Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

la justicia esencial de malick


thin_red_line.jpg

Terrence Malick – La Delgada Línea Roja (The Thin Red Line, 1998)

Para comprender mejor la complejidad de La delgada línea roja es necesario hablar de Badlands y de Días de gloria, los dos filmes que Malick había realizado hasta el momento. Ambos se centraban en una pareja joven que, para lograr la libertad -ya sea con respecto a la naturaleza esclavizante del trabajo o a la imposibilidad de su relación por la diferencia de clase- pasa por encima de las barreras morales. Por eso mismo, se trataba de parejas condenadas a la fatalidad, a una fuga por la sobrevivencia. Sin embargo, lo que más sorprendía era la naturalidad, casi casualidad con la que aparecía el “pecado”, la casi total ausencia de culpa, el fuerte protagonismo de los escenarios naturales y rurales, o lo imprevisible de los acontecimientos y comportamientos. Todo esto modulaba un relato que entraba y salía de su curso en consonancia con la errancia de los personajes. Pero, quizá, lo más revelador eran las reflexiones de voces en off de los protagonistas, voces que expresaban los pensamientos más íntimos en torno a los hechos. Se trataba de un discurso interior, uno que, a la luz de La delgada línea roja, también se podría llamar “Espíritu”.

welshsea1.jpg

¿Acaso Malick persigue una omnipresencia del Espíritu en sus películas?. Podría decirse que La delgada línea roja lleva al máximo esta necesidad. En la batalla de Guadalcanal, una de las más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial, la muerte, el crimen y el horror son el fin, el objetivo buscado como condición de sobrevivencia. Ya no hay moral que transgredir, ni pecado que cometer. Por primera vez, el tema de Malick es el horror, y lo hace aparecer con toda su crueldad, con toda la naturalidad a la que nos ha acostumbrado su cine. Y pareciera que el director de Badlands hubiera puesto entre paréntesis a la perspectiva cristiana para ver el mundo de una manera más inocente, para hacer preguntas más inocentes, como las que se hacían los filósofos antiguos: “¿Por qué la naturaleza lucha contra sí misma?” se cuestiona uno de los soldados al empezar la película. Se trata de la presentación de la guerra como una forma de la lucha esencial, como una condición primigenia y originaria del hombre y del universo.

thin-red-line_420.jpg

Esto se remarca con el permanente protagonismo de la Naturaleza, ese espacio originario que obsesiona a Mallick en todas sus películas. Y en ésta, las tomas de su magnificencia y belleza (que debemos a la fotografía de John Toll) como de sus detalles y formas de vida más germinales, pequeñas o extrañas, se intercalan con imágenes de su destrucción: la Naturaleza como realidad originaria, en sus dimensiones contrapuestas. Una presentación que quedaría incompleta si no incluyera también al Espíritu. Al horror sólo se le puede mostrar, y sólo se le puede responder, con una presentación intensificada del Espíritu: ya no es una o dos, sino ocho voces en off permutándose continuamente y sin un orden aparente, hasta confundirse en una sola voz, en un solo Espíritu. Pero no son sólo los pensamientos, también los rostros. Los protagonistas son todos y ninguno, es más bien el fluir del uno al otro (Jim Caviezel, Ben Chaplin, Elías Koteas, Sean Penn y Nick Nolte). La delgada línea roja parece sugerir que todos los hombres comparten un mismo Espíritu (hombres preguntándose, sintiendo, recordando), y que por eso, en el fondo, somos el mismo hombre, como efectivamente piensa uno de los soldados.

033834_ph2.jpg

El director de Badlands se ha planteado su mayor reto: mostrar la “doble” naturaleza de lo humano -espiritualidad y brutalidad- en su momento más crítico, cuando el hombre lucha contra el hombre. Lo que como hemos visto también puede leerse como la lucha del Cosmos, inherente a la misma Naturaleza. La belleza se conjuga, conmovedoramente, con el horror. Es la grandeza y la miseria humanas… un drama que se logra con una conjunción o transacción entre lo esencial.

Para lograr esto Malick no sólo ha obviado los manuales que exigen una línea dramática encarnada en un protagonista, también ha desestimado las estructuras clásicas -introducción, conflicto y desenlace- de esa misma línea. Y lo ha hecho porque, como diría Susan Sontag, su punto de partida no es analítico y psicológico, sino más bien expositivo y antipsicológico, ese que “opera con la transacción entre los sentimientos y las cosas; las personas son opacas, están ‘en situación'” (1).

060921_5top_thin_7ahmedium.jpg

Los personajes de La delgada línea roja están, efectivamente, “en situación”. Pero no podemos explicar esto diciendo que se trata de una serie de “episodios” como ha dicho algún crítico “analítico”, esos que no nos llevan a nada. No, más bien se trata de reivindicar el fluir de la vida, ese que no tiene ni comienzo ni fin. En sus películas, Malick procura un efecto o sensación de espontaneidad para pasar de un momento a otro. Una espontaneidad que se hace presente en la forma de montar atenta al más mínimo detalle del ambiente, sea un insecto, una flor, o un cielo crepuscular. Lejos de imponer una continuidad rígida y pesada, el montaje logra un efecto de imprevisibilidad en lo que vemos, un recorrido por las marcas o los latidos más ínfimos del momento (que puede ser la huella del viento sobre un lago, o el breve levantamiento de una cortina por la brisa); lo que tiene que ver más con la revelación de una vida secreta que pasa entre las cosas y los seres que con la narración de una historia compuesta por formas y psicologías.

Podría decirse que es este fluir, esta precariedad de lo que pasa, lo que define la sensación, el estilo de Malick. Una alternancia de la presentación del momento o situación -las espectaculares secuencias bélicas-; del registro fresco y frugal -jamás tendremos de él un plano rígido- de los acontecimientos más inadvertidos, más pequeños; y la contemplación que envuelve en ensueños lo que vemos – a lo que contribuye el encadenamiento de las voces en off, quizá las más importantes “actuaciones” del filme.

Sebastián Pimentel

Nota:

(1) Sontag, Susan. Contra la interpretación. Madrid: Santillana, 1996, p. 318 – 319. En su ensayo Una nota sobre novelas y películas Sontag hace esta distinción entre dos grandes tipos de filmes: “Una distinción… útil es la distinción entre películas “analíticas” y películas “descriptivas” y “expositivas”. Ejemplos de las primeras serían las películas de Carné, Bergman (especialmente Como en un espejo, Los comulgantes y El silencio), Fellini y Visconti; ejemplos de las segundas serían las películas de Antonioni, Godard y Bresson. Las primeras podrían describirse como películas psicológicas… “

About these ads

3 comentarios

  1. Lo que más me gusta de Mallick es su puesta a nivel visual, elemento que viene de su eximio trabajo en fotografía. Saludos!

    enero 21, 2008 en 1:03 pm

  2. damian

    Muy interesante ensayo, y especialmente la funcionalidad de la voz en off en la obra de este gran artista. La voz como esencia del alma es también para Sokurov muy importante, sino lean este extracto de una entrevista pOSTeada por nuestros amigos cinerastas

    ENTREVISTADOR-¿En qué sentido trabajó la relación entre el aspecto visual de Madre e hijo, deformado, aplanado, y el sentido profundo de la película: la reflexión sobre la muerte, las relaciones mórbidas entre los personajes? ¿Cómo uno condujo al otro? ¿De qué manera captó ese movimiento, que se parece a una simbiosis?

    SOKUROV-Creo que ustedes han construido, con su subjetividad, esa relación entre las ideas y las formas. Por mi lado, desearía no hacer comentarios generales. Solamente quise que la película se presentase como una gota, una especie de esfera, un objeto sin ningún ángulo. También hice lo posible para que nada impidiera escuchar el timbre de la voz. Cuando trabajo le doy una importancia particular al campo sonoro; y éste es a veces más importante que el campo visual. Porque, suceda lo que suceda, el trabajo del alma es prioritario con relación al trabajo de los ojos. Y el cine ha conocido tales desastres con la imagen, que sólo el oído conserva hoy una cierta pureza, una forma de lazo directo con el alma. El oído todavía no está gangrenado por la mediocridad ambiente.

    febrero 3, 2008 en 8:38 am

  3. yakita

    LA delgada linea roja es una de las mejores peliculas que he visto. Su tactilidad en las escenas, y su profundidad emotiva hacen de esta una gran pelicula para aquellos que pueden y saben entender la esencia de su estructura. Las voces en off de los personajes, y el mensaje es increible, te hacen vivir aquello desde el alma de sus supervivientes, desde el interior de cada ser, llegando a entender que son una sola alma, un solo espiritu.. Es una pelicula que puedes ver una y otra vez sin agotarte, es un paraiso que llega hasta nosotros, y que nos pone las dos caras de aquella guerra, y ese otro mundo que gracias a Malick y a su insuperable magia, podemos tocar.

    diciembre 24, 2008 en 6:15 pm

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 48 seguidores