en que se nos muestra la posición de Farell, podría decirse que hablamos de una película fordiana, sujeta a un objetivo que se ve obstaculizado por la propia conciencia del tiempo de Farell. En el transcurso de las acciones, pareciera que Farell temiera llegar a su destino, él es su propio obstáculo para llegar.
Farell llega a su hogar para dar cuenta que su madre no lo reconoce, intenta en vano presentarse por lo que decide pasar unos días más en las cabañas montañesas para volver al puerto en dos días. En este punto en el que Alonso empieza a exponer el tedio del protagonista: una vez logrado el objetivo, ¿qué más queda por hacer?
‘Liverpool’ es una película austera y contemplativa que acompaña el hacer y sentir de un protagonista cansado, un protagonista ansioso, un protagonista que no sabe qué hacer en su nuevo entorno.
Enrique Vidal
un duro aprendizaje

Bertrand Tavernier – Todo Comienza Hoy (Ça Commence Ajourd´ Hui, 1999)
La película de Bertrand Tavernier Todo Comienza Hoy es una ficción con estilo documental, que nos acerca a lo que ocurre en Hernaing, pequeña ciudad francesa de la región de Valenciennes, y a las personas que la habitan. El personaje principal y alrededor de quien gira la historia es Daniel Lefebvre (Philippe Torreton), director y maestro de una escuela inicial en dicha ciudad. En la primera imagen de la cinta vemos a Lefebvre que canta y juega en un salón de clases con sus pequeños alumnos, pero esta es sólo la presentación y un anticipo de cómo se va a desarrollar una parte importante de la misma.
La película se inicia cuando oímos en voz en off unos versos que son dichos por Lefebvre. El uso de la voz en off se repite en dos o tres ocasiones más en toda la cinta, el espectador en el transcurrir de de la historia descubrirá la autoría de los versos y esto será importante porque generará un efecto en una breve secuencia hacia el final de la película.

Como escribí al inicio la cinta nos acerca y muestra la vida de la gente de Hernaing; y como tienen que afrontar y sufrir las carencias económicas causadas por el desempleo y por la poca preocupación de las autoridades; como era de esperar de esperar esto afecta de manera directa a la escuela que dirige Lefebvre. La cinta nos pone frente a la indignación y la rabia de Lefebvre por la desidia de las autoridades y en consecuencia también su rebeldía y protesta a causa de ésta.
Todo Comienza Hoy es una dura crítica ante esta situación, pero hecha de una manera que no cae en la demagogia. El protagonista enfrenta a los que gobiernan para que pueda haber cambios. Es en estos momentos cuando cobra relieve la muy buena actuación de Philippe Torreton tanto en los momentos de rabia cuanto en los momentos de desesperación por lo que acontece. De otro lado, una de las secuencias más logradas de la película es aquella en la que vemos a Lefebvre interactuar con los niños de su clase, como cuando canta, juega o les enseña cosas. Aquí la cámara se acerca de manera documental, lo que nos da la impresión de estar viendo imágenes de un documento fílmico. También aquí Torreton está muy bien así como los niños; parece un verdadero profesor de escuela ya que se lo ve cómodo y no forzado.

Lo del estilo documental se aprecia notoriamente en la imagen de la llegada del camión de carga que es conducido por el padre de uno de los niños y como éste les enseña su funcionamiento, los niños se suben y juegan en él; Sus rostros y miradas ante lo que ven es de una naturalidad que los pequeños no parecieran estar siendo dirigidos, sino que por el contrario vemos esas caras que se observan en los niños cuando están atentos y deslumbrados por algo que los entretiene. Este mismo estilo documental se echará de ver en otras secuencias importantes de la película.
En el transcurrir de la cinta ocurren situaciones desconcertantes, dramáticas e incluso trágicas que son tratadas de un modo efectivo que llegan a conmover. Como dijimos líneas arriba, la cinta aborda en una parte importante el aspecto del desempleo, subempleo así como el de la gente que sufre sus consecuencias. Existen ligeros puntos de contacto con cintas estrenadas en Lima hace unos años que abordan el tema laboral o el de personas que viven en condiciones casi marginales por no haber o tener trabajo.

En lo que respecta al primer aspecto éste ha sido tocado a diferente propósito por la película Recursos Humanos de Laurent Cantet que usa también un estilo documental. En cuanto al segundo aspecto ha sido presentado por dos películas una estrenada en Lima y otra vista en el año 2003 en el último festival de cine europeo. La primera es El Pequeño Ladrón de Eric Zonca y la segunda es la ganadora de la Palma de Oro en Cannes de 1999, Rosseta de los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne. Todas estas cintas incluso la que nos ocupa en esta oportunidad nos muestran la otra cara que no conocemos de Francia; y de Bélgica en el caso de Rosetta y podríamos decir de la Europa occidental; lo cual es producto en gran medida de los despidos masivos y del reemplazo de la mano de obra por las máquinas.
En cuanto a las actuaciones además de la ya citada de Philippe Torreton, está bien interpretado el personaje de Valeria (María Pitarresi) que es la pareja de Lefebvre, de igual manera la asistenta social que lo ayuda a tratar de solucionar los problemas llamada Sama (Nadia Kaci); y otros personajes que son importantes en la consecución de los objetivos como las maestras de la escuela.

Es una película que presenta muchos personajes que aparecen en más de una secuencia y que serán importantes para el desarrollo y desenlace de la misma. Pero hay también personajes que sólo aparecen en una secuencia o dos pero cuya presencia en muchos casos no es gratuita puesto que aportan algo a la trama. Respecto de los diálogos que tiene Daniel Lefebvre con los personajes secundarios (la pareja de él, la asistenta, las maestras) son en algunos casos graciosos e incluso cargados de sarcasmo.
Retomo algunos puntos no planteados acerca de la lucha de Lefebvre por y a favor de los niños, esta lucha la comparte con los que trabajan con él. Pero no se crea que este personaje es totalmente abnegado y que tiene una idealización por los niños; nada de eso ya que hay una secuencia en la que él habla de que está cansado de trabajar allí; y sobre todo la secuencia que me parece importante y hasta reveladora de la no idealización de los niños es cuando dice hablando con uno de los maestros la siguiente frase: “Es cierto que existen niños que son insoportables”; lo cual da una muestra de ser un personaje más humano y creíble.

Los problemas de Lefebvre no sólo se dan en su trabajo sino también en su vida familiar; me refiero a la relación conflictiva que tiene con el hijo de Valeria, como la que tiene Lefebvre con su padre. Estas secuencias en la película son tratadas con sobriedad; y en los momentos en que hay situaciones fuertes no se cae en el tremendismo ni en el melodrama ramplón y fácil.
Por otra parte, los pocos reparos que le pondría a Todo Comienza Hoy son la sucesión de escenas dramáticas o de tensión que afectan al personaje tanto directa cuanto indirectamente, lo cual hacen que la cinta pierda por momentos respiro; también que no se profundizara un más en la relación entre Daniel, Valeria y su hijo adolescente; y que no se abordara la relación distante entre Daniel Lefebvre y su padre de la que se habla en dos o tres escenas y que parece que marcó de manera importante su vida.

Finalmente, La última secuencia de la película muestra la unión de Daniel, los niños y los padres de estos en una actuación escolar en la que todo es alegría y solidaridad, con lo cual uno puede pensar que a partir ahí todo va a ser felicidad y tranquilidad, sin embargo, sabemos que la vida va a continuar, y que es cambiante; y que todo también puede repetirse de la misma o de peor manera. Por todo esto, Todo Comienza Hoy es realmente una muy buena película, que plantea muchas situaciones y que hace que uno reflexione sobre más de un punto luego de verla
Por César Guerra Linares
HONG KONG DREAMIN´

Wong Kar Wai – Chungking Express, 1994
El cine de Wong Kar Wai es un cine evocativo, de fragmentos y de momentos. Si bien la narración fluye, esta no importa tanto como los pequeños elementos que encontramos dentro de ella: repeticiones, hábitos, manías, canciones son elementos que van componiendo un mosaico que se basa en los sentimientos y en las ausencias.
Los personajes de Wong son seres que siempre tienen alguna carencia emocional y que tratan de suplirla a partir de objetos o de manías que los van uniendo. Son personas que no encuentran formas de comunicarse, y son justamente sus actos los que permiten que puedan relacionarse. De ahí la importancia de los objetos en el cine del hongkonés.

“Chungking express” es quizá su mejor película. A pesar de que muchos consideran “Con ánimo de amar” la película más lograda del director, hay algo en la frescura y en la espontaneidad de Chungking…que nos hacen recordarla con más placer.
Las historias que cuenta la película son dos, ambas con policías como protagonistas: la primera es sobre uno cuya enamorada lo acaba de dejar, y trata de llenar su insatisfacción comiendo piñas enlatadas. De pronto, conoce a una rubia de la cual quedará irremediablemente atraído.

La segunda tiene que ver con otro policía, cuya enamorada también está a punto de dejarlo, y que conoce a una chica tímida que atiende en una pequeña tienda de comida. La química es evidente, y la chica comienza a meterse en el departamento del individuo.
“Chungking express!, como buena parte del cine de Wong Kar wai, es sobre posibilidades, sobre encuentros que nunca llegan a concretarse, sobre persones que aparecen un momento para después irse. Lo furtivo es un rasgo distintivo del cine del hongkonés. El pequeño instante, aquel segundo por el cual uno se siente atraído por alguien, o se entusiasma por una persona, es sobre lo que se construyen casi todas sus cintas. En “Chungking express”, la aparición de la rubia en la primera parte del film es un poco esa aparición que va deslumbrando al protagonista.

Es por eso que Wong, a partir de los ralentis, de lo fuerte de la iluminación, de la presencia de una música distintiva, va fijando esos pequeños momentos, los va creando especiales. Wong fija las situaciones más pequeñas e irrelevantes a partir de una puesta en escena que las provee de sensualidad: los movimientos de los cuerpos del cuerpo que proporciona la cámara lenta, la iluminación que de cierta manera resalta a los personajes y a los espacios en los cuáles se encuentran, la música distintiva para cada aparición de la rubia. Todo está compuesto para generar sensualidad en el más pequeño o en el más furtivo de los encuentros.
De la misma forma, lo que resulta apasionante en “Chungking…” es como los personajes, para justamente suplir ausencias, se obsesionan con elementos tan pequeños y comunes como es el comer, o el sonido de una canción. En la primera historia, el comer piñas enlatadas se convierte en la forma que tiene el protagonista para saciar la ausencia. Lo interesante es que Wong no utiliza ningún golpe bajo o ningún subrayado: la actitud del protagonista aparece tan normal como cualquier otro acto de la vida cotidiano. Y es que lo cotidiano se convierte en lo especial, lo necesario para contrarrestar el dolor.

Y eso planos detalles de la piña o del personaje comiendo dotan a este pequeño acto de una dimensión física notable: el comer es también un elemento dotado de una presencia y de una textura que resalta su importancia para el mundo que retrata el director. Wong encuentra belleza y sensualidad en los elementos más comunes y triviales.
En la segunda historia, tanto el policía como la chica, debido a su timidez, son incapaces de comunicarse, de decir lo que sienten. ¿Qué es lo que suple eso? La presencia de “California Dreaming” de The Mammas and the Pappas como un leitmotiv, como el elemento que va conectando a los personajes en su ausencia. La repetición constante de esta canción, como también las visitas de la chica a la casa del policía son justamente los actos y las acciones que Wong filma como si formaran parte de la normalidad, pero que en realidad son justamente los elementos que permiten que ambos personajes se comuniquen y se entiendan.

Lo elusivo de los diálogos y los silencios son compensados por la repetición de la música, pero también por pequeñas acciones (como comer en la primera historia, como meterse en la casa de otra persona en la segunda) que son la manera que encuentran los personajes para decir lo que no pueden decir a partir de las palabras. Lo pequeño resulta ser lo más importante: a partir de lo más simple, los personajes de Wong Kar Wai dicen todo. Eso resulta muy emocionante.
Decíamos que probablemente Chunking express sea la mejor película del director hongkonés. Si bien esta afirmación puede ser arbitraria, creemos que en ninguna de sus películas las historias de amor perdido, la búsqueda y necesidad de comunicación y como esta son suplidos por cosas mínimas está tan bien reflejada y resulta tan emocionante como en esta cinta. Una muestra de la enorme capacidads de Wong Kar Wai.
Rodrigo Bedoya
King Shot, de Jodorowsky, cada vez mas cerca

En sociedad con David Lynch y su productora Absurda, parece que la llegada del nuevo filme de Alejandro Jodorowsky: King Shot, es casi inminente. El gran reparto de esta película incluirá estrellas de talla de Asia Argento, Nick Nolte, Marilyn Manson, Udo Kier y el director y actor español Santiago Segura.
Además de actuar en el rodaje, tanto Nick Nolte, Asia Argento y Marilyn Manson, contribuyeron con dinero de sus propios bolsillos para el rodaje.
Los dejamos con una intrigante entrevista con el director chileno, a espera de la llegada del que deseamos sea una de las grandes películas en el momento en que se termine de rodar y se estrene.
hadewijch, el nuevo opus de Bruno Dumont

Shockeada por la fe estática y ciega de Hadewijch, una joven novicia, la madre superiora decide echarla del convento.
Hadewijch se convierte nuevamente en Céline, una joven de 20 años, hija de un diplomático. Sin embargo, su amor apasionado por Dios, su rabia y su encuentro con Yassine y Nassir, la llevarán por peligrosos caminos.





Reparto : Julie Sokolowski, David Dewaele, Yassine Salime, Karl Sarafidis
Un filme de : Bruno Dumont
Producción : 3B Productions, Arte France Cinéma, Crrav, Le Fresnoy, Herbstfilms Produktion, con la participación de Canal+, Cinécinéma, Région Ile de France, Région Nord Pas-de-Calais, Cnc, Cofinova, Soficapital y Contact Films.
Distribución : Francia: Tadrart Films, Extranjero: Pyramide.
En cines: Primavera europa 2009
la prisionera

Clint Eastwood – El Sustituto (Changeling, 2008)
Tal vez la esperanza sea lo último que se pierda, pero también es cierto que no se trata de un buen consejo. No siempre, en todo caso. Porque algunas veces ésta puede terminar convirtiéndose en una cárcel, como en el caso de la Christine Collins concebida por Clint Eastwood, presa de su propio amor maternal.
El Sustituto (Changeling, 2008) se basa en una serie de homicidios infantiles acaecidos en Los Angeles hacia finales de los años veinte, conocidos como “Los asesinatos del gallinero de Wineville”. Gordon Stewart Northcott fue condenado a la horca por torturar, abusar sexualmente y matar a veinte niños entre el periodo que va de 1928 a 1930. Uno de de los cuales fue Walter Collins, el hijo de Christine.

El film de Eastwood toma su historia como punto de partida para develar un sistema envilecido, capaz de destruir a una mujer inocente antes que de admitir un error. Porque, luego de varios meses, la Policía de Los Angeles le devuelve a Christine Collins un niño que no es su hijo, pero que neciamente afirma serlo. Como es obvio, la mujer reclama, pero resulta primero ignorada y después abusivamente silenciada.
Se trata de una película que, al mismo tiempo que retrata la profunda corrupción que reinaba durante ese periodo en Los Angeles, exhibe la fortaleza de un personaje absolutamente actual: una mujer que se enfrenta a su medio como ninguna otra en su época se hubiera atrevido, con una entereza de carácter de heroína de este tiempo. Pues El Sustituto rebasa los límites de la recreación del pasado y constantemente establece relaciones con el presente. Un film que desde su apariencia anacrónica apunta a miras más bien contemporáneas.

El Sustituto se inscribe en el género del melodrama, pero esquivando el elemento sensiblero, en una variante moderna más contenida y seca, opresiva en lugar de emocional. Al igual que en Río Místico (Mystic River, 2003), la melancolía resulta interna y oprime a los personajes. Alcanza el exterior como si se tratara de un contagio: la frialdad de los tonos monocromáticos de la imagen no refleja otra cosa que la impotencia de sus protagonistas, y la cámara contempla pacientemente su enajenación progresiva, a manos de sus propios traumas.
Para Christine Collins el trauma es la esperanza. A lo largo de todo el film, aprovecha cada uno de sus descansos en el trabajo para llamar al Departamento de Personas Perdidas y preguntar si hay noticias de su hijo. Nunca dejará de hacerlo. Nunca descasará. Porque, aunque logre abatir el sistema infecto, aunque ella y su hijo se conviertan en héroes para otras personas, de nada vale sin la tranquilidad de su conciencia, sin saber si su hijo se encuentra vivo o muerto.

Acertadamente, Clint Eastwood elude el hecho de la posterior confesión de la madre de Stewart Northcott, quien admitiría la responsabilidad del asesinato de Walter Collins. Simplemente, su versión termina antes, se cierra en la indeterminación. Pues concibe a una Christine Collins prisionera de su conciencia, cuya esperanza y amor maternal la conducen a una búsqueda que, de justificada y compresible.
Esta búsqueda se torna una obsesión cada vez con menos sentido. En principio su motivación resulta perfectamente accesible, la madre que desea recuperar a su hijo, pero luego comienza a parecer una causa perdida. Cuando todo el mundo le dice que continúe con su vida, ella, no obstante, mantiene la esperanza del primer día. Sutilmente, el personaje inicia su enajenación progresiva.

El carácter contemporáneo del film reside, justamente, en esta variación del género. Se trata de un melodrama del encierro, de la opresión de la conciencia, que da un paso más adelante en relación con otros trabajos similares del autor: la obsesión y la enajenación ya no son generados por la culpa o los traumas del pasado, sino por un sentimiento supuestamente redentor: la esperanza. Christine Collins es una prisionera de su propia esperanza. Nunca descansará sencillamente porque no pierde la fe.
El Sustituto luce anacrónico en sus formas. Encima, se encuentra ambientado en el pasado. Sin embargo, apunta claramente hacia el presente: su tema y su protagonista son propios de este tiempo. Constituye una mirada contemporánea de un hecho ocurrido hace muchos años. Y sobre todo, su conclusión no sólo se libera a la indeterminación, sino que descubre un matiz distinto, marginal: la esperanza como cárcel, lo opresivo como motor del melodrama.

La motivación de Christine Collins siempre es la misma: nunca deja de buscar a su hijo. No obstante, el personaje se enajena, poco a poco se pierde, porque cuando su misión se vuelve vana, cuando ya no tiene sentido seguir buscando, su esperanza se mantiene intacta, pero ya con un cierto resabio de obsesión irracional. Hay dos imágenes particularmente ilustrativas.
La primera: Christine se reúne con el asesino en el día de su ejecución, lo enfrenta fuera de sí, y el oficial encargado de protegerla se ve obligado a llevarse al criminal, dejándola encerrada, asomándose desesperada detrás de los barrotes, como si los roles se hubieran invertido y la prisionera fuera ella.

La otra: más sencilla aunque no menos significativa, lo único que hace Christine es llamar al Departamento de Personas Perdidas preguntando por su hijo, exactamente igual que al inicio, sólo que, bajo la luz de todo lo que ha ocurrido, la acción se antoja inútil, su comportamiento irracional, como el de una prisionera de su propia esperanza.
Por Eugenio Vidal
cargo de conciencia

Gabriele Muccino – Siete Almas (Seven Pounds, 2008)
¿Hasta qué punto el ser humano puede tener la culpa? ¿Hasta qué extremos puede llegar alguien al cometer un terrible accidente que cambiará su vida y la de otros? ¿Cuántas personas pueden llegar a ese punto de generosidad y sentirse satisfechos con lo realizado? Este filme narra la vida de un personaje que desea redimir lo que un error suyo ocasionó. Esto convierte a Siete Almas en una de las películas más comentadas y con una trama muy compleja y avanzada para quienes gustan del drama.
Nuevamente Will Smith toma el protagonismo en un filme dramático, en el que el director es el mismo de su anterior película En busca de la Felicidad. Smith es un reconocido actor por sus películas de acción y de comedia. La trama de Siete Almas se centra en Ben Thomas), un falso empleado de Hacienda (persona encargada de cobrar los impuestos) interpretado por Smith quien tiene la misión de ayudar a un número de personas al azar, por un accidente que cometió en el pasado. Asimismo, en el inicio de la historia veremos el suicidio del personaje de Smith así como una serie de insultos que le hará a un hombre ciego que no tiene mucha conexión social por su falta de vista. Ante esto, podemos atribuir que el personaje de Smith es hostil y que es mejor no meterse con él (obviamente es solo una primera impresión pues en el transcurso de la historia se irá develando que en realidad el personaje no es tan así).

Como todo drama, la música es muy completa y ambiental, por lo que ayuda a intensificar las escenas principales (como la conversación del personaje llamado Inez (Fiona Hale) en el hospital o aquella escena en el campo junto con Emily y Duke, entre otras). La musicalización es un buen acompañamiento en este caso ya que apoya a la cinta a seguir con una línea segura ante los diferentes tiempos.
En lo que respecta a los tiempos, el guión ha sido elaborado de manera compleja y complicada. No existe una línea de tiempo estable y las acciones de los personajes no se describen exactamente en un tiempo indicado, salvo las escenas de Ben Thomas (que en realidad se llama Tim) y Emily Posa (Rosario Dawson) que nos esquematiza un tiempo más duradero que el de los demás personajes secundarios.

Además, el guión deja muchos misterios que no se aclaran hasta el final de la historia. La película nos deja un mensaje muy intenso acerca de la solidaridad y responsabilidad social que puede tener un ser humano ante las tragedias y los problemas de otros; y que éste puede hacer algo para ayudarlos.
Pese a la duración de la película, que puede ser algo lenta y aburrida en el principio, cabe destacar que en Siete Almas no solamente se juega con la trama de un personaje sino también con los sentimientos que se van gestando en el espectador, lo cual hace que sea un filme que imprime emociones internas y códigos cinematográficos.

Con respecto a la iluminación y a la dirección de arte, el filme cuenta con un gran escenario y con grandes juegos de luces que nos reflejan las emociones y los lugares en donde se halla el personaje. La mayoría de veces y en casi toda la película, el color gris y los tonos azules, influyen mucho en el raciocinio y en la mentalidad de este frustrado héroe que busca ayudar como se pueda a estos desconocidos para así sentirse mejor consigo mismo.
Los personajes son muy detallados y sus actuaciones son muy buenas. Sin embargo, se percibe que Will Smith no tiene imagen para este tipo de filmes, pues lo hemos visto en filmes anteriores en donde ha generado muchas risas como un gran comediante. Frente a esto, puede que a muchos no les haya encajado su personaje y que hayan perdido cierto interés en la actuación de este intérprete (como sucedió anteriormente en la película En busca de la Felicidad). A pesar de lo dicho, creemos que Will Smith puede llegar a más si continúa con este estilo de filmes.

El final de la cinta era algo que se esperaba, pero con un cierre muy profundo y con un gran mensaje para los espectadores. Sin duda Siete Almas es una cinta que nos enfrenta ante el egoísmo y la indiferencia que poseemos los humanos en estos tiempos y que podrían revertirse si se pensara en los demás.
Por Luis Augusto Venegas Gandolfo
una historia de amor sangrienta

Catherine Hardwicke – Crepúsculo (Twilight, 2008)
El amor existe. Quizás no tan extravagante como Crepúsculo, pero sí. Un poco de Debussy, empalma perfecto con dos jóvenes (al menos en apariencia) enamorados. El color azulado que inunda la pantalla. Esto es Crepúsculo en pocas palabras, un mundo distinto pero conocido.
La directora Catherine Hardwicke nos acerca al mundo de los vampiros modernos. La adaptación es ligera, aún así se apodera de la atmósfera y transfiere sentimientos. El acercamiento, o primero planos a los personajes principales hace que percibamos sus miedos y temores.

No hay terror. No hay suspenso. Las escenas en las que los vampiros persiguen a su víctima son simples, con cámara en mano, fugaces flashes, sonidos jadeantes y nada más.Todo empieza cuando ella se muda a la casa de su padre. Encuentra un clima nuevo, nuevos amigos, un nuevo amor, una nueva vida. Mientras se va adaptando, la socialización con la familia vampiro es cada vez más desconcertante para ella. Como si fuesen de otro planeta. Alienígenas con piel nívea, que beben sangre, con fuerza descomunal y ojos que cambian de color.
La mirada de Bela, el personaje principal, es empalagosa. Toda la película la envuelve en un aire de incredulidad, todo en ella es inverosímil. No mira nada con ojos comunes. Su intención de ver la naturaleza es incierta. Sufre porque ella lo desea y no comprende nada. Se enamora del menos adecuado y lo disfruta como si fuese lo único que puede hacer.

Pronto empiezan los problemas y nada se vuelve “normal”. La película va tomando energía cada vez que la relación entre Edward y Bela se condensa. La familia Cullen, vampiros, son los buenos, los vampiros que no comen personas. Pero no son los únicos vampiros, también existen los malos. Los vampiros que sí comen gente. Vaya deducción y diferencia entre lo malo y lo bueno.
Cuando ambos bandos de vampiros se encuentra empieza la acción. El suspenso no se encuentra fácilmente, más bien se mezcla con un drama aventurero que no contiene puntos de giro. Todo se parece como una serie de televisión en el cual la protagonista nos expresa el mismo sentimiento desde que empieza hasta que termina.

Edward, el joven vampiro es intenso. Su madurez combinada con su físico lo convierte en un ser real, quizás lo mejor de la película. Su fuerza y rapidez es la de un superhéroe y así intenta parecer. La historia de amor incondicional es pura pero demasiado fantástica. El volar por entre los árboles en la espalda de un vampiro enamorado no es exactamente lo que uno espera ver de un vampiro.
Sin embargo, el mundo es diferente, el olor del color oscuro convierte en la historia de amor, en una diferente y lo diferente no es tan malo. El final cursi mata hasta la más cursi de las novelas. Lo romántico y sangriento se pierde entre la gente que ríe y baila. Las luces de colores, un último baile. Los destellos de felicidad y tranquilidad en el baile de promo son los más irreales e incómodos.

Pero bueno, al fin y al cabo es una película de amor, a pesar de tratarse de vampiros que chupan sangre. Un amor que no quiere desvanecer y que quiere seguir vivo. Pero aún así, nada ayuda a Crepúsculo, ni su historia de amor, ni su excelente fotografía, porque aún así, sigue siendo una película que se puede omitir.
Por Paco Pulido Spelucín
dos creyentes atormentados por el problema de la fe: Kierkegaard y Dreyer

El tema que trata Ordet es la fe, un aspecto al que dedico la mayor parte de mis reflexiones.
Este trabajo me da la posibilidad de reunir lo que a mí más me interesa: cine (Dreyer es uno de los mejores directores de la historia), la filosofía de Kierkegaard (muy reflejada en el filme), y el problema de la fe hasta llegar a los límites sobrenaturales de aceptar un milagro.
“La Palabra” es una armónica conjunción entre forma y contenido, entre el excepcional dominio de la técnica cinematográfica y su dimensión semántica, repleta de una profunda significación metafísica.
La puesta en escena es muy abstracta, es en la escena final (el milagro) donde más se percibe, ya que es una secuencia de una estilización extrema. Nada es gratis en el cine de Dreyer, todo está por algo. La disposición del encuadre y la sobriedad ornamental están en conjunción con el contenido profundo de la película.
La cámara se desplaza en función del punto de vista del alma del espectador, a cuyo interior sólo se dirige el artista, cómo si la cámara fuese nuestros ojos, nuestra mirada (lo que quiero todo amante del cine, mirar y todo lo que conlleva, sentir y experimentar lo que ve, en definitiva, un voyeur de historias).

No hay ni un plano-contraplano algo totalmente innovador en el cine de la época. El uso del plano circular también es revolucionario, demostrando ser el mayor maestro de la historia del cine en este aspecto, gracias a la escena prodigiosa entre Johannes y la pequeña Maren, donde la niña pide a su tío que si su madre muere, éste la despierte, lo extraordinario está en el movimiento circular de la cámara alrededor de ambos personajes y en el ritmo del plano, tan pausado y acorde al tema que trata.
Sólo unos pocos además de Dreyer, (tal vez sólo Sokurov o Angelopoulos) han sabido darle un uso tan inteligente al plano-secuencia (la cámara se mueve creando una toma donde se muestran diferentes acciones de los personajes conservando las unidades espacio-temporales). La cantidad de planos-secuencia contrasta con el ínfimo uso de primeros planos (sólo tres). Como toda obra maestra de cualquier tipo de arte, es intemporal (sólo el teléfono y un coche, que ni siquiera vemos, sólo percibimos la iluminación de sus faros, son sus referencias al presente).

En la obra no hay acción, pero sí conflicto, situado en una tensión entre calma y tempestad (algo íntimamente relacionado con la fe). El milagro que vemos en la película, sólo es comprensible desde la fe, esa fe inocente, que sin ser consciente posee Maren (la pequeña de la película).
El reparto de personajes nos ofrece un mosaico de actitudes ante la religión, no sólo representa a un individuo, sino la posición de una colectividad, cada personaje representa una forma de conciencia. El médico, con su actitud frente a la religión, usa la ciencia como “tapa-agujeros” del hueco que deja su ateísmo, le da un carácter que no debe ser propio de la ciencia, afirma en la película: “Yo sólo creo en los milagros que nos da la ciencia.”
El personaje de Morten me fascina, se considera un creyente acérrimo (en el buen sentido de la palabra), pero vive convencido de no haber sabido atraerse los dones de Dios con sus oraciones, se siente desgarrado entre sus anhelos religiosos y la realidad que los niega; su deseo era ver a Johannes convertido en un gran reformador religioso. Pero esta gracia no le ha sido concedida, ¿o es que Johannes es más que un reformador religioso? Evidentemente no es casualidad que Morten tenga tantas semejanzas con el padre de Kierkegaard.

Mikkel, el primogénito de Morten se confiesa ateo sin ningún tipo de duda. Anders, el hijo menor, no está muy preocupado por la religión, con su silencio se entiende que es agnóstico.Inger es el ejemplo de un ser humano limpio de corazón (recordemos Mt 5,8). En su bondad es comprensiva y acepta con sufrimiento las tristezas de Morten y los desvaríos de Johannes, lo hace no porque siga a pies juntillas una actitud religiosa concreta, sus actos tienen como fin propiciar que el amor prevalezca por encima de todas las creencias con la máxima generosidad y desprendimiento.
Maren, la más pequeña de la obra, representa esa fe inocente y tan bella, “Dejad que los niños se acerquen a mí” (Mc 10,14).
El sastre representa la fe dogmática y equivocada, esa fe que tanto critica Kierkegaard, fundamentada desde la colectividad, una colectividad hipócrita, no desde el individuo, una concepción de la religión intransigente y fundamentalista.
Representa la pervivencia del fanatismo incoherente y estúpido, sus convicciones se muestran fundamentalistas negando algo tan humano e inherente a la vida como es el amor. Johannes es el personaje más interesante de la película, es creyente, el más creyente de todos, tiene una fe próxima a la locura, pero es que la fe es así, esa fe a la que se refiere Kierkegaard (al que tanto lee) irracional, pasional “quien no se haya angustiado o desesperado no sabrá nunca lo que es la fe.“ ¿Acaso no fue Kierkegaard un nuevo “evangelista” iluminado por la Revelación, que, debido a su circunstancia histórica, la transmite en un lenguaje desesperado?

No hay que olvidar que la película es la adaptación de una obra de teatro, Dreyer se situaba en la difícil situación de abstraer el teatro, y la mayor diferencia entre teatro y cine tal vez sea la misma que entre representar y ser. El teatro a diferencia del cine es el arte de lo falso, y recordando a Godard “el cine es verdad proyectada veinticuatro veces por segundo”.
Dreyer también declaró algo parecido:“la esencia más íntima del cine es una necesidad de verdad”. El director danés usó el teatro para llegar a un cine que nos ha hecho olvidar la cámara, respeta las leyes teatrales y cinematográficas.
Es decir usa lo mejor que ve en el teatro para aplicarlo al cine, como si el teatro en actitud de sacrificio, elimina todo lo que de falso contiene y acerca la verdad al cine concediéndole su espacio. Ciertamente el teatro con sus leyes establecidas pierde originalidad, ya es difícil sorprenderse, perdió todo el misterio, algo que el cine tiene, al igual que la fe.
Eric Rohmer, el gran cineasta de la Nouvelle Vague decía, que para André Bazin (gran crítico cinematográfico fundador de la revista Cahiers du cinéma) la presencia de una mota de tierra real, percibida subrepticiamente al pie de la laya del sepulturero, es lo que salva a “La pasión de Juana de Arco” de Dreyer (para mí una de las mejores películas de cine mudo) de la convención escénica.
Me gustaría analizar una frase de Ortega y Gasset que es muy pertinente en el contexto de la película: “Las ideas se tienen, en las creencias se está”.
Las ideas que son de verdad “creencias” constituyen los pilares de nuestra vida y por eso no tienen el carácter de contenidos particulares dentro de ésta. No son ideas que tenemos, sino ideas que somos. Son nuestro mundo y nuestro ser, pierden el carácter de ideas. Las ideas se tienen y sostienen, pero la creencia es quien nos tiene y sostiene a nosotros.

Las ideas nos las encontramos y en las creencias nos encontramos y que parecen estar ahí antes de que nos ocupemos en pensar, no llegamos a ellas tras un trabajo de entendimiento, sino que actúan ya en nuestro fondo cuando nos disponemos a pensar sobre algo. Hay que saber esperar, como hace Johannes y ser conscientes al mismo tiempo de que no vamos a sufrir toda la vida y que el sufrimiento no es negativo, nos hace madurar.
Tal vez Clive Staples Lewis diera en el clavo con estas palabras:
“No creo que Dios quiera exactamente que seamos felices, quiere que seamos capaces de amar y de ser amados, quiere que maduremos, y yo sugiero que precisamente porque Dios nos ama, nos concedió del don de sufrir; o en otras palabras: el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos; porque somos como bloques de piedra, a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre, los golpes de su cincel que tanto daños nos hacen, también nos hacen más perfectos”.
Alejandro Mate Sanz Pineño
lo que ha estado ahí, al parecer, siempre.

Joel y Ethan Coen – El Hombre que Nunca Estuvo (The Man Who Wasn’t There, 2001)
Lo que ha estado ahí, al parecer, siempre.
A veces uno se pregunta de dónde nacen ciertas ideas, ciertas preocupaciones extraordinarias que generan, en este caso, un cine crónico como enfermedad delirante y a la final, majestuosa. ¿Es acaso que lo primero puede ser en realidad lo primero, es así que sólo se establece por un orden cronológico habitual? ¿Por qué tanta pregunta ante esto? Pues muchos han escuchado, leído e incluso ya vieron la última película estrenada de los Hermanos Coen. También quizás muchos conocen su trayectoria además de haberla visto de pies a cabeza, o quizás otros solamente por el Oscar, se estén dando cuenta de lo que siempre ha estado allí.
Hace unas semanas fui a ver Burn After Reading la cual me dejó en claro, recordando otras películas de los Coen, cuál era el estilo de estos curiosos más no del todo cuál era su motivación. Motivación que puede verse evidente en casi todo lo que se propone, sí. Pero eso, ahora que retomé The Man who wasn’t there, una película que hace ya bastantes meses no concreté, llego a darme cuenta de ciertos detalles que alimentaron, no sólo mis expectativas al verla, sino también el recuerdo de la genialidad de la última que han estrenado. ¿Entonces acaso fue ésta, la que estuvo en cartelera, la última en realidad, es decir, si hablamos de momentos de creación? Puede ser que no.

Qué tal enredo ya es éste. Pero necesitaba plantear este punto en particular, pues, aunque parezca confuso e insignificante, tiene en una transmirada, algo que puede dar más claves no sólo para encontrar un perfil en el arte Coen, sino también para disfrutar aún más de su cine que cada vez va brillando con mayor potencia entre lo oscuro de lo que ellos mismos proponen.
The Man who wasn’t there gira muy bien estructurada con bases de un guión que establece patrones como la del cine policial de los años 50, por lo mismo que no es coincidencia que la película esté planteada en blanco y negro, como también que esté ambientada en esa época. Se podría decir que los hermanos Coen decidieron estos detalles a modo de homenaje a un cine, que es en principio su tendencia, el cine noir. Existen ciertos patrones en relación a ciertas claves de la historia que deben darse, pero sabiendo darlas para generar el suspenso y la atracción necesaria, ingredientes indispensables para que las dos horas de película no duerman a nadie. En eso hay que tener habilidad, la cual sin dudarlo, los Coen la tienen bien entrenada.

Lo primero que puede capturar es lo elegante de cada toma, los claroscuros, las siluetas y los cambios entre escenas. La brillante fotografía de un blanco y negro bien conseguido y ahí la técnica precisa de haber sido filmada a color para en el post haberla pasado al estilo de antaño. No cabe duda que no sólo es mostrar un claroscuro que profundice aún más el misterio, la intriga y mantenga a flote la expectativa de ver lo siguiente, de ver en este caso qué es lo que puede girar alrededor de aquel escenario primario, tan supuesto tranquilo como es una barbería y claro de los barberos. Añadido a eso está la creatividad puesta en las distintas tomas de la cámara, generando más de una vez, encuadres como si fueran en su pausa, algún cuadro expresionista, pues en todo momento vemos no tan solo al protagonista, sino a su alrededor, como la extensión de él mismo en sentido a su psicología.
No hubo mejor rostro logrado para trasmitir todo lo que aquél personaje dejaba transcurrir en su monotonía y mecanizada actitud de cierto desamparo, que la de Billy Bob Thornton, quién logra de manera estupenda este rol principal, contagiando su extraña actitud pasiva al observar pero que no lo deja del todo inactivo, no, por lo contrario, eso mismo que en él está gris sirve para luego llevarlo a la luz. Un antihéroe al reverso donde es difícil tener en claro los límites de lo bueno o malo, cuando los actos van en contraparte de un objetivo primario, llevando así como es clásico en los Coen, un llavero con tantas llaves que van abriendo al paso circunstancias que a simple vista pueden no tener sentido, pero que son esas mismas las que involucran luego a todo lo anterior y de una manera a veces salpicada de sarcasmo con tentativas a lo absurdo e inexplicable.

Así es como uno siente los hechos, están ahí a punto de ser descubierto, lo más evidente puede ser oculto por el hecho de la razón, de la misma lógica. Y a este ritmo va la película entre las acciones y los pensamientos de este barbero que se encuentra en medio de un todo lleno de nada, intentando en sus cotidianos monólogos introspectivos, filosofar acerca de él mismo jalando como con tentáculos cada extracto de su alrededor, desde su esposa, interpretada por una Frances McDormand con un desarrollo del personaje sobre sus propios cimientos de serenidad y desentendimiento que equilibran a buen gusto esta pareja entre infidelidades y disonancias.
A su vez no dejan de poner aquél personaje, posible secundario, quién encarna para este desdichado barbero, la dulzura de la esperanza a la que él no quiere renunciar, sintiendo en ella, su motivación para lograr algo cuando todo está de cabeza y girando cada vez más en sentido contrario. Las oportunidades están dadas en formas extrañas y a manera real, alcanzables, pero es como si por ahí, caminando existiera esa pared que transita entre el no saber y el vivir pensando que sí se sabe algo, en contraparte de quién está del otro lado, en el secreto, sin poder descifrarlo y en eso mismo sentir cierta libertad que anuda las consecuencias.
The Man who wasn’t there está hecha de desenlaces, esos que circulan ante los nuevos comienzos con un buen suspenso el que genera aquellas expresiones de sorpresa cuando lo que uno puede creer que pasará e imagina que es eso precisamente lo que no, es quizás así pero diferente como pasa. Y así se vuelve una película clásica en su estilo además de su exquisita producción que deslumbra en un final que se esperaba quizás, en fondo y forma, como la mejor manera de escribir un fin a la vida entre claroscuros. Y entonces, sigue en pie la pregunta: Burn after? Who first?
Beatriz Torres
anime, nuevo eslabón en el arte

El anime, o la animación japonesa, ha sido considerado durante los últimos años como un nuevo estilo de animación. La creación de los personajes, sus transformaciones y las historias de por sí, han dejado a más de un espectador asombrado e interesado. Se puede decir que el anime se ha convertido en un movimiento crucial para la animación mundial.
La palabra con la que lo designan, anime, parece proceder de dos idiomas: del inglés que viene a ser un diminutivo de animation o del francés que al decir animé significa “animado”. Sin importar del idioma que venga, el anime se ha mantenido con ese nombre y no hay error en equivocarse al nombrarlo.
Antes de la aparición del anime existía, ya desde 1905, el manga japonés que es la historieta realizada en dicho país. “Tagosaku to Mokube na Tokyo Kenbutsu” es considerado el primer manga japonés, caracterizado por sus líneas limpias, simples (a comparación con el cómic occidental) y que no expresaba muchos gestos en los rostros.
Esto cambió con la llegada de Ozamu Tezuka, un dibujante de manga o mangaka, que realizó historietas como las norteamericanas de los años 50, con líneas circulares y sencillas. Algunas de sus creaciones fueron “Jungle Taipei” (Kimba, el león blanco) y “Tetsuwan Atom” (Astroboy). Tezuka, conocido también como “manga no kamisama” (el dios del manga), quién dará un nuevo eje al mundo del manga y anime, pues al basarse en las historietas y dibujos de Disney tomó los ojos grandes para aplicarlos en sus personajes, generando bondad y sinceridad en ellos.

Luego se llegó a la conclusión, que todos los personajes que utilizaban ojos grandes eran bondadosos y los que poseían ojos pequeños eran considerados misteriosos, de perfil bajo y hasta maléficos. Éste código se mantiene hasta ahora.
El público no estaba muy enterado sobre la ola de la animación japonesa hasta la llegada de la primera película de anime que se proyectó en Europa y América, “Akira”. Esta película, basada del manga de Katsuhiro Otomo, trata de un mundo post-apocalíptico donde fuerzas de poder y militares corruptos realizan experimentos con humanos. Un joven llamado Tetsuo se convierte en parte de estos experimentos por lo que Kaneda, su mejor amigo, trata de salvarlo y detener la injusticia que existe mientras se escucha repetidamente el nombre del supuesto causante de tanto sufrimiento, Akira.

Esta película, sin duda alguna, ha sido considerada la pionera del fanatismo del anime japonés en todo el mundo. Sus colores, su trama y la evolución de los personajes hace que la animación madure y se aleje de ser una historia simple con personajes estereotipados, nombrándola una clásica película de animación a nivel mundial.
La producción de cine de anime en Japón es muy numerosa, pues se basa mayormente en las series de televisión, también son tomadas de los videojuegos, de mangas y de historias originales. Algunas de las series han sido traídas y llevadas alrededor del mundo en televisión y en película para la satisfacción del público. No todas las producciones japonesas llegan porque no son conocidas.
Respecto a los diferentes tipos de animes que hay en el cine, son mayormente para público general y no para un grupo determinado, como sucede con las series de televisión.
Podemos nombrar, por ejemplo, una película de aventura y con cierta mística oriental “Wanpaku Ouji no Orochi Taiji” (La Cacería de Serpientes del Príncipe Ruidoso). Una película de 1963 que tiene referencia a la mitología japonesa. Otra película que tenemos que referir en aventura es “Vampire Hunter D” que tuvo como competidor en el Oso de oro a “Sen to Chihiro no Kamikakushi” (El secuestro divino de Sen y Chihiro) del director Hayao Miyazaki.

En el caso de cine de acción, han habido de muchos tipos, como las películas de Dragon Ball Z de Akira Toriyama, basada en la serie de televisión considerada una de las mejores animaciones shonen (acción, para chicos). Otra película de acción que tuvo mucho éxito en el público occidental fue Street Fighter II Movie, la cual fue producida como respuesta ante el fracaso de la producción norteamericana protagonizada por Van Damme que malinterpretó este famoso juego de peleas.

En el ámbito femenino se rodaron muchas películas de “Bishoujo Senshi Sailor Moon” y una de las mejores en el tema de Shoujo (para chicas) se halló “Cardcaptor Sakura: Fuuin Sareta Card” (Cardcaptor Sakura: La carta sellada”) basada también de una serie televisiva famosa.
En el ámbito del Mecha (robots) se hallan las películas de Gundam y las de Macross (Robotech) como “Macross: Do you remember love?”. También existió la película de la serie animada “Tatakae! Cho Robot Seimeitai Transformer” (Transformers) que no fue conocida en el mundo occidental.

Una de las películas más pedidas de todos los tiempos fue la famosa “The end of Evangelion”, poniendo cierre a la serie animada que tuvo muchas críticas por ser de un contenido especial, ya que tomaba a Dios como enemigo del hombre y contradecía a muchas religiones.
Otro estilo de películas de gran nivel de comedia fue “Tokyo godfathers” (Los padrinos de Tokyo) de Shougo Furuya y Satoshi Kon estrenada en el 2003, siendo una de las mejores y películas de anime navideñas para occidente.
Como películas sanguinarias, o cine Gore, se presentó en el mundo del anime “Blood, the last vampire”, donde predominan la violiencia y los asesinatos a gran escala.

Gracias a los éxitos obtenidos con los animes, los cineastas utilizan su ingenio para realizar películas con personas (“Live Action”)las que representan a los personajes de los dibujos de televisión. Muchas de las series han sufrido estos cambios en el cine como Dragon Ball, Sailor Moon, Prince of Tennis y hasta uno de los más ingeniosos animes de la actualidad, Death Note, que ya va con dos películas con este estilo.
Esta nueva cultura ha nacido por la gran cantidad de temas que se han creado gracias a la interesante e inmensa filosofía oriental. En el presente artículo hemos querido dar una visión general sobre el tema buscando la curiosidad e interés de nuevos conocedores de este estilo de cine y animación.
Luis Augusto Venegas Gandolfo
entrevista: amat escalante
Amat Escalante
Entrevista al director mexicano Amat Escalante, a propósito de la presentación de su segunda película Los Bastardos (2008) en el marco del XII Encuentro Latinoamericano de Cine de Lima del año 2008. Amat Escalante ha dirigido anteriormente Sangre (2006). La siguiente entrevista fue hecha por César Guerra Linares (Codirector y coeditor del blog) y Rodrigo Bedoya (redactor principal) en agosto de 2008:
Rodrigo Bedoya: Para comenzar una pregunta general, ¿cómo pasas de tu proyecto anterior Sangre a hacer una historia, que no es sobre la migración pero cuya premisa básica es esa ¿no? es una historia de unos migrantes mexicanos en Estados Unidos. ¿Cómo llegas al tema? ¿Cómo te interesa el tema?
Amat Escalante: Es igual que en Sangre era una idea que tenía en la mente siempre. Sangre y Los Bastardos *** no sé bien cómo llegué, es un tema no que me interese sino que tiene que ver con mi familia y con lo que he vivido, siempre he querido expresar algo sobre ese asunto, mi mamá es norteamericana mi papá es mexicano. Y he vivido partes largas de mi vida en Estados Unidos y otras en México. Y así fue como llegué a querer hacer una película sobre ese tema. De mexicanos en Estados Unidos.
R.B: ¿Eres consciente de que las relaciones entre los estadounidenses y los mexicanos, no son necesariamente relaciones felices, sobre todo ahora que existe una cierta tensión? en otras palabras, hay algo que en esa frontera no está bien. ¿En tu película quisiste reflejar de cierta manera esa tensión, esa sensación de que las cosas no están marchando tan bien?
A.E.: Sí, claro, la idea era mostrar a estos dos mexicanos que están en ese lugar que no los acepta, y que chocan con la gente que vive ahí, es como un lugar que los rechaza pero que al mismo tiempo los necesita ahí adentro. Y las consecuencias de ese sacrificio humano
César Guerra: Amat, en tu primera película, Sangre, desde el punto de vista formal trabajabas con planos fijos y cerrados , casi no había movimientos de cámara y si los había eran muy mínimos, en el caso de Los Bastardos a pesar de que sigue habiendo planos fijos la cámara se mueve un poco más. ¿Ese cambio de registro desde el aspecto estético lo decidiste al momento de rodar o ya estaba previsto desde el guión?
A.E.: Eso se debió a que Sangre era una película un poco más claustrofóbica, todo estaba cerrado y entonces era por eso, para cortar los lados y no más encerrar a la gente. Con Los Bastardos quise como abrirme y poner a dos personajes que llegan a un lugar que es más grande que ellos, por eso es que los planos son más amplios y hay más movimientos de cámara; además, me sentía un poco más seguro de cómo lograr lo que quería y por ello es que moví la cámara un poco más. En Sangre decidí tratar de no hacer cosas que son más grandes que yo; hice película alrededor de mi casa, con mis amigos, con mis vecinos, con un equipo muy pequeño. En Los Bastardos hay un montaje un poco más tradicional de cine.
R.B.: A esta idea de moverse un poco más en el espacio ayuda mucho el uso del formato panorámico porque te permite cubrir espacios más amplios; era un poco lo que te pregunté en el conversatorio hoy en la mañana sobre justamente la escena en la cual la cámara se comienza a elevar y se ve la autopista. A mi lo que me interesa de la escena es, claro, muestra un poco al hombre casi como una hormiguita dentro de un panorama más urbano que lo apabulla, que es mucho más grande que él. Además, se percibe la mirada del extranjero, del extranjero que descubre este espacio tan grande, tan impresionante en las autopistas en las carreteras. Como director, ¿qué tanto querías descubrir ese lado estadounidense?
A.E.: Mi meta era filmar lo que es un poco invisible allá, trabajar sobre lo que es más común ahí, lo que perdemos de vista, lo que no sale en películas porque es meramente funcional como canales, suburbios. Y la idea era mostrar que ellos estaban en un sitio misterioso.
C.G.: Los dos actores principales me contabas antes de la entrevista que no son actores profesionales pero la actriz sí lo es. ¿Cómo fue el casting para elegirla?
A.E.: Fue un casting bastante convencional, teníamos una agente de casting en Hollywood, por ejemplo, que trabajó en Suburbia de Richard Linklater. Empecé a buscar mujeres de la edad que tiene la actriz que aparece en la película; el personaje del niño también es actor. Cada fin de semana nos reuníamos con un amigo que es actor que es el que recoge a los dos personajes al inicio de la película, mi hermano también me ayudó. Hicimos muchos casting de mujeres pero ninguna de las actrices me convencía hasta que por medio de un buscador de Internet logré conseguir a la actriz que al final quedó. Ella sale en un papel pequeño en Réquiem por un Sueño de Darren Aronofsky.
R.B.: Ayer en el conversatorio dijiste una cosa interesante cuando hablamos un poco sobre el tema de la forma de la familia americana y la forma en que estaba descrita y tú me decías que a mucha gente como que le chocó un poco que mostraras que todas las familias como esa familia en particular. A mi me parece que lo pudiera resultar inquietante, justamente es que pareciera que esa disfuncionalidad está insertada dentro del orden cotidiano o sea la mujer come, cocina, hace las cosas, y fuma crack con la misma normalidad con la que hace los quehaceres del hogar y ve televisión; el hijo igual crea música, hace todos esos actos cotidianos y con la misma normalidad discute con la madre. ¿Cómo planteaste esa situación de la familia? ¿Cómo te la imaginaste al momento de escribir la historia?
A.E.: Supongo que está basado un poco en lo que yo viví aunque yo no fui como ese chico a su edad tal vez fui un poco similar pero está un poco basado de lo que conozco de repente mi mamá me decía no comas tan rápido, mastica la comida. Eso fue lo que puse en la película de lo que yo conocía más o menos de una familia. Lo que era importante para mí tenía que ver con que después de que el hijo dejaba la casa habiéndose ido disgustado con la madre y que ya no iba a volver a verla porque ésta iba a morir. Pero no pretendí hacer un estudio de la familia norteamericana.
C.G.: En cuanto a la dirección de actores, el estilo que utilizas es uno lindante al de la desdramatización, es decir, no hay histrionismos que son en la mayoría de los casos lastres del cine hollywoodense y del cine latinoamericano convencional. El estilo que usas es cercano al que impuso Robert Bresson, con el uso de actores no profesionales llamados por él “modelos”. ¿Es para ti Bresson un director importante?
A.E.: Sí, sigue siéndolo. Es más durante el rodaje de mi primera película tenía su libro* mientras filmaba y se lo daba a algunas personas en la filmación para que lo leyeran. A mi lo que me interesaba antes de conocer a Bresson era trabajar sin actores profesionales, es decir, había una conexión, cuando leí las Notas… esa conexión se confirmó. Entonces Bresson sí es un director que ha tenido su influencia en mí.
C.G.: Ha sido un director muy influyente en muchos directores contemporáneos.
A.E.: Claro, si ves las primeras de Haneke como El Séptimo continente te das cuenta de la influencia. Hay una secuencia en El Séptimo Continente parecida a una de la última película de Bresson: El Dinero.
R.B.: ¿Qué otros directores tanto clásicos como contemporáneos te resultan interesantes?
A.E.: Hay uno que de hecho me inspiró mucho para Los Bastardos que se llama James Benning. Acerca de Benning es más fácil saber de él o leer sobre él que ver sus películas porque éstas no han sido editadas en dvd. Entonces James Benning estéticamente me inspiró. Yo había visto hace mucho tiempo una cinta suya titulada Lanscape Suicide (1986). Después, Werner Herzog también me gusta, por ejemplo Aguirre, La Ira de Dios, El Enigma de Kaspar Hauser y también sus documentales. También Stanley Kubrick, La Naranja Mecánica fue una de las primeras películas que vi que me hizo conocer otro tipo de cine. Otro director que me gusta mucho es Bruno Dumont y así hay otros más.
C.G.: A propósito de que mencionabas hace un rato a Michael Haneke, esta pregunta sé que te la han hecho anteriormente pero igual te la planteo, es sobre si Funny Games** estuvo presente en tu mente a la hora de elaborar el guión y de filmar Los Bastardos.
A.E.: No aunque esa película me gusta, hay muchas películas que son algo similares como La Naranja Mecánica en la secuencia en la que Alex y sus secuaces ingresan a la casa del escritor claro que toda la historia de la película no transcurre dentro de la casa; o también A sangre Fría de Richard Brooks en la que lo dos hombres ingresan a la casa y matan a quienes la habitan. No tenía en mente a Funny Games cuando filmé Los Bastardos si bien hay similitudes. Incluso en Funny Games uno ve sangre en la pared pero a parte de eso no hay mucha muestra gráfica de la violencia.
R.B.: Tengo una curiosidad te quería preguntar sobre la escena de sexo presente en tu película; la escena no es explícita pero sí es una escena que llama la atención, que llama al ojo. Tú sabes que uno de los grandes temores del hombre blanco anglosajón es la curiosidad de la carne blanca por lo negro ahora por lo latino. ¿Pensaste en esto al momento de rodar la escena?
A.E.: Sí pensé en eso antes de filmarla, la palidez, la blancura de ella y los rasgos indígenas de los intrusos en la casa marcaban un contraste y que en esa escena uno de ellos esté de rodillas ante ella me resultaba interesante. Y además, la idea de ponerlos a ellos dos en esa situación y ver qué pasaba en esa escena era algo que también me interesaba.
C.G.: De los directores latinoamericanos o hispanoamericanos contemporáneos, ¿cuáles son los que te interesan?
A.E.: Lisandro Alonso me gusta bastante; luego me gusta mucho Pedro Aguilera, director de La Influencia. De México Fernando Eimbcke, Gerardo Naranjo más o menos; de Argentina me gusta el cine de Lucrecia Martel. Hay un español que se llama Albert Serra, su primera película*** no me gusta mucho pero sí su segunda El Canto de los pájaros (El Cant del Ocells).
C.G.: Para terminar, ¿tienes en mente algún nuevo proyecto?
A.E.: Sí, tengo proyectado filmar algo esta vez en México, pero todavía no hay nada concreto. Los mantendré al tanto cuando haya algo.
C.G: Bueno, muchas gracias Amat.
R.B.: Muchas gracias.
A.E.: A ustedes.
* Notas al Cinematógrafo de Robert Bresson
** Funny Games de Michael Haneke (Año de filmación 1997)
*** Honor de Caballería (Año de filmación 2006)












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