Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Revolución (caliente) a mano alzada


posterm.jpg

Por: Manuel Bonilla

UNO

La Historia nunca la cuenta todo. Para eso están las historias con minúsculas. Y si tienen su pizca de ficción, inevitable para que pueda ser contada, a veces resultan verosímiles. Ahora, si esa ficción es llevada a la pantalla enorme del cine, resulta la mejor ilustración de una idea, de una época, de un personaje, de una historia no contada o de un secreto a voces. Existen, además, temas de los que todos tiene algo que decir, controversiales, polémicos, más allá del bien y del mal: Dios, Los Beatles y Cuba (por mencionar tres en una suma heterodoxa).

Hablaremos del último caso. La gran fotografía de la revolución en Cuba siempre nos mostró personajes barbados, de uniformes olivo, de rostros aguerridos, victoriosos, empuñando fusiles y banderas en alto. Indudablemente ese lienzo tiene otra foto, inmortal: la del Che. Y la de Fidel, también (segunda en mi selección). Ese ambiente de naciente renovación, de un pueblo vuelto a nacer, en plena fiesta revolucionaria; también tiene unos indeseados, unos personajes que permanecen en segundo plano, sombríos, ocultos. Les llaman disidentes, reaccionarios, contrarrevolucionarios. Muchos de ellos son enemigos políticos, otros son homosexuales y todos son lampiños (apenas un ligero bozo para subrayar la nariz, en definitivo contraste con el resto de “rebeldes, revolucionarios”).

manuel4.jpg

Las siguientes líneas conducen al análisis de un punto común de algunos productos cinematográficos: la figura transgresora del homosexual en tiempos de dictadura. Entiéndase la dictadura como sistema que funciona cual espejo que devuelve una visión distorsionada de lo que se vive. Unos lanzan vivas y arengas a sus caudillos que alguna vez fueron revolucionarios; otros, callan, son perseguidos y encarcelados. Y coincidentemente, dos de las películas elegidas comparten una situación: Cuba. Luego del ascenso al gobierno de los dirigentes del 26 de julio, se instaura un sistema peculiar en la isla azucarera bajo la figura de Castro, que aún hoy despierta controversia y suspicacia.

DOS

“Fresa y Chocolate” (1994) muestra el encuentro de dos jóvenes cubanos: David y Diego. El primero, militante en la juventud comunista; el segundo, homosexual y creyente. Todo encuentro se enfrenta a una angustia, de no saberse identificado con el otro, del temor a lo extraño, a lo distinto. Este no es la excepción y se explicita desde la primera vez que los vemos juntos en escena a los pocos minutos de iniciada la película. Ambos personajes se cruzan en una heladería: uno pide chocolate; el otro, fresa. Sobre esa sencilla premisa de la diferencia, se construye un relato de descubrimiento, una batalla entre ambas personalidades, entre ambos discursos que chocan. Lo único que quizás compartan sea la nacionalidad. Es decir, nada. Solo existe un motor que echa andar la simbiosis de Diego y David: la literatura. Es por su afición a ella, que David, receloso ante el galanteo sugerente de Diego, llega a La Guarida: la casa de Diego, dentro de una ruinosa casona señorial de la vieja Habana, resulta un oasis.

manuel5.jpg

Contra lo que toda dictadura se propone (la homogenización, el pensamiento único, la verdad a secas, indiscutible), la Guarida conserva un desorden único. En los estantes, se esconden títulos de libros inimaginables en Cuba (debido a la prohibición de lo que los grandes señores de la revolución consideran propaganda contrarrevolucionaria y desviación ideológica). En la Guarida se resguardan piezas de escultura sacra, se escuchan discos de música francesa, se toma té hindú en finas tazas de porcelana y se brinda con el rojo –solo por la etiqueta- “licor del enemigo”: Jhonnie Walker.
Pero, ¿dónde está la transgresión? ¿En lo que puede ser considerado como un frívolo snobismo? La transgresión a diferencia de la subversión , no es un cuestionamiento de la ley, del status quo o de la situación en Cuba, sino una suspensión temporal que la completa. Como en terrenos de la infidelidad, durante el carnaval que ilustra Bakhtin, amos y siervos intercambian roles solo para volver tranquilos, sosegados y exorcizados, a la jerarquía tradicional, al lecho hogareño. A la subversión por el contrario, no le basta ser una válvula de escape, una explosión espasmódica, sino que aspira a transformar el orden social. Sigamos, ¿cómo el homosexual, Diego en Cuba, se vuelve transgresor? ¿Por qué, además, ese homosexual que “no le es fiel ni siquiera a su propio sexo”?.

manuel6.jpg

Cuando Diego escucha la voz de María Khala en los parlantes no puede hacer más que regodearse con lo sublime de la melodía y suspirar algo que tiene mucho de cierto: “con la falta que nos hace otra voz”. Sin duda, la mención alude al grito uniforme de la revolución que calla cualquier otro. El mismo David siente esa opresión, cuando declara que tiene que estudiar ciencias políticas en lugar de literatura, porque el partido dice que aquello “es útil para la sociedad”. El arte, pareciera decir, es mariconería. “El arte no es para transmitir, es para sentir y para pensar; que la radio nacional se encargue de TRANSMITIR”, responde Diego. El arte no tiene que ser propaganda sería la lección para dictadores.

A pesar de trabajar en un departamento cultural del Estado, Diego tiene “problemas con el sistema”. La provocación con la que Diego se desenvuelve apela justamente a eso, a hincar, a sorprender, a conmocionar. Si ya por su preferencia sexual resulta algo “raro, extraño” en el sistema, asume por completo la figura del excluido y desde ese pedestal construye su discurso. Un discurso al que David no permanece indiferente. Entonces, se toca el tema de la conversión, de la filiación que el militante trata de mostrar: “los comunistas no somos tan monstruosos como piensas”. No se trata de “convertir” a David en homosexual, sino la idea de mostrar un panorama distinto dentro de Cuba. Entonces David le increpa que Truman Capote lanzó la bomba atómica (“imposible, Capote fue homosexual” esgrima Diego). Perdón, Harry Truman, asiente el joven militante. Porque a fin de cuentas, “la revolución no entra por el culo, chico”.

manuel7.jpg

TRES

Literatura y Cuba son los dos universos que marcan la vida de Reinaldo Arenas. También, marcan la pauta de la película “Antes que anochezca” (2000) -donde el español Javier Bardem interpreta al escritor cubano- y siguen los pasos de “Fresa y chocolate” en el análisis. La película (que mereció un Oscar a mejor película extranjera) se centra en la vida de Arenas, desde su infancia como guajiro en el Oriente cubano hasta su exilio forzado (eufemismo preferido de Cuba) en Nueva York. Arenas, como muchos campesinos cubanos, abrazó las causas de la revolución en un principio, a cambio de una educación en La Habana. Arenas pasó por escuelas donde el profesor dictaba en ruso y necesitaba de intérprete. Ya en la universidad, se mantiene entre los cursos para contador agrícola y los ejercicios literarios.

Su vida, a excepción de su homosexualidad, encaminada a cumplir con el manual, a seguir con el molde de ciudadano cubano, experimenta un quiebre cuando participa en un concurso literario con su primera novela, “Celestino antes del alba”. No gana el premio, sino que alcanza una mención honrosa y el ingreso a la casa del gran escritor cubano Lezama Lima .

manuel8.jpg

Arenas escucha a Lezama, en una disertación que tiene mucho de lo que expresaba Diego en Fresa y…: “la gente que crea arte es peligrosa para la dictadura. Ellos crean belleza. La belleza es el enemigo que ningún hombre puede gobernar. Los artistas son escapistas y… contrarrevolucionarios”. La mirada y el afán de Arenas no vuelven a ser los mismos, se vuelca por completo a la creación y al martillar incesante de las teclas de su máquina de escribir en una dieta de huevo duro y brócoli. La configuración del homosexual en Arenas da rienda suelta a su apetito (sin caer en el infame prejuicio de la promiscuidad), y conjuga sin mayor contratiempo, sus ejercicios de escritura con los amatorios. En un episodio en la playa, Arenas se da el tiempo de clasificar a los homosexuales: el gay collar de perro, escandaloso, incesante habitúe de los centros de rehabilitación donde es llevado por su collar imaginario; el gay común, que solo frecuenta otros gays, que forma parte de un club de cine y que de vez en cuando escribe un poema; el gay closet, de perfil bajo, de encuentros furtivos en un baño y de almuerzos dominicales con toda la familia alrededor de la mesa; por último, el gay royal, exportación de Cuba, que por sus vinculaciones con el poder, mantiene una vida homosexual con todas las de la ley, chofer incluido.

manuel9.jpg

“Pero los tambores del militarismo seguían intentando aplastar el ritmo de la poesía y la vida”, y pronto la represión (que en Fresa y… no pasaba de ser una atmósfera en off, fuera de foco, pero igual de subyugante) se acentúa y se vuelve explícita. Arenas no tarda en ser apresado por un incidente confuso en el que termina acusado de violación de menores, y en el mayor barroquismo, tildado de corrupto, asesino y agente de la CIA. En este punto, cuando en palabras de Arenas “el sexo era una arma para usar contra el régimen”, es que se dibuja con mayor nitidez la figura transgresora que buscamos. De una cárcel escapa nadando, solo para pasar a ser perseguido, viviendo en el anonimato y el escondite. Se instauran en Cuba centros de detención que funcionan como reales campos de concentración (Miraflor, El Morro y La isla de la juventud) para disidentes políticos, homosexuales, enfermos mentales y cualquiera que “tuviera los pantalones demasiado ajustados”. Es en su gesta de perseguido y encarcelado cuando encarna con mayor fuerza su voz de testimonio y denuncia de la situación en Cuba. Su transgresión va más allá de cualquier acta de rendición , sus manuscritos llegan a salir de la cárcel por los medios más bizarros (en el recto de un travesti) y son publicados en el extranjero. Esa historia que ya tiene de heroico, realza la figura de extrañeza del homosexual dentro de un sistema que no admite singularidades y menos si nadan a contracorriente.

manuel9a.jpg

CUATRO

Ya no en Cuba, sino en Italia diez años antes. 6 de mayo de 1938, la Roma fascista de Benito Mussolini preparaba una gran celebración, un gran desfile: Hitler visitaba la ciudad. En ese contexto se desarrolla otro encuentro que narra la película de Ettore Scola A giornatta particulare (Un día muy especial). De vuelta, el común denominador de los personajes resulta vago, ambos viven en el mismo edificio: Antonia (Sophia Loren) y Gabriel (Marcelo Mastrioanni). Antonia es la ama de casa de mandil en una familia patriarcal donde todos son hombres, que vive una doble opresión: la de su esposo, un macho dominante, y la de toda Italia bajo el yugo del Ducce y el fascismo. Es difícil no permanecer alienada con esa ideología si es el tema que se comenta en la mesa a cualquier hora del día. Pisos arriba, el único hombre que no asiste a ese acontecimiento histórico (exclusiva para el género masculino) es Gabriel, soltero y (lo sabremos después) homosexual. El azar hace que estas dos personas, las únicas en el edificio se encuentren. Son dos seres que viven, además, el desencuentro. Gabriel se porta como un joven correcto, ceremonioso, cortés y de modales. La triste vida sexual de Antonia, reservada a los menesteres de la cocina y el hogar, hacen que fije su atención en el galante vecino. La admiración pasa a ser atracción y Antonia no repara en hacer explícito su cortejo, y encandilada se lanza a los brazos de Gabriel. Lo que configuraría una cana al aire, un desliz extramatrimonial, se convierte en una decepción a medias: se entera que Gabriel es homosexual. Es quizás ese choque lo que resquebraja a Antonia que encuentra en Gabriel algo más que un feliz desenlace hormonal. ¿Quién es este hombre, un transgresor, un antifascista? Sería la pregunta que aterriza sobre la mente de Antonia.

manuel1.jpg

Afuera, con las masas enajenadas que vitorean a su líder, en ese suceso que una pequeña radio les cuenta a los protagonistas, se debería producir el gran encuentro, la satisfacción ideológica en una eucaristía de fanáticos. Pero, dentro de la habitación de ese viejo edificio se produce el verdadero encuentro. Antonia no deja de maravillares y angustiarse a la vez por este personaje que no existía en su imaginario. Gabriel, no escondido, sino en un actitud desafiante (faltar a la cita histórica) ya supone las actitudes transgresoras que encontramos en los anteriores personajes que analizamos. Gabriel letrado, homosexual, consigue la comunicación en dos sentidos, con dos interlocutores, con Antonia. Afuera, la norma exige acatar, escuchar, asentir, callar. El día muy especial cambia de protagonistas y no son esos líderes en estrados quienes lo dirigen, sino seres de a pie, con nombre propio, inconfundibles.

manuel2.jpg

CINCO

Lévi-Strauss señala que a lo largo de la historia humana se emplearon dos estrategias para enfrentar la otredad de los otros. La primera consistía en vomitar a los otros, considerados extraños y ajenos; en otras palabras: el exilio y la aniquilación. La segunda es la desalienación: devorar para asimilarlos y volverlos idénticos; es decir, la suspensión o desaparición de su otredad . En sistemas dictatoriales y en particular, las ficciones que hemos revisado, manejan ambas posturas, como la única manera de procurar una homeostasis dentro de lo que profesan. Entonces, es necesaria la eliminación en el imaginario real de ciertos elementos “nocivos, dañinos, o contraproducentes”, así como en cualquier organismo, el virus necesita ser expectorado. La figura arquetípica del homosexual supone particularidades que el sistema no se detiene a evaluar, solo a juzgar.

No es que la homosexualidad amenace la estructura patriarcal del sistema, sino que más bien sostiene esa estructura y en general su espíritu de cuerpo. Se precisa de la homosexualidad como lazo libidinal, visceral, aunque luego deba desentenderse de él. De similar manera ocurre en el ejército o en sociedades machistas donde se exacerba la homosexualidad con bromas, bautizos, apodos, o el “chúpame la pinga”: “La comunidad militar se erige sobre un fantasma homosexual que facilita el lazo afectivo entre los soldados, lo que no determina que sean homosexuales, fantasma que sin embargo debe permanecer en la penumbra para no desbaratar el discurso manifiesto del ejército” (Ubillúz, 2006: 46).

manuel3.jpg

De las ficciones, se desprende cierta sensibilidad y reflexión de la homosexualidad para desafiar las imposiciones de fuera, de no renunciar a una pulsión, un deseo, un goce propio. No se deba vincular a los personajes homosexuales que hemos visto como indesligables de una inclinación artístico /literaria; aunque mencionen (tanto Diego como Arenas) una genealogía homosexual que va desde Leonardo Da Vinci, Shakespeare y Miguel Ángel, hasta Capote, Wilde y Lezama Lima.

Lo cierto es que se elimina cualquier prejuicio acerca de la homosexualidad, vinculada la cobardía, a la pusilanimidad, cuando en realidad son hombres con las testas bien puestas (“pienso en machos cuando hay que pensar en machos, así como tú cuando piensas en mujeres”, alega Diego). No son los únicos que lucharon, quede claro; pero son puestos en relieve dentro de las películas por las coordenadas que radicalizan la postura del otro combativo, contestatario, transgresor.

***

¹Basada en el cuento del cubano Senel Paz “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”.
² Tomamos prestadas las ideas que aportan Bataille, Bakhtin y Zizek. Todas ellas mencionadas en el libro de Juan Carlos Ubillúz Nuevos Súbditos (2006: 38-40).
³ Otro estribillo común con Fresa y…, pues Diego idolatra a Lezama. Incluso luego de una onerosa cena le regala a David una edición de Paradiso autografiada.
4 Es durante su temporada en El Morro cuando Arenas “escribe como nunca antes”, debido a su fama de escritor se convierte en el escribidor de cartas oficial de todos los reos. Allí termina de escribir su novela autobiográfica Antes que anochezca.
5 En la película se hace referencia al caso de otro escritor cubano: Heberto Padilla (que en la ficción toma el nombre de Heriberto Zorrilla). El caso Padilla, reconocido mundialmente, sentó un precedente en las maneras que se practicaban en Cuba: el escritor tuvo que retractarse públicamente de lo que había escrito, pensado o creído… por presión del gobierno.
6 Cf. Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida (2003: 108-110)

Un comentario

  1. Genial ensayo que no sólo nos invita a bucear en las películas sino en la historia misma y los ideales que las motivaron. Saludos!

    octubre 23, 2007 en 11:00 pm

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 44 seguidores