Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Historias orquestadas para hablar de política


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Robert Redford- Lions for Lambs (Leones por Corderos) (2007)

Aunque cargada de tinte ideológico, Lions for Lambs (Leones por corderos), del genial Robert Redford, se presenta como un respiro cinematográfico (aunque más en la temática que en la forma) en medio de una cartelera tragicómica y llena de los residuos que las distribuidoras han acopiado en las salas de cine durante el año.Y si bien ya es un género pasado de moda, el del compromiso –tema del que se habla a lo largo de todo el filme– es una de las especialidades de Redford desde que se alejó de la superficialidad de Hollywood, para crear y promover un cine alternativo.

En este caso, la realidad inmediata de su país, inmerso en una guerra que nadie entiende y la mayoría rechaza, aparece en una puesta en escena sencilla pero puntiaguda, que deja ver en sus cortos minutos un tablero de ajedrez en el que cada personaje es sólo un alfil que no puede escapar de sus diagonales. La película logra expresar la preocupación y confusión que se respira en su país respecto a la larga guerra con el Medio Oriente aunque para esto no haya tenido que valerse de un melodrama con víctimas impostadas, sino de diálogos inteligentes que –aunque rozan con lo forzado– desencadenan la médula de los intereses que rodean a este conflicto y las consecuencias de las que no se habla, de una manera muy lúcida.

Los personajes, escogidos para tal efecto, intervienen de manera orquestada en un solo diálogo (casi un monólogo) que Redford irá distribuyendo entre el senador republicano Irving Jasping (Tom Cruise) –como la voz oficial, cínica e interesada del gobierno–, una periodista (Meryl Streep) que tras cuarenta años en el oficio toma conciencia de cuánto la prensa puede hacer en la opinión pública (tan necesaria para reafirmar o cambiar las políticas de gobierno), un prometedor estudiante universitario (Andrew Garfield, prometedor también en la actuación), quien junto a su profesor cazatalentos exploran teorías sobre la guerra, la pobreza y el compromiso, sin atreverse a pisar (o involucrarse con) el terreno que tanto cuestionan, y dos deportistas (Derek Luke y Michael Peña) becados en una universidad de California que creyeron que estar en el campo de batalla era la mejor manera de participar en la historia del país (y una forma de conseguir el respeto de la sociedad en su condición de inmigrantes).

Cuatro historias y no todas directamente enlazadas pero sí concentradas en gritar a los cuatro vientos que es hora de dejar la apatía y reaccionar de algún modo, de involucrarse. La desesperación de Redford ante la impasibilidad americana –bien reflejada en el preocupado profesor que ha visto cómo va cambiando la actitud y respuesta estudiantil con cada generación (con un gobierno cómplice detrás de ello)–, lo lleva a forzar algunas situaciones a fin de exponer los detalles de una guerra sin lógica. Hay que ver cómo se divierte Cruise tomando el papel de un republicano tan fundamentalista como aquellos a los que considera el enemigo, y hay que ver también a una tímida periodista hurgando en los pormenores de una nueva estrategia bélica sin sentido y que no escatima en costos humanos. El diálogo entre ellos es acertado pero el que se da entre el profesor y el alumno, aunque brillante, puede por momentos resultar extravagante y pretencioso.

Por otro lado, las escenas bélicas refuerzan el diálogo pero no cuentan más de lo que ya se ha visto en el cine respecto a la guerra. Tampoco se entiende la presencia de la extraña tipografía que aparece en toda documentación vista en la película (a veces confundida entre el inglés). Por todo ello, aunque refrescante en la cartelera –como ya lo dijimos– y a pesar del alturado debate de ideas, Lions for Lambs (nombre sacado de una frase alemana sobre los soldados ingleses de la I Guerra Mundial: “Nunca había visto a semejantes leones obedeciendo a tales corderos”), termina siendo una renegada crítica al establishment estadounidense, en la que Redford termina perdiéndose en sus propias frustraciones y en su propia inoperancia, cuando expone de todas las formas posibles las razones por las que el ciudadano promedio que aún no ha decidido qué lado tomar, decida cuál será su papel en este pedazo de historia. Tal vez falla en el modo en que trata de convencer, ya que su voz se asemeja a la de un padre que quiere que su hijo termine de hacer lo que él mismo no pudo.

Al final Redford termina haciendo con la película lo que tanto critica en sus personajes, pues usa el diálogo y el lenguaje (esta vez cinematográfico) para criticar –y es bueno con las palabras–, pero su compromiso no llega a las acciones, algo que, como deja ver en algún momento, admira pero no persigue.

Claudia Ugarte

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Una respuesta

  1. Julio

    Mira Supercool y te daras cuenta del ritmo y lenguaje cinematografico…..

    diciembre 16, 2007 en 12:08 am

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